Finalizando el funeral del obispón de Caserta (Italia) Raffaele Nogaro Venier (foto) en la catedral de San Miguel Arcángel de esa ciudad el día 9 de Enero, se entonó el “Bella Ciao”, el no-himno de los partisanos, mientras su féretro era llevado a hombros de migrantes.
Nogaro (ordenado sacerdote el 29 de Junio de 1958 por el arzobispo Giuseppe Zaffonato con el Rito Romano tradicional, “instalado” obispón el 9 de Enero de 1983 por el arzobispón Alfredo Battisti con el rito montini-bugniniano) era un consentido de la prensa izquierdista seglar y eclesiástica italiana por su apoyo a los migrantes, el pacifismo y su lucha contra la Camorra, ganándose los apelativos de “obispo incómodo” o “pastor de los pobres”. Pero también será recordado como uno de los obispones producto del Vaticano II porque en sus diócesis de Sessa Aurunca y Caserta, mientras se entronizaba el activismo, se vaciaban progresivamente de vocaciones, práctica religiosa y sentido de lo sagrado. Y su funeral es la imagen clara de una iglesia moribunda, colocada, de rodillas (y no para rezarle) al mundo, y sin identidad. Porque tal es, mal que les pese a algunos.

Ese man ya estaba muerto, nomas no sabía
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