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jueves, 29 de julio de 2021

PRESBÍTERO ESTADOUNIDENSE SE CONVIERTE AL SEDEVACANTISMO (Y OBISPO CONCILIAR LO “EXCOMULGA”)

Elementos tomados de GLORIA NEWS y NOVUS ORDO WATCH. Traducción propia.
   
  
El reverendo Michael Gregory DeSaye (foto), de 37 años, abandonó la Diócesis de Trenton en Nueva Jersey, Estados Unidos, para la cual fue “ordenado” el 2 de Junio de 2018, y entró al seminario sedevacantista de la Santísima Trinidad en Brooksville, Florida, que es dirigido por el obispo Donald J. Sanborn, de 71 años. Así lo anunció el Boletín de este seminario en su edición de Junio:
CARTA DEL EX SACERDOTE DEL NOVUS ORDO MICHAEL DESAYE A SUS AMIGOS SOBRE LAS RAZONES DE SU PARTIDA DEL NOVUS ORDO
   
Queridos amigos,
   
Poco tiempo atrás, solicité que el obispo O’Connell aceptara mi renuncia a la diócesis de Trenton y la remoción de mis facultades presbiterales. Al informarle al obispo que estaba de acuerdo con la posición del Seminario de la Santísima Trinidad en Florida, una posición llamada sedevacantismo, y que intentaba hacer estudios allí, también recibí la noticia de excomunión por el delito de cisma.
   
Os aseguro que mi decisión no fue tomada a la ligera, ni fue una reacción a cualquier estímulo de emoción, ira, estrés o frustración. Mi motivación no fue táctica o política, ni estaba yo deseoso de un cambio de carrera. La decisión fue resultado de oración y contemplación, y de un estudio independiente de las enseñanzas de los papas y doctores de la Iglesia. Fue una decisión que se hizo necesaria para mí por una conclusión derivada de aplicar los principios de la teología católica. Permitidme ofrecer una breve explicación de cómo llegué a esta decisión, junto con una lista de referencias que la apoyan.
   
En mi investigación, llegué a entender que el Concilio Vaticano II (1962-1965) enseña error contra la fe y la moral católica, y es irreconciliable con el Magisterio anterior de la Iglesia Católica.
   
Es una doctrina católica que la Iglesia de Cristo no puede errar cuando enseña universalmente respecto a materias de fe y moral. La razón para esta inerrancia es que la Iglesia es guiada por el Espíritu Santo, que Nuestro Señor envió para enseñarnos [llevarnos] “a toda verdad” (Juan 16, 13). En teología, el término común para esta inerrancia es indefectibilidad. Por dos mil años, desde los tiempos de los Apóstoles hasta el presente, la Iglesia Católica ha enseñado consistentemente la fe y moral verdadera de Jesucristo y su Iglesia a los fieles católicos. Ella ha obrado así sin la más leve desviación, esto es, sin el  más leve defecto. La indefectibilidad no es un accidente de la historia, sino una propiedad esencial de la Iglesia.
   
Comúnmente se tiene que el Concilio Vaticano II es un concilio general o ecuménico de toda la Iglesia Católica, debidamente promulgado y sostenido por los papas sucesivos hasta el presente. Comúnmente se tiene que este enseña universalmente, con la autoridad de Cristo, respecto a materias de fe y moral.
   
