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jueves, 14 de septiembre de 2023

MES DE LA DIVINA PASTORA – DÍA DECIMOCUARTO

Tomado de La Divina Pastora, o sea El rebaño del Buen Pastor Jesucristo guiado, custodiado y apacentado por su divina Madre María Santísima, escrito por fray Fermín de Alcaraz (en el siglo Fermín Sánchez Artesero) OFM Cap., Misionero Apostólico, e impreso en Madrid por don Leonardo Núñez en 1831, con aprobación eclesiástica. Por cada Consideración, Afecto y Oración hay concedidos 280 días de Indulgencia por el Nuncio Apostólico, el Arzobispo de Santiago de Compostela y otros Prelados.
 
DÍA DECIMOCUARTO
«Oves, et capra stériles non fúerunt, aríetes gregis non comédi: Die nóctuque æstu urébar, et gelu, fugíebatque somnus ab óculis meis» Gén., cap. 31, v. 38, 40, 41. Las ovejas y las cabras no fueron estériles: no me comí los carneros de la grey: Día y noche andaba al sol y al hielo, y el sueño huía de mis ojos por custodiarla: tanta es la solicitud con que he servido a tus rebaños.
  
En este día se nos manifiesta la solicitud con que nuestra Divina Pastora custodia su rebaño, sobre lo cual,
1º Considera lo primero, que este título, el traje, y ocupación de Pastora, con que esta Señora se nos presenta, es lo que singularmente nos hace conocer su incansable solicitud en procurar nuestra felicidad temporal y eterna. Los otros títulos con que glorificamos a María, son por lo común, para ensalzar su nombre y ostentar sus prerrogativas y grandezas; pero el de Pastora, como que al parecer hace que esta Señora descienda de su excelencia y dignidad, termina solo en provecho y utilidad nuestra. El ropaje mismo que pende de sus hombros, entretejido de pieles y lana, significa la piel de aquella oveja, que extraviada y buscada con solicitud, la puso bajo la protección de su poderoso brazo (César Baronio, Crónica 219, n. 13); y nos da a entender que tiene tan presente la asistencia solícita de su rebaño, como el vestido mismo con que nuestra Pastora se cubre. No es como aquellos Pastores de quienes se lamenta el Señor, diciendo: «¡Ay de los Pastores que se apacientan a sí mismos!, no curando más que de alimentarse con su leche, vestirse de sus lanas, y regalarse con las reses más bien nutridas; y que sin procurar fortalecer las débiles, ni buscar a las que se han exraviado, las dominan y rigen con aspereza y con soberbia» (Ezeq., cap. 34, v. 2): sino que diligente y solícita, no solo no pierde de vista ni un momento el rebaño que le confió el Pastor Supremo, sino que penetraría gustosa hasta los abismos por asistir aun a la más pequeña y miserable de sus ovejas. Pondera, que así como no hay momento en que el Lobo infernal deje de velar solícito por la perdición de alguna de ellas; así no hay tampoco un instante en que nuestra Pastora no vele también para dejar burlados los esfuerzos de tan astuto enemigo, pudiendo decir mejor que Jacob: «Por cuidar con solicitud mis rebaños, anduve de día y de noche, espuesta al sol y al frío, y aun el sueño se retiró de mis ojos». Sí, alma mía, esta Señora apacienta por sí misma sus ovejas: las procura el necesario descanso: busca con solicitud las que se extravían: recoge a las que están abandonadas, y a todas las gobierna con juicio y con sabiduría (Ezeq., cap. 34, v. 15, 16): imprime en ellas el sello de la ley de Dios: lo graba en sus corazones (Jerem., cap. 31, v. 33); y extermina de la tierra donde pastan sus ganados a las bestias malignas, que son los demonios, y así descansan todas sin temor, sabiendo que no duerme, ni se descuida la Pastora que custodia el rebaño de Israel (Ps. 120, v. 4). Así las colma de bendiciones; y cuando haya de asaltar las el enemigo, se miran más seguras que si las custodiasen los siete Pastores que debían gobernar la tierra de Asur, y humillar la soberbia de los Asirios (Mich, cap. 5, v. 5, 6).
  
