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martes, 20 de julio de 2021

CARTA DE UNA CUBANA A FRANCISCO BERGOGLIO, POR LA SITUACIÓN EN CUBA

Transcripción tomada de DIARIO LAS AMÉRICAS. Imagen tomada de Twitter.
   

15 de julio, 2021
   
A Su Santidad Papa Francisco.
   
Los católicos cubanos, desde que empezaron las protestas en Cuba estamos esperando que usted alce su voz. Duele mucho que mientras reprimen al pueblo que salió a las calles pidiendo libertad, usted tenga palabras para felicitar el triunfo de Argentina en la Copa América, hable de los residuos plásticos en los mares y no haya hecho una oración en público por los muertos, los detenidos, los desaparecidos y todos los que están atemorizados en sus hogares a lo largo de toda nuestra patria.
   
En los mares de Cuba, Santidad, además de plástico, yacen los restos de los muchos cubanos que han muerto ahogados tratando de escapar de la gran cárcel en la que los Castro convirtieron mi país.
    
Nuestra iglesia ha sido perseguida, amenazada, vigilada, penetrada por los agentes de la seguridad del estado. En estos momentos tenemos a un seminarista desaparecido, Rafael Cruz Débora. Si los obispos cubanos sienten miedo de hablar, de ponerse del lado del pueblo, los entiendo, no sabemos las amenazas que les han hecho, pero usted, con la inmunidad que le confiere su jerarquía, puede hablar y defendernos.
    
Ayer, en La Habana, intentaron reclutar a un joven que ya había cumplido el servicio militar obligatorio. para entrenarlo en golpear a los manifestantes. Entraron a su hogar, delante de sus padres lo amenazaron y como el muchacho se negó, le hicieron firmar un escrito donde decía que él no iba a donde la revolución lo necesitaba y le advirtieron que cuando todo esto pasara, iría preso.
   
Eso fue ayer, hoy se los están llevando arrastrados, sin preguntarles nada. Los padres con hijos en edad de hacer el servicio militar están aterrados.
   
Usted le dijo a los jóvenes: …“Luchen por sus sueños, pero sueñen en grande, no dejen de soñar”. Los jóvenes cubanos que han nacido en dictadura, que han sido adoctrinados, educados en escuelas ateas, en una sociedad de partido único, que han crecido, unos comiendo y vistiéndose de las ayudas de sus familias en el exilio y otros en la más absoluta miseria, están soñando con ver a su país libre. Usted los invitó a soñar y ahora que los están matando por gritar su sueño, usted guarda silencio.
    
Usted pidió a sus pastores que olieran a oveja. De los sacerdotes cubanos que se han puesto del lado del pueblo abiertamente, algunos están siendo golpeados por la policía, detenidos y silenciados por sus obispos que temen por sus vidas. Y del acoso del gobierno a los obispos, usted que es su Papa, debe saber más que yo. 
   
Cómo les duele Padre, a las religiosas y sacerdotes cubanos con los que he podido hablar que usted mire para otro lado. Hoy una monjita cubana me decía que no podía concebir que usted no haya tenido unas palabras para Cuba en estos momentos en que el mundo entero habla de los abusos del régimen.  Y muy bajito, con la voz quebrada por el dolor, casi como hablando con ella misma, susurró: –Algún día tendrá que confrontarse con el Señor. 
   
Santidad, usted conoce el mensaje de la Virgen de Fátima. Muy malo debe ser el comunismo, cuando entre todas las cosas malas que hay en el mundo, nuestra Madre quiso dejar instrucciones de cómo podíamos evitar que ese mal se extendiera por el mundo.
    
He tenido muchos alumnos venezolanos y he visto el sufrimiento de sus padres porque usted mantuvo silencio cuando asesinaban a los estudiantes en las calles de Caracas, la gente se muere de hambre en Venezuela y usted no condena públicamente a los responsables.
    
La sangre ha corrido en Nicaragua y el Papa habla de todo, pero de los crímenes de los dictadores de estas tres tiranías hermanas usted no opina.
    
Santo Padre, la cristiandad no necesita un líder social, ni un diplomático, nosotros queremos un Pastor, una piedra firme donde se pueda sostener la iglesia. El vicario de Cristo en la tierra no debe discriminar a sus ovejas. Las ovejas víctimas de los regímenes comunistas, nos sentimos como si fuéramos sus ovejas negras.
    
Usted siempre pide que oremos por usted, yo le pido que ore y actúe para que no muera más gente en Nicaragua, en Venezuela y en Cuba.
   
Me hubiera gustado escribirle en otro tono, en todos mis artículos donde lo menciono siempre lo he defendido. Pero hoy quiero ser la voz de las madres cubanas, que están viendo a sus hijos pasar hambre, que no tienen medicinas, quiero presentarle el dolor de las abuelas a las que les fusilaron sus nietos gritando “Viva Cristo Rey”, la vergüenza de los padres que no pueden mantener a sus hijos con el fruto de su trabajo y mal viven esperando las remesas que les envían sus familiares en el exterior.
   
Le presento las torturas a los presos políticos, el odio de hermano contra hermano que los Castros sembraron, los ancianos que vieron partir la familia que crearon y murieron sin ver nunca más a sus hijos y nietos.
   
Clama al cielo que este 13 de julio, al mismo tiempo que recordábamos los niños, mujeres, hombres que murieron ahogados en el remolcador “13 de marzo” que el gobierno cubano hundió en alta mar, tuvimos que curar, sin tener con qué, las heridas que la policía y sus perros causaron a los manifestantes pacíficos en muchos pueblos y ciudades de Cuba.
   
Los cubanos nos sentimos abandonados a nuestra suerte, en 62 años no hemos podido liberarnos. Hoy se están enfrentando a un ejército armado, sin líderes y hasta ahora, huérfanos de Papa.
  
Papa Francisco, perdóneme si le he ofendido, pero he tenido que elegir entre la respetuosa aquiescencia que se le debe a un obispo y la defensa de las víctimas del comunismo. Me duele que me digan que usted es un Papa comunista. El comunismo acaba con la moral de los pueblos, con su religión, con su esperanza.
    
Ayer en Miami salieron a protestar por las calles, junto al pueblo, 4 Hijas de la Caridad, algunas de ellas ancianas. Sor Consuelo, de México y Sor Elvira, Sor Reinelda y Sor Rafaela, cubanas. Entre la gente escuché decir: ¡No hay Papa, pero hay monjas! ¡Cristo está con nosotros!
    
Ayúdenos, Padre.
  
Sigo rezando por usted. 
   
MARÍA VICTORIA OLAVARRIETA
Católica cubana

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