Mostrando entradas con la etiqueta Mes de Santa Teresita del Niño Jesús. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mes de Santa Teresita del Niño Jesús. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de octubre de 2023

MES DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS – DÍA TRIGÉSIMO

Compuesto por el Rev. P. Aniceto de la Sagrada Familia OCD en el año 1925.
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, con el corazón partido por el dolor que me causan los pecados cometidos contra Ti, vengo a pedirte perdón de ellos. Ten piedad de mí, oh Dios; según la grandeza de tu misericordia y según la muchedumbre de tus piedades, borra mi iniquidad. Mira mi humillación y mi trabajo, y perdona todos mis pecados. Espero de tus bondades que no entrarás en juicio con tu siervo. porque no hay entre los vivientes ninguno limpio, en tu presencia, y que me perdonarás todas mis culpas, y me darás la gracia para perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Jesús! Maestro sapientísimo en la ciencia del amor, que aleccionaste en la escuela de tu corazón adorable a tu pequeñita esposa Santa Teresita del Niño Jesús, haciéndole correr por la senda del amor confiado hasta llegar a la cumbre de la perfección, yo te ruego te dignes enseñar a mi alma el secreto del Caminito de infancia espiritual como a ella se lo enseñaste; para esto vengo en este día a tu soberana presencia a meditar los ejemplos admirables que nos dejó tu regalada Santita. Escucha benigno las súplicas que ella por nosotros confiadamente te dirige. ¡Oh Jesús, si pudiera yo publicar tu inefable condescendencia con todas las almas pequeñitas! Creo que si, por un imposible, encontraras una más débil que la mía, te complacerías de colmarla de mayores gracias aún, con tal confiara por entero en tu infinita misericordia, Mas ¿por qué, Bien mío, deseo tanto comunicar los secretos de tu amor? ¿No fuiste tú solo quien me los enseñaste? ¿Y no puedes revelarlos a los demás? Ciertamente que sí, y puesto que lo sé, te conjuro que lo hagas: te suplico que fijes tus divinos ojos en todas las almas pequeñitas, y te escojas en este mundo una legión de Víctimas pequeñas dignas de tu amor… Dígnate escoger a la pobrecita de mi alma para el número de esa legión y haz, por tu piedad que, atraída por la fragancia de las virtudes de tu esposa, corra por la senda del bien hasta llegar a la perfección del amor. Amén.
   
DÍA TRIGÉSIMO – 30 DE OCTUBRE
MEDITACIÓN: EL CAMINITO
Imitatóres mei estóte, sicut et ego Christi (1.ª Corintios IV, 16). Sed mis imitadores como yo lo soy de Cristo.
   
Los Santos, según los divinos designios, son para nosotros vivientes modelos que, con sus ejemplos nos estimulan a la práctica de las virtudes que tal grado de gloria les merecieron. Revestidos de la misma flaca sustancia, acosados por los mismos enemigos y contando con las mismas dificultades, pudieron, con la Gracia del Señor, hacerse fuertes en su debilidad, superiores a sus enemigos y triunfadores de todas las dificultades.
    
El gran corazón de Agustín se esforzaba a la práctica de la virtud y mirando a los Santos se decía: «Lo que este y aquel pudieron ¿no lo podrás tú también?».
   
Ciertamente que sí, después de haber considerado las virtudes infantiles de Santa Teresita del Niño Jesús. Ella nos dice que su misión es la de enseñar a amar a Dios como ella le amó. «Presiento que mi misión va a empezar, mi misión e hacer amar a Dios como yo le amo… de enseñar mi caminito a las almas. QUIERO PASAR MI CIELO HACIENDO BIEN EN LA TIERRA. Esto no es imposible; resto que, en el seno mismo de la visión beatífica, los ángeles velan por nosotros. NO, no podré tener ningún descanso hasta el fin del mundo. Mas cuando el ángel haya dicho que ya no habrá más tiempo (Apoc. X, 6), entonces descansaré y podré gozar. porque el número de los escogidos estará ya completo. Y el caminito que nos ensena es camino de la infancia espiritual, el camino de la confianza y del abandono total. Quiero Indicarles los medios sencillos y fáciles que a mí me han dado resultado excelente y decirles que tan sólo una cosa debe hacerse, acá abajo: ¡Obsequiar a Jesús con las flores de los pequeños sacrificios, ganarle con caricias! ¡Así es cómo yo le he conquistado, por eso seré allá tan bien recibida!
   
