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domingo, 28 de julio de 2019

NOVENA EN HONOR A SAN CAYETANO DE THIENE

Novena dispuesta por el padre fray Rafael José Ferriol, capuchino exclaustrado y párroco de San Jaime en Palma de Mallorca, impresa en esa misma ciudad por la viuda de Buenaventura Villalonga en 1865, con licencia eclesiástica.
  
ADVERTENCIA DEL AUTOR
Circunstancias bastante azarosas motivaron escribir estas sencillas consideraciones sobre el celo que en bien de los hombres ejerció durante la vida el ilustre fundador de los Padres Teatinos San Cayetano. Acometidos los moradores de la ciudad de Palma de Mallorca, en agosto de 1865 por el terrible y mortal enemigo de la vida humana el cólera morbo, los feligreses de la parroquial de San Jaime determinaron implorar la protección del esclarecido patriarca por medio de nueve días consecutivos, a fin de recabar del Cielo misericordia. Y no teniendo a la mano un librito con qué dirigirse, adaptado al objeto que se habían propuesto, se pensó en realizarlo pormedio de los presentes asuntos; primero, para mover los corazones a conversión santa y perseverancia firme en el bien obrar: y segundo, para dar a conocer cuál era el espíritu de San Cayetano en bien moral y físico de sus semejantes. Por el orden en que están y con la misma explicación que se les dio, se leyeron en los días que duró el ejercicio de la Novena. Y a fin de que las consideraciones puedan ser de utilidad en todo tiempo a los fieles, y de memoria honorífica al Santo, por lo mucho que trabajó por la salvación de las almas se presentan impresas a la luz pública. Espérase que Dios bendecirá el trabajo.

NOVENA AL GLORIOSO SAN CAYETANO DE THIENE, PARA IMPLORAR POR SU INTERCESIÓN LA SALUD DEL ALMA Y CUERPO EN TODO TIEMPO, Y MUY EN PARTICULAR EN TIEMPO DE ALGUNA CALAMIDAD
 
  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
      
PREPARACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Glorioso San Cayetano, amigo de Jesús, Redentor del linaje humano, y amigo también de María Santísima, madre de los hombres, ¿a quién puedo acudir mejor para alcanzar el remedio de mis males tanto del alma como del cuerpo, que a Vos tan allegado de los dos personajes en cuyas manos están los tesoros de gracia y de naturaleza? Vos, santo mío, si queréis, podéis reparar los percances que me afligen. No espero que me despreciéis en este momento que acudo a Vos confiado en vuestro valimiento y patrocinio. ¿Puede retraeros de consolarme el ver en mí alguna falta que tenga enojada a la Divina justicia y que la obligue a castigarme? ¡Oh San Cayetano!, no os detenga esto. A la presencia del Señor me humillo, y reconociéndome pecador, digo con todas las veras de mi alma: Dios mío, perdón, pésame de haberos agraviado, por ser Vos quien sois, bondad inmensa. Concededme la gracia, y ahora muy en particular para rendir culto a vuestro especial amigo San Cayetano, por cuya intercesión espero obtener de Vos en esta novena el bien que deseo, y al fin de mi vida el descanso de mi alma en vuestra compañía eternamente en la gloria. Amén.
 
DÍA PRIMERO - 29 DE JULIO
MEDITACIÓN: CELO DE SAN CAYETANO POR LA CONVERSIÓN DE LOS PECADORES
Desde pequeñito empezó San Cayetano a considerar el fin de la venida de Jesucristo a la tierra, y lo que trabajó el divino Maestro para llevarlo a cabo. Todos sabemos que el Hijo de Dios descendió del Cielo a la tierra para convertir y salvar los pecadores. He aquí que San Cayetano tuvo esto presente toda su vida; y toda su vida la pasó ejercitándose en bien espiritual de los mismos. Jamás miró con indiferencia la pérdida de ningún alma: la sentía y lloraba amargamente. Por obstinadas o endurecidas que se presentasen algunas, no se espantaba, ni cejaba su celo en trabajar para sacarlas de su empedernimiento, y llevarlas a punto de salvación. Muy perdido estaba en tiempo de San Cayetano el reino de Nápoles: la desmoralización era general, los escándalos dábanse la mano uno a otro, y la herejía llegó a reinar en el entendimiento de muchos. En tan malhadada época para aquella nación, el espíritu celoso de San Cayetano no flaqueó. Sentía la desgracia moral y la lloraba haciendo penitencia a fin de implorar la mudanza de costumbres en aquellos habitantes, el perdón de sus culpas, y la gracia divina. Y no se contentaba su celo en esperarlo todo de la oración y mortificaciones: se entregaba a la vida activa anunciando en público la palabra del Señor y la necesidad de convertirse. ¡Cuánto padeció durante este género de vida, ávido de la reforma moral de todos los cristianos! Fríos, calores, hambre, cansancios, desprecios, peligros de muerte; todo lo tenía por bien empleado convirtiendo una sola alma. El número de los que trajo a buen camino y de los que introdujo al gremio de la Santa Iglesia, fue crecidísimo. Muchísimos fueron los pecadores que abandonaron su mala vida; muchísimos los incrédulos que abrazaron la verdad pura del Santo Evangelio protestando sus errores; muchísimos los que se sujetaron a la autoridad del Sumo Pontífice; y muchísimos los que renunciaron al islamismo. No es extraño que Cayetano fuese apellidado Cazador de almas. Mira, pecador, cualquier que seas, lo que debes hacer queriendo ser devoto verdadero de San Cayetano. El santo pide tu conversión. Examina, pues, tu conciencia, detesta luego tus faltas, llóralas, confiésalas, y no vuelvas a pecar.
  
