El Gobierno del “católico” primer ministro francés Sébastien Lecornu Rousseau encargó mediante el Decreto del 7 de Julio de 2026 al diputado socialista Jérôme Henri Guedj Benhamou y a la senadora del Partido Radical Nathalie Delattre la misión parlamentaria para «la aplicación, defensa y promoción del principio de laicidad» en Francia y proponer mejoras en ese aspecto. Su informe deberá presentarse antes de finales de octubre de 2026.
Hijo del cinesiólogo Jean Pierre Guedj Attal (teniente de alcalde de Massy durante el mandato del socialista Claude Abel Germon Ladoumègue, y presidente de la comunidad judía local) y Paule Benhamou (fallecida en 2014), Jérôme propuso en Diciembre del año pasado la creación de un “Defensor de la Laicidad”, una autoridad administrativa independiente similar al Defensor de los Derechos Humanos [= Defensor del Pueblo u Ombudsman]. Esta institución se habría encargado de apoyar a las agencias gubernamentales, responder a las preguntas de la ciudadanía y promover activamente una política pública en materia de laicismo, elevándolo a un supuesto “derecho humano fundamental”. Con todo, el proyecto de enmienda constitucional fue rechazado en la Comisión de Leyes constitucionales y no fue debatido en la plenaria.
En Diciembre de 2022, Guedj ya se había quejado en una columna del diario Le Monde junto con el entonces Primer Secretario del Partido Socialista, Olivier Jean-Louis Faure Tá, y la senadora Corinne Narassiguin, de que la laicidad en Francia se hubiera convertido en un mero «dogma abstracto» y, a más de proponer el 9 de Diciembre como día nacional de la Laïcité, había reclamado sanciones para los que intentaran promover la religión en el ámbito público. En esa misma línea y de forma muy preocupante, la misión encomendada por el Primer Ministro incluye proponer medidas para mejorar las sanciones penales «desconocidas» y «que apenas se utilizan» contra la presencia religiosa en el ámbito público.
Asimismo, políticamente Guedj se ha distinguido por su férrea defensa del matrimonio del mismo sexo y las causas LGBT (incluida la adopción de niños), por su actuación durante la covidhisteria (en la que se le encargaron las medidas para aislar a los ancianos) y por su proximidad al ecologismo. A pesar de unos resultados electorales magros hasta el momento, anunció en Febrero que se presentaría como candidato a las elecciones presidenciales de 2027, independiente del proceso adoptado por su partido.
La senadora radical Nathalie Delattre (cuya presencia en la comisión podría verse como un intento de moderar a Guedj) es más bien una política mediocre “puesta a dedo” en varios cargos públicos y sin grandes ideales más allá de la alianza con las grandes empresas turísticas y viticultoras francesas. El Partido Radical, además, mantiene la laicidad como uno de sus principios fundamentales, de modo que cuesta imaginar que Delattre vaya a atenuar el laicismo militante de Guedj.
La laicidad francesa se basa remotamente en la Revolución y próximamente en la Ley Combes de Separación Iglesia-Estado del 9 de Diciembre de 1905, muy elogiada por Guedj a tiempo y a destiempo (y contra la cual San Pío X protestó en su encíclica “Veheménter nos”, condenando después con la excomunión a los que apoyaron la ley). La ley pretende garantizar la libertad de conciencia y asegurar el libre ejercicio de la religión dentro de los límites del orden público, pero el Estado francés la ha usado en mayor o menor grado como arma arrojadiza contra la presencia pública del catolicismo, sepultando la historia del país, sus tradiciones y la fe de muchos de sus ciudadanos. Aplicación ilegítima como señala Tribune Chretienne, porque «la neutralidad es una obligación impuesta a las autoridades públicas y sus agentes, no a los ciudadanos ni a la historia de la nación».




























