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jueves, 12 de marzo de 2020

PROFECÍA DE LOS PADRES DEL DESIERTO

«Los santos padres de Escete hicieron esta profecía sobre la última generación: “¿Qué hemos hecho nosotros?”, dijeron ellos. El gran padre Isquirión dijo: “Hemos observado los mandamientos de Dios”. Y ellos le respondieron: “¿Qué harán, en cambio, los que vengan detrás de nosotros?”. “Llegarán a la mitad de nuestra obra”, respondió. “¿Y los que vengan después de ellos?”. Dijo: “No igualarán en nada a la generación precedente, sino que sobrevendrá sobre ellos la tentación [1], y los que en ese tiempo sean probados (y salgan adelante) [2], serán considerados más grandes que nosotros y nuestros padres”» [3].
  

NOTAS DEL EDITOR
[1] Cf. Apoc. 3,10. «Puesto que has observado con constancia mi palabra, también yo te preservaré en la hora de la tentación que está por venir sobre el mundo entero, para poner a prueba los habitantes de la tierra».
[2] También aquí no se trata de una cita bíblica exacta, sino del acercamiento de dos expresiones neotestamentarias recurrentes en varios lugares (cf. 1 Cor. 4,2: Ahora, cuanto se requiere en los administratores que cada uno sea hallado fiel. 11,19: «Es necesario que vengan divisiones entre vosotros, para que se manifiesten aquellos que son los verdaderos creyentes en medio de vosotros» y paralelos).
[3] Este tema recorre frecuentemente; puesto en boca incluso en San Antonio Abad (apotegma 23: «Dios no permite que esta generación sea atacada como la de los antiguos, pues sabe que es débil y no puede resistir»), no sin un cierto anacronismo. En parte nos encontramos sin más frente a un género literario heredado de la tradición clásica, la «loa del tiempo pasado». Pero no se trata solamente de esto; en gran conformidad con los discursos esjatológicos de los Evangelios (cf. Mt. 24 y par.) y con el libro del Apocalipsis, los padres del desierto afirman un aspecto imprescindible de la dinámica de lo real, el endurecimiento de la lucha de las potencias del mal y la radicalización el conflicto al avecinarse el día final (cf. Sisoés, apotegma 11).
 
Le sigue un gran declinar de la fe (cf. Lc 18,8), la multiplicación de la maldad, el enfriamiento de la caridad de muchos (cf. Mt. 24, 12); en la vida de los monjes, con el pasar de las generaciones, se asiste a la decadencia de tantos aspectos (cf. Isaac de las Celdas, apotegma 7: «Dijo el padre Isaac a los hermanos: “Nuestros padres, y el padre Pambo, usaban ropas viejas, hechas de palmas y remendadas, pero ahora llevan vestidos preciosos. ¡Márchense de aquí! ¡Abandonen este lugar!”. Cuando estaba por salir para la cosecha, les dijo: “No volveré a darles órdenes, porque no las observan”»; Juan el Enano, apotegma 14: «Un anciano tuvo esta visión: Estaban tres monjes a orillas del mar, y una voz los llamó desde la otra orilla que decía: “Tomen alas de fuego y vengan a mí”. Dos de ellos las tomaron y volaron hasta la otra orilla, pero el tercero se quedó, y lloraba mucho y se lamentaba. Al fin, también a él se le dieron alas, pero no eran de fuego, sino débiles e impotentes, de modo que, cayendo y emergiendo del agua, con gran trabajo y aflicción, llegó a la orilla. Así es la generación presente, que, si recibe alas, no son de fuego, sino que consigue apenas unas débiles e impotentes»; Macario, apotegma 5: «Dijo el padre Macario a los hermanos: “Cuando vean una celda edificada cerca del pantano, sepan que está cercana su destrucción; cuando vean árboles, está ya a las puertas; cuando vean niños, tomen las melotas y aléjense”» y párrafo, apotegma 25: «Le rogó el padre Pastor con muchas lágrimas, diciendo: “Dime una palabra para salvarme”. El anciano le respondió: “Lo que tú buscas se ha alejado de los monjes”»; Pastor, apotegma 166: «Desde la tercera generación de Escete y a partir del padre Moisés, los hermanos no han hecho progresos», etc.). Agréguese para los desiertos de Egipto la situación traumática provocada por la purga antiorigenista de Nitria en el 400 y sobre todo por la devastación de Escete en el año 407 por los bárbaros. La conclusión del dicho de Isquirión es la siguiente: quien haya perseverado hasta el fin en tales condiciones, no solo será salvado (cf. Mt 10, 22 y párrafo), sino que será considerado más grande que sus predecesores.

2 comentarios:

  1. A mi entender, se está refiriendo a un martirio de los cristianos antes del triunfo del Inmaculado Corazón de María. Aunque no sé si pueda haber martirio sin derramamiento de sangre.

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    1. Dilecto Humberto, como el Triunfo del Inmaculado Corazón de María se dará juntamente con la Parusía (no antes, como algunos pretenden), es de entender que una parte de la Gran Tribulación y del reinado del anticristo es precisamente la persecución y el martirio.

      Por otra parte, siguiendo a Santo Tomás de Aquino y a San Alfonso María de Ligorio, el punto principal del martirio no es el derramamiento de sangre como tal, sino la voluntad de sufrir por Cristo, aun cuando esto no represente la muerte física en el momento. Por eso es que en la Letanía Lauretana honramos a la Santísima Virgen con el título “Regína mártyrum” (Reina de los Mártires), porque Ella sufrió tanto y en tal manera que hubiese muerto en cualquier momento de no ser por una gracia particular. Por eso a San Juan Evangelista se le honra como mártir el 6 de Mayo, aun cuando salió vivo y fortalecido del caldero de aceite hirviendo en que lo arrojó Domiciano César.

      Incluso en nuestros días, estamos viendo en Occidente un martirio que, sin incluir derramamiento de sangre, no por eso deja de ser más violento: en nombre del laicismo (ateísmo de Estado), la religión ha sido cruelmente perseguida y escarnecida, tanto informal como institucionalmente; esto, con la mirada indiferente cuando no el apoyo recalcitrante de la Apóstata Roma modernista. A este tipo de martirio se le conoce como “martirio blanco”.

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