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sábado, 23 de septiembre de 2023

MES DE LA DIVINA PASTORA – DÍA VIGÉSIMOTERCERO

Tomado de La Divina Pastora, o sea El rebaño del Buen Pastor Jesucristo guiado, custodiado y apacentado por su divina Madre María Santísima, escrito por fray Fermín de Alcaraz (en el siglo Fermín Sánchez Artesero) OFM Cap., Misionero Apostólico, e impreso en Madrid por don Leonardo Núñez en 1831, con aprobación eclesiástica. Por cada Consideración, Afecto y Oración hay concedidos 280 días de Indulgencia por el Nuncio Apostólico, el Arzobispo de Santiago de Compostela y otros Prelados.
 
DÍA VIGÉSIMOTERCERO
«Et cum próprias oves emíserit ante eas vadit» Joann., cap. 10, v. 4. Y cuando hace salir a sus ovejas, va delante de ellas.

Se nos manifiesta en este día, que la Madre del buen Pastor, cual diligente Pastora, guía con su ejemplo a sus ovejas marchando delante de ellas cuando las saca de su redil al campo, sobre lo cual, 

1º Considera lo primero, que cuando esta Divina Pastora saca a sus ovejas, o las hace salir a los pastos en el campo del gran Padre de familias, va delante de ellas, ya para que no salgan de los límites de esta mística heredad, en donde exclusivamente se hallan los alimentos de vida eterna; ya para prevenir las emboscadas de los Lobos que, o se hallan escondidos entre las malezas, o se disimulan con la piel misma de las ovejas por una hipocresía estudiada; ya para indicarles el camino recto y seguro por donde deben andar para entrar en el redil eterno de la gloria; y ya también para fortalecerlas con su ejemplo: pues observando que la Pastora misma que las guía, es la primera que se ofrece a soportar toda clase de molestias, ellas se robustecen para andar con ánimo fuerte y constante por las sendas ásperas y estrechas que conducen al cielo, y para soportar los fríos, los calores, intemperies y demás penurias a que está sujeta la vida del hombre en el desierto peligroso de este mundo. Además, como no solamente es propio del buen Pastor el conducir sus ovejas a los pastos y guardarlas con solicitud de los acometimientos de las bestias feroces (San Lorenzo Justiniano, Sobre el Desprecio del mundo), sino que también debe resplandecer en vida y en costumbres, para que como en un espejo vea en él su grey lo que debe hacer (San Gregorio Magno, sobre el libro 1.º de los Reyes, libro 7): la Divina Pastora, en cumplimiento de esta obligación pastoral, va siempre delante de sus ovejas dándolas ejemplos admirables de pureza y santidad de vida. Siendo tal el cúmulo del virtudes que hermosean a su bendita alma, que aun a la oveja más desanimada y cobarde, es bastante a inspirarla fervor y ánimo para emprender su imitación. Aunque muchas de las Hijas de Sion se hagan admirar por las riquezas de virtudes que reunieron en sus almas, a todas sobrepujó nuestra Pastora, como que era la que debía ir delante dándolas lecciones de caridad ardiente y fervorosa para con Dios, en que vivió tan encendida como lo está el hierro dentro del fuego (San Ildefonso, Oración 1), como que la caridad misma, que es Dios, tomó asiento en su Corazón (Cornelio Alápide, sobre Cánt. 3, 9): de una fe tan viva que desató con ella lo que Eva ató con su incredulidad (San Ireneo, Sobre la Santísima Virgen): de una esperanza tan animosa que el Espíritu Santo la llama Madre de la esperanza santa (Eccles., cap. 24, v. 24): de pobreza, naciendo, y viviendo entre la escasez y la penuria, no obstante de ser la Reina de cielos y tierra de humildad, aun cuando se vio proclamada por Madre del excelso y omnipotente Dios y de pureza, con que robó los cariños del Divino Espíritu, por cuya razón no se desdeñó la segunda Persona de la Santísima Trinidad, de descender al seno purísimo de su virginal vientre desde el solio majestuoso de su gloria.
  
