Mostrando entradas con la etiqueta Corrupción Moral. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Corrupción Moral. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de septiembre de 2026

Y POR ESPAÑA, ¿QUÉ TAL LES VA, Y POR QUÉ MAL?

Noticias tomadas de distintas fuentes.

1.º EL NUEVO MAPA RELIGIOSO DE ESPAÑA: LOS ATEOS SUPERAN A LOS “CATÓLICOS PRACTICANTES”, QUE YA SON MUY ANCIANOS (Fuente: INFOVATICANA).
  

España registra un nuevo indicador del avance de la secularización. El 17,1% de los españoles se declara ateo, frente al 15,9% que se define como católico practicante, según el Barómetro de septiembre de 2026 del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). La encuesta, realizada sobre una muestra de 4.042 personas, sitúa así a los ateos 1,2 puntos por encima de los católicos practicantes.

El dato, sin embargo, no significa que los ateos sean más numerosos que los católicos en España. Otro 38,5% se define como católico no practicante, por lo que practicantes y no practicantes suman el 54,4% de los encuestados. A ellos se añaden un 3,2% de creyentes de otras religiones, mientras los agnósticos representan el 12,2% y los indiferentes o no creyentes, el 11,3%.

El 17,1% se declara ateo y el 15,9% católico practicante
La clasificación procede de una pregunta de autodefinición. El CIS pregunta directamente al entrevistado si se considera «católico/a practicante, católico/a no practicante, creyente de otra religión, agnóstico/a, indiferente o no creyente, o ateo/a». No establece, por tanto, un criterio previo de asistencia a Misa para decidir quién pertenece a la categoría de católico practicante.

La distribución completa deja ver la magnitud de la distancia entre identidad católica y práctica religiosa. De los 4.042 entrevistados, 642 se declararon católicos practicantes y 1.556 católicos no practicantes, frente a 692 ateos, 495 agnósticos, 458 indiferentes o no creyentes y 129 creyentes de otras religiones.

El barómetro ofrece también una marcada diferencia según la autoubicación ideológica. Entre quienes se sitúan en el extremo izquierdo de la escala, el 28,6% se declara ateo y el 8% católico practicante. En el extremo derecho, los porcentajes son del 9,9% y del 47,6%, respectivamente.

Más de la mitad de los creyentes no va nunca o casi nunca a Misa
El CIS pregunta posteriormente a quienes se han definido como católicos o creyentes de otra religión por su asistencia a Misa u otros oficios religiosos, excluyendo bodas, comuniones, funerales y otras ceremonias de carácter social. Sobre ese grupo de 2.327 personas, el 26,2% responde que nunca acude y otro 26,4% que lo hace casi nunca. El 23,6% asiste varias veces al año y el 8,8%, dos o tres veces al mes. Solo un 10,4% dice acudir todos los domingos y festivos y un 3,8%, varias veces por semana.

El desglose por identificación religiosa resulta especialmente significativo. Entre quienes se autodefinen como católicos practicantes, el 33,4% afirma acudir todos los domingos y festivos y el 10,3% varias veces por semana. Otro 22,9% lo hace dos o tres veces al mes y un 23,7%, varias veces al año. Incluso dentro de este grupo, un 3,6% reconoce no acudir nunca y un 5% casi nunca.

Entre los católicos no practicantes, por el contrario, el 34,8% no asiste nunca y el 35,8% casi nunca. Apenas el 1% afirma acudir todos los domingos y festivos.

Los católicos practicantes tienen un perfil más envejecido
La edad muestra otra diferencia considerable entre los distintos grupos. Los mayores de 75 años constituyen el 27% de todos los encuestados que se declaran católicos practicantes, pese a representar el 13,5% de la muestra total. Entre los ateos, ese grupo de edad supone únicamente el 5,6%.

La relación se invierte entre los más jóvenes. Las personas de 18 a 24 años representan el 7% del conjunto de católicos practicantes y el 12,5% del conjunto de ateos. Entre los 25 y 34 años, los porcentajes son del 7,4% y del 16,4%, respectivamente.

El nuevo barómetro dibuja, por tanto, una España en la que la identidad católica continúa siendo mayoritaria, pero con una brecha considerable entre pertenencia y práctica.
  
2.º ARZOBISPADO DE BARCELONA CEDE PARROQUIA PARA CONCIERTO CHAMÁNICO (Fuente: EL DEBATE).
   

«Que nos hayan concedido este espacio es realmente extraordinario y poco común». Kuyay Santosha es, al menos, honesta en una de sus últimas publicaciones en Instagram donde anuncia que la iglesia de San Pablo del Campo, en el barcelonés –y castigado– barrio del Raval, le ha abierto sus puertas para que esta noche dé un concierto con el que, asegura, puede sanar enfermedades. «Son cantos que funcionan como rezos u ofrendas para propiciar la sanación y la introspección», asegura.
  
La voz de alarma la ha dado el portal Germinans Germinabit, que sigue más puntualmente el ritmo de la Iglesia en Cataluña. Y es que, para conseguir el permiso que ha sorprendido a la propia Kuyay Santosha, la artista ha tenido que acudir al párroco responsable de esa iglesia, «el sacerdote Joan Cabot, el que tiene un montón de cargos diocesanos, a pesar de sus posicionamientos públicos contra el Magisterio de la Iglesia y su compromiso con los postulados de los movimientos de defensa de los llamados derechos de los colectivos homosexuales», afirma el digital catalán.

Se trata, por tanto, de un templo que depende del arzobispado de Barcelona, pastoreado por el cardenal Juan José Omella, y que acogerá esta noche el «concierto ritual» de esta «compositora, cantora y terapeuta musical especializada en la música medicina y los sonidos curativos orientados a la conexión espiritual». Todo esto, por supuesto, con su consabido rebozo orientalista, Nueva Era, chamánico, tántrico y de «alineamiento de energías». «Estoy aquí para compartir esta Medicina contigo», asegura en su web.
  
«Una bruja chamánica»
«Una bruja chamánica en la parroquia de Cabot», titula Germinans Germinabit, que aclara que no emplea ese término «como un insulto, sino solo como definición de una persona que dice tener unos poderes extraordinarios de curar y sanar a través de su música, que cataloga de medicina». «Para ello utiliza, entre otros instrumentos, ancestrales el tambor chamánico», prosigue.

Según el portal, «en esa parroquia no hay misa durante la semana, y solo una misa el domingo». «Así funcionan las parroquias de Cabot, como ya demostró en su etapa al frente de las parroquias de Poble Sec, donde las celebraciones eucarísticas se fueron reduciendo hasta casi la mínima expresión», denuncia el conocido portal catalán.

«Las Misas se van suprimiendo, las parroquias quedan para actividades culturales y políticas, pero es que este espectáculo del próximo viernes está en total contradicción con nuestra fe, por mucho que Cabot, gran defensor de una Iglesia multicultural, multirreligiosa, lgtbiera (sic), y nada católica, diga que esa espiritualidad, New Age y de dudosa credibilidad como curandera, es compatible con nuestra religión», subraya.

El portal hace otra observación interesante: «A estos sacerdotes, que reniegan de las apariciones de la Virgen y de los milagros de los santos, les parece la mar de normal que una señora con su música de instrumento chamánico cure a las personas». «En el fondo es aquello de que todo lo que no es católico es bien acogido en las iglesias de Cabot», sentencia.

A pesar de lo sofisticado de su nombre artístico, Kuyay Santosha nació en Barcelona hace 52 años. En su web se ofrece para «transformarte a través de la medicina de las artes del corazón». Todo expresado en un lenguaje farragoso, mesiánico, oscuro y pseudomístico. «Ella crea un espacio seguro donde, a través del movimiento consciente, la danza libre y la activación de la voz, te invita a escuchar profundamente a tu cuerpo, a habitarte más plenamente, a alinear tu energía y a reconectarte con tu verdad interior, creando las condiciones para expresar, celebrar y manifestar tu potencial», concluye. Un potencial nada cristiano que, esta noche, desplegará en un templo católico de Barcelona.

viernes, 18 de septiembre de 2026

EL INVIERNO ECLESIAL EN FRANCIA

Noticias tomadas de distintas fuentes.
  
1.º LA ARCHIDIÓCESIS DE LILA SE RECORTA EN UN 67%
  

El arzobispón Laurent Jean Marie Le Boulc’h anunció a finales de Agosto que la archidiócesis de Lila (Francia) pasará de contar con 106 parroquias a solo 30, y de 14 decanatos a 5, informó Tribune Chretiénne.
   
Las consultas se prolongarán hasta 2026, y está previsto que los nuevos límites se establezcan en 2027 y se pongan en práctica en el verano de 2028.
   
Esta reestructuración de gran envergadura se presenta como parte de la «renovación misionera» de la archidiócesis lanzada en 2025.
  
  

Las Hermanas de la Visitación se preparan para abandonar Nevers (Francia) después de más de cuatro siglos, informó Tribune Chretiénne.
  
Las hermanas restantes están vaciando su monasterio. Muebles, vajilla, mesas, armarios y otras pertenencias se venden en dos ventas “vide-couvent”, el 12 y 19 de Septiembre.
  
La partida sigue a una fuerte disminución en los números de vocaciones. A principios de 2025 solo quedaban cuatro monjas. El 15 de Marzo de 2025 se fueron dos hermanas ancianas, una a Thonon-les-Bains y la otra a Paray-le-Monial En ese momento, Sor Marie-Odile Blanchard, una de las dos monjas que quedaban, subrayó que esto no significaba aún el cierre, bromeando que los ornamentos morados de los sacerdotes «no eran los de un funeral» (recuérdese que en el Novus Ordo ya no usan ornamentos negros para el Réquiem).
  
Dieciocho meses después, la disposición del contenido del convento señala la partida inminente de la comunidad.
  
La fecha exacta en la que las últimas hermanas se irán no ha sido anunciada, ni tampoco el futuro del edificio.
  
La Orden de la Visitación de Nuestra Señora fue fundada en Annecy en 1610 por San Francisco de Sales y Santa Juana de Chantal. Las Visitandinas establecieron un monasterio en Nevers en 1620, convirtiéndolo en una de las primeras fundaciones de la orden.
  
La Revolución, la represión, el exilio y los traslados interrumpieron la presencia visitandina en Nevers.
  
La comunidad actual regresó a Nevers en 1935, y se trasladó al edificio actual sito en el número 49 de la Ruta de los Saucedales en 1993.
  
Un monumento superviviente de las primeras Visitandinas permanece en el centro de Nevers: la capilla de Santa María, construida entre 1639 y 1643, y hoy la única parte superviviente del antiguo convento de la Visitación.

¿Y ASÍ CREEN LOS “RECONOCER Y RESISTIR” (Y LOS “MATERIÁLITER”) QUE SON OBISPOS VÁLIDOS?

Noticas tomadas de GLORIA NEWS.

  

León XIV Riggitano-Prévost nombró el 17 de Septiembre al obispón Brendan John Cahill Dempsey, de 62 años, como el nuevo obispón de Joliet (Illinois) en remplazo de Ronald Aldon “Ron” Hicks Baer, que fue trasladado a Nueva York hace siete meses.
 
Nacido en Coral Gables (Florida), su familia se mudó a Houston en 1971, donde han residido desde entonces. “Instalado” presbítero el 19 de Mayo 1990 para la archidiócesis de Galveston-Houston por el arzobispón Joseph Anthony Fiorenza Galiano († 2018), ha sido obispón de la Diócesis de Victoria (Texas) desde su “instalación” el 29 de Junio de 2015 por el cardenal Daniel Nicholas DiNardo Green.

En Mayo de 2021, el tercero de los cinco hijos de Joseph Michael “Joe” Cahill († 2018) y Mary Joan Dempsey se unió a otros 67 obispomes estadounidenses para instar al presidente de la USCCB, el arzobispón José Horacio Gómez Velasco, a detener la discusión sobre la “dignidad eucarística”. Se trataba de negar la “Santa Comunión” a los políticos abortistas como el entonces presidente Joseph Robinette “Joe” Biden Finnegan.
 
El esfuerzo de la carta fracasó externamente mientras los obispones procedían con el debate. Pero la confrontación nacional sobre la “Comunión” para los políticos pro-aborto nunca se materializó.
  
Los obispones del otro lado de la disputa, incluidos los arzobispones Samuel Aquila y Salvatore Joseph Cordileone Giardina, criticaron públicamente la carta.
  
En Noviembre de 2025, el obispón Cahill le dijo a National Catholic Reporter que está “convencido de la no violencia”: «creo en Martin Luther King».
  
