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miércoles, 13 de septiembre de 2017

FRANCISCO BERGOGLIO “BENDIJO” EL ADULTERIO DEL “PRESIDENTE” COLOMBIANO Y SU “ESPOSA”

Durante su gira por Colombia, el 10 de septiembre de 2017 en la ciudad de Cartagena de Indias, el Antipapa Francisco Bergoglio “bendijo” el “matrimonio civil” (concubinato legal) adúltero del “presidente” Juan Manuel “Juanma” Santos Calderón GColIH GCB (65) y su “esposa” María Clemencia “Tutina” Rodríguez Múnera (56).
  
 
«Su Santidad @pontifex_es gracias por bendecir nuestro matrimonio », trinó María Clemencia desde su cuenta de Twitter como pie de vídeo, en el cual se ve a Bergoglio ante una mesa con artículos religiosos y la citada pareja flanqueándolo, pero aunque la pobre calidad del audio impide saber cuál era el objeto de la “bendición”, por la imagen se infiere claramente que es a ellos y no la parafernalia sobre la mesa.
   
«Tanto Santos como Rodríguez habían estado casados ​​y divorciados antes de entrar en un matrimonio civil en 1987…», informó LifeSite News. Juan Manuel estuvo casado con Silvia Amaya Londoño (1982-1985) durante su estadía en Londres, y María Clemencia, contrajo nucpias con el publicista Christian Toro Ibler (1982-1985) en la iglesia bogotana de Nuestra Señora de las Aguas.
  
Como el matrimonio (así sea Novus Ordo) es válido por el consentimiento libre y consciente expresado por los contrayentes (que son los ministros de este Sacramento, siendo el Sacerdote el testigo oficial) y no se ha hecho anular por el tribunal eclesiástico conciliar (ni TAMPOCO se anularía en la Iglesia Católica), los matrimonios Santos-Amaya y Toro-Rodríguez siguen siendo válidos canónicamente, y por tanto, al contraer segundas nupcias (incluso civilmente), incurren en adulterio formal.
  
Antipapa Francisco Bergoglio enseña la herejía de que los adúlteros no son excomulgados de los sacramentos. En su catequesis del 5 de agosto de 2015, dijo que los divorciados vueltos a casar «de hecho, no estan excomulgados y no deben ser tratados como tal porque forman parte de la Iglesia», contrariando no solamente el principio de indignidad para los que no se disponen a los Sacramentos, sino también el sexto mandamiento de la Ley de Dios, que dice: «No cometerás fornicación» (Éxodo 20, 14), y la enseñanza positiva de Cristo que, contrario a la casuística florida de los fariseos, prohíbe el divorcio y las segundas nupcias en vida del otro consorte: «Yo os digo que, si uno repudia a su mujer, si no fuere por causa de fornicación, y se casa con otra, comete adulterio; y el que se casa con la repudiada del marido, comete adulterio» (Mateo XIX, 9; Lucas XVI, 18) enseñanza reafirmada por San Pablo al señalar que los adúlteros NO HEREDARÁN EL REINO (I Corintios VI, 9-10). Sentir y enseñar lo contrario es causal de excomunión:
Concilio de Trento, Sesión 24, canon VII: «Si alguno dijere que la Iglesia yerra cuando ha enseñado y enseña, según la doctrina del Evangelio y de los Apóstoles, que no se puede disolver el vínculo del Matrimonio por el adulterio de uno de los dos consortes; y cuando enseña que ninguno de los dos, ni aun el inocente que no dio motivo al adulterio, puede contraer otro Matrimonio viviendo el otro consorte; y que cae en fornicación el que se casare con otra dejada la primera por adúltera, o la que, dejando al adúltero, se casare con otro; sea excomulgado».

