domingo, 9 de agosto de 2026

ORACIÓN DEL PÁRROCO

San Juan María Vianney, patrono de los párrocos y curas de almas
  
LATÍN
Clementíssime Dómine Jesu Christe, Póntifex ætérne, qui me indígnum fámulum tuum, ignorántem egréssum et intróitum meum, ad functiónem múneris Apostólici vocáre dignátus es, ut oves hujus ovílis salutáris pábulo doctrínæ páscerem et Ecclésiæ huic, quam tuo pretióso Sánguine redemísti, in his, quæ ad te sunt, præéssem; hórreo, et toto córpore contremísco, quóties consídero, quis ego sim, et quid requírat onus, quod infirmis humeris meis incumbit. Qui enim pro una et sola anima mea non possum rationem reddere, pro toto hoc grege quómodo reddam? Quid ego ínfelix? quo me vertam, si tantum thesáurum, si pretiósum illud depósitum, quod tibi Sánguine próprio comparásti, accídat ut negligéntius custodíerim? Ímpares sunt sane húmeri mei tanto óneri, si meas vires respíciam. Impeditióris et tardióris línguæ sum, néscio lóqui; puer sum, et regi quam régere magis idóneus. Óbsecro ígitur te, Príncipem pastórum, qui nullum vocare soles ad aliquod munus obeúndum, cui non étiam eas largiáris dotes, quíbus ornátus et instrúctus, opus, ad quod vocátus est, digne perfícere possit; me étiam inútile sarméntum ínsere in te, qui es vitis vera, ut fructus feram ubérrimos. Da servo tuo cor dócile, ut voluntátem tuam annúntiem pópulo tuo. Da mihi amplécti eum, qui secúndum doctrínam est, fidélem sermónem, ut potens sim exhortári in dóctrina sana, et eos, qui contradícunt, argúere. Verbum veritátis ne áuferas ab ore meo, et da mihi grátiam, ut fervénte spíritu elóquar illud, ne áures tantum fériat, sed cor penétret et fructum optatíssimum áfferat. Rénova vitam meam, et mores meos in mélius commúta, ne dum áliis prædicáverim, ipse réprobus effíciar. Tolle a me supérbiam, iracúndiam, sensualitátem et turpis lucri cupiditátem. Largíre hospitalitátem, benignitátem, sobrietátem, justítiam, sanctitátem et continéntiam, ne ulli hóminum scándalum praebeam, aut blasphemándi verbum tuum occasiónem ófferam. Concéde mihi spíritum, quo oves meas in viscéribus tuis díligam, nec áliter tractem, quam mater únicum quem habet fílium tractáre sóleat. Nulla infirmétur, quácum ego non infírmer; nulla scandalizétur, quin et ego urar. Libentíssime mea ómnia impéndam, et superimpéndar ipse pro animábus eárum. Juva me, Dómine, ut, quod infírmum est, consólidem; quod ǽgrotum est, sanem; quod confráctum est, álligem; quod abjéctum est, redúcam; quod períerat, réquiram; quos credidísti mihi, custódiam, ne vel unus ex eis péreat. Sanctífica eos in veritáte, o sanctifícator hóminum benigníssime, átque ab ómnibus inimícis et adversitátibus córporis et ánimæ custódi. Sic mihi obtémperent, sic me díligant, ut sit rationábile obséquium eórum, et vias fidélibus christiánis dignas ámbulent, ut ego et verbo et exémplo eis præcedéndo, et illi me sequéndo páriter currámus ad te, verum animárum nostrárum Pastórem, qui nos in loco páscuæ collocábis, ubi vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti Deus per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

TRADUCCIÓN
Clementísimo Señor Jesucristo, Pontífice eterno, que te dignaste llamarme a mí, indigno siervo tuyo, ignorante de mi entrada y salida, al ejercicio del oficio apostólico, para que apaciente a las ovejas de este redil con el forraje salvador de la doctrina; y para presidir esta Iglesia que redimiste con tu preciosa sangre, en los asuntos que te conciernen: me estremezco y tiemblo con todo mi corazón cada vez que considero quién soy y lo que exige la carga que reposa sobre mis débiles hombros. Porque si no puedo dar cuenta de mi única alma, ¿cómo daré cuenta de todo este rebaño? ¿Por qué estoy desdichado? ¿A dónde acudiría si tal tesoro, tal depósito precioso que te aseguraste con tu propia Sangre, me fuera a suceder que lo custodiara negligentemente? Si hubiera recogido tu Sangre que goteaba en la cruz, y la hubiera puesto conmigo en un vaso, que a menudo tendría que llevar, ¿qué pensaría en tal crisis? Pero ciertamente esa preciosa Sangre que Tú, no un mercader insensato, sino la misma sabiduría del Padre, diste por el precio de las almas, la he recibido de ti, oh Señor, para ser conservada, y eso en vasijas de barro y en cualquier vidrio frágil. Mis hombros son ciertamente inadecuados para tan gran carga, si considero mi propia fuerza; soy de lengua lenta y pesada, no puedo hablar, soy un niño, y más apto para gobernar que para gobernar. Te ruego, pues, Príncipe de los pastores y obispo de nuestras almas, que no sueles llamar a nadie para desempeñar ningún oficio a quien no le otorgues también los dones con los que lo adornas y equipas dignamente para completar la obra a la que ha sido llamado; injerta también a mí, una rama inútil, en ti, que eres la vid verdadera, para que dé el fruto más abundante. Concede a tu siervo un corazón dócil, para que pueda anunciar tu voluntad a tu pueblo. Concédeme abrazar a aquel que es conforme a la doctrina, palabra fiel, para que pueda exhortar en sana doctrina y reprender a los que contradicen . No quites de mi boca la palabra de verdad, y dame la gracia de hablarla con fervor, para que no solo llegue a los oídos, sino que penetre en el corazón y produzca el fruto más deseado. Renueva mi vida y cambia mis amores para bien, no sea que mientras predico a otros, yo mismo me convierta en un réprobo. Quita de mí el orgullo, la ira, la sensualidad y el deseo de ganancias deshonestas. Concédeme hospitalidad, bondad, sobriedad, justicia, santidad y contención, para que no ofenda a nadie ni dé ocasión a blasfemar contra tu palabra. Concédeme el espíritu para amar a mis ovejas en tu seno, y no tratarlas de otra manera que una madre a su único hijo; que nadie sea débil , con quien yo no soy débil; que nadie se ofenda, y yo no me arda; con mucho gusto gastaré todo lo que tengo, y me entregaré por sus almas. Ayúdame, Señor, para que pueda fortalecer a lo débil; a lo enfermo, sane; a lo roto, vende; a lo desechado, traiga de vuelta; a lo perdido, busque; a lo que me has confiado, guarde, y que ninguno de ellos perezca. ¡Santifícanos en la verdad, oh misericordioso santificador de los hombres! y protégelos de todos los enemigos y adversidades del cuerpo y del alma; para que me obedezcan, para que me amen, para que su obediencia sea razonable , y para que caminen por sendas dignas de un cristiano; para que yo, yendo delante de ellos con la palabra y el ejemplo, y ellos siguiéndome, corramos juntos hacia ti, el verdadero Pastor de nuestras almas, que nos colocarás en un lugar de pastos, donde vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén

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