Páginas

domingo, 23 de mayo de 2021

MES DE MARÍA, POR EL PADRE FRANCISCO PALAU - DÍA VIGESIMOTERCERO

Dispuesto por el Bienaventurado Francisco de Jesús, María y José (en el siglo Francisco Palau y Quer) OCD, Misionero Apostólico, y publicado en Ibiza por la imprenta de Ramón Vidal en 1861. Licencia otorgada por D. Rafael Oliver y Rivas, Gobernador Eclesiástico y Vicario capitular de Ibiza, el 23 de Septiembre de 1861.
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN.
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador Padre, Redentor mío. Por ser Tú quien eres, Bondad infinita, y porque te amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. También me pesa que puedas castigarme con las penas del infierno. Ayudado de tu divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
   
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS.
Bellísima y habilísima Jardinera, aquí tenéis a vuestros pies un corazón convertido por sus culpas en bosque lleno de espinas y abrojos, donde tienen sus madrigueras y hacen sus crías las pasiones más feas y vergonzosas: a vuestras órdenes están millares de operarios pendientes de vuestros labios, que esperan les mandéis arrancar de él todo lo malo y todo lo vicioso, y sembrar y plantar lo santo, lo bueno y lo virtuoso. Yo os entrego, yo os doy el terreno de mi alma; mandad, Señora del mundo, mandad, Reina de los Ángeles, y será transformado en un paraíso de delicias para Vos y Vuestro Hijo; mandadlo, y vuestras órdenes serán fielmente ejecutadas. Yo os prometo que cooperaré a mi conversión con santos propósitos y firmes resoluciones; mas ¡ay!, éstas serán estériles si Vos no las fecundáis. Yo soy una tierra árida, seca, consumida y abrasada por los ardores de mi concupiscencia; en vuestras manos están las llaves de aquella fuente cristalina y pura cerrada por mis culpas… abrid los favores y las gracias y los dones del cielo correrán a torrentes sobre mí. Yo soy un huerto sin muros abierto a todas las ilusiones del ángel malo, al mundo y a sus vanidades. Yo os constituyo su guardiana, protegedme y amparadme. 
   
Vos, oh amabilísima Hortelana, me pedís durante todo este mes flores y yerbas aromáticas, ramilletes, guirnaldas y coronas, ¡ay de mí! En mi alma no hay otra cosa que confusión, desorden, vergüenza, espinas y un bosque desarreglado. Señora, ordenadle, cultivadle, sembrad en él la semilla de todas las virtudes; plantad en él esas flores que buscáis, ponedlas en orden según sus especies. Aquí estoy, vuestra propiedad soy, no me opondré, no resistiré, sino que cooperaré a la obra santa que en estos días, dedicados a vuestra gloria y al bien de mi alma, Vos os proponéis hacer; principiadla, perfeccionadla y acabadla. Yo os ofrezco estos ejercicios a honra vuestra y a la gloria de vuestro Hijo. Amén.
  
DÍA VIGESIMOTERCERO
  
    
MEDITACIÓN
   
I. Violas simple y doble, color blanco
El que contemple atentamente la viola blanca doble y la sencilla verá en la primera todas las cualidades de una verdadera flor, con la circunstancia de presentarse la primera abierta a nuestra vista. Cándida como la nieve, apiñadas sus flores en muchos ramos, abundante, duradera, no delicada, bella y de unos perfumes aromáticos muy gratos al olfato.
   
¿Quién no ve aquí?
   
II. La castidad y la virginidad
La viola blanca simple nos enseña la castidad, y la doble la virginidad. La castidad sigue todos los estados considerada en sentido común, esto es, dentro de las reglas de la templanza. El soltero y soltera han de ser castos, como también el casado y la casada, el viudo y la viuda. La viola blanca doble tiene su castidad en la candidez de su flor: ésta es pura como la luz, blanca como un bollo de nieve: es virgen y madre. ¿En qué? Es virgen, no tiene semilla, sino flor, y cuando una flor cae, va a producir como la sencilla semilla: pero ¡oh prodigio de la naturaleza!, una flor produce otra flor: de una flor sale otra y de ésta otra. Una virginidad concibe, y su semilla es una flor y no una planta sino una virginidad, y la Madre virgen es pura y no pierde en el parto su pureza. Si la viola virgen, cual es la doble, se acerca a otra sencilla, toca sus raíces y la fecundiza, esto es, le da virtud para producir violas vírgenes como ella, violas dobles, violas cuyas flores dan por semilla otra flor. ¿Quién no ve aquí la virginidad, la maternidad y la fecundidad en un mismo ser?

III. La castidad y la virginidad de María
María virgen, como la viola blanca doble, concibió una flor: nació esta flor y fue virgen Jesús como su Madre; y la Madre no perdió su pureza ni en la concepción ni en el parto. María era hija de Dios virgen. María fue hija de una virginidad y sin perder jamás su pureza, produjo otra virginidad y en la fecundidad de madre quedó siempre virgen.

IV. La castidad y virginidad a María
Examina bien tu jardín y mira cómo están las violas de color blanco. Hoy la Madre virgen te pide, como emblema de tu castidad, un ramillete de violas. Si no tienes de dobles, dale las sencillas, y dile:

PRESENTACIÓN DE LA PUREZA
ORACIÓN. Madre virgen la más pura entre las criaturas, recibid este ramo en flor: os doy un corazón resuelto, determinado y dispuesto a guardar castidad dentro de las reglas de la templanza y de las leyes de mi estado o profesión: recibid, purísima doncella, recibid esta mi flor, y a vuestro maternal cuidado confío la planta destinada a producirla: cuidadla bien.
        
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Preferiblemente, los comentarios (y sus respuestas) deben guardar relación al contenido del artículo. De otro modo, su publicación dependerá de la pertinencia del contenido. La blasfemia está estrictamente prohibida. La administración del blog se reserva el derecho de publicación (sin que necesariamente signifique adhesión a su contenido), y renuncia expresa e irrevocablemente a TODA responsabilidad (civil, penal, administrativa, canónica, etc.) por comentarios que no sean de su autoría.