AFECTOS
¿Cómo podré yo agradeceros, ¡oh amable Pastora!  los beneficios que me dispensáis con vuestra solicitud pastoral sobre mi alma? ¿Cómo he de recompensar la profusión con que me mostráis vuestra bondad, vuestra misericordia y vuestra ternura maternal, Vos en clase de Pastora, y yo en semejanza de oveja vuestra? ¿Qué servicios serán bastantes para no ser yo ingrato a tantos bienes de que me colmáis en esta vida, y me preparáis para la eterna? ¡Ah! Vos para velar sobre mí con tanta solicitud, os olvidáis de que desertando yo a las veces del recinto en que custodiáis vuestra grey, rasgué con mis manos, y pisé con mis pies, la adopción santa con que me recibisteis por Hijo, y que declarándome así enemigo vuestro, provoqué el rigor de la justicia divina, merecí vuestra indignación y vuestros castigos más bien que vuestra solicitud pastoral; sin embargo, mil y mil veces, solícita de mi bien, me habéis llamado para perdonarme, y ponerme en seguridad de mis enemigos. ¿Cóm mo podré yo en adelante ser insensible a tanto amor? ¿Cómo podré agradecerlo debidamente?

Con este, fin me entrego enteramente a Vos, mi dulce Pastora, sin reserva algunas os seré siempre fiel, socorrido, como espero, de la gracia de mi Dios: me sujetaré gustoso a vuestro gobierno pastoral, aunque sea necesario para esto apurar el cáliz de amargura que pueda ofrecerme el vencimiento de mis pasiones y los combates de mis enemigos. Por no separarme de vuestro rebaño sufriré todos los males de la vida, y aun los desafío como incapaces de privarme de este bien. Sabiendo ya la solicitud con que veláis por mi felicidad, recobro fuerza e intrepidez contra los que intenten estorbármela. La invocación sola del nombre de Pastora, pondrá en vergonzosa fuga al Lobo sangriento; y si vuelve a acometerme, yo encontraré en vuestra bondad pastoral los socorros necesarios para mi seguridad. Sois mi esperanza, mi amparo, y mi consuelo. ¡Ah, dónde hallaré yo un apoyo más fuerte de mi esperanza!
   
2º Considera lo segundo, que sabiendo esta Señora que el oficio de Pastor impone la obligación de evitar el ocio, y trabajar infatigablemente por el bien de su rebaño (San Gregorio Magno, columna 365), y que entonces se aumentan las ovejas y están seguras de los lobos cuando son asistidas por su propio Pastor (San Atanasio, columna 327), procuró como buena Pastora llenar cumplidamente dos cualidades que clasifican al verdadero y solícito Pastor: la solicitud para no perder de vista a sus ovėjas, aun en las tinieblas de la noche: y la fidelidad en custodiarlas y defenderlas de toda desgracia (Hugo de Chartres, sobre Gén. 30). Estas dos atribuciones pastorales las cumple nuestra Pastora corrigiendo los eztravíos de sus ovejas, para que su propia miseria y frágil condición no las conduzca a su eterna ruina: preservando a su grey de las sugestiones diabólicas, para que no sean seducidas por la astucia de su enemigo: y dirigiendo al Supremo Pastor, por ellas, sus oraciones y súplicas, para alcanzarles la gracia que les es tan necesaria, para no rendirse a su debilidad pusilánime (San Bernardo, Sobre el verdadero Pastor). Este es el lleno de solicitud con que María a pacienta su rebaño, por cuya razón puede francamente decir a su Divino Hijo, dándole razon del desempeño de su cargo pastoral: «Ninguna de las ovejas a mí confiadas, ¡oh Hijo mío!, han perecido por mi descuido» (Hugo de Chartres, sobre Gén. 30). Pondera, que perteneciendo a la solicitud pastoral el reducir al rebaño a aquellas ovejas que se extravían, aunque sea aterrándolas con el castigo (San Agustín, Epístola a Bonifacio), corrige con mano poderosa a las que alucinadas y ciegas, corren por las sendas del vicio y el desórden; unas veces con mano caritativa y de Madre, y otras, cuando esto no alcanza, poniendo a su vista los castigos con que el supremo Juez, y Pastor suele manifestar su indignación en ejercicio del atributo de su justicia. Siendo propio del buen Pastor guardar con solicitud a su grey y librarla de los acometimientos de las bestias feroces (San Lorenzo Justiniano, Sobre el Desprecio del mundo), es solícita esta Señora para auxiliarnos en las tentaciones del demonio, que envidioso de nuestra dicha, prepara con disimulo sus redes y atiza el fuego de las pasiones para precipitarnos, rendirnos y devorarnos; pues como es dado a esta Señora el ahuyentar a los enemigos malignos, huyen éstos avergonzados cuando se presenta la Madre del buen Pastor a sostener a sus ovejas en la batalla; y por último, se emplea continuamente en rogar por nosotros a la misericordia de Dios, para que asistidos de su gracia, seamos libres de los peligros y miserias de la presente vida. Es tanta la piadosa solicitud de nuestra Pastora con su rebaño, que en decir de San Germán, jamás se satisface, ni se cansa de entender en nuestra defensa.
  
