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domingo, 16 de abril de 2023

EL “CAMARADA” HEENAN CAMBIANDO LA FE POR LA “LEALTAD”


Matthew Hazell publicó en su cuenta de Twitter una serie de cartas mecanografiadas entre 1964 y 1970 por el cardenal John Carmel Heenan Pilkington (arriba), arzobispo de Westminster, sobre los “cambios litúrgicos” del Vaticano II, cambios que fueron remplazados por el Novus Ordo de Montini-Bugnini.
   
1.ª CARTA (16 de Diciembre de 1964):
   
   
TRADUCCIÓN
16 de Diciembre de 1964
  
Querida Sra. [Tachado]
  
Gracias por su carta. Entiendo mucho cómo se siente su hijo. Personalmente, preferiría mucho que todo quedase igual con la Misa, pero tenemos que hacer sacrificios por el bien de los hermanos más débiles. La mayoría de católicos en las ciudades no tiene el mismo amor a la Misa que su hijo. Ellos entenderán mucho mejor la Misa ahora que gran parte de ella sea dicha en su propio idioma.
   
Pero su hijo, como el resto de nosotros, pronto se resignará tolerando estas cosas por el bien de los ignorantes y los débiles.
  
Deseando para Vd. y su familia toda bendición,
   
Soy,
 
Devotamente suyo,
   
Arzobispo de Westminster.
   
2.ª CARTA (5 de Julio de 1965):
   
   
TRADUCCIÓN
5 de Julio de 1965
  
Querida Srta. [Tachado]
  
Muchas gracias por su carta.
    
Entiendo exactamente cómo se siente y, de hecho, por mí preferiría mucho la Misa Latina.
    
Pero debemos afrontar los hechos. El deseo de la Iglesia, expresado por el voto casi unánime en el Concilio es porque se dé el permiso para el uso de la lengua materna. Mientras la experiencia es nueva, la Misa Latina será omitida. Pero muy pronto, Vd. verá que la Misa Latina tendrá un lugar establecido y apreciado en la vida litúrgica de la Iglesia.
  
Deseándole toda bendición,
   
Soy,
 
Devotamente suyo,
   
Arzobispo de Westminster.
  
Señorita [Tachado]
[Dirección tachada],
Ilford,
ESSEX.
___________
   
3.ª CARTA (4 de Marzo de 1966):
   
   
TRADUCCIÓN
4 de Marzo de 1966
  
Querido Sr. [Tachado]
  
Gracias por su carta. Todo está muy en etapa experimental. No hay nada en qué pueda darle mi opinión personal hasta que tengamos algo más sólido para discutir.
   
El más reciente documento grande de Roma me llegó para distribución a la jerarquía hace pocos días. Se aclara entre otras cosas que los que dicen que los días de los coros de las iglesias han pasado han fallado completamente en entender el espíritu de la Iglesia. Ni hay temor alguno que los tesoros de la liturgia cantada en latín serán sacrificados.
  
Tenga algo de paciencia, y verá que emerge una imagen muy satisfactoria.
  
Deseando para Vd. toda bendición,
  
Soy,
 
Devotamente suyo,
   
Arzobispo de Westminster.
   
4.ª CARTA (3 de Abril de 1967):
   
   
TRADUCCIÓN
3 de Abril de 1967
  
Mi querida Sra. [Tachado]
  
Gracias por su carta. Puedo asegurarle que muchos de nosotros que ya no somos jóvenes hallamos difícil acostumbrarnos a la nueva liturgia.
  
Debe tratar de ser humilde y aceptar lo que la Iglesia ha decidido. Acuérdese que no solo el Papa Juan [XXIII] sino todo el cuerpo episcopal que [estuvo] en el Concilio Vaticano II decidió introducir la lengua materna en la Misa. Estoy seguro que Vd. no cree que el Espíritu Santo permitiría que todos los obispos descarriasen a la Iglesia.
   
