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domingo, 13 de septiembre de 2026

ORACIÓN PARA PEDIR LA LLUVIA

Moisés haciendo brotar agua de la roca (Bartolomé Esteban Murillo, óleo sobre lienzo. Sevilla, Iglesia de San Jorge del Hospital de la Caridad).

Tomado del Manual de Filotea, del canónigo Giuseppe Riva, Penitenciario de la Catedral de Milán. Traducción propia.

Dios eterno y omnipotente, que volando con vuestro Espíritu sobre las aguas, las hicisteis fuente de fecundidad y ministras de vida, mandándoles luego a producir los peces, los reptiles y volátiles, y y haciéndolas correr en cuatro ríos, las confiasteis bañar toda la tierra para que no dejase nunca de producir lo necesario para el humano sustento, mirad con ojos de compasión la miseria a la cual todo está reducido, y aquella más terrible que nos amenaza, la sequedad que nos aflige por tanto tiempo. En los campos polvorientos ya se secan las semillas de toda riqueza; en el aire abrasador se adensan los influjos más maléficos; en los ganados obligados a cebarse de alimentos inconvenientes es inminente el contagio más desolador; en nuestros cuerpos privados de salud, se insinúan los principios de los contagios; y las ciudades y campos están espantados. Atended, ¡oh Señor!, los gemidos de tantos inocentes que nunca han provocado vuestra cólera, y los suspiros de los pobres pecadores que, sinceramente aborreciendo sus propios pecados, os conjuran suspender aquellos flagelos que conocen haber merecido. Así como con el descubrimiento de la desconocida fuente salvasteis a Agar e Ismael que ya agonizaba por la sed, con una perenne fuente hecha manar de los peñascos consolasteis a Israel peregrinante bajo Moisés en el desierto y, con abundantísima lluvia, liberasteis de los horrores del hambre a Samaria en los tiempos de Elías, consoladnos a todos, ahora, cubriendo nuestro cielo con nubes benéficas, y haces que ellas difundan sobre nuestros campos las anheladas aguas restauradoras. Concedednos, por los méritos de Aquel que se llama “Fuente de agua viva”, Cristo Jesús, concedednos sin dilación una gracia tan importante, para que, liberados de aquel flagelo que padecemos al presente y amenaza empeorar en el futuro, no tengamos otra hambre y otra sed que la de la justicia, que será saciada por Vos con las perpetuas delectaciones del Paraíso. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

viernes, 11 de septiembre de 2026

NOVENA EN HONOR A SAN EUSTAQUIO

Novena dispuesta por Don Antonio Rodríguez, Cura de la Iglesia Parroquial de San Eustaquio en Sanlúcar la Mayor, y publicada en Sevilla por Manuel Nicolás Vásquez y Compañía hacia 1775, con las debidas licencias.
   
ADVERTENCIAS PARA HACER LA NOVENA
  • Primera: El fin de hacer esta Novena es el que debemos tener en todos nuestros pensamientos, palabras, a saber a mayor honra y Gloria de Dios. 
  • Segunda: Particularmente se: ha de hacer con el fin de alcanzar de Dios aquella gracia que más necesitamos, y que más nos convenga para nuestra salvación, poniendo por intercesor a San Eustaquio.
  • Tercera: Han de animarse todos a ser muy devotos del Santo, procurando la conservación y aumento de la Hermandad; y a que haya un amor mutuo entre los Cofrades.
  • Cuarta: ofrecer al Santo algunas mortificaciones: como refrenar los ojos, oídos y lengua, y el Lunes, Miércoles y Viernes ayunar o ponerse algún cilicio, o usar de la disciplina.
  • Quinta: Hacer examen de conciencia todas las noches, y prepararse para una buena Confesión, o particular o general, con el dictamen del Confesor.
  • Sexta y última: Disponerse con gran fervor para recibir el Santísimo Sacramento de la Eucaristía el último día de la Novena, o en alguno de ella.
   
NOVENA AL GLORIOSO MÁRTIR SAN EUSTAQUIO
   

Hincados de rodillas delante de alguna Imagen de San Eustaquio, se persignarán y harán el Acto de Contrición.
     
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mío, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido: propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta: ofrézcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y así como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
   
ORACIÓN INICIAL
Gloriosísimo Eustaquio: a vos, Santo mío, llegamos con la confianza que sois nuestro Patrono y Tutelar. Es verdad que no os hemos correspondido; pero Santo mío, si hasta aquí hemos sido tibios en obsequiaros, no será así de aquí adelante. El conocimiento de un Abogado tan amante y benefactor nos está impeliendo a tributaros los homenajes que nuestras fuerzas alcancen; y así confiados, os suplicamos, intercedáis con Nuestro Buen Jesús, nos conceda gracias especiales, con que seamos dichosos eternamente, y en especial lo que pedimos en esta Novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios, honor vuestro, y bien de mi alma. Amén.
   
Nota. La Oración antecedente la dirán solamente aquellos, de cuyos Pueblos San Eustaquio es Patrono.
  
DÍA PRIMERO – 11 DE SEPTIEMBRE
Jesús mío dulcísimo: que tan liberal os manifestasteis con Nuestro Glorioso Santo, cuando caminando por las densas nieblas del Gentilismo, lo llamasteis amoroso al gremio de Nuestra Católica Iglesia, reprendiéndole dulcemente su ceguedad, cual a otro Pablo, a que cooperó del mismo modo, manifestándose tan dócil a la gracia, que desde aquel punto abjuró el paganismo, y propuso seguiros a Vos. Ofrézcoos, Padre amantísimo; los méritos de (nuestro Patrono) Señor San Eustaquio, y singularmente aquella docilidad y prontitud, con que cooperó a vuestra gracia y llamamiento. Os suplico, Señor, me concedáis que yo oiga atento vuestra voz, obedeciendo siempre a vuestro llamamiento, y que yo consiga lo que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra, honor del Santo, y bien de mi alma. Amén.
   
Ahora se rezarán cinco Padre nuestros y cinco Ave  Marías, en memoria de las cinco llagas de Nuestro Señor Jesucristo, y en obsequio del Santo; y al fin pida cada uno lo que dicte su voluntad.
  
ORACIÓN
Jesús mío Dulcísimo, Vos que en todas tiempos habéis manifestado el aprecio de vuestros escogidos, haced, se acredite en mí la protección de este Glorioso Mártir (y Patrono nuestro). Atended, Señor, a sus méritos y nuestras necesidades, miradnos con ojos de misericordia, a la que nos acogemos, confiados, que sois Padre piadosísimo, y que habéis dicho que el que pidiere, recibirá: recibamos de Vos esta gracia. Amén.
  
GOZOS EN HONOR A SAN EUSTAQUIO MÁRTIR
   
Pues un singular portento
A nuestra fe vais a llevar,
Válganos vuestro valimiento,
Eustaquio, mártir preclaro.
   
Brillaba vuestro valor
En la milicia pagana,
Y en soldado de la cristiana
Os convirtió el Señor:
Tocándoos un día el corazón
Cuando ibais a cazar.
Válganos vuestro valimiento,
Eustaquio, mártir preclaro.
   
Mientras un ciervo perseguíais
En sus astas habíais visto
La imagen de Jesucristo
Llena de de vivo resplandor.
Al santo punto os convirtió,
Viendo hecho tan singular.
Válganos vuestro valimiento,
Eustaquio, mártir preclaro.
   
Vuestra esposa os ha imitado
Y vuestros dos hijos también
Abrazando la santa fe
De Jesús crucificado;
Después al lugar habéis vuelto
De donde el ciervo se os mostró.
Válganos vuestro valimiento,
Eustaquio, mártir preclaro.
   
Habéis a vuestra esposa perdido
Y vuestros dos hijos amados,
Pobreza y calamidades
Sobre vos han venido:
Tales pruebas nunca han rendido
Vuestra paciencia ejemplar.
Válganos vuestro valimiento,
Eustaquio, mártir preclaro.
   
En medio de angustias tales
Os sostenía el buen Dios,
Y un día su voz
Aligeró vuestros males:
A los pendones imperiales
De nuevo os vais a alistar.
Válganos vuestro valimiento,
Eustaquio, mártir preclaro.
   
En cierta expedición,
A la esposa e hijos hallasteis,
Y a todos al punto abrazasteis
Lleno vuestro corazón de emoción:
Premiando Dios aquí abajo
Los trabajos que pasasteis.
Válganos vuestro valimiento,
Eustaquio, mártir preclaro.
  
En vano los paganos trataron
De haceros renegar de la fe,
Sus artes no pudieron nada
Mas firme siempre os hallaron.
Ni a los suplicios que apelaron
Os pudieron dominar.
Válganos vuestro valimiento,
Eustaquio, mártir preclaro.
  
Junto con vuestros hijos y esposa
Al circo os bajaron
De donde unos leones llegaron
Y ¡cosa milagrosa!,
Ninguno la cabeza osa levantar
Por más que los han excitado.
Válganos vuestro valimiento,
Eustaquio, mártir preclaro.
  
De bronce un toro formado
En él fuisteis metido,
Y abrasado por las llamas
Vuestra vida hubo acabado:
Volando a la eternidad
Vuestro espíritu a gozar.
Válganos vuestro valimiento,
Eustaquio, mártir preclaro.
  
¡Oh Mártir!, gran defensor
De nuestra fe sagrada,
Vos que con la sangre habéis sellado,
Alcanzadnos este valor
En estos tiempos, en que el error
Todo lo quiere avasallar.
Válganos vuestro valimiento,
Eustaquio, mártir preclaro.
  
Pues un singular portento
A nuestra fe vais a llevar,
Válganos vuestro valimiento,
Eustaquio, mártir preclaro.
     
Antífona: Este Santo, por la ley de su Dios luchó hasta la muerte, y no temió a las palabras de los impíos, porque estaba fundado sobre firmísima piedra.
   
℣. Lo coronasteis, Señor, de gloria y honor.
℟. Lo pusisteis sobre las obras de vuestras manos.
   
ORACIÓN
Concedednos os suplicamos, oh Dios Omnipotente, que por la intercesión de vuestro bienaventurado Mártir San Eustaquio, seamos libres de toda adversidad en el cuerpo, y purificadas nuestras almas de todo mal pensamiento. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
      
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA SEGUNDO – 12 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
  
Jesús mío dulcísimo: que proveísteis a nuestro Glorioso Santo de tanta conformidad al intimarle la pérdida de sus abundantes bienes, de sus elevados puestos, de su mujer e hijos, y las miserias a que había de ser reducido, que no se turbó al escuchar de Vos estas desgracias. Ofrézcoos los méritos de (nuestro Patrono) Señor San Eustaquio, y singularmente aquella conformidad con que abrazó los infortunios que le esperaban. Os suplico, Señor, me concedáis auxilios y gracias para que mi voluntad siempre este unida a la vuestra, conformándome en todo con vuestras disposiciones, y que yo consiga lo que pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra, honor del Santo, y bien de mi alma. Amén.
  
