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sábado, 19 de abril de 2025

INSTRUCCIÓN Y EXSULTET CATÓLICO TRADICIONAL

INSTRUCCIÓN
Antiguamente estaba prohibido que se celebrase la Misa el Sábado Santo y se administrase la Sagrada Comunión a los fieles; y para expresar su dolor y el luto en el cual estaba inmersa por la muerte y la sepultura de su Señor, ordenaba que no se hiciese públicamente oficio alguno. El Papa San Inocencio I prescribió que en el Viernes y Sábado Santo no se ofreciese el Santo Sacrificio; sin embargo, era antiquísimo el uso de celebrar la Misa de Presantificados en el Viernes Santo, y fue mantenido: en el Sábado Santo no se realizaba ni siquiera esta ceremonia;  si bien los fieles pasaban la jornada ejercitándose en obras piadosas para honrar la sepultura de Jesucristo, hasta caer el sol se recogían en las iglesias y asistían a la bendición del fuego, del cirio, y de la fuente bautismal: después, dichos los Maitines de la solemnidad de la Pascua, se celebraba la Misa, que tenía principio hacia la medianoche. Esta costumbre, quenes de tradición apostólica, fue tenida hasta 1280; después de aquella época se comenzó a anticipar la hora de la Misa, y se celebró al anochecer. En el presente, la Misa se canta al mediodía, pero tanto las oraciones como el prefacio, en los cuales se hace mención de la noche, no fueron cambiados, a fin que quedase algún vestigio de la disciplina antigua.
  
DE LA BENDICIÓN DEL CIRIO PASCUAL
En los tiempos del Pontífice San Zósimo, que ascendió a la cátedra romana en el año 417, era ya común en todas las iglesias la costumbre de bendecir el Cirio Pascual por el Sábado Santo, y muchos eruditos demuestran con los monumentos de la antigüedad eclesiastica que ya un siglo antes del pontificado de San Zósimo se realizaba esta ceremonia, y que aquel pontífice concedió el uso a todas las parroquias, mientras que antes se solía observar el rito solamente en las iglesias principales que eran llamadas basílicas (a). La bendición del cirio pascual es hecha por el diácono, que junto al altar canta el Præcónium, esto es Anuncio, el cuale comienza con la palabra Exsúltet, y es un himno atribuido a San Agustín, en el cual la Iglesia expresa su gozo por la resurrección de Jesucristo, e invita a todas las criaturas a celebrar, porque ha llegado aquella noche, de la cual, rotas y destruidas las cadenas de la muerte, Nuestro Señor Jesucristo ha resurgido, y por Él solo los creyentes son rescatados de los vicios de este mundo y de la densa caligine de los pecados. Llegado a ciertos puntos del himno, el diácono clava en el cirio, en forma de cruz, cinco granos de incienso, y poco después enciende el mismo cirio con una de las tres velas puestas en una caña antes de terminar el himno, con la luz del cirio, se encienden todas las lámparas de la iglesia.

Roberto abad hace la exposición espiritual de esta ceremonia en modo piadoso y doctísimo:
«En los días destinados (dice) a recordar la pasión de nuestro Salvador, se extinguen, a excepción de una sola, todas las luces para representar la muerte de tantos justos y de los Profetas que fueron una figura de Jesucristo: al final se apaga también la última luz, porque finalmente los judíos mataron también a Jesucristo, que habían llamado profeta, y más que profeta, y le dieron muerte porque evangelizaba, esto es, porque difundía la luz de la verdad. Pero a Aquel que insultado y ofendido, fue muerto a muerte de cruz, Dios lo ha resucitado, y lo ha exaltado con su diestra, y lo ha hecho Príncipe y Salvador para dar a Israel la penitencia, y la remisión de los pecados (Hechos V, 31). El cirio, pues, representa a Jesús resucitado, que con su esplendor y con la grandeza de su luz ha iluminado toda la tierra. Pero antes de ser encendido, se canta una parte del himno, que al permanecer apagado por algún tiempo, representa la humanidad de Cristo yacente en el sepulcro; clavar en él los granos de incienso significa los perfumes con los cuales fue embalsamado antes de ser puesto en el Sepulcro, y el distribuirse estos granos en forma de cruz indica la especie de su muerte y sus adorables llagas. Finalmente se enciende el cirio, porque la humanidad de Jesucristo, que yacía muerta en el Sepulcro, fue por la omnipotencia de la divinidad nuevamente animada y apareció resplandeciente de gloria; y la Iglesia, que estaba afligida del dolor porque fue muerto Cristo que es la luz verdadera, exulta de alegría cuando ve encenderse nuevamente está luz que es el mismo Cristo. Con esta luz se encienden después las demás lámparas, que figuran a los Apóstoles y predicadores del Evangelio, para enseñarnos que Jesucristo es el único sol que ilumina a todos los hombres que vienen a este mundo; que los Apóstoles y los predicadores no eran la luz, sino que eran los enviados a dar testimonio de la luz verdadera, a fin de que todos los hombres crean en su nombre, y tengan la posibilidad de convertirse en hijos de Dios».