Si con mi caminito de amor las indujese a error —les decía a sus novicias—, no teman que se lo deje seguir por mucho tiempo. Pronto me aparecería para decirles que tomen otro camino; pero si no vuelvo, crean en la verdad de mis palabras: Jamás se tiene demasiada con onza en Dios tan potente y misericordioso. ¡Se obtiene de Él todo cuanto de Él se espera Y cómo habla de engañarse ni engañarnos siguiendo al divino modelo en la práctica de las virtudes infantiles! Al florecer en el huerto cerrado del Carmelo esta candorosísima doncella, dice Su Santidad Pío XI (Homilía en el día de la Canonización) y asociar a su nombre el del Niño Jesús reprodujo en sí tan al vivo la imagen de éste, que cuántos se precien   de venerarla, por necesidad hayan de venerar y alabar a la par al divino modelo que en sí misma ella ha copiado. Así, pues concebimos la esperanza de que nacer; entre los fieles un santo anhelo de aspirar a esta infancia espiritual, consistente en sentir y hacer por ejercicio de virtud lo que el niño tiene y ejecuta por naturaleza, pues como los niños, ni cegados por sombra alguna de culpa ni mancillados por los atractivos de las pasiones, descansan seguros en la posesión de su Inocencia y, completamente libres con sinceridad de engaño y disimulo, cuando patentizan sus pensamientos y obran con rectitud, se manifiestan al exterior cual realmente son; así Teresita más bien pareció poseer una naturaleza angélica que humana, armonizando la sencillez infantil con las leyes de la verdad y de la justicia. Porque grabadas profundamente en su memoria aquellas invitaciones y promesas del divino Esposo: Si alguno es pequeño que venga a mí: seréis conducidos en mis brazos y sobre mis rodillas os acariciaré. Como la madre acaricia a su hijo, así yo os consolaré, la virgen Lexoviense, con plena conciencia de su debilidad, se entregó completa y confiadamente a la divina Providencia, para conseguir, confiada tan sólo en el auxilio de Dios, por entre las asperezas de la vida, la santidad de vida a la que había determinado arribar con plena y plácida abdicación de su voluntad.

«Por tanto, venerables Hermanos, amados Hijos, deseamos ardientemente que todos los cristianos se hagan dignos de participar estas abundantísimas gracias por intercesión de Teresita; pero todavía anhelamos con más ardor que pongan todo su conato en imitarla, haciéndose como niños, pues si no fueren tales, según la sentencia de Cristo, se verán rechazados del reino de los cielos.
    
Si todos entran por este camino de infancia espiritual, quien se ve cuán fácilmente se obtendrá la reforma de la sociedad humana, que, desde el principio de Nuestro Pontificado, y más al promulgar el Año Santo, Nos hemos dado por programa. Hacemos, pues, nuestra, la oración con que la nueva Santa, Teresita del Niño Jesús, cierra el precioso libro de su vida: Te suplicamos, oh buen Jesús, que fijes tus ojos en todas las almas pequeñitas y te escojas en este mundo una legión dc victimas pequeñas dignas de tu amor. Amén.

Medítese un momento y pídase la gracia que se desea recibir.
   
EJEMPLO: UN LIBRO MISTERIOSO. RENOVACIÓN ESPIRITUAL
X. (Indre y Loira), diciembre 1913.

Hace unos tres años encontré en mi to un libro cubierto con papel obscuro; creyendo que alguna de mis hermanas habría olvidado y absorta en otras obras, no lo abrí.

Un día miré el título: era Historia de un alma. Había oído hablar de ella y, por curiosidad, recorrí sus páginas, causándome la impresión de una autobiografía pueril, aunque su autor me pareció una Santa dulce y consoladora.

Cuando quise devolver la obra no pude hacerlo, pues ignoraba quién había traído el libro. No di entonces a ello mucha Importancia. pero ahora me inclino a creer que fue depositado en ml casa por la indulgente Taumaturga.

Hace dos meses sufrí una crisis aguda de sufrimientos morales, aumentados por el deplorable estado de mi salud. Abrí entonces por segunda vez la Historia de un alma y al leerla de nuevo, me encontré poseída de admiración y extrañeza. ¿Cómo habla podido no comprender… Cada página era para mí una revelación a la par que un consuelo del cual no podía privarme.

