Considero que el Papa Pío XII fue uno de los más grandes papas de la Iglesia y, lamentablemente, no ha tenido sucesor en más de 65 años. Su Santidad fue (y sigue siendo) objeto de desprecio y burla por parte de quienes afirman que fue indulgente con el modernismo y que lo alentó, lo que condujo a la creación de la secta del Concilio Vaticano II. Se le ha acusado de colaborar con Hitler e introducir cambios litúrgicos que resultaron perjudiciales. Escribí una entrada en su defensa: (Véase
https://introiboadaltaredei2.blogspot.com/2018/07/in-defense-of-pope-pius-xii.html).
El papa es el Vicario de Cristo en la Tierra y está protegido por el Espíritu Santo de enseñar herejías y de introducir cualquier mal en la Iglesia. Esto es cierto para todos los papas: los grandes, los buenos e incluso los malos. Sin embargo, he notado que lo que distingue a los grandes papas de los simplemente buenos o de los (desafortunadamente) malos, es su aparente presciencia. Esto se puede apreciar en papas como San Pío V, León XIII, San Pío X y Pío XII.
Cuando el Papa Pío XII falleció el 9 de octubre de 1958, el mundo era muy diferente. No solo en lo religioso, sino también en lo tecnológico. Nadie hablaba de los peligros de la IA, la internet era inexistente, el teléfono estaba fijo a la pared, la televisión era una novedad y la tableta era un medicamento que se ingería. La mayoría de la gente desconoce que el Papa Pío XII pronunció numerosos discursos papales sobre tecnología durante su pontificado, que duró 19 años, 7 meses y 7 días.
Hay tradicionalistas que rechazan toda tecnología por considerarla intrínsecamente maligna y a evitar. Tienen una mentalidad ludita, propia de los amish (considerados herejes) y no de los católicos. En el otro extremo, encontramos tradicionalistas que adoptan la tecnología sin tener en cuenta los peligros reales que conlleva. El papa Pío XII habló como si Dios le hubiera concedido una visión del mundo tecnológico actual, y sus palabras demostraron que comprendía tanto los beneficios como los peligros de la tecnología, y la abordó con la actitud correcta, evitando tanto la condena total como la defensa desenfrenada.
Esta publicación mostrará la sabiduría del Papa Pío XII en su enfoque de la tecnología. Es una sabiduría que todos deberíamos adoptar.
LA TELEVISIÓN
La televisión puede ser una herramienta para el bien o para el mal. Desafortunadamente, muchos parecen no distinguir entre el contenido y la televisión en sí. El padre DePauw, mi padre espiritual, fue canonista acreditado desde antes del Concilio Vaticano II. De 1955 a 1962 fue profesor de Derecho Canónico, Teología Moral y Latín en el Seminario Mount Saint Mary's de la Arquidiócesis de Baltimore. La Capilla Ave María (donde el padre celebró la Misa y los sacramentos desde el 23 de junio de 1968 hasta su fallecimiento el 6 de mayo de 2005) estaba ubicada en Westbury (Long Island), no muy lejos de una capilla de la FSSPX [San Miguel Arcángel en Farmingville, N. del T.].
El padre DePauw veía media hora de las noticias de la noche después de rezar el Breviario y otras oraciones, antes de acostarse. A mediados de la década de 1990, el sacerdote residente de la capilla de la FSSPX pronunció un sermón en el que afirmaba que la mera posesión de un televisor era ocasión de pecado, y que ver la televisión (independientemente del contenido) era pecado mortal. También cometió el error de acusar al padre DePauw de pecado mortal por ver las noticias de la noche y de causar escándalo por tener un televisor. La noticia llegó a oídos del padre DePauw, quien se mostró visiblemente enfadado al responder a esas acusaciones infundadas en su sermón del domingo siguiente.
«Quizás el P. (nombre omitido por mí — Introibo) quiera explicarme cómo un invento que él afirma que es intrínsecamente malo recibió una santa patrona, Santa Clara de Asís, por parte del Papa Pío XII. Los Papas no dan santos patronos a lo que es intrínsecamente malo, como las clínicas de aborto que asesinan bebés inocentes. No solo es incapaz de hacer las distinciones necesarias y apropiadas entre el contenido y el medio a través del cual se transmite, sino que jamás aprobaría mi curso de Teología Moral en un verdadero seminario anterior al Concilio Vaticano II. Si este es el tipo de supuesta guía que da a sus feligreses, debería abstenerse de dar consejos jamás. Un sacerdote solo debe dar orientación cuando sabe de lo que habla; en el caso del P. y de todos los sacerdotes de la FSSPX que he conocido, esto requeriría un silencio perpetuo». El sacerdote en cuestión nunca se retractó de sus declaraciones incorrectas, ni se disculpó con el P. DePauw (Cita escrita a partir de las notas que tomé después del sermón).
El padre DePauw conocía la teología, al igual que el gran Papa Pío XII. En su discurso a los delegados de la Unión Europea de Radiodifusión el 20 de octubre de 1955, el pontífice dijo lo siguiente:
«La televisión ya está presente en todas partes y se generalizará aún más: en lugares públicos, así como en la intimidad del hogar, para que todos puedan disfrutarla con tranquilidad. Por lo tanto, el bien y el mal que pueden derivarse, ahora o en el futuro, de las emisiones televisivas son incalculables e impredecibles. En consecuencia, evitad a toda costa que sirva para difundir el error y el mal, y utilizadla, en cambio, como herramienta de información, educación y transformación.
1. La televisión puede, ante todo, beneficiar a las escuelas y hacer que la enseñanza sea más eficaz, convirtiéndose en un elemento complementario en la educación de los estudiantes. […] Los profesores de historia, por ejemplo, se beneficiarían enormemente de la proyección de documentales sobre lugares que fueron escenario de acontecimientos importantes; la enseñanza de la historia del arte se beneficiaría al presentar a los estudiantes obras maestras de la pintura, la arquitectura, las bellezas de una galería de arte y, en general, las maravillas de una ciudad, con una vivacidad expresiva que ningún libro podría igualar.
2. Más allá de esta influencia en la educación escolar, cabe considerar que la televisión puede convertirse en un medio eficaz para fomentar la unidad familiar en el hogar […] reuniendo a toda la familia en torno a un mismo dispositivo. Sin embargo, para que esta reunión inesperada tenga un efecto constructivo, los directores de programación deben cuidar cada vez más la calidad artística, respetando claramente los justos estándares de la moral humana y cristiana.
4. La televisión puede convertirse en un instrumento providencial para una mayor participación en la vida religiosa de todos aquellos que, de otro modo, no podrían asistir: la transmisión de ceremonias litúrgicas, la ilustración de las verdades de la fe, la presentación de obras maestras del arte sacro y muchas otras iniciativas llevarán la palabra de Dios a hogares, hospitales, prisiones y a las zonas más remotas de los grandes centros urbanos. Que Dios conceda que pronto llegue el día en que las masas aún paganas también reciban el Evangelio a través de este magnífico instrumento» (Énfasis mío).
En 1958, el Papa Pío XII declaró a Santa Clara de Asís patrona de la televisión, justo cuando los televisores se estaban generalizando en los hogares de casi todo el mundo. Fue elegida porque la virtuosa monja había vivido un milagro. Un día, estaba demasiado enferma para asistir a Misa en Navidad y lloró amargamente por no poder comulgar. De repente, la Misa se proyectó en la pared de su habitación, donde pudo ver y oír todo como si estuviera presente. Mientras el sacerdote repartía la comunión, un ángel se apareció en la habitación de Santa Clara y le dio la Comunión en su lecho de enferma. ¡Dios había creado, por así decirlo, la primera televisión para mostrar su amor a su amada santa!
LA FALSA ESPIRITUALIDAD DE QUIENES DAN DEMASIADA IMPORTANCIA (Y DE QUIENES DEVALÚAN) LA TECNOLOGÍA
Como escribí anteriormente, hay quienes condenan toda tecnología y quienes la adoptan sin preocuparse por los peligros que conlleva. En su Mensaje de Navidad de 1955, el Papa Pío XII expone y rechaza la falsa espiritualidad que subyace a ambas actitudes. El santo Pontífice vive según el antiguo aforismo «In médio stat véritas» (En el medio está la verdad):
«En verdad, el hombre moderno, precisamente porque posee todo lo que el espíritu y el trabajo humanos han producido a lo largo del tiempo, debería reconocer aún más la distancia infinita entre su trabajo inmediato y el del inmenso Dios.
Pero la realidad es muy distinta… De hecho, muchos se deslumbran por el esplendor limitado que emana de ellas, reacios a buscar su origen y su máxima gloria fuera del mundo de la ciencia y la tecnología. […] Otros, sin embargo, por caminos opuestos… esperan que el hombre renuncie al febril dinamismo externo, especialmente el técnico, y se repliegue en sí mismo, donde encontrará la riqueza de una vida interior propia, exclusivamente humana, capaz de satisfacer todas las necesidades posibles.
Sin embargo, esta interioridad puramente humana… Se trata más bien de una soledad desdeñosa, casi desesperada, motivada por el miedo y la incapacidad de establecer un orden externo, y nada tiene en común con una interioridad genuina, completa, dinámica y fructífera» (Énfasis mío).
LA JUVENTUD Y LA TECNOLOGÍA
Los millennials, y sobre todo la Generación Z, son producto de la era tecnológica. Mi generación, la Generación X, es la última en recordar haber crecido en un mundo sin ordenadores personales ni teléfonos móviles/iPhones. No es raro ver a una familia sentada en un restaurante, sin dirigirse la palabra durante toda la comida, absorta en sus teléfonos. Es la era de las redes sociales. Es un mundo de ciberacoso, donde toda clase de maldad y error puede propagarse. La verdad también puede verse impulsada, como demuestran sitios web como Novus Ordo Watch. Esto es lo que Su Santidad dijo sobre la juventud y la tecnología en un discurso en ocasión del 80.º aniversario de la Juventud italiana de Acción Católica el 12 de septiembre de 1948:
«No es de extrañar, pues, que la tecnología a menudo deslumbre la mente, especialmente la de los jóvenes, quienes, completamente absortos por su fascinación, corren el peligro de perder la perspectiva y la sensibilidad hacia lo espiritual, lo suprasensible y lo interior, hacia lo religioso, lo sobrenatural y lo eterno.
Sin embargo, precisamente en la era de la tecnología, los hombres necesitan más que nunca la protección y el equilibrio que brinda la religión. Pensemos en el fuego. Controlado y guiado, es un beneficio, una ayuda indispensable para el ser humano. Pero una vez que se descontrola, provoca devastadoras conflagraciones, destrucción y muerte en ciudades y campos. Lo mismo ocurre con la tecnología. Don divino por naturaleza, la tecnología ultrapoderosa de hoy se convierte, en manos de hombres violentos, de partidos que gobiernan con brutalidad, de estados omnipotentes y opresores, en un terrible instrumento de injusticia, esclavitud y crueldad. En la guerra moderna, la tecnología intensifica —hasta un grado intolerable— los sufrimientos y tormentos de las poblaciones.
Por otro lado, controlada y guiada por una sociedad que teme a Dios, que obedece sus preceptos y valora las cosas espirituales, morales y eternas incomparablemente más que las materiales, la tecnología puede brindarnos las bendiciones para las que fue instituida según el designio del Creador.
Escuchad, pues, amados hijos, el clamor que se eleva por doquier a las generaciones más jóvenes: De vosotros depende traer a la vida en la que entráis, al Estado que tendréis que ayudar a moldear, tanta energía de verdadera fe religiosa que la escala de valores, establecida por Dios Creador y Redentor, y según la cual la materia no domina sino que sirve, se observe concienzudamente y la tecnología se subordina, según la voluntad divina, a la dignidad y la libertad, a la paz y la felicidad terrenal y, sobre todo, eterna de los hombres» (Énfasis mío).
¿Responderán los jóvenes tradicionalistas de hoy al llamado a la acción del Papa? Ojalá no sea demasiado tarde.
EL VERDADERO VALOR RESIDE EN EL AMOR A DIOS, NO EN LA TECNOLOGÍA
La humanidad, en su arrogancia, jamás debe sobrevalorarse a medida que la tecnología le permite un mayor dominio sobre el mundo. Las personas siempre se han creído superiores, careciendo de humildad, hasta que Dios las hace volver a la realidad, como en la época de la Torre de Babel. La ciencia y la tecnología se han convertido en “dioses” para muchos. El Papa Pío XII advirtió sobre esto en su Discurso a los ginecólogos sobre el parto natural sin dolor, pronunciado el 8 de enero de 1956:
«El cristiano, aunque aplauda los nuevos descubrimientos científicos y los utilice, rechaza todo lo que sea apoteosis materialista de la ciencia y de la cultura. Sabe que éstas ocupan un lugar en la escala objetiva de los valores; pero sin que este lugar sea el último, no es tampoco el primero. También, en cuanto a ellas, el cristiano repite hoy como ayer y como siempre: “Buscad ante todo el reino de Dios y su justicia” (Mt. 6, 33). El más alto, el último valor del hombre, se encuentra no en su ciencia y en sus capacidades técnicas, sino en el amor de Dios y en la entrega a su servicio» (Énfasis mío).
CONCLUSIÓN
Nunca antes habíamos enfrentado tales peligros ni ofrecido tantas oportunidades de verdadero progreso como las que nos brinda la tecnología hoy en día. El Papa Pío XII supo prever lo que nos esperaba hace más de 80 años, al inicio de su pontificado. Antes de tomar cualquier decisión sobre tecnología, haríamos bien en tener en cuenta el sabio consejo de este verdadero Vicario de Cristo.