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lunes, 22 de mayo de 2023

EL “TRADICARISMATISMO” (O los carismáticos disfrazados de tradicionalistas)

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
   
«ASÍ ES, SI APARECE». OJO CON EL TRADICARISMATISMO (TAMBIÉN CUANDO PAREZCA “CATÓLICO”)

Fotograma de la película “Scherzi da prete” (Bromas de cura), 1978.
   
Ofrecemos a los lectores un extracto de Palabras claras sobre la Iglesia. Por qué hay una crisis, dónde nace y cómo salir (editado por el padre Daniele Di Sorco, posfacio de Aldo Maria Valli):
«[…] Antes de enunciar algunos principios generales, quisiéramos decir una palabra sobre un fenómeno relativamente reciente, que llamaremos tradicarismatismo.
  
Con este término indicamos aquellos sacerdotes que, tras un barniz tradicional (rito antiguo, rechazo de las enseñanzas del papa Francisco, más raramente del Concilio), tienen una concepción carismática de la fe, para la cual, en la vida cristiana, el elemento decisivo es representado por las intuiciones personales (calificadas como “oír a Dios”, “tener experiencia de Dios”) y por las revelaciones privadas. Ellos pretenden desatar los nudos de la crisis actual no a la luz de los principios de la sana teología, sino sobre la base de lo que dice una persona “inspirada” (esto es, las más veces, ellos mismos) o un presunto mensaje sobrenatural. Por ejemplo, hay quien cree que Francisco sea un antipapa y espera una “señal del cielo” para poder designar al verdadero Papa. Ahora, no podemos entrar en el mérito de las solas inspiraciones y revelaciones, aun si, en la casi totalidad de los casos, ellas no presentan ni siquiera los requisitos mínimos de credibilidad. Bástenos recordar qué enseña la doctrina católica tradicional respecto a las revelaciones privadas auténticas. El jesuita Augustin-François Poulain, una de las máximas autoridades en la materia, escribió: “En cuanto a las revelaciones privadas tenidas por los Santos, la Iglesia no obliga a creerlas ni siquiera cuando las aprueba. La aprobación significa solamente que la Iglesia no encuentra en ellas nada que sea contrario a la fe y a la moral” [1]. En consecuencia, también las revelaciones privadas aprobadas pueden contener errores. El vidente, de hecho, no es infalibile y puede presentar como mensaje divino lo que es simplemente el producto de su actividad humana, de su ignorancia, o de su modo de interpretar. Por eso el cardenal Pitra agrega que las revelaciones privadas, “aun si son aprobadas por la Iglesia, deben ser consideradas solamente probables, y no indubitables. No pueden servir para dirimir cuestiones de historia, de física, de filosofía o de teología que todavía son discutidas por los doctores” [2]. Tal es la doctrina constante de los teólogos católicos antes del Vaticano II, sellada por el magisterio de San Pío X: “Cuando se tratare de formar juicio acerca de las piadosas tradiciones [entre ellas las revelaciones privadas], conviene recordar que la Iglesia usa en esta materia de prudencia tan grande que no permite que tales tradiciones se refieran por escrito sino con gran cautela y hecha la declaración previa ordenada por Urbano VIII, y aunque esto se haga como se debe, la Iglesia no asegura, con todo, la verdad del hecho; se limita a no prohibir creer al presente, salvo que falten humanos argumentos de credibilidad” [3].
     
Todo esto vale para las revelaciones fundadas en sólidos argumentos humanos y aprobadas por la Iglesia. ¿Qué decir entonces de revelaciones que nunca fueron sometidas al tamiz de la autoridad eclesiástica, que no se basan en ninguna prueba y que, incluso, muchas veces se oponen a la sana teología? Es simplemente impensable que se haga uso de ellas para resolver cuestiones teológicas importantísimas, como quién es el Papa, cuál es el valor de la nueva Misa, y qué juicio dar sobre el Concilio. Los católicos que caen en esta trampa tal vez no se dan  cuenta de haber asumido una mentalidad protestante-modernista, para la cual la revelación está aún abierta y Dios continúa comunicando cosas de interés general para la Iglesia a través de este o aquel vidente. De resto, el movimiento carismático nació en el seno del protestantismo liberal y se basa en sus principios, a despecho de la apariencia católica que han querido darle, con intenciones ecumenistas, los Papas posconciliares. La doctrina católica nos enseña en cambio que la revelación pública se ha cerrado con la muerte del último Apóstol [4] y que las revelaciones privadas, aun si son auténticas, no pueden nunca servir para resolver una cuestión teológica, especialmente si es de interés general […]».
   
NOTAS
[1] Des grâces d’oraison. Traité de théologie mystique (Las gracias de la oración. Tratado de teología mística), 11.ª ed, París, Beauchesne, 1931, pág. 334.
[2] Libro sobre Santa Hildegarda, pág. XVI. Citado por Poulain, Des grâces d’oraison, pág. 335.
[3] Encíclica “Pascéndi Domínici gregis” (8 de Septiembre de 1907), n.º 55.
[4] Decreto “Lamentábili sane éxitu” (3 de Julio de 1907, aprobado de San Pío X el 4 de Julio), proposición 21 (condenada).

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