Similitudes con los protestantes
Al hablar del ecumenismo en 2023, Cahill dijo que los católicos «son hijos del Concilio Vaticano II».
  
Él trabaja con protestantes, ortodoxos y cristianos no confesionales porque «compartimos un vínculo en Jesucristo» y «Podemos hablar de nuestras diferencias, pero nos damos cuenta de que nuestras similitudes en Jesucristo son mayores que eso».
  
La inmigración es su causa más prominente
  
Además, ha trabajado como presidente de la “Comisión de Migración” de los obispones estadounidenses desde Noviembre de 2025.
  
El obispón Cahill ha insistido en una campaña de Noviembre de 2025 que «la dignidad humana no depende del estatus migratorio»: «Está dada por Dios y no se puede quitar». 

Y le dijo a las familias inmigrantes: «La Iglesia los ve, se preocupa por ustedes, y está con ustedes como hijos de Dios».
 
En Diciembre de 2025, describió a los obispones como unidos en su oposición a la “deportación masiva indiscriminada”. Cuando la administración estadounidense propuso una expansión masiva de la detención de inmigrantes, advirtió que «la idea de mantener a miles de familias en enormes almacenes debería desafiar la conciencia de todos los estadounidenses».
  
Lado “conservador”
Hay evidencia contradictoria: la diócesis de Cahill, Victoria, dirigió a los católicos que experimentaban atracción homosexual al grupo conservador ‘Courage’ para superar estas tentaciones.
  
Él asistió personalmente al Rally por la Vida de Texas 2023.
  
Su espiritualidad incluye la adoración eucarística, la consagración mariana, el rosario, la confesión y la Legión de María.
  
En una charla de 2021 a una audiencia conservadora, dijo: «Es bueno para nosotros hablar sobre el infierno. Es una posibilidad».
  
También pasó años celebrando misas para las Misioneras de la Caridad.
  
Felicitaciones desde el lado equivocado
El prominente columnista izquierdista de National Catholic Reporter, Michael Seán Winters, un crítico frecuente de las corrientes conservadoras, reaccionó favorablemente cuando Cahill fue nominado para presidir el Comité de Doctrina de la USCCB en 2020. Al llamar a Cahill y a su oponente, el obispón Daniel Ernesto Flores Dilley (de Brownsville), “dos buenas opciones”, Winters agregó: «También he escuchado cosas buenas sobre Cahill». Flores ganó.
  
Antes de las elecciones de la USCCB de 2024, Winters volvió a escribir positivamente sobre Cahill, señalando que había trabajado en inmigración con sus colegas obispones de Texas “durante años”.
  
  

El 15 de Septiembre, León XIV Riggitano-Prévost nombró a Michael Arsenio Saporito Rosanía, de 64 años, como nuevo obispón de Metuchen (Nueva Jersey), en reemplazo de James Francis III Checchio Galanaugh (otro “sobrino” de McCarrick), que había sido promovido a Nueva Orleans.
  
Saporito, de 64 años, es actualmente obispón titular de Luperciana (actual Henchir-Tebel, cerca de Keruán, Túnez) y auxiliar de la archidiócesis de Newark.
 
Conexión institucional con McCarrick
Nacido en Newark el 3 de Mayo de 1962 como el tercero de los siete hijos de los difuntos Arsenio C. “Arsie” Saporito († 2007) y Anna M. Rosanía († 2009), Michael entró en el seminario de la Inmaculada Concepción en la Universidad Seton Hall en 1987. El 30 de Mayo de 1992, el arzobispón Theodore McCarrick lo “instaló” presbítero.

En 1999, el homosexual McCarrick elevó al joven presbítero Saporito como subdirector de vocaciones.
  
Fundación del Ministerio Homosexual en la Parroquia
Durante el mandato de Saporito como pastor de la Iglesia de San José en Maplewood (2004-2011), la parroquia empleó a un hombre abiertamente homosexual como su director de tiempo completo de música y liturgia. Dijo que reveló la relación antes de ser contratado.
  
Además, como párroco de San José, Saporito fundó un grupo para homosexuales llamado “Ministerio Brazos Abiertos”. Un informe de 2011 señaló que el abrazo de la parroquia a los homosexuales vino bajo Saporito: «Sobre todo, según los feligreses, Saporito, a través de palabras y hechos, enfatizó abrazar la diversidad». Un ejemplo es una reunión parroquial periódica para los católicos homosexuales.
  
El ministerio homosexual “Brazos Abiertos” ha continuado después de que Saporito dejó la parroquia en 2011 hasta hoy. El sucesor fue anfitrión de Eucaristías del Orgullo y Rosarios del Arco Iris.
  
Uno de los obispones estadounidenses más pro-homosexuales
Francisco Bergoglio nombró a Saporito como obispón auxiliar de Newark el 27 de Febrero de 2020, lo que se convirtió en un escándalo en los medios católicos.

Su “instalación”, que estaba programada para el 5 de Mayo de ese año, fue pospuesta para el 30 de Junio a causa de la covidhisteria, y presidida por el cardenal Joseph William Tobin Kerwin C. Ss. R.
   
En Abril de 2026, el grupo homosexual “Ministerio Nuevos Caminos” informó que el obispón Saporito participó en sus reuniones cerradas de adoctrinamiento homosexual y transgénero.
  
Saporito se jactó de ello: «Ciertamente me sentí enriquecido por el intercambio de historias personales e información que se ofreció. Tuve muchas preguntas respondidas y todavía necesito tiempo para aprender más».
  
El “Ministerio Nuevos Caminos” dijo que esas reuniones de dos días, que comenzaron en 2023, tenían la intención de “educar” a los obispones sobre cuestiones homosexuales, y 17 obispones participaron. Los temas incluyeron teología moral, ideología de género, cuestiones de empleo, políticas escolares, presbíteros gais / monjas lesbianas.
  
Solo unos pocos obispones (incluyendo a Saporito) quisieron ser revelados como participantes.
  
El Vaticano lo sabe
El informe de 2026 fue traducido en varios idiomas, incluso por canales oficiales de la iglesia como KNA en Alemania.
  
Dado que el personal es política, el ascenso de hoy difícilmente puede ser visto como algo más que un respaldo papal a la ideología homosexual.

  

El 14 de Septiembre, León XIV Riggitano-Prévost nombró al obispón Pedro Luis Fuentes Valencia CP, de 58 años, como Ordinario Castrense para Bolivia.
 
El obispón pasionista ha servido como administrador apostólico del Ordinariato Militar desde 2022, junto con sus funciones como obispón titular de Temuniana (posiblemente Henchir-Temunia, Túnez) y auxiliar de la archidiócesis de La Paz.
  
“Instalado” presbítero el 19 de Junio de 2004 y obispón el 5 de Mayo de 2022 por el arzobispón paceño Percy Lorenzo Galván Flores, Fuentes representó a los obispones bolivianos en las dos sesiones del Sínodo sobre Sinodalidad en Roma en 2023 y 2024.
  
«La sinodalidad es la naturaleza de la Iglesia»
En Octubre de 2023 habló de tener «el valor de construir una iglesia diferente».
  
En Junio de 2024, definió la sinodalidad como «la naturaleza misma de la Iglesia».
  
En Julio de 2024, repitió: «El Sínodo sobre la sinodalidad es una manera de ser Iglesia». Y: «Esta es la identidad de la Iglesia: escucharse, compartir, caminar juntos, madurar juntos, crecer juntos».
  
“Comunión” para homosexuales
En Octubre de 2023, Fuentes habló de la “Comunión” para los adúlteros y los que «no están en plena comunión con la iglesia».
  
Según la Conferencia Episcopal de Bolivia, esto incluía «la situación de la comunidad LGBT».
  
El obispón Fuentes dijo:
«Esto sigue siendo objeto de debate, y la cuestión sigue abierta. Pero para entrar en la Comunión, uno debe reflexionar sobre su vida, no tanto en un sentido moralista, sino en términos de lo que significa ser cristiano, porque esa es la dirección en la que nos dirigimos: lo que significa ser bautizado y ser un seguidor del Señor».
Las mujeres diáconos son una cuestión abierta
En Julio de 2025, afirmó que «el debate sobre la participación de las mujeres en ministerios como el diaconado ha comenzado, aunque estos temas aún están en discusión».
  
Ya en Julio de 2024 había dicho a los obispones bolivianos que las mujeres diáconos son una cuestión abierta. Pensó que el Sínodo «aprobaría el acceso potencial de las mujeres al diaconado», pero «los delegados no pudieron estar de acuerdo».
  
En la misma presentación, el obispón Fuentes pidió una reforma estructural del ministerio y alternativas al ministerio en muchas comunidades y para las mujeres. Su ejemplo son las mujeres laicas autorizadas a bautizar, oficiar en bodas, dirigir una comunidad y ofrecer consejo.
  
Estos nuevos ministerios son «un signo de esperanza» en «conformidad con el espíritu de una Iglesia sinodal». 

Cambiar la Iglesia jerárquica
Fuentes habló además contra «una Iglesia muy clerical, muy jerárquica».
  
Los sacerdotes no fueron formados para el proceso sinodal y, por lo tanto, tienen que reprogramar sus mentes (“sacar esos chips”).

Dios habla en el Sínodo
En Enero de 2025, Fuentes calificó el Sínodo como “una segunda primavera”.
  
Escribió que el Espíritu Santo estaba guiando el Sínodo:
«No fue meramente una reunión de cardenales, obispos, sacerdotes, religiosas y laicos, sino algo querido por Dios, quien —a través de circunstancias y personas específicas— nos ha hablado y continúa hablándonos. Los invito a leer las conclusiones con una actitud positiva y una mente abierta».
  

El obispón Johan Jozef Bonny Lootens de Amberes (Bélgica) habló al diario belga La Libre Belgique el 14 de Septiembre sobre su plan, anunciado ya en Marzo, de “instalar” presbíteros a hombres casados para 2028.
  
En Junio informó de su curso de acción a dos cardenales de la Curia: el cardenal Lázaro You Heung-sik (prefecto del Dicasterio para el Clero) y el cardenal Mario Grech Attard (secretario general del Sínodo de los obispos).
   
Bonny afirma que el movimiento es impulsado “por necesidad”, señalando la aguda escasez de presbíteros en Flandes. La diócesis de Amberes tiene menos de 70 presbíteros menores de 70 años, dos tercios de los cuales son extranjeros.
  
Los cardenales respondieron que lo discutirían con León XIV Riggitano-Prévost.
  
El obispón Bonny ha identificado a varios candidatos para la “instalación” presbiteral. Están recibiendo una formación teológica y pastoral comparable a la de los seminaristas.

Bonny se justifica por un lado citando a los uniatos que ejercen en su diócesis o los conversos de otras denominaciones protestantes que fueron “ordenados” estando casados, y por el otro, apela a a «la salud psicosocial de los sacerdotes y la transparencia de su modo de vida», usando por ejemplo los escándalos de abuso tan endémicos en Bélgica.
  
La preparación se está llevando a cabo «de manera transparente pero discreta, lejos de los focos de los medios de comunicación», enfatiza.
  
«Los criterios aplicados a los candidatos son los mismos que para los diáconos permanentes», explica Bonny. Los candidatos deben tener al menos 35 años, tener el consentimiento de sus esposas y una vida familiar estable, y ya no tener hijos muy pequeños.

Preguntado por katholisch.de sobre un posible veto romano, Bonny aseguró que no actuará contra la eclesiología de la Iglesia. «Hay un Papa y es él quien dice sí o no», afirmó, antes de dejar la respuesta abierta. «Lo veremos en 2028».

Décadas atrás, el mismo Pablo VI Montini en su encíclica Sacerdotális cœlibátus de 1967 había refutado anticipadamente las justificaciones planteadas por Bonny, a saber:
  1. Siempre ha habido escasez (a los ojos terrenales) de sacerdotes, pero la solución se debe buscar en Dios, el Dueño de la mies. Ordenar a hombres casados para suplir la vacancia no mejora la situación, como tampoco lo ha hecho donde se introdujo tal.
  2. En los orientales, aunque ellos introdujeron la ordenación de hombres casados con el Concilio de Trullo del 692 (no reconocido por la Iglesia Romana), mantienen que los obispos y patriarcas son elegidos de entre los sacerdotes célibes, y si un sacerdote casado enviuda, no vuelve a casarse; mientras que el celibato (de origen apostólico) ha sido la norma propia de la Iglesia tanto en Oriente como en Occidente. Y respecto de los que son ordenados en otras denominaciones, cada caso es estudiado sin que por ello significase que se debía relajar la norma o pensar en su abolición.
  3. La responsabilidad en los escándalos del clero no recae en el celibato en sí, sino en un discernimiento insuficiente de los candidatos o en el modo en que los ministros viven su consagración. Y si bien la vocación nace de Dios, es el obispo que decide la aceptación del candidato según las normas establecidas por la Iglesia.