Arcipreste LUIGI TOSI, Instrucciones sobre las principales fiestas de la Iglesia, vol. II. Cremona, imprenta de Luigi de Micheli, 1841, págs. 91-97.
    
LATÍN
Exsúltet jam Angélica turba cœlórum: exsúltent divina mystéria: et pro tanti Regis victória tuba ínsonet salutáris. Gáudeat et tellus tantis irradiáta fulgóribus: et ætérni Regis splendóre illustráta, totíus orbis se séntiat amisísse calíginem. Lætétur et mater Ecclésia, tanti lúminis adornáta fulgóribus: et magnis populórum vócibus hæc aula resúltet. Quaprópter astántes vos, fratres caríssimi, ad tam miram hujus sancti lúminis claritátem, una mecum, quæso, Dei omnipoténtis misericórdiam invocáte. Ut, qui me non meis méritis intra Levitárum númerum dignatus est aggregáre: lúminis sui claritátem infúndens, Cérei hujus laudem implére perfíciat. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium suum: qui cum eo vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus: Per ómnia sǽcula sæculórum.
℞. Amen.
   
℣. Dóminus vobíscum. 
℞. Et cum Spíritu tuo. 
℣. Sursum corda. 
℞. Habémus ad Dóminum. 
℣. Grátias agámus Dómino Deo nostro.
℞. Dignum et justum est. 
   
Vere dignum et justum est invisibilem Deum Patrem omnipoténtem Filiúmque ejus unigénitum, Dóminum nostrum Jesum Christum, toto cordis ac mentis afféctu et vocis ministério personáre. Qui pro nobis ætérno Patri Adæ débitum solvit: et véteris piáculi cautiónem pio cruóre detérsit. Hæc sunt enim festa paschália, in quibus verus ille Agnus occíditur, cujus sánguine postes fidélium consecrántur. Hæc nox est, in qua primum patres nostros, fílios Israël edúctos de Ægýpto, Mare Rubrum sicco vestígio transíre fecísti. Hæc ígitur nox est, quæ peccatórum ténebras colúmnæ illuminatióne purgávit. Hæc nox est, quæ hódie per univérsum mundum in Christo credéntes, a vítiis sǽculi et calígine peccatórum segregátos, reddit grátiæ, sóciat sanctitáti. Hæc nox est, in qua, destrúctis vínculis mortis, Christus ab ínferis victor ascéndit. Nihil enim nobis nasci prófuit, nisi rédimi profuísset. O mira circa nos tuæ pietátis dignátio! O inæstimábilis diléctio caritátis: ut servum redímeres, Fílium tradidísti! O certe necessárium Adæ peccátum, quod Christi morte delétum est! O felix culpa, quæ talem ac tantum méruit habére Redemptórem! O vere beáta nox, quæ sola méruit scire tempus et horam, in qua Christus ab ínferis resurréxit! Hæc nox est, de qua scriptum est: Et nox sicut dies illuminábitur: Et nox illuminátio mea in deliciis meis. Hujus ígitur sanctificátio noctis fugat scélera, culpas lavat: et reddit innocéntiam lapsis et mæstis lætítiam. Fugat ódia, concórdiam parat et curvat impéria.
  
Hic Diaconus infigit quinque grana incensi benedicti in Cereo m modum crucis, hoc ordine:
  
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3 
   
In hujus ígitur noctis grátia, súscipe, sancte Pater, incénsi hujus sacrifícium vespertínum: quod tibi in hac Cérei oblatióne sollémni, per ministrórum manus de opéribus apum, sacro sancta reddit Ecclésia. Sed jam colúmnæ hujus præconia nóvimus, quam in honórem Dei rútilans ignis accéndit.
   
Hic Diaconus accendit Cereum cum una ex tribus candelis in arundine positis. 
Qui licet sit divísus in partes, mutuáti tamen lúminis detriménta non novit. Alitur enim liquántibus ceris, quas in substántiam pretiósæ hujus lámpadis apis mater edúxit [1].
   