Rezar cinco Padre nuestros y cinco Ave  Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA TERCERO – 13 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
  
Jesús mío dulcísimo: que tan abundantemente proveisteis a nuestro Glorioso Santo de fortaleza, resistiendo cual otro Job los recios golpes que el demonio le descargaba, pues habiendo obtenido licencia del Cielo, no dejó piedra por mover a fin de vencer su constancia hasta dejarlo solo y reducido a comer el pan con su propio trabajo corporal el que con tanta opulencia había sido servido. Ofrézcoos, Padre amantísimo, los méritos (de nuestro Patrono) Señor San Eustaquio, y singularmente aquella fortaleza con que venció los asaltos del enemigo común. Os suplico, Señor, me concedais esta virtud para resistir los encantos halagüeños del mundo, los ardides astutos del demonio, y los falsos placeres de la carne; y lo que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra, honor del Santo, y bien de mi Alma. Amén.
  
Rezar cinco Padre nuestros y cinco Ave  Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA CUARTO – 14 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
  
Jesús mío dulcísimo: que concedisteis a nuestro Glorioso Santo un corazón tan despegado de todos los bienes de este mundo, que en medio de la mayor pobreza a que se vio reducido, no solo no apetecía algún alivio si no se hallaba muy contento, siendo de este modo, no solo pobre en el efecto, sino también en el afecto. Ofrézcoos, Padre mío amantísimo, los méritos de (nuestro Patrono) Señor San Eustaquio, singularmente aquella pobreza tan heroica que nada deseaba de todos los bienes que el mundo ofrece. Os suplico, me concedáis un amor grande a esta santa virtud; no apeteciendo más que lo que Vos fuereis servido concederme; llevando con resignación los infortunios que es voluntad vuestra que yo padezca, y que yo consiga lo bue os pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra, honor del Santo, y bien de mi Alma. Amén.
  
Rezar cinco Padre nuestros y cinco Ave  Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
   
DÍA QUINTO – 15 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
  
Jesús mío dulcísimo: que concedisteis a Nuestro Glorioso Santo tanta luz, que conociéndoos a Vos y a sí mismo, hacía tan poco aprecio de sí de su alto nacimiento, y honores, que buscándolo de orden del Emperador Trajano para darle el comando de sus tropas, no quería ser conocido, sino conservarse en la vida oculta y oscura que profesaba; siendo oficial de un Labrador. Ofrézcoos, Padre mío  amantísimo, los méritos de (nuestro Patrono) Señor San Eustaquio, y singularmente aquella humildad tan profunda, que nada apetecía de los honores que el mundo ofrece. Os suplico, Señor, me concedáis esta virtud en tanto grado, que despreciándome a mí mismo, en nada me envanezca, antes sí todo lo bueno que haya en mí, lo refiera a Vos, dandoos la honra y gloria; y que yo consiga lo que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra, honor del Santo, y bien de mi Alma. Amén.
  
Rezar cinco Padre nuestros y cinco Ave  Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA SEXTO – 16 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
  
Jesús mío dulcísimo: que tan amorosamente concedisteis a nuestro Glorioso Santo tal conocimiento en las sendas del Espíritu, que supo unir una humildad profunda con los más elevados honores, mostrando tan reverente obediencia al precepto de su Príncipe, que dejó la vida oculta y desconocida en que se hallaba, con grande gozo de su alma, empuñando el bastón de General que le ofrecía. Ofrézcoos, Padre amantísimo, los méritos de (nuestro Patrono) Señor San Eustaquio, y singularmente aquella obediencia tan ciega a la voz de su Soberano, en la que conoció la voluntad de Dios. Os suplico, Señor, me concedáis esta virtud. conformándome siempre, y obedeciendo vuestra santa Ley, y a los preceptos de mis superiores, para que por este medio jamás me aparte de Vos, ni Vos jamás os apartéis de mí; y que yo consiga lo que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra, honor del Santo, y bien de mi Alma. Amén.
  
Rezar cinco Padre nuestros y cinco Ave  Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA SÉPTIMO – 17 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
  
Jesús mío dulcísimo: que concedisteis a nuestro Glorioso Santo tanta libertad en la confesión de vuestra Fe, que sin temor a la pérdida de sus restituidos honores, a las amenazas, y aun a la misma muerte, no condescendió jamás en dar culto a los dioses del Gentilismo, respondiendo a su Soberano con un ánimo esforzado y constante que había abjurado el Paganismo; que profesaba la Fe de Jesucristo, y que esta le prohibía dar cultos a deidades que el capricho ha formado, indignas de reverencia. Ofrézcoos, Padre amantísimo, los méritos de (nuestro Patrono) Señor San Eustaquio, y singularmente aquella Fe con que resistió animoso y constante hasta la muerte. Os suplico, Señor, me concedáis auxilios especiales para que confiese siempre vuestra Santa Fe, y la acredite con obras de verdadero Católico, y que yo consiga lo que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra, honor del Santo, y bien de mi Alma. Amén.
  
Rezar cinco Padre nuestros y cinco Ave  Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA OCTAVO – 18 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
  
Jesús mío dulcísimo: que concedisteis a nuestro Glorioso Santo una esperanza tan firme de gozar de Vos eternamente, que con ella se animó a sufrir las terribles iras y enojos de su Príncipe, a padecer duras prisiones sin que la fiereza de los leones a que fue expuesto, ni otra cosa alguna le turbase, antes considerándolas, como anuncios que lo acercaban a la Bienaventuranza que esperaba, las sufría con un gozo indecible de su alma. Ofrézcoos, Padre mío amantísimo, los méritos de (nuestro Patrono) Señor San Eustaquio, y singularmente aquella esperanza tan constante, que acompañada con las ansias de glorificaros en el Cielo, fue el espíritu que le animaba a padecer. Os suplico, Señor, me concedáis esta virtud, para que en todas mis tribulaciones y trabajos, ella me aliente a sufrirlos por Vos, y que yo consiga lo que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra, honor del Santo, y bien de mi Alma. Amén.
  
Rezar cinco Padre nuestros y cinco Ave  Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA NOVENO – 19 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
  
Jesús mío dulcísimo: que concedisteis a nuestro Glorioso Santo una caridad tan encendida, que despreciando la misma vida por Vos, sufrió el martirio tan cruel como fue entrarlo en un toro de bronce, en que rodeado de fuego con indecibles tormentos y dolores, dio su alma juntamente con la de su mujer e hijos,  en manos de su Creador. Ofrézcoos, Padre mío amantísimo, los méritos de (nuestro Patrono) Señor San Eustaquio, y singularmente aquella caridad que lo abrasaba en amor vuestro: os suplico, Señor, me concedáis santas ilustraciones, con que os conozca, y conociéndoos os ame con una caridad tan encendida, que no apartándome de Vos jamás, crezca más y más en vuestro amor, y que yo consiga lo que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria vuestra, honor del Santo, y bien de mi Alma. Amén.
  
Rezar cinco Padre nuestros y cinco Ave  Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

SANTOS VITO, RÉGULA Y EXUPERANCIO, PATRONOS DE ZÚRICH

Tomado de SWISS INFO.
  
Hace 500 años, Zúrich vivía tiempos turbulentos. Los altares eran destruidos y las reliquias retiradas. Incluso los huesos de Félix y Régula fueron blanco de los reformadores, hasta desaparecer en secreto y reaparecer en una capilla alpina.
  

Quizá estaba sentado en la sacristía cuando tomó la decisión. Tal vez era de noche. Las paredes, donde hasta hacía poco brillaban reliquias doradas, estaban ya desnudas. Quizá escuchaba el viento en el exterior y el crujir de las vigas. Hansli Benet supo entonces que, si él no lo hacía, nadie lo haría. Los cráneos debían desaparecer.

Estaba claro que el final sería este.  En 1524, Zúrich se hallaba en el umbral de una nueva era. El reformador Ulrico Zuinglio predicaba contra imágenes, altares y reliquias: contra todo lo que durante siglos había sido considerado la esencia del cristianismo. La nueva fe no necesitaba huesos ni iconos, sólo la Palabra. Y el gobierno de la ciudad asumió su papel.

Se retiraron altares, se descolgaron pinturas y se vaciaron santuarios. Ni siquiera la catedral ‘Großmünster’ se salvó. Allí habían descansado durante siglos los restos de Félix y Régula, santos patronos de ciudad.

Según la leyenda, eran hermanos y miembros de la ‘Legión Tebana’, una mítica unidad cristiana que se negaba a adorar a los dioses romanos. Huyeron hacia Zúrich alrededor del año 300 d. C., donde fueron capturados y decapitados en el lugar donde más tarde se erigiría la ‘Wasserkirche’ (en español, iglesia del agua).

La tradición cuenta que, con sus cabezas cortadas en las manos, caminaron colina arriba hasta el lugar donde siglos después se levantaría la ‘Grossmünster’.

La macabra leyenda los transformó en símbolos de firmeza en la fe, y convirtió sus huesos en preciadas reliquias.

viernes, 4 de septiembre de 2026

ORACIÓN PIDIENDO UN NUEVO CORAZÓN

LATÍN
Áufer a me, Dómine, cor lapídeum, áufer cor coagulátum, áufer cor incircumcísum; da mihi cor novum, cor cárneum, cor mundum! Tu cordis mundátor et mundi cordis amátor, pósside cor meum et inhábita, contínens et implens, supérior summo meo et intérior íntimo meo! Tu forma pulchritúdinis et signáculum sanctitátis, signa cor meum in imágine tua: signa cor meum sub misericórdia tua, Deus cordis mei, et pars mea Deus in ætérnum. Amen. 
  
TRADUCCIÓN
Quitad de mí, ¡oh Señor!, el corazón de piedra, el corazón endurecido, el corazón incircunciso, y concededme un corazón nuevo, un corazón de carne, un corazón puro. Vos que purificais los corazones y amais los corazones puros, tomad posesión de mi corazón y morad en él, conteniéndolo y llenándolo, Vos que sois más alto que mis alturas y más profundo que mis pensamientos más profundos. Vos que sois la imagen de toda belleza y el sello de toda santidad, sellad mi corazón en vuestra imagen, sellad mi corazón bajo vuestra misericordia, ¡oh Dios de mi corazón, y mi parte en la eternidad! Amén. 
  