En adelante, cuando la prueba es muy pesada. al instante abro el libro y encuentro al punto la paz y aun la alegría. Comienzo entonces a vivir verdadera vida de unión con mi Santita. Un día la sentí cerca de mí y la vi con los ojos del alma, llevándome a loa brazos misericordiosos del Salvador. Fue una gracia verdaderamente divina en sus efectos, porque desde ese momento mi alma ha entrado en un camino nuevo en el que mi querida hermanita me lleva de su mano enseñándome ella el abandono y el amor.

JACULATORIA: ¡Oh regalada Esposa de Jesús! Haz nacer en nosotros el deseo de imitar como tú las virtudes de Jesús infante.

ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh queridísima y venerada Santita!, que mereciste por tus infantiles virtudes la gloria de ser maestra en el camino de Infancia espiritual; yo te ruego humildemente que hagas en mí el bien de conocer y practicar el caminito de Infancia, sembrándolo de la lluvia de rosas de tus inefables protecciones, a fin de que tenga la dicha de imitar tus virtudes y la de adorar y bendecir eternalmente en compañía tuya a Jesús mi único tesoro a quien me entrego, no deseando otra dicha que la de hacerle sonreír; y para más obligarte te recordamos tus inefables promesas en favor de tus devotos con las siguientes:
  
DEPRECACIONES
  • ¡FIorecilla de Jesús, que con tus perfumes virginales atrajiste hacia ti las miradas del Esposo divino, haz que nuestras plegarias merezcan la bendición del cielo! Padrenuestro y Avemaría.
  • ¡Virgen graciosa!, que supiste iniciarte en el corazón del Rey celestial, oyendo de sus labios divinos «Todo lo mío es tuyo», haz que se derrame sobre mi corazón la gracia de tu protección poderosa. Padrenuestro y Avemaría.
  • ¡Oh celestial criatura!, que nos prometiste que tus oraciones serían en el cielo bien recibidas, ruega por nosotros y arroja la abundancia de gracias sobre nuestras almas, como la lluvia de rosas que prometiste hacer caer sobre la tierra. Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Jesús! Atraído suavemente por el imán poderoso de tu amor a la escuela donde tus manos graciosas señalan a las almas el camino de la virtud infantil, tomo la resolución de poner en práctica tus enseñanzas a imitación de tu pequeñita esposa Santa Teresita. ¡Oh Jesús divino! Tú, misericordiosamente, te dignaste mirarla, y con solo la mirada de tus ojos claros, serenos, vestida la dejaste de tu hermosura. Dígnate, pues, te lo pido con fe, recompensar este devoto ejercicio, con la dulce y misericordiosa mirada de tus ojos divinos. «Mas qué digo, ¡Jesús mío! Tú sabes muy bien que no es la recompensa la que me induce a servirte, sino únicamente tu amor y la salvación de mi alma». Te lo pido por la intercesión de tu florecilla regalada. ¡Oh querida Teresita! Es preciso que ruegues por mí, para que el rocío de la gracia se derrame sobre el cáliz de la flor de mi corazón, para fortalecerlo y dotarlo de todo cuanto le falta. ¡Adiós, florecilla de Jesús! Pide que cuantas oraciones se hagan por mí, sirvan para aumentar el fuego que debe consumirme. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