Pero su hijo, como el resto de nosotros, pronto se resignará tolerando estas cosas por el bien de los ignorantes y los débiles.
  
Pidiendo sus oraciones en mi difícil tarea y deseando para Vd. toda bendición,
  
Soy,
 
Devotamente suyo,
   
Arzobispo de Westminster.
   
5.ª CARTA (18 de Julio de 1968):
   
 
TRADUCCIÓN
18 de Julio de 1968
  
Querido Sr. [Tachado]
  
Sé exactamente cómo se siente sobre la Misa Latina. Recibo cientos de cartas como la suya. En realidad es mucho peor para los sacerdotes de mi edad que hemos ofrecido diariamente la Misa Latina durante toda una vida. No podemos ir contra las decisiones del Concilio Vaticano [II]. Todo lo que podemos hacer es ver que el domingo haya al menos una Misa Latina en cada iglesia. Puesto que Vd. está en esta diócesis, asumo que en su parroquia hay disponible una Misa Latina.
   
Pero su hijo, como el resto de nosotros, pronto se resignará tolerando estas cosas por el bien de los ignorantes y los débiles.
  
Deseándole toda bendición,
  
Soy,
 
Devotamente suyo,
   
Arzobispo de Westminster.
   
6.ª CARTA (17 de Febrero de 1969):
   
  
TRADUCCIÓN
17 de Febrero de 1969
  
Querida Srta. [Tachado]
  
He estado por fuera, y Monseñor [David] Norris me ha mostrado su carta.
  
Solo puedo decirle cuánto simpatizo con Vd. Tengo más de sesenta años de edad, y la gente de mi edad encuentra imposible sentirse cómoda con todos los cambios en la liturgia. La mayoría de nosotros hallamos Mediátor Dei demasiado progresista para nuestro gusto. El Concilio Vaticano II alteró eso, y al lanzar el Concílium Litúrgico, abrió el camino a grandes innovaciones.
   
Esta fue una gran prueba de lealtad a la Santa Sede. Es ocioso culpar a la jerarquía de este o de cualquier otro país por lo que está pasando. Tenemos que obedecer. Si mira la Instrucción sobre el Culto del Misterio Eucarístico, verá el alcance de todo lo que se nos ordena hacer cambios, incluyendo la remoción del tabernáculo del altar mayor.
  
Deseando para Vd. toda bendición, y suplicando la ayuda de sus oraciones,
   
Soy,
 
Devotamente suyo,
   
Arzobispo de Westminster.
  
Señorita [Margaret, tachado]
[Dirección tachada]
Fulham, SW6.
______________
   
7.ª CARTA (6 de Octubre de 1970):
   

TRADUCCIÓN
6 de Octubre de 1970
  
Querido Padre [Rodgers]
  
Como Vd., yo preferiría mucho «And with thy spirit» [Y con tu espíritu], pero temo que la mayoría de liturgistas estén contra nosotros. Al menos por el momento, nosotros hemos de acatar la presente respuesta poco imaginativa [«And also with thou»/Y contigo también]. Espero que todo marche bien con Vd. Hágame saber si necesita alguna ayuda.
  
Con una afectuosa bendición,
   
Siempre devotamente,
   
Arzobispo de Westminster.
  
Reverendo [Gerald Rodgers]
[Dirección tachada],
[Charlton Kings],
CHELTENHAM.
_______________
   
Heenan probablemente fue uno de los muchos obispos cobardes y traidores que votaron a favor de los cambios litúrgicos a sabiendas que eran malos. Cambios que después, invocando vejez, lamentarían soltando lágrimas de embuste, y de los cuales pretenderían desligarse de su responsabilidad mientras al tiempo demandaban a los fieles y su clero obediencia ciega y sin chistar, diciéndoles que «es ocioso culpar a la jerarquía de este o de cualquier otro país por lo que está pasando».

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