BALDUINO FORDE DE EXETER O. Cist., Arzobispo de Canterbury († 1191). Tratado Espiritual 10 (Migne, Patrología Latina 204, col. 516b)

miércoles, 26 de agosto de 2026

NOVENA A NUESTRA SEÑORA DEL PUIG

Novena compuesta por el Padre Fray José Gutiérrez O. de M., e impresa en Valencia por Benito Monfort en 1765; reimpresa en la misma ciudad por la imprenta de la viuda de Manuel Muñoz en 1828. El Ilustrísimo Sr. Dr. Andrés Mayoral Alonso de Mella, Arzobispo de Valencia, y el Sr. Don Juan Elías Gómez de Terán, Obispo de Orihuela, concedieron 40 días por el rezo de la Novena; y Mons. Dr. Felipe Beltrán Serrano, Obispo de Salamanca, y Mons. Dr. José Tormo y Juliá, Obispo in pártibus infidélium de Tricomia y auxiliar de Valencia, otorgaron 40 días de Indulgencia por cada oración de la Novena.
  
INTRODUCCIÓN A LA NOVENA
El piadoso uso de los novenarios, tan aceptado de los Fieles, que apenas se sabe Invocación (especialmente de María Santísima) que no la obsequien con esos cultos, ya pública, ya privadamente los verdaderos hijos de la Iglesia; se echaba menos tiempo hace por algunos devotos de la Virgen, para su antiquísima celestial Imagen del Puig, deseosos de verla restituida a su primitiva veneración en su Real Santuario y Cámara Angelical de dicha villa del Puig. Y cierto, que cuantos en este punto se lamentan, se contristan con razón; porque las gloriosas particularidades que hacen respetable tan Sagrada Imagen, sino la publican única para la protección, la prometen en ella singular.
   
La celestial Imagen de Nuestra Señora del Puig fue labrada por los Ángeles, de la Sagrada piedra del Sepulcro, donde estuvo depositado por tres días, el sacratísimo Cadáver de la Madre de nuestro Dios.

Fue trasladada esta Santísima Imagen por los mismos Ángeles que la habían entallado en la piedra testera del glorioso Sepulcro, de Getsemaní al Puig, luego después de la Asunción de la gran Reina a los cielos.

Fue colocada esta milagrosa Imagen en el Templo del Puig, dedicado a la Virgen (viviendo aun en carne mortal) por San Eugenio, primer Obispo de Valencia, a dirección de su gran Maestro el Apóstol Santiago Patrón de España, que se cree le profetizó tan gran Tesoro.

Fue escondida dicha Imagen (en la entrada de los moros en España) por los Religiosos del primer monasterio del Puig, bajo una grande campana del tiempo de los Godos, fabricada el año del Señor seiscientos veinte y dos, según consta en su letrero.

Fue milagrosamente descubierta dicha Imagen por el grande siervo de Dios San Pedro Nolasco, Fundador y Patriarca del Real Orden de la Merced, el año 1237, después de quinientos diez y ocho años que estuvo bajo tierra en el mismo monte, donde hoy se venera en el Puig.

Facilitó la divina providencia el feliz descubrimiento de dicha Imagen con los indicios de siete estrellas maravillosas, que le señalaban a San Pedro Nolasco el lugar determinado, donde es taba escondido tan gran Tesoro. Fue motivo poderoso el descubrimiento de dicha Imagen, para acabar de resolverse a la conquista de Valencia el Serenísimo Rey Don Jaime I de Aragón, con las repetidas instancias de San Pedro Nolasco, que muy de antemano se la persuadía, esperanzándole en la victoria.

Fue tan acreedora la sagrada Imagen de nuestra Señora del Puig en los triunfos inopinados en la conquista de Valencia, que recibidas de las manos de los moros las llaves de sus puertas, las remitió al Puig el Rey Don Jaime, para que puestas en las manos de María Santísima, quedara aclamada desde entonces por Patrona de Valencia, y de todo su Reino.

Fue nuestra Señora del Puig la primera Patrona de la ciudad de Valencia, y por mucho tiempo la única. Fue siempre tan milagrosa esta santa Imagen, cuanto universalmente venerada en toda la Cristiandad, a imitación de los sagrados Príncipes de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, algunos Pontífices, Reyes, Príncipes y personas muchísimas de la primera santidad, y nobleza, que personalmente la visitaron.

Fue confirmada por largos años la poderosa protección de Nuestra Señora del Puig, con la maravilla de las siete estrellas, que amanecían con frecuencia sobre la torre de las campanas de su Templo, en cualquier ocurrencia de tempestad.

Fue tan ordinario en el Puig, en amenazando tempestad dentro de su término, el prodigio de las estrellas, que a poco que tocase el campanario a nublado, repicaba las mismas campanas, con que avisaba de las estrellas, que descubrían fijas sobre la torre.

Fue frecuentemente festejada de los Ángeles esta santísima Imagen en su Cámara Angelical del Puig (especialmente los sábados en la noche terminada la Salve, que le cantan los Religiosos solemnemente) con suaves melodías y dulcísimos cánticos, tan perceptibles muchas veces, que persuadidos de que fuese otra cosa los Religiosos buscaron algunas veces por el coro y sobre la Iglesia, la causa de tan soberana suspensión, que les llenaba los corazones de regocijo celestial.

Fue llevada del Puig a Valencia esta celestial Imagen en solemnísima Procesión, que ordenó y siguió a pie el Venerable Patriarca San Juan de Ribera, Ilustrísimo Arzobispo de Valencia, a instancia del Católico Monarca Felipe II, por causa común y urgentísima, en 17 de Julio, día Domingo del año 1588.

Fue colocada la santa Imagen en ese tránsito a Valencia, en la Capilla mayor de su Catedral, con asistencia de todas las Religiones y Parroquias, y con la misma solemnidad con que se hace la Procesión del Santísimo en dicha insigne Ciudad. Fue venerada en dicha santa Iglesia mayor por diez y seis días continuos, con sermones de cada día, con músicas y fiestas correspondientes a los altos fines de las Rogativas y a la magnificencia propia de tal Iglesia, a que acompañaban los fieles con confesiones y comuniones, y con notoria enmienda de vida en toda la Ciudad.

Fue tan notoria la perenne música de los Ángeles en las diez seis noches de esos días, y ya sobre el Santuario del Puig, ya en la santa Iglesia de Valencia, que de las alabanzas, que se oían perceptiblemente de los Ángeles, compuso el Señor Patriarca, la Letanía de nuestra Señora del Puig, que está hasta hoy; y mandó la cantase ante tan soberano Simulacro la célebre música de su santa Catedral.

Fue tan frecuente en dichos diez y seis días la maravilla de las siete estrellas, con que fue descubierta en el Puig esta santa Imagen, que todo el tiempo que honró su presencia dicha in signe Catedral, vieron niños y grandes de Valencia, del Puig y otros Lugares vecinos, que andaban discurriendo entre nueve y diez de la noche, desde la Cámara Angelical del Puig a la santa Iglesia de Valencia, haciendo ciertas mansiones en ambas partes, con indecible alegría de los de dentro y fuera de Valencia.

Estas y otras semejantes son las particulares circunstancias, que nos proponen respetable a la primera celestial Patrona de la ciudad y reino de Valencia, María Santísima del Puig. Estos son los motivos porque fue en tiempos pasados tan invocada de todas partes, con tan notoria utilidad de sus devotos. Estas finalmente, las gloriosas particularidades de tan Soberana Imagen (no oídas al todo de otra, e ignoradas de muchos y de pocos bien atendidas) que nos hacen echar menos los fervores de otros tiempos, con que fue venerada de los Fieles, glorificado Dios en ella, y disfrutada de todos su protección. A fin, pues, de contribuir en esta parte a la debida reverencia a tan amable Protectora y al común consuelo de los Fieles, que pueden granjearse tan fácilmente como de todo lo dicho se infiere, va ordenada la siguiente Novena, por el menor de sus devotos, que desea a todos, todo bien.

ADVERTENCIAS PARA HACER FRUCTUOSAMENTE LA NOVENA.
Primera: Será lo mas propio empezar la Novena día ocho de Setiembre, en que se celebran las memorias del feliz descubrimiento del Celeste Simulacro de nuestra Señora del Puig, en su Real Santuario y Cámara Angelical.

Segunda: Confesar y Comulgar el primer día de la Novena, o luego que se pueda dentro de ella, porque pedir a Dios sin limpieza de corazón, es poner obstáculos a la misma petición.

Tercera: Ejercitar cada día de la Novena alguna virtud particular, en honor e imitación de Jesús y de María, especialmente contra la pasión que más domine.

Cuarta: El que no sepa leer, podrá hacer esta Novena, rezando ante alguna Imagen de nuestra Señora del Puig el Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri por nueve veces; las tres primeras, en memoria de la preciosa muerte de la Virgen en presencia de Jesús; las otras tres veces en veneración de los tres días que estuvo en su Sepulcro, asistido de música del Cielo, el sacro Cadáver de la Virgen, y las tres últimas, en honor de la Gloriosa Asunción de María Santísima en trono de Ángeles a los cielos.
   
NOVENA DE NUESTRA SEÑORA DEL PUIG, PRINCIPAL PATRONA DE LA INSIGNE CIUDAD Y REINO DE VALENCIA
   

Puestos de rodillas los que hicieren la Novena ante alguna Imagen de nuestra Señora del Puig, y hecha la señal de la Cruz, se hará el siguiente Acto de Contrición.

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Dulcísimo Jesús mío, por ser tan bueno como sois, me pesa en el alma de haberos ofendido, y propongo, con vuestra divina gracia, antes morir que pecar.

ORACIÓN PRIMERA PARA TODOS LOS DÍAS
Serenísima Reina de los Ángeles, María Santísima, Madre de Dios y de todos los pecadores, que con el título especioso de nuestra Señora del Puig, habéis sido para los fieles, desde lo primitivo de nuestra Iglesia, el feliz desahogo de sus conflictos, el imán de sus afectos y la total confianza de sus consuelos; dignaos oírnos, gran Señora, en las humildes súplicas de estos días, que dirigimos desde ahora á la gloria de nuestro Dios, a vuestra deseada veneración, y al mayor provecho de nuestras almas. Acordaos, piísima Madre, de mediar con el Señor, para las felicidades de nuestra Iglesia; poned paz y tranquilidad entre los Príncipes Cristianos; tomad de vuestra cuenta la exterminación de los herejes enemigos de vuestro Hijo; con que dilatada su santa fe, sea conocido de todos su santísimo Nombre, de todos alabado y glorificado, por los siglos de los siglos. Amén.

DÍA PRIMERO
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Altísimo Dios y Señor, que en obsequio de vuestra Madre, Señora nuestra amabilísima, os dignasteis mandar a vuestros Ángeles, que formasen su Imagen de la sagrada piedra de su sepulcro, y la colocasen en el Puig para fiel asilo de sus devotos, que dignamente la veneren; dadnos gracia, Señor, para que confesándonos obligados a tan soberanas providencias, nos miremos todos en obsequiarla, como prenda de vuestro amor y dádiva liberal de vuestra inefable misericordia. Sea, Señor, sea siempre nuestra mira, en señal de gratitud, obedecer vuestros preceptos, y amar sobre todo vuestra Bondad hasta morir en gracia final, con que logremos veros y adoraros en compañía de vuestra Madre, en el reino de la gloria. Amén.

