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sábado, 24 de diciembre de 2022

EN LA LAICIDAD FRANCESA, NO AL BELÉN Y SÍ A LA MENORÁ

Traducción de la noticia publicada en MÉDIAS PRESSE.
  
François Grosdidier, alcalde de Metz, en la tribuna (fuente: Facebook Ville de Metz, 21/12/2022)
  
La Francia es el único Estado en Europa que tiene inscrito en su Constitución el principio de la laicidad. Por tanto se trata de una laicidad de dos niveles que se ofusca de la expresión pública de la religión católica, única fundadora de la Francia y de sus multiseculares tradiciones, pero que promueve activamente otras confesiones religiosas.
    
Por ejemplo, se sabe de Anne Hidalgo [alcaldesa socialista de París, nacida española Ana María Hidalgo Aleu, N. del T.] que se rindio a la ruptura del ayuno del Ramadán por la iniciativa de la Mezquita de París y había participado en el encendido de la sexta lámpara del candelabro de nueve brazos para la fiesta de Jánuca en el Campo de Marte. Por contra, la alcaldesa de París no se unió a los católicos para la celebración de la Navidad: no hubo inauguración del belén, ni participación en la misa de medianoche.

En Mosela, si el ayuntamiento dispuso un nacimiento en la estación de tren de Metz, el alcalde François Grosdidier, muy apegado a la laicidad, participó en el encendido de una lámpara de la menorá en la sinagoga del centro de la ciudad, en medio de las bendiciones y los cantos en presencia del rabino. Cierto, el Concordato de 1802 en Alsacia Mosela pone entre paréntesis la separación Iglesia-Estado, bastante institucionalizada en el resto del territorio. Esto porque los tres principales cultos (católico, protestante y judío) están subvencionados (y más estrechamente controlados) por el Estado. A despecho del atractivo turístico de los mercados de Navidad y las muy arraigadas tradiciones cristianas en el este de la Francia, se constata fácilmente la aversión por los católicos puesto que allá también el edil no festeja la Navidad por una idéntica participación pública en el culto católico. Por el contrario, no desdeñó estar presente para profanar la catedral de San Esteban luego del vergonzoso desfile de modas del equipo femenino de balonmano.
  
(Fuente: Facebook Ville de Metz, 21/12/2022)
   
El mismo esquema para el alcalde de Béziers Robert Ménard. Si él había instalado un nacimiento dentro del Ayuntamiento, actualmente prohibido por la justicia republicana, también participó activamente de forma pública, oficial y reivindicada, en el culto judío luego de la fiesta de Jánuca… mas no se presentó ni pública ni oficialmente en la misa de Navidad para orar y cantar la Encarnación de Jesucristo nuestro Salvador.
    
Una fiesta eminentemente importante para los católicos y una fecha que recuerda igualmente el bautismo y la consagración de Clodoveo en el 496 y la consagración de Carlomagno devenido Emperador de Occidente en la Navidad del año 800, dos figuras históricas descartadas de la memoria republicana, puesto que fueron destructores de los invasores bárbaros paganos y de los herejes.
  
Bautismo de Clodoveo (Biblioteca Nacional de Francia, manuscrito Francés 2813, folio 12 verso).
  
Coronación de Carlomagno después de su consagración
  
Con o sin Concordato, los elegidos de la República ofrecen un tratamiento de favor a los cultos judíos y musulmanes, y desprecian e ignoran el catolicismo, mostrando sus preferencias por los extranjeros y por las minorías los que deberían ser los representantes de todos los franceses, y más grave, que reniegan de Cristo nuestro Redentor, Príncipe de la Paz, solo y único fundamento de nuestra patria. De más es que las febriles asociaciones laicistas no presentan jamás quejas luego que los elegidos celebran las fiestas religiosas no cristianas mientras que persiguen con rabia a los que instalan solamente un nacimiento, elemento cultural y religioso importante, que debemos a San Francisco de Asís, pero que stricto sensu no hace parte del ejercicio del culto religioso.
    
La laicidad es por tanto un arma usada para atropellar al cristianismo, incluso en el lenguaje: no a las «¡felices fiestas de fin de año!», digamos de plano «¡Feliz y Santa Navidad!». En cuanto a los representantes elegidos de la República, si podemos todos los días escribirles algunas reclamaciones, guardemos en el espíritu que su actitud es uno de los castigos de la apostasía nacional y que nos corresponde a nosotros reparar por los pecados de nuestros compatriotas orando públicamente para que Él reine.

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