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martes, 27 de julio de 2021

SAN PANTALEÓN, MÉDICO MÁRTIR

«Yo conozco tus obras, tienes nombre de vivo, pero estás muerto» (Apocalipsis III, 1).
    
San Pantaleón
   
Hecho cristiano tras la prédica del sacerdote San Hermolao, San Pantaleón, médico rico de Nicomedia e hijo de Eustorgio y Santa Eucuba, no abandonó su profesión; no hizo sino ejercerla con más éxito: sanaba a los enfermos invocando el nombre de Jesús y sin cobrar nada (de ahí que los griegos le llaman anárgiro, «que no recibe dinero») Los médicos paganos, envidiosos de sus curaciones maravillosas que de este modo efectuaba, lo denunciaron al emperador Galerio Maximiano. Éste le hizo sufrir los más crueles tormentos: plomo fundido, ahogamiento en el mar, tortura en la rueda, en el potro, arrojado a las fieras y atravesándole con una espada; pero el santo, alentado por la aparición del Salvador mismo, los soportó con invencible valor. Fue por fin decapitado, hacia el año 305.

MEDITACIÓN SOBRE LAS ENFERMEDADES DE NUESTRA ALMA
I. El pecador está ciego: no ve ni las recompensas del paraíso ni las penas del infierno, ni la belleza de la virtud ni la fealdad del vicio; no considera sino el falso brillo de las riquezas, los encantos fa- laces de los placeres, y el vano aparato de la gloria mundana. Pecador, abre por fin tus ojos; considera que esos tesoros te abandonarán a tu muerte, que esos placeres yesos honores se desvanecerán como un sueño. «Di a la vanagloria: adiós, eres sólo falsía, y, en partiendo, eres nada» (Clemente de Alejandría).
   
II. El pecador está enfermo. El desorden de los humores es la causa de las enfermedades del cuerpo; el desorden de las pasiones es la fuente de las enfermedades del alma; ellas turban nuestra razón y le impiden dirigirse a Dios. ¿De dónde provienen tus pecados? Del desorden de tus pasiones: amas lo que deberías odiar, te horroriza lo que deberías amar. Pasa revista a tus pasiones, examina tus deseos, tus inclinaciones y tus aversiones; y, después que hayas conocido su desorden, di a Dios: «Señor, el que no os ama está enfermo».
   
III. El pecador no sólo está enfermo, sino que está muerto, puesto que ha perdido la gracia; es más difícil convertir a un pecador que resucitar aun muerto. ¡Oh supremo Médico de nuestras almas, Vos que habéis dado vuestra vida para librarnos de la muerte del pecado, resucitadnos! Hagamos todo lo que podamos para salir del pecado, y pidamos a Dios que tenga piedad de nosotros. «Estoy enfermo, llamo al médico; estoy ciego, corro a la luz; estoy muerto, suspiro por la vida. Vos sois el Médico, la Luz y la Vida, ¡oh Dios de Nazaret!» (San Agustín).

El conocimiento de sí mismo. Orad por los enfermos.

ORACIÓN
Haced, os lo rogamos, Dios omnipotente, que la intercesión de San Pantaleón, vuestro mártir, libre nuestro cuerpo de toda adversidad y purifique nuestras almas de todo mal pensamiento. Por J. C. N. S. Amén.

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