Ahora se reza por tres veces la salutación Angélica, en reverencia de los tres días que estuvo la Virgen en el sepulcro.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Clementísima Virgen Madre, que tan obligados tenéis a los Cristianos desde vuestra Cámara Angelical, donde sois venerada en el Puig, que atraídos del imán de vuestro celeste Simulacro, se vieron venir a visitaros, ejecutados de su devoción y gratitud, los Sumos Pontífices, los Monarcas y los Príncipes, haced Señora, que renovados en nosotros aquellos fervores de otros tiempos, nos hagamos mas dignos de día en día, de vuestra poderosa mediación, con que ejercitados en virtudes, experimentemos los favores que esperamos de Dios por vuestra mano; y con especialidad la gracia particular que suplicamos en este día.

Ahora pida cada uno a Dios, por medio de la Virgen, aquello que necesite.

Así lo confío y espero, benignísima Madre mía, por la eficacia de vuestros méritos; si lo que pido y suplico, fuese del agrado de mi Dios, y lo que mas á mi alma le conviene, para lograr su salvación. Amén.

Antífona (tallada en la campana donde fue hallada la Imagen): Santa María, ruega por nosotros: tu Imagen sea para nosotros defensora, la cual fue entallada por los Ángeles en la piedra de tu Sepulcro, y traída por ellos, y condecorada con la venida de los Apóstoles. Tus siervos te reverenciamos. Ahuyenta los rayos y los truenos con el sonido de la campana, la cual hicimos en la era 660 (año 622 de Nuestro Señor).
   
ORACIÓN (Compuesta por San Juan de Ribera, Arzobispo de Valencia)
Omnipotente y misericordioso Dios, que con admirables milagros quisiste que fuese venerada esta imagen de la Madre de tu Unigénito, cuyo culto salvífico recibimos del invicto rey Jaime I conquistador de nuestra ciudad, concédenos que por el patrocinio de la Bienaventurada siempre Virgen María, consigamos vida e incolumidad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
    
GOZOS
  
Virgen del Puig María,
Clara estrella del Oriente:
Pues que sois de gracias fuente,
Dadnos la gracia cumplida.

De piedra de tu Sepulcro
Fue tu Imagen fabricada
Por Ángeles, y venerada
De ellos, con amor profundo;
De tales manos salió
Tu belleza peregrina:
Pues que sois de gracias fuente,
Dadnos la gracia cumplida.

Es constante tradición 
Que ellos al Puig os trajeron:
Y los Apóstoles dieron
Principio a tu devocion;
Para libraros del Moro
Despues fuisteis escondida: 
Pues que sois de gracias fuente,
Dadnos la gracia cumplida.

Cuando a conquistar Valencia
Vino Don Jaime el Primero, 
Nolasco su Compañero 
Vio del monte en la eminencia
Siete estrellas, mensajero
De tu celestial venida:
Pues que sois de gracias fuente,
Dadnos la gracia cumplida.

Debajo de una campana
Enterrada os encontraron,
Rendidos os veneraron
Como prenda Soberana,
Feliz pronóstico fue
De ser Valencia vencida:
Pues que sois de gracias fuente,
Dadnos la gracia cumplida.

El Rey con tal bella Aurora
Les dió sangrienta batalla
Vos postrasteis tal canalla,
Y sus lunas, vencedora;
Mandando a San Jorge Vos
Que ayudase a su caída:
Pues que sois de gracias fuente,
Dadnos la gracia cumplida.

Glorioso el Conquistador
Entró triunfante en Valencia,
Y dedicó a tu clemencia
Todo el Reino con fervor;
De la victoria alcanzada
Fue recompensa debida:
Pues que sois de gracias fuente,
Dadnos la gracia cumplida.

Si en horribles tempestades
Nos dan horror las centellas,
Vos enviáis las estrellas
Que anuncien serenidades;
En señal de continuar
El favor de tu venida:
Pues que sois de gracias fuente,
Dadnos la gracia cumplida.

Cuando a implorar tu clemencia
En Procesión os llevaron
A Valencia, se mostraron
Las siete, que a competencia
Iban al Puig, y venían 
Hasta el fin de tu partida:
Pues que sois de gracias fuente,
Dadnos la gracia cumplida.

Los Ángeles obsequiosos
A Vos, que sois su Señora,
En música muy sonora
Os cantaron vuestros gozos;
Oyéndolo varias veces
Las gentes con alegría:
Pues que sois de gracias fuente,
Dadnos la gracia cumplida.

Los milagros, que piadosa
Nos haceis ver cada día,
Dan a entender a porfía
Ser del Reino protectora;
Y para vuestros Devotos
Universal medicina:
Pues que sois de gracias fuente,
Dadnos la gracia cumplida.

En vuestro Templo, tablillas,
Mortajas, armas, pinturas, 
Fueron bellas colgaduras, 
Recuerdo de maravillas; 
Despertador diligente 
Aun de la Fe más dormida:
Pues que sois de gracias fuente,
Dadnos la gracia cumplida.

Pues en peligro evidente 
Está siempre nuestra vida: 
Pues que sois de gracias fuente,
Dadnos la gracia cumplida.
   
℣. La eligió Dios, y la adornó.
℟. La hizo habitar en su Tabernáculo.   
   
ORACIÓN
Oh Señor Jesucristo, que admirablemente mostraste a los hombres la celestial imagen de tu Madre, tallada por mano de los Ángeles, concédenos por tu intervención, que sirviéndote laudablemente en la tierra, lleguemos a tu gozo sempiterno en el Cielo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA SEGUNDO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración inicial.

ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Soberano Redentor Jesús, que repitiéndole los señales de siete estrellas maravillosas a vuestro gran siervo San Pedro Nolasco, le facilitasteis en el Puig el feliz descubrimiento de la Imagen de vuestra Madre, para terror de los Sarracenos, enemigos de vuestro nombre, y para nuevos alientos del Rey Don Jaime a la milagrosa Conquista de Valencia; disponed, Señor, de nosotros, como dueño que sois Vos del humano corazon, que le seamos devotos tan de veras, que mereciéndole sus bendiciones, nos hagamos dignos de las vuestras. Amén.

Rezar tres Avemarías. Las Oraciones y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA TERCERO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración inicial.

ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Amabilísimo Jesús, que puesto en brazos de vuestra Madre en su Imagen santísima del Puig, porfiáis con gracia increíble por pegar vuestros labios inmaculados a su rostro celestial, con que nos dais lecciones prácticas de la ternura de devoción con que siempre debiéramos venerarla; concedednos hoy, Señor, que fervorizados nuestros espíritus con los castos deseos de sus caricias, la obliguemos de suerte en la vida, que veamos su rostro benignísimo en los terribles conflictos de la muerte. Amén.

Rezar tres Avemarías. Las Oraciones y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA CUARTO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración inicial.

ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios y Señor de cielos y tierra, que escogisteis de entre millares para Madre de mi Jesús a María santísima, siempre Virgen; y colocaste en el Puig por ministerio de los Ángeles su Imagen milagrosa, para común refugio de sus devotos en sus respectivas necesidades: dignaos oírnos, gran Señor, en las presentes aflicciones, por reverencia de esta Señora, que fue tan graciosa a vuestros ojos en su vida y en su muerte, desde el primer instante de su ser. Amén.

Rezar tres Avemarías. Las Oraciones y los Gozos se dirán todos los días.
  
DÍA QUINTO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración inicial.

ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Eterno Dios de bondad inmensa, que por tener vuestras delicias en conversar con los hijos de los hombres, os dignasteis atraernos con las noticias no merecidas del santo Nombre de vuestro Hijo, que habéis extendido por todas partes con la tierna veneración de las Imágenes de su Madre: no nos permita vuestra clemencia, que pues tenemos una en el Puig por tantos títulos respetable, nos hagamos indignos de vuestras gracias por ser negligentes en venerarla. Antes haced, Señor, que en todas nuestras causas la invoquemos tan confiados, que nos sirva de luz que nos ilustre, de Maestra que nos dirija, de Madre que nos consuele, y de Abogada que nos defienda. Amén.

Rezar tres Avemarías. Las Oraciones y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA SEXTO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración inicial.

ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Salvador amantísimo de las almas, que en consecuencia de las ternuras, con que amáis a vuestra Madre, os habéis mirado siempre en promover piadosos ánimos á los cultos de sus Imágenes; y con tanta especialidad sobre la Angélica del Puig, que se vieron venir buscándola los Apóstoles sagrados San Pedro y San Pablo, para visitarla personalmente en su Templo primitivo: continuad, Señor, en nuestros tiempos esos impulsos soberanos, con que llenando nosotros vuestros deseos en los obsequios de vuestra Madre, nos hagáis dignos de vuestro amor, de que pende la vida de nuestras almas. Amén.

Rezar tres Avemarías. Las Oraciones y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA SÉPTIMO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración inicial.

ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dulcísimo Jesús, que prendado de las virtudes, santidad e inocencia de vuestra Madre inmaculada, le disteis como en premio el manejar, cual tesoro propio, el de vuestras divinas misericordias a favor de los mortales; y a los hijos de vuestra Iglesia, como en título de herencia, el reverenciarla gustosamente bajo cualquiera invocación de su Nombre soberana: dadnos, Señor desde hoy, que acertemos a venerarla con la devota invocación de Nuestra Señora del Puig, imitando tantos Fieles, que vinieron a visitarla de los Reinos más distantes, a la voz de los portentos, que consolando sus devotos, habéis obrado por su mano. Amén.

Rezar tres Avemarías. Las Oraciones y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA OCTAVO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración inicial.

ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Divino Verbo humano, que usando largamente de la plenitud de vuestro poder,ñ para hacer respetables al mundo las excelencias de vuestra Madre, empleaste tantas veces vuestros Ángeles, en cantar sus glorias en el Puig ante su precioso Simulacro, con voces tan perceptibles en las noches de muchos sábados, que las oían distintamente con ternuras de corazón los niños y los grandes; dotadnos, dulce Dueño, del espíritu de devoción a tan amable Emperatriz, con que imitemos ahora sus virtudes, y después con los mismos Ángeles cantemos sus glorias eternamente en vuestro Reino celestial. Amén.

Rezar tres Avemarías. Las Oraciones y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA NOVENO 
Por la señal…
Acto de contrición y Oración inicial.

ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Omnipotente Señor, Dios Trino y Uno, que exaltando la humildad de la que siendo Madre del Hombre-Dios, se confesaba esclava suya, la habéis declarado al mundo tesorera tan árbitra de vuestras gracias, que invocada devotamente en su Imagen santísima del Puig, se han visto trocadas de repente las deshechas borrascas en bonanza, en serenidad los temporales, libertados los cautivos y milagrosamente transportados, con sus grillos y cadenas, desde los calabozos de las mazmorras a las puertas de su Templo; por tanto, Señor, y para que más resplandezca su protección, cuanto nosotros por nuestras culpas, menos dignos de su clemencia, esperamos de vuestra piedad al terminar esta Novena conoceros con nueva luz, amaros con más fervor, y quedar con el carácter de devotos de María, que es señal de escogidos para vivir y reinar sin fin en la eterna felicidad. Amén.

Rezar tres Avemarías. Las Oraciones y los Gozos se dirán todos los días.

viernes, 21 de agosto de 2026

NOVENA A LOS SANTOS JUAN DE PERUSA Y PEDRO DE SAXOFERRATO

Novena dispuesta por un Sacerdote devoto de los Santos Mártires, y publicada en Zaragoza en 1807; reimpresa a devoción del P. Fray Jaime Sala Moltó OFM, y publicada en Barcelona por la Tipografía Católica en 1903, con licencia eclesiástica.

NOVENA A LOS SANTOS MÁRTIRES JUAN DE PERUSA Y PEDRO DE SAXOFERRATO

MODO DE HACERSE ESTA NOVENA A MAYOR GLORIA DE DIOS, HONOR DE LOS SANTOS MÁRTIRES Y UTILIDAD DE LAS ALMAS.
El primero y último día, o por lo menos alguno de los de la Novena, es muy conveniente, para que reconciliados con Dios los Santos nos oigan, confesar y comulgar. También será loable dar una limosna y tomar alguna voluntaria mortificación los días que pudiere, en imitación de las muchas que practicaron los Santos Mártires.

Empiézase la Novena puesto de rodillas el devoto ante las imágenes de los Santos, y hecha la señal de la cruz se reza la oración siguiente:


ACTO DE CONTRICIÓN Y ORACIÓN PREPARATORIA
Señor mío Jesucristo, que nos amáis y sois digno de infinito amor, yo siento de lo íntimo del alma haberos ofendido por ser Vos tan bueno que no merecéis tal ingratitud. Concédenos luz y gracia para meditar las heroicas virtudes y esclarecidos ejemplos de vuestros siervos San Juan y San Pedro para que, reparando en lo venidero nuestras pasadas infidelidades, seamos dignos imitando sus obras, de alcanzar el premio de la gloria. Amén.


DÍA PRIMERO
CONSIDERACIÓN
Sobre la fidelidad de los Santos Mártires a la vocación
Considera en este día la fidelidad y correspondencia de San Juan y San Pedro a la vocación divina con que fueron llamados a la Orden de San Francisco. Aunque de pueblos distintos tuvieron la misma docilidad á la gracia, y venciendo las dificultades que les impedían el cumplimiento de la divina voluntad obedecieron prontamente al Señor, que los llamaba del bullicio del mundo al retiro y sosiego del claustro; de las delicias que gozaban en sus casas á la vida austera y rigurosa de los Franciscanos. Juan, que después de muchos sacrificios había logrado ser sacerdote, en vísperas de adquirir una prebenda, al oír a San Francisco sintióse movido a seguirle, y así lo realizó. Pedro, hijo de padres nobles y regalado en su hogar, abandonó cuanto tenía, y aunque no le faltaba instrucción, quiso asegurar más su salvación en los trabajos humildes de los legos. Ved ahí los principios de su santidad heroica donde descansan: en la correspondencia a las inspiraciones del cielo, en la docilidad con que se dejaron en las manos del Señor. Y nosotros ¿qué hacemos? ¿Por qué andamos tan flojos en su servicio, tan decaídos en el ejercicio de las virtudes? ¿Acaso no hemos sido llamados a la cristiandad para copiar en nuestras almas las virtudes de Cristo? ¡Oh! Tal vez por una nueva gracia de predilección hemos también seguido la vocación religiosa; pero admitidos en la Religión, hemos continuado nuestros esfuerzos para secundar siempre los movimientos de la gracia? ¿Hemos recibido con atención y delicadeza las visitas que Dios nos hacía con sus inspiraciones? Pidamos a nuestros hermanos y protectores que nos alcancen su generosidad en seguir la voluntad divina.
Meditese.

ORACIÓN
Gloriosísimos y santísimos Mártires de mi Señor Jesucristo San Juan y San Pedro, hijos del Serafín humano y Vice-Cristo San Francisco, y herederos de su seráfico espíritu y celo apostólico, y que por tales os eligió el mismo sagrado Alférez de nuestra Redención, para que vinieseis á la ciudad de Teruel á santificarla con vuestra presencia y llenarla de beneficios y favores del cielo. Humildemente os suplico que, por vuestros grandes merecimientos, sea yo elegido en el dichoso número de los predestinados, y purificado con la verdadera contrición de mis culpas, merezca entrar y habitar en la ciudad de la triunfante Jerusalén á gozar para siempre de la presencia de mi Dios y Señor y de la vuestra. Amén.

Ahora se rezan tres Padre nuestros, Ave María y Gloria Patri, y la siguiente:

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Altísimo Señor de las eternidades, Criador universal del cielo y tierra, Padre, Redentor y Salvador de las almas, en quien esperamos todo el bien y nuestra salud especial, como de la fuente perenne de las gracias; como humildes y rendidos á tu infinita grandeza os consagramos con toda nuestra voluntad y con los afectos de nuestro corazón este Novenario que ofrecen los devotos á los invictos Mártires de Teruel, presentándolos delante del trono de tu misericordia, para que, experimentando vuestra divina clemencia, estemos más rendidos en la observancia de vuestros divinos Mandamientos. Y vosotros, Sagrados Mártires, pues os consagran nuevos y reverentes cultos vuestros hermanos y cordiales devotos, oid nuestras peticiones, atended a nuestras súplicas, presentadlas ante el tribunal de la divina misericordia, para que, experimentando vuestro sagrado patrocinio, sirvamos á nuestro Dios con todo afecto, le amemos con más cariño, aborrezcamos las culpas y los pecados, y sólo tengamos empleadas nuestras potencias en lo que sea de la voluntad divina; y logremos por vuestra eficacísima intercesión el estado dichoso de la gracia que nos conduzca a vuestra eterna compañía en la gloria. Ruégoos también, Abogados y Patronos míos, me alcancéis de la Majestad divina el favor que os pido en esta Novena, si ha de ser para gloria de Dios y utilidad de mi alma. Amén.

ANTÍFONA
Alégranse en los cielos las almas de los Santos que han seguido las huellas de Cristo; y porque por su amor derramaron su sangre, por esto se regocijan con Cristo sin fin.

L/: Se regocijarán los Santos en la gloria.
R/:Y se alegrarán en sus moradas.

ORACIÓN
¡Oh Dios omnipotente! Os suplicamos que concedáis un apoyo y refugio seguro a nuestra flaqueza, para que así como nos gozamos con los triunfos de vuestros bienaventurados Mártires Juan y Pedro, así también no nos avergoncemos de imitar su constancia que con placer celebramos. Por Jesucristo Señor nuestro. Amén.


DÍA SEGUNDO
CONSIDERACIÓN
Sobre la caridad de los Santos Mártires.
La virtud que hoy quieren enseñarnos los Santos Mártires es la caridad fraterna, de la cual tantas muestras dieron entre nosotros. Llenos ya de amor de Dios en el convento, y hallándolos San Francisco dispuestos para prender aquel divino fuego en los fieles, dióles su bendición para que fuesen a predicar por el mundo y convirtiesen a los infieles y mahometanos a la fe de Cristo. Y como las obras convencen más que las palabras y elocuentes discursos, en ellas se enamoraron de un modo especial nuestros Santos, llevando como enseña gloriosa de su apostolado el sacrificio por sus hermanos, que fue el celestial distintivo con que Jesús quiso sellar a sus verdaderos hijos. Basta recordar lo mucho que hicieron en Teruel y Valencia. Desde sus primeros días buscaron a los pequeñuelos para adoctrinarlos, se mezclaban con los labradores y obreros para contarles ejemplos de los Santos, y pidiendo limosna de puerta en puerta todo cuanto recogían era para los pobres de las cuevas, que en sus necesidades acudían á la provisión, que siempre hallaban generosa en manos de nuestros Santos. Cuando eran necesarios milagros, Dios probaba con ellos cuánto le complacían las limosnas de sus Siervos. ¿Quién no desea la gloria de estas hazañas? ¿Quién no suspira por la fama y renombre de generoso y noble delante Dios y de los hombres? Todos lo deseamos; pero ¿seguimos el camino de la abnegación, sacrificio desinterés que ellos trillaron?
Meditese.

ORACIÓN
Gloriosísimos y santísimos Mártires de mi Señor Jesucristo San Juan y San Pedro, que habiendo llegado a la ciudad de Teruel os dignasteis de hacer en ella vuestra morada y mansión y con dulcísima mansedumbre os ejercitábais en enseñar á los niños la Doctrina Cristiana y en instruirlos en los misterios y articulos de la santa fe católica, haciendo oficios de padres amorosísimos y de maestros: yo os suplico rendidamente que me admitáis en el feliz gremio de vuestros amados hijos y discípulos, para que, aleccionado y amaestrado con vuestra saludable doctrina y palabras de vida eterna, aprenda a amar y servir á mi Dios y Señor, el cual para este fin me crió y redimió con la preciosísima Sangre de su Unigénito y mi Señor Jesucristo. Habladnos, Santos y Patronos nuestros, al corazón, que ya oyen y siempre oirán vuestros siervos y verdaderos devotos, depositando en sus almas vuestra doctrina. Amén.


DÍA TERCERO
CONSIDERACIÓN
Sobre el celo de la salvación de las almas, de los Santos Mártires.
Quien ama á Dios cela su honra y procura que se le aumente el número de sus siervos; ved ahí porque los Santos no quieren salvarse solos, sino rodeados de brillante cortejo de compañeros, á quienes comunican su espíritu y fervor por la predicación y el buen ejemplo. Por eso nuestros Mártires se sacrificaron tanto en viajes á pie, en romerías á Santuarios, en excursiones á diferentes pueblos y en frecuentes visitas á las casas. Querían salvar almas, querían sacar del poder de Satanás las que tenía cautivas por el pecado; querían, aun á costa de su descanso, librar á sus hermanos de caer en la cárcel del infierno. ¡Qué edificante era oírles hablar de los medios que emplearían para reducir á los extraviados! ¡Qué hermoso verlos impacientes por llegar á tierra de moros y predicarles la fe para convertirlos á su Dios! ¡Qué sublime y arrebatador verlos en presencia del Rey sarraceno pidiéndole que deje sus errores, para borrar los cuales ellos derramaran su sangre! ¡Dichosos ellos, que merecieron la conversión de su verdugo, como San Esteban la de San Pablo! ¡Dichosos ellos, que anhelando la salvación de las almas, merecieron tanta gloria y exaltación en el cielo! ¿Y permaneceremos nosotros fríos ante tan grandes incendios de divino fuego? ¿No aprenderemos siquiera a rogar por la conversión de los pecadores?
Meditese.