EJEMPLO: «Cierto caballero napolitano vivía tan licenciosamente, que era más conocido por sus vicios que por su nobleza. Corregíanle sus amigos los excesos, pero en vano, porque unas veces los oía con desprecio, y otras los huía por no parecer contumaz. Enredado en un laberinto de culpas, desconfiaba ya de hallar misericordia. En este infeliz estado y ceguedad se hallaba en ocasión que, más por curiosidad que por devoción, entró un día en la iglesia de San Pablo. Por hacer lo que todos, se postró entre los muchos que acuden a venerar a San Cayetano, pidióle, aunque con tibieza, se acordase de él. No dilató el Santo su favor a este pecador endurecido, porque inmediatamente se sintió movido de compunción a la detestación de sus culpas. Advirtió la novedad del impulso, pero bien hallado con sus deleites, trató de sacudirlo y salirse de la iglesia. Tres veces intentó levantarse y no pudo. Sintiendo por instantes lo que obraba en su corazón el poder de la divina gracia, fue ilustrado con el conocimiento de sus graves culpas, y a ese paso fue excesivo el dolor que concibió de ellas, pasando a demostraciones exteriores confesándolas, y a predicar que lo debía a la virtud bondadosa de San Cayetano». Vida de San Cayetano, edic. de 1723, pág. 587.
 
Se rezará nueve veces el Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri con una aspiración antes de cada uno:
  1. ¡Oh San Cayetano, rogad por la conversión de los pecadores! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.
  2. ¡Oh San Cayetano, rogad por la conversión de los herejes e infelices! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.
  3. ¡Oh San Cayetano, rogad por la conservación de los justos en el estado de la gracia! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.
  4. ¡Oh San Cayetano, rogad por el sostén y extensión de la Iglesia Católica! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.
  5. ¡Oh San Cayetano, rogad por la pureza y por la defensa de los ministros del santuario! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.
  6. ¡Oh San Cayetano, rogad por la paz entre los reinos católicos! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.
  7. ¡Oh San Cayetano, rogad por la salud de todos los fieles cristiano-católicos! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.
  8. ¡Oh San Cayetano, rogad por la conservación y aumento de los frutos de la tierra! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.
  9. ¡Oh San Cayetano, rogad por todos los enfermos agonizantes, a fin de que mueran en el ósculo del Señor! Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri.
   
CONCLUSIÓN PARA TODOS LOS DIAS
Poderosísimo San Cayetano, a vuestro honor y ensalzamiento se ha dirigido este piadoso ejercicio. Si no ha llegado al pie de vuestro altar con toda aquella devoción que el Señor requiere en tales actos, haya para nosotros indulgencia, santo mío; mirad que somos todos miserables hijos de un padre prevaricador. Y en este concepto, según lo bueno que haya en nuestra oración, y en atención a los méritos de la Pasión de Jesucristo, tomad interés por nuestro bien, especialmente por la salud de nuestras almas. No nos abandonéis, ¡oh glorioso San Cayetano! Hoy más que nunca miradnos con ojos de compasión. Impetrad del trono de la Trinidad santísima el perdón de nuestras iniquidades que tan irritado tienen al Cielo contra nosotros, alcanzadnos la amistad divina con que seamos bendecidos durante la vida en este destierro, y coronados después de la muerte con la diadema de la inmortalidad en el reino de la gloria. Amén.

ORACIÓN DE SAN CAYETANO PARA EL REMEDIO DE LAS MAYORES NECESIDADES
Mira, Señor y Padre santísimo, desde tu santuario, y sublime morada celestial esta sacrosanta Hostia que ofrece nuestro Sumo Pontífice Hijo tuyo y Señor nuestro, por los pecados de sus hermanos: aplácate, no obstante las muchas maldades del mundo; atiende a la voz de la Sangre de nuestro hermano Jesucristo que clama a ti desde la Cruz: otorga, Señor, nuestros ruegos: aplácate Señor, y concédenos lo que te pedimos; no des largas por ser Tú quién eres, Dios mío, pues tu santo Nombre ya se invocó sobre tu pueblo; y haz con nosotros según tu misericordia. Amén.
    