domingo, 29 de octubre de 2023

MES DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS – DÍA VIGESIMONOVENO

Compuesto por el Rev. P. Aniceto de la Sagrada Familia OCD en el año 1925.
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, con el corazón partido por el dolor que me causan los pecados cometidos contra Ti, vengo a pedirte perdón de ellos. Ten piedad de mí, oh Dios; según la grandeza de tu misericordia y según la muchedumbre de tus piedades, borra mi iniquidad. Mira mi humillación y mi trabajo, y perdona todos mis pecados. Espero de tus bondades que no entrarás en juicio con tu siervo. porque no hay entre los vivientes ninguno limpio, en tu presencia, y que me perdonarás todas mis culpas, y me darás la gracia para perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Jesús! Maestro sapientísimo en la ciencia del amor, que aleccionaste en la escuela de tu corazón adorable a tu pequeñita esposa Santa Teresita del Niño Jesús, haciéndole correr por la senda del amor confiado hasta llegar a la cumbre de la perfección, yo te ruego te dignes enseñar a mi alma el secreto del Caminito de infancia espiritual como a ella se lo enseñaste; para esto vengo en este día a tu soberana presencia a meditar los ejemplos admirables que nos dejó tu regalada Santita. Escucha benigno las súplicas que ella por nosotros confiadamente te dirige. ¡Oh Jesús, si pudiera yo publicar tu inefable condescendencia con todas las almas pequeñitas! Creo que si, por un imposible, encontraras una más débil que la mía, te complacerías de colmarla de mayores gracias aún, con tal confiara por entero en tu infinita misericordia, Mas ¿por qué, Bien mío, deseo tanto comunicar los secretos de tu amor? ¿No fuiste tú solo quien me los enseñaste? ¿Y no puedes revelarlos a los demás? Ciertamente que sí, y puesto que lo sé, te conjuro que lo hagas: te suplico que fijes tus divinos ojos en todas las almas pequeñitas, y te escojas en este mundo una legión de Víctimas pequeñas dignas de tu amor… Dígnate escoger a la pobrecita de mi alma para el número de esa legión y haz, por tu piedad que, atraída por la fragancia de las virtudes de tu esposa, corra por la senda del bien hasta llegar a la perfección del amor. Amén.
   
DÍA VIGESIMONOVENO – 29 DE OCTUBRE
MEDITACIÓN: INFATIGABLE AUDACIA
Quam pulchri sunt gressum tui, filia príncipis (Cant. VII, 1). Cuán hermosos son tus pasos, hija del Príncipe.

Siempre el amor, ardiendo en el pecho enamorado, busca medios para saciar su hambre, cada vez más creciente. No hay para él dificultades a la vista, que a millares cuenta los despojos que en gloriosos triunfos los brazos de su amor consiguieron. ¿Qué es más fuerte que la muerte? el amor, más atrevido que los animales fieros de las selvas. Nada le arredra, al ver caminar con paso   Maestro, por el camino del dolor, y si la debilidad de su carne tiembla ante cl peligro que arrogante se le acerca, ánimos cobra, de varoniles esfuerzos siente la presencia, al oír de Jesús los gemidos lastimeros. Si alguno quiere venir en pos de mí, que tome sobre sus hombros el leño dc la cruz y que me siga, hasta la muerte, hasta el desuello.» «Son de valor infinito las almas para que permanezcan tranquilos los discípulos en los brazos delicados del más profundo como lamentable de los sueños. ¿No habéis podido permanecer una hora conmigo en la oración? He aquí que el enemigo de las almas no duerme. Levantaos, marchemos al encuentro del enemigo. Esta es la hora y el momento del poder de las tinieblas. Mas no temáis, yo he venido al mundo.

¿Quién de los discípulos de Cristo no siente viva la llama de la caridad en el hecho? ¿Quién no se esfuerza a seguir a Jesús para vencer al enemigo que por perder las almas anda cruel y ladino en continuo acecho? o Vayamos y muramos con Él exclama el discípulo decidido. «»EI martirio: repite la enamorada discípula… Este ha sido el sueño de mi juventud, sueño que ha crecido conmigo en la celdita del Carmen. Pero ésta es otra de mis locuras; no deseo un solo género de suplicio; para satisfacer mis anhelos, necesitaría padecerlos todos…

Como Vos, adorado Esposo de mi alma, quisiera ser azotada, crucificada… quisiera morir despellejada como San Bartolomé; como San Juan, desearía que me sumergieran en aceite hirviendo; ser triturada por los dientes de las fieras como San Ignacio de Antioquia, a fin de llegar a ser pan digno de Dios. Con Santa Inés y Santa Cecilia, quisiera ofrecer mi cuello a la cuchilla del verdugo, y como Juana de Arco, pronunciar el nombre de Jesús en una vivísima hoguera.
   
Si pienso en los tormentos atroces que padecieron los cristianos en tiempo del Anticristo, se estremece mi corazón; quisiera que se reservaran para mí, aquellos tormentos. Abrid, Jesús mío, el libro de la Vida, donde están consignadas todas las acciones de vuestros Santos; ¡toda ella quisiera haberlas yo llevado a cabo por vuestro amor!
   