Pero Bergoglio, en su infernal exhortación Amóris Lætítia dice en el párrafo 303 que
«A partir del reconocimiento del peso de los condicionamientos concretos, podemos agregar que la conciencia de las personas debe ser mejor incorporada en la praxis de la Iglesia en algunas situaciones que no realizan objetivamente nuestra concepción del matrimonio. Ciertamente, que hay que alentar la maduración de una conciencia iluminada, formada y acompañada por el discernimiento responsable y serio del pastor, y proponer una confianza cada vez mayor en la gracia. Pero esa conciencia puede reconocer no sólo que una situación no responde objetivamente a la propuesta general del Evangelio. También puede reconocer con sinceridad y honestidad aquello que, por ahora, es la respuesta generosa que se puede ofrecer a Dios, y descubrir con cierta seguridad moral que esa es la entrega que Dios mismo está reclamando en medio de la complejidad concreta de los límites, aunque todavía no sea plenamente el ideal objetivo. De todos modos, recordemos que este discernimiento es dinámico y debe permanecer siempre abierto a nuevas etapas de crecimiento y a nuevas decisiones que permitan realizar el ideal de manera más plena».
lo que da a entender que hay circunstancias de que el adulterio y el amasiato no solamente son permitidos, sino ¡ordenados por Dios!
     
Alrededor del 24 de agosto de 2017, el Vaticano publico la carta de Bergoglio a los “Obispos” argentinos sobre AL en su página web. Estos “Obispos”, interpretando el párrafo 305 de AL:
«A causa de los condicionamientos o factores atenuantes, es posible que, en medio de una situación objetiva de pecado —que no sea subjetivamente culpable o que no lo sea de modo pleno— se pueda vivir en gracia de Dios, se pueda amar, y también se pueda crecer en la vida de la gracia y la caridad, recibiendo para ello la ayuda de la Iglesia»
y su nota al pie 351:
«En ciertos casos, podría ser también la ayuda de los sacramentos. Por eso, “a los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de torturas sino el lugar de la misericordia del Señor”. (Exhortación apostólica Evangélii gáudium, 24 de noviembre de 2013, #44)»,
sostienen que Bergoglio, por medio de AL, promueve la “Comunión” para los adúlteros. Ante esto, Bergoglio los aprobó y escribió que “no hay otras interpretaciones” sobre AL, que ese es su verdadero sentido. Así pues, las famosas Dúbia de los cuatro quedan por contestadas.
 
En el 2014, Francisco llamó a una mujer de nombre Jacqueline Lisbona (47, hoy de 50) en la ciudad de San Lorenzo (Argentina) que vivía en adulterio con el también divorciado Julio Sabetta (50, hoy 53), y le dijo que podría recibir la “Comunión”.
  
Francisco Bergoglio rechaza claramente la indisolubilidad y santidad del matrimonio, a pesar de presentarse como católico, sacerdote y Papa, y cacarear que defiende lo anterior. Prueba de ello, además de AL, lo son sus Motu Próprio «Mitis Judex Dóminus Jesus» (reformatorio del Código de Derecho Canónico de 1983, para el Rito Romano) y «Mitis et miséricors Jesus» (reformatorio del Código de los Cánones de las Iglesias Orientales), que abrevian el ya de por sí laxo proceso de nulidad matrimonial novusordiano. Por lo tanto, se comprueba es un hereje y un antipapa peor que sus antecesores Roncalli Marzolla, Montini Alghisi, Luciani Tancon, Wojtyla Katzorowsky y Ratzinger Tauber/Peintner.
  
La Fe Católica tradicional es necesaria para la salvación, pero la Roma modernista ha perdido la Fe y se ha convertido en la sede del Anticristo, de acuerdo con la profecía de la Virgen en La Salette:
«ROMA PERDERÁ LA FE Y SE CONVERTIRÁ EN LA SEDE DEL ANTICRISTO».
  
Además, Juan Manuel Santos Calderón está excomulgado latæ senténtiæ por francmasón y comunista (es alias Santiago, agente del G-2 cubano), además de estar a favor del seudo-matrimonio homosexual (y de las adopciones gay), de participar en rituales paganos en la Sierra Nevada de Santa Marta en el año 2010 antes de posesionarse como presidente de Colombia (por lo cual Yahveh Dios ha permitido que la temporada de lluvias y estío en esta nación sean erráticas y devastadoras en estos últimos años) y de valerse de la brujería para blindar la falsa paz en el 2016 (que por eso afectó tanto el huracán Matthew y perdieron el plebiscito del 2-O). La Conferencia Episcopal Colombiana, silente ante todas estas cosas -cuando no abiertamente cómplice-, también es apóstata y excomulgada.

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