Y en Enero de 1970, cuando el Concilio Pastoral Holandés adoptó la “ordenación” de hombres casados, Montini lo rechazó de inmediato en su Audiencia general del 1 de Febrero y en su carta que envió al día siguiente a los obispos neerlandeses por medio del cardenal Villot. Un año después, cuando se planteó la cuestión en el Sínodo de los Obispos, fue rechazada por mayoría.
  
Ahora, sesenta años después, no hay respuesta prevostiana a Bonny como sí la tuvieron con la FSSPX y sus consagraciones episcopales en 1988 y 2026.

LA HEREJÍA DEL “ESTADO LAICO”

Traducción del artículo publicado en INTROIBO AD ALTARE DEI.
  

Nunnca deja de asombrarme cómo los apologistas del Concilio Vaticano II, incluso los inteligentes y cultos, tienen que esforzarse por encajar las enseñanzas del Vaticano II en la doctrina tradicional de la Iglesia. No ven (¿o se niegan a ver?) la flagrante contradicción y deben escribir largos panfletos para intentar tergiversar lo blanco y lo negro. Un artículo que leí recientemente me dejó perplejo.
  
El Dr. William Harry Marshner Philippi escribió en defensa de la Declaración sobre la Libertad Religiosa del Concilio Vaticano II, Dignitátis Humánæ (DH). Es un miembro “conservador” de la secta que, en sus propias palabras, intentará demostrar con rigor que no existe conflicto doctrinal entre la enseñanza inmutable de los Papas del siglo XIX y la del Vaticano II. En segundo lugar, intentaré demostrar que la doctrina de DH constituye una adición inocua, incluso una ligera mejora, a la enseñanza anterior, ya que no menoscaba el legítimo poder de un Estado católico para proteger a sus ciudadanos de la «corrupción de la moral y la propagación de la plaga del indiferentismo», que Gregorio XVI y Pío IX temían que resultara de un exceso de libertad religiosa.

Marshner afirma:
«Comencemos por repasar los puntos de conflicto más importantes.

En Mirári vos (13 de agosto de 1832), Gregorio XVI denunció como “delirio” la idea de que la libertad de conciencia, especialmente la libertad de culto, es un derecho propio (o inalienable) de todo hombre, que debe ser proclamado por ley, y que los ciudadanos tienen tal derecho a la libre difusión de sus ideas, por falsas que sean, que ninguna ley, ya sea eclesiástica o civil, puede impedírselo. En términos de la postura fundamental del Concilio Vaticano II, esta denuncia simplemente excluye la siguiente opinión:
“Tal libertad de acción, como debería tener una religión objetivamente falsa [por muy amplia o restringida que sea; llegaremos a ese punto a su debido tiempo], de hecho la tiene por un derecho natural de conciencia, mediante el cual la libertad de expresión y acción religiosa de la persona trasciende el alcance de lo que la ley positiva, civil o eclesiástica, pueda restringir legítimamente”.
El Concilio Vaticano II también excluye esta postura, y lo hace de tres maneras. Primero, el Concilio no modifica las facultades restrictivas de la autoridad eclesiástica (DH 14, con la nota al pie 58 proporcionada por el comentarista John Courtney Murray, SJ, en la edición de Abbott); segundo, el Concilio reconoce el derecho de la autoridad civil a restringir la libertad religiosa según las “justas exigencias del orden público” (DH 2 y 4); por último, el Concilio se niega a conceder inmunidad alguna a las actividades de proselitismo agresivas (DH 4). De ello se deduce que la libertad religiosa irrestricta y con fundamento trascendental, defendida por los liberales revolucionarios y denunciada como locura por Gregorio XVI, no es la misma libertad que la que respalda el Vaticano II» (Véase catholicculture.org/culture/library/view.cfm?id=8778; el artículo completo puede leerse allí). 
Por el contrario, expondré la enseñanza de la Iglesia sobre las relaciones Iglesia-Estado, desenmascararé al hereje que escribió casi todo el DH (el padre John Courtney Murray), quien deseaba un “estado laico” aconfesional, y demostraré que de ninguna manera la enseñanza del DH puede reconciliarse con todo lo que se enseñaba anteriormente. 

LA DOCTRINA DE LA IGLESIA
  
La Iglesia enseña que las personas solo son libres de elegir lo que es bueno y de creer en lo que es objetivamente verdadero. Sin embargo, muchas personas toman decisiones erróneas y adoptan religiones falsas. La sociedad jamás puede alabar, alentar ni apoyar tales decisiones. No obstante, puede tolerar estos abusos individuales de la libertad para mantener la paz temporal, al tiempo que anima a los seguidores de religiones falsas a comprender sus errores y convertirse a la Única Iglesia Verdadera. 

Las declaraciones de los papas son claras:
  • Papa Gregorio XVI: «Otra causa que ha producido muchos de los males que afligen a la Iglesia es el indiferentismo, o sea, aquella perversa teoría extendida por doquier, merced a los engaños de los impíos, y que enseña que puede conseguirse la vida eterna en cualquier religión, con tal que haya rectitud y honradez en las costumbres. […] De esa cenagosa fuente del indiferentismo mana aquella absurda y errónea sentencia o, mejor dicho, locura, que afirma y defiende a toda costa y para todos, la libertad de conciencia. Este pestilente error se abre paso, escudado en la inmoderada libertad de opiniones que, para ruina de la sociedad religiosa y de la civil, se extiende cada día más por todas partes, llegando la impudencia de algunos a asegurar que de ella se sigue gran provecho para la causa de la religión. “Y qué peor muerte para el alma que la libertad del error!”, decía San Agustín (Epístola 166)» (Cf. Mirári vos, párrs. 13 y 14; énfasis mío).

  • Papa Pío IX: PROPOSICIÓN CONDENADA N.º 15: «Todo hombre es libre para abrazar y profesar la religión que guiado de la luz de la razón juzgare por verdadera» (Cf. Sýllabus Errórum. Condenada en las Letras Apostólicas Multíplices inter, 10 de Junio de 1851; y en la Alocución Máxima quidem, 9 de Junio de 1862).
    PROPOSICIÓN CONDENADA N.º 77: «En esta nuestra edad no conviene ya que la Religión católica sea tenida como la única religión del Estado, con exclusión de otros cualesquiera cultos» (Ibid. Condenada en la Alocución Nemo vestrum, 26 de Julio de 1855).
    PROPOSICIÓN CONDENADA N.º 78: «De aquí que laudablemente se ha establecido por la ley en algunos países católicos, que a los extranjeros que vayan allí, les sea lícito tener público ejercicio del culto propio de cada uno» (Ibid. Condenada en la Alocución Acerbíssimum, 27 de Septiembre de 1852).
    PROPOSICIÓN CONDENADA N.º 79: «Es sin duda falso que la libertad civil de cualquiera culto, y lo mismo la amplia facultad concedida a todos de manifestar abiertamente y en público cualesquiera opiniones y pensamientos, conduzca a corromper más fácilmente las costumbres y los ánimos, y a propagar la peste del indiferentismo» (Ibid. Condenada en la Alocución Núnquam fore, 15 de Diciembre de 1856).

  • Papa León XIII: «Queda en silencio el dominio divino, como si Dios no existiese o no se preocupase del género humano, o como si los hombres, ya aislados, ya asociados, no debiesen nada a Dios, o como si fuera posible imaginar un poder político cuyo principio, fuerza y autoridad toda para gobernar no se apoyaran en Dios mismo. De este modo, como es evidente, el Estado no es otra cosa que la multitud dueña y gobernadora de sí misma. Y como se afirma que el pueblo es en sí mismo fuente de todo derecho y de toda seguridad, se sigue lógicamente que el Estado no se juzgará obligado ante Dios por ningún deber; no profesará públicamente religión alguna, ni deberá buscar entre tantas religiones la única verdadera, ni elegirá una de ellas ni la favorecerá principalmente, sino que concederá igualdad de derechos a todas las religiones, con tal que la disciplina del Estado no quede por ellas perjudicada» (Cf.  Immortále Dei, párr. #25; el énfasis es mío).

  • Papa San Pío X: «Que sea necesario separar al Estado de la Iglesia es una tesis absolutamente falsa y sumamente nociva. Porque, en primer lugar, al apoyarse en el princípio fundamental de que el Estado no debe cuidar para nada de la religión, infiere una gran injuria a Dios, que es el único fundador y conservador tanto del hombre como de las sociedades humanas, ya que en materia de culto a Dios es necesario no solamente el culto privado, sino también el culto público. En segundo lugar, la tesis de que hablamos constituye una verdadera negación del orden sobrenatural, porque limita la acción del Estado a la prosperidad pública de esta vida mortal, que es, en efecto, la causa próxima de toda sociedad política, y se despreocupa completamente de la razón última del ciudadano, que es la eterna bienaventuranza propuesta al hombre para cuando haya terminado la brevedad de esta vida, como si fuera cosa ajena por completo al Estado. Tesis completamente falsa, porque, así como el orden de la vida presente está todo él ordenado a la consecución de aquel sumo y absoluto bien, así también es verdad evidente que el Estado no sólo no debe ser obstáculo para esta consecución, sino que, además, debe necesariamente favorecerla todo lo posible» (Cf. Veheménter Nos, párr. 3; el énfasis es mío).
Todo lo anterior queda bien resumido por el teólogo Edward Cahill SJ:
«La Iglesia y el Estado reconocen las prerrogativas mutuas. El Estado, al permitir la libertad de conciencia y, por lo tanto, tolerar las religiones no católicas que puedan existir dentro de su territorio, profesa públicamente la fe católica. Reconoce también la mayor importancia de las funciones de la Iglesia y se compromete a cumplir su parte en la unión [entre él y la Iglesia] según los principios cristianos… Este sistema existió en toda Europa antes del siglo XVI. Es… el sistema que existe actualmente en Italia, España… Bélgica, Polonia, así como en la República Argentina, Bolivia, Costa Rica, Paraguay, Perú, Ecuador y prácticamente en Colombia. [La unión de Iglesia y Estado es] el sistema más acorde con la Ley Divina; y cuanto más se acerquen las disposiciones actuales a ella, mejor para los intereses espirituales del pueblo y para su paz y bienestar, incluso en asuntos temporales» (Cf. The Framework of a Christian State: An Introduction to Social Science/El marco de un Estado cristiano: Introducción a la ciencia social. Dublín [1932], págs. 610-611; énfasis mío). 
De este modo:
  1. Existe una sola Iglesia verdadera de Cristo, que es para la salvación eterna de la humanidad.
  2. Todo Estado debería ser católico, pues el error no tiene derechos. Solo lo verdadero y lo bueno tienen derecho a existir. Únicamente en la Iglesia Católica se encuentra la salvación, por lo que el bien común exige que solo ella sea reconocida y promovida.
  3. Nadie debería ser obligado a aceptar la Verdadera Fe. Cristo quiere que nos acerquemos a Él libremente.
  4. En privado, se puede confesar un error, pero no en público. El Estado debe profesar la fe católica, y solo su verdadero culto a Dios (y su enseñanza moral) debe permitirse en público. Actuar de otro modo es equiparar la falsedad con la verdad y conducir las almas al infierno cuando se exponen a religiones falsas. Así como quienes son altamente contagiosos con una enfermedad mortal son puestos en cuarentena para proteger a la población, de igual modo se aplica la falsa doctrina y la moral falsa, que pueden infectar y destruir el alma, infinitamente más valiosa que el cuerpo.
  5. En los países donde no existe una mayoría católica, los miembros de la Iglesia tienen el deber de intentar convertir a la fe al mayor número posible de personas, con el fin de lograr algún día un Estado católico. 
   
ENTRA EL PADRE JOHN COURTNEY MURRAY
   
El padre John Courtney Murray nació en 1904 en la ciudad de Nueva York. Ingresó en la Compañía de Jesús (jesuitas) en 1920 y fue ordenado sacerdote en 1933. Obtuvo un doctorado en Teología Sagrada en la Universidad Gregoriana de Roma en 1937. Regresó a Estados Unidos, donde enseñó teología, y en 1941 fue nombrado editor de la revista jesuita Theological Studies. Inicialmente, Murray era ortodoxo, pero pronto se convirtió en un ferviente modernista.