GOZOS AL GLORIOSO SAN CAYETANO
  
Conde en Venecia nacisteis,
Y en la juventud florida
Deudos y honras de esta vida
Por pobre desconocisteis:
Pues en Dios, gran veneciano,
Lográis nobleza mayor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
   
Vuestra patria os aclamaba,
Ya por santo entre niñeces,
Y en vos ciertas solideces
De la virtud admiraba:
Pues disteis muestras enano
De agigantado valor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
  
La pobreza y abstinencia
Como apóstol abrazasteis,
Y a vuestros hijos mandasteis
Vivir de la providencia:
Y siempre con larga mano
Os socorría el Señor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
   
Humilde en los hospitales
Servíais a los dolientes,
Sanando sus accidentes
Incurables o mortales:
Y pues poder soberano
Os ha dado el Redentor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
   
En Roma puso María
A Jesús en vuestros brazos,
Logrando en tiernos abrazos,
Tan amable compañía:
Y pues depósito Pífano
Fuisteis del mismo Criador:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
  
Fuiste insigne penitente,
Tanto que según decíais,
Vuestro cuerpo aborrecíais
Como al demonio insolente.
Pues sois del mundo liviano
Constante perseguidor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
     
Vuestro aspecto prodigioso
Todos los vicios destruye,
Y de vuestra imagen huye
El espíritu alevoso:
Pues del infernal villano
Sois firme espanto y terror,
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
     
Un Moro porque votó
Retener vuestra figura,
De una prisión cruel, y dura
Felizmente se libró:
Pues sois aun del más pagano
Amable consolador:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
     
Muchas almas acosadas
De venérea tentación
Deja vuestra intercesión
Dichosamente libradas:
Pues sobresale a lo humano
Vuestro virgíneo candor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
     
Dais esfuerzo, luz, y guía
Al más triste agonizante,
Y al enfermo vacilante
Suspendéis la frenesía:
Para que como cristiano
Muera contrito de amor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
    
En los partos laboriosos
Dais feliz alumbramiento,
Trocando en alegre acento
Los suspiros dolorosos:
Pues nunca el devoto en vano
Imploró vuestro favor:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
     
El conyugal desconsuelo
Por falla de sucesión,
Alivias grato Patrón
Si es conveniente su anhelo:
Que cuando el deseo es vano
No os merece por fiador:
Sednos padre y protector,
Milagrero Cayetano.
       
Antífona: Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os añadirá.
℣. Bajo la sombra de tus alas protégenos, San Cayetano.
℟. Sé nuestro refugio en la tribulación.
  
ORACIÓN
Suplicámoste, Señor, que no nos falte en nuestras necesidades la intercesión de tu bienaventurado confesor San Cayetano, para que experimentemos continuamente el auxilio de aquél que respetuosamente veneramos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA SEGUNDO - 30 DE JULIO
Por la Señal,...
Oración de Preparación
 
MEDITACIÓN: CELO DE SAN CAYETANO EN PROPORCIONAR MEDIOS A LOS PECADORES ARREPENTIDOS PARA MANTENERSE EN EL ESTADO DE PENITENCIA
San Cayetano, que prestaba tantos trabajos, y hacía tantos sacrificios para la conversión de los pecadores y de toda clase de almas perdidas, ¿podía dejar de prestarlos a fin de que los convertidos a la gracia perseverasen en tan feliz estado? No. Así es que, para lograr su permanencia en la nueva amistad divina, arbitraba medios y los ponía en práctica. ¡Qué rígidos ayunos hacía para mortificar el apetito! ¡Qué crueles disciplinas descargaba sobre su inocente cuerpo! ¡Qué pesado descanso daba a sus miembros fatigados por el trabajo, tomándolo sobre el duro suelo! ¡Qué insoportables eran las vigilias que observaba! Se presentaba Cayetano a los nuevos penitentes como un esqueleto descarnado por riquísimas maceraciones. Y a fin de no asustarles con cuadro de cruel penitencia tan al vivo en su mismo cuerpo, los llamaba a la casa de Dios a fin de sus labios, las pláticas que formaba sobre el ayuno y mortificación de Jesucristo. Le presentaba después el mismo divino Maestro atado a la columna recibiendo azotes en satisfacción de los pecados del mundo, y el mismo Señor clavado en el leño sacro de la Cruz padeciendo agonía mortal para conseguir perdón de la mucha ingratitud del hombre. A fin de fortalecerlos en medio de las mortificaciones que emprendiesen y sostenerlos en sus propósitos, los exhortaba a la oración, a la frecuencia de Sacramentos, y al retiro, muy en particular a las mujeres, estableciendo para su recogimiento lugares a propósito con el nombre de casas de arrepentidas. Pecadores, que renunciasteis el camino de la maldad para no entrar más en él, tened siempre en la memoria los medios de que San Cayetano se valía para conservar en el arrepentimiento y lágrimas de contrición, a los que convertía a Jesucristo, y ponedlos en práctica. Macerad la carne, crucificadla en Cristo Jesús, y mereceréis el perdón y la gracia en vida y en la hora de la muerte.

EJEMPLO: «En la ciudad de Nápoles, un hombre había dejado de confesar cierto pecado, más por negligencia en el examen que por estudiosa malicia. No se acordaba de la culpa, pero siempre le punzaba la espina de que no eran enteras las confesiones. Con este desabrimiento se puso a hacer oración delante del sepulcro de San Cayetano, y se le representó salía de él el Santo, y puesto a su vista, solo con mirarle le trajo a la memoria la culpa que ocasionaba el remordimiento y él no encontraba, con lo cual, sin salir de la iglesia se confesó, y logrando la serenidad de su conciencia, dio gracias al Santo». Vida de San Cayetano, edic. de 1723, pág. 587.
   
