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miércoles, 27 de enero de 2021

«ROMPAMOS LAS CADENAS»: SACERDOTES CUBANOS URGEN LEVANTARSE CONTRA EL COMUNISMO

Traducción de la noticia publicada en BREITBAR NEWS.
   
Una coalición de 15 sacerdotes católicos que trabajan en Cuba desafiaron al Partido Comunista y décadas de distanciamiento vaticano frente a las políticas cubanas publicando una carta este fin de semana urgiendo al pueblo cubano a “co-implicarse” en su propia liberación del comunismo y trabajar para “romper las cadenas” del régimen castrista.
   
La carta, publicada en inglés y español por la organización estadounidense de derechos humanos Global Liberty Alliance, declara llanamente “Cuba necesita cambios políticos”.
  
«Nosotros, como creyentes, consideramos que es momento, como pueblo, de volver a Dios», escriben los sacerdotes.
   
La carta fue publicada para coincidir con el 23º aniversario de la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba, quien dejó un extenso legado de confrontar las atrocidades contra los derechos humanos bajo el comunismo. Los sacerdotes representan congregaciones a nivel nacional, en todas las seis provincias tradicionales de Cuba, y la lista de los firmantes de la carta incluye a clérigos que prominentemente han denunciado públicamente el comunismo durante el año anterior, como el sacerdote de La Habana Jorge Luis Pérez Soto y el padre Alberto Reyes Pías de la provincia oriental de Camagüey.
   
Los católicos, y otros cristianos de la isla, han enfrentado más de medio siglo de persecución intensa bajo el régimen castrista, incluyendo los primeros puestos en la lista de fusilamiento por décadas, prisión en campos de trabajoarrestos motivados políticamente, y censura de su fe. El Partido Comunista de Cuba es una institución fundamentalmente atea que inhibe todo culto religioso mientras promueven los lazos del fallecido dictador Fidel Castro con los nominalmente católicos, pero funcionalmente marxistas teólogos de la liberación.
   
La persecución extrema hizo difícil la supervivencia en la isla para el catolicismo formal y forzó a muchos sacerdotes a continuar su culto discretamente, sin molestar al gobierno o disparar cualquier quiebre significativo en los fieles. En particular, el Papa Francisco, ha intentado incrementar la proximidad entre el régimen de los Castro y el Vaticano por medio de una visita a la isla en 2015 y su alegado compromiso en impulsar el acuerdo de la era Obama que resultó en significativas concesiones estadounidenses al dictador Raúl Castro.
   
Durante su visita en 2015, agentes castristas asaltaron brutalmente y arrestaron a un disidente pro-democracia cubano, Zaqueo Báez de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), por gritar “libertad” cerca del vehículo del Papa Francisco. A pesar de la evidencia en vídeo de la proximidad del papa al incidente, él negó tener cualquier información sobre arrestos políticos en la isla.
   
«Le dije al primer ministro que si el papa continúa hablando como lo hace, tarde o temprano comenzaré a orar nuevamente y volver a la Iglesia Católica, y no estoy bromeando», dijo Raúl Castro del Papa Francisco en 2015.
   
La carta publicada este fin de semana representa un cambio de tono significativo para la Iglesia.
   
«Bajo la inspiración del esclarecedor mensaje de San Juan Pablo II, que hace veintitrés años nos urgió a “ser protagonistas de nuestra propia historia personal y nacional”. Queremos dar voz a nuestros pensamientos y sentimientos… sabiendo que no son sólo nuestros sino de una gran parte de nuestro pueblo cubano», escribieron los sacerdotes.
   
«El pueblo tiene que co-implicarse, ponerse en camino, y aprender a vivir en libertad a través de un inmenso desierto que le supone numerosas renuncias, la tentación de preferir ciertas comodidades a 
la libertad, pensar que el esfuerzo ha sido inútil y de que nunca alcanzarán el futuro que tanto ansían», continuó la carta.
   
Los sacerdotes citaron después a San Agustín en su apoyo de la participación pública en la erradicación del comunismo, citando: “El Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti”.
   
La carta luego pasó a condenar aspectos específicos de la vida bajo el comunismo:
«La falta de libertad de pensamiento y la censura estimulan la incoherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace. Por otra parte, la casi imposibilidad de vivir sin incurrir en ilegalidades, hace del “mercado negro” un aliado indispensable de la subsistencia y un ámbito dominado por el robo, el soborno y hasta el chantaje. El ambiente de “sálvese quien pueda”, donde todo vale, muestra una corrupción que permea prácticamente todos los estratos sociales. A esto se suma la sensación de que continuamente estamos siendo espiados, de que podemos “caer en desgracia”».
«Cuba necesita cambios políticos», concluyó la carta. «Necesitamos superar el autoritarismo».
   
Acabar el dominio del régimen de los Castro en la sociedad, llevado a cabo, era un acto de amor.
    
«Estamos llamados a amar a todos, sin excepción, pero amar a un opresor no es consentir que siga siendo así; tampoco es hacerle pensar que lo que él hace es aceptable. Al contrario, amarlo bien es buscar de distintas maneras que deje de oprimir, es quitarle ese poder que no sabe utilizar y que lo desfigura como ser humano», observaron los sacerdotes.
   
«Emprendamos el camino, dejemos de escuchar nuestros miedos, creamos en nuestra fuerza como pueblo. Rompamos las cadenas, las peores son las que llevamos en la mente y el corazón», alentó la misiva.
   
El despertar de la Iglesia en la isla nació a la luz de las protestas sin precedentes con que acabó el 2020, en particular, el arribo de cientos de jóvenes frente al Ministerio de Cultura de La Habana en Noviembre en solidaridad con el Movimiento San Isidro, un grupo de artistas e intelectuales que han comenzado una huelga de hambre ese mes en solidaridad con Denis Solís, un rapero sentenciado a ocho meses de prisión por filmar a un oficial de policía entrando ilegalmente a su casa. Actualmente Solís permanece en prisión.
   
En defensa del movimiento San Isidro, más de 200 laicos y clérigos católicos escribieron una carta abierta en Noviembre contra el gobierno.
   
«Nosotros los cristianos, siendo coherentes con las demandas del Evangelio de Jesucristo que proclama como valor absoluto la dignidad de toda persona humana, … expresamos nuestro deseo de que los eventos que ocurren en los cuarteles del Movimiento San Isidro en La Habana no encuentren un final fatal», dice la misiva. En ese momento, los miembros de San Isidro estaban comprometidos en huelgas de hambre y sed que amenazaban sus vidas.

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