domingo, 26 de julio de 2026

EL CASO SLIPYJ: HISTORIA Y PRECISIONES

Tomado de ACTUALITÉS FSSPX (Distrito de Italia). Se publica en refutación a La Nuova Bussola Quotidiana, que ha tomado la “Cuestión de Écône” con un celo tan contrario a ciencia más parecido al odio personal que un análisis doctrinal (donde igual, también fracasan como los neoconservadores desesperados que son).
   
EL CASO SLIPYJ Y LAS CONSAGRACIONES EPISCOPALES SIN MANDATO APOSTÓLICO
  
Timbre postal conmemorativo del cardenal José Slipyj, por valor de 15 karbóvanets (Correo ucraniano, 1993).
 
¿Existe algún precedente histórico de consagraciones episcopales realizadas por la Sociedad de San Pío X sin mandato apostólico? ¿Hay otros casos en la historia de la Iglesia en los que un obispo consagrara a otros en contra de la voluntad del Papa, sin recibir condena alguna? ¿Se justifica la actuación de la Fraternidad únicamente desde una perspectiva teológica, o podemos recurrir a ejemplos concretos, quizás de hace tan solo unas décadas? Estas son las preguntas que intentaremos responder.
   
Antes de comenzar, una nota sobre la metodología. El episodio que vamos a relatar no es desconocido. Muchos han hablado de él, especialmente en internet, en los últimos meses. El problema es que estas intervenciones, tanto a favor como en contra de la Fraternidad, a menudo carecen de una base canónica e histórica sólida. Sus conclusiones son inciertas o, en algunos casos, completamente falsas. Por esta razón, hemos decidido retomar el tema en su totalidad y reexaminarlo desde cero basándonos en las fuentes. Para evitar que la lectura resulte demasiado engorrosa, hemos incluido solo los elementos principales de la historia en el cuerpo del artículo, mientras que los datos secundarios y las referencias se pueden encontrar en las notas finales [1].

EL HECHO
El 2 de mayo de 1977, tres obispos fueron consagrados sin mandato apostólico en el monasterio estudita de Castel Gandolfo. Los consagrados fueron Iván Choma, Ľubomír Husar y Stepán Czmil. El consagrante fue el cardenal José Slipyj, arzobispo mayor de Leópolis de los Ucranianos [2]. La ceremonia se llevó a cabo en absoluto secreto.

Intentemos comprender el contexto. Tanto el cardenal como los obispos que él consagró pertenecían a la Iglesia grecocatólica ucraniana, una comunidad católica oriental que profesa la fe católica en su totalidad, pero celebra la misa con un rito y sigue una disciplina canónica diferente a la de la Iglesia latina. 

Slipyj se convirtió en Metropólita de Leópolis y, por lo tanto, en jefe de la Iglesia grecocatólica ucraniana, en 1939, en vísperas de la invasión soviética. Cuando, en 1945, los comunistas intentaron suprimir a la comunidad grecocatólica y fusionarla con la Iglesia ortodoxa, Slipyj se negó a apostatar. Por ello, fue arrestado y deportado al gulag. Permaneció allí durante 18 años, ofreciendo un admirable testimonio de la fe católica frente a la tiranía comunista. Fue liberado en 1963, gracias a la presión del Vaticano y del gobierno de Estados Unidos. Pudo viajar a Roma y participar en el Concilio Vaticano II. En 1964, Pablo VI le confirió el título de Arzobispo Mayor, con poderes cuasi patriarcales sobre la Iglesia grecocatólica ucraniana, y en 1965 lo elevó al cardenalato. Prohibido de regresar a Ucrania, entonces parte de la Unión Soviética, pasó el resto de su vida en Roma.

Iván Choma era su secretario. Ľubomír Husar pertenecía a los Salesianos y Stepán Czmil a los Estuditas, una orden monástica ucraniana. No está claro si Slipyj quería conferirles únicamente el poder de la orden (convirtiéndolos en obispos auxiliares) o también el de jurisdicción (nombrándolos obispos de una diócesis). Algunos enfoques sugieren la segunda hipótesis [3].

En todo caso, no cabe duda de que las consagraciones episcopales del cardenal Slipyj se llevaron a cabo sin mandato apostólico y completamente sin el conocimiento del Papa. Las fuentes históricas lo afirman unánimemente [4]. Borís Gudziak, rector de la Universidad Católica Ucraniana de 2002 a 2013, habla de «consagraciones válidas pero ilícitas» [5]. Iván Dacko, secretario personal de Slipyj de 1976 a 1984, informa que este último, «después de la audiencia del 13 de diciembre de 1976, salvo las reuniones formales, ya no tuvo más reuniones privadas con Pablo VI» [6].

¿También se oponía el Papa? Todo nos lleva a creer que sí. Como veremos más adelante, Pablo VI no quería nombrar nuevos obispos para las sedes ucranianas. Además, si Slipyj pensaba que el Papa estaba de acuerdo, ¿por qué actuar en secreto? Al fin y al cabo, era cardenal y vivía a tiro de piedra de Roma. Habría sido muy fácil reunirse con el Sumo Pontífice. Cuando, menos de un año después, se conoció la consagración clandestina de Czmil, la Curia Romana mostró una considerable irritación [7] y exigió que Slipyj se justificara [8].

LA JUSTIFICACIÓN
¿Cómo justificó Slipyj su acción? Existen fundamentalmente dos razones: la primera es la “oficial”, dada en respuesta a una petición específica de la Santa Sede; la segunda es la “extraoficial”, que conocemos a través de los testimonios de sus colaboradores.
            
Primera razón. Cuando el cardenal Paul-Pierre-Charles Philippe Adam OP, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, le preguntó con base en qué derecho había realizado la consagración, Slipyj respondió: «Con base en los derechos de la Unión de Brest, que el Romano Pontífice garantizó al Metropólita de Kiev y a sus sucesores» [9]. En otras palabras, para Slipyj, consagrar obispos era su derecho como cabeza de la Iglesia grecocatólica ucraniana (cargo que antes ostentaba el Metropólita de Kiev, pero que actualmente ostenta el Metropólita de Leópolis). Este derecho se fundamentaba en una concesión explícita del Papa, realizada con motivo de la Unión de Brest, cuando, en 1595, la Metrópolis de Kiev, ya ortodoxa, volvió a la comunión con la Iglesia católica. Veremos, en la segunda parte del artículo, la validez de esta justificación.
            
Segunda razón. Según el testimonio de Mons. Husar (uno de los obispos consagrados clandestinamente) y otros contemporáneos, Slipyj actuó debido a una “situación de necesidad”. Durante tres décadas, las sedes episcopales de la Iglesia grecocatólica en Ucrania habían estado vacantes. La única que aún tenía obispo era Leópolis, pero su obispo residía en Roma y no tenía posibilidad de regresar a su tierra natal. El Vaticano se negó a brindar ayuda alguna. La Ostpolitik estaba en pleno apogeo.  Nombrar obispos grecocatólicos para las sedes ucranianas habría comprometido el diálogo con los comunistas (que habían prohibido legalmente a la Iglesia grecocatólica) y el ecumenismo con los ortodoxos (que consideraban la Unión de Brest un abuso). El cardenal Slipyj temía que la Iglesia grecocatólica ucraniana quedara sin jerarquía. En consecuencia, sabiendo que Pablo VI nunca la proveería, procedió con las consagraciones episcopales sin mandato apostólico.

EL DERECHO
Ahora debemos determinar, a la luz del derecho canónico, si las razones esgrimidas por Slipyj y sus colaboradores son válidas; es decir, si bastan para justificar una consagración episcopal sin mandato apostólico. ¿Es cierto que Slipyj simplemente ejerció su derecho y que, por consiguiente, sus consagraciones no solo son válidas, sino también lícitas? ¿Y es cierto que, en la Iglesia de aquel entonces, existía un estado de necesidad que legitimaba tal elección?
            
Respecto a la primera razón, afirmamos sin reservas que, en 1977, el Arzobispo Mayor de Leópolis no tenía derecho a consagrar obispos para su Iglesia sin el permiso del Papa.

En el momento de la Unión de Brest (1595), los delegados ucranianos solicitaron y obtuvieron que sus obispos, designados por el Rey de Polonia, recibieran la institución canónica y la consagración del Metropólita de Kiev, sin necesidad de confirmación por parte del Papa [11].
            
Cabe señalar que esta facultad no era un derecho innato perteneciente a los Patriarcas Orientales (con quienes el Metropólita, cabeza de la Iglesia grecocatólica ucraniana, estaba equiparado de alguna manera), sino un privilegio otorgado por el Papa. En la bula de concesión, Clemente VIII especificó que el Metropólita ucraniano actuaba «por autoridad y en nombre de la Santa Sede» y que, debido a la distancia de Ucrania, recurrir a Roma para la confirmación de cada nombramiento episcopal habría sido muy inconveniente [12]. Ahora bien, así como el Romano Pontífice concede un privilegio, también puede revocarlo. Además, el Metropólita de Kiev no podía nombrar obispos a su antojo. La elección de estos correspondía al Rey de Polonia y, posteriormente, tras la partición de este último, al Emperador de Austria [13]. El Metropólita se limitaba a otorgar la institución canónica y la consagración. Finalmente, la concesión de la Santa Sede solo afectaba a los nuevos obispos diocesanos de las sedes grecocatólicas ucranianas. Esto significa que el traslado de un obispo de una sede a otra, así como el nombramiento e institución de obispos auxiliares, estaba reservado a Roma [14].
            
En cualquier caso, el privilegio de confirmar obispos sin la intervención de Roma probablemente fue revocado ya con el Concordato entre la Santa Sede y la República de Polonia de 1925 [15].
            
Pero hay un documento que no deja lugar a dudas. Se trata del motu próprio “Cleri sanctitáti” (2 de junio de 1957), mediante el cual Pío XII promulgó una parte del derecho canónico oriental, la relativa a los ritos y las personas. En él también encontramos las normas sobre la postulación, la institución y la consagración de obispos. El canon 392, § 2 establece claramente que «el Romano Pontífice nombra libremente a los obispos o confirma a los que han sido elegidos». En cuanto a la institución canónica, el canon 395, § 1 especifica que está reservada exclusivamente al Papa. En otras palabras, las nominaciones o instituciones episcopales ya no eran posibles sin la intervención del obispo de Roma, quien en algunos casos elegía directamente al candidato, mientras que en otros confirmaba al candidato elegido por otros [16]. Además, tan solo unos años antes, el Santo Oficio había emitido un decreto (9 de abril de 1951) que amenazaba con la excomunión a cualquier obispo, de cualquier rito o dignidad, que hubiera conferido la consagración episcopal a un candidato no expresamente designado o confirmado por la Santa Sede. Esta norma, que para nosotros los occidentales puede parecer obvia, constituyó un cambio significativo para los orientales, dado que los jefes de algunas Iglesias católicas orientales, como la ucraniana, habían gozado en el pasado del privilegio de conferir la institución canónica a sus obispos sin pasar por Roma. En los patriarcados católicos orientales hubo numerosas controversias y descontentos, pero al final prevaleció la voluntad del Papa [17].
            