Los nueve Padre nuestros, Ave Marías y Glorias con sus aspiraciones, la Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
 
DÍA TERCERO - 31 DE JULIO
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Oración de Preparación

MEDITACIÓN: CELO DE SAN CAYETANO EN SOSTENER A LOS JUSTOS EN EL ESTADO DE GRACIA
A la manera que Dios nuestro Señor cuida de los buenos asistiéndoles con auxilios de gracia y defendiéndolos en los azares que les presentan el mundo, la carne y el infierno, cuidaba San Cayetano de aquellas almas que entregadas a la virtud, perfección y santidad, vivían en amigable unión con la Majestad divina. Muy retirada pudiera morar la criatura humana que se alimentaba de la ley de la caridad, que Cayetano no la buscase para comunicarle ideas de la hermosura y demás atributos del Ser supremo, y de los bienes inmensos que tiene reservados para los que le aman, a fin de fortalecerla en el camino emprendido. Así es, que ora exhortaba a unos para la frecuencia a la oración y a la recepción del manjar divino como armas poderosas para el vencimiento de toda tentación; y ora animaba a otro para la paciencia y sufrimiento en medio de la adversidad, con ejemplos sacados de la Escritura divina y de los martirologios. A los fieles perseguidos dirigía Cayetano con más particularidad su atención a fin de que no flaqueasen jamás en la fe. Muy privada pudiera estar en Nápoles en tiempo de sus desastrosas disensiones, la entrada a las cárceles y a los presidios, que no lograse el Santo penetrar en tales establecimientos sabiendo que había alguna persona padeciendo por Dios, para sostenerla en el empeño tomado. Era tal el celo de San Cayetano en mantener firmes en las creencias religiosas que admitieran desde un principio, que no rehusaba ningún trabajo a fin de que no menguase el número de los verdaderos adoradores del Señor en toda Italia. Cual Atanasio, hubiera acompañado cualquier atleta de Jesucristo a las aras del martirio con el santo objeto de que muriese fiel a las promesas bautismales. Harto tienen que aprender los justos devotos do San Cayetano. ¿Quieren perseverar en la virtud? Invoquen al Santo cuando el mundo, la carne y el infierno se empeñan traerlos al mal. En San Cayetano encontrarán sostén durante la vida, y en la hora de la muerte.

EJEMPLO: «En Venecia cierto varón espiritual hubo de luchar algún tiempo con una tentación de aquellas que no suelen perdonar a los mas justos. Recelaba su caída, considerando la humana flaqueza, y más viéndose con tal tibieza, que aun no sentía aliento para implorar el divino auxilio. Ocurrióle cuán poderosa es la intercesión de San Cayetano para triunfar en tales conflictos. Fue a su iglesia, y haciendo la oración delante de su altar, se apareció el Santo, y echándole la bendición, le dijo: No temas, que en mí hallarás amparo y patrocinio. Y así lo experimentó en adelante, a pesar del infierno». Vida de San Cayetano, edic. de 1723, pág. 594.
   
Los nueve Padre nuestros, Ave Marías y Glorias con sus aspiraciones, la Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
    
DÍA CUARTO - 1 DE AGOSTO
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Oración de Preparación

MEDITACIÓN: CELO DE SAN CAYETANO EN INSPIRAR A TODOS LOS HOMBRES LA DEVOCIÓN A LA SAGRADA PASIÓN DE JESUCRISTO
¿Qué objeto puede haber más digno de la atención, amor y devoción de un cristiano, que aquel por medio del cual se recaban del Cielo mayores gracias? Siendo la Pasión sagrada de Jesucristo, como manantial que es de todas las gracias que se derraman sobre el linaje humano, el mayor objeto a cuya consideración y gratitud debe entregarse el verdadero hijo de Dios; por esto San Cayetano tomó con particular empeño en presentarla blanco de los tiernos afectos del corazón de todo justo, y de todo pecador arrepentido. Cristo, padeciendo por la salud y redención de los hombres, era frecuente asunto de sus conversaciones y pláticas: la Vía sacra, ejercicio que hacía practicar todos los días a sus hijos y a los que vivían bajo su dirección; y la agonía y la muerte de Jesús pendiente del sacro madero en el monte Calvario, quería San Cayetano fuesen la más atendible materia de la oración. El fin que el santo patriarca se proponía en la práctica de esta sagrada obra era mover a ternura y lágrimas de pura contrición al pecador, considerando que sus enormes iniquidades fueron la causa de aquel sangriento drama; y a excitar en el justo inalterable fortaleza en medio de los padecimientos de este valle de lágrimas, y muy en particular de los desprecios y persecuciones que tienen que sufrir de los malos. ¡Qué laudable empeño el de San Cayetano en esta parte! ¡Qué saludables efectos había de producir obra tan santa y de singular agrado al Redentor en el corazón de los que la practicaban! Obsérvalo en tí mismo, ¡oh, pecador arrepentido! Mientras contemplas a Jesús crucificado, ¿no puedes dejar de reconocer que la misericordia de Dios hecho hombre, fue grande para contigo? Y obsérvalo tu también, ¡oh, alma justa! y dirás: ¡mucho tengo que aprender de Dios, que revestido de la carne mortal y pasible sufrió hasta el último suspiro por la salud de todas las criaturas humanas siendo inocente!