¿Qué responderéis a todas mis locuras? ¿Existe en la tierra un alma más pequeña e impotente que la mía? Con todo, esta misma debilidad os ha movido a realizar mis pequeños deseos infantiles, y queréis colmar hoy otros deseos más grandes que el universo…

Sí, soy feliz, al verme pequeña y débil en vuestra presencia; mi corazón goza de dulce paz… ¡Oh Verbo, Salvador mío!   eres el Águila que sin cesar me atrae; eres el que, lanzándote a este destierro, quisiste sufrir y morir a fin de arrebatar todas las almas y sumergirlas en el centro de la Santa Trinidad, ¡eterno hogar del amor! Tú eres el que, remontándote hacia la luz inaccesible, permaneces también oculto en nuestro valle de lágrimas bajo la apariencia de cándida hostia. ¡Oh Jesús, déjame decirte que tu amor raya en locura!… Considerando esta locura, ¿Cómo quieres que corazón no se lance con impetuoso impulso hacia ti? ¿Cómo ha de tener límites mi confianza?

Por ti hicieron también los Santos muchas locuras y grandes cosas, pues eran águilas; yo soy demasiado pequeña para obrar grandes cosas; mi locura consiste en pretender que tu amor me acepte como víctima; mi locura es esperar que los Ángeles y los Santos me presten auxilio para volar hasta ti con tus propias alas, ¡oh Águila adorada! Todo el tiempo que quieras permaneceré con los ojos fijos en ti, quiero que tu divina mirada mc fascine, quiero llegar a ser presa de tu amor. Tengo la esperanza de que un día te lanzarás sobre mí y llevándome al foco del amor, me sumergirás, por fin, en este abismo abrasador, ara convertirme eternamente en su dichosa víctima.

¡Oh Jesús, si pudiera yo publicar tu condescendencia a todas las almas pequeñitas! Creo que si, por un imposible, encontraras una más débil que la mía, te complacerlas en colmarla de mayores gracias aún, con tal confiara por entero en tu infinita misericordia. ¿Mas, por qué, Bien mío, deseo tanto comunicar os secretos de tu amor? ¿No fuiste tú solo quién me los enseñaste? ¿Y no puedes revelarlos a los otros? Ciertamente que sí; y te conjuro que lo hagas; te suplico que inclines tus divinos ojos a todas las almas pequeñitas, y te escojas en este mundo una legión de victimas pequeñas dignas de tu Amor».

Medítese un momento y pídase la gracia que se desea recibir.
   
EJEMPLO: NO BASTA LLEVAR LA CRUZ, ES NECESARIO ESTRECHARLA SOBRE EL CORAZÓN Y AMARLA
Roma (Italia), 20-3-1915.

El 16 ó 17 de febrero último, la Sra. M., que comparte conmigo su habitación, se vio agobiada por todo género de tribulaciones, a las que se juntaron grandes sufrimientos físicos. Aquella noche se retiró muy tarde, cuando entró en cl cuarto ya estaba yo en cama y, viendo lo muy fatigada que se encontraba, la exhorté a abreviar por aquel día nuestras oraciones, diciendo sólo las invocaciones a Sor Teresita. No consintió en ello, y después de terminadas nuestras oraciones, encontrándose la habitación a media luz, tuve la impresión clara de la presencia de un ser misterioso cerca de mi cama. Sorprendida, aunque sin inquietud, llamé a mi compañera para preguntarle la causa de este fenómeno. Al cabo de un instante, vivamente emocionada y los Ojos arrasados en lágrimas. me dijo: Acabo de ver cerca de usted a Sor Teresita; hubiera querido responder en seguida, pero no podía hablar. La Santa iba vestida de carmelita, la cabeza rodeada de resplandeciente aureola y tenía en sus brazos un gran Crucifijo que estrechaba contra su corazón. Dimos gracias a la celestial Visitante que tan graciosamente Venia a confortar a mi amiga, después de tantas pruebas. A la noche siguiente, la Sra. M. oyó una dulce voz que murmuró en su oído: No os dije nada, pero quise haceros comprender que no basta levar la cruz. es necesario estrecharla contra el corazón amarla…
   
Cuánto bien nos ha hecho a las dos esta sublime lección de nuestra protectora.
   
