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miércoles, 3 de mayo de 2023

LA IMPRENTA DE TIPOS MÓVILES, APOYADA POR LA IGLESIA INCLUSO CON INDULGENCIAS

Sixto IV nombra a Bartolomé Platina prefecto de la Biblioteca Vaticana (Melozzo de Forlí, fresco transferido a lienzo, c. 1477. Pinacoteca Vaticana).
   
«[…] La Alemania pudo bien pronto competir con Italia. En la moralidad como en la cultura, esta fue grandemente mejorada tanto con los esfuerzos y las reformas de Nicolás Cusano, como por las excelentes escuelas de los Hermanos de la vida común; y con la invención de la imprenta por medio de tipos metálicos móviles (hacia el 1430-1440) se hizo sumamente benemérita sobre todos los otros pueblos. Este “arte maravilloso”, después de 1462 difundido por los alemanes en todos los países, promovió y universalizó la cultura y el comercio lyterario; e más que una parte de la industria, parecía un medio de civilidad cristiana, donde incluso el clero la sostiene eficazmente y, para difundirla, se concedieron también indulgencias. Ya en 1467 se fundó en Roma la primera impremta por dos alemanes, Pannartz y Schweynheim, los cuales en 1466 habían publicado en el monasterio de Subiaco la primera edición de las obras de Lactancio. Muy pronto, por el favor mayormente de Sixto IV, siguieron ediciones en gran número y en la forma más variada; tanto que en 1500 ya habían impresas novecientas veinte y cinco obras solamente en Roma.
   
Con esto se quitaba el principal impedimento de los estudios, esto es la escasez de libros y la fatiga de transcribirlos: de ahí que universalmente se vio una tendencia general a la instrucción, nuevas fundaciones y mejoras de escuelas superiores y medias, y una ardiente competencia de obras de ciencia y de arte. La Italia fue la que hizo mejor uso de la nueva invención; sus imprentas, sobre todo la de Venecia, publicaron excelentes ediciones de Clásicos y de los Padres de la Iglesia, de oradores y poetas, de filósofos y teólogos. Ni la Alemania se quedó atrás, pues algunas ciudades contaban con más de veinte imprentas, como Augsburgo, Núremberg, y Colonia. En la industria del libro de Alemania continuó en gran medida el comercio de manuscritos, utilizados durante mucho tiempo, especialmente en las grandes ciudades, que ya tanto habían hecho por las necesidades del pueblo. El arte de la lectura se difundió pues rápidamente entre la gente. […]».

Card. JOSÉ HERGENRÖTHER HORSCH, Historia universal de la Iglesia, vol. 8: “Los Papas renacentistas, la Unión con los griegos, y el Descubrimiento de América”. Traducción propia.

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