EJEMPLO: «Empleado Cayetano, en cierta ocasión, en las dolorosas meditaciones de la Pasión de Jesucristo, andaba como vacilante entre aflicción y gozo, porque ya le acongojaban las amarguras, ya le recreaba el Señor con celestiales consolaciones. Una vez se le apareció el Salvador en la misma lastimosa figura como le retrata el profeta Isaías, afeado y despreciado como el más abatido de los hombres, hecho Varón de dolores, y cargado con nuestras enfermedades, como lo representaba en la Cruz que oprimía sus sagrados hombros. Entristecido Cayetano al ver espectáculo tan lastimoso, quisiera aliviar al Señor de tan gravoso peso, pero su temeroso encogimiento le detenía, hasta que apareciendo su grande amigo el seráfico P. San Francisco, le animó y convidó a que arrimase el hombro, para ayudar a llevar la cruz al Redentor. Así lo ejecutó, y halló por experiencia ser en compañía de Cristo, ligero el más grave trabajo, y entendió vivamente el sentido de sus sagradas palabras, cuando dijo: Mi yugo es suave, y mi carga ligera. Diósele también a entender al Santo con esta maravillosa visión lo mucho que había de cooperar con su religión a la salud de las almas rescatadas con la Sangre preciosa del Redentor». Vida de San Cayetano, edic. de 1723, pág. 362.
   
Los nueve Padre nuestros, Ave Marías y Glorias con sus aspiraciones, la Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA QUINTO - 2 DE AGOSTO
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MEDITACIÓN: CELO DE SAN CAYETANO EN INSPIRAR A LOS HOMBRES LA DEVOCIÓN A JESUCRISTO SACRAMENTADO
Era tanto el amor que San Cayetano tenía al Santísimo Sacramento del Altar que no podía dejar, siempre que se lo permitían sus ocupaciones, de visitarle ora estando patente en alguna iglesia, ora estando reservado. ¡Cuántas horas del día y cuántas noches enteras pasaba arrodillado a su divina presencia, rindiéndole los homenajes de adoración y gratitud que corresponden a su soberana Majestad! Era de tal naturaleza el amor de San Cayetano hacia Jesucristo en el Santísimo Sacramento, que de continuo nacían y renacían en su corazón deseos ardentísimos de que todas las criaturas humanas le amasen y reverenciasen a fin de que fuese perpetua su adoración. Raras eran las personas con quienes hablase Cayetano, que no oyesen de la boca del Santo algunas aspiraciones en loor y engrandecimiento del Santísimo. Consideraba San Cayetano que, siendo el Sacramento del Altar memorial perenne de la sagrada Pasión del Redentor, debía estar siempre presente a los ojos de la carne y del espíritu. Por eso exponía con frecuencia a la pública veneración llamando a todos los hombres a visitarle y adorarle, mayormente en los días de conflicto. Para tales casos, y durante las turbulencias de Italia, fomentó la oración de cuarenta horas en aquel reino en forma de rogativa, a fin de que estudiasen de esta manera la humildad, munificencia y amor de Jesucristo en esta grandiosa obra de su omnipotencia divina. ¡Cuán saludables fueron los beneficios de paz interior y exterior que alcanzó del Cielo por este medio! Cesaron las turbulencias, se reconciliaron los ánimos hasta entonces mal avenidos, y dominaron los principios de sana moral y de creencia religiosa. No despreciéis, cristianos, este comportamiento de San Cayetano en el amor y adoración a Jesús Sacramentado, el cual deseaba llevasen todos. Imitándole, experimentareis dulcedumbre en vuestro interior; y paz y buen vivir entre vuestros semejantes, cuyos dones no sabréis conocer y apreciar sino guiados por la fe y por la caridad, virtudes enseñadas y recomendadas por Jesucristo autor del Santísimo Sacramento.

EJEMPLO: El caso que sigue demuestra igualmente el celo que San Cayetano tenía de la Iglesia por residir en ella el Santísimo Sacramento. Dice: «En la iglesia de San Pablo en Nápoles, y a vista de las Reliquias de San Cayetano, se atrevió un hombre sacrílego a hurtar a cierta dama una alhaja de oro, valiéndose del concurso que asistía a una fiesta. Apartóse contento de haber logrado el lance, pero al querer salir se halló inmoble, fue a buscar otra puerta, y le sucedió lo mismo, y así hasta la cuarta, pues tantas son las puertas de aquel templo. Cayó entonces en que aquel embarazo procedía del Santo, quien no quería se violase su templo, y así reconocido de su atrevimiento, lo declaró a un Padre, y todo lo que le sucedía, entregando la alhaja para que se restituyese a su dueño, por donde logró recobrarla, y el ladrón la salida de la iglesia, que había profanado con tal desacato». Vida de San Cayetano, edic. de 1723, pág. 515.
   