Hic accenduntur lámpades. 
O vere beáta nox, quæ exspoliávit Ægýptios, ditávit Hebrǽos! Nox, in qua terrenis cœléstia, humánis divína jungúntur. Orámus ergo te, Dómine: ut Céreus iste in honórem tui nóminis consecrátus, ad noctis hujus calíginem destruéndam, indefíciens persevéret. Et in odórem suavitátis accéptus, supérnis lumináribus misceátur. Flammas ejus lúcifer matutínus invéniat. Ille, inquam, lúcifer, qui nescit occásum. Ille, qui regréssus ab ínferis, humáno géneri serénus illúxit.
  
Precámur ergo te, Dómine: ut nos fámulos tuos, omnémque clerum, et devotíssimum pópulum: una cum beatíssimo Papa nostro N., et Antístite nostro N. (In Sede vacante ommititur hanc verba, et sequitur), quiéte témporum concéssa, in his paschalibus gáudiis, assídua protectióne régere, gubernáre et conserváre digneris.  
  
Réspice étiam ad Cathólicum (Si non est coronatus, dicatur: eléctum) Régem nostrum N. [2], cujus tu, Deus, desidérii vota prænóscens, ineffábili pietátis et misericórdiæ tuæ múnere, tranquíllum perpétuæ pacis accómmoda: et cœléstem victóriam cum omni pópulo suo. Per eúndem Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus: per ómnia sǽcula sæculórum. 
℞. Amen.

TRADUCCIÓN (Tomada de Manual del Cristiano en cinco libros, tomo I, libro II. Pinto, imprenta de Gabriel Alhambra, 1866).
Den saltos de júbilo las tropas celestiales de los ángeles: celébrense con gozo los divinos misterios y resuene la trompeta saludable por la victoria de tan grande Rey. Regocíjese la tierra ilustrada de tanta luz: e iluminada por los rayos del Rey eterno conozca haberse disipado las tinieblas de todo el orbe. Alégrese tambien nuestra Madre la Iglesia adornada de los resplandores de tan grande luz, y resuenen en este templo las voces de todo el pueblo. Por esto, hermanos carísimos, que asistís a tan admirable claridad de esta santa luz, ruégoos que invoquéis conmigo la piedad de Dios omnipotente, para que, ya que se dignó admitirme sin algun mérito mío en el número de los Levitas, derrame los rayos de su luz, y me conceda publicar las alabanzas de este cirio. Por nuestro Señor Jesucristo su Hijo, que siendo Dios vive y reina con Él en unidad del Espíritu Santo. Por todos los siglos de los siglos. Amén.
   
℣. El Señor sea con vosotros. 
℞. Y con tu espíritu.
   
℣. Elevad los corazones. 
℞. Los tenemos hacia el Señor.
   
℣. Demos gracias a Dios nuestro Señor. 
℞. Digno y justo es.

Verdaderamente es digno y justo juntar todo el afecto del corazón con el sonido de la voz para alabar al Dios invisible, Padre omnipotente, y a su Unigénito Hijo nuestro Señor Jesucristo, que pagó por nosotros al Padre Eterno la deuda de Adán: y con su piadosa Sangre borró la caución del primer pecado. Estas son, pues, las fiestas de la Pascua, en que es inmolado aquel verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles. Esta es la noche, Señor, en que en otro tiempo sacando de Egipto a los hijos de Israel, nuestros padres, los hiciste pasar el mar Rojo a pie enjuto. Esta pues, es la noche que disipó las tinieblas de los pecados por la luz de una columna. Esta es la noche que hoy por todo el mundo, a los que creen en Jesucristo, apartados de los vicios del siglo, y de las tinieblas del pecado, los vuelve a la gracia, y junta con los Santos. Esta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, subió Jesucristo victorioso de los infiernos, pues de nada nos serviría haber nacido, si Jesucristo no nos hubiese redimido. ¡Oh admirable efusión de tu piedad sobre nosotros! ¡Oh inestimable exceso de caridad! Para redimir al esclavo, entregaste tu Hijo. ¡Oh pecado de Adán, ciertamente necesario, que con la muerte de Cristo fue borrado! ¡Oh culpa feliz, que mereció tener tal y tan grande Redentor! ¡Oh noche, en verdad dichosa, que sola mereció saber el tiempo y la hora en que Cristo resucitó del sepulcro! De esta noche está escrito: y la noche será tan clara como el día: y la noche resplandecerá para alumbrarme en mis delicias. La santidad pues, de esta noche ahuyenta los pecados, lava las culpas, vuelve la inocencia a los pecadores, y a los tristes la alegría. Apaga los odios, da la paz, y sujeta los imperios.