En realidad, este concilio contradice clara y absolutamente el magisterio previo de la Iglesia Católica en las mismas materias de fe y moral. Estas contradicciones presentan un enorme problema para los católicos. Porque no pueden existir contradicciones en materia de fe y moral a nivel universal en la Iglesia Católica, puesto que ella es protegida de error en estas materias por el Espíritu Santo. Si los católicos aceptaban el concilio como si hubiese sido promulgado con la autoridad de Cristo, entonces Cristo estaría conduciendo a toda la Iglesia Católica lejos de Sí. Los católicos estarían obligados a confesar que las puertas del infierno han prevalecido contra la Iglesia, contrario a la profecía de Nuestro Señor. Ella habría defeccionado de su divino matrimonio por la proclamación universal de una fe falsa. Pero esto es imposible según la doctrina católica perenne que ha sido enseñada repetidamente por el magisterio eclesiástico desde los Apóstoles hasta el día presente. Es imposible aplicar el contraargumento que estas enseñanzas eran solo aplicables para los tiempos modernos que no para todos tiempos, porque tal argumento está enraizado en el modernismo, y acaba por reducir todo el magisterio a contingencias. Tampoco nos ayuda aplicar la hermenéutica de la continuidad, porque la hermenéutica solo puede ayudar a mostrar continuidad si la continuidad ya existe.
   
Por tanto, debemos concluir que el Concilio Vaticano II no vino de la autoridad docente universal de la Iglesia Católica. Los papas que promulgaron el Vaticano II no poseían autoridad sobre la Iglesia para enseñar universalmente en nombre de Cristo. Ellos fueron legalmente delegados para recibir el papado, pero no recibieron de Dios la autoridad espiritual para gobernar, santificar y enseñar a la Iglesia Católica. Su autoridad era solo una autoridad aparente. Ellos no eran verdaderos Papas.
  
Esta posición tiene un nombre que suena poco atrativo: sedevacantismo. Es la posición de aquellos católicos que, aplicando la lógica de la indefectibilidad, concluyen una vacancia presente de la Sede de San Pedro, debido a la promulgación universal del error. El sedevacantismo es la única observación correcta respecto a la presente crisis en la Iglesia porque es la única posición basada en principios católicos tradicionales. No es una secta cismática basada en sentimientos personales.
  
Esta conclusión es profundamente difícil de procesar emocionalmente. El instinto católico desprecia la idea de un falso papa que es solamente una autoridad aparente, en vez de una autoridad efectiva. Surgen inmediatamente en la mente preguntas prácticas: ¿cómo un Papa pudo ser legalmente electivo y no tener el papadp? ¿Los católicos tienen permitido hacer un juicio de esta clase? ¿Cómo pudieron estar errados miles de obispos? Si esta tesis es verdadera, ¿entonces dónde está la Iglesia Católica? ¿Cómo funcionan la sucesión apostólica y jurisdicción en este contexto? ¿Cómo sería resuelta la crisis presente?
   
Estas son buenas preguntas que merecen respuesta, pero requerirían mucho espacio para esta breve carta. El punto que deseo articular aquí es que, tan difícil como puede ser, los católicos están obligados a rechazar la falsedad enseñada contra la fe, aun cuando vengan de autoridades aparentes. Si nosotros que vivimos en estos tiempos deseamos preservar nuestra fe católica, la cual es necesaria para nuestra salvación, entonces es esencial que reconozcamos que el Vaticano II es inválido, junto con los papados de aquellos que lo promulgaron y continúan promulgándolo.
    
Nuestro Señor dijo que se levantarían pseudoprofetas y pseudocristos, y engañarían, si era posible, aun a los elegidos. San Pablo enseñó que aun si él o un ángel del cielo enseñara un evangelio contra lo que él ha enseñado, sea anatema. En el Apocalipsis, San Juan predijo un engaño religioso mundial. Así, tememos advertencias directas de la Sagrada Escritura que tal destino como fue descrito algún día caería sobre la humanidad. No somos nosotros para elegir los tiempos en los cuales vivimos. A nosotros nos toca testificar la verdad, aun con gran coste personal.
    