AFECTOS
En ésta, mi amada Pastora, resplandece toda la hermosura de la virtud, de cuyo ejemplar debo yo tomar la norma de vivir, y entender lo que debo practicar y de lo que debo huir, para ser su legítima oveja. ¡Ojalá pudiera yo informar mi alma con tan eminente ejemplar, y entender sin intermisión en imitarlo! Aunque mi imaginación se confunda, y mi entendimiento no sea capaz de percibir una perfección tan eminente, mi voluntad, sin embargo, se enciende en el deseo de correr por las huellas de sus hermosos pasos, cuando la veo delante de mi dándome ejemplos de humildad, de paciencia, de constancia, de limpieza perfectísima, de hermosura honestísima, de desprecio de las cosas terrenas, y abrasada en el amor de Dios y de los hombres. Así, ¡oh Pastora Santísima!, se fortalece mi alma, no solo para contemplar y admirar el cúmulo de virtudes con que te haces un vivo ejemplar de tus ovejas, sino también para ser cuidadoso y diligente imitador de todas tus perfecciones.
   
Ea, pues, alma mía, por sobrenaturales y eminentes que sean las que esta Divina Pastora propone a sus ovejas, cuando va delante de ellas, no te dejes sobrecoger por el temor o la cobardía. Cuanta mayor dificultad te cueste esta empresa, tanto mayor debe ser tu solicitud y cuidado para asemejarte a ella en cuanto lo permita la frágil naturaleza de que eres formada. Mira, y obra, según el ejemplar que el Señor te ha mostrado en el monte donde es apacentada su grey (Éxod., cap. 25, v. 40). Es verdad que el ejemplar de los predestinados esencialmente es Jesucristo; pero mirando su Divinidad con nuestros ojos débiles, era fácil que nos deslumbrásemos con su resplandor infinito: y así esta Pastora, siendo de nuestra misma condición limitada, nos facilita el que la imitemos, y por esto quiso Dios dárnosla por Pastora, para que fuese delante ofreciéndonos el ejemplo de sus eminentes virtudes, y siguiéndola, nos adelantásemos en perfección a los justos de la antigua ley, en que fueron desconocidas algunas, que tuvieron su principio en nuestra Pastora. ¿Quién, ¡oh Virgen santa!, principió a consagrar a Dios la virginidad sino Vos? ¿Qué ley había en aquélla que aconsejase vivir en carne, y tener una vida angelical? ¡Ah! yo seguiré siempre tras de una Pastora tan virtuosa, que va delante animándome con su ejemplo!
   
2º Considera lo segundo, que para llenar esta Divina Pastora en un todo su oficio pastoral, no solo va delante de sus ovejas mostrándolas con sus virtudes el recto camino que conduce al cielo, sino que las fortalece y anima con su ejemplo, para soportar con resignación todas las tribulaciones, fatigas y sudores, de que están sembradas las sendas escabrosas de la virtud por donde deben andar en este mundo, para ser legítimas ovejas de tan pacientísima Pastora: siendo cierto, que más fruto hacen a las ovejas los ejemplos, con que el Pastor las apacienta, que no sus palabras (San Bernardo, Sermón 1.º en la Domínica 1.º después de Pentecostés). Consistiendo toda nuestra perfección en conformar nuestras operaciones con la vida y costumbres de esta Santísima Pastora, como que era la copia más exacta en que estaban delineadas todas las perfecciones del ejemplar de los predestinados, Jesucristo, es indudable que tanto más seremos dignos de ser apacentados y gobernados por esta diligente Pastora cuanto con mayor exactitud copiemos en nuestras almas su conformidad con las disposiciones y decretos del Altísimo: su pronta voluntad para entrar gustosos por los caminos ásperos y fragosos por donde su Hijo la condujo hasta subir al Calvario, en donde completó en su Corazón lo que faltaba a su redención (Colos., cap. 1, v. 24); y por último su resignación, su tolerancia y su humildad. Para facilitarnos tanto bien, se anonadó a sí misma tomando la forma de sierva y ovejuela, resignada en un todo a la voluntad del Omnipotente. Pondera, que en esta virtud tan propia de la docilidad que deben tener las ovejas de María, fue delante de ellas dándolas ejemplo para que la imiten. No solo se resignó en la voluntad Divina, cuando se nombró esclava al ser elevada a la dignidad de Madre de Dios, sino que también se manifestó dócil y sometida a los designios del Altísimo en todas las adversidades, angustias y dolores que en todo el discurso de su preciosa vida le ocasionó el título de Corredentora de los hombres. Tan sometida estuvo siempre a la voluntad Divina, que no tuvo otro deseo que complacerla, así en lo que a esta Señora era honorífico, como en lo que a los ojos del mundo degradaba su dignidad, tanto en lo satisfactorio, como en lo que era motivo de pena á su Corazón. Siempre, y en toda circunstancia, estuvo pronta esta Señora para obedecer los mandatos del Señor, sin que la estimulase para esto su propia utilidad, sino el gusto de ofrecerle un grato obsequio de sí misma. Grandes, como eran las gracias, dones y prerrogativas con que la adornó el cielo, todo lo reconocía derivado de aquel océano de hermosura y bondad del Omnipotente, en cuya comparación se reputó siempre cual vil esclava e insecto despreciable de la tierra. Con estas lecciones va esta Pastora delante de sus ovejas, porque sabia que para serlo dignamente, debe el Pastor apacentar su rebaño con buenos y saludables ejemplos suyos, no ajenos, porque éstos no engordan a su grey (San Bernardo, Sermón 1.º en la Domínica 1.º después de Pentecostés)
  
