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miércoles, 10 de febrero de 2021

MES DE LA SANTA FAZ - DÍA DÉCIMO

Tomado del devocionario El mes de la Santa Faz de Nuestro Señor Jesucristo, escrito por el padre Jean-Baptiste Fourault, sacerdote del Oratorio de la Santa Faz y publicado en Tours en 1891; y traducido al Español por la Archicofradía de la Santa Faz y Defensores del santo Nombre de Dios de León (Nicaragua) en 2019.
   
MEDITACIÓN DÉCIMO DÍA: LA FAZ DE JESÚS EN SU MINISTERIO APOSTÓLICO.
Oh, Faz adorable, bañada por el sudor de vuestros viajes, ten misericordia de nosotros.
   
Se acerca el momento para Jesús de dejar a María, y renunciar a la pacífica soledad de Nazaret, atravesar el mundo para anunciar las noticias de la salvación. La Santa Faz no escatimará el sufrimiento: la inclemencia de las estaciones, el calor del sol, el polvo del camino, el desprecio y la burla de los Fariseos e impíos. Has conocido todos estos sufrimientos, Oh adorable Faz de Jesús, mucho antes que tus labios probaran el cáliz de la Pasión.
               
1º PUNTO – SUFRIMIENTO DE LA SANTA FAZ DURANTE LOS VIAJES DE JESÚS.
Todo ha sido dispuesto por la divina sabiduría. Es a los niños del reino que pertenece la primera y más excelente porción de la fiesta. Para procurarles los beneficios del Evangelio, Jesús no se encogió ante dolor alguno, fatiga alguna. Oh vosotros, caminos polvosos de Galilea y Samaria, allanad los senderos de las montañas de Judea, las ardientes arenas del Jordán y del lago de Tiberíades, ¡que sudores no habéis visto manar de la adorable Faz de Nuestro Salvador! ¡Oh Sol, al menos cubrid el esplendor de vuestros ardientes rayos ante vuestro creador!
  
Noche oscura, retrasad un poco vuestro curso, y permitid que el Mesías, guste, por unos pocos momentos, el refrigerio de un reposo restaurador. Pero Él que ni siquiera tiene donde recostar su cabeza, ¿cómo podía esperar el descanso en esta tierra? Su alma arde con una sed que le devora el alma, y le hace olvidar las necesidades de su santa humanidad. Él corre, vuela, el divino Apóstol, para conquistar las almas, y su sudor, empapando su rostro, fluye sobre la tierra de Israel. Imagen de nuestra alma, para fertilizarla y hacerla dar frutos de salvación.
   
2º PUNTO – LOS SUFRIMIENTOS DEL CORAZÓN DE JESÚS.
Pero el sudor que cubrió la Faz de Jesús le habría sido dulce, y su cansancio habría sido consolador, si no hubiesen resultado estéril para la mayoría de los hombres. ¿Por qué fue necesario, oh, Jesús, que los sufrimientos de vuestra alma divina sobrepasaran los sufrimientos físicos de vuestro sagrado cuerpo?
   
Buen Pastor, incesantemente os apresuraste a ir tras las ovejas rebeldes y extraviadas, las perseguiste con vuestra ternura, con vuestras lágrimas y vuestro amor; las llamaste con delicadeza e invitaste que regresaran a Ti. Con su cercanía vuestro corazón se estremecía con alegría, temblaba de miedo y dolor cuando las veías escapara de tus divinos abrazos. Oh, Faz adorable, cuya expresión y modestia, atrajo tanto a los justos como a los pecadores, mostraos Vos mismo a estas almas infieles y malagradecidas.
   
Oh, adorable Faz de Jesús, mostraos a mi alma, encadenadme a Ti con vuestro ojo victorioso, enseñadme también a amar a los pobres pecadores; dadme a compartir de la sed ardiente que os consume y devora. Cautivo a vuestro amor, trabajaré mediante mis oraciones, con mi buen ejemplo, mis sacrificios y todos mis esfuerzos para ganar corazones para Ti, para instar a las almas, atraídas por vuestra preciosísima Sangre, hacia vuestra celestial grey y hacia las redes extendidas para ellas de vuestra ternura.
         