Los nueve Padre nuestros, Ave Marías y Glorias con sus aspiraciones, la Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA SEXTO - 3 DE AGOSTO
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MEDITACIÓN: CELO DE SAN CAYETANO EN INSPIRAR A TODOS LOS HOMBRES EL AMOR A LA SAGRADA COMUNIÓN
San Cayetano, que desde que gustó por primera vez el pan de los ángeles, fue singular amante de este manjar divino, ¿podía tolerar que no se acercasen los demás al sagrado convite? Sabiendo el Santo por experiencia propia que yendo a menudo a comulgar se fortalecía el espíritu, y el cuerpo tomaba vigor para con gusto y agilidad trabajar las obras encaminadas al engrandecimiento del Criador y a la felicidad de sus criaturas, ¿dejaría de afanarse en que todos los hombres experimentasen los mismos efectos recibiendo la divina Eucaristía? Harto ejemplo les daba Cayetano. ¡Con qué frecuencia se acercaba el santo a la sagrada boda del Cordero inmaculado ya antes de ser apto para celebrar el Santo Sacrificio de la Misa! ¡Con qué preparación, devoción y reverencia daba entrada en su boca y asiento en su pecho a la carne y Sangre de Jesucristo! ¡Con qué recogimiento daba después gracias al mismo Señor habiéndose dignado hacerse una misma cosa con él! Y este fervor, y esta devoción y esta caridad seráfica aumentaron en San Cayetano y de una manera extraordinaria, al recibir el sacerdocio y en el acto de celebrar el incruento Sacrificio de la Misa, y al tomar el Cuerpo y la Sangre del divino Salvador. Es indecible hacerse cargo de lo que sentía en su interior el santo patriarca en aquellos momentos, e indecible también lo que sentía después de haber comulgado las sagradas especies. Y todo lo que Cayetano practicaba y sentía en esta parte, intentaba hiciesen y sintiesen los demás. Recomendado dejó a sus hijos el trabajo de exhortar a todos a la frecuencia de los Sacramentos de la Penitencia y Comunión. Ya en su vida logró San Cayetano con dulcísima satisfacción suya, que fuesen sin número los imitadores de su comportamiento, y cuya práctica siguieron muchos obedeciendo a las amonestaciones de los padres Teatinos. Mas ¿son muchos los que ahora siguen al Santo en el mismo ejercicio? Los que se precian de ser devotos de San Cayetano, ¿viven ávidos de recibir a Jesús en la Eucaristía y se acercan con frecuencia a la Sagrada mesa? Omitiéndolo unos por pereza o frialdad, y otros por llevar una conducta enteramente depravada, invocando al Santo a su favor en momentos de apuro, y no experimentando gracia, ¿se quejarán con razón en su abandono? Que lo examine cada uno.

EJEMPLO: «Una doncella devota y muy espiritual consagró a Dios su virginal pureza por el voto simple de castidad. Envidioso el demonio de esta valerosa resolución, la empezó a perseguir con mil asechanzas, representándola ser imposible a la humana fragilidad el cumplimiento de su promesa, siendo tan continuos los asaltos de la concupiscencia sensual y esto con tal viveza, que tenía en grave congoja y desmayo a la pobre doncella. Esta determinó ampararse de la protección de San Cayetano, obligándole por ocho días con la oracion: el último recibió el Santísimo Sacramento, confiada en hallar vigor en aquel Pan de los ángeles, que da fortaleza a los flacos. Dióse por obligado San Cayetano a tan eficaces y devotas diligencias, y apareciéndosele, la dijo: Anda hija, que ya se acabó tu trabajo. Y desde entonces sintió quietud y gozo de haberse consagrado a Dios». Vida de San Cayetano, edic. de 1723, pág. 594.
   
Los nueve Padre nuestros, Ave Marías y Glorias con sus aspiraciones, la Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA SÉPTIMO - 4 DE AGOSTO
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Oración de Preparación
   