AFECTOS
¡Ah, qué cualidades tan amables clasifican a mi Santísima y digna Pastora! Siendo, como lo es, tan cuidadosa y solícita de mi bien, me es preciso el confesar que debo a su solicitud y asistencia el verme libre de la opresión ignominiosa del Dragón infernal: yo me ví, a las veces, gimiendo bajo su dura esclavitud; pero María, cual solícita Pastora, rompió los lazos con que me tenía cautivo, y custodiándome en su redil, encuentro en su maternal abrigo los socorros de que a todo instante necesito para no reincidir en tan fea esclavitud. Sí: Vos, Pastora amable, me habéis librado del peso insoportable de mis culpas, por las que me ví en una situación tan triste; y aunque para sujetarme al recinto de vuestro místico redil, tengo que tomar sobre mí el yugo de la ley santa de mi Dios, es éste un yugo suave y dulce para mi alma. ¡Oh caridad incomprensible! Para mostrarme yo agradecido a ella, os haré continuo sacrificio de alabanzas: celebraré con cánticos eternos la solicitud maternal con que custodias vuetro rebaño: y publicaré, a la faz del mundo entero, el nombre de Pastora que con tanta viveza y energía nos descubre los rasgos de vuestra ternura y vuestro amor. ¿Pero, ¡qué compasión excitan en mi alma tantos desgraciados mundanos, que alucinados y ciegos con los encantos del siglo, huyen del rebaño de esta Pastora para entretenerse en sus locos devaneos, en que vienen q quedar esclavos de sus propias pasiones! ¡Ah insensatos! Por una diversión transitoria, como lo es la que disfrutais en el baile, el teatro, o las concurrencias profanas, para lo que tenéis que soportar mil molestias, y aun acaso la pérdida de vuestra salud, renunciáis de la paz, la alegría y el contento que con su pastoral solicitud difunde esta Pastora en el corazón de sus fieles ovejas? Preguntad a las almas fieles, y ellas os dirán cuán gustoso y dulce es el vivir bajo la protección maternal de esta Divina Pastora, y convencidos de esta verdad, corred todos a entrar en su rebaño: y para que os sea útil su solicitud por vuestro bien, mirad con el interes debido vuestra eterna salud: arreglad vuestras acciones del modo que Dios os manda: y por el ejercicio de todas las virtudes, corresponded a la solicitud con que esta Divina Pastora vela de contínuo por vuestro bien.
         
ORACIÓN
¡Dios omnipotente!, que manifestáis vuestra bondad en darnos una Pastora tan solícita y vigilante por nuestra felicidad, con cuya amabilidad se dulcifica la pena que puede causarnos el vencimiento de nuestras pasiones, tan necesario para no extraviarnos del gremio de vuestra grey: Vos, que tan misericordiosamente derramáis las consolaciones del divino Espíritu sobre las almas que os son fieles, infundid en nuestros corazones la luz de vuestra divina gracia, abrasadlos con los ardores del amor santo: animadnos, y fortalecednos a todos, para que superando los obstáculos que el enemigo pone a nuestra perseverancia en la virtud, consigamos veros y alabaros en compañía de nuestra Madre Pastora en la gloria. Amén.
   
Se reza un Padre nuestro, cinco Ave Marías, y un Gloria Patri.

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