ORACIÓN 
Gloriosísimos y santísimos Mártires de mi Señor Jesucristo San Juan y San Pedro, que con apostólico celo predicasteis repetidas veces por las calles y plazas de la ciudad, haciendo tan copioso fruto con vuestros sermones, como el convertirse á Dios los pecadores y hacerse Teruel y su comarca un paraíso de virtudes: yo os suplico, Patronos y abogados míos, que por vuestra poderosa intercesión reciba mi alma la semilla de la divina palabra, y con ella produzca frutos dignos de penitencia y de todas las virtudes, y que, olvidando las vanidades del mundo, sea todo mi trato y conversación en el cielo. Amén.


DÍA CUARTO
CONSIDERACIÓN
Sobre la humildad de los Santos Mártires.
Todas las virtudes son excelentes y preciosas, todas necesarias para la perfección; pero sin la humildad no tendrían base ni cimiento, y vendrían á convertirse en un peligro para nuestras almas. El conocimiento de nuestra nada y de la bondad de Dios, que obra en nosotros cuánto hay de alguna consideración, son dos cuadros que deben abarcarse con una sola mirada. Quien esto hace se libra de la vanagloria y rinde a Dios la honra que á Él sólo se debe. Nada le parece pequeño si Dios quiere que lo haga, y las mayores dignidades juzga por sombras si el Señor en ellas no es bien servido. Humildes eran nuestros Santos, y por esto lo mismo cavaban en el huerto para hallar un manantial, que predicaban en la iglesia para enseñar la ley de Dios. Tan honrados se creían visitando hospitales y sirviendo enfermos, como cuando los sabios eclesiásticos y nobles seglares les encargaban la dirección de sus conciencias. Tan pacíficos y tranquilos quedaban cuando ó por su oración ó con el agua de su pozo habían curado dolientes de gravedad, como al recibir desacatos é injurias en sus excursiones apostólicas. ¿Deseáis alcanzar esta sublime igualdad de ánimo? Sed humildes como los Santos Mártires; apartad lo precioso de lo vil; dad á Dios la gloria de todo lo bueno, y á vosotros atribuid todo el mal que os sobreviene; sed humildes y Dios os colmará de gracias.
Meditese.

ORACIÓN
Gloriosísimos y santísimos Mártires de mi Señor Jesucristo San Juan y San Pedro, cuya piadosa caridad y compasiva misericordia se empleó y ejercitó muchos años en visitar y consolar á los enfermos en el Hospital y en las casas de Teruel, mostrando también vuestra dulcísima clemencia en el consuelo de todos los afligidos y remedio de los necesitados; humildemente os ruego, sagrados Protectores, que por vuestra compasiva piedad, tan agradable á los ojos de Dios, me alcancéis de su divina clemencia que sean perdonadas todas mis culpas, y así sea y quede libre de todas las enfermedades y dolencias de mi alma, y perseverando en la salud y vida dichosa de la gracia, llegue á merecer los premios eternos de la gloria. Amén.


DÍA QUINTO
CONSIDERACIÓN
Sobre la gratitud de los Santos Mártires.
No es de pequeña importancia en los Santos el espíritu de agradecimiento, y bien será que estudiemos bajo este aspecto á nuestros Compatronos. Con Dios vale tanto la gratitud, que á ella vincula la repartición de sus dones, y es la llave que abre ó cierra las entrañas de su misericordia y generosidad. Los hombres la estiman de tal modo, que á quien no la procura tildan de grosero y lo apartan de sí como baldón de su linaje. Por esto se comprende que San Juan y San Pedro cautivasen á los terulenses, fueran por ellos bien recibidos y decorosamente albergados; pero ¿qué no hicieron nuestros Santos para pagar estas finezas? ¿Quién contará las maravillas que realizaron por sus habitantes? ¿Quién reducirá á guarismo los milagros que en vida y después de muertos hicieron á favor nuestro? Sólo el pozo que con su industria cavaron fué una fuente perenne de beneficios para nuestra ciudad. Y ¿qué significa la traslación de sus reliquias á Teruel, sino que los Santos quisieron pagar después de su martirio la buena acogida que les hicieron nuestros padres? Recordemos estas pruebas finísimas de la gratitud de los Santos Mártires, y pensemos como debemos nosotros agradecer por nuestra parte las gracias que por su mediación hemos recibido.
Meditese.

ORACIÓN
Gloriosísimos y Santísimos Mártires de mi Señor Jesucristo San Juan y San Pedro, cuyas sagradas y benditas manos abrieron el pozo y fuente de aguas vivas que continuamente obran admirables prodigios en todos los enfermos que con verdadera fe y confianza se acogen á vuestro amparo, siendo para todos una milagrosa piscina; yo os suplico por la benignísima piedad con que á costa de vuestros apreciables sudores quisisteis dejarnos aguas tan saludables, que se quebrante y destile en agua la obstinada piedra de mi corazón, y que la derrame en la divina presencia en lágrimas de verdadera contrición de mis culpas, para que lavado y purificado mi corazón, no lo desdeñe ni desprecie mi Dios y Señor, sino que se digne de habitar para siempre en él. Amén.


DÍA SEXTO
CONSIDERACIÓN
Sobre la imitación de Cristo que los Santos Mártires se propusieron.
Hay un camino breve para alcanzar la perfección de las virtudes, y un atajo seguro para conseguir en poco tiempo grandes méritos. El que se resuelve á caminar por él no necesita muchos preceptos ni le precisan los estudios para salir santo y gran santo, porque se halla en él la teoría y práctica unidas de un modo sencillo á la par que sublime. Nos referimos á la imitación de Cristo, modelo que los Santos procuran copiar y luego salen con el intento, porque el Señor, que secunda y favorece todo buen deseo, recibe y abraza con singular cariño á los que quieren imitar á su Hijo, y con su gracia y el esfuerzo que ellos ponen se obran grandes cosas en sus almas. Ese es el camino que siguieron nuestros Copatronos, y el empeño principal que tuvieron en su vida religiosa: imitar á Jesús; sufrir como El; padecer y ser despreciados por El; rogar por sus enemigos, y como El ofrecer su muerte por los que los atormentaron. ¡Ah! como habían conversado con el Seráfico Francisco, que salió copia exacta del divino original, y habían aprendido en su Regla el arte de llegar á la cabal imitación de sus virtudes; también ellos fueron diseños hermosos de Cristo, y Cristo crucificado. Y nosotros, ¿cuántos rasgos de semejanza tenemos con nuestro Divino Maestro? Mejor dicho: ¿hay algo en nosotros que nos haga dignos del título de cristianos y religiosos?
Meditese.

ORACIÓN
Gloriosísimos y santísimos Mártires de mi Señor Jesucristo San Juan y San Pedro, que después de haber llenado de beneficios á toda la ciudad de Teruel y su territorio, y después de haber fundado un convento para que en él sea perpetua y gloriosísima vuestra dulce memoria, pasasteis al reino de Valencia á obrar las mismas maravillas y á padecer y morir por la defensa de nuestra santa fe, sellando con la fineza de morir por Cristo la caridad y amor con que siempre le amasteis: yo os ruego y suplico que encendáis mi corazón en vivas ansias de padecer y morir por mi Señor, Criador y Redentor, y como tuvisteis en las penas y tormentos vuestra mayor alegría y gozo, así también le tenga yo en los trabajos, tribulaciones y enfermedades que por disposición de Dios me acontecieren. Amén.


DÍA SÉPTIMO
CONSIDERACIÓN
Sobre la constancia de los Santos Mártires en los tormentos.
Todos los Mártires son modelos de valor y heroísmo en la paciencia, pero los esclarecidos Franciscanos que festejamos tienen algo especial, que sobre causarnos admiración nos confunde y aturde. Y ¿quién no se maravilla de que emprendieran grandes jornadas para buscar la palma del martirio? ¿Acaso sufrían poco con sus penitencias rigurosas en el claustro, que necesitaban otros que los atormentasen? ¿No tenían bastante con la aspereza de la Regla, que algunos creyeron imposible á la flaqueza humana? Y si querían sufrimientos, ¿cómo no contentarse con los que de ordinario tenían en su apostolado? Esto lo preguntamos nosotros, que no sentimos hambre de padecer; pero nuestros Santos, que miraban á Jesús hecho un retablo de dolores; ellos que veían como el Señor de la Majestad habia bajado del cielo a la tierra para comprar las joyas que se encierran en la paciencia, pobreza y sacrificio; ellos tuvieron alientos para presentarse tres veces delante del tirano, sufrir los horrores del calabozo como Sebastián, ser azotados como los Apóstoles, y por fin degollados como San Pablo. Tuvieron firmeza para arrostrar la lluvia de improperios con que los insultaban, recibir con gozo los baldones y denuestos que les decían, y entregar sus cabezas al alfanje, pronunciando una plegaria por sus enemigos y prometiendo la conversión del Rey moro. ¿Dónde hallaron tanto valor sino en la meditación continua de Jesús crucificado? Y nosotros, ¿por qué no tomaremos alguna vez ese libro donde tanto se aprende en poco tiempo?
Meditese.

ORACIÓN
Gloriosísimos y santísimos Mártires de mi Señor Jesucristo San Juan y San Pedro, cuya ardentísima caridad se extendió hasta los enemigos de nuestra santa fe, predicándoles las verdades del Santo Evangelio y convirtiéndolos á millares á costa de innumerables trabajos á la fe de Cristo; y que al mismo tirano que os mandó poner en prisiones, azotar y degollar por vuestra admirable constancia en la fe, le merecisteis con vuestras oraciones y martirio que viniese al gremio de la Santa Iglesia y viviese y muriese en la Religión cristiana: yo os suplico por esta caridad tan ardiente me hagáis verdadero hijo y miembro vivo de la Iglesia Santa, para que así participe del fruto de los Santos Sacramentos y de los méritos de todos los justos; y pues con el mismo tirano que os cortó las cabezas fuisteis tan compasivos y misericordiosos, haced que yo por el divino amor perdone de corazón á todos mis enemigos y a cuantos de palabra ú obra me hubieren agraviado. Amén.


