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martes, 8 de septiembre de 2020

QUEMAN IMAGEN DE BERGOGLIO EN PROTESTA CONTRA LA TIRANÍA SANITARIA

El pasado sábado 5 de Septiembre, en una protesta que tuvo lugar en la romana plaza “Bocca della verità” (“Boca de la verdad”, llamada así por una estatua datable al siglo I y que, según estudiosos, representaría a Neptuno), junto a la iglesia de Santa María en Cosmedin, contra la tiranía sanitaria impuesta en el mundo con ocasión de la plandemia del coronavirus wuhanense.
  
Durante la manifestación, que contó con la presencia de banderas del Vaticano con la imagen del Papa Emérito Benedicto XVI, banderas italianas y carteles que decían “Nosotros somos el pueblo” y otros en apoyo al presidente norteamericano Donald Trump, fueron quemados cientos de mascarillas (barbijos, tapabocas, o como se le llame), caracterizadas como símbolo de esclavitud, como también una fotografía del cómico italiano Giuseppe Piero “Beppe” Grillo Tieghi, fundador del gobernante “Movimiento 5 Estrellas”.
   
Entre tanto, David Fabbri (52), vestido con un alba blanca y crucifijo al cuello, mostraba a los transeúntes el vídeo de Bergoglio pegándole a la mujer china el 31 de Diciembre de 2019 y fragmentos de las homilías del padre Alessandro Minutella, “excomulgado” por declarar apóstata a Francisco Bergoglio. Fabri decía que Ratzinger no renunció al pontificado y que Bergoglio era un usurpador:
«Benedicto XVI es la verdad y Bergoglio es una mentira. Él es parte del proyecto diabólico detrás de este fraude del coronavirus, que no es más que la gripe no una pandemia como dicen en la televisión»,
quemando al tiempo una fotografía de Bergoglio que tenía el dantesco epígrafe «Pape Satàn aleppe» [Padre Satán, cuidado], tomado de la Divina Comedia (Infierno, canto VII, 1).
  
   
Aunque no pudo asistir al evento, el arzobispo Carlo María Viganò envió una carta a los organizadores y participantes de la manifestación, diciendo:
«El establecimiento mundial de la salud, con la OMS a la cabeza, se ha convertido en una verdadera corporación multinacional con el objetivo de enriquecer a sus accionistas (empresas farmacéuticas y las denominadas fundaciones filantrópicas, y busca lograrlo transformando a los ciudadanos en pacientes crónicos).
 
Las empresas farmacéuticas quieren ganar dinero vendiendo medicamentos y vacunas; si eliminar enfermedades y producir medicamentos efectivos significa reducir el número de enfermos y por ende las ganancias, es lógico que los medicamentos sean ineficaces y las vacunas un instrumento para propagar patologías en lugar de erradicarlas, y eso es lo que está pasando.
 
¿Cómo podemos pensar que se promoverán curas y terapias si existen enormes incentivos económicos para prolongar la patología?».
  
Contrario a la prensa arrodillada a la Sinarquía, que a falta de mejor argumento descalifica como “negacionistas” a quienes cuestionan la narrativa en torno al coronavirus y rechazan la imposición de la vacuna (financiada entre otros por William Henry III “Bill” Gates Maxwell) organizando protestas en París, Londres, Berlín y Buenos Aires (por mencionar algunas ciudades), los organizadores dijeron:
«Nosotros no somos negacionistas, estamos contra la dictadura sanitaria y contra la obligación vacunal para que no pongan más las manos en los niños».
Y el médico legista e investigador italiano Pasquale Mario Bacco dijo:
«No somos negacionistas del virus, sino de cómo nos lo han contado. Y hoy estamos numerosos en la plaza en Roma para pedir la eliminación del estado de emergencia, que no tiene motivo de existir.

Yo soy uno de los 11 médicos que han hecho autopsias cuando estaba prohibido, y puedo decirlo: el virus mata si se está enfermo, muy anciano o no se ha curado en forma correcta. Hoy sabemos cuáles fármacos son útiles a los pacientes, y que se deben dar antibióticos para las sobreinfecciones y anticoagulantes.
 
La manifestación de hoy en Roma apunta a hacer claridad: no hemos salido para tener noticia de personas menores de 60 muertas sólo por Covid [sic]. No negamos el virus, sino cómo es contado. Es necesaria claridad, transparencia, y un contradictorio».

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