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miércoles, 15 de septiembre de 2021

LOS PRÓCERES LADRONES

Tomado de VERDADES OFENDEN.
   
¿QUIÉN SE LLEVÓ EL ORO DE AMÉRICA?
Angello Salvattore
   
   
«Los cálculos mas aproximados arrojan la escalofriante cifra de cerca de UN BILLÓN DE EUROS para el valor de las reservas de oro y plata que había en las haciendas reales de las Españas en América, de las que se apoderó Inglaterra gracias a Simón Bolívar, San Martín y los demás partícipes con ellos. La riqueza del imperio inglés no surgió del comercio con las Indias y de sus propiedades internacionales, sino del saqueo de la América Española, de las España meridional (Nápoles y Sicilia en los 1860 al 61) y de las Españas en América y Asia (Filipinas por parte de traidores filipinos y peninsulares pro-useños –que al final se arrepentirían muy tarde después…– aprovechando que USA declaró la guerra a las Españas en los 1898, Cuba siendo la primera línea de la corredera de pólvora; coincidencia muy clara de que nos declarasen la guerra de «extremo a extremo» para asi dificultarnos en defendernos en tres continentes al mismo tiempo, obvio que esto es maña masónica).

El total de nuestras reservas que como hispanos nos robaron «ilustradamente y libremente» fue así:

– 1.806, 40 toneladas de oro de la Real Hacienda de Buenos Aires
– 1.811, 550.000 barras de plata de la Casa Imperial de la Moneda de Potosí
– 1.822, 40 toneladas de oro de la Real Hacienda de Lima
– 1.822, 10 toneladas de oro de la Real Hacienda de Bogotá

José de San Martín
   
San Martín asumió el 3 de agosto de 1821 el mando y el poder del Perú con el título de ‘Protector’. Renunció al protectorado del Perú el 20 de septiembre de 1822. Su gobierno duró, por lo tanto, un año, un mes y diecisiete días.

¿Cuáles fueron los actos más significativos de su gobierno?:

Lord Cochrane (inglés), el jefe de la flota, se apoderó de todos los fondos del gobierno peruano (Tesoro de la Real Hacienda), y de fondos particulares de Lima, que San Martín había resguardado en los buques peruanos Jerezana, La Perla y La Luisa para evitar que cayeran en poder de nuestras fuerzas patriotas reales en caso de que éstas tomasen la ciudad de Lima bajando de la sierra peruana.

Sin entrar a considerar justificaciones, explicaciones o excesos, tenemos lo siguiente: tan inmensa cantidad de caudales colocados en tres buques fueron fácil presa de Lord Cochrane, quien parte inmediatamente hacia Londres.
   
Ocurrió lo mismo que en Buenos Aires en 1806, donde Beresford embarca el Tesoro de la Real Hacienda (40 toneladas de oro amonedado) en el navío Narcissus con rumbo a Londres.
    
Es lo mismo que sucedió en Potosí, donde Pueyrredón asalta y destruye la Casa de Moneda (agosto de 1811), enviando a Buenos Aires un millón de piezas de plata que el gobierno entrega por títulos de crédito a comerciantes británicos y judíos, que lo envían a Londres.
    
En 1822 los británicos se apoderan de doce toneladas de oro amonedadas en Santa Fé de Bogotá (ahora Colombia). Coetáneamente acontece lo mismo en Guatemala (Las Españas de América Central Unida) y México.

Con lo anterior ofrecieron los préstamos, negocio redondo sin necesidad ocupación militar:
   
El 2 de febrero de 1825 la protección que Su Majestad Británica dio a los movimientos independentistas comienza a dar sus frutos. Ese día, tan sólo cuatro días después de ser designado, el representante de las Provincias Unidas del Río de la Plata firma con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda el llamado Tratado de Amistad, Comercio y Navegación. Dicho tratado, en su artículo 2º, contempla que los súbditos británicos podrán arribar con sus buques y cargas para ejercer el comercio a cualquier puerto, paraje o río argentino, con exclusión de cualquier otra bandera. Al mismo tiempo, en su art. 7º se establece que, para verse amparados en este tratado, los buques argentinos deben ser propiedad y haber sido construidos en las Provincias Unidas. Pero dado que, la Argentina no contaba con astilleros ni industria naval alguna, en la práctica significaba que no podían alquilarse ni comprarse buques franceses o estadounidenses.

Simón Bolivar
   
Un mes después, el mismo tratado es firmado por los representantes del Perú –¡Hoy como los primeros presidentes, próceres y padres de la patria!–. En abril hacen lo propio los primeros mandatarios de Colombia. Y en noviembre, los de México.

En el caso peruano, el tratado venía a confirmar la famosa Autorización de «el Libertador» José de San Martín a los comerciantes británicos para vender sus mercaderías importadas en el Perú, copiado (según ha demostrado Julio C. González) del Edicto del invasor Beresford en Buenos Aires en 1806. También el Empréstito usurario contraído por San Martín con Gran Bretaña durante su protectorado por la suma de dos millones de libras esterlinas, será el modelo de los otros empréstitos escandalosos que han sumido a Hispanoamérica en la esclavitud de la Deuda Externa al día de hoy impagable y arrastrante para la economía peruana, al igual que sus hermanas, ahora con la Reserva Federal sujetas a esta; y sabemos muy bien quiénes son los dueños de esa institución privada»

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