DÍA OCTAVO
CONSIDERACIÓN
Sobre la gloria que merecieron los Santos Mártires por sus trabajos.
¡Cuántos trabajos sufrieron los Santos para alcanzar con seguridad la palma del martirio! Así canta alborozada la Iglesia viendo a sus nobles hijos que, venciendo todos sus apetitos, dominando sus pasiones, llegaron a ceñir la corona de Mártires y empuñar en su mano la palma de victoria. ¡Qué gloria les reportó su paciencia! ¡Qué premios logró su constancia! Levantados á ocupar las sillas de majestad que Dios reparte entre sus fieles siervos, se gozan y sin fin se gozarán con la vista clara de Dios, de la Humanidad de Cristo, de la belleza incomparable de María y de la compañía deseable de todos los Santos. Cuanto más sufrieron, más se holgarán en Dios, que ha prometido pagar con gloria infinita los menguados obsequios de sus hijos. ¿Dónde tendrá, pues, a San Juan y San Pedro? ¿Qué alteza habrá concedido á estos campeones de la fe, adalides de la Religión y defensores impertérritos de todas nuestras verdades? Si á quien renuncia las cosas de la tierra le promete el ciento por uno y la vida eterna, ¿qué habrá dado á los que no sólo renunciaron su hacienda y bienestar, sino su honra, su vida y su sangre para afianzar el reino de Cristo? Considerémoslo atentamente ya que no alcancemos á comprenderlo, y que esto nos aliente y esfuerce á la práctica de obras santas, que tan copiosa y abundantemente nos ha de galardonar el eterno Remunerador.
Meditese.

ORACIÓN
Gloriosísimos y santísimos Mártires de mi Señor Jesucristo San Juan y San Pedro, que conservando en el cielo el amor que tuvisteis á Teruel cuando vivíais en el mundo, quisisteis que viniesen y se depositasen allí para siempre vuestros sagrados huesos para que hallemos en ellos refugio y amparo en todos nuestros ahogos, necesidades y tribulaciones, eficaz medicina para sanar de todas las enfermedades espirituales y corporales: yo os suplico, poderosísimos Titulares y Protectores nuestros, que continuéis con nosotros vuestras piedades, y nos ilustréis e iluminéis. para que hagamos el debido aprecio del tesoro inestimable de vuestras sagradas Reliquias. Haced, Santos nuestros, que desprendiendo nuestro corazón de los bienes caducos del mundo, le pongamos en este tesoro tan del cielo. Amén.


DÍA NOVENO
CONSIDERACIÓN
Sobre la confianza que debemos tener en el patrocinio de los Santos Mártires.
Uno de los frutos principales que hemos de coger en esta Novena, es el de la confianza en el patrocinio y ayuda de los Santos Mártires. Hemos contemplado los cuadros de su vida, que nos los presentan admirables en sus virtudes, y los hemos visto también rodeados del esplendente ropaje de gloria que Dios les dió como premio de su virtud. Y ¿a qué deben encaminarse estas consideraciones sino á despertar en nosotros un gran deseo de imitarlos, y adquirir nuevos argumentos y confiar en su protección y amparo? Si viviendo en carne se desvelaron por sus hermanos y procuraban el alivio de los necesitados, ¿qué dejarán de hacer ahora que están en la patria de la dicha y pueden como confidentes del Señor disponer de su hacienda? Si atendieron las súplicas de nuestros padres cuando les pedían lanzasen de sus confines la langosta y humedeciesen con lluvias la seca y agostada tierra, ¿cómo no oirán las súplicas que les hagamos para alcanzar su espíritu y poder adquirir los bienes del cielo? Si se han mostrado tan solícitos por curar las abrasadas calenturas y las fiebres malignas, ¿cómo dejarán de confeccionar medicinas para curar nuestras almas? Sí, hermanos, aumentemos nuestra confianza; esperemos por medio de los Santos recibir cuanto necesitemos para nuestra salvación, y asegurada ésta no temamos los trabajos de esta vida, que cuanto mayores sean mayor corona nos darán en la gloria. Amén.
Meditese.

ORACIÓN
Gloriosísimos y santísimos Mártires de mi Señor Jesucristo San Juan y San Pedro, cuya poderosa protección repetidas veces ha experimentado la ciudad de Teruel, ya en haber exterminado de ella milagrosamente la formidable plaga de la langosta y preservado (según piadosamente confiamos) para siempre de la misma formidable plaga, ya en extinguir contagios y peligrosas enfermedades que nos afligían, como al presente se experimenta: yo os ruego, piadosísimos Padres, Patronos y milagrosos médicos, que exterminéis de mi alma la muy formidable plaga de la culpa, y extingáis para siempre de todos nuestros corazones la epidemia mortífera del pecado. Hoy se concluyen con este Novenario vuestros cultos públicos, pero mi alma siempre os venera y adora deseosa de agradecer tantos favores como debe y espera deber á vuestra poderosísima intercesión. Admitid, Santos poderosos, los obsequiosos afectos de todos vuestros devotos; conservadnos en los favores de vuestra devoción perpetua, de donde dependen nuestras espirituales y temporales fortunas, y alcanzadnos la divina gracia para merecer con ella la amorosa vista de nuestro Dios y vuestra compañía en la gloria. Amén.

lunes, 17 de agosto de 2026

BEATA BEATRIZ DE SILVA


Estamos ya en el último siglo de la Reconquista. Los reinos cristianos de la península Ibérica se van extendiendo hacia el sur y pasan al África. Una de las últimas plazas ganadas a los árabes para el reino de Portugal fue Ceuta (1415). El capitán de esta hazaña y primer gobernador de la ciudad conquistada fue don Pedro Meneses, conde de Viana y descendiente de los reyes de Castilla. En la conquista de esta plaza había intervenido también el caballero don Ruy Gómez de Silva, cuyo ejemplar comportamiento le mereció el aprecio de su capitán, hasta el punto de ofrecerle en matrimonio a su hija Isabel.
   
El año 1422 se formó el nuevo hogar Silva-Meneses, en el que vería la luz Beatriz. Su padre fue este aguerrido caballero, don Ruy Gómez de Silva, tan distinguido en la cruzada contra los árabes. Su madre, doña Isabel Meneses, procedía de ilustre sangre real y era la segunda de los cuatro hijos de don Pedro Meneses.
   
La vida del nuevo matrimonio transcurrió entre Ceuta y Campo Mayor, cuya alcaldía le fue concedida a Ruy Gómez de Silva por el rey portugués. Campo Mayor es una ciudad fronteriza con España, del distrito de Portalegre y diócesis de Évora. Aunque no faltan historiadores antiguos que dan a Beatriz por nacida en Ceuta. la tradición del primer convento concepcionista de Toledo considera a Campo Mayor como la patria de su madre fundadora y en esta villa portuguesa se conservan los mejores recuerdos de la infancia de Beatriz. Como fecha de su nacimiento se señala el año 1424.
   
La madre de Beatriz, siguiendo la tradición familiar, era muy devota de la Orden de San Francisco y por ello encomendó la educación religiosa de sus once hijos a los padres franciscanos, que sembraron en sus almas un amor especial a la Inmaculada Concepción. El quinto de los hermanos de Beatriz, llamado Juan y luego Beato Amadeo de Silva, tomó el hábito de San Francisco y fundó la asociación llamada de los “amadeítas”.
   
Hay una tradición conservada en Campo Mayor, que es todo un símbolo de la belleza angelical que distinguía a la joven Beatriz. En una de sus iglesias se venera un cuadro de la Virgen con la cabeza inclinada y los ojos cerrados, sosteniendo sobre sus rodillas al Niño. A su lado están arrodillados San Francisco y San Antonio. Las facciones de esta Virgen, según la tradición, son copia del rostro candoroso de Beatriz. Su padre quiso tener un cuadro de la Virgen para la capilla de su residencia y con este fin mandó venir a un pintor italiano. El artista expuso al padre que el mejor modelo para la Virgen sería su misma hija. Esta, por obediencia, accedió a ello, pero, poseída de un inocente pudor en servir de modelo para un cuadro de María Inmaculada, no abrió sus ojos ante el pintor Así resultó una imagen de la Virgen sumamente expresiva y delicada, conocida con el nombre de la “Virgen de los ojos cerrados”.
   
En 1447 Juan II de Castilla contraía matrimonio con Isabel, princesa de Portugal. Esto dio lugar a que la nueva reina de Castilla pidiese al alcaide de Campo Mayor a su hija Beatriz como primera dama. Tenía ya entonces veintitrés años, y, al decir de la Historia manuscrita de 1526, «allende venir de sangre real, era muy graciosa doncella y excedía a todas las demás de su tiempo en hermosura y gentileza». La corte de Castilla residía por entonces en Tordesillas, al oeste de Valladolid, en plena meseta castellana, junto al río Duero. El ambiente palaciego estaba dominado por intrigas y frivolidades cortesanas de la época. Estas fueron las espinas que encontró Beatriz en Tordesillas, haciendo más bella y fragante la flor de su virginidad.
   
Fuese por intrigas de algún caballero resentido ante la negativa de Beatriz a sus pretensiones, fuese por celos de la reina, que llegó a ver en ella una amante rival, cayó en desgracia de ésta. «Viendo la grande estimación que todos hacían de la sierva de Dios, la reina tuvo celos de ella y del rey, su marido, y fueron tan grandes que, por quitarla de delante de los ojos, la encerró en un cofre, donde la tuvo encerrada tres días, sin que en ellos se le diera de comer ni de beber». Fue todo un torbellino de pasión, que quiso tronchar la vida de esta delicada flor, pero acudió en su defensa la Reina del Cielo.
   
La Virgen María se le apareció con hábito blanco y manto azul y el Niño Jesús en brazos, y, luego de haberla confortado con cariño maternal, le intimó que fundara en su honor la Orden de la Purísima Concepción, con el mismo hábito blanco y azul que ella llevaba. Ante tan señalada merced de su Reina y Señora, Beatriz se ofreció por su esclava y le consagró, rebosante de gratitud, el voto de su virginidad y le rogó confiadamente la librara de aquella prisión. La Reina celestial accede sonriente y desaparece.
   
La intervención de don Juan Meneses, tío de Beatriz, hizo que la reina Isabel abriese el cofre pasados tres días, esperando que su dama fuese ya cadáver. La sorpresa de todos fue impresionante. Beatriz apareció con más belleza y lozanía que antes de ser encerrada. Todos adivinaron que la bella dama portuguesa había sido favorecida en aquellas horas obscuras y tenebrosas con alguna luz especial del Cielo. La Santísima Virgen la había escogido para dama suya. Era preciso cambiar de palacio. «A los tres días de verse libre del encierro, sin más dilación, pidió salir de Tordesillas, dirigiéndose a Toledo, acompañada de dos doncellas».
   
