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jueves, 20 de abril de 2023

LA EXTRAÑA SECTA “INTERRELIGIOSA” DE LOS MONOQUITONES

Imagen ilustrativa (Derviche danzando, dibujo de Richard Morris Hunt en Diario del Nilo. Washington DC, Biblioteca del Congreso).
  
[…] También a la nueva secta mahometana de los monoquitones (llamados así por su hábito de monjes) se acercaron muchos cristianos del Imperio griego, igual que judíos y musulmanes. El jurista Mahmud Bedreddin era el jefe espiritual; y su paladín el fanático Börklüce Mustafá, que en el monte Estilario en el golfo de Esmirna, a levante de Quíos, ganó a muchos para sus doctrinas (1413). La secta profesaba pobreza y renuncia assoluta, perfecta comunidad de bienes, mas no de las mujeres, y amor hacia los cristianos, considerando impío a quien estimase a los cristianos no ser temerosos de Dios, y por condición de salvación el vivir con ellos en comunión de fe. Mustafá envió sus predicadores a los príncipes y a los eclesiásticos de las islas griegas, y ofrecióles estrechar una alianza de amistad en nombre de la divinidad que adoraban en común. Sus discípulos abrazaban a los cristianos donde se encontrasen, y los honraban como ángeles del Señor. Bandas enteras de derviches se unieron a él y proporcionaron a su profeta un pequeño ejército de seis mil combatientes: vencieron en dos ocasiones, entre las faldas del monte Estilario, las gentes que el sultán Mehmet I les envió al encuentro, y se fueron engrosando continuamente con turcos, judíos y cristianos. Al final Mehmet envió un ejército poderosísimo, que derrotó a los monoquitones, masacró sin piedad ancianos, mujeres y niños, y después de una lucha obstinada ganó hasta la última veta del monte, donde fueron hechos prisioneros el profeta con todos sus otros seguidores. Estos, aun entre los tormentos, rechazaron negar su fe. Mustafá entre los otros fue vergonzosamente atado a una cruz y sobre un camello llevado en triunfo por las vías de Éfeso: todos murieron con firmeza. Los seguidores sobrevivientes afirmaron de su profeta no haber muerto, sino que vivía en la isla de Samos. El sultán hizo buscar por todas partes y aplastar a los derviches que vivían en rígida pobreza.

Card. JOSÉ HERGENRÖTHER HORSCH, Historia universal de la Iglesia, vol. 8: “Los Papas renacentistas, la Unión con los griegos, y el Descubrimiento de América”. Traducción propia.

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