JACULATORIA: ¡Oh Santita querida! Haz que, a imitación tuya, me ofrezca a Jesús como pequeña víctima de amor.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh regalada víctima de amor!, que no queriendo permanecer inactiva, corno miembro vivo del cuerpo místico de Cristo, quisiste ser mortificada, crucificada y muerta con Él en la cruz del dolor hasta completar el número de los escogidos, haz, enamorada de Jesús, que mi corazón sienta esos divinos ardores para que no sea miembro inútil del cuerpo del Señor, sino que sean fructuosos y aceptables todos mis pequeños esfuerzos como pertenece a las almas que forman parte de tu legión escogida; y para más obligarte, te recordamos tus inefables promesas en favor de tus devotos con las siguientes:
  
DEPRECACIONES
  • ¡FIorecilla de Jesús, que con tus perfumes virginales atrajiste hacia ti las miradas del Esposo divino, haz que nuestras plegarias merezcan la bendición del cielo! Padrenuestro y Avemaría.
  • ¡Virgen graciosa!, que supiste iniciarte en el corazón del Rey celestial, oyendo de sus labios divinos «Todo lo mío es tuyo», haz que se derrame sobre mi corazón la gracia de tu protección poderosa. Padrenuestro y Avemaría.
  • ¡Oh celestial criatura!, que nos prometiste que tus oraciones serían en cl cielo bien recibidas, ruega por nosotros y arroja la abundancia de gracias sobre nuestras almas, como la lluvia de rosas que prometiste hacer caer sobre la tierra. Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Jesús! Atraído suavemente por el imán poderoso de tu amor a la escuela donde tus manos graciosas señalan a las almas el camino de la virtud infantil, tomo la resolución de poner en práctica tus enseñanzas a imitación de tu pequeñita esposa Santa Teresita. ¡Oh Jesús divino! Tú, misericordiosamente, te dignaste mirarla, y con solo la mirada de tus ojos claros, serenos, vestida la dejaste de tu hermosura. Dígnate, pues, te lo pido con fe, recompensar este devoto ejercicio, con la dulce y misericordiosa mirada de tus ojos divinos. «Mas qué digo, ¡Jesús mío! Tú sabes muy bien que no es la recompensa la que me induce a servirte, sino únicamente tu amor y la salvación de mi alma». Te lo pido por la intercesión de tu florecilla regalada. ¡Oh querida Teresita! Es preciso que ruegues por mí, para que el rocío de la gracia se derrame sobre el cáliz de la flor de mi corazón, para fortalecerlo y dotarlo de todo cuanto le falta. ¡Adiós, florecilla de Jesús! Pide que cuantas oraciones se hagan por mí, sirvan para aumentar el fuego que debe consumirme. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

sábado, 28 de octubre de 2023

MES DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS – DÍA VIGESIMOCTAVO

Compuesto por el Rev. P. Aniceto de la Sagrada Familia OCD en el año 1925.
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, con el corazón partido por el dolor que me causan los pecados cometidos contra Ti, vengo a pedirte perdón de ellos. Ten piedad de mí, oh Dios; según la grandeza de tu misericordia y según la muchedumbre de tus piedades, borra mi iniquidad. Mira mi humillación y mi trabajo, y perdona todos mis pecados. Espero de tus bondades que no entrarás en juicio con tu siervo. porque no hay entre los vivientes ninguno limpio, en tu presencia, y que me perdonarás todas mis culpas, y me darás la gracia para perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Jesús! Maestro sapientísimo en la ciencia del amor, que aleccionaste en la escuela de tu corazón adorable a tu pequeñita esposa Santa Teresita del Niño Jesús, haciéndole correr por la senda del amor confiado hasta llegar a la cumbre de la perfección, yo te ruego te dignes enseñar a mi alma el secreto del Caminito de infancia espiritual como a ella se lo enseñaste; para esto vengo en este día a tu soberana presencia a meditar los ejemplos admirables que nos dejó tu regalada Santita. Escucha benigno las súplicas que ella por nosotros confiadamente te dirige. ¡Oh Jesús, si pudiera yo publicar tu inefable condescendencia con todas las almas pequeñitas! Creo que si, por un imposible, encontraras una más débil que la mía, te complacerías de colmarla de mayores gracias aún, con tal confiara por entero en tu infinita misericordia, Mas ¿por qué, Bien mío, deseo tanto comunicar los secretos de tu amor? ¿No fuiste tú solo quien me los enseñaste? ¿Y no puedes revelarlos a los demás? Ciertamente que sí, y puesto que lo sé, te conjuro que lo hagas: te suplico que fijes tus divinos ojos en todas las almas pequeñitas, y te escojas en este mundo una legión de Víctimas pequeñas dignas de tu amor… Dígnate escoger a la pobrecita de mi alma para el número de esa legión y haz, por tu piedad que, atraída por la fragancia de las virtudes de tu esposa, corra por la senda del bien hasta llegar a la perfección del amor. Amén.
   