Camino de Toledo tiene lugar, al pasar por un monte, la aparición de dos frailes franciscanos. Beatriz pensó que eran enviados por la reina para confesarla antes de morir a manos de un verdugo. Entonces, declarando ella su pena y temor, díjole un fraile de aquellos, que parecía portugués, que no llorase, porque no solamente no eran ellos mensajeros de su muerte, mas antes la venían a consolar y la hacían saber que había de ser una de las mayores señoras de España, y que sus hijos serían nombrados en toda la cristiandad. A esto respondió que era doncella y que, con el emperador que la demandase, no se casaría en ninguna manera, porque tenía hecho voto de limpieza a la Reina del Cielo. Y dijéronle ellos: «Lo que hemos dicho ha de ser». Sigue describiendo la Historia anónima de 1526 cómo, después de consolarla, al llegar a una posada y disponerse para comer, desaparecieron aquellos dos frailes misteriosos, «y Beatriz creyó firmemente que el Señor le había enviado para consolarla e instruirla a San Francisco de Asís y a San Antonio de Padua, a los cuales celebró fiesta en adelante todos los años».
   
En Toledo florecían por esta época numerosos monasterios de todas las principales Órdenes, especialmente cistercienses, dominicas y clarisas. Razones que la historia no nos ha transmitido hicieron que Beatriz escogiese el monasterio cisterciense de Santo Domingo de Silos (vulgarmente “El Antiguo”); tal vez relaciones muy personales con alguna de las religiosas de este monasterio, perteneciente a la nobleza portuguesa o castellana; tal vez el haber encontrado en este monasterio las condiciones más a propósito para la vida retirada que ella pensaba llevar, sin ser religiosa.
   
En este vetusto solar de Toledo buscó Beatriz su casita de Nazaret, como “señora de piso”, y en él vivió treinta años dedicados a la oración, al sacrificio y al desprecio del mundo. «La sierva de Dios fue muy humilde en sus acciones, despreciando su persona en actos exteriores; era su vida …heroica y vivió …treinta años en Santo Domingo, ejercitándose en toda virtud». Hay un dato muy significativo que revela su enérgica decisión de romper con el mundo: «Desde que salió de la corte del rey Don Juan hasta que murió ningún hombre ni mujer vio su rostro enteramente descubierto, si no fue la reina Doña Isabel (la Católica) y la que le daba de tocar, porque, aun para comer delante de solas sus criadas, apenas descubría del todo la boca».
   
A la mortificación y vida retirada unía la práctica de la oración prolongada y una liberalidad magnánima para emplear todos sus bienes en dar culto a Dios y socorrer al pobre. Con sus rentas hizo labrar un nuevo claustro y la sala capitular del monasterio donde residía; con ellas favoreció también a cuantos pobres solicitaron su ayuda. Con el trabajo de sus manos, hilando o bordando, santificó también los ratos libres.
   
Mientras tanto la Providencia iba preparando los acontecimientos para que Isabel la Católica se interesase por la fundación de la Orden concepcionista. Había sido proclamada reina en 1474 y algún año después entraba en Toledo; venía a cumplir la promesa hecha en la batalla de Toro de edificar un templo a San Juan Evangelista. El lugar escogido está próximo al monasterio donde residía Beatriz. En todos estos años turbulentos, en medio de campañas guerreras, cuando la reina venía a Toledo buscaba tiempo para ir a conversar con Beatriz, la dama que la había mecido en sus brazos cuando niña. En 1479, «con la ayuda de Dios y de la gloriosa Virgen María, su Madre», se firmó la paz definitiva entre Castilla y Portugal. Esto pudo ser un motivo especial para que la Reina Católica, tan devota de la Inmaculada, apoyase la fundación de la Orden concepcionista, que la Virgen había confiado a Beatriz. Por estos años «se dice que se le apareció (a Beatriz) la Madre de Dios otra vez, distinta de la referida del cofre, volviéndola a mostrar cómo había de ser el hábito que traerían sus monjas».
   
El año 1484 Isabel la Católica concertaba con Beatriz la donación de unas casas de los palacios reales de Galiana, junto a la muralla norte de Toledo. Le donaba también la capilla adjunta, dedicada a Santa Fe por la reina Doña Constanza, esposa de Alfonso VI. Con doce compañeras (entre ellas una sobrina) pasó Beatriz a ocupar esta nueva mansión toledana. «En esta casa entró tan desacomodada con gran alegría, y dio orden de irla fabricando al modo necesario para que pudiese ser convento de religiosas».
   
Cinco años pasó Beatriz echando los cimientos de la Orden concepcionista, bajo la protección de Santa Fe. El nombre de esta santa francesa decía muy bien con la fe que había demostrado Beatriz desde que salió de Tordesillas. Isabel la Católica se serviría del patrocinio de esta misma Santa en la conquista de Granada, con una fe paralela a la de Beatriz.
   
La aprobación de la Orden concepcionista, pedida al Papa por mediación de la Reina Católica, era firmada por Inocencio VIII el 30 de abril de 1489. En este mismo día se presentó en el torno del convento provisional de Santa Fe un personaje misterioso, preguntando por doña Beatriz de Silva y comunicándola la firma de la bula por el Papa. De esta manera lo supo ella en Toledo, cuando se otorgó en Roma, por revelación divina y creyó, sin duda, que este mensajero era San Rafael, porque desde que supo decir el Avemaría le había sido muy devota y le rezaba cada día alguna cosa en especial.
   
Tres meses más tarde llega a Toledo la noticia de que la bula se había ido al fondo del mar, por haber naufragado la nave donde venía. «De esto recibió grandísima tristeza, y con mucha ansia de su corazón no hizo tres días sino llorar. Al cabo de ellos fue a abrir un cofre para cierta cosa necesaria, y, no sin mucha maravilla, halló allí la dicha bula encima de todo». Toda la ciudad de Toledo se asoció con gran júbilo a la procesión en que se trasladó la “bula del milagro” desde la catedral al convento de Santa Fe. Tuvieron lugar todos estos festejos en los primeros días del mes de agosto de 1491. Actuó en la procesión, misa pontifical y sermón el insigne padre franciscano Francisco García de Quijada, obispo de Guadix, y anunció que a los quince días tendría lugar en la capilla de Santa Fe la toma de hábitos y velos por Beatriz y sus compañeras.
   
Pero… «a los cinco días, estando (Beatriz) puesta en muy devota oración en el coro, aparecióle la Virgen sin mancilla…, la cual le dijo: “Hija, de hoy en diez días has de ir conmigo, que no es nuestra voluntad que goces acá en la tierra de esto que deseas”». El mismo día 16 de agosto, que se había acordado para la toma de hábitos, tuvo lugar la tranquila muerte de Beatriz. El mismo padre confesor le impuso el hábito y velo concepcionistas y recibió su profesión religiosa.
   
«Al tiempo de su muerte fueron vistas dos cosas maravillosas: la una fue que, como le quitaron del rostro el velo para darle la unción, fue tanto el brillo que de su rostro salió que todos quedaron espantados; la otra fue que en mitad de la frente le vieron una estrella, la cual estuvo allí puesta hasta que expiró, y daba tan gran luz y resplandor como la luna cuando más luce, de lo cual fueron testigos seis religiosos de la Orden de San Francisco». Había sido escogida como estrella para guiar a generaciones de vírgenes, que consagrarían a Dios su amor y su pureza, en honor de María Inmaculada. Se iba al Cielo para guiarlas mejor desde allí.
   
«Siendo viva esta señora doña Beatriz y yendo una vez a maitines, según acostumbraba, halló la lámpara del Santísimo Sacramento muerta, y poniéndose en oración, vióla manifiestamente encender, no viendo quién la encendía; tras esto oyó una voz, según ella después lo descubrió, que bajamente le dijo: “Tu Orden ha de ser como esto que has visto, que toda ha de ser deshecha por tu muerte, mas como la Iglesia de Dios fue perseguida al principio, pero después floreció y fue muy ensalzada, así ella florecerá y será multiplicada por todas las partes del mundo, tanto que en su tiempo no se edificará casa alguna de otra Orden”».
   
Así sucedió, en efecto. Recién fallecida, se apareció Beatriz en Guadalajara al padre fray Juan de Tolosa, franciscano, diciéndole que se encaminase a Toledo para defender su Orden. Las religiosas de Santo Domingo pretendían que fuese enterrado en su monasterio el cuerpo de Beatriz y que se fusionasen con ellas sus compañeras, en vez de llevar adelante la nueva Orden concepcionista. La intervención del padre Tolosa evitó la extinción de la incipiente Orden. Cuatro años después surgió una nueva tempestad al fusionarse el vecino monasterio de monjas benedictinas de San Pedro de las Dueñas con el de Santa Fe y tener lugar grandes desavenencias. La abadesa de Santa Fe, madre Felipa de Silva, sobrina de Beatriz, resolvió abandonar su convento y trasladarse al de religiosas dominicas de la Madre de Dios, en la misma ciudad, llevándose consigo las reliquias de su venerable tía. Otro fraile franciscano, el cardenal Cisneros, volvió a encender la lamparilla de la Orden concepcionista, trasladando el convento de Santa Fe al que habían ocupado los padres franciscanos, muy próximo a él, y apoyando la fundación de nuevos conventos concepcionistas.
   
A este último convento fueron trasladadas definitivamente las venerables reliquias de Beatriz, comenzando a recibir culto público poco después de su muerte. El afán por poseerlas es una buena prueba de ello. Los menologios de la Orden franciscana, cisterciense y benedictina la dan el título de “Beata”. Abundan los relatos de favores milagrosos obtenidos por su intercesión. El año 1924 el papa Pío XI confirmó el culto inmemorial tributado a Beatriz como a Beata, con lo que nuevamente podía recibir culto público después de las normas prohibitivas de Urbano VIII en el siglo XVI. Reanudada la causa de canonización por Pío XII, todas sus hijas esperan venerarla pronto como Santa. Después de más de cuatro siglos de existencia y a pesar de las grandes pruebas por las que ha tenido que pasar la vida de clausura, aún conserva la Orden concepcionista más de 120 conventos diseminados por Europa y América Latina: de ellos corresponden a España más de 90. Esta es la gran gloria de la Beata Beatriz de Silva, adalid de la Inmaculada varios siglos antes de su definición dogmática.
   
IRENEO GARCÍA ALONSO. Año Cristiano, Tomo III, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.
  
ORACIÓN
Oh Dios, que para promover el culto de la Virgen Inmaculada, adornaste a la bienaventurada Beatriz con la prerrogativa peculiar de la pureza y por ella fundaste una nueva orden en tu Iglesia, concédenos por su intercesión y ejemplo vivir con tal inocencia que, despreciadas las cosas terrenas, merezcamos disfrutar de los gozos eternos. Por J. C. N. S. Amén.