Con el tiempo, comenzó a defender  la libertad religiosa  tal como la define y protege la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, y llegó a argumentar que la doctrina católica sobre las relaciones Iglesia-Estado ya no era pertinente para la sociedad contemporánea. Murray comenzó a difundir sus ideas en revistas teológicas, donde recibió fuertes críticas de algunos obispos y muchos colegas teólogos, en particular del eminente monseñor Joseph Clifford Fenton, quien era un firme antimodernista. El teólogo Fenton fue profesor de Teología Dogmática en la Universidad Católica de América y editor de la influyente American Ecclesiastical Review. Fenton criticó las enseñanzas de Murray por considerarlas irreconciliables con la doctrina de la Iglesia (en particular, la del Papa León XIII) sobre las relaciones Iglesia-Estado.

Murray enseñaba que Occidente había alcanzado la «plenitud de la verdad» (¿os suena familiar?) sobre la «dignidad humana». Esta supuesta «verdad» exigía que las personas tuvieran «control moral» sobre sus propias creencias en materia  de libertad religiosa . En 1954, la Suprema Congregación del Santo Oficio censuró sus enseñanzas, exigiéndole que cesara toda actividad escrita y docente sobre el tema de la libertad religiosa. Aun censurado, Murray continuó escribiendo en privado sobre libertad religiosa y presentó sus obras a Roma, las cuales fueron condenadas.

En 1963, fue rehabilitado por Roncalli y llevado al Concilio Vaticano II como perito (experto teológico) para que sus doctrinas condenadas pudieran ser aceptadas. Durante su estancia en el Concilio Vaticano II, entabló amistad con el arzobispo Karol Wojtyła, el futuro papa Juan Pablo II. Murray redactó el documento herético Dignitátis Humánæ del Concilio Vaticano II, que adoptó oficialmente la herética libertad religiosa como doctrina de la recién fundada secta del Vaticano II. Tras el Concilio, enseñó que los católicos que “llegaran a nuevas verdades” sobre Dios tendrían que hacerlo en un diálogo “en igualdad de condiciones” con los acatólicos y los ateos. Propuso reformas más profundas, incluyendo una reestructuración de la Iglesia, para que fuera “menos autoritaria” y más “democrática” (Véase https://www.library.georgetown.edu/woodstock/Murray/bio).

Según se ha informado, durante la década de 1960, Murray consumía LSD:
«La experimentación de Murray con LSD al comienzo de la “década de Woodstock” fue tan solo una muestra de la contradicción con ese legado de separatismo militante, mucho más vinculado al desastre de los abusos sexuales y su encubrimiento que la supuesta contaminación de las vocaciones sacerdotales por el amor libre y el movimiento hippie (y no puedo enfatizar lo suficiente cómo este breve episodio en la vida de Murray palidece ante la grandeza y la perspicacia de sus escritos sobre las relaciones Iglesia-Estado)» (Véase irishwaterfront.wordpress.com/2011/05/26/goodstock/).
Murray falleció de un ataque al corazón en 1967, menos de dos años después de la finalización del Concilio Vaticano II.

EL CARDENAL OTTAVIANI Y JOHN COURTNEY MURRAY
  
Recientemente ha salido a la luz información sobre el enfrentamiento entre el teólogo ortodoxo y Pro-Prefecto de la Suprema Sagrada Congregación del Santo Oficio, el Cardenal Alfredo Ottaviani, y el teólogo heterodoxo y censurado John Courtney Murray. 

El cardenal Ottaviani pronunció un discurso en la Universidad Lateranense el 2 de marzo de 1953, en el que reiteró magistralmente la enseñanza de la Iglesia y denunció a aquellos como Murray, que buscaban acabar con los países católicos. El gigante eclesiástico afirmó:
«He dicho, en primer lugar, que el Estado tiene el deber de profesar su religión socialmente. Los hombres unidos socialmente no están menos sujetos a Dios que cuando se les considera individualmente, y la sociedad civil, al igual que los individuos, está en deuda con Dios, “bajo quien, como Autor, se congrega, por cuyo poder se preserva, por cuya bondad ha recibido el gran tesoro de bienes de los que disfruta”.

Así pues, como no es lícito que ningún individuo falte a su deber para con Dios y con la religión por la cual Dios quiere ser honrado, del mismo modo, “los estados no pueden, sin una grave ofensa moral (citra scelus), comportarse como si Dios no existiera o desechar el cuidado de la religión como algo ajeno a ellos o de poca importancia”.
  
Pío XII refuerza esta enseñanza condenando “el error contenido en concepciones tales como las que no dudan en absolver a la autoridad civil de toda dependencia del Ser Supremo, la Primera Causa y el Maestro Absoluto tanto de los hombres como de la sociedad, y de todo vínculo de ley trascendente que procede de Dios como de su Fuente primaria, y que conceden a la autoridad civil un poder de acción ilimitado, un poder dejado a la ola siempre cambiante o a las únicas limitaciones de las exigencias históricas contingentes y de los intereses relativos”» (Énfasis en el original). 
Discutió sobre la validez perenne de los principios tradicionales con respecto a la Iglesia y el Estado:
«Estos principios son firmes e inamovibles. Eran válidos en tiempos de Inocencio III y Bonifacio VIII. Son válidos en tiempos de León XIII y Pío XII, quien los reafirmó en más de uno de sus documentos. Así, con estricta firmeza, también llamó a los gobernantes a cumplir con sus deberes, apelando a la advertencia del Espíritu Santo, una advertencia que no conoce límites de tiempo. Pío XII habla así en la encíclica Mýstici Córporis Christi:
“Insistentemente se ha de suplicar a Dios que todos cuantos están al frente de los pueblos amen la sabiduría (cf. Sab. 6, 23), de tal suerte que jamás caiga sobre ellos aquella gravísima sentencia del Espíritu Santo: ‘El Altísimo examinará vuestras obras y escudriñará los pensamientos porque, siendo ministros de su reino, no habéis juzgado rectamente ni observado la ley de la justicia, ni habéis procedido según la voluntad de Dios. De manera espantosa y repentina se os presentará, porque se hará un riguroso juicio de aquellos que ejercen potestad sobre otros. Porque con los pequeños se usará misericordia, mas los poderosos sufrirán grandes tormentos. Porque Dios no exceptuará persona alguna ni respetará la grandeza de nadie; ya que Él ha hecho al pequeño y al grande y cuida por igual de todos; si bien a los más grandes amenaza un tormento mayor. A vosotros, por lo tanto, reyes, se dirigen estas mis palabras, para que aprendáis la sabiduría y no perezcáis’” (Ibíd., 6, 4-10)».
Casi al final de su discurso, ofreció el siguiente resumen:
«En conclusión, la síntesis de las doctrinas de la Iglesia sobre este tema se expone con mayor claridad en nuestros días en la carta de la Sagrada Congregación de Seminarios y Universidades enviada a los obispos de Brasil el 7 de marzo de 1950. Esta carta, que remite continuamente a las enseñanzas de Pío XII, advierte, entre otras cosas, contra los errores de un liberalismo católico renacido, que “admite y fomenta la separación de los dos poderes. Niega a la Iglesia cualquier tipo de poder directo sobre asuntos mixtos. Afirma que el Estado debe mostrarse indiferente en materia de religión… y reconocer la misma libertad para la verdad y para el error. A la Iglesia no le corresponden privilegios, favores ni derechos superiores a los reconocidos como pertenecientes a otras confesiones religiosas en países católicos”, etc.» (Para leer el texto completo del discurso del Cardenal Ottaviani, consultar American Ecclesiastical Review, mayo de 1953, páginas 321-334). 
Lo que sucedió a continuación es lo más interesante:
«El 6 de diciembre de 1953, Pío XII pronunció un discurso en el que afirmó que la cuestión de la libertad religiosa y la tolerancia debía situarse en el contexto de una comunidad internacional emergente, y que allí recaía sobre él su autoridad exclusiva y definitiva. Murray, junto con sus amigos y asesores, interpretaron estas declaraciones como una sutil refutación de la postura intransigente de Ottaviani.

El 25 de marzo de 1954, creyendo que el Papa Pío XII estaba de su lado, Murray pronunció un discurso en la Universidad Católica de América. Informó a su audiencia que el discurso del cardenal había provocado protestas diplomáticas y que un asesor papal cercano le había asegurado que representaba las opiniones meramente personales de Ottaviani. El Papa reaccionó diplomáticamente, por supuesto, para preservar la buena imagen del cardenal . De ello se derivaron dos conclusiones, argumentó Murray: «(1) apelar a Ottaviani de ahora en adelante [debe ser] cauteloso y selectivo; (2) cualquiera cuya teoría sea la de [Ottaviani] tiene la obligación de revisar sus puntos de vista». El resto del discurso de Murray fue una exposición detallada del discurso papal, haciendo hincapié en el avance doctrinal que representaba más allá de la teoría clásica de la tolerancia. 

El cardenal Ottaviani no perdió tiempo y, tras enterarse del discurso de Murray, actuó de inmediato. Acudió al Santo Padre con cuatro proposiciones para que fueran condenadas, según lo votado por el Santo Oficio. El papa Pío XII las firmó y se las envió a Murray. El 28 de octubre de 1954, estas cuatro proposiciones fueron solemnemente condenadas:
a) El Estado católico confesional, que se profesa como tal, no es un ideal al que la sociedad política organizada esté universalmente obligada.
b) La plena libertad religiosa puede considerarse un ideal político válido en un Estado verdaderamente democrático.
c) El Estado organizado sobre una base genuinamente democrática debe considerarse que ha cumplido con su deber cuando ha garantizado la libertad de la Iglesia mediante una garantía general de libertad de religión.
d) Es cierto que León XIII ha dicho: “ii....civitátes...debent eum in coléndo númine morem usurpáre modúmque quo coli se Deus ipse demonstrávit velle“ (Enc. Immortále Dei). 
Palabras como estas pueden entenderse como referidas al Estado considerado como organizado sobre una base distinta a la del Estado perfectamente democrático, pero a este último, estrictamente hablando, no le son aplicables» [Es decir,  la enseñanza del Papa León XIII sobre las obligaciones de los Estados para con Dios no es aplicable al Estado democrático — Introibo]
(Véase jstor.org/stable/25154656?origin=JSTOR-pdf; por el sacerdote de la secta deuterovaticana, el padre Joseph Andrew Komonchack Meehan [ordenado en 1963]). 

El artículo de Komonchak termina con esta sorprendente confesión:
«Tan solo diez años después de que Murray fuera silenciado, el Concilio Vaticano II reivindicaría las ideas por las que había sido censurado. El Decreto sobre la Libertad Religiosa (Dignitátis Humánæ) del Concilio adaptó la doctrina católica sobre la relación Iglesia-Estado y la libertad religiosa que Murray había defendido en su memorando de 1950, y dejó claro que los católicos estadounidenses podían ser fieles a la vez a los principios católicos y al experimento político estadounidense» (Énfasis mío). 
La idea de un cambio de doctrina por parte del Papa Pío XII era totalmente falsa, y la enseñanza tradicional se mantuvo hasta Roncalli y el Concilio Vaticano II.

¿LA ENSEÑANZA DE Dignitátis Humánæ GUARDA CONTINUIDAD CON LAS ENSEÑANZAS ANTERIORES?
  
Debería ser bastante obvio que la respuesta es “No”. Sin embargo, Marshner afirma que sí lo es, e incluso que constituye una “ligera mejora” (!) respecto a la enseñanza tradicional. Marshner cita el párrafo 14 de DH, que supuestamente  deja intactos los poderes restrictivos de la autoridad eclesiástica.
DH #14: «La Iglesia católica, para cumplir el mandato divino: “enseñad a todas las gentes” (Mt. 18, 19-20), debe emplearse denodadamente “para que la palabra de Dios sea difundida y glorificada” (2.ª Tes. 3, 1).

Ruega, pues, encarecidamente a todos sus hijos que ante todo eleven “peticiones, súplicas, plegarias y acciones de gracias por todos los hombres… Porque esto es bueno y grato a Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1.ª Tim. 2, 1-4).