Aquí el Diácono pone los cinco granos de incienso bendito en el cirio en forma de cruz:
  
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Pues en reverencia de esta noche, recibe, Padre Santo, el sacrificio vespertino de este incienso que la sacrosanta Iglesia te ofrece por manos de sus ministros, en la solemne oblación de este cirio, cuya materia labraron las abejas. Mas ya conocimos las glorias de esta columna, que a honra de Dios va a encender un fuego brillante.

Aquí el Diácono enciende el cirio con una de las tres velas que están en la caña.

El cual, aunque dividido en partes, nada pierde en la comunicación de su luz. Pues se alimenta de la cera derretida, que sacó la madre abeja para sustancia de esta preciosa llama.

Aqui se encienden las lámparas.

Oh noche ciertamente feliz, que despojó a los Egipcios, y enriqueció a los Hebreos. Noche en que el cielo se unió con la tierra, y Dios con los hombres. Suplicámoste, pues, Señor, que este cirio consagrado en honor de tu nombre, persevere ardiendo, para disipar las tinieblas de esta noche. Y recibido en olor de suavidad, se incorpore con las celestiales lumbreras. El lucero de la mañana lo halle encendido. Aquel lucero que no tiene ocaso. Aquel que volviendo de los infiernos, derramó una clara luz sobre el género humano. Rogámoste, pues, Señor, que a nosotros tus siervos, a todo el clero, y al devotísimo pueblo, con nuestro Santísimo Padre el Papa N. y nuestro Prelado N., dándonos la paz en nuestros dias, te dignes en los gozos de esta Pascua regirnos, gobernarnos y conservarnos con tu continua proteccion. Mira, oh Dios con benignidad a nuestro católico Rey N. (Si no está coronado, decir: a nuestro católico Rey electo N.); y pues conoces sus votos y deseos, concédele por un don inefable de tu piedad y misericordia la tranquilidad de una perpétua paz, y una victoria celestial con todo su pueblo. Por el mismo nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que siendo Dios vive y reina contigo en unidad del Espiritu Santo, por todos los siglos de los siglos. 
℞. Amén.

NOTAS
[1] Después de este verso, seguían estos versos:
«Apis cœ́teris, quæ subjécta sunt hómini animántia antecéllit, cum sit mínima córporis parvitáte, ingéntes ánimos angústo versat in péctore. Víribus imbecílla, sed fortis ingénio. Hæc exploráta témporum vice cum caníciem pruinósa hibérna posuérint, et glaciále sénium verni témporis moderáta detérserit, statim prodéundi ad lábores cura succédit, dispérsaque per agros, librátis páululum pínnibus, crúribus suspénsis ínsidunt. Partem ore legére flósculos onerátæ victuálibus suis ad castra rémeant; íbique áliæ inæstimábili arte céllulas tenáci glutíno ínstruunt. Áliæ liquéntia mella stipant: áliæ vertunt flores in cera: áliæ ore natos fingunt: áliæ colléctis e fóliis nectar inclúdunt. O vere beáta et admirábilis apis, cujus nec sexum másculi víolant, fœtus non quássant, nec fílii déstruunt castitátem! Sic sancta concépit virgo María, virgo péperit, et virgo permánsit» (Entre los animales sujetos al hombre, la abeja los precede, pues aunque su cuerpo es muy pequeño, ingente ánimo alberga en su angosto pecho. Ella es débil de fuerza, pero de fuerte ingenio. Ella, después de haber explorado los cambios de las témporas, cuando el gélido invierno deja de blanquear y después el clima moderado de la primavera borra el glacial sopor, enseguida siente la preocupación de salir a trabajar; y las abejas se dispersan por los campos, agitando ligeramente las alas, se posan apenas con las ágiles patas para recoger con la boca las pequeñas flores del campo y cargar su alimento, regresando a su ciudad, y aquí algunas, con inestimable arte, construyen celdas con pegajosa goma. Otras comprimen la líquida miel, otras convierten las flores en cera; otras forman a los hijos con su boca, y otras almacenan el néctar recogido de las plantas. ¡Oh abeja verdaderamente bienaventurada y admirable, cuyo sexo no viola el varón, y cuya castidad ni golpea el feto, ni los hijos destruyen! Así concibió la Virgen Santa María, que siendo virgen dio a luz, y virgen permaneció).

Después de la reforma por el Concilio de Trento, se conservó solamente en el Misal carmelita y en el Misal bracarense.
[2] Por privilegio concedido a España, la mención del Emperador se sustituía con la del Rey. Aún así, en los países donde hay gobierno republicano, se sustituye por Rempúblicam et gobiérnum ejus.

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