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domingo, 13 de septiembre de 2020

LA “CONVERSIÓN ECOLÓGICA” DE WOJTYŁA

Karol Wojtyła en Aosta (Agosto de 1996)
     
Con tanta insistencia por parte de Bergoglio en la «Conversión ecológica», se tiende a pensar que el concepto es exclusivo de él. NADA MÁS EN LONTANANZA DE LA REALIDAD. No en vano dice Salomón Eclesiastés: «No hay nada nuevo bajo el sol», y la «Conversión ecológica» no es la excepción.
    
En el Jubileo del año 2000, Karol Jozef Wojtyła Katzorowski dedicó todas las Audiencias de los miércoles a los compromisos que (según él) los cristianos deben asumir en la sociedad del tercer milenio. Y el tema de la Audiencia del 17 de Enero consistió en «El compromiso por evitar la catástrofe ecológica», donde señaló la necesidad de estimular y sostener la «Conversión ecológica» de la que tanto habla Bergoglio actualmente. A continuación, el texto completo:
«1. En el himno de alabanza que acabamos de proclamar (Sal 148, 1-5), el Salmista convoca a todas las criaturas, llamándolas por su nombre. En las alturas se asoman ángeles, sol, luna, estrellas y cielos; en la tierra se mueven veintidós criaturas, tantas cuantas son las letras del alfabeto hebreo, para indicar plenitud y totalidad. El fiel es como “el pastor del ser”, es decir, aquel que conduce a Dios todos los seres, invitándolos a entonar un “aleluya” de alabanza. El salmo nos introduce en una especie de templo cósmico que tiene por ábside los cielos y por naves las regiones del mundo, y en cuyo interior canta a Dios el coro de las criaturas.
   
Esta visión podría ser, por un lado, la representación de un paraíso perdido y, por otro, la del paraíso prometido. Por eso el horizonte de un universo paradisíaco, que el Génesis coloca en el origen mismo del mundo (c. 2), Isaías (c. 11) y el Apocalipsis (cc. 21-22) lo sitúan al final de la historia. Se ve así que la armonía del hombre con su semejante, con la creación y con Dios es el proyecto que el Creador persigue. Dicho proyecto ha sido y es alterado continuamente por el pecado humano, que se inspira en un plan alternativo, representado en el libro mismo del Génesis (cc. 3-11), en el que se describe la consolidación de una progresiva tensión conflictiva con Dios, con el semejante e incluso con la naturaleza.
 
2. El contraste entre los dos proyectos emerge nítidamente en la vocación a la que la humanidad está llamada, según la Biblia, y en las consecuencias provocadas por su infidelidad a esa llamada.
   
La criatura humana recibe una misión de gobierno sobre la creación para hacer brillar todas sus potencialidades. Es una delegación que el Rey divino le atribuye en los orígenes mismos de la creación, cuando el hombre y la mujer, que son “imagen de Dios” (Gn 1, 27), reciben la orden de ser fecundos, multiplicarse, llenar la tierra, someterla y dominar los peces del mar, las aves del cielo y todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra (cf. Gn 1, 28). San Gregorio de Nisa, uno de los tres grandes Padres capadocios, comentaba:  “Dios creó al hombre de modo tal que pudiera desempeñar su función de rey de la tierra (…). El hombre fue creado a imagen de Aquel que gobierna el universo. Todo demuestra que, desde el principio, su naturaleza está marcada por la realeza (…). Él es la imagen viva que participa con su dignidad en la perfección del modelo divino” (De hóminis opifício, 4:  PG 44, 136).
 
3. Sin embargo el señorío del hombre no es “absoluto, sino ministerial, reflejo real del señorío único e infinito de Dios. Por eso, el hombre debe vivirlo con sabiduría y amor, participando de la sabiduría y del amor inconmensurables de Dios” (Evangélium vitæ, 52: L’Osservatore romano, edición en lengua española, 31 de marzo de 1995, p. 12). En el lenguaje bíblico “dar el nombre” a las criaturas (cf. Gn 2, 19-20) es el signo de esta misión de conocimiento y de transformación de la realidad creada. Es la misión no de un dueño absoluto e incensurable, sino de un administrador del reino de Dios, llamado a continuar la obra del Creador, una obra de vida y de paz. Su tarea, definida en el libro de la Sabiduría, es la de gobernar “el mundo con santidad y justicia” (Sb 9, 3).
 
Por desgracia, si la mirada recorre las regiones de nuestro planeta, enseguida nos damos cuenta de que la humanidad ha defraudado las expectativas divinas. Sobre todo en nuestro tiempo, el hombre ha devastado sin vacilación llanuras y valles boscosos, ha contaminado las aguas, ha deformado el hábitat de la tierra, ha hecho irrespirable el aire, ha alterado los sistemas hidro-geológicos y atmosféricos, ha desertizado espacios verdes, ha realizado  formas de industrialización salvaje, humillando —con  una  imagen de Dante Alighieri (Paraíso, XXII, 151)— el “jardín” que es la tierra, nuestra morada.
 