Por su parte, los fieles, en la formación de su conciencia, deben prestar diligente atención a la doctrina sagrada y cierta de la Iglesia. Pues por voluntad de Cristo la Iglesia católica es la maestra de la verdad, y su misión consiste en anunciar y enseñar auténticamente la verdad, que es Cristo, y al mismo tiempo declarar y confirmar con su autoridad los principios de orden moral que fluyen de la misma naturaleza humana. Procuren además los fieles cristianos, comportándose con sabiduría con los que no creen, difundir “en el Espíritu Santo, en caridad no fingida, en palabras de verdad” (2.ª Cor. 6, 6-7) la luz de la vida, con toda confianza y fortaleza apostólica, incluso hasta el derramamiento de sangre.

Porque el discípulo tiene la obligación grave para con Cristo Maestro de conocer cada día mejor la verdad que de El ha recibido, de anunciarla fielmente y de defenderla con valentía, excluyendo los medios contrarios al espíritu evangélico. Al mismo tiempo, sin embargo, la caridad de Cristo le acucia para que trate con amor, prudencia y paciencia a los hombres que viven en el error o en la ignorancia de la fe. Deben, pues, tenerse en cuenta tanto los deberes para con Cristo, el Verbo vivificante que hay que predicar, como los derechos de la persona humana y la medida de la gracia que Dios por Cristo ha concedido al hombre, que es invitado a recibir y profesar voluntariamente la fe».
¿Qué es exactamente lo que la Iglesia sigue restringiendo? En el mejor de los casos, se trata de una versión superficial y diluida de la Gran Comisión, donde los derechos de la persona humana se mezclan con la realidad. En el fondo del problema reside una noción peligrosa, falsa y herética de “dignidad humana”, de la cual supuestamente surgen estos “derechos” fabricados (libertad religiosa). Murray y sus compañeros modernistas creen que las “verdades” pueden descubrirse “de forma más completa”. Esto implica que si la tolerancia religiosa fue mala o insuficiente debido a la “dignidad humana”, siempre fue errónea y no podía “volverse errónea”. Las personas no han “desarrollado mayor dignidad humana”. Los seres humanos fueron creados, desde el principio, a imagen y semejanza de Dios. Esto no se vuelve “más verdadero” ni “menos verdadero” con el paso del tiempo. Es una negación implícita de la indefectibilidad de la Iglesia, porque se afirma que la Iglesia fue de alguna manera “deficiente” por no enseñar la “verdad completa” o por ofrecer algo malo. Sin embargo, esto es imposible. 

A continuación, Marshner sostiene que  el Concilio reconoce el derecho de la autoridad civil a restringir la libertad religiosa de acuerdo con los “justos requisitos del orden público” y cita (DH 2 y 4). 

DH afirma en el párrafo #2: 
«Este Concilio Vaticano declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos. Declara, además, que el derecho a la libertad religiosa está realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana, tal como se la conoce por la palabra revelada de Dios y por la misma razón natural. Este derecho de la persona humana a la libertad religiosa ha de ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil» (Énfasis mío). 
Esto contradice claramente todo lo que se enseñaba antes del Concilio, y solo alguien falto de razón podría afirmar lo contrario. DH enseña que el derecho a la libertad religiosa, fundado en la «dignidad de la persona humana», persiste incluso si la persona abusa de su derecho a la libertad religiosa y niega la Única Iglesia Verdadera. La dignidad humana reemplaza a Dios como medida de lo que es bueno. Los humanos se convierten en “dioses”. No existen límites para el falso culto público. Debería prohibirse por completo.

Finalmente, Marshner declara  que el Concilio se niega a otorgar inmunidad alguna a las actividades de proselitismo de la variedad de “venta agresiva” (DH 4).

DH #4 establece que:
«A estas comunidades, con tal que no se violen las justas exigencias del orden público, se les debe por derecho la inmunidad para regirse por sus propias normas, para honrar a la Divinidad con culto público, para ayudar a sus miembros en el ejercicio de la vida religiosa y sustentarlos con la doctrina, y para promover instituciones en las que colaboren los miembros con el fin de ordenar la propia vida según sus principios religiosos.
   
[…]
   
Las comunidades religiosas tienen también el derecho de que no se les impida la enseñanza y la profesión pública, de palabra y por escrito, de su fe. Pero en la divulgación de la fe religiosa y en la introducción de costumbres hay que abstenerse siempre de cualquier clase de actos que puedan tener sabor a coacción o a persuasión inhonesta o menos recta, sobre todo cuando se trata de personas rudas o necesitadas. Tal comportamiento debe considerarse como abuso del derecho propio y lesión del derecho ajeno».
Por lo tanto, los mormones pueden practicar el politeísmo públicamente y hacer proselitismo siempre y cuando no obliguen a nadie a convertirse, porque eso sería “una violación de los derechos de los demás”. El error no tiene derechos, ¿y qué hay del derecho de Dios a que solo se propague su verdad? 

Aquí hay más de DH:
DH párr. #6: «La protección y promoción de los derechos inviolables del hombre es un deber esencial de toda autoridad civil . Debe, pues, la potestad civil tomar eficazmente a su cargo la tutela de la libertad religiosa de todos los ciudadanos con leyes justas y otros medios aptos, y facilitar las condiciones propicias que favorezcan la vida religiosa».
El Concilio Vaticano II enseña aquí que todas las religiones deben gozar del derecho a la libertad religiosa. Implícitamente, el valor primordial que debe defenderse en la sociedad humana ya no es la Verdad, sino la libertad.

DH párr. #7:  «…se debe observar en la sociedad la norma de la libertad íntegra, según la cual, la libertad debe reconocerse al hombre lo más ampliamente posible y no debe restringirse sino cuando es necesario y en la medida en que lo sea».
Esto es una negación implícita del Pecado Original. Si se otorga libertad religiosa a las personas, sus mentes y morales se corromperán, como enseñó el Papa Pío IX. El Concilio Vaticano II asume lo contrario: todo irá bien con la libertad religiosa. La propagación del error ya no se considera un pecado contra el bien común. Esto es la subversión del bien común y la subversión de la verdadera moralidad.

DH párr. #11:  «Dios tiene en cuenta la dignidad de la persona humana que Él mismo ha creado, que debe regirse por su propia determinación y gozar de libertad».
¿En serio? ¿Debe “gozarse” de la inmoralidad y la herejía como si fueran una “libertad”? Cuando las personas son condenadas por el mal uso de la libertad, el disfrute desaparecerá para siempre en el Infierno.
  
El argumento de Marshner se desmorona. Sin embargo, veamos qué decía el esquema original, elaborado por teólogos ortodoxos aprobados, sobre la relación entre Iglesia y Estado.

EL BORRADOR ORIGINAL REFLEJA LA ENSEÑANZA TRADICIONAL DE LA IGLESIA
  
Este esquema (borrador), denominado Constitución Dogmática sobre la Iglesia (Schema Constitutiónis dogmáticæ de Ecclésia), fue elaborado por los mejores teólogos, los más antimodernistas, aprobados por el Papa Pío XII. Nunca se sometió a votación, ya que los modernistas, liderados por el “buen Papa Juan”, desecharon todos los esquemas originales y ortodoxos preparados para el Concilio, incluido este. En él se exponía la doctrina sobre las relaciones Iglesia-Estado.

Del esquema de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia (CC), párrafo 42: 
  
LATÍN
«Ipsum bonum Civitátis éxigit ut Potéstas civílis sese erga religiónem indifferénter non hábeat. A Deo cum institúta sit, ut hómines juvet ad perfectiónem vere humanam acquiréndam, non solum sóciis facultátem sibi procurándi bona temporália, sive materiália, sive humanióra præbére debet, sed eos étiam adjuváre ut bona spirituália ad vitam humánam religióse peragéndam facílius afflúere quéant. Inter ea bona áutem, nihil pluris æstimándum est quam cognóscere et agnóscere Deum, et adímplere offícia Deo debíta: fundaméntum enim sunt omnis virtútis privátæ, immo et públicæ.
  
Quæ offícia Deo debíta divínæ Majestáti præstánda sunt non tantum a síngulis cívibus, sed étiam a Potestáte civíli quæ in actis públicis Societátis civílis persónam gerit. Deus enim est áuctor Societátis civílis et fons ómnium bonórum quæ per ipsam in ómnia membra prófluunt. Licet áutem, in hoc órdine a Christo volíto, cultus litúrgicus únice spectet veram Dei Ecclésiam, tamen étiam commúnitas civílis modo quódam sociáli Deum cólere debet. Quod áutem, spectáta ejus índole, tunc máxime præstábit, si in procurándo bono commúni fidéliter servábit leges Dei, pro hac œconomía salútis a divina Majestáte cónditas. Quod ante ómnia póstulat, ut plena libertáte Ecclésiæ concéssa, excludántur a legislatióne, regímine et actióne pública ómnia ea, quæ assecutiónem finis ætérni impedíre Ecclésia júdicet; immo id intendátur, ut facílior fiat vita, princípiis christiánis inníxa et ad vitam ætérnam condúcens».
TRADUCCIÓN 
«El bien del Estado exige que el poder civil no sea indiferente a la religión. Dado que fue instituido por Dios para ayudar a los hombres a alcanzar la verdadera perfección humana, no solo debe proporcionar a sus miembros la capacidad de obtener bienes temporales, tanto materiales como humanos, sino también facilitarles el acceso a los bienes espirituales para la conducta religiosa de la vida humana. Entre estos bienes, sin embargo, nada debe valorarse más que conocer y reconocer a Dios, y cumplir con los deberes que se le deben: pues son el fundamento de toda virtud, tanto privada como pública.
  
Estos deberes para con Dios y la divina Majestad deben ser cumplidos no solo por los ciudadanos, sino también por el Poder civil, que en los actos públicos representa a la sociedad civil. Porque Dios es el autor de la sociedad civil y la fuente de todo bien que fluye a través de ella hacia todos sus miembros. Si bien, en este orden querido por Cristo, el culto litúrgico debe concierne únicamente a la verdadera Iglesia de Dios, la comunidad civil también debe rendir culto a Dios de una manera social. Sin embargo, dada su naturaleza, esto se cumplirá mejor si, en la búsqueda del bien común, observa fielmente las leyes de Dios, establecidas por la divina Majestad para esta economía de la salvación. Esto exige, sobre todo, que, al conceder a la Iglesia plena libertad, todo aquello que la Iglesia considere que obstaculiza la consecución del fin eterno quede excluido de la legislación, el gobierno y la acción pública; más bien, debe orientarse a facilitar la vida, basándose en principios cristianos y conduciendo a la vida eterna».
Las enseñanzas del hereje Murray y de otros teólogos censurados fueron claramente condenadas. Desafortunadamente, el falso papa Roncalli las desechó e hizo que Murray redactara la Encíclica de las Artes de la Humanidad.

Finalmente, ¿cómo entienden los “papas” conciliares la libertad religiosa? 

LA SECTA DEL CONCILIO VATICANO II, LOS “PAPAS” Y LA LIBERTAD RELIGIOSA
  • Roncalli (Juan XXIII): «Entre los derechos del hombre débese enumerar también el de poder venerar a Dios, según la recta norma de su conciencia, y profesar la religión en privado y en público» (Cf. Pacem in Terris, párr. #14; el énfasis es mío).
  • Bergoglio (Francisco): 
    • «Un État doit être laïque. Les États confessionnels finissent mal. Cela va contre l’Histoire [Un Estado debe ser laico. Los Estados confesionales terminan mal. Eso va en contra de la historia]» (Véase la entrevista con Guillaume Goubert y Sébastien Maillard en la revista La Croix, año 2016; referenciada aquí: tif.ssrc.org/2022/01/28/jc-murray-the-vatican-and-the-lay-state-challenge)
    • «Francisco y el jeque Ahmed el-Tayeb, Gran Imán de al-Azhar, una autoridad destacada para muchos musulmanes sunitas, firmaron un documento sobre la “fraternidad humana” y la mejora de las relaciones cristiano-musulmanas» (Véase https://www.ncronline.org/news/theology/does-god-want-religious-diversity-abu-dhabi-text-raises-questions).
«El pluralismo y la diversidad de religiones, color, sexo, raza e idioma son voluntad de Dios en su sabiduría, mediante la cual creó a los seres humanos», afirma el documento. Algunos han intentado defender esta postura, incluido el Vaticano modernista, argumentando que Dios permite las religiones falsas (como otros males) y no las promueve de manera positiva. 

No os dejéis engañar. Leed el contexto. La diversidad religiosa se menciona junto con el color, el sexo, el idioma y la raza. Dios desea positivamente hombres y mujeres, así como diferentes colores, razas e idiomas. ¿Y se supone que debemos creer que la religión debe entenderse de manera diferente a los demás conceptos mencionados en la misma frase? Que Dios desee positivamente sectas falsas con su moralidad engañosa es la conclusión lógica de la libertad religiosa. La secta del Concilio Vaticano II ha dado poder a las sectas falsas del mundo, especialmente al islam. 