MEDITACIÓN: CELO DE SAN CAYETANO EN INSPIRAR A LOS HOMBRES LA DEVOCIÓN A MARÍA SANTÍSIMA
Mientras que San Cayetano amaba y honraba a Dios, amaba y reverenciaba a la Reina de los cielos, María santísima, dando siempre, por supuesto, la primacía al Señor. Ya Cayetano en su nacimiento fue puesto por su madre bajo la tutela de la divina Señora; y el Santo correspondió a los deseos de la que había tenido tan singular y piadoso cuidado. Tierno niño era, y el nombre de María ya estaba en sus labios. Muchacho era, y a María festejaba con demostraciones no comunes en la edad juvenil. Y al par que iba haciéndose hombre, adelantaba progresivamente en el amor y veneración a la soberana Emperatriz de los ángeles y de los hombres. Todo lo que Cayetano hizo desde entonces hasta que expiró en engrandecimiento de María, fue serio, tierno, devoto y magnífico. No pronunciaba el nombre de Jesús que no añadiese el de María. No escribía aquél que no apuntase éste al lado. No pasaba un día sin rezar a María el santísimo Rosario. No se pasaba vigilia de las festividades de la Señora, que no hiciese memoria de ella con mortificación particular: ni celebraba la iglesia misterio de la divina Madre, sin celebrarlo Cayetano con singulares muestras de solemnidad: ni se acercaba al Altar para ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa, sin haber pedido antes la asistencia de la Señora. Y proponiéndose hacer alguna cosa, lo consultaba a María, Fuente de sabiduría y Madre del buen Consejo: y apenas lo había efectuado, cuando inmediatamente la ponía bajo su protección. Así sucedió instituyendo su sagrado orden. Tanta devoción de Cayetano a María, ¿de qué manera sería recompensada por la Señora? Sabiéndose que María puso en los brazos de Cayetano a su mismo Hijo en forma de tierno infante, basta para formar juicio de cuanto pudo hacer la Reina del Cielo a favor de su fidelísimo siervo. Las gracias que Cayetano recibió de María y la grandeza de la Señora siendo Madre de todo un Dios, motivaron al Santo a inspirar a todos los hombres el amor y la devoción a la divina Madre. Les recordaba que María fue Corredentora del género humano, y que todos los descendientes del padre primero son hijos suyos, y que a todos protege cumpliendo la voluntad del Redentor su hijo. Y mientras les infundía tales ideas, les proporcionaba medios para obsequiar a la Señora y engrandecerla. Cuanto él practicaba en gloria de María, les exhortaba ejercer: y además salmearla como se salmea a Jesús, su hijo. Al efecto formó Cayetano el Oficio Parvo de la Señora, dejándolo en constitución a sus predilectos hijos. Efecto grandísimo en ensañamiento de María produjo esta obra de Cayetano. Con ella alaban todas las congregaciones religiosas a la gran Reina del cielo; y lo mismo hacen muchísimas personas particulares, recabando todas de la protección de María miles de bendiciones. ¡Oh amor y celo de Cayetano, en honra de la celestial Madre, sed aplaudidos e imitados dé todos los hombres!

EJEMPLO: La Virgen María premia a San Cayetano su gran confianza en la divina Providencia. «En una visión se representó la celestial Reina sentada en compañía de su Hijo santísimo a una mesa cubierta de preciosas viandas, y asistida de muchos espíritus angélicos, por cuyas manos enviaba a Cayetano de aquellos deliciosos manjares, para que repartiese de ellos entre sus hijos, en que se dio a entender la Madre de Dios, según escribe el Padre Hipólito Marracio, era protectora de su religión, y la maternal solicitud con que se empeñaba en el socorro de sus necesidades». Vida de San Cayetano, edic. de 1723, pág. 376.
   
Los nueve Padre nuestros, Ave Marías y Glorias con sus aspiraciones, la Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
 
DÍA OCTAVO - 5 DE AGOSTO
Por la Señal,...
Oración de Preparación
   
MEDITACIÓN: CELO DE SAN CAYETANO EN BIEN TEMPORAL DE LOS HOMBRES
No era solo el interés de la salvación de las almas lo que tenía en movimiento a San Cayetano, trabajando sin cesar al efecto, lo era también el interés del bienestar temporal, no exclusivamente de los que seguían su doctrina y consejos santos, sino de los que no los escuchaban a fin de traerlos a mejor vida, a la vida espiritual. ¿Qué persona necesitada no encontraba remedio por los sacrificios de Cayetano con el objeto de proporcionar a todos el consuelo? El indigente, ¿no encontraba reparo en su apuro acudiendo a los hospicios que el Santo erigía? El enfermo, ¿no hallaba remedio para su curación en los hospitales que el Santo fundaba? El ignorante, ¿no conseguía instrucción yendo a las escuelas que el Santo plantaba? El perseguido, ¿no encontraba descanso por medio de la paz que el Santo introducía en los reinos y en el hogar doméstico? El perturbado en su interior, ¿no reconquistaba la tranquilidad de su conciencia que enflaquecía sus fuerzas físicas, buscando a San Cayetano y desahogando su pecho a las plantas del santo patriarca a fin de obtener la absolución de sus culpas, causa de su indisposición? A nadie negó jamás San Cayetano la protección y el consuelo temporal, mientras vivió en este valle de lágrimas. Y desde que es morador en la celestial bienaventuranza, ¿quién hay que, habiendo acudido a él en las necesidades del cuerpo, limpia el alma, con la fe y confianza que se requieren, a que dado desatendido? Ninguno. Todo el que ha implorado su protección, cual se debe, la ha obtenido. ¿Hay quién habiéndose acercado a alguna imagen o figura de San Cayetano en demanda de algún remedio, haya sido en medio de la sequedad, o en medio de avenidas espantosas, o en medio del mar embravecido, o en medio de oscilaciones de la tierra, o en tiempo de epidemias, o en el lecho del dolor, o sea rogando por el eterno descanso de las almas del Purgatorio, no haya obtenido despachada felizmente su petición? Si no lo consiguió; reconozca la causa. No pidió en gracia; ni con fe y bonanza lo que deseaba alcanzar. Vívase en amistad con Dios, haya creencia en el Señor, y haya esperanza en el poder de la soberana Majestad divina, y San Cayetano alcanzará del Cielo a favor de cuantos le invoquen, lo que desean para su lícito bienestar.
  