DÍA VIGESIMOCTAVO – 28 DE OCTUBRE
MEDITACIÓN: ASPIRACIONES SUBLIMES
In odórem ungüentórum tui currimus (Cant. I, 3) Corremos tras el perfume de tus ungüentos.
   
¡Cuán débiles son los esfuerzos humanos! El espíritu, demostrando siempre su excelsa progenie, se ve recreado con los horizontes extensísimos a donde su poder espiritual puede llegar, pero al querer abarcarlos con los brazos de tierra, comprende la realidad de las palabras divinas «El espíritu está pronto para todo lo grande, más la carne es flaca y enferma».

El espíritu gigante de Santa Teresa concibió la idea sublime de evangelizar las gentes y traerlas todas a los dominios de su Esposo. «Mas como me vi mujer y ruin, imposibilitada de aprovechar en lo que yo quisiera en el servicio del Señor (y toda mi ansia era, y aun es, que pues tiene tantos enemigos y tan pocos amigos, que esos fuesen buenos), determiné hacer eso poquito que era en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese, y procurar que estas poquitas que están aquí hiciesen lo mismo, confiada en la gran bondad de Dios, que nunca falta de ayudar a quien por Él se determina a dejarlo todo; y que siendo tales cuales yo las pintaba en mis deseos, entre sus virtudes no tendrían fuerza mis faltas, y podría yo contentar en algo al Señor, y que todas ocupadas en oración por los que son defensores de la Iglesia, y predicadores y letrados que la defienden, ayudásemos en lo que pudiésemos a este Señor mío que tan apretado le traen a los que ha hecho tanto bien, que parece le querrían tornar ahora a la cruz estos   y que no tuviese adonde reclinar la cabeza. ¡Oh hermanas mías en Cristo! Ayudadme a suplicar esto al Señor, que para esto os juntó aquí; este es vuestro llamamiento; estos han de ser vuestros negocios, estos han de ser vuestros deseos, aquí vuestras lágrimas, estas vuestras peticiones» (Camino de perfección)

Fidelísima hijo y discípula de Santa Teresa, la Santita del Niño Jesús aprendió que su vocación era excelentísima. ¡Oh madre mía! qué hermosa es nuestra vocación! A nosotras, al Carmen. corresponde conservar la sal de la tierra. Ofrecemos nuestros sacrificios y oraciones por los apóstoles del Señor: nosotras mismas debemos ser sus apóstoles mientras; evangelizan ellos con sus palabras y ejemplos as almas de nuestros hermanos. Qué mi única y peculiar de las almas contemplativas. «Conservar pura la sal de la tierra por medio de oraciones y sacrificios para que el cuerpo místico de la Iglesia llegue al fin glorioso de su misión: Las almas.

Considerando el cuerpo místico de la Santa Iglesia, no me había reconocido en ninguno de los miembros descritos por San Pablo, o por mejor decir, quería hallarme en todos. La caridad me dio la clave de mi vocación. Comprendí que si la Iglesia tenía un cuerpo compuesto por diferente miembros, no podía necesario, el más noble de todos los órganos, el corazón, y que este corazón estaba abrasado de amor; comprendí que el amor únicamente es el que imprime movimiento a todos los miembros que sin él no anunciarían los apóstoles el Evangelio y rehusarían los mártires derramar su sangre. Comprendí que el amor encierra todas las vocaciones. que el amor lo es todo, que comprende todos los tiempos y lugares, porque es eterno. Quiero ser hija de la Iglesia. Como nuestra M, y rogar por todas las intenciones del Vicario de Jesucristo. Esto es el fin principal de mi vida. Esta es precisamente mi oración. Pido a Jesús que me las llamas de su amor, que me El tan estrechamente que viva y obre dentro de mí. Sé que cuanto más se abrase mi corazón en su amor, y con mayor fuerza diga: «Atráeme: tanto más las almas que se acerquen a la mía correrán veloces al olor de los perfumes del Amado.