CONCLUSIÓN
  
El final de cada documento del Concilio Vaticano II concluye así:
«Cada asunto declarado en esta Constitución Dogmática ha sido aprobado por los Padres de este Sagrado Concilio. Y Nos, por la Autoridad Apostólica que nos ha sido transmitida por Cristo, junto con todos los Venerables Padres, en el Espíritu Santo, aprobamos, decretamos y establecemos estas cosas; y todo lo que así establecido sinodalmente, ordenamos que sea promulgado para la gloria de Dios… Yo, Pablo, Obispo de la Iglesia Católica. A continuación, las firmas de los demás Padres» (AAS 57 [1965], 71).
Para los miembros de la secta del Vaticano II, el Concilio forma parte del Magisterio Universal y Ordinario, al que todos los católicos deben someterse. Sin embargo, el Dr. Marshner cree que existe cierto margen de maniobra para conciliar las enseñanzas del pasado con el Vaticano II. No obstante, es evidente que esto se ha demostrado falso. 

Por lo tanto, ¿a qué Magisterio obedecerá? Sobre la libertad religiosa, ¿obedecerá la enseñanza del Papa Gregorio XVI en Mirári vos del 15 de agosto de 1832 (párr. 14):
«De esa cenagosa fuente del indiferentismo mana aquella absurda y errónea sentencia o, mejor dicho, locura, que afirma y defiende a toda costa y para todos, la libertad de conciencia. Este pestilente error se abre paso, escudado en la inmoderada libertad de opiniones que, para ruina de la sociedad religiosa y de la civil, se extiende cada día más por todas partes, llegando la impudencia de algunos a asegurar que de ella se sigue gran provecho para la causa de la religión. “Y qué peor muerte para el alma que la libertad del error!”, decía San Agustín (Epístola 166). Y ciertamente que, roto el freno que contiene a los hombres en los caminos de la verdad, e inclinándose precipitadamente al mal por su naturaleza corrompida, consideramos ya abierto “aquel abismo” (Apocalipsis IX, 3) del que, según vio San Juan, subía un humo que oscurecía el sol y arrojaba langostas que devastaban la tierra».
¿U obedecerá el Concilio Vaticano II y su declaración Dignitátis Humánæ, del 7 de diciembre de 1965?: 
«Este Concilio Vaticano declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos. Declara, además, que el derecho a la libertad religiosa está realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana, tal como se la conoce por la palabra revelada de Dios y por la misma razón natural. Este derecho de la persona humana a la libertad religiosa ha de ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil».
Todos nos enfrentamos a la misma disyuntiva entre dos enseñanzas opuestas. Ambas no pueden ser ciertas. Sin embargo, los apologistas de las sectas del Concilio Vaticano II pretenden «demostrar» que las flagrantes contradicciones son, en realidad, armoniosas. No es de extrañar que el Papa Gregorio XVI calificara la libertad religiosa de «locura».

domingo, 13 de septiembre de 2026

BLASFEMA PIEZA “ARTÍSTICA” EXHIBIDA EN MARSELLA


Una escultura de dos metros de altura, de color rojo sangre, de Jesucristo sosteniendo dos subametralladoras Uzi se exhibe del 12 de Septiembre al 1 de Noviembre en la exposición “L’Aérosole” instalada en la sede de la antigua fábrica de jabones La Tulipe (El tulipán) de Marsella (Francia).
  
La blasfemia, llamada “Tu ne tueras point” (“No matarás”), fue hecha por el provocador francés James Colomina. Inicialmente se colocó fuera del lugar antes de ser trasladado al interior. Colomina afirma que el Cristo armado es una declaración contra la violencia. «Erigimos religiones, leyes, principios y prohibiciones, y luego hallamos miles de razones para transgredirlas», dijo.
  

Tres años atrás, hizo presentar en Venecia la “Red Virgin”, una imagen de la Virgen María con máscara de buceo y esnórquel para alertar del “calentamiento global” que presuntamente amenaza con hundir la ciudad. La obra, sin embargo, fue retirada pocas horas después de su instalación.
  

sábado, 12 de septiembre de 2026

EL MAGISTERIO EXTRAORDINARIO DEL VATICANO II (Refutación montiniana al “Reconocer y resistir”)

Presentamos un documento que ha pasado “de agache” en el radar del debate sobre el Vaticano II (en parte porque su única versión conocida es el original latino en Acta Apostólicæ Sedis vol. 57 (1965), n.º 13, págs. 867-871), y que por primera vez presentamos íntegramente en español:
EXHORTACIÓN APOSTÓLICA “Postréma Séssio”, DONDE SE HACEN PROVISIONES PARA EL RESULTADO INMEDIATO DEL CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II

A todos los Obispos que están en paz y comunión con la Sede Apostólica.

Venerables hermanos, saludos y bendición apostólica.

La sesión final del Concilio Ecuménico Vaticano II está llegando a su fin. Pronto se disolverá la asamblea más extensa de su tipo, que se reunió hace cuatro años en la tumba del apóstol Pedro para atender las expectativas, los deseos y las necesidades más graves y urgentes del pueblo cristiano. Y vosotros, Venerables Hermanos, regresaréis finalmente a vuestras sedes, después de una larga y fructífera labor, con justa alegría porque, gracias a vuestro trabajo, se han preparado instrumentos beneficiosos para la verdadera renovación de la Iglesia y la unidad de todos los cristianos, y para el establecimiento de la paz y el orden de los asuntos humanos de una manera más digna.

Mientras el Concilio Ecuménico, casi concluido, parece traer un nuevo y abundante derramamiento de vida espiritual a la Iglesia y al mundo, no podemos sino exhortar con espíritu paternal a los fieles cristianos a que eleven súplicas más frecuentes y urgentes a Dios. Deseamos, Venerables Hermanos, que esa ferviente devoción a la oración, a la que hemos exhortado repetidamente a los hijos de la Iglesia a lo largo del Concilio, no solo no cese, sino que arda con mayor intensidad en este tiempo, cuando la obra del Concilio está llegando a su fin; para que en estos días toda la Iglesia, reunida en todo el mundo, como lo estuvieron en su día los Apóstoles junto con María, la Madre de Jesús, y nosotros en el Cenáculo (Hch. 1, 14), se una en fervientes oraciones con los sucesores de Pedro y los Apóstoles, para obtener un nuevo Pentecostés, por el cual el rostro de la Esposa de Cristo y la sociedad de los hombres se renueven salvíficamente por la gracia del Espíritu Santo.

Y, ante todo, debemos agradecer a Dios Todopoderoso, quien, a lo largo de la celebración del Concilio, nunca dejó de estar presente en el Concilio Ecuménico con su divino auxilio y la abundancia de luces celestiales. En efecto, al considerar la inmensa labor que el Concilio ha realizado hasta ahora, Nos sentimos verdaderamente impresionados por los numerosos puntos doctrinales propuestos por el Magisterio extraordinario de la Iglesia, así como por las normas de disciplina sabiamente impartidas, las cuales, fielmente conservadas en la tradición eclesiástica, abren nuevos caminos para la acción de la Iglesia y sin duda contribuirán enormemente al bien de las almas.

Sin embargo, si nos fijamos en la opinión general con la que los profanos han seguido la celebración del Concilio, no nos alegra menos observar que el Concilio Ecuménico ha atraído tanto los intereses y pensamientos de los hombres hacia sí mismo, que en nuestros tiempos las cuestiones y preceptos de la Iglesia parecen ser de suma importancia para todos los hombres de noble voluntad que buscan sinceramente la verdad y se esfuerzan por contribuir a la verdadera prosperidad de la humanidad; lo cual, en efecto, ofrece a la Iglesia la oportunidad de entablar un diálogo fructífero con el mundo, es decir, con los pueblos y hombres de todas las religiones y civilizaciones, para que pueda aportar sus esfuerzos conjuntos a salvaguardar los verdaderos bienes de los hombres y a resolver las cuestiones humanas de manera más apropiada según la doctrina del Evangelio.

En efecto, la Iglesia Católica ha brillado con luz propia ante todas las naciones, como una ciudad sobre una colina (Cf. Mt. 5, 14), guardiana invencible de las verdades divinas y la dignidad humana. Tampoco es difícil prever el futuro desarrollo de la vida religiosa que se derivará de ello, cuando el pueblo de Dios se vea cada vez más imbuido de ese aliento sagrado de renovación espiritual que el Concilio ha despertado en la Iglesia.

Todas estas cosas, si bien reconfortan dulcísimo a todos aquellos por cuya obra la «diversa gracia de Dios» (1.ª Pe. 4, 10) ha fluido abundantemente en las almas de los fieles cristianos, al mismo tiempo nos exhortan a esforzarnos con todas nuestras fuerzas para que ningún obstáculo retrase ese río desbordante de gracias celestiales que hoy «alegra la ciudad de Dios» (Sal. 45, 5), ni disminuya en modo alguno el fervor con el que la Iglesia está hoy tan animada. Esto podría suceder si, tras el tiempo de debates y la aprobación de las leyes, el celo apostólico de los santos Pastores disminuyera progresivamente y no prestaran la debida atención a los deberes propios de ese tiempo, que seguirán a la celebración del Concilio. Pues el éxito del Concilio y sus frutos más beneficiosos para la vida de la Iglesia dependerán, más que de la multiplicidad de leyes, de la diligencia y el empeño con que estas se pongan en práctica en el futuro. Por supuesto, será necesario, sobre todo para los fieles cristianos, preparar prudentemente sus mentes para recibir las nuevas normas; despertar la inercia de aquellos que se niegan a adaptarse al nuevo rumbo de las cosas; frenar la intemperancia de otros que se entregan a innovaciones privadas más de lo debido, y que de este modo pueden perjudicar considerablemente la obra de renovación iniciada; contener el cambio de disciplina dentro de los límites prescritos por la autoridad legítima; y, finalmente, infundir en la mente de todos confianza en los sagrados Pastores e instar a la plena obediencia, que es testimonio del verdadero amor a la Iglesia y, al mismo tiempo, la garantía más segura de unidad y de un resultado feliz.

Basta con mencionar brevemente estos puntos, Venerables Hermanos, para que comprendáis la gravedad e importancia de las responsabilidades que os esperan. Se emprenderá una obra de inmensa envergadura que exige prudencia, perseverancia y sabiduría en vuestros consejos; pero también exige, con igual ahínco, el esfuerzo conjunto, entusiasta y magnánimo, de toda la comunidad que ha sido confiada a cada uno de vosotros. Pues el Concilio Ecuménico, al conferir a la vida espiritual y ritual de todos los hijos de la Iglesia, no puede prescindir del esfuerzo común de todos.

En este esfuerzo conjunto, no cabe duda de que los dilectísimos sacerdotes serán de mayor ayuda para sus pastores que otros, especialmente aquellos consagrados al cuidado de las almas. El Concilio Ecuménico, al haber emitido normas providenciales al respecto, les ha proporcionado un instrumento incomparable para ejercer las funciones del sacerdocio con mayor dignidad y eficacia; por lo tanto, que quienes deseen recibirlo y usarlo, se comprometan con resoluciones más firmes y animadas a alcanzar la santidad y a desempeñar el sagrado ministerio con espíritu hábil y generoso. Por nuestra experiencia pastoral, sabemos bien cuántos obreros de Cristo, verdaderamente dignos, han trabajado diligentemente en el cultivo de la tierra del Señor; tampoco ignoramos las dificultades y los sufrimientos a los que están sometidas las vidas de muchos, a menudo transcurridas en soledad, pobreza y entre las mentes hostiles de los hombres. Que estos amados hijos nuestros sepan que el Vicario de Cristo dirige sus pensamientos a ellos y ora constantemente a Dios por ellos. Sus penas, que a menudo están ocultas, pueden estarlo para los hombres, pero no para Dios, quien les prepara una digna recompensa por sus labores en el cielo.

También confiamos especialmente en la valiosa labor que todas las familias religiosas aportarán a este propósito. Pues de la floreciente vida religiosa la Iglesia recupera gran parte de su vigor, de su celo apostólico, de su ardor por la santidad. Como siempre, ahora más que nunca, la Iglesia necesita el testimonio público y social que imparte la vida religiosa, así como la ayuda que se debe brindar al clero diocesano en su apostolado. Que los ejemplos de quienes verdaderamente han renunciado al mundo brillen cada vez más, y demuestren con claridad que el reino de Dios no es de este mundo (Cf. Jn. 18, 30); ni que el celo apostólico que los inflama se limite a los confines de su propia comunidad, sino que se abra a todas las necesidades espirituales que aquejan a nuestra época.