P. Michael DeSaye
   
LISTA DE REFERENCIAS
  1. El principal error del Vaticano II (la herejía de la ‘comunión parcial’) condenado por la Iglesia Católica: https://mostholytrinityseminary.org/wp-content/uploads/2019/01/Triple-Column-Ecclesiology.pdf
  2. Una objeción común conservadora o ‘tradi’ es que debemos reconocer el Vaticano II y a Francisco como autoridades desviadas, y que aun cuando piensen imponer errores universales sobre nosotros, debemos ignorarlos hasta que un futuro papa tradicional venga para arreglar la situación. Esta posición ha sido también condenada por la Iglesia Católica:
    • Vaticano I, Sesión IV, Capítulo 3, No. 2
  3. Respuestas a preguntas comunes que surgen como resultado del sedevacantismo:
  4. Estuve personalmente sorprendido de descubrir cuántas veces, y con tan grande fuerza, los papas y santos condenaron los errores del Vaticano II (por favor mandadme correo electrónico para una lista detallada de tales enseñanzas). Reflexionando la razón por qué no me enseñaron estas doctrinas en el seminario, se hizo evidente que el programa académico para los presbíteros ha tomado un gran cuidado en remover ciertos aspectos del magisterio, santos y doctores previos de la Iglesia porque no están en conformidad con el Vaticano II. Esta es la principal razón por la cual estoy buscando formación adicional en el Seminario de la Santísima Trinidad.
A comienzos de los setenta, Donald Sanborn era un seminarista para la diócesis de Rockville Center, pero entonces se unió a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, donde fue ordenado sacerdote por el arzobispo Marcel Lefebvre el 29 de Junio de 1975. Él es el fundador del Seminario Santo Tomás de Aquino, que ahora se localiza en Dillwyn, Virginia. En 1983, Sanborn dejó la FSSPX y abrazó el sedevacantismo, el cual sostiene que Pío XII (reinó entre 1939 y 1958) fue el último Papa verdadero, y que desde entonces todos sus papas, sacramentos y cánones son inválidos. Sanborn fue consagrado obispo por el obispo Robert Fidelis McKenna OP (del linaje del arzobispo Pierre Martin Ngô Đình Thục) el 19 de Junio de 2002.
   
DeSaye llegó a la conclusión que el fallido Concilio Vaticano II (1962-1965) enseña error contra la fe y la moral católica, y es irreconciliable con el Magisterio anterior de la Iglesia Católica. Estas contradicciones lo llevaron al sedevacantismo.
   
Él pidió al obispón de Trenton David Michael O’Connell Donnelly CM (instalado presbítero el 29 de Mayo de 1982 por Joseph Mark McShea Beach, y obispón el 30 de Julio de 2010 por John Mortimer Fourette Smith Charnock, ambas con el inválido rito montini-bugniniano) que aceptara su renuncia y le removiera de sus facultades presbiterales. O’Connell fue más allá. En una muestra de misericordia, “excomulgó” a DeSaye por cisma el 10 de Mayo con el siguiente anuncio:
El Rev. Michael G. DeSaye, vicario parroquial de la parroquia de los Santos Inocentes de Neptune, NJ, y capellán católico en el Centro Médico Universitario de Jersey Shore, renunció a su ministerio en la Diócesis de Trenton efectiva de inmediato para seguir su vocación en otra parte.
Usualmente, la Iglesia Conciliar invita y lisonjea a los cismáticos, y a esto lo llama “ecumenismo”.
  
La Iglesia Conciliar reserva duras penas contra aquellos clérigos que les preocupan las aberraciones conciliares. Nunca las aplican a los clérigos anticatólicos, pro-aborto y pro-homosexuales que desacralizan (más si cabe) la liturgia y atacan públicamente lo que queda de católico, porque este grupo goza del apoyo de los poderosos medios oligárquicos.
  
No es fácil para un presbítero conciliar reconocer que no sólo el Vaticano II es totalmente contrario a la Iglesia Católica, sino que (las más veces sin su culpa) sus “órdenes” y su actividad son inválidas y nulas. Oremos y ofrezcamos sacrificios para que ellos puedan reconocer que Dios nuestro Señor fortalece a quienes aman y buscan la Verdad, y actúan en consecuencia, como hizo DeSaye.
  
DEO GRÁTIAS!

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