Algunos podrían objetar que la reserva papal de los nombramientos episcopales orientales fue abrogada por el decreto “Orientálium Ecclesiárum” del Concilio Vaticano II (21 de noviembre de 1964). En él, de hecho, se estableció que los Patriarcas Orientales debían recuperar sus antiguos derechos y privilegios, incluido el de «nombrar obispos de su propio rito» (n. 9). Sin embargo, es evidente que la decisión del Concilio no tiene la fuerza de una ley inmediatamente aplicable, sino que expresa una orientación general que la Santa Sede debía traducir en disposiciones prácticas. Prueba de ello es que, ya en 1976, Pablo VI confirmó en consistorio la elección de obispos realizada en los Patriarcados Orientales, exactamente como lo hizo Juan XXIII en 1959 [18], es decir, antes de “Orientálium Ecclesiárum”. 
            
En resumen, en 1977, nadie, ni siquiera el jefe de una Iglesia católica oriental, podía consagrar obispos sin el permiso del Papa [19]. Era imposible que Slipyj lo desconociera, dado que había vivido en Roma durante catorce años, ocupado cargos en la curia y estaba muy familiarizado con la práctica canónica vigente en aquel momento. ¿Por qué procedió de todos modos? Probablemente porque estaba convencido de que la posibilidad de nombrar obispos sin mandato apostólico era un derecho inherente de los Patriarcas orientales (no olvidemos que firmó y aceptó ser llamado “patriarca”, aunque el Papa nunca le había otorgado este título) o, en cualquier caso, fruto de un acuerdo bilateral entre el Patriarcado y la Santa Sede, que no podía ser revocado unilateralmente [20]. Sin embargo, la idea de Slipyj contradice abiertamente lo declarado por Clemente VIII y Pío VI, el derecho canónico de Pío XII y la práctica secular de la Iglesia católica.
            
En cuanto a la segunda razón, es muy difícil hablar de un verdadero “estado de necesidad” en el caso de las consagraciones de Slipyj. 
            
Todas las fuentes que consultamos parecen confirmar la existencia de un estado de necesidad. Andréi Chirovsky, quien en aquel entonces estudiaba en el Colegio Ucraniano de Santa Sofía en Roma y ahora es una figura destacada en la jerarquía católica ucraniana en Estados Unidos, afirma claramente: «La diplomacia vaticana en aquel momento parecía más interesada en buscar un acercamiento con el Kremlin que en proteger los intereses de los católicos ucranianos. El patriarca [réctius arzobispo mayor] José temía que la Iglesia católica ucraniana se quedara sin jerarquía. Por lo tanto, decidió dotar a la Iglesia en Ucrania de su propia jerarquía» [21]. En otras palabras, si Slipyj no hubiera consagrado a esos tres obispos, la Iglesia grecocatólica ucraniana pronto se habría extinguido. ¿Fue esto realmente así?
            
Es cierto, como ya hemos visto, que en 1977 ya no había obispos grecocatólicos residentes en Ucrania. Pero la jerarquía grecocatólica ucraniana no existía solo en su tierra natal. Entre los siglos XIX y XX, muchos ucranianos emigraron al extranjero y se establecieron diversas diócesis para ellos. En 1977, fuera de Ucrania, existían diez eparquías [= diócesis] y cuatro exarcados [= vicariatos apostólicos] con el mismo número de obispos diocesanos, sin contar los auxiliares, que eran renovados periódicamente por el Papa. Ciertamente, no se podía hablar de la inminente extinción de la jerarquía grecocatólica ucraniana. 

Además, Choma, Husar y Czmil no fueron consagrados obispos para  ir inmediatamente  a ejercer su ministerio en Ucrania, en la “Iglesia del Silencio”. Husar admite que «Slipyj me consagró por si la situación en Ucrania lo requería». Sin embargo, esto nunca sucedió: «Cuando la Iglesia [grecocatólica] fue reconocida [por el gobierno ucraniano] en 1990, ya no nos necesitaban» [22]. Tanto es así que estos obispos, hasta la década de 1990, no ejercieron ningún tipo de ministerio episcopal.

En resumen, la necesidad que Slipyj invocó para justificar sus consagraciones era puramente futura e hipotética: los nuevos obispos solo tendrían que viajar a Ucrania cuando la situación cambiara. Pero, llegado ese punto, ¿qué necesidad habría de obispos clandestinos? Un obispo de rito ucraniano residente en el extranjero podría haber sido trasladado fácilmente a su país, o se podrían haber realizado nuevas consagraciones en ese mismo momento (y no antes). Entonces, ¿dónde estaba el estado de necesidad?

Cabe señalar también que la necesidad invocada por Slipyj no se refería a la fe, sino simplemente a la salvaguarda (totalmente hipotética, como acabamos de ver) de la jerarquía de su rito en su país. Esta necesidad es radicalmente distinta de la actual, y en materia de fe, a la que ha recurrido la Fraternidad. Y, en nuestra opinión, no basta para justificar una consagración episcopal sin un mandato apostólico.

¿CÓMO TERMINÓ?
A la luz de lo que hemos relatado, cabría esperar que Slipyj y los obispos que consagró hubieran sido excomulgados o incluso declarados cismáticos. Nada de eso ocurrió. El paralelismo con la Fraternidad Sacerdotal San Pío X termina ahí. 

Al igual que la Fraternidad, Slipyj también realizó consagraciones episcopales en contra del derecho canónico de la época y en contra de la voluntad del Papa. Pero, a diferencia de la Fraternidad, la reacción del Vaticano fue sumamente benevolente.

Aparte de una solicitud de justificación por parte de la Congregación para las Iglesias Orientales, que no tuvo seguimiento, Slipyj no recibió ninguna reprimenda. No hubo declaración de  excomunión latæ senténtiæ (aunque el derecho canónico de la época la contemplaba) ni, mucho menos, de cisma [23]. El cardenal continuó su ministerio exactamente como antes.

Ni siquiera en 1980, cuando el propio Slipyj reveló a Juan Pablo II que los obispos consagrados clandestinamente no eran uno, sino tres, hubo reacción alguna. Todo lo contrario. A petición del Papa, la Santa Sede inició un procedimiento canónico que condujo al reconocimiento, en 1997, de Choma y Husar como obispos. Sin retractación, abjuración ni carta de disculpa [24]. Posteriormente, Mons. Husar se convirtió en Arzobispo Mayor de Leópolis y Cardenal (2001). Su proceso de beatificación se inició el 26 de febrero de 2024.

Esto no debería sorprender, puesto que Juan Pablo II había llegado a la conclusión de que las consagraciones de Slipyj no eran ilícitas. Dacko lo afirma explícitamente: «El padre Werenfried von Straaten O. Præm., […] gracias a su relación personal con el Santo Padre, ayudó a Slipyj a convencer al Papa de que la decisión que había tomado en aquel momento era la correcta» [25]. El 17 de octubre de 1984, Juan Pablo II elogió a Slipyj en estos términos: «Su memoria permanecerá imborrable en los anales de la historia civil y religiosa y nunca olvidaremos su figura ascética y hierática, severa y solemne. Sobre todo, nunca olvidaremos la enseñanza que impartió con toda su vida» [26].

¿Por qué esta diferencia de trato entre Slipyj y la Fraternidad Sacerdotal San Pío X? ¿Quizás porque no era apropiado atacar a alguien a quien todos consideraban un mártir del comunismo? ¿O quizás porque el cardenal ucraniano no tuvo problema en aceptar las innovaciones del Concilio, llegando incluso a afirmar, por ejemplo, que «no existe una diferencia dogmática significativa» entre las Iglesias ortodoxa y católica [27], y que la concesión de la dignidad patriarcal no depende del derecho canónico, sino de la autoconciencia eclesial del pueblo de Dios? [28].

CONCLUSIONES
El precedente histórico de las consagraciones de Slipyj nos permite extraer algunas conclusiones teológicas importantes, que están en perfecta armonía con lo que ya hemos expuesto en otros artículos.
            
1) La Santa Sede no cree que la consagración episcopal contra la voluntad del Papa esté prohibida por derecho divino y, por lo tanto, no sea lícita bajo ninguna circunstancia. Como hemos visto, Juan Pablo II llegó a creer que la decisión de Slipyj era acertada. Por esta razón, ni él ni los obispos que consagró recibieron condena alguna. De hecho, fueron presentados como ejemplos a seguir. Nada de esto habría sido posible si la Santa Sede hubiera estado convencida de que las consagraciones episcopales sin mandato apostólico son un acto intrínsecamente malo y prohibido por derecho divino.  En ese caso, de hecho, habría sido necesario declarar que Slipyj y los obispos que consagró habían incurrido en una pena canónica o, al menos, en un pecado muy grave. No habría sido posible conferirles cargos capitales en la Iglesia sin algún tipo de retractación o penitencia.
            
2) La Santa Sede tampoco considera que la consagración episcopal contra la voluntad del Papa sea en sí misma un acto cismático ni que merezca la excomunión.  Esta es la consecuencia lógica de lo expuesto en la primera conclusión.
            
3) La Santa Sede reconoce que un estado de necesidad puede ser razón suficiente para proceder con consagraciones episcopales contra la voluntad del Papa.  Según algunas fuentes, esta fue la razón que llevó a Juan Pablo II a excusar a Slipyj y reconocer oficialmente a los obispos que él mismo consagró. Y se trataba de un estado de necesidad puramente hipotético y objetivamente insuficiente. Si esto bastó para justificar consagraciones sin mandato, ¿por qué no habría de ser suficiente el actual estado de necesidad, en materia de fe, que encontramos hoy en la Iglesia?
            
En resumen, el episodio de Slipyj atestigua una vez más, y en la práctica, la bondad de la elección de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Oremos para que algún día el Papa también, como sucedió con el arzobispo ucraniano, reconozca que la Fraternidad hizo lo correcto.

Padre DANIELE DI SORCO FSSPX

NOTAS
[1] Obras más citadas: ANTOINE ARJAKOVSKYConversations with Lubomyr Cardinal Husar: Towards a Post-Confessional Christianity (Conversaciones con el cardenal Ľubomír Husar: Hacia una Cristiandad posconfesional), traducido del francés, Leópolis, Editorial de la Universidad Católica Ucraniana, 2007. – IVÁN DACKO, Il periodo romano della vita di Josyf Slipyj e il suo ritorno postumo in Ucraina (El período romano de la vida de José Slipyj y su regreso póstumo a Ucrania), en JOSÉ SLIPYJ, Memorias, editada por Iván Dacko, Alberto Di Chio y Luciana Mirri (Universidad Católica Ucraniana), Leópolis-Roma, 2018. – ANDRÉI CHIROVSKYThe Surprising Easter Connection of Pope Francis (La sorprendente conexión pascual del Papa Francisco), en «Logos: A Journal of Eastern Christian Studies» 54 (2013), págs. 9-12. – Todas las traducciones son nuestras.
[2] Este hecho está claramente atestiguado por diversas fuentes, todas coincidentes: ARJAKOVSKY, págs. 12 y 30-31; DACKO, pág. 392; CHIROVSKY, pág. 10. Véase también To the Light of Resurrection through the Thorns of Catacombs. The Underground Activity and Reemergence of the Ukrainian Greek Catholic Church (Hacia la luz de la resurrección a través de las espinas de las catacumbas. La actividad subterránea y el resurgimiento de la Iglesia grecocatólica ucraniana), Leópolis, Editorial de la Universidad Católica Ucraniana, 2014, pág. 83.
[3] Chirovsky (pág. 11) habla de Czmil como “obispo de Lutsk”, una sede episcopal ucraniana vacante desde 1973 (cf. GIORGIO FEDALTO, Hierarchía ecclesiástica orientális, Padua, Messaggero, 2006, págs. 101-102). Czmil, como veremos, murió menos de un año después de su consagración; por lo tanto, el título de Lutsk —si el informe de Chirovsky es fiable— solo pudo haber sido recibido de Slipyj. Además, en catholic-hierarchy.org y otros sitios, Mons. Choma figura como obispo titular de la diócesis ucraniana de Przemyśl (Polonia) desde 1977 (año de su consagración clandestina) hasta 1991 (cuando la Santa Sede nombró a un obispo). Esta noticia, de verificarse, confirmaría aún más que la intención de Slipyj era consagrar obispos diocesanos con poder de jurisdicción.
[4] Arjakovsky, pág. 12 (prefacio de Borís Gudziak): «sin el conocimiento y la bendición de Roma»; Dacko, pág. 392: «sin informar al Papa»; Chirovsky, pág. 10: «sin el permiso papal (mandato apostólico)».
[5] Arjakovsky, pág. 12.
[6] Dacko, pág. 388.
[7] Dacko, págs. 392-393; Chirovsky, pág. 10: «en un acto que causó muchas irritaciones en la Curia Romana, ya que el derecho canónico romano requería permiso papal para la consagración de un obispo». Chirovsky añade que el derecho canónico oriental no requería un mandato apostólico; pero esta afirmación, como veremos más adelante, es falsa.
[8] Así fue como sucedieron las cosas. Slipyj no solo consagró a los tres obispos en secreto, como ya hemos dicho, sino que durante varios años mantuvieron absoluto secreto sobre lo ocurrido. Nadie, aparte de ellos (y quizás algunos amigos íntimos), sabía que eran obispos. No ejercieron ninguna función episcopal. Tenemos el testimonio directo de Mons. Husar al respecto: «No experimenté ninguna tragedia ni sufrimiento porque no estaba desempeñando el papel de obispo. Mons. Choma pensaba exactamente igual que yo. No nos interesaba en absoluto desempeñar el papel de obispos ni que se nos llamara como tales» (Arjakovsky, pág. 31). Sin embargo, menos de un año después, el 22 de enero de 1978, uno de los obispos consagrados clandestinamente, Stepán Czmil, falleció repentinamente de un ataque al corazón. Durante su funeral en la Catedral de Santa Sofía en Roma, el Cardenal Slipyj quiso que se le vistiera con las vestiduras pontificias y que se le mencionara como el «difunto Obispo Stepan». El asunto inevitablemente llegó a oídos de la Santa Sede. Pocos días después, Slipyj recibió una carta del cardenal Philippe, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, preguntándole si realmente había mencionado al obispo Stepan. Tras recibir una respuesta afirmativa, el cardenal Philippe le preguntó con qué derecho había realizado la consagración episcopal (Dacko, págs. 392-393). No se menciona nada sobre la consagración episcopal de Choma y Husar, que permaneció en secreto, como veremos, hasta 1980.
[9] Dacko, pág. 393. El mismo autor añade al respecto: «La fidelidad es una relación recíproca, lo que en nuestro caso significaba que Slipyj debía ser siempre obediente y leal al Santo Padre, pero al mismo tiempo esperaba que el Obispo de Roma cumpliera las promesas de sus predecesores y respetara plenamente todos los derechos de las Iglesias orientales, como había declarado solemnemente el Papa Eugenio IV (1431-1447) en el Concilio de Florencia (1439). Además, consciente de que era el sucesor de los Metropólitas de Kiev y Galicia, esperaba que los Papas respetaran los 33 artículos firmados por los obispos de la Metrópolis de Kiev, que establecían que el Metropólita, tras la elección por el santo sínodo, tenía derecho a consagrar nuevos obispos sin informar al Papa» (ibid., pág. 394).
[10] Dacko, pág. 393; Chirovsky, pág. 10; Arjakovsky, pág. 12 (prefacio de B. Gudziak). El testimonio de primera mano de uno de los consagrados, monseñor Husar, es decisivo: «Además, en aquel entonces el Vaticano estaba llevando a cabo su famosa Ostpolitik. El gobierno soviético se aprovechó de esto y pidió a la Santa Sede que cerrara nuestro seminario menor en Roma. El seminario se resistió, pero nunca fuimos bien vistos en Roma. Slipyj me consagró obispo por si la situación en Ucrania lo requería» (Arjakovsky, pág. 31).
[11] Este es uno de los artículos o condiciones planteadas por los obispos ucranianos a la Santa Sede para la unión con Roma. Texto en ATANASIO GREGORIO WELYKYJ, Documénta uniónis Beresténsis ejúsque auctórum (1590-1600), Roma, Padres Basilios, 1970, pág. 109.
[12] Se trata de la bula “Decet Románum Pontíficem” del 23 de febrero de 1596. Texto en Welykyj, Documénta uniónis Beresténsis, cit., págs. 292-294. Las mismas expresiones se encuentran en la bula “In universális Ecclésiæ”, emitida por Pío VII el 24 de febrero de 1807. Texto en A. G. Welykyj, Documénta Pontíficum Romanórum históriam Ucráinæ illustrántia (1075-1953),  vol. II, Roma, Padres Basilios, 1954, págs. 313-319; véanse en particular las págs. 314 y 317.
[13] Bula “In universális Ecclésiæ”, citada en la nota anterior (pág. 317).
[14] Tanto Clemente VIII como Pío VII, en las bulas citadas en las notas anteriores, enumeran las sedes episcopales para las que el Metropólita podía conferir la institución canónica. El privilegio se extendía únicamente a estas. En cuanto al traslado de un obispo de una sede a otra, véase el breve de Pío IX “Per apostólicas lítteras” (5 de septiembre de 1848), que especifica que, incluso en la Iglesia greco-católica ucraniana, tal acto está reservado al Sumo Pontífice (texto en Welykyj, Documénta Pontíficum Romanórum,  cit., págs. 386-387).
[15] El privilegio se mantuvo vigente, al menos en teoría, hasta 1917. En ese año, se menciona en una carta enviada por Benedicto XV al cabildo catedralicio de Przemyśl (texto en Welykyj, Documénta Pontíficum Romanórum, cit., pág. 524). Después de la Primera Guerra Mundial, los territorios de las diócesis greco-católicas ucranianas pasaron del Imperio Austríaco a la República de Polonia. Los obispos ya no podían ser nombrados por el emperador. El problema se resolvió con el Concordato entre la Santa Sede y Polonia de 1925: la elección de arzobispos y obispos (en cuya lista también aparecen las sedes greco-católicas ucranianas) la haría directamente la Santa Sede (art. 11).
[16] La legislación canónica oriental de Pío XII fue aprobada con una fórmula muy amplia, que abolía cualquier ley, costumbre o privilegio contrario, ya fuera general o particular; por lo tanto, también los privilegios otorgados por Clemente VIII y Pío VI a la Iglesia greco-católica ucraniana. 
[17] Para una reconstrucción histórica exhaustiva del conflicto entre algunos patriarcas católicos orientales y Roma en relación con los nombramientos episcopales, véase el artículo de GIOVANNI COCOL’idea e lo sviluppo della prima codificazione orientale tra il Vaticano I e il Vaticano II (La idea y el desarrollo de la primera codificación oriental entre el Vaticano I y el Vaticano II), en “Jura orientalia” 9 (2013), págs. 14-59.
[18] Compárese la  provísio ecclesiárum  (es decir, el nombramiento o confirmación de las sedes episcopales vacantes) del Consistorio del 14 de diciembre de 1959 (Acta Apostólicæ Sedis  52 [1960], pág. 22) con la del Consistorio del 24 de mayo de 1976 (Acta Apostólicæ Sedis  68 [1976], pág. 382).
[19] Dacko menciona la facultad otorgada por Pío XII a los obispos tras el Telón de Acero para asegurar la continuidad y sucesión de sus sedes consagrando a hombres dignos como obispos (pág. 403). Sin embargo, esta facultad solo podía utilizarse cuando era imposible comunicarse con Roma, lo cual ciertamente no era el caso de Slipyj en 1977.
[20] En su testamento, iniciado en 1970 y completado en 1981, Slipyj llegó incluso a afirmar que la dignidad patriarcal y los derechos vinculados a ella no dependen del derecho canónico, sino más bien de la autoconciencia eclesial del pueblo de Dios: «Le expliqué constantemente al difunto Papa Pablo VI que en la Iglesia Oriental ni los Papas ni los concilios ecuménicos han establecido jamás Patriarcados en las Iglesias particulares separadas. La concesión de autoridad patriarcal siempre ha sido fruto de la conciencia cristiana madura del pueblo de Dios y de todos sus grupos compuestos, de la conciencia del clero y los pastores, pero de manera particular la conciencia de las comunidades laicas —el rebaño espiritual confiado a sus servicios pastorales— ha desempeñado un papel importante en esta cuestión» (Slipyj, Memorias, cit., p. 514, énfasis nuestro). Slipyj, «mientras era fiel al Papa, no negó el respeto por los derechos de una Iglesia sui juris. Además, incluso un Papa está obligado a respetar los derechos de dicha Iglesia» (Dacko, pág. 394, énfasis nuestro).
[21] Chirovsky, pág. 10. Véase también Dacko, pág. 393, Arjakovsky, pág. 12 (prefacio de B. Gudziak) y el testimonio directo de Mons. Husar (Arjakovsky, pág. 31).
[22] Arjakovsky, pág. 31 (el subrayado es nuestro).
[23] Ninguna de las fuentes que consultamos lo menciona, ni siquiera Dacko, que es muy preciso y también relata los episodios de conflicto entre Slipyj y la Santa Sede.
[24] Nuevamente, ninguna fuente menciona esto.
[25] Dacko, pág. 403 (énfasis añadido).
[26] Dacko, pág. 378 (énfasis añadido).
[27] Carta pastoral sobre la unidad en Cristo, 3 de junio de 1976 (en Dacko, pág. 382).
[28] Véase la nota n.º 21.

sábado, 25 de julio de 2026

PRÉVOST NOMBRA JUECES DEL TRIBUNAL SUPREMO VATICANO

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
  

León XIV Riggitano-Prévost nombró hoy a siete nuevos miembros (jueces) de la Signatura Apostólica (Tribunal supremo en materia judicial y contenciosa administrativa, y sede de casación):
  1. Salvatore Joseph Cordileone Giardina (arzobispón de San Francisco, Estados Unidos);
  2. Krzysztof Nitkiewicz Bartnik (obispón de Sandomierz, Polonia);
  3. Edward Mark Lohse Dedrick (obispón de Kalamazoo, Estados Unidos), ex funcionario de la Signatura;
  4. Juan Ignacio Arrieta y Ochoa de Chinchetru, ex Secretario del Dicasterio para los Textos Legislativos;
  5. Eduardo Baura de la Peña, “sacerdote del Opus Dei” y profesor de Derecho Canónico en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz;
  6. Gianpaolo Montini (presbítero de la diócesis de Brescia, Italia), profesor de derecho canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana (¿y sobrino-nieto de Pablo VI?); y
  7. Ulrich Rhode SJ, profesor de derecho canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana.
Los nombramientos sustituyen a los miembros cuyos mandatos de cinco años, conferidos en Junio de 2021, han concluido. Entre los que completan su servicio están los cardenales Joseph William Tobin Kerwin C.Ss.R., Mario Grech Attard y Gerhard Ludwig Müller Straub.
  
El jesuita alemán Ulrich Rhode es el único nombrado promovido desde dentro del propio tribunal, habiendo servido como Referendario (consultor) de la Signatura Apostólica desde 2021.

ANTIGUO CONVENTO SERÁ RECONVERTIDO EN HOTEL


La ministra de las Fuerzas Armadas francesas Catherine Jeanne Marie Vautrin Laudry y el alcalde de Versalles François Paul Juvenal de Mazières Perrin anunciaron el 23 de julio que el antiguo Convento de los Recoletos en Versalles se convertirá en un hotel de lujo.
  
Situado a menos de 100 metros del Palacio de Versalles, se espera que el sitio histórico reabra alrededor de 2030.
  
Construido en 1684 durante el reinado del rey Luis XIV, el convento fue diseñado por el arquitecto Jules Hardouin-Mansart. Originalmente albergó a los Recoletos, una reforma de la Orden Franciscana de Regular Observancia fundada hacia 1583 por el excapuchino François Doziech en Aquitania siguiendo el modelo de la reforma descalza de España. Los monjes vivían en la pobreza, la oración y la predicación mientras servían al pueblo de Versalles y a los ejércitos reales.
  
Después de la Revolución Francesa (donde se negaron a darle asilo a los diputados del Tercer Estado participantes del Juramento del Juego de Pelota, trasladándose a la iglesia –actualmente catedral– de San Luis), los monjes fueron expulsados y la propiedad fue nacionalizada. La capilla del convento fue demolida en 1796, y los edificios restantes fueron utilizados sucesivamente como prisión, enfermería militar, cuartel del ejército (de ahí partió en 1914 el 5.º Regimiento de ingenieros para la Gran Guerra), y oficinas administrativas como el Servicio de Infraestructura de la Defensa y los servicios departamentales de la Oficina Nacional de Combatientes y Víctimas de la guerra.
 
Contrario a versiones circuladas en años anteriores acerca de la venta (y que un grupo de Emiratos Árabes Unidos estaba interesado en su compra), el Estado francés conservará la propiedad de la propiedad, pero otorgará un arrendamiento enfiteutico a largo plazo a un operador privado responsable de restaurar y operar el sitio como un hotel de lujo.

Los estudios técnicos están programados para 2026-2027, con una convocatoria de propuestas de proyectos a principios de 2028 y se espera que el hotel abra alrededor de 2030.

NO ES MORAL SALIR CON DIVORCIADOS, ASÍ NO SEAN CATÓLICOS

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO. La respuesta también aplica para el caso contrario, o si viene del “divorcio eclesiástico” que son las anulaciones conciliares.
  
Los matrimonios irregulares son un tema complejo que depende de una investigación detallada de las circunstancias, la fluidez en latín, la comprensión del derecho canónico, el conocimiento de los principios del derecho eclesiástico, ciencia teológica y terminología técnica.
Tu primer recurso siempre es tu propio sacerdote católico tradicional.
  
«Estimados Padres de TRADITIO: ¿Es moral salir con alguien divorciado que nunca fue católico? ¿Dónde puedo encontrar una respuesta en el derecho canónico?» (Benny).

RESPUESTA DE LOS PADRES DE TRADITIO: Dos personas no católicas pueden contraer un matrimonio válido, que sería prácticamente igual de permanente que un matrimonio entre dos católicos. Por lo tanto, esta mujer seguiría casada, ya que el divorcio civil es nulo, incluso para un matrimonio no católico (salvo en los casos excepcionales de un matrimonio inválido, como entre menores de edad o con un grado de consanguinidad demasiado cercano, como primos hermanos).

En cualquier caso, no deberías salir con una mujer que no sea una verdadera católica y una posible pareja para el matrimonio.

El derecho canónico no te servirá. Los matrimonios irregulares son un tema complejo, que el derecho canónico solo aborda de forma general. Para tratar una cuestión así, necesitarías no solo fluidez en latín, sino también conocimientos de los principios del derecho canónico, la teología y la terminología técnica, así como la aplicación de la ley a los casos matrimoniales. ¡Tampoco se puede comprender el derecho seglar con solo hojear unas pocas páginas de un libro de leyes! Tu primer recurso siempre será tu sacerdote católico tradicional.

viernes, 24 de julio de 2026

PORTAL DE NOTICIAS VATICANO NORMALIZA LA INMORAL FECUNDACIÓN IN VITRO

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
  

Vatican News, el costoso portal de noticias del Vaticano con una modesta audiencia en línea, publicó el artículo “Reproducción asistida: cuando la IA se usa contra los seres humanos” (titulado en español como “Procreación asistida: el papel de la IA divide a la bioética”) el 21 de Julio sobre las implicaciones éticas de la inteligencia artificial en la fecundación in vitro (FIV).
  
El artículo (publicado en ocasión de la inauguración del primer laboratorio de fertilidad totalmente automatizado en Estados Unidos) trata la FIV intrínsecamente mala como una forma establecida de “reproducción médicamente asistida” y se centra en los riesgos que plantea la automatización.
   
El autor del artículo es un tal Davide Dionisi, que trabajó durante más de 25 años en Radio Vaticana–Vatican News y ahora es el Enviado Especial de Italia para la Promoción de la Libertad de Religión y la Protección de las Minorías Religiosas.
  
Dionisio se apoya en los comentarios de la filósofa especialista en bioética Laura Palazzani, miembro de la Pontificia Academia para la Vida.
  
Palazzani argumenta que la tecnología debe “apoyar el proceso clínico” en lugar de reemplazar al médico. Ella insiste en que los médicos siguen siendo indispensables durante los procedimientos que incluyen «la recuperación y el procesamiento de gametos, la fertilización in vitro y el cultivo y la transferencia de embriones».
  
Una de las preocupaciones centrales del artículo es la posibilidad de que los algoritmos, en lugar de los embriólogos, puedan decidir qué embriones deben transferirse.
   
«Por lo tanto, existe un riesgo bioético específico cuando es un algoritmo, y no solo el embriólogo, el que evalúa y selecciona los embriones a transferir», dice Palazzani. Ella pide supervisión humana, transparencia y responsabilidad en la selección de embriones.

LA ERRADICACIÓN DEUTEROVATICANA DEL OFICIO DIVINO

Traducción del artículo publicado por Patricius Anthony en TRADITIO.
  
MÁS DEVASTACIÓN TRAS EL VATICANO II: LA ERRADICACIÓN DEL OFICIO DIVINO

Distribución del Salterio semanal en el Breviario Romano (Amberes, Imprenta de Plantin 1733).
Las Horas del Oficio Divino siempre han sido el centro de la liturgia de la Iglesia, de la cual la Santa Misa es solo una parte.
  
Aunque resulte difícil de imaginar, es totalmente posible que la creación de un culto sacrílego no apostólico no haya sido la acción más reprobable llevada a cabo por los bárbaros litúrgicos de Newchurch durante su reinado aparentemente interminable.

La sustitución de la Liturgia de las Horas por el sagrado Divinum Officium (Oficio Divino), la oración pública oficial de la Iglesia Católica, ha sido una parodia y abominación aún mayor que la promulgación de la inválida y protestantizada “Misa” del Novus Ordo.

Desde sus orígenes en la antigüedad, basándose en pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento, venerables oraciones y sermones de los más ilustres Padres y Doctores de la Iglesia, biografías de mártires y santos, el Oficio Divino ha nutrido las almas de incontables religiosos, clérigos y laicos católicos, en el que un texto lo describe como «la obra del Espíritu Santo de unos 3000 años». Igualmente importante, el Oficio Divino ha sido la forma más eficaz para que las criaturas de Dios Todopoderoso adoren a su Creador, que, aunque el mundo moderno piense lo contrario, es el propósito último de la vida.

En su magnífico y conciso estudio, El sacrificio de la alabanza: una introducción al significado y uso del Oficio Divino, Vilma G. Little describe lo que realmente es el Oficio:
«Se trata de esa ronda diaria de oración pública vocal que la Iglesia ha ordenado recitar en su nombre por todos los clérigos de órdenes mayores, por todos aquellos que ostentan algún beneficio eclesiástico y por casi todos los religiosos y religiosas, hombres y mujeres, que han hecho votos solemnes».
Las oraciones del Oficio Divino se dividen en Horas canónicas y tienen su origen en la piadosa práctica del rey David de adorar a Dios Todopoderoso siete veces al día, como se registra en el Salmo 118: «Siete veces al día te alabo» y «A mitad de la noche me levanto para alabarte».

Las dos partes más antiguas del Oficio Divino, las laudes (Laudes), el canto de los salmos de alabanza al amanecer, y el encendido de las lámparas al anochecer, el lucernario (Vísperas), provienen de la práctica litúrgica del antiguo Templo. Estas dos Horas se originaron antes del comienzo de la antigüedad cristiana, como explica Little:
«En ellas [Laudes y Vísperas] encontramos un vínculo ininterrumpido con los videntes y profetas del Antiguo Testamento. Hay desarrollo, pero no ruptura, y el culto vocal cristiano se considera la continuación y el perfeccionamiento del culto del Templo, puesto que la Iglesia cristiana, mediante una transición necesaria y natural, es el cumplimiento de la Iglesia de la Promesa».
La siguiente adición, las matutinas (Maitines), una práctica que se había desarrollado a partir de un servicio de vigilia, fue consagrada por el emperador Justiniano en 530 y colocada antes de las Laudes. A medida que las tres grandes horas públicas (Laudes, Vísperas y Maitines) se formalizaron en la práctica eclesiástica, se produjo un desarrollo concomitante de “oraciones privadas” que con el tiempo se añadieron al Oficio. Derivadas de la antigua costumbre judía de rezar en el Templo durante la tercera (9 a. m.), la sexta (mediodía) y la novena (3 p. m.) horas, la Tercia, la Sexta y la Nona llegaron a conocerse como las “Horas Menores”.

Little habla de su transición de la devoción privada a formar parte del Oficio:
«Creciendo en silencio y al margen del culto público oficial, encontramos desde la época de los Apóstoles tres pequeñas “Horas”… Esta costumbre fue continuada por cristianos devotos que disfrutaban de tiempo libre, hombres y mujeres que habían consagrado sus vidas a Dios. Estos, conocidos como los célibes y las vírgenes, se reunían para orar a estas horas tradicionales entre semana, ya fuera en una casa particular o en una iglesia. Más tarde, cuando estos grupos se retiraron de las ciudades para formar los primeros centros monásticos, estas tres Horas se añadieron al curso diario de oración».
Así, Little resume acertadamente las horas principales y secundarias:
«Las seis “Horas” descritas anteriormente conforman un ciclo diario equilibrado de alabanza divina. Las Vísperas, Maitines y Laudes dedican el tiempo desde la puesta del sol hasta el amanecer, mientras que la Tercia, la Sexta y la Nona interrumpen las horas laborables del día. Todas estas “Horas”, las tres mayores y las tres menores, están vinculadas a la Misa del día mediante la Colecta».
Para finalizar el día, se realizan la hora prima (Prima), la segunda oración matutina, y las Completas (Completórium), la segunda oración vespertina. Ambas se regularizaron en el siglo VIII, registrándose la primera aparición de la Hora Prima en el monasterio de San Jerónimo en Belén, mientras que las Completas formaban parte del ritual nocturno de San Basilio en la época en que no existía el oficio de vigilia.
   
A diferencia de las devociones privadas, incluido incluso el Santísimo Rosario, el Oficio Divino es, con mucho, la oración más espiritualmente poderosa que las criaturas de Dios Todopoderoso pueden realizar en su honor. También está destinado a ser cantado y recitado para el “consumo público”, como escribe Little:
«El Oficio Divino, por su propia naturaleza, es un culto público y coral; incluso quienes participan en él en privado no deben ignorar las condiciones que rigen esta forma de oración. En efecto, el Oficio no es ni puede ser jamás una oración privada, sino que, independientemente de cómo se presente, sigue siendo la ofrenda social de alabanza a Dios que la Iglesia ofrece. Todos los que participan en él, ya sea públicamente en la iglesia, en la soledad de la celda de un ermitaño o en el lecho de un enfermo, se unen a él no solo como individuos, sino siempre como miembros del coro universal, en la cámara de audiencias del Dios Altísimo y en presencia de los ángeles».
A pesar de un breve resurgimiento de la participación laica en la Liturgia de las Naciones durante la década de 1950, especialmente en Estados Unidos, debido en gran parte al renovado énfasis en el canto por parte del gran San Pío X, se había producido un declive gradual en su recitación pública desde la época de la Revuelta Protestante. Varios factores contribuyeron a este declive, siendo el más evidente la trágica desintegración de la cristiandad y, a raíz de ella, el auge del Estado-nación secular y su adopción de la ahora sacrosanta doctrina de la “separación de la Iglesia y el Estado”. Tras un par de siglos, este principio rector ha tenido un éxito rotundo, superando su intención original y logrando lo que muchos de sus defensores habían anhelado desde el principio: la “separación del hombre de su Creador”.

Otra causa del declive del Oficio Divino ha sido la popularidad de las devociones privadas y, aún más preocupante, en los tiempos modernos, el excesivo énfasis en las apariciones, especialmente las de la Santísima Virgen. El fervor por eventos como Fátima ha eclipsado, lamentablemente, la devoción a la Misa y los Sacramentos, adquiriendo un carácter casi de culto. Incluso en los círculos tradicionales, el Santísimo Rosario se suele considerar la cumbre de la oración católica, mientras que el Oficio Divino rara vez se menciona. Cabe recordar que «cien oraciones privadas», como señaló San Alfonso María de Ligorio, «no tienen tanta eficacia como una sola petición ofrecida en el Oficio Divino».

Mediante la Encarnación, la Pasión, la Crucifixión, la Muerte y la Resurrección, la humanidad comprendió el verdadero propósito de la vida: alcanzar la salvación eterna. El Divino Redentor proveyó los medios para lograr este fin mediante la institución de los Sacramentos. Con el tiempo, la humanidad, especialmente la occidental, reconoció esto y creó sociedades donde la Misa, los Sacramentos y el Oficio se convirtieron en parte integral de la vida. El máximo esplendor del cristianismo se manifestó en suelo europeo, donde el Oficio y la Misa se escuchaban desde las magníficas catedrales hasta los monasterios más remotos, en las abarrotadas iglesias parroquiales y en las más humildes capillas que salpicaban el paisaje.

Trágicamente, sin embargo, el hombre ha olvidado el sacrificio supremo de su Redentor y la razón de su creación. Las grandes estructuras construidas para la gloria del Dios Todopoderoso son ahora, en su mayoría, museos, venerados no como lugares de culto divino, sino por su belleza estética. El hombre moderno construye, hedonistamente, como lo hicieron sus ancestros romanos paganos, estadios para juegos deportivos profanos.

Peor aún, la misma institución que era el conducto de la gracia santificante entre el Cielo y la tierra ha sido infiltrada por lo diabólico, que ha inspirado a sus actuales administradores corruptos a reemplazar la Misa, los Sacramentos y el Oficio Divino con sustitutos falsos, banales y artificiales. Que un verdadero católico siquiera considere hablar, y mucho menos negociar para reintegrarse, con algunos de los mismos individuos responsables del derrocamiento de la fe tradicional es sumamente inquietante.

Hace ya mucho tiempo que se debería reproducir el Oficio Divino, preferiblemente en su versión original anterior a 1945, libre de las horribles retraducciones del Salterio realizadas por los jesuitas bajo el pontificado de Pío XII, y ponerlo a disposición de todos, no solo de los religiosos sino también de los laicos. ¡Qué gran contribución podría hacer una editorial, no solo para la restauración de la fe sino también para la gloria de Dios, al emprender tal tarea!

El aforismo de San Agustín de que «cantar bien es rezar dos veces» [«Qui bene cantat, bis orat». La frase, sin embargo, no consta en ninguna de las obras de San Agustín, N. del T.] bien debería ser tenido en cuenta por el hombre moderno y, en particular, por la Iglesia conciliar, que sin duda tendrá que expiar las innumerables blasfemias, ofensas y crímenes que ha cometido contra la fe católica. El retorno del Oficio Divino a su legítimo lugar de prominencia sería un paso acertado, que bien podría mitigar parte de la venganza divina.

jueves, 23 de julio de 2026

CHESTERTON SOBRE LOS MANIÁTICOS (O refutación a De Mattei)

Traducción del artículo publicado en WM REVIEW.
  
«¿ESTÁS LOCO?». G. K. CHESTERTON SOBRE LOS LUNÁTICOS Y MANIÁTICOS
En su obra clásica “Ortodoxia”, G. K. Chesterton pinta un retrato del loco y le muestra cómo escapar de su destino.

Fotograma de la escena “Pepe Silvia” en el capítulo 10.º de la cuarta temporada de la serie “Siempre hay sol en Filadelfia”.

Notas del editor
Tras la extensa cita de G. K. Chesterton en mi artículo sobre el suicidio, aquí están las reflexiones del famoso converso inglés sobre los lunáticos y la locura.

Estos comentarios se refieren a teorías de la conspiración.

La historia está plagada de hombres que conspiran para lograr sus propios fines, a menudo a costa del bien común. Quienes lo niegan o creen que algo puede refutarse simplemente llamándolo «teoría de la conspiración» viven en la negación.

No es necesario probar de manera concluyente la existencia de una conspiración determinada para justificar actuar como si fuera o pudiera ser cierta (es decir, actuar tomando ciertas medidas prudentes para protegerse, proporcionales a la probabilidad establecida) [1].

Sin embargo, si bien no es necesario contar con pruebas documentales completas de una conspiración para tomar tales medidas, sí es necesario tener alguna evidencia antes de acusar a otros, y que esta evidencia vaya más allá de la intuición, la fantasía, la paranoia y la coherencia con los prejuicios propios. Cuanto más grave y específica sea la acusación, mayor sea la publicidad que reciba y mayor el daño que cause, más sólidas deberán ser las pruebas y los argumentos.

Todos estamos sujetos a las normas habituales de la ley moral, como el Octavo Mandamiento:
«No darás falso testimonio».
De igual modo, todos estamos obligados a no dañar la reputación de una persona sin justa causa y a evitar los pecados de difamación, calumnia y juicio precipitado. Creer tener una visión privilegiada de cómo funciona el mundo «en realidad» no exime de estas obligaciones.

La relevancia de esto para los comentarios de Chesterton quedará clara al leer estos últimos.

***
  
“EL MANIÁTICO”
(G. K. CHESTERTON. Ortodoxia, Capítulo II, págs. 23-35. Lane, Nueva York, 1909. Traducción española, págs. 9-13. Porrúa, México 1998). Se han añadido títulos y algunos saltos de línea para facilitar la lectura en línea.

La locura, un hecho de la vida 
Los modernos maestros de la ciencia insisten, sobre la necesidad de basar toda investigación, en un hecho. Los antiguos maestros de religión, se mostraron igualmente entusiastas de esa teoría. Empezaron basándose en el hecho del pecado; un hecho tan evidente como las papas. Fuera posible o no fuera posible que el hombre se purificara con ciertas aguas milagrosas, no cabe duda de que necesitaba purificación. Pero algunos caudillos religiosos de Londres, relativamente materialistas, comenzaron en nuestros días a negar, no la discutible milagrosidad del agua, sino a negar la indiscutible existencia de la mancha. Ciertos teólogos modernos, discuten el pecado original, que es el único punto de la teología de la cristiandad que puede ser realmente probado. Algunos discípulos del Reverendo Reginald John Campbell [predicador y teólogo congregacionalista (posteriormente anglicano), principal exponente de la “Nueva Teología”, N. del T.] admiten la inocencia divina que no pueden vislumbrar ni en sueños, pero niegan, especialmente, la culpa humana que pueden ver hasta en la calle. Los santos más intransigentes y los más obcecados escépticos, por igual unos y otros, tomaron el positivo mal, como punto de partida de sus argumentaciones.
  
Si es cierto (como evidentemente lo es) que un hombre puede hallar exquisito placer desollando un gato, el filósofo religioso puede llegar a una de dos conclusiones. Debe, o negar la existencia de Dios, que es lo que hacen los ateos; o bien negar la inalterable unión entre Dios y el hombre, que es lo que hacen los cristianos. Parece que los nuevos teólogos piensan llegar a una solución altamente racionalista negando el gato. 
  
En esta situación especialísima, evidentemente ahora no es posible (con una esperanza remota de aceptación general) comenzar como comenzaron nuestros padres, basándose en el hecho del pecado. Este mismo hecho que fue para ellos (y es para mí) tan evidente como la luz, es precisamente el hecho que ha sido discutido o negado. Pero aunque los modernos nieguen la existencia del pecado, supongo que no han negado aun la existencia del manicomio. 
  
Todavía estamos de acuerdo, en que actualmente se produce un colapso intelectual, tan innegable e inconfundible como el derrumbe de una casa. Los hombres niegan el infierno; pero aun no niegan el manicomio. Para no perder de vista los fines de nuestro primer argumento, el uno, el infierno, podría muy bien reemplazar al otro, el manicomio. Quiero decir que, si una vez todos los pensamientos y las teorías fueron juzgadas según condujeran al hombre a perder su alma, así, por nuestro presente punto de vista, todas las teorías modernas pueden ser juzgadas, según conduzcan al hombre a perder sus cabales. 
   
Es cierto que algunos hablan de la locura, con soltura y simpatía, como si se tratara de algo amable y atrayente.
  
Pero un minuto de reflexión basta para demostrarnos que si hallamos belleza en la enfermedad, generalmente es en la enfermedad de otro. 
  
Un ciego puede ser pintoresco; pero se necesitan dos ojos para verlo pintoresco, Y similarmente, aun la más salvaje poesía de la locura, sólo puede percibirla el cuerdo. Para el insano su locura es perfectamente prosaica porque es perfectamente cierta. El hombre que se cree pollo, siente en sí, toda la insignificancia del pollo. Solamente porque vemos lo grotesco de su idea, podemos en contraria hasta divertida; y solamente porque él no ve lo grotesco de su idea, lo han llevado a “Hanwell” [Nombre de un sanatorio de enfermos mentales en Londres, que se menciona con frecuencia en el libro, N. del T.]. Abreviando, las rarezas sólo sorprenden a la gente normal. Las rarezas no sorprenden a la gente rara. Por esa razón, la gente normal se sabe divertir y la gente rara, siempre se lamenta del aburrimiento de la vida. Por esa razón, las novelas modernas fenecen; y por esa razón, los cuentos de hadas permanecen. Los viejos cuentos de hadas presentan al héroe como un joven humano normalmente normal; sus aventuras son las sorprendentes; y lo sorprenden porque es normal. Pero en la novela psicológica moderna, el héroe es un anormal; él, que es el centro, no es bien centrado. De ahí que las aventuras más extrañas no logren sorprenderlo adecuadamente y que el libro resulte monótono. Se puede escribir la historia de un héroe entre dragones; pero no la de un dragón entre dragones. El cuento de hadas relata lo que hará un hombre cuerdo en un mundo loco. La novela, sobriamente realista de hoy, relata lo que un hombre esencialmente loco, puede hacer en un mundo cuerdo. 

La locura es más prosaica de lo que se piensa.
Empecemos pues en el manicomio; desde este fatídico y fantástico albergue, iniciemos nuestro viaje intelectual. 
  
Ahora, si es que vamos a contemplar la filosofía de la cordura lo primero que hemos de hacer, es destruir un grande y difundido error. Por todas partes se ha difundido la idea de que la imaginación, especialmente la imaginación mística, es peligrosa para el equilibrio mental del hombre. En general se tiene a los poetas como inseguros, desde el punto de vista psicológico; y generalmente se hace asociación de ideas entre los laureles entrelazados y las pajas pinchadas en el pelo… Los hechos y la historia desmienten tal interpretación. Muchos de los poetas, de los verdaderamente grandes poetas, han sido no sólo perfectamente cuerdos sino extremadamente aptos para el comercio; y si Shakespeare alguna vez contuvo caballos, fue porque era el hombre más indicado para contenerlos.
  
La imaginación no provoca la locura. Para ser exacto, lo que fomenta la locura es la razón. Los poetas no enloquecen; los jugadores de ajedrez sí. Los matemáticos y los cajeros, se vuelven locos; pero rara vez enloquecen los artistas que crean. Como podrá verse, en ninguna forma ataco la lógica: digo solamente que el peligro de la locura reside en la lógica; no en la imaginación. La paternidad artística es tan saludable como la física. Sin embargo, vale la pena destacar que cuando un poeta fue realmente mórbido, comúnmente lo fue porque existía algún punto débil en su racionalismo. Poe, por ejemplo, fue realmente morboso; no porque fue poético, sino porque fue esencialmente analítico. Aun el ajedrez era demasiado poético para él; le desagradaba porque había demasiados caballeros y castillos, como en un poema. Abiertamente manifestó su preferencia por las fichas negras, que sobre el damero parecían el punteado de un diagrama. Quizás el ejemplo más contundente es este: que sólo un gran poeta inglés se volvió loco, William Cowper. Y decididamente, fue llevado a la locura por la lógica; por la extraña lógica de la predestinación [2]. La poesía no fue su enfermedad sino su remedio; la poesía, en parte conservó su salud. Por algunos momentos, pudo olvidar el rojo y sediento infierno al que lo empujaba su horrendo necesitarismo, entre las extendidas aguas y los lirios blancos del Ouse. Cowper fue condenado por Juan Calvino y casi fue salvado por Juan Gilpin.
  
En todas partes, vemos que el hombre no enloquece por soñar. Los críticos son mucho más locos que los poetas. Homero, es bastante tranquilo y completo; son sus críticos que lo destrozan en jirones de extravagancia. Shakespeare, fue perfectamente él mismo; sólo algunos de sus críticos descubren que Shakespeare fue otro. Y San Juan Evangelista, no obstante haber visto en su visión muchos monstruos extraños, no vio criatura alguna tan salvaje como uno de sus comentaristas. 

Un exceso de “razón”.
El hecho general es claro. La poesía es cuerda, porque flota sin esfuerzo en un mar infinito; la razón [3] pretende cruzar el mar infinito y hacerlo así finito. 
  
El resultado es la exterminación mental; como lo fue la extenuación física para el señor Holbein. 
  
Aceptarlo todo, es un ejercicio; entenderlo todo, es un esfuerzo. Lo único que desea el poeta, es exaltación y expansión, un mundo para explayarse. 
   
El poeta sólo pretende entrar su cabeza en el cielo. 
  
El lógico es el que pretende hacer entrar el cielo en su cabeza. Y es su cabeza la que revienta. 
   
Es un detalle, pero no insignificante, que este asombroso error se halla comúnmente apoyado en una citación tergiversada. 
  
Todos hemos oído citar la celebrada frase de Juan Dryden: «el gran genio es aliado de la locura». Pero Dryden no dijo que el gran genio fuera aliado de la locura. El mismo Dryden era un genio y sabía mejor. Sería difícil encontrar un hombre más romántico y más sensato. Lo que Dryden dijo, fue esto: «El gran sabio está frecuentemente próximo a la locura», y eso es cierto. Es exclusivamente la gran agilidad intelectual, lo que peligra desequilibrarse. También la gente podría recordar, a qué clase de hombre se refería Dryden. No se trataba de un visionario ajeno a este mundo como Vaughan o Jorge Herbert. 
   
Hablaba de un cínico hombre de mundo, un escéptico, un diplomático, un político práctico. Esos hombres, ciertamente están próximos al desequilibrio. Su incesante investigar en el cerebro propio y en el ajeno, es oficio peligroso. Siempre es peligroso para la mente penetrar la mente. Una persona espiritual preguntó por qué decíamos «loco como un sombrerero». Una persona más espiritual, podría haber respondido que el sombrerero es loco, porque debe tomar las medidas de la cabeza humana. 
   
Y si los grandes razonadores con frecuencia son maniáticos, es igualmente exacto que los maniáticos son grandes razonadores. 
   
Cuando me hallaba embarcado en una controversia con el “Clarion”, sobre el tema de la voluntad libre, el eficiente escritor señor R. B. Suthers [4] dijo, que la voluntad libre, era lunatismo, porque implicaba acciones inmotivadas, y las acciones del lunático son sin causa. No me ocupo aquí de un lapsus desastroso para la lógica determinista. Evidentemente, si una acción, aun la acción de un lunático, puede ser inmotivada, se acaba el determinismo. 
   
Porque si un loco puede interrumpir la cadena de causalidad, también puede interrumpirla un hombre aunque no sea loco. Pero mi objeto es destacar algo más práctico. Tal vez fuera natural que un moderno marxista ignorara todo lo referente a la voluntad libre. Pero sería ciertamente extraño que un marxista moderno ignorara todo lo que se refiere a los lunáticos.
  
«Todo está conectado, oculto a simple vista».
Lo último que se podría decir de un lunático, es que sus acciones son inmotivadas. Si algunos actos humanos pudieran ser irreflexivamente llamados «sin motivo», esos serían los insignificantes actos del hombre cuerdo, que silba al caminar; roza el césped con su bastón; golpea los talones y se frota las manos. Es el hombre contento el que hace las cosas inútiles; el hombre enfermo no es bastante fuerte para ser un ocioso. 
  
Esas acciones sin causa y descuidadas, son precisamente las que un loco no podría comprender nunca, porque el loco (como el determinista) tiene demasiado en cuenta las causas de todo. Esas actividades huecas, tienen para un loco significado de conspiración. Pensará que rozar el pasto, es atentar contra la propiedad privada. Pensará que golpear los talones, es una señal convenida con un cómplice. Si por un instante el loco se volviera descuidado, se volvería cuerdo. Todo el que haya tenido la desgracia de hablar con gente que se hallara en el corazón o al borde del desequilibrio mental, sabe que su característica más siniestra, es una horrible lucidez para captar el detalle; una facilidad de conectar entre sí dos cosas perdidas en su mapa confuso como un laberinto. Si ustedes discuten con un loco, es muy probable que lleven la peor parte en la discusión; porque en muchas formas, la mente del loco es más ágil y rápida, al no hallarse trabada por todas las cosas que lleva aparejadas el buen discernimiento. No lo detiene el sentido del humor o de la caridad o las ya enmudecidas certezas de la experiencia. El loco es más lógico, por carecer de ciertas afecciones de la cordura. La frase común que se aplica a la insania, desde este punto de vista es errónea. El loco no es el hombre que ha perdido la razón. Loco es el hombre que ha perdido todo, menos la razón.
   
Las explicaciones que un loco da sobre algo son completas y con frecuencia, en un sentido estrictamente racional, hasta son satisfactorias. 
   
O para hablar con más precisión, la explicación del insano si bien no es concluyente, es por lo menos irrefutable; y esto puede observarse en los dos o tres casos más comunes de locura. 
   
Si un hombre dice (por ejemplo) que los hombres conspiran contra él, no se le puede discutir más que diciendo que todos los hombres niegan ser conspiradores; que es exactamente lo que harían los conspiradores. Su exposición concuerda con los hechos tanto como la de ustedes. O si un hombre dice que es el legítimo Rey de Inglaterra, no es una respuesta adecuada decirle que las autoridades lo catalogan loco; porque si realmente fuera Rey legítimo de Inglaterra, eso posiblemente sería lo más sabio que atinaran a hacer las autoridades existentes. O si un hombre dice que es Jesucristo, no es una respuesta decirle que el mundo niega su divinidad; porque el mundo niega también la divinidad de Cristo. 

Por qué el lunático está equivocado.
Sin embargo, ese hombre está equivocado. Pero si intentamos exponer su error en términos exactos, veremos que no es tan fácil como pudimos suponerle. Tal vez lo más aproximado que podríamos hacer, es decir esto: que su mente actúa en un círculo perfecto pero estrecho. Un círculo pequeño es tan infinito como uno grande; pero a pesar de ser tan infinito, no es tan amplio. Del mismo modo, la explicación del insano es tan completa como la del sano, pero no tan vasta. Una bala es redonda como el mundo, pero no es el mundo. 
  
Hay algo así como una amplia universalidad; y algo así como una estrecha y restringida eternidad. Lo podemos ver en muchas religiones modernas. 
   
Ahora, hablando externa y empíricamente, podemos decir que la más consistente e inconfundible seña de locura, es esta combinación entre la integridad lógica y la contracción espiritual. La teoría del lunático, explica un vasto número de cosas, pero no explica esas cosas en forma vasta. Quiero decir que si ustedes, o yo, lidiáramos con una mente que se vuelve mórbida, lo indicado sería no tanto ofrecerle argumentos como darle aire para convencerla de que existe algo más limpio y fresco, fuera de la sofocación de un único argumento. Supongamos que fuera, por ejemplo, el primer caso típico que mencioné: el caso de un hombre que acusara a todo el mundo de conspirar contra él. Si pudiéramos expresar nuestros profundos sentimientos de protesta, apelando contra tal obsesión, supongo que le diríamos algo así:
«Oh; admito que usted tiene su caso y que lo siente de corazón, y que muchas cosas son como usted dice. Admito que su explicación explica muchas cosas, pero ¡cuántas cosas no explica! ¿No hay en el mundo más historia que la suya; y todos los hombres se ocupan de usted? Suponga que demos por sabido los detalles; tal vez cuando aquel hombre en la calle se hizo el que no lo veía, fue por astucia; tal vez si el agente le preguntó su nombre, lo hizo porque ya lo sabía. Pero ¡cuánto más contento estaría si le constara que esa gente no se ocupa en absoluto de usted! ¡Cuánto más grande sería su vida si usted se empequeñeciera en ella! ¡Si pudiera mirar a los otros hombres con curiosidad y gusto comunes, si pudiera verlos paseando como pasean su radiante egoísmo y su varonil indiferencia! Comenzarían a interesarlo porque vería que no se interesan en usted. Se evadiría de ese teatro vistoso y mezquino en el que siempre se representa su dramita personal, y se encontraría bajo un cielo más despejado, en una calle llena de espléndidos desconocidos». 
O supongamos que fuera el segundo caso de locura, el del hombre que reclama la corona; el impulso de ustedes sería contestarle:
«Está bien; tal vez usted sepa que es el Rey de Inglaterra pero, ¿por qué se preocupa? Haga un esfuerzo magnífico, sea un ser humano y mire de arriba a todos los reyes de la tierra».
O podría ser el tercer caso, del loco que se cree Cristo. Si dijéramos lo que sentimos, diríamos: 
«¡Así que usted es el Creador y el Redentor del mundo! ¡Pero qué mundo pequeño debe ser! Qué cielo más pequeño debe habitar con ángeles no tan grandes como mariposas. ¡Qué aburrido ser Dios! ¡Y un Dios inadecuado! Realmente, no hay vida más plena ni amor más maravilloso que el suyo; y en realidad ¿es en su mezquina y penosa compasión que toda carne debe depositar su fe? ¡Cuánto más feliz sería si la masa de un Dios más grande, pudiera deshacer su pequeño cosmos, desparramara las estrellas como si fueran pajas, y lo dejara en la inmensidad abierta, libre como otros hombres de mirar hacia arriba y hacia abajo!».
Expulsando un demonio.
Y hay que recordar que la ciencia más puramente práctica ataca desde este punto de vista al mal mental; no intenta discutirlo como una herejía sino simplemente quebrarlo como un encantamiento. Ni la ciencia moderna ni la religión antigua creen en la completa libertad del pensamiento. La teología reprime ciertos pensamientos que llama blasfemos. La ciencia reprime ciertos pensamientos que llama morbosos. Por ejemplo, algunas sociedades religiosas, más o menos exitosamente quieren alejar al hombre del pensamiento sexual. La nueva sociedad científica, intenta alejarlo del pensamiento de la muerte; que es un hecho, pero es considerado como un hecho morboso.
  
Y atendiendo a aquellos cuya morbosidad tiene un dejo de manía, la ciencia moderna se preocupa de la lógica, mucho menos que un derviche en pleno baile. En esos casos, no es suficiente que el hombre desgraciado desee la verdad; debe desear la salud. Nada puede salvarlo excepto una ciega ansiedad de normalidad. Ningún hombre debe creerse a salvo del desequilibrio mental; porque es el órgano que actúa el pensamiento el que se vuelve enfermo; ingobernable, como si fuera independiente. Sólo puede salvarlo la voluntad o la fe. Desde que empieza a actuar su razón, actúa en la antigua ruta circular; girará en torno de su círculo lógico, igual que un hombre en un coche de tercera clase de Inner Circle [circunvalación en torno del Parque Regente, N. del T.], girará en torno de Inner Circle, hasta que realice el voluntario, vigoroso y místico acto, de bajarse en la calle Gower [calle donde queda el Colegio Universitario de Londres, cercana al Museo Británico, N. del T.]. Aquí, la decisión lo es todo; una puerta debe cerrarse para siempre. Cada remedio, es un remedio desesperado. 
  
Cada cura, es una cura milagrosa. Curar a un hombre no es discutir con un filósofo, es arrojar un demonio.
  
NOTAS
[1] En un artículo de noviembre de 2020, el profesor Roberto de Mattei afirmó que quienes se mostraban escépticos sobre las mascarillas y los confinamientos eran «francamente ridículos», dominados por la emoción y la imaginación, y que padecían enfermedades mentales. Escribió:
«Según ellos, el coronavirus no es más que una simple gripe, y las medidas recomendadas por gobiernos tanto progresistas como conservadores en todo el mundo, como el confinamiento, el uso de mascarillas y el distanciamiento social, son instrumentos y símbolos de esta conspiración para destruir la libertad individual y, en última instancia, exterminar a toda la humanidad».
Él tergiversa la información sobre aquellos que no cumplen con su estándar de evidencia como historiador, afirmando que no tienen nada que ver con la «tradición del pensamiento católico», que están gobernados por emociones e imaginación y que sufren una especie de enfermedad mental llamada “apofenia”:
«Debemos afirmar categóricamente que estas hipótesis no guardan relación alguna con la gran tradición del pensamiento católico, que, al abordar la existencia de una conspiración anticristiana, fundamenta cada afirmación con documentación precisa y, sobre todo, jamás sustituye la fe y la razón por la imaginación. La impresión que a veces se tiene es la de estar ante el fenómeno de la disonancia cognitiva, donde la realidad se deforma por un estado emocional de apofenia, un estado psíquico que busca establecer conexiones significativas entre acontecimientos desprovistos de cualquier relación causal».
En otro artículo, titulado “Conspiraciones verdaderas y falsas en la historia” y publicado en Corrisponenza Romana en enero de 2021, comparó ciertas conspiraciones que habían sido expuestas con amplia documentación, con aquellas que no lo habían sido:
«La existencia de esta tradición conspirativa está documentada y es indiscutible. Las pruebas existen. Entre los historiadores, católicos o anticatólicos, de derecha o de izquierda, puede haber divergencia en la interpretación de los hechos, pero no en su realidad.

Por el contrario, la característica de las falsas teorías de la conspiración es que no pueden ofrecer ninguna documentación ni certeza. Para compensar su falta de pruebas, utilizan la técnica de la narración, que apela más a las emociones que a la razón, y seduce a quienes, por un acto de fe, ya han decidido creer en lo descabellado, impulsados ​​por el miedo, la ira y el rencor. Estos sentimientos se fomentan en tiempos de crisis, como está ocurriendo en la pandemia del Coronavirus, que actualmente se está desarrollando […].

La existencia de una conspiración que busca la destrucción de la Iglesia y la civilización cristiana no necesita nuevas teorías, pues la historia ya la ha demostrado; tampoco necesita secretismo, puesto que la Revolución actúa ahora con audacia y abiertamente. Además, es fundamental un criterio. La única conspiración que merece la pena combatir es la de las fuerzas de la oscuridad contra la Iglesia católica. Todo lo demás es secundario».
Resulta difícil comprender cómo alguien puede plantear tales argumentos de buena fe. Si bien ha identificado correctamente un fenómeno —el «pensamiento narrativo» que subyace a ciertas teorías conspirativas—, es absurdo pensar que debamos negar la existencia de cualquier conspiración que aún no se haya probado de forma concluyente, o que debamos actuar con prudencia en tales casos. En muchos casos, dicha evidencia documental no está disponible desde el principio, cuando la desobediencia o incluso la resistencia pueden ser más necesarias. A veces, dicha evidencia no aparece hasta décadas después. Este criterio hace que la posibilidad de autodefensa contra los conspiradores dependa de su incapacidad para mantener sus planes en secreto. Pero esto es absurdo.

Si se aplicara a la vida cotidiana, este tipo de razonamiento podría prohibir cerrar con llave (o incluso clausurar) la puerta principal sin documentación que demuestre que la casa será asaltada esa noche. Cerrar la puerta con llave como medida de precaución, según el criterio de De Mattei, equivaldría a participar en una falsa teoría de la conspiración, basada en un razonamiento narrativo.

De igual modo, la idea de que «la única conspiración que merece la pena combatir es la de las fuerzas de la oscuridad contra la Iglesia Católica» es absurda. Implicaría que no vale la pena luchar contra un grupo de hombres que conspiran para destruir un negocio, robar objetos de un museo o cometer cualquier otro delito. Dice que «todo lo demás es secundario», pero que algo sea secundario no significa que no merezca la pena combatirlo.

[2] Chesterton escribió este texto siendo no católico. La doctrina católica implica la predestinación, aunque en un sentido distinto al de Juan Calvino, a quien critica aquí.

[3] O mejor aún, racionalismo.

[4] Robert Bentley Suthers fue un periodista socialista.

MURIÓ UNO DE LOS PRESBÍTEROS ENCUBIERTOS POR PRÉVOST EN CHICLAYO

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
 

El presbítero peruano Ricardo Yesquén Paiva murió el 20 de Julio de 2026 en Ferreñafe (dpto. Lambayeque) a los 59 años sin enfrentar una investigación canónica o civil sobre las acusaciones de que abusó sexualmente de Ana María Quispe Díaz (de 10 años al momento de los hechos) en 2006.
  
En Septiembre de 2024, la Diócesis de Chiclayo dijo que Yesquén sufría de una «enfermedad grave degenerativa» que le impedía defenderse, «por lo que no puede abrirse una causa contra él», y añadió que «desde hace años no ejerce el ministerio sacerdotal». La diócesis nunca identificó la enfermedad.
  
Las denunciantes contestaron la explicación, señalando registros diocesanos oficiales y fotografías que lo muestran en eventos litúrgicos públicos hasta al menos principios de 2023, contradiciendo las afirmaciones de que había dejado de ejercer el ministerio.
   
Una imagen de Enero de 2023 (arriba) muestra al entonces obispón Roberto Francisco Riggitano-Prévost Martínez OSA (actualmente “Papa León XIV”) celebrando un cumpleaños junto a Yesquén, casi tres años después de la primera denuncia y nueve meses después de la segunda.
  
El caso ganó atención internacional porque la primera denuncia contra Yesquén llegó al obispón Riggitano-Prévost ya en Marzo de 2020, mientras dirigía la diócesis de Chiclayo.
  
Dos presbíteros acusados, una casa parroquial
Yesquén fue uno de los dos presbíteros acusados por el mismo grupo de mujeres. El otro, Eleuterio Vásquez Gonzáles, conocido como “Padre Lute”, se enfrentó a acusaciones separadas que involucraban a varias niñas. Según grabaciones de audio, Vásquez reconoció la conducta alegada en su contra, pero matizando que «era pecado, no delito».
   
Vásquez nunca se enfrentó a un juicio canónico. En 2025, Riggitano-Prévost le concedió su solicitud de dimisión del estado clerical, terminando el caso canónico sin un juicio a pesar de las objeciones de las denunciantes.
  