4. Es preciso, pues, estimular y sostener la “conversión ecológica”, que en estos últimos decenios ha hecho a la humanidad más sensible respecto a la catástrofe hacia la cual se estaba encaminando. El hombre no es ya “ministro” del Creador. Pero, autónomo déspota, está comprendiendo que debe finalmente detenerse ante el abismo. “También se debe considerar positivamente una mayor atención a la calidad de vida y a la ecología, que se registra sobre todo en las sociedades más desarrolladas, en las que las expectativas de las personas no se centran tanto en los problemas de la supervivencia cuanto más bien en la búsqueda de una mejora global de las condiciones de vida” (Evangélium vitæ, 27: L’Osservatore romano, edición en lengua española, 31 de marzo de 1995, p. 8). Por consiguiente, no está en juego sólo una ecología “física”, atenta a tutelar el hábitat de los diversos seres vivos, sino también una ecología “humana”, que haga más digna la existencia de las criaturas, protegiendo el bien radical de la vida en todas sus manifestaciones y preparando a las futuras generaciones un ambiente que se acerque más al proyecto del Creador.
 
5. Los hombres y mujeres, en esta nueva armonía con la naturaleza y consigo mismos, vuelven a pasear por el jardín de la creación, tratando de hacer que los bienes de la tierra estén disponibles para todos y no sólo para algunos privilegiados, precisamente como sugería el jubileo bíblico (cf. Lv 25, 8-13. 23). En medio de estas maravillas descubrimos la voz del Creador, transmitida por el cielo y la tierra, por el día y la noche: un lenguaje “sin palabras de las que se oiga el sonido”, capaz de cruzar todas las fronteras (cf. Sal 19, 2-5).
   
El libro de la Sabiduría, evocado por san Pablo, celebra esta presencia de Dios en el universo recordando que “de la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor” (Sb 13, 5; cf. Rm 1, 20). Es lo que canta también la tradición judía de los jasídicos: “Dondequiera que yo vaya, Tú! ¡Dondequiera que yo esté, Tú…, dondequiera me vuelva, en cualquier parte que admire, sólo Tú, de nuevo Tú, siempre Tú” (Martin Buber, I racconti dei Chassidim, Milán 1979, p. 256).
   
SaludosQueridos hermanos y hermanas:
 
(En portugués)
Dirijo mi saludo a los peregrinos de lengua portuguesa, cuyos pasos e intenciones encomiendo a la Virgen Madre con la esperanza de que esta peregrinación fomente una mayor renovación de espíritu en todos y fortalezca su fe. Con afecto os imparto mi Bendición Apostólica a vosotros y a vuestros familiares.
 
(En español)
Deseo saludar a los fieles de lengua española, en particular a los profesores y alumnos del liceo Charles de Gaulle, de Concepción (Chile), así como a los peregrinos venidos de España y de otros países latinoamericanos. Que nuestra oración sea un himno de alabanza por el don de la creación que el Señor ha puesto en nuestras manos. Muchas gracias.
 
(En alemán)
Al recomendarles la alabanza diaria de la creación de Dios, saludo a todos los que están aquí de los países de habla alemana. En particular, me gustaría dar la bienvenida a los estudiantes del Gimnasio Luitpold en Múnich. Me alegra poder impartirles mi bendición apostólica a ustedes ya todos los que están conectados con nosotros.
 
(En inglés)
Doy una bienvenida especial a la delegación ecuménica luterana y a la Schola Cantorum de Helsinki. Saludo cordialmente a los diversos grupos parroquiales, universitarios y escolares de Dinamarca, Australia y los Estados Unidos de América. Sobre ustedes y sus familias invoco el gozo y la paz de nuestro Señor Jesucristo.
   
(En francés)
Saludo cordialmente a los peregrinos francófonos presentes en esta audiencia, en particular a los miembros de la Asociación Internacional de Subdirectores y Jefes de Recepción de los principales hoteles. ¡Que vuestra peregrinación al sepulcro del apóstol San Pedro reavive vuestra fe y os haga testigos de Cristo resucitado y pacificadores entre vuestros hermanos! A todos les imparto cordialmente la Bendición Apostólica.
 
(En italiano)
Saludo con cariño a todos los peregrinos de lengua italiana. En particular, los miembros de la asociación internacional de profesionales del sector hotelero, así como los gerentes y jóvenes del “Proyecto Rebecca” de la Archidiócesis de Catania.
 
Luego me dirijo a los jóvenes, los enfermos y los recién casados. Hoy celebramos la memoria litúrgica de san Antonio abad, maestro de vida espiritual. Pero él es también muy popular en los ambientes rurales como patrono de las ganaderías. En estos ambientes se está viviendo un momento de gran dificultad a causa de la alarma social causada por la difusión de una reciente enfermedad. En esta situación de notable malestar, dirijo a todos los honrados ganaderos la expresión de mi cercanía espiritual. Que el ejemplo de San Antonio os ayude a todos vosotros, queridos jóvenes, a seguir a Cristo decididamente; a vosotros, queridos enfermos, os sostenga en los momentos de desconsuelo y de prueba; y a vosotros, recién casados, os estimule a no descuidar la oración en la vida diaria.
   
Hoy se celebra en Italia la Jornada para la amistad judeo-cristiana. Manifiesto mi aprecio y apoyo a esta iniciativa de la Iglesia italiana, y deseo de corazón que contribuya al desarrollo de un auténtico diálogo judeo-católico.
 
Mañana comenzará el Octavario de oración por la unidad de los cristianos, durante el cual las Iglesias y Comunidades eclesiales rezarán juntas para que se realice plenamente la voluntad de Cristo de que sus discípulos sean una sola cosa. Este año el tema elegido es la expresión de Jesús en el evangelio de San Juan:  “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14, 6). Queridísimos hermanos y hermanas, os invito a todos a uniros a esta invocación coral al Señor y os doy cita para el jueves 25 de enero, en la basílica de San Pablo, donde, como es tradicional, celebraremos la solemne conclusión de este Octavario de oración por la unidad de los cristianos».

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