lunes, 16 de febrero de 2026

LA LECCIÓN ANTILUTERANA DE SAN PABLO SOBRE LA CARIDAD

Pasemos ahora al otro punto: si la fe sola es suficiente para salvarnos, como afirmaron Lutero y Calvino… Pero si la fe sola es suficiente para salvarnos sin obras, ¿cómo nos indica la Escritura misma que la fe sola no sirve de nada sin obras? Quid próderit, fratres mei, si fidem quis dicat se habére, ópera áutem non hábeat? Númquid póterit fides salváre eum?, «¿De qué sirve, hermanos míos, si se dice que se tiene fe, pero no se hacen obras? ¿Acaso la fe lo puede salvar?» (Jac. II, 14). Y luego, en el versículo 17, el Apóstol da la razón: Sic et fides, si non hábeat ópera, mórtua est in semetípsa, «En cuanto a la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma». Lutero afirma que esta epístola de Santiago no es canónica; pero debemos creer, no a Lutero, sino a la autoridad de la Iglesia, que ya la ha incluido en el catálogo de libros canónicos. Sin embargo, existen miles de otros escritos que enseñan que la fe sola no basta para salvarnos, sino que es necesario el cumplimiento de los preceptos. Dice San Pablo (1.ª Cor. XIII, 2): Et si habúero omnem fidem…, caritátem áutem non habúero, nihil sum, «Y si tengo toda la fe, pero no tengo caridad, nada soy». Jesucristo ordena a sus discípulos: Eúntes ergo docéte omnes gentes…, profesóres eos serváre ómnia quæcúmque mandávi vobis «Por tanto, id y enseñad a todas las naciones, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Matth. XXVIII, 19-20). Y en otra ocasión dijo a aquel joven: Si vis ad vitam íngredi, serva mandáta «Si quieres entrar a la vida eterna, guarda los mandamientos» (Matth. XIX, 17). Y hay muchos otros textos similares. Por lo tanto, los pasajes citados por los sectarios deben entenderse como la fe, tal como la enseñó San Pablo, que obra por medio de la caridad: Nam in Christo Jesu néque circumcísio áliquid valet, néque præpútium, sed fides, quæ per caritátem operátur «» (Gál. V, 6). De ahí que San Agustín escriba: Fides sine caritáte potest quídem esse, sed non prodésse «La fe sin caridad puede existir, pero no aprovechar» (De la Trinidad, libro 15, cap. XVIII). Por consiguiente, donde se encuentra en las Escrituras que la fe salva, se entiende que se trata de una fe viva, es decir, una que salva mediante las buenas obras, que son las operaciones vitales de la fe; de ​​lo contrario, si estas faltan, es señal de que la fe está muerta; y si está muerta, no puede dar vida.
  
SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO, Historia de las herejías con sus refutaciones, tomo II – v. IV, Turín, Marietti, 1828, pág. 29-31.

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