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martes, 22 de noviembre de 2022

LA “MONJA CANTANTE” ITALIANA COLGÓ LOS HÁBITOS

Noticia tomada de GLORIA NEWS, ampliada en algunos lugares. Comentario propio.
   
 
La hermana Cristina Scuccia, de 34 años, era una estrella en la Iglesia Novusordita Italiana. Ella ganó el programa de talentos La Voz de Italia con la canción “No One” de Alicia Keys. El muy bochornoso vídeo obtuvo 111 millones de visualizaciones, una indiscutible señal de que su contenido es una basura total.

El 20 de Noviembre de 2022, con un anillo en su nariz, Scuccia anunció en Verissimo, otro programa de televisión barato, que, pese a haber profesado votos perpetuos el 8 de Septiembre de 2019 en la basílica de San Ambrosio en Milán, había renunciado a estos y quería seguir una carrera a tiempo completo como cantante pop.

Scuccia se unió a las Hermanas Ursulinas de la Sagrada Familia en 2009, hizo su noviciado en Brasil, y pronunció sus votos temporales en 2012. En el mismo año, comenzó a actuar como cantante pop en hábito religioso. Al ganar La Voz de Italia, integró el elenco del musical “Sister Act”, además de figurar en 2016 entre las protagonistas del musical “Titanic”, pero sin abandonar la vida religiosa
  
Basándose en las formulas vacías de Francisco Bergoglio de “salir a las periferias”, “la alegría del Evangelio”, Scuccia explicó a la presentadora Silvia Toffanin en Verissimo: «Si vuelvo la mirada hacia atrás, miro mi camino con un profundo sentido de gratitud. El cambio es un signo de la evolución, pero siempre aterrador porque es más fácil anclarse en las certezas de uno que cuestionarse», presentando así su infidelidad como una especie de acto heroico.

«¿Hay algo correcto o incorrecto? Creo que con coraje sólo tienes que escuchar a tu corazón [= ego]», confesó la hoy ex religiosa ursulina, afirmando que no intenta abandonar su camino de fe y que está agradecida por todo lo que ha vivido hasta ahora.
  
«He elegido seguir mi corazón sin pensar en lo que las personas habrían dicho de mí. He hecho un salto al vacío y estuve preocupada de acabar bajo un puente, le repetía siempre a mi psicóloga. Hoy en cambio vivo en España y trabajo de camarera», contó la ex religiosa, que cree que «el éxito musical no ha detraído su vocación, sino que ha alentado un camino de crecimiento», lo que implica que seguir a Cristo era demasiado poco para ella.
  
En su nueva vida, Scuccia no quiere cerrarse para amar: «No es mi prioridad, pero siempre he creído en ello».
  
En Marzo de 2019, Scuccia dijo que admiraba a la activista pro-aborto, pro-homosexualismo y pro-blasfemia Lady Gaga.
  
COMENTARIO: Sesenta años atrás, hubo una monja cantante: “Sor Sonrisa” (valga acotar, ese no era su nombre religioso, sino Luc Gabrielle –y en el mundo, se llamaba Jeanne-Paule Marie “Jeannine” Deckers–). Ella pertenecía a la congregación de las Misioneras Dominicas de Nuestra Señora de Fichermont, fundada en 1920 para misionar en el Congo Belga y apoyar a los sacerdotes destinados allá. Bueno, sor Luc Gabrielle se hizo famosa por componer y grabar “Dominique”, una canción en francés sobre la vida y misión de Santo Domingo de Guzmán (aunque el estribillo «Dominique, nique, nique» causó cierta hilaridad en Francia, como quiera que “niquer” en francés es abreviatura de “forniquer” –ya sabréis qué traduce en español–), y que en 1963 llegó a los primeros puestos de las listas musicales en Europa y Estados Unidos (donde era conocida como “la monja cantante” y fue postulada a cuatro premios Grammy); incluso tuvo dos versiones en español (una de la mejicana Angélica María, y otra del acordeonista colombiano Aníbal Velázquez).
    

Abrumada por la fama, y por conflictos con sus superioras, “Sor Sonrisa” (que había sido enviada a estudiar teología en Lovaina) abandonó la orden a finales de 1967, compuso sobre temas controversiales como el feminismo y la píldora anticonceptiva (por cuya causa fue cancelada su gira en Québec, y su representante la abandonó en medio de esta) y para el movimiento carismático belga (dirigido por el cardenal Suenens), se hizo lesbiana y finalmente se suicidó en 1985, tras años de deudas, problemas con el Ministerio de Hacienda de Bélgica e intentos infructuosos de retomar la carrera musical ya como seglar. ¿Y la congregación religiosa? Se hizo progresista a mediados de la década de 1970, y hoy está prácticamente extinta.
   
Así pues (y no con intención de augurarle semejante final, pero las cosas son así), Cristina Scuccia se une así al grupo de religiosas que incursionaron en el medio de la música, hicieron fama en el mundo, pero a costa de su vocación religiosa (si es que realmente la tuvieron), como fue el caso de “Sor Sonrisa” o “la Monja Rapera” Wendy Lorena Rangel. Pero más que todo, es la muestra de en qué ha devenido la vida religiosa en la Iglesia Conciliar.

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