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martes, 5 de marzo de 2024

HIMNO “Ad preces nostras”, DE LAS VÍSPERAS DE LOS DOMINGOS DE CUARESMA

En el Breviario Romano de 1570 aparecía este himmo, compuesto en el siglo X para los domingos de Cuaresma.
     

LATÍN
Ad preces nostras deitátis áures
Deus inclína pietáte sola:
Súpplicum vota súscipe precámur
Fámuli tui. 

Réspice clemens sólio de sancto
Vultu seréno lámpades illústra
Lúmine tuo tenébras depélle
Péctore nostro.

Crímina laxa pietáte multa
Áblue sordes, víncula disrúmpe:
Parce peccátis, reléva jacéntes
Déxtera tua.
   
Te sine tetro mérgimur profúndo:
Lábimur alta scéleris sub unda:
Bráchio tuo tráhimur ad clara
Sídera cœli.

Christe lux vera, bónitas et vita,
Gáudium mundi píetas inménsa:
Qui nos a morte róseo salvásti
Sánguine tuo.

Ínsere tuum pétimus amórem:
Méntibus nostris fidei refunde:
Lumen ætérnum charitátis áuge
dilectiónem.

Tu nobis dona fontem lacrimárum
Jejuniórum fortia minístra
Vítia carnis míllia retúnde
Frámea tua.

Procul a nobis pérfidus absístat:
Satan a tuis víribus confráctus.
Sanctus assístat Spíritus a tua
Sede demíssus.
    
Gloria Deo sit ætérno Patri,
Sit tibi semper genitóris nate:
Cum quo æquális Spíritus per cuncta
Sǽcula regnat. Amen.
  
TRADUCCIÓN
A nuestras oraciones tus divinos oídos,
Oh Dios, dobla, con tu única misericordia:
acepte los votos de los suplicantes, le rogamos
nosotros tus siervos.

Aparta tu mirada misericordiosa de tu santo trono
con rostro sereno da luz a las lámparas
con tu luz, expulsa las tinieblas
de nuestro pecho.

Con tu gran misericordia perdona nuestros delitos,
lava nuestra basura, rompe las cadenas:
complace nuestros pecados, levanta con tu diestra a los que están en el suelo.

Sin ti estamos sumidos en una profunda oscuridad,
caemos bajo una profunda ola de iniquidad:
de tu brazo nos atrae la luz
estrellas del cielo.

Oh Cristo, verdadera luz, bondad y vida,
alegría del mundo, piedad inmensa,
que nos salvaste de la muerte con rojo
tu sangre.
  
Derrama, por favor, tu amor:
llena nuestra mente de fe:
aumenta la luz eterna de la caridad,
Y la dilección.

Danos una fuente de lágrimas,
Dirige la dureza del ayuno,
Con tu espada rechaza
De la carne los mil vicios.
  
Lejos de nosotros que los pérfidos se alejen
Satanás, destruido por tus poderes.
Asístanos el Espíritu Santo, 
Mandado desde tu Trono.
  
Sea gloria a Dios eterno Padre,
A Ti por siempre, oh Hijo del Padre:
Con el Espíritu igual, el cual
Reina por los siglos todos. Amén.
   
* En algunos himnarios, el primer verso es «Áures ad nostras Deitátis preces».
  
El himno, musicalizado por Tomás Luis de Victoria, desapareció del Breviario tras la revisión de Clemente VIII en 1602, siendo remplazado en las vísperas del domingo por Áudi, benígne Cónditor, de los días feriales. Mientras, en el rito montiniano, las tres primeras estrofas fueron tomadas para crear un himno “diurno” del “Oficio de lectura” para la II Semana del “Tiempo Ordinario”, olvidando el carácter cuaresmal reflejado en la séptima estrofa.

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