EJEMPLO: «En la ciudad de Plaza era asaltado del mal de corazón repetidas veces, y con peligro de perder la vida desastradamente Pedro Albornoz. Refería en una ocasión su trabajo al Padre Egidio de Castro Juan, Capuchino; el buen Padre movido de caridad, le amonestó se valiese de la intercesión de San Cayetano, y le ofreciese ayunar nueve miércoles, y rezarle cada día un Padre nuestro y Ave María, llevando siempre consigo su imagen. En todo convino el que deseaba el remedio a medida de su necesidad. Hallóse luego que puso por obra su oferta, libre del mal. Pero habiéndose olvidado un miércoles del ayuno, le repitió el accidente con mayor fuerza: vino en acuerdo de la falta, y proponiendo enmendarla, volvió a gozar salud». Reflexione cada uno la importancia de cumplir las promesas hechas a Dios, o a alguno de sus Santos, y sea diligente en realizarlas. Vida de San Cayetano, edic. de 1723, pág. 564.
   
Los nueve Padre nuestros, Ave Marías y Glorias con sus aspiraciones, la Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
   
DÍA NOVENO - 6 DE AGOSTO
Por la Señal,...
Oración de Preparación
   
MEDITACIÓN: GLORIA QUE SAN CAYETANO DISFRUTA EN EL CIELO Y EN LA TIERRA POR LO MUCHO QUE TRABAJÓ EN GLORIA DE DIOS Y EN BIEN DE LAS CRIATURAS HUMANAS
San Cayetano, que desde su infancia hasta la muerte, se ejercitó en las virtudes de Jesucristo, humildad, paciencia, mortificación, desnudez y desprendimiento de todo lo de la tierra; San Cayetano, que para defensa de la Religión, enseñanza del pueblo, y conversión de los pecadores y de los herejes, fundó el orden de Clérigos Reglares; San Cayetano, que durante su vida, hizo bien indecible a los hombres con dones de gracia y de naturaleza ¿podía dejar de recibir el galardón correspondiente a tantos merecimientos? Dios, justo remunerador de los que se sacrifican por su honra y engrandecimiento y por la ventura de sus semejantes, quiso premiar las virtudes y obras santas de San Cayetano con gloria eterna. A la Bienaventuranza celestial voló el alma de San Cayetano luego de salir de la cárcel del cuerpo. Y en el Cielo goza desde entonces San Cayetano distinguido lugar y bienes que nunca acabarán. En tanta dicha lo vieron, por revelación, San Pedro de Alcántara, San Andrés Avelino y la venerable fundadora de Teatinas Sor Úrsula Benincasa. Y no es la gloria del Cielo que solamente goza San Cayetano, disfruta también de inefable veneración y culto en la tierra. Ya antes de su beatificación y canonización era honrado e invocado Cayetano por muchos de los fieles. Mas, luego que la Iglesia decretó se le podía obsequiar y engrandecer con pública solemnidad, desde entonces se le han erigido en ensalzamiento suyo, monumentos, oratorios y suntuosos templos, acudiendo a ellos sus devotos para rendirle distinguidas festividades, e implorar por medio de sus sagradas imágenes consuelo y ventura celestial, y el reparo de sus desgracias. Mira, cristiano, cómo recompensa el Señor los méritos contraídos en el ejercicio de la virtud, y en el de las obras de Misericordia. Ten presente que no en balde trabajarás en los caminos de la divina ley. Da a Dios lo que de justicia le pertenece. Trata a tus semejantes como a ti mismo, y alcanzarás en premio la gloria eterna.

EJEMPLO: «Un varón muy espiritual, que con fervorosos deseos anhelaba a la conquista del reino de los cielos, dirigiendo sus pasos por la estrecha senda de la perfección evangélica, aspiró con ánimo generoso a seguir con su auxilio los que en ella dio el espíritu gigante de Cayetano. A este fin proponía a su memoria aquellas heroicas virtudes que ejercitó el Santo, por si podía sacar en su alma alguna copia, que no desdijese en todo del original que se había propuesto. Tenía asimismo en su estancia un retrato material del Santo, delante del cual hacía cada día su examen de conciencia, y era para él un clarísimo espejo donde descubría sus manchas o lunares, porque el día que como hijo de Adán se había deslizado en más faltas, o pasado con mayor pereza, el Santo se lo indicaba en el semblante, mostrándose indignado; y al contrario, cuando más fervoroso se había empleado en obras del divino agrado, también se lo indicaba, mostrándose agradable y amoroso, con que en este retrato tenía el devoto discípulo del Santo, un maestro de la vida, para llevar gobernada la suya, logrando cada día ventajas en su espiritual aprovechamiento». Vida de San Cayetano, edic. de 1723, pág. 596.
    
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