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sábado, 23 de abril de 2022

SAN GREGORIO MAGNO SOBRE LA IGLESIA DEL FINAL DE LOS TIEMPOS

Traducción del artículo publicado en THE KATECHŌN.
   
  
El Papa San Gregorio Magno es uno de los mayores eclesiásticos que hayan vivido. Él porta cuatro señales por las cuales sabemos que sus observaciones pueden y deben ser consideradas seriamente: fue un santo, un papa, Doctor de la Iglesia y Padre de la Iglesia.
  
Una de sus mayores obras es Moralia in Job, que fue su comentario del libro de Job, un gran tomo del tamaño de las agustinianas Ciudad de Dios y Confesiones, combinadas. Santo Tomás de Aquino observó que este comentario era tan excelente respecto al sentido místico (los lentes más altos por el cual la Escritura es interpretada) que el Doctor Angélico se confinó al sentido moral.
  
Lo que es fascinante sobre la Moralia es cuán esjatológica es con respecto a Job. San Gregorio dio muchas vistas sobre el fin de los tiempos de un libro que muchos comúnmente no asociarían a ello, y sus vistas son verdaderamente fascinantes, si no ominosas.
   
Un libro en particular, el Libro 34, se enfoca específicamente sobre el fin del mundo, y contiene varios pasajes que son, por decir menos, chocantes, especialmente a la luz de nuestras presentes circunstancias. En múltiples lugares, hallamos apoyo para nuestra propia lectura de la Escritura cuando San Gregorio explica su creencia que satanás estaba atado por la Pasión de Nuestro Señor, que el reinado de la Iglesia son los “mil años” a que Apocalipsis 20 hace referencia, y que cerca al fin de los días será desatado y provocará un caos como nunca antes. Esto se alinea con la interpretación que hemos propuesto.
  
Al comienzo del libro, San Gregorio explica su visión general del fin del mundo [1]:
Porque aprendemos más rápidamente de qué tipo es el fin del mundo, si consideramos cuidadosamente eso que llevamos sobre nosotros del mundo. Poeque nuestra edad florece más vigorosamente en nuestros años juveniles, pero en el tiempo de la vejez es marchitada por crecientes enfermedades, y mientras su existencia es extendida a mayor longitud, en vez de morir diariamente falla cada momento de su vida. Así también mientras la duración del mundo se incrementa en años, se sufre bajo crecientes males, y se siente la pérdida de su salud, mientras se obtiene aumento de edad. Porque sus tribulaciones se incrementan junto con su años, y soporta con mayor debilidad la pérdida de la vida, mientras más dura, como si fuera, a una edad más avanzada. Porque el antiguo enemigo es desatado contra él con toda su fuerza, quien, aunque ya haya perecido, como habiendo perdido la felicidad de su condición celestial, todavía está en ese tiempo más totalmente extinguido, cuando es privado de su permiso para tentar, y es rápidamente atado en las llamas eternas. Él está, supuestamente, para atacar al fin del mundo con tentaciones severas, porque viene más furioso en su crueldad cuanto más cercano se percibe para el castigo. Porque él considera que está justo para perder su privilegio de la libertad fatalísima. Y mientras más confinado por la brevedad del tiempo, más lo propaga con múltiple crueldad, como se dice de él por la voz del ángel a Juan: Ay de la tierra, y del mar, porque el diablo ha venido a vosotros, con gran furor, sabiendo que tiene poco tiempo [Apoc. XII, 12]. Él entonces se arroja a la furia de una ira mayor, a fin que él, que no pudo permanecer en su estado defelicidad, no pueda caer en el foso de su condenación con unos cuantos. Él entonces busca con mayor afán cualquier poder de iniquidad que haya ido, luego é eleva más altamente su cuello de soberbia, y por medio de ese hombre maldito al cual viste [el Anticristo], mostrara para el propósito del mal, todo el poder temporal que posee.
En otro lugar, observa San Gregorio que “Por toda su arrogante soberbia y todas sus taimadas maquinaciones, él [satanás] persigue en todo tiempo por la fuerza también del poder secular” [2]. Esto se alinea con la visión de la historia que hemos propuesto, y especialmente con nuestra postura que la Gran Apostasía involucra la defección de los poderes temporales de su previa lealtad a Cristo Rey (Ver, por ejemplo, Katechōn #1, y Katechōn #4).
   
Pero lo que era particularmente aterrador fue su “profecía” sobre el estado de la Iglesia justo antes de la aparición del Anticristo, basada en su lectura sobre el libro de Job [3]:
Porque por el horrible curso de la dispensación secreta [Dios permitiendo que el mal crezca hasta el fin de los tiempos], antes que este Leviatán [Anticristo] aparezca en ese hombre maldito que asume [Anticristo], signos de poder son retirados de la Santa Iglesia. Porque la profecía está escondida, la gracia de las sanaciones es quitada, el poder de abstinencias más largas es debilitado, las palabras de doctrina son silenciadas, y los prodigios y milagros removidos. Y aunque la dispensación celestial no los aparta totalmente, sin embargo no las manifiesta abiertamente y en tantas maneras como en tiempos anteriores. Y esto es causado por una admirable dispensación, a fin que la misericordia y la justicia divina puedan ser cumplidas en conjunto por uno y el mismo medio. Porque cuando la Santa Iglesia aparece como si fuera más abyecta, sobre el apartamiento de los signos de poder, tanto se incrementa la recompensa de los buenos, que la reverencian por la esperanza de las cosas celestiales, y no a cuenta de los signos presentes; y el alma del malvado es más rápidamente presentada contra ella, que omiten buscar las cosas invisibles que promete, las cuales no están constreñidas por signos visibles. Cuando por esto la humildad de los fieles es privada de la manifestació múltiple de milagros, por el terrible juicio de la dispensación secreta, por los mismos medios es amontonada más misericordia abundante para los buenos y justa ira para los malvados. Porque estos signos de poder cesan, en gran medida, en la Santa Iglesia, antes que este Leviatán venga manifiesta y visiblemente, es ahora justamente dicho: “Querrá ir ante su faz”.
En resumen, San Gregorio Magno predice que la Iglesia será severamente debilitada antes de la develación del Anticristo. Habrá muy pocos milagros, pocas voces proféticas, su penitencia será menos fructífera, y “las palabras de doctrina” caerán en silencio.
    
Pero, como él explica, todo esto está bajo la providencia de Dios, quien, como San Pablo aclara en 2.ª Tesalonicenses II (ver Katechōn #3) envía al Anticristo como un castigo contra “los que van a perecer, porque ellos rechazaron amar la verdad y así salvarse” (2.ª Tes. II, 10).
   
Para los que perseveran en el amor de Dios, tal castigo no puede ser sino para su bien, como de hecho su perseverancia será recompensado por el regreso de Nuestro Señor en gloria, que les concederá recompensas aún mayores por haber creído sin ver.
   
—Ignatius de Montfort
  
REFERENCIAS 
[1] San Gregorio Magno, Moralia in Job (Libro 34, §7); San Gregorio Magno, Moralia in Job (Ex Fontibus Company, 2012), 571.
[2] Ibid., 572.
[3] Ibid., 575.

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