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martes, 3 de abril de 2018

MEDITACIONES PARA LA PASCUA: MIÉRCOLES DE LA SEMANA DE PASCUA

MEDITACIONES PARA LA PASCUA
     
Tomado de “Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles”, P. Andrés Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo: desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de Pascua. Tercera edición inglesa, Benziger Brothers, Nueva York, 1894.
 
MIÉRCOLES DE PASCUA
    
+ EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (21, 1-14)
En aquel tiempo se manifestó otra vez Jesús a sus discípulos junto al mar de Tiberiades. Y se manifestó así: Estaban juntos Simón Pedro y Tomás, el llamado Dídimo, y Natanael, que era de Caná de Galilea, y los hijos del Zebedeo, y otros dos discípulos suyos. Díjoles Simón Pedro: “Voy a pescar”. Dijéronle ellos: “Vamos también nosotros contigo”. Y salieron y subieron a la barca: y aquella noche no pescaron nada. Y, llegada la mañana, se presentó Jesús en la orilla: pero los discípulos no conocieron que era Jesús. Díjoles, pues, Jesús: “Muchachos: ¿tenéis algo que comer?”. Respondiéronle: “No”. Díjoles: “Lanzad la red a la derecha de la barca y encontraréis”. Y la lanzaron: y ya no podían sacarla fuera, por la multitud de los peces. Dijo entonces a Pedro aquel discípulo a quien amaba Jesús: “¡Es el Señor!”. Cuando oyó Simón Pedro que era el Señor, se ciñó la túnica (pues estaba desnudo), y se echó al mar. Y los otros discípulos vinieron con la barca (porque no estaban lejos de la orilla, sino sólo a unos doscientos codos), trayendo la red con los peces. Y, cuando bajaron a tierra, vieron unas brasas preparadas, y un pez sobre ellas, y un pan. Díjoles Jesús: “Traed los peces que habéis pescado ahora”. Subió Simón Pedro, y trajo a tierra la red, llena de ciento cincuenta y tres peces grandes. Y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Díjoles Jesús: “Venid, comed”. Y nadie de los que comían se atrevió a preguntarle “¿Quién eres tú?”, sabiendo que era el Señor. Y fue Jesús, y tomó el pan, y se lo dió. Y lo mismo el pez. Esta fué la tercera vez que se apareció Jesús a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.
 
RESUMEN PARA LA VÍSPERA EN LA NOCHE
Meditaremos mañana sobre la aparición de Jesucristo a sus Apóstoles a orillas del lago de Tiberíades, como se relata en el Evangelio del día, y debemos ver: 1º Lo que Jesucristo hizo por sus Apóstoles en esta aparición; 2º Lo que los Apóstoles hicieron por Él.
 
— Enseguida tomaremos la resolución: 1º En nuestras relaciones hacia el prójimo, imitar la caridad de Jesucristo en esta circunstancia; 2º De llevar a los servicios de Dios el coraje de los Apóstoles y su docilidad a la gracia. Nuestro ramillete espiritual serán las palabras que San Juan aplicó a Jesucristo en esa ocasión: “´¡Es el Señor!” (Jn. 21, 7).
 
MEDITACIÓN PARA LA MAÑANA
 
Adoremos a Jesucristo impelido por el amor a manifestarse a sus Apóstoles en las costas del lago de Tiberíades. Démosle gracias a Él por esta delicada atención manifestada a sus queridos Discípulos, y pidámosle que nos dé una abundante participación en la gracia de este misterio.
 
PUNTO PRIMERO - LO QUE HIZO JESÚS POR SUS APÓSTOLES EN ESTA APARICIÓN
Los Apóstoles habían pescado toda la noche sin atrapar nada, no tenían para subsistir. Jesús se apiada en su preocupación y va a ellos. “Muchachos, les dice, ¿tenéis algo que comer?” (Jn. 21, 5). ¡Qué amable previsión! ¡Qué solicitud paternal en este Divino Salvador! Él está presto a proveer para sus necesidades, pero veamos bajo qué condición: bajo la condición que ellos trabajarán. Porque EL TRABAJO ES LA LEY IMPUESTA A TODOS LOS HIJOS DE ADÁN, Y LA PEREZA ES SU RUINA. “Lanzad la red, les dijo, a la derecha de la barca y encontraréis” (Jn. 21, 6). Misteriosas palabras, que significan que en todas nuestras acciones hay un lado bueno y un lado malo; lo esencial es escoger el lado correcto. El buen lado es el lado de Dios, y no el de las creaturas: DEBEMOS CONSIDERAR SIEMPRE A DIOS SOLO, SIN BUSCARNOS A NOSOTROS MISMOS O PRESTARLE ATENCIÓN A LAS OPINIONES HUMANAS. El lado bueno es el de la Gracia, y no el de la naturaleza: NO DEBEMOS SER CONDUCIDOS POR LAS INCLINACIONES NATURALES, SINO POR LOS MOVIMIENTOS DE LA GRACIA, la cual debe regular toda nuestra conducta, nuestras recreaciones y nuestro reposo, como también nuestros asuntos y empresas. El lado bueno es el del Cielo y no el de la tierra: DEBEMOS GOBERNARNOS POR LAS MÁXIMAS ETERNAS, como hombres de mente celestial, que no tocan la tierra excepto por pura necesidad. El lado bueno, finalmente, es el lado de la Cruz, y no el de los deleites ni el del placer: DEBEMOS AFERRARNOS A LA CRUZ, QUE ES LA PORCIÓN DE LOS ELEGIDOS, Y NO A LAS ALEGRÍAS DE ESTA VIDA. ¡Qué bendiciones perdemos por dejar de observar estas santas reglas!
  