«Si, correrán, correremos juntas; pues las almas abrasadas no pueden permanecer inactivas. Es indudable que, como Santa Magdalena, permanecen a los pies de Jesús escuchando su dulce y ardiente palabra; al parecer no dan nada, pero dan mucho más que Marta, que se inquieta por muchas cosas. (Luc. X, 41.) Mas no fueron los trabajos de Marta lo que censuró el Señor, sino su inquietud; a estos mismos trabajos se sometió humildemente su divina Madre, puesto que tenía que preparar la comida de la Sagrada Familia. Así lo entendieron todos los santos, y más particularmente aquellos que iluminaron el universo con la doctrina evangélica. ¿Por ventura San Pablo, San Agustín, Santo Tomás de Aquino, San Juan de la Cruz, Santa Teresa y tantos otros amigos de Dios, no bebieron en la oración aquella ciencia admirable que cautiva a los mayores genios?

Dijo un sabio: Dadme una palanca, un punto de apoyo y levantaré el mundo... esto, que no pudo obtener Arquímedes, lo alcanzaron plenamente los santos. El Todopoderoso les dio, como punto de apoyo, a ¡El mismo, a Él solo! torno palanca, la oración que inflama con fuego de amor; con esto levantaron el mundo; los santos militantes siguen levantándolo todavía, y lo levantarán hasta el fin de los tiempos..

Medítese un momento y pídase la gracia que se desea recibir.
   
EJEMPLO: CONVERSIÓN DE UN JOVEN CISMÁTICO
Trípoli de Siria (Palestina), 1-7-13.

Durante mi estancia en Trípoli he dado el retiro espiritual a los alumnos del pensionado y ahora me ocupo de la escuela gratuita. He hecho leer Lluvia de Rosas en el comedor, los niños escuchaban con gran interés. Un cismático ha venido a mi encuentro, después de la comida, y me ha dicho: Quiero ser católico, la Santita me ha cambiado.

No hago nunca ningún sermón sin invocar antes a Sor Teresita.
   
JACULATORIA: ¡Oh venerada Santita! Alcánzame la virtud de la oración para que con ella pueda ganar almas para Jesús.
  
ORACIÓN PARA ESTE DÍA: ¡Oh queridísima Santita!, que aleccionada en la escuela de la seráfica virgen Santa Teresa de Jesús, tu madre y  maestra, llegaste a comprender y practicar la hermosa vocación de las almas  carmelitas, la oración ferviente para conservar la sal de la Iglesia, alcánzame la gracia de la oración, enséñame esta soberana virtud para que a imitación tuya se aficione mi alma a la práctica de esta poderosa virtud a fin de que sean muchas las almas que gane para Jesús en el celo que abrasaba tu corazón, y para más obligarte, te recordamos tus inefables promesas en favor de tus devotos con las siguientes:
  
DEPRECACIONES
  • ¡FIorecilla de Jesús, que con tus perfumes virginales atrajiste hacia ti las miradas del Esposo divino, haz que nuestras plegarias merezcan la bendición del cielo! Padrenuestro y Avemaría.
  • ¡Virgen graciosa!, que supiste iniciarte en el corazón del Rey celestial, oyendo de sus labios divinos «Todo lo mío es tuyo», haz que se derrame sobre mi corazón la gracia de tu protección poderosa. Padrenuestro y Avemaría.
  • ¡Oh celestial criatura!, que nos prometiste que tus oraciones serían en cl cielo bien recibidas, ruega por nosotros y arroja la abundancia de gracias sobre nuestras almas, como la lluvia de rosas que prometiste hacer caer sobre la tierra. Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Jesús! Atraído suavemente por el imán poderoso de tu amor a la escuela donde tus manos graciosas señalan a las almas el camino de la virtud infantil, tomo la resolución de poner en práctica tus enseñanzas a imitación de tu pequeñita esposa Santa Teresita. ¡Oh Jesús divino! Tú, misericordiosamente, te dignaste mirarla, y con solo la mirada de tus ojos claros, serenos, vestida la dejaste de tu hermosura. Dígnate, pues, te lo pido con fe, recompensar este devoto ejercicio, con la dulce y misericordiosa mirada de tus ojos divinos. «Mas qué digo, ¡Jesús mío! Tú sabes muy bien que no es la recompensa la que me induce a servirte, sino únicamente tu amor y la salvación de mi alma». Te lo pido por la intercesión de tu florecilla regalada. ¡Oh querida Teresita! Es preciso que ruegues por mí, para que el rocío de la gracia se derrame sobre el cáliz de la flor de mi corazón, para fortalecerlo y dotