Novena dispuesta por un devoto a mediados del siglo XVIII, y publicada en Lima por la Imprenta de la Calle del Tigre, con licencia eclesiástica. El Ilmo. Señor Doctor D. Pedro Antonio Barroeta y Ángel, Arzobispo de Lima, concede cuarenta días de Indulgencia para cada día que rezaren esta Novena.
NOVENA AL DULCÍSIMO JESÚS, CELEBRANDO LA ENTRADA QUE HIZO EN JERUSALÉN EL DOMINGO QUE LA IGLESIA LLAMA DE LAS PALMAS
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
ACTO DE CONTRICIÓN
Creo en Dios, fortaleced, Señor, mi fe. Espero en Dios, formad, Señor, mi esperanza: Amo a Dios sobre todas las cosas: encended, Señor, mi amor. Pésame de haber ofendido a Dios, por ser Dios quien es, aumentad, Señor, mi arrepentimiento, que yo propongo firmemente con tu divina gracia, nunca más volveros a ofender: tened, Señor, piedad y misericordia de mí. Amén.
DÍA PRIMERO
HUMILDAD
¡Oh mansísimo Jesús!, que después de habernos dicho que aprendiésemos de Ti a ser mansos y humildes de corazón, el día en que triunfante entraste a Jerusalén, nos volviste a enseñar con el ejemplo esta virtud, viniendo en un jumento despreciable, en que solo andan los hombres plebeyos y bajos, no obstante de entrar como Rey supremo del Cielo y de la tierra, y como tal aclamado de grandes y pequeños: concédenos piadoso esta santa virtud, por el infinito mérito de la tuya, y también lo demás que Te pedimos en esta Novena, si fuere conveniente. Amén.
Aquí se reza un Credo al Señor presentando su fe, y tres Ave Marías a Nuestra Señora, que no quiso asistir a esta entrada, por que toda la honra y gloria de este día fuese de su Hijo, y se pide primero a Nuestra Señora con la Oración siguiente que es de San Buenaventura:
¡Oh María dulcísima!, Paraíso de deleites, pon en mí tus ojos de misericordia, por el mismo gozo que te cupo, aun estando ausente, de la triunfante entrada que tu divino Hijo Jesús hizo cinco días antes de morir por el ingrato del hombre en la Corte de los judíos: enséñame, alúmbrame, encamíname, ayúdame, defiéndeme y sálvame. Sean por tus ruegos perdonadas mis culpas, pues eres el camino de la Gloria eterna, que se goza en la Jerusalén triunfante. Amén.
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Oh Soberano Redentor de nuestras almas, que quisiste entrar en Jerusalén alabado de los hombres y conocido de tus discípulos por Señor de las virtudes, porque asimismo habías de penetrar los Cielos, celebrado de los Ángeles, y que con tu liberal magnificencia la gloria de este día la comunicaste a los Padres del Limbo, y a proporción también a cuantos en el mundo tenían tu fe, haciendo el milagro de que en todo él nadie muriese, y que todos los demonios que infestaban la tierra bajasen al Infierno para que te manifestase el triunfo que conseguías del demonio y de la muerte, concédenos piadoso el que sepamos imitar tus virtudes, para que triunfando de la muerte del pecado, del demonio y de nosotros mismos, entremos en tu Gloria, a siempre verte y alabarte. Amén.
GOZOS
Jesús mío, pues triunfando
Entraste en Jerusalén,
Ven Señor, a mi alma, ven,
Que ya te estoy esperando.
Con palmas te recibieron
Haciéndose de tu bando,
Aun los que estaban pensando
En lo que después hicieron,
Enemigos de su bien.
Ven Señor, a mi alma, ven,
Que ya te estoy esperando.
Los vestidos en el suelo
Festivos iban echando,
Para que fueses pisando
Como Rey de su consuelo
Adorado ya en Belén.
Ven Señor, a mi alma, ven,
Que ya te estoy esperando.
Que eras enviado de Dios
Y bendito iban cantando,
Y todo el pueblo expresando
Tus grandezas a una voz
Con elogios más de cien:
Ven Señor, a mi alma, ven,
Que ya te estoy esperando.
Ramos de árboles cortaron
Para ir la tierra adornando,
Y al mismo tiempo adorando
Al que tan presto negaron
Después de tal parabién:
Ven Señor, a mi alma, ven,
Que ya te estoy esperando.
Los niños, que en inocencia
Iban a Dios alabando,
También iban condenando
De la judaica demencia
El más ingrato desdén.
Ven Señor, a mi alma, ven,
Que ya te estoy esperando.
Con tan gran celebración,
Te tuvieron ayunando,
Pues ninguno convidando
Quiso darte refacción
En todo Jerusalén:
Ven Señor, a mi alma, ven,
Que ya te estoy esperando.
Sobre la ingrata ciudad
Muchos te vieron llorando,
Y al mismo tiempo anunciando
Su ruina y cautividad,
Sin el cuándo, ni el por quién:
Ven Señor, a mi alma, ven,
Que ya te estoy esperando.
También con celo divino
Penaste a los que tratando,
Iban tu Templo violando,
Mudándole su destino
De Oratorio en almacén:
Ven Señor, a mi alma, ven,
Que ya te estoy esperando.
Apiádate, oh gran Señor,
De quien pide suspirando
Cuando te está celebrando
Una limosna de amor
Con que viva y muera. Amén.
Ven Señor, a mi alma, ven,
Que ya te estoy esperando.
℣. Hosana al Hijo de David.
℟. Bendito el que viene en el nombre del Señor.
ORACIÓN
Oh Dios, a quien es justo amar con todo el corazón, multiplica en nosotros los dones de tu inefable gracia, y pues en la muerte de tu Hijo nos hiciste esperar lo que creemos, haz que resucitando Él mismo, lleguemos al fin a que caminamos. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
DÍA SEGUNDO
Por la señal…
Acto de contrición.
POBREZA
¡Oh clementísimo Jesús!, que no contento de entrar en Jerusalén en lo despreciable de un jumento, quisiste también que no fuese tuyo sino prestado y pedido de limosna, para mayor ostentación de tu singular pobreza: concédenos benigno esta santa virtud por el infinito mérito de la tuya, y también lo demás que Te pedimos en esta Novena, si fuere conveniente. Amén.
Rezar un Credo al Señor presentando su fe, y tres Ave Marías a Nuestra Señora. Las Oraciones y los Gozos se rezarán todos los días.
DÍA TERCERO
Por la señal…
Acto de contrición.
OBEDIENCIA
¡Oh amabilísimo Jesús, norma de obedientes y obediente hasta la muerte!, que en la entrada que hiciste en Jerusalén, no solo obedeciste a tu Eterno Padre, por cuya disposición y providencia se ejecutó todo, sino que quisiste que tus discípulos Te hicieran subir en el jumento, como que Te lo mandaban, como lo cuenta San Mateo: concédenos piadoso esta virtud, por el infinito mérito que alcanzaste con ella, y también lo particular que Te pedimos en esta Novena, si fuere conveniente. Amén.
Rezar un Credo al Señor presentando su fe, y tres Ave Marías a Nuestra Señora. Las Oraciones y los Gozos se rezarán todos los días.
DÍA CUARTO
Por la señal…
Acto de contrición.
DESPRECIO DEL MUNDO
¡Oh poderosísimo Jesús, que entre los aplausos y glorias humanas con que Te recibían en Jerusalén, quisiste entrar en un contentible jumento, como despreciándolo todo, y que si admitiste este obsequio por la honra de tu Padre, fue también para que fuese después más ignominiosa y despreciable tu muerte, y los mortales conociesen los fines tan funestos con que acaban los aplausos del mundo: concédenos piadoso esta virtud, por el infinito mérito que adquiriste con ella, y también lo particular que te pedimos en esta Novena, si fuere conveniente. Amén.
Rezar un Credo al Señor presentando su fe, y tres Ave Marías a Nuestra Señora. Las Oraciones y los Gozos se rezarán todos los días.
DÍA QUINTO
Por la señal…
Acto de contrición.
CELO DE LA HONRA DE DIOS
¡Oh justísimo Jesús!, que aun habiendo recibido tantas honras de los judíos el día de tu entrada en Jerusalén, luego que los hallaste en el Templo vendiendo y comprando, y haciendo cueva de ladrones, como les dijiste, la que solo era Casa de Oración, no pudo el celo de la honra de tu Padre contenerse, obligándote a derribar las mesas y cátedras de la contratación, y a los que vendían y compraban, con uno como azote echarlos fuera de lugar tan sagrado: concédenos piadoso esta virtud por el infinito mérito que ganaste con ella, y también lo particular que Te pedimos, si fuere conveniente. Amén.
Rezar un Credo al Señor presentando su fe, y tres Ave Marías a Nuestra Señora. Las Oraciones y los Gozos se rezarán todos los días.
DÍA SEXTO
Por la señal…
Acto de contrición.
MORTIFICACIÓN
¡Oh prudentísimo Jesús!, que siendo el día de tu entrada en Jerusalén de tanto aplauso, todo lo pasaste sin comer ni beber, disponiendo que de tantos, ninguno Te convidase con su mesa, por cuya causa la mañana del día siguiente, Te hallaste tan necesitado que fuiste a buscar en la infructuosa higuera el alimento: concédenos piadoso esta tan necesaria virtud, por el infinito mérito que tuviste con ella, y también lo particular que Te pedimos, si fuere conveniente. Amén.
Rezar un Credo al Señor presentando su fe, y tres Ave Marías a Nuestra Señora. Las Oraciones y los Gozos se rezarán todos los días.
DÍA SÉPTIMO
Por la señal…
Acto de contrición.
ORACIÓN
¡Oh sapientísimo Jesús!, que en medio de tanta conmoción, voces y aplausos que tuvo el día de tu entrada en Jerusalén, por ir sin duda en la santísima contemplación de tu Padre Dios, todo suspenso y embebido, nadie Te oyó decir una palabra fuera de las dos reprensiones que diste a los que impedían la Oración vocal y la mental: concédenos piadoso esta virtud, tan necesaria e importante, por el infinito mérito que tuviste con ella, y también lo particular que Te pedimos, si fuere conveniente. Amén.
Rezar un Credo al Señor presentando su fe, y tres Ave Marías a Nuestra Señora. Las Oraciones y los Gozos se rezarán todos los días.
DÍA OCTAVO
Por la señal…
Acto de contrición.
PIEDAD
¡Oh milagrosísimo Jesús!, que con la caridad y amor que en tu pecho divino ardía, aún en medio de los aplausos que chicos y grandes Te dieron el día que entraste en Jerusalén, no olvidaste a los necesitados, pues curaste y sanaste todos los ciegos y cojos que llegaron a Ti, como dice San Mateo: concédenos piadoso esta virtud de inclinarnos a favorecer, socorrer y amparar a los necesitados en cuanto alcanzaren nuestras fuerzas, por el infinito merecimiento que tuviste con ella, y lo particular que Te pedimos, si fuere conveniente. Amén.
Rezar un Credo al Señor presentando su fe, y tres Ave Marías a Nuestra Señora. Las Oraciones y los Gozos se rezarán todos los días.
DÍA NOVENO
Por la señal…
Acto de contrición.
REGLAS QUE DIO A SÚBDITOS Y PRELADOS
¡Oh suavísimo Jesús!, que entrando como Rey y Superior de todo el universo en Jerusalén, fue tan humilde y moderado tu porte, que los Ángeles quedaron absortos y los hombres de entendimiento asombrados, y que si castigaste fue con piedad y no con azote cumplido, beneficiando y premiando al mismo tiempo con plenitud, para dar reglas a los Superiores, y que también dispusiste que todos tus Súbditos y Vasallos, después de alabarte y bendecirte, pusiesen debajo de tus pies sus ropas, para que conociesen el respeto con que deben hablar de los que mandan y la sujeción que han de tener en sus personas y en sus bienes: concédenos piadoso por esta doctrina tan sagrada, y por el infinito merecimiento de ella, que así los Prelados como los Súbditos puntualmente se arreglen a ella, y también lo particular que Te pedimos, si fuere conveniente. Amén.
Rezar un Credo al Señor presentando su fe, y tres Ave Marías a Nuestra Señora. Las Oraciones y los Gozos se rezarán todos los días.