«Cristo ascendió cuarenta días después de su resurrección. ¿Por qué esperó tanto? Para mostrarse vivo tras su pasión, superando numerosas pruebas; para establecer la comunidad cristiana; para entregar al apóstol Pedro las llaves y el timón de la Iglesia; para instituir el sacramento de la penitencia y los demás que aún quedaban; para instruir a los apóstoles y prepararlos para la venida del Espíritu Santo; y, finalmente, para recomendarnos con mayor intensidad su caridad y humildad. En efecto, estas virtudes brillaron con mayor esplendor en el Señor en aquellos últimos días, cuando ya vivía la vida de los ángeles no solo en espíritu sino también en cuerpo, y aun así conversaba con frecuencia y gran familiaridad con sus discípulos, hombres mortales y humildes».
SAN ROBERTO BELARMINO. Ópera ómnia, Tomo IX. París, Editora Luis Vives 1872, pág. 237

Euntes in mundum universum, prædicate Evangelium omni creaturæ. Qui crediderit et baptizatus fuerit, salvus erit: qui vero non crediderit, condemnabitur. (Marc. 16, 15-16).
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