Ramillete Espiritual: ¡Sítio! (Tengo sed, San Juan XIX, 28), por la salvación de las almas.
       
EL NOVICIADO DE LA HERMANA SOR MARÍA DE SAN PEDRO.
La primera atracción interior que sintió la nueva postulante fue la de una tierna devoción por la infancia de Jesús. Permitamos nos explique cómo fue solicitada por la gracia aún antes de haber asumido el hábito carmelita:
«Cuando todavía era yo una niña en la religión en el Carmelo, Nuestro Señor hizo me empleara de una manera especial en su santa infancia, y me hizo saber lo que Él deseaba que yo hiciera para honrarle en este estado. Así, trazó en mi mente para cada día del mes, un ejercicio que practicaba con gran consuelo, y creo, me miraba a mí misma como la pequeña sierva de la Sagrada Familia, y me ofrecía a ella en esta calidad, deseando ardientemente vestir sus distintivos cuando tomara el hábito del Carmelo.
   
Rogué a mi reverenda madre fuera tan buena para concederme este favor, a pesar de mi indignidad. Me fue concedido el 21 de mayo de 1840, en ese bendito mes consagrado a ella, a quien debo la gracia de tan hermosa vocación. Me consagré por completo a la Sagrada Familia, en ese día de gozo y bendición. Esta es la consagración sobre la que escribí y que puse en corazón durante la ceremonia: “Oh Jesús, María y José, la más santa e ilustre familia, dignaos este día, a pesar de mi indignidad, recibirme como a vuestra sierva, es el gran deseo de mi corazón, dignaos concederme lo que os pido en esta oración.
  
Estoy firmemente resuelta a ser fiel a vosotros, y si no puedo, al menos comprometedme en vuestro servicio por los tres votos religiosos, por último, recibid mi deseo, y dadme gracia para cumplirlos como si ya los hubiera hecho. Oh, Santísimo Infante Jesús, concededme ser tan obediente al Espíritu Santo y a mis superioras como si lo fuera con la Bienaventurada Virgen y San José. Y Vos, oh María concebida sin pecado, y toda pura a los ojos de Dios, obtenedme la gracia de nunca hacer algo que empañe el esplendor de la belleza, de la hermosa virtud de la pureza.
   
Oh, Bienaventurado Patriarca San José, que practicaste la virtud de la pureza en tan santo grado de perfección, y que te sacrificaste por el santo Infante Jesús, y su madre la divina María, concededme por el poderoso medio de vuestra influencia con Dios, siguiendo vuestro ejemplo, pueda practicar la santa pobreza hasta el último momento de mi vida, y que sienta siempre un deber y un dulce placer sacrificar mi vida por mis hermanas.
   
¡Finalmente, Oh Sagrada Familia, ¡concededme pueda gloriarme en ser vuestra humilde sierva! Dignaos en recibidme este hermoso día y dadme prueba que aceptáis mis servicios, otorgándome la gracia de desempeñarme dignamente al recitar el oficio divino, concededme pueda recitarlo con atención, respeto, amor, fervor, y devoción; concededme esté tan despierta en los Maitines como si estuviera en el cielo, deslumbrada por la belleza de Dios y su gloria! Amén”».
     
INVOCACIÓN (Por el Sr. León Papin Dupont)
Oh Dios todopoderoso, Padre Eterno, mirad sobre la Faz de vuestro Hijo Jesús, os la presentamos con la confianza de alcanzar vuestro perdón. El abogado misericordioso abre su boca para suplicar por nuestra causa, escuchad sus gritos. Oh mi Dios, por sus méritos infinitos, escuchadle cuando intercede por nosotros, pobres y miserables pecadores. Amén.

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