Mientras los Apóstoles estaban ejecutando la orden que les fue dada, Jesús enciende el fuego, cocina el pescado, dispone la mesa, pone pan sobre ésta, y cuando todo está listo, les dice: “Venid, comed”. Ellos llegan, traen a la orilla su red conteniendo ciento cincuenta y tres peces grandes, y Él mismo le sirve con su divina Mano a sus queridos Discípulos. ¿Quién no admiraría la caridad de Jesucristo en esta circunstancia? UNA CARIDAD PREVISORA, que no podía soportar ver a sus Discípulos sufrir sin aliviarlos; UNA CARIDAD GENEROSA que, a fin de servirles, condesciende a realizar con gozo las funciones más humildes; UNA CARIDAD AMABLE, que estudia cómo satisfacer a nuestro prójimo.
  
PUNTO SEGUNDO - LO QUE LOS APÓSTOLES HICIERON POR JESUCRISTO EN ESTA APARICIÓN
Cuatro cosas son dignas de resaltar en la conducta de los Apóstoles: 1º ELLOS OBEDECEN INMEDIATAMENTE LA ORDEN DEL SALVADOR; ellos arrojaron su red hacia donde Jesús les dijo, y los peces se agruparon allí. Ellos, que hasta entonces no habían obtenido nada, atraparon en un solo lanzamiento, nada más obedecer, ciento cincuenta y tres peces grandes. Imitémoslos; seamos siempre dóciles a la gracia; hagamos todo por medio de la obediencia, desde el deseo de agradar a Dios, en la forma que Dios quiere, y seremos bendecidos en todas nuestras obras. 2º LOS APÓSTOLES NO RECONOCIERON A JESUCRISTO A PRIMERA VISTA; fue necesario para esto que ellos tuvieran una gracia y luz especial, y cuán pocos hay que se consideran dignos de esta gracia! ¡Cuán pocos se aplican a reconocer a Jesucristo en sus Misterios, en su Doctrina, y en su Amor; cuán pocos ven y reconocen su Mano en todos los eventos, sean buenos o desdichados! Conocer a Jesús es la ciencia de los Santos, es el privilegio del amor y la pureza, como podemos ver en el ejemplo de San Juan, que fue el primero de los Apóstoles en reconocer a su buen Maestro, y exclamar: “¡Es el Señor!”. 3º Al escuchar estas palabras del discípulo virgen, PEDRO SE CIÑE LA TÚNICA Y SE ARROJA AL AGUA PARA PODER ACERCARSE MÁS PRONTAMENTE A LOS PIES DE JESÚS. La vehemencia de sus deseos le hace olvidar el peligro y la dificultad. Los corazones fervientes no se reservan nada. Tan pronto hay un pedido de servir a Dios, ellos se resuelven y van hacia adelante, mientras que el cobarde y el tibio dudan, les falta resolución, y tienen miedo a los problemas. 4º LOS APÓSTOLES, DURANTE SU COLACIÓN, SE COMPORTAN DE FORMA RESPETUOSA, ellos adoran, admiran, disfrutan en silencio la dulzura de la conversación y la mirada que Jesús les dirige, pero nadie se atreve a preguntarle “¿Quién eres tú?”, sabiendo que era el Señor (Jn. 21, 12). Así es como el alma fiel actúa; la bondad de nuestro Señor los confunde y humilla tanto que no se atreven a interrogarle o plantearle preguntas vanas o indulgirse en vanas investigaciones, sabiendo que es el Señor, que por toda conducta requiere de nosotros veneración y amor. Mientras más cercanos están a Él, más respeto le tienen; y si a veces preguntan “¿Quién eres Tú?” es solamente con el fin de conocerle mejor, para poder humillarse a sí mismos por su pequeñez en presencia de tal grandeza. SEÑOR, NO ME ATREVO A LEVANTAR MIS OJOS PARA MIRAROS, O ABRIR MI BOCA PARA HABLAROS. NO SOY NADA, EXCEPTO UN MISERABLE GUSANO ARRASTRÁNDOSE A VUESTROS PIES EN EL POLVO, MÁS POBRE Y MISERABLE DE LO QUE PUEDO ENTENDER; NADA SOY, NADA PUEDO. VOS SOLO SOIS BUENO, JUSTO Y SANTO; DERRAMAD SOBRE MÍ VUESTRA INFINITA MISERICORDIA.

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