AFECTOS
Esta consideración, alma mía, es un poderoso motivo de confusión para ti; pues debes conocer, que lejos de marchar dócil y obediente por el camino por donde te conduce esta Santísima Pastora con su mismo ejemplo, tú te empeñas en andar por los caminos perdidos y extraviados del mundo, aborreciendo toda subordinación, y suspirando por una perniciosa y mal entendida libertad: huyendo de toda mortificación, y amando lo que puede complacer a tu sensualidad; y por lo mismo has deseado a las veces la consolación Divina, pero sin desasir tu corazón de las criaturas con quienes lo tienes dividido. ¡Ah, mi Divina Pastora!, conozco que hasta hoy no os he amado lo bastante, porque de haberos amado, no hubiera habido trabajo o dificultad, por repugnante que fuese, que no hubiese yo superado por imitar tus admirables virtudes, y hacerme así digna oveja vuestra.
   
Bien tarde he conocido esta mi ingratitud, sin embargo quiero desde hoy principiar a repararla. Yo no me apartaré ya jamás del campo ameno y deleitable, donde pastan vuestras ovejas. Por estrechas que sean las sendas que conducen a él, por más que estén sembradas de abrojos y espinas, aunque vea de una parte y de otra precipicios horribles, yo no me acorbardaré, porque yendo Vos delante de mí, superaré todos los obstáculos, y marcharé seguro de toda clase de peligros. Vos, Pastora mía, veláis sobre mí, siempre que yo docilmente siga vuestros pasos. Vuestro tierno Corazón está siempre atento a todas mis necesidades. Expuesto, como estoy, en esta vida a las mordeduras del Lobo infernal, no descuidáis un momento, y os aceleráis a defenderme: me animáis, me llenáis de fortaleza con vuestra presencia yendo al combate delante de mí. De este modo guía esta Pastora a sus ovejas por sendas, que ella misma allana con su ejemplo, teniéndolas siempre a su vista. ¡Ah! Tanta bondad, un amor tan sin igual, no puede menos de engrandecer la gloria de su nombre, y hacernos conocer las riquezas de su misericordia.
            
ORACIÓN
¡Oh Pastora clementísima!, que yendo delante de tus ovejas, pones vista todas tus acciones, tus virtudes y excelencias, con el designio de darlas el ejemplar y norma perfectísima de cuanto deben practicar para ser siempre ovejas tuyas y adquiridas con la Sangre de tu Hijo Santísimo: muéstrate misericordiosa con esta miserable ovejuela, alcanzándome gracia para que constantemente te siga y te imite: esparce en mi alma los rayos de tu luz: ilustra con ella las sendas escabrosas por donde tengo que caminar en este valle de miserias, y oscuridad, para que vestido de modestia, humildad, y de todas tus insignes virtudes, todos me conozcan por verdadera oveja tuya, y en la hora de mi muerte, reconocido igualmente por el Pastor Divino con estas divisas, me coloque entre sus familiares y domésticos en la gloria. Amén.
   
Se reza un Padre nuestro, cinco Ave Marías, y un Gloria Patri.

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