Las quejas llegaron al futuro Papa
La víctima dice que informó por primera vez al obispón Riggitano-Prévost en 2020. Según el derecho canónico, los obispos están obligados a iniciar una investigación preliminar al recibir información creíble sobre posibles abusos.
   
Las denunciantes sostienen que nunca se abrió una investigación preliminar válida contra Yesquén.
   
Fotografías y publicaciones diocesanas oficiales lo muestran participando en procesiones, liturgias y reuniones de clérigos después de que se presentara la denuncia.
   
La investigación de Riggitano-Prévost fue una «tomadura de pelo»
La diócesis de Chiclayo ha negado sistemáticamente cualquier encubrimiento, sosteniendo que el obispón Riggitano-Prévost se reunió con las denunciantes, remitió el caso al Dicasterio para la Doctrina de la Fe del Vaticano y siguió los procedimientos canónicos.
  
Los autores impugnan esa versión. Según ellos, el abogado canónico Giampiero Gambaro, más tarde asignado a revisar el caso, describió el manejo anterior del expediente bajo Riggitano-Prévost como «una tomadura de pelo», agregando que la investigación estaba «muy mal hecha», con «muchos errores» y «mucha superficialidad».

miércoles, 22 de julio de 2026

EL RIESGO DE SER INCRIMINADO CON SOFTWARE ESPÍA (Ya sabemos de quiénes…)

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.

«PUEDEN PLANTARTE PRUEBAS DE DELITOS EN EL CELULAR»: LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS Y EL RIESGO DE SER INCRIMINADO POR UN SPYWARE
  

Se dio la alarma en directo
En L’Aria Che Tira, el programa de La7, el ex número dos de la contrainteligencia italiana, Marco Mancini, pronunció una frase destinada a generar debate: al hablar del caso Paragon (cuyo software espía israelí Graphite, acabó en el centro de una investigación parlamentaria de Comite Parlamentario para la Seguridad de la República por su uso contra periodistas y activistas), Mancini explicó que estas herramientas no solo podían espiar un teléfono, sino también insertar material comprometedor sin el conocimiento del propietario, como fotografías, y luego provocar una detención basándose únicamente en la posesión de dicho material.
   
En una entrevista posterior, retomando el mismo tema, el ex agente 007 aclaró que Graphite es una herramienta particularmente insidiosa precisamente por su dificultad de detección, y que, además de sus funciones de vigilancia, también puede utilizarse para el chantaje: quienes reciben inadvertidamente cierto contenido corren el riesgo de ser arrestados y verse obligados a demostrar su inocencia. Añadió, con un toque de paradoja política, que si este tipo de herramienta estuviera realmente destinada a ser utilizada contra alguien, los objetivos naturales serían otros, no los periodistas que acabaron bajo vigilancia en el caso italiano.
   
En ese mismo contexto, y siguiendo hablando del caso Paragon, Mancini hizo hincapié en que el software espía ya había interceptado a alrededor de un centenar de personas y que, con estas herramientas, potencialmente se podría rastrear cualquier cosa; de ahí su petición de que los servicios secretos italianos aclaren públicamente quién autorizó qué.

No es ciencia ficción: la lógica técnica del riesgo.
La declaración de Mancini no es una invención ni una exageración propia de un programa de entrevistas televisivo. Es un temor compartido desde hace años por la comunidad internacional de ciberseguridad, que comenzó con estudios (como Citizen Lab) que han documentado en detalle el funcionamiento de programas espía similares, como Pegasus del Grupo NSO [fundado el 25 de Enero de 2010 por Niv Carmi, Omrí Lavie (abandonó la compañía un mes después de su fundación) y Shalev Hulio (ex miembros de la Unidad 8-200, la Unidad Central de Recolección de los Cuerpos de Inteligencia de las FDI), y con sede en Herzliya, cerca de Tel Aviv. Grupo NSO (subsidiaria del Grupo Q Cyber Technologies) es el nombre que utiliza en Israel, mientras que usa OSY Technologies en Luxemburgo, y en Norteamérica tiene una subsidiaria llamada Westbridge, aparte de los nombres con que pueda operar en otros países. Por su parte, el software espía Pegasus se ha utilizado para atacar a activistas de derechos humanos y periodistas en varios países, se utilizó para espionaje estatal contra Pakistán,  para vigilancia interna sin orden judicial de ciudadanos israelíes por parte de la policía israelí, y desempeñó un papel en el asesinato del periodista disidente Jamal Khashoggi por agentes del gobierno saudí, N. del T.].

El principio técnico es tan simple como inquietante: el software espía de nivel estatal, capaz de acceder de forma profunda y persistente a un dispositivo, no está diseñado para ser atacado de forma exclusiva. Un sistema capaz de leer datos de un teléfono (mensajes, fotos, ubicación, micrófono, cámara) casi siempre también es capaz de escribirlos. No existe ninguna barrera técnica que obligue a la herramienta a limitarse a la vigilancia pasiva: la capacidad de manipular el contenido del dispositivo es inherente al mismo nivel de acceso requerido para espiarlo.

Esto significa que el riesgo que Mancini destacó no es una posibilidad remota, sino una consecuencia directa de las características técnicas de estos instrumentos. La verdadera pregunta no es «¿es posible?», sino «¿quién controla a quienes lo hacen y con qué garantías?».
   
La cuestión de las entidades privadas
Aquí reside la cuestión más delicada, que va más allá de una simple declaración televisada. Herramientas como Graphite (Paragon) o Pegasus (NSO Group) no son desarrolladas por agencias estatales, sino por empresas privadas que las venden a gobiernos clientes en todo el mundo. Esto crea una zona gris en cuanto a la responsabilidad:
  • ¿Quién controla físicamente el dispositivo? A menudo, el fabricante privado mantiene un papel activo en el mantenimiento, las actualizaciones y, en algunos casos, el funcionamiento técnico del sistema incluso después de haberlo vendido a un gobierno. La línea que separa el control estatal del control corporativo no siempre es clara.
  • ¿A quién se vende? Las investigaciones periodísticas del “Proyecto Pegasus”, llevado a cabo por un consorcio de medios de comunicación internacionales, han documentado el uso de estas herramientas por parte de gobiernos contra periodistas, abogados y disidentes en decenas de países.
Si una entidad privada, guiada por la lógica comercial en lugar del control democrático, puede vender esta capacidad a cualquiera que tenga los recursos para comprarla, el riesgo de abuso se multiplica.

Defenderse en los tribunales: una batalla desigual.
Admitir que la manipulación de pruebas digitales es técnicamente posible plantea una pregunta práctica e incómoda: ¿cómo puede uno defenderse realmente de ser una víctima?

El derecho procesal italiano prevé protección, pero con importantes limitaciones. El Código de Procedimiento Penal (artículos 234 y siguientes) regula la obtención y admisibilidad de pruebas digitales, y la Ley 48/2008 exige a la policía judicial que siga protocolos de adquisición rigurosos, que requieren una documentación detallada de la cadena de custodia digital. En teoría, el acusado puede designar a un perito técnico para impugnar la autenticidad de las pruebas.

El problema radica en la fragilidad inherente de las pruebas digitales: una vez que su integridad se ve comprometida, a menudo resulta imposible demostrar la manipulación, dado que los datos originales ya no están disponibles para su comparación. La jurisprudencia reconoce desde hace tiempo que el acceso indebido al dispositivo puede comprometer irreparablemente la autenticidad de la prueba, dejando a la defensa sin las herramientas necesarias para demostrar su discrepancia con el original.

Para complicar aún más las cosas, el software espía más sofisticado está diseñado para ser difícil de detectar y, a menudo, no persistente: muchas infecciones no dejan rastros visibles después de un simple reinicio del dispositivo, lo que significa que incluso un examen técnico exhaustivo puede no encontrar nada, no porque el software espía nunca haya estado allí, sino porque se “evaporó” antes del análisis.

El coste de la defensa: un problema de recursos, no solo de derecho.
Existe una herramienta gratuita de código abierto llamada Mobile Verification Toolkit (MVT) que permite buscar indicios de vulneración de seguridad en un dispositivo. Es útil para determinar si existe algún problema, pero requiere conocimientos técnicos avanzados (uso de la línea de comandos, sistemas Linux o macOS) y, lo que es más importante, carece de valor probatorio en un tribunal a menos que vaya acompañada de un informe pericial formal, con una cadena de custodia documentada y un perito certificado.
  
Un análisis forense apto para procedimientos judiciales —una copia certificada bit a bit del dispositivo, análisis con herramientas profesionales e informe técnico defendible ante un tribunal— tiene costes que pueden variar significativamente según la complejidad del caso, pero que, en la práctica, oscilan entre unos pocos miles de euros y, fácilmente, superan las decenas de miles en los casos más complejos. Estas cifras están fuera del alcance de muchas personas.

Este desequilibrio económico agrava el problema subyacente: quienes tienen recursos —un Estado, una empresa estructurada, una organización con medios técnicos y financieros— pueden permitirse atacar, pero quienes son sus víctimas a menudo no pueden permitirse defenderse al mismo nivel técnico.

El juicio como castigo, independientemente del resultado.
Finalmente, hay un último elemento, quizás el más inquietante, que surgió precisamente al considerar este escenario: incluso si una posible víctima demostrara su inocencia, el daño ya estaría hecho. Arrestos, registros, incautación de dispositivos, exposición mediática y, a menudo, daños irreparables a la reputación ocurren independientemente del resultado final del proceso. Esto es lo que los criminólogos a veces describen como la “pena del proceso” [También conocida como “Estigma procesal”, es la afectación emocional, social, económica y psicológica inherente a un proceso penal, independientemente de su resultado. No debe confundirse con la “pena del juicio”, la disyuntiva entre declararse culpable negociando con la fiscalía una pena menor así las pruebas sean ilegales y se renuncie a apelar, o arriesgarse a una condena mayor al ejercer el derecho a la defensa ante un tribunal o jurado, N. del. T.]: para quienes desean atacar a un objetivo difícil —un periodista, un magistrado o un abogado—, ni siquiera sería necesario obtener una condena. Bastaría con iniciar el proceso.

Conclusión
Es importante aclarar un punto: hasta la fecha, no existen casos públicos, confirmados judicialmente ni documentados periodísticamente en los que se haya utilizado software espía de este tipo para implantar pruebas falsas en un dispositivo. Lo que describe Mancini sigue siendo una capacidad técnica plausible, reconocida por expertos en seguridad, y no un abuso previo.

Sin embargo, esta declaración no debe descartarse como una simple provocación televisiva. Describe un riesgo técnicamente válido, reconocido desde hace años por la comunidad internacional de ciberseguridad, y que se vuelve aún más concreto por el hecho de que las herramientas capaces de generarlo son producidas y vendidas por entidades privadas.

Sin embargo, el verdadero problema no es solo tecnológico: es una cuestión de responsabilidad. ¿Quién decide a quién atacar, quién verifica que no haya abusos y qué garantías reales tienen los ciudadanos comunes —que carecen de recursos económicos comparables a los de un Estado— para defenderse de un ataque de este tipo? Mientras estas preguntas no tengan respuestas institucionales claras, la mera existencia de estas herramientas seguirá siendo un problema de seguridad colectiva, y no solo una hipótesis de debate público.