Finalmente, depositamos nuestra gran esperanza en los fieles laicos consagrados al apostolado, a quienes acogemos con afecto paternal. El hecho de que el Concilio Ecuménico haya querido contar con ellos en la labor que les ha sido encomendada, y haya descrito extensamente su lugar y funciones en la Iglesia, demuestra claramente la importancia de los roles que ahora deben asignarse a los laicos. En verdad, la actividad pastoral de los ministros sagrados no puede alcanzar sus objetivos si no va acompañada por la actividad de los laicos, cuya tarea es ayudar a la Iglesia a llevar a cabo su ministerio sagrado, proveer sacerdotes según sus capacidades en aquellos lugares que sufren escasez de clero, y también encontrar nuevas vías y métodos para que la Iglesia pueda transmitir con mayor eficacia el mensaje de salvación a la gente de nuestro tiempo. Por lo tanto, exhortamos a estos hijos nuestros con espíritu paternal a que estén a la altura de esta gran hora del Concilio Ecuménico y a que cumplan con entusiasmo la esperanza y la expectativa que la Iglesia ha depositado en sí misma.

Venerables Hermanos, tenemos la firme esperanza de que vuestros hijos en Cristo, así como han compartido vuestras inquietudes sobre el resultado del Concilio hasta ahora, orando, temblando, esperando y alegrándose, así también, cuando regreséis a vuestros hogares, querrán colmaros de alegría con la generosidad de su valiosa ayuda. En efecto, esperamos fervientemente que a vuestro regreso a vuestra patria no falten testimonios públicos de honor y expresiones de gratitud, como sin duda lo exige la gran obra que habéis realizado junto a Nos con la mayor prudencia, sabiduría y habilidad, y como corresponde a quienes han abierto nuevas metas para la Iglesia y, al mismo tiempo, han mostrado a los hombres con tanta autoridad el camino correcto de la dignidad humana, el amor fraterno, la unidad y la paz. Por vosotros se ha suscitado una gran esperanza en la Iglesia y en el mundo; bienaventurados los que os presten ayuda para nutrirla, fortalecerla y perfeccionarla.

Pero en la ardua y sumamente seria tarea que les corresponde después del Concilio, sabéis, Venerables Hermanos, cuán desiguales son las facultades del hombre. Por lo tanto, la ejecución de las leyes del Concilio solo traerá los frutos deseados de la Iglesia de esta manera, es decir, si la ayuda del Divino Redentor viene en su auxilio, quien dijo: «Sin mí nada podéis hacer» (Jn. 15, 5), y si la acción del Espíritu Santo continúa influyendo profundamente, iluminando y fortaleciendo las almas de los sagrados Pastores también en el futuro. Por consiguiente, las oraciones, en las que consiste la comunión vital de la Iglesia, de manera especial, las oraciones dirigidas al Espíritu Santo, cuyo deber es dirigir los pasos de los seguidores de Cristo, declaran el deber que se les impone ante todo en este último tiempo del Concilio. De ahí que los fieles cristianos reciban fortaleza de lo alto para que puedan recorrer el camino que ahora se les presenta, llenos de esperanza; para que obedezcan con toda obediencia las exhortaciones de la Iglesia, que ahora desea especialmente que sus hijos sean dóciles en la obediencia, prontitud en la acción y magnánimos al soportar las dificultades que puedan surgir; para que finalmente obtengan de Dios una numerosa escuadra de santos, que, como Carlos Borromeo, sean ejemplo y estímulo del Pueblo cristiano en la fiel realización de los decretos conciliares, pues precisamente de esos hombres hay que esperar la verdadera renovación de la Iglesia, ardientemente deseada por el Concilio Ecuménico.

Por esta razón, Venerables Hermanos, hemos decretado que antes de la finalización del Concilio Ecuménico se proclamen solemnes súplicas durante tres días en todas las diócesis, parroquias y comunidades religiosas del mundo católico. Estas súplicas, que se celebrarán durante la próxima novena en honor de la Santísima Virgen María Inmaculada, no solo deberán tener como objetivo dar gracias a Dios y pedir nuevos dones celestiales, sino que también brindarán una oportunidad propicia para recordar a los fieles cristianos sus nuevos deberes y exhortarlos, uniendo sus esfuerzos a vuestras iniciativas, a poner en práctica con entusiasmo los salvíficos preceptos del Concilio Ecuménico en la vida cristiana, tanto privada como pública.

Finalmente, Venerables Hermanos, permitidnos también expresaros nuestro deseo de que vosotros, desde la Ciudad, transmitais a vuestros rebaños las advertencias y exhortaciones apropiadas sobre la celebración de tales súplicas; y, de hecho, para que cuando se celebre la solemne conclusión del Concilio Ecuménico en la Basílica del Vaticano, el mismo día y a la misma hora, toda la familia de católicos en todo el mundo se vea unida con una sola voz y una sola mente en ferviente oración con el Vicario de Cristo y con sus sagrados Pastores.

Sostenidos por esta esperanza, como testimonio de los dones divinos y de Nuestra benevolencia, os impartimos con el mayor amor en el Señor nuestra Bendición Apostólica a todos y cada uno de vosotros, Venerables Hermanos, y al clero y al pueblo confiados a vuestro cuidado.

Dado en Roma, en San Pedro, el 4 de noviembre, fiesta de San Carlos Borromeo, en el año 1965, tercero de Nuestro Pontificado. PABLO PP. VI.
   
Este documento adquiere gran importancia e interés porque, 33 días antes antes de concluir el Concilio Ladrón, Montini afirma que está grandemente admirado «por los numerosos puntos doctrinales propuestos por el Magisterio extraordinario de la Iglesia, así como por las normas de disciplina sabiamente impartidas», en claro contraste con lo que dirá en los 36 días posteriores a la clausura del mismo:
  • «[El Concilio] No pretendió resolver todos los problemas urgentes de la vida moderna; algunos de ellos se han reservado para un estudio posterior que la Iglesia tiene previsto realizar, muchos se presentaron en términos muy limitados y generales, y por ello están abiertos a una mayor investigación y a diversas aplicaciones.
       
    Pero hay que tener en cuenta un punto: la autoridad magisterial de la Iglesia, aun sin querer emitir pronunciamientos dogmáticos extraordinarios, ha dado a conocer su enseñanza autorizada sobre diversas cuestiones que hoy pesan sobre la conciencia y la actividad del hombre, entablando, por así decirlo, un diálogo con él, pero conservando siempre su propia autoridad y fuerza; ha hablado con la voz conciliadora y amigable de la caridad pastoral; su deseo ha sido ser escuchado y comprendido por todos; no se ha centrado únicamente en la comprensión intelectual, sino que también ha procurado expresarse con un estilo sencillo, actual y coloquial, derivado de la experiencia real y con un trato cordial que lo hace más vital, atractivo y persuasivo; ha hablado al hombre moderno tal como es» (Discurso de clausura del Concilio Vaticano II, 7 de Diciembre de 1965)
  • «Algunos se preguntan qué autoridad, qué cualificación teológica, quiso atribuir el Concilio a sus enseñanzas, sabiendo que evitó dar definiciones dogmáticas solemnes que comprometieran la infalibilidad del magisterio eclesiástico. Y la respuesta es conocida por quienes recuerdan la declaración conciliar del 6 de marzo de 1964, reiterada el 16 de noviembre de 1964: dado el carácter pastoral del Concilio, evitó pronunciar de manera extraordinaria dogmas investidos de infalibilidad; pero, no obstante, dotó a sus enseñanzas de la autoridad del magisterio ordinario supremo. Este magisterio ordinario, y por tanto manifiestamente auténtico, debe ser aceptado dócil y sinceramente por todos los fieles, de acuerdo con la intención del Concilio respecto a la naturaleza y los fines de cada documento» (Audiencia general, 12 de Enero de 1966).
Ahora, ¿qué es ese “Magisterio extraordinario” (u otras expresiones semejantes) del que hace referencia? El ejercicio solemne del oficio docente de la Iglesia, bien sea por declaraciones ex cáthedra por el Papa o las definiciones dogmáticas del Concilio general en comunión con él, que goza siempre de la infalibilidad en sí mismo (el Magisterio ordinario, en contraste, no siempre lo es, PERO no por eso deja de ser vinculante a los fieles).

Dejando a un lado la aparente contradicción de las declaraciones, debemos centrar nuestro análisis en que “Postréma Séssio” fue publicado en las Acta Apostólicæ Sedis, por lo que es un documento oficial con fuerza vinculante. Todo el que reconozca al Vaticano II y sus papas como legítimos, debe prestar su asentimiento a todo lo que digan que es verdadero, condenar lo que digan que es falso, permitir lo que este permita y abstenerse de lo que prohíbe.

Muchos de los “tradicionalistas”, en cambio, frente a las declaraciones del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia, la liturgia sagrada, los efectos del bautismo, la legitimidad del ecumenismo y el cambio doctrinal que este implica, la relación de la Iglesia con otras religiones, la libertad religiosa y la dignidad humana, et álibi aliórum plurimórum, las consideran opcionales porque no han sido declaradas infaliblemente, tranquilizando así su conciencia. Tal proceder es falso no solamente porque los diez y seis documentos del Vaticano II fueron promulgados observando los tres requisitos para la infalibilidad establecidos en Pastor Ætérnus, sino también porque aun si no fuera el caso, no habría tampoco problema en aceptarlo, ni habrá posibilidad de decir que hay ruptura con la doctrina anterior o peligro al seguirlo.

En tal sentido, la pregunta debe reformularse: No es tanto «¿Se debe aceptar el Vaticano II?», sino «¿Es seguro aceptar el Vaticano II?», porque de la respuesta a esta viene la justificación para responder aquella. Si la respuesta es afirmativa, «apaga y vámonos». Pero si la respuesta es negativa (y en efecto, lo es), entonces EL VATICANO II NO ES LEGÍTIMO NI VIENE DE UN PAPA LEGÍTIMO:
  • «…Les recomiendo que se mantengan firmes en su determinación de ser hijos leales de la Iglesia de Jesucristo, en un tiempo en que tantos, quizás sin saberlo, se han mostrado desleales. Porque el primer y mayor criterio de la fe, la prueba definitiva e inexpugnable de la ortodoxia, es la obediencia al magisterio de la Iglesia, que es viva e infalible, ya que fue establecida por Cristo como columna et firmamentum veritatis, «columna y fundamento de la verdad» (1.ª Tim. 3, 15)» (San Pío X. Discurso Con vera soddisfazione a la 2.ª Convención de Universidades Católica, 10 de Mayo de 1909
  • «La cátedra es un asiento, algo elevado y solemne, desde el cual un maestro imparte enseñanza. Consideremos, pues, la cátedra desde la cual el primer Papa habló a los primeros cristianos, tal como Nos os hablamos ahora, exhortándoos a estar alerta contra el diablo, que anda como león rugiente buscando a quien devorar (1.ª Pe. 5, 8), y a ser firmes en la fe y no dejaros engañar por los falsos profetas (2.ª Pe. 2, 1). Esta enseñanza de Pedro perdura en sus sucesores y perdurará, inmutable, por siempre, pues esta es la misión que Cristo mismo encomendó a la cabeza de la Iglesia» (Pío XII, Audiencia general, 17 de Enero de 1940).
La realidad muestra que Montini dijo que el asentimiento al Vaticano II NO ERA OPCIONAL: Además de los documentos citados ut supra, también cuentan dos discursos dél:
  • «Continuamos meditando sobre las enseñanzas del Concilio porque estamos convencidos de que este evento constituye una “summa” para nuestro tiempo, un rico y autorizado compendio de doctrinas y normas para las necesidades de nuestro tiempo, y marca un momento característico y decisivo en el curso de la tradición católica por los tesoros de verdad que nos conserva del pasado y por aquellos que nos abre en el camino hacia el futuro (Audiencia general, 4 de Febrero de 1970).
  • «Por un lado, están quienes, bajo el pretexto de una mayor fidelidad a la Iglesia y al Magisterio, rechazan sistemáticamente las enseñanzas del Concilio, su aplicación y las reformas que de él se derivan, así como su gradual implementación por la Sede Apostólica y las Conferencias Episcopales, bajo nuestra autoridad, como lo quiso Cristo. La autoridad de la Iglesia se desacredita en nombre de una Tradición cuyo respeto solo se atestigua material y verbalmente; los fieles se alejan de los lazos de obediencia a la Sede de Pedro y a sus obispos legítimos; la autoridad de hoy se rechaza en nombre de la de ayer. Y el hecho es aún más grave, puesto que la oposición de la que hablamos no solo es alentada por algunos sacerdotes, sino que está liderada por un obispo, sin embargo siempre venerado por Nosotros, el arzobispo Marcel Lefebvre.
      
    Resulta muy doloroso constatarlo, pero ¿cómo no ver en tal actitud —cualesquiera que sean las intenciones de estas personas— que se colocan fuera de la obediencia y la comunión con el Sucesor de Pedro y, por lo tanto, con la Iglesia?
      
    Porque, lamentablemente, esta es la consecuencia lógica de afirmar que es preferible desobedecer con el pretexto de mantener intacta la fe, de trabajar a su manera para preservar la Iglesia Católica, negando al mismo tiempo su obediencia efectiva. ¡Y lo dicen abiertamente! Se atreven a afirmar que el Concilio Vaticano II no es vinculante; que la fe también está en peligro debido a las reformas y orientaciones posconciliares; que existe el deber de desobedecer para preservar ciertas tradiciones. ¿Qué tradiciones? ¡Es este grupo, y no el Papa, ni el Colegio Episcopal, ni el Concilio Ecuménico, el que establece cuál de las innumerables tradiciones debe considerarse la norma de fe! Como veis, venerables hermanos, esta actitud se erige como prueba de la voluntad divina que puso a Pedro y a sus legítimos sucesores a la cabeza de la Iglesia para confirmar a los hermanos en la fe y apacentar el rebaño universal (cf. Lc. 22, 32; Jn. 21, 15 ss.), lo que lo estableció como garante y custodio del depósito de la fe.
      
    Y esto es aún más grave, en particular, cuando se introduce la división, precisamente donde el amor de Cristo nos unió en uno, en la Liturgia y el Sacrificio Eucarístico, al negarse a cumplir con las normas definidas en el ámbito litúrgico. Es en nombre de la Tradición que pedimos a todos nuestros hijos, a todas las comunidades católicas, que celebren la Liturgia renovada con dignidad y fervor. La adopción del nuevo “Ordo Missæ” ciertamente no queda a discreción de los sacerdotes ni de los fieles: y la Instrucción del 14 de junio de 1971 preveía la celebración de la Misa en la forma antigua, con la autorización del ordinario, solo para sacerdotes ancianos o enfermos que ofrecieran el Sacrificio Divino sine populo. El nuevo Ordo fue promulgado para reemplazar al antiguo, después de una cuidadosa deliberación, siguiendo las peticiones del Concilio Vaticano II. De la misma manera, nuestro santo Predecesor Pío V había hecho obligatorio el Misal reformado bajo su autoridad, siguiendo el Concilio de Trento.
      
    Exigimos la misma disposición, con la misma autoridad suprema que nos proviene de Cristo Jesús, para aceptar todas las demás reformas litúrgicas, disciplinarias y pastorales que se han desarrollado en los últimos años en aplicación de los decretos conciliares. Cualquier iniciativa que pretenda obstaculizarlas no puede considerarse un servicio a la Iglesia; de hecho, le causa un grave daño.
       
    En varias ocasiones, directamente, a través de nuestros colaboradores y otros amigos, hemos llamado la atención de Monseñor Lefebvre sobre la gravedad de sus actitudes, la irregularidad de sus principales iniciativas actuales, la inconsistencia y a menudo la falsedad de las posiciones doctrinales en las que se basa, y el daño que estas causan a la Iglesia en su conjunto.
       
    Con profunda amargura, pero con esperanza paternal, nos dirigimos una vez más a este Hermano nuestro, a sus colaboradores y a quienes se han dejado influenciar por ellos. Ciertamente, creemos que muchos de estos fieles, al menos inicialmente, actuaron de buena fe; también comprendemos su apego sentimental a las formas habituales de culto o disciplina que durante mucho tiempo les habían servido de apoyo espiritual y en las que habían encontrado alimento espiritual. Pero confiamos en que podrán reflexionar con serenidad, sin prejuicios, y estarán dispuestos a admitir que hoy encontrarán el apoyo y el alimento que buscan en las formas renovadas que el Concilio Ecuménico Vaticano II y Nos mismos hemos decretado como necesarias para el bien de la Iglesia, su progreso en el mundo contemporáneo y su unidad. Por lo tanto, exhortamos una vez más a todos estos hermanos e hijos nuestros, les imploramos que tomen conciencia de las profundas heridas que de otro modo causan a la Iglesia, los invitamos nuevamente a reflexionar…
      
    Con profunda tristeza, pero con esperanza paternal, nos dirigimos una vez más a nuestro hermano Monseñor Marcel Lefebvre y a sus colaboradores; los invitamos a reflexionar sobre las serias advertencias de Cristo respecto a la unidad de la Iglesia (cf. Jn. 17, 21 ss.) y la obediencia debida al legítimo Pastor que Él ha puesto al frente del rebaño universal, como signo de la obediencia debida al Padre y al Hijo (cf. Lc. 10, 16). Los esperamos con el corazón abierto, con los brazos dispuestos a acogerlos: ¡que sepan redescubrir, con humildad y edificación, para alegría del Pueblo de Dios, el camino de la unidad y del amor!» (Alocución consistorial Ex quo die, 24 de Mayo de 1976).
Claro, no pretendemos (¡líbrenos Dios si quiera de pensarlo!) lograr que nadie siga a Pablo VI y acepte el concilio ni participe en la abominable liturgia del Novus Ordo. Simplemente pretendemos señalar la flagrante incongruencia en la postura de los lefebvristas y otros tradicionalistas (y neoconservadores) que defienden el reconocimiento y la resistencia. Intentan defender la fe tradicional, pero, al negarse a reconocer que los papas del Vaticano II debieron ser falsos papas, se ven obligados a negar esa fe distorsionando, o mejor dicho, denigrando, la verdadera doctrina sobre el papado. La única salida a este dilema es la conclusión teológica y canónica de la Sede Vacante.

Pasemos a otra parte de “Postréma Séssio”: La finalidad del documento es convocar a un triduo de oración «para obtener un nuevo Pentecostés, por el cual el rostro de la Esposa de Cristo y la sociedad de los hombres se renueven salvíficamente por la gracia del Espíritu Santo».

Montini repite la idea de un «nuevo Pentecostés», acuñada por su antecesor inmediato Juan XXIII bis Roncalli en su homilía de Pentecostés el 17 de Mayo de 1959. ¡Blasfemia! Pedir un «nuevo Pentecostés» es insinuar que no fue suficiente la acción del Espíritu Santo en la Iglesia desde el 15 de Mayo del año 33 (el Pentecostés original) y prolongada en los católicos individualmente considerados por medio de la Confirmación.

Sea esta, sin embargo, la oportunidad de reiterar una verdad: León XIII Pecci dijo en su encíclica “Divínum illud munus” que el Pentecostés no es el día en que nace la Iglesia Católica (nació cincuenta días antes en el Monte Calvario, el Viernes Santo 25 de Marzo del año 33, cuando el Costado de Nuestro Señor Jesucristo es traspasado con la lanza), sino el día en que esta se manifiesta por primera vez a todos los hombres de todas las naciones del mundo.

Entonces, si para la verdadera Iglesia Católica el día de Pentecostés es cuando se muestra por primera vez al mundo, la Pseudoiglesia nacida del Vaticano II tuvo su «nuevo Pentecostés» el día 21 de Noviembre de 1964, cuando en el número 8 del primer capítulo de la recién ratificada constitución dogmática “Lumen Géntium” sobre la Iglesia dice lo siguiente:
«Esta Iglesia, establecida y organizada en este mundo como una sociedad, subsiste en (subsístit in) la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él, si bien fuera de su estructura se encuentren muchos elementos de santidad y verdad que, como bienes propios de la Iglesia de Cristo, impelen hacia la unidad católica».

El “subsístit in” expresado en Lumen Géntium (que, si bien el padre Sebastiaan Peter Cornelis Tromp Lörper SJ, secretario general de la Comisión Doctrinal, lo hizo introducir en la sesión plenaria del 26 de Noviembre de 1963 a las 18:35h, procede en realidad del pastor luterano alemán Wilhelm Schmidt, quien la transmitió por escrito al cardenal Josef Frings por medio de su perito teológico Joseph Ratzinger) era una novedad extraña y contrapuesta a la identidad entre la Iglesia de Cristo y la Iglesia Católica sobre la cual Pío XII insistió en su encíclica “Humáni géneris in rebus” catorce años atrás. CA-TOR-CE AÑOS. Y esa novedad justifica un ecumenismo que no conduce a ABSOLUTAMENTE NADA, porque nunca se definió en qué consiste la unidad que ellos buscan, ni las partes implicadas están de acuerdo en el objeto y alcances de esa unidad.

Poco después de la clausura del Concilio Vaticano II, el propio Pablo VI habló de la “iglesia conciliar”, a cuya imagen los líderes católicos debían ahora “transformarse”. Y luego está la sorprendentemente sincera confesión de un cardenal polaco Karol Wojtyła que no se imaginaba que iba a ser el futuro Juan Pablo II (aunque algo debía barruntar), quien predicó en su sermón cuaresmal de 1976:
«La Iglesia del Dios viviente congrega a todos los hombres que, en cualquier forma, toman parte de esta maravillosa trascendencia del espíritu humano. Y todos ellos saben que nadie logrará colmar sus deseos más profundos. La manifestación de esta trascendencia de la persona humana la constituye la oración de fe, pero en ocasiones también el profundo silencio. Este silencio, que a veces parece separar al hombre de Dios, es no obstante un acto especial de la unión vital entre Dios y el espíritu humano. La Iglesia de nuestro tiempo se ha hecho particularmente consciente de esta verdad y, por ello, a su luz, ha logrado redefinir, en el Concilio Vaticano II, su propia naturaleza» [Signo de contradicción: Meditaciones (Trad. española de Vicente Manuel Fernández Hernández), 3.a edición. Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos 1979, pág. 24].
Y el reinante León XIV Riggitano-Prévost en su encíclica Magnífica Humánitas, también:
«El Concilio Vaticano II marcó un punto de inflexión en la forma en que la Iglesia se entiende a sí misma en el mundo contemporáneo. En la Constitución pastoral Gáudium et Spes nos presentó la imagen de una Iglesia cercana a la humanidad, comprometida con el mundo y dedicada a reflexionar no a partir de esquemas abstractos, sino de la realidad concreta de las situaciones históricas» (Magnífica Humánitas, n. 34).
En otra parte de la exhortación de “Postréma Séssio”, Montini expresa su esperanza de que su falso concilio «traiga un nuevo y abundante derramamiento de vida espiritual a la Iglesia y al mundo». Ahora, más de 60 años después, los resultados son innegables: la «Iglesia conciliar» de Montini ha causado una ruina doctrinal, moral, espiritual y litúrgica absoluta en millones de almas; sacramentos inválidos, inmoralidad en los ministros y la alineación con el sistema tan corrupto hasta el punto de la intrascendencia.

«Por sus frutos, los conoceréis».


Rvdo. P. JORGE RONDÓN SANTOS S. Ch. R.
12 de Septiembre de 2026 (Año Santo de Cristo Rey).
Fiesta del Santísimo Nombre de la Bienaventurada Virgen María; de San Guido de Anderlecht, peregrino; y de San Sacerdote, obispo de Lyon. Nacimiento del Ilmo. Sr. Don José de Cuero y Cayzedo, obispo de San Francisco de Quito y presidente del Estado de Quito. Tránsito de Miguel Juan Pellicer Blasco, beneficiario del Milagro de Calanda. Martirio del Beato Tomás de Zumárraga y Lazcano OP. Conquista de Mallorca por el rey Jaime I de Aragón; victoria de Castilla en el I Sitio de Gibraltar; coronación de Felipe II de España como rey de Portugal; victoria naval española sobre los corsarios neerlandeses en Pernambuco (Brasil); victoria de Juan III Sobieski de Polonia sobre los turcos otomanos en la batalla de Kahlenberg, y levantamiento del 2.º Sitio de Viena; victoria armenia y rescate por la Armada francesa en el asedio de la Colina de Moisés (Turquía). Fundación de la Hermandad del Señor del Santuario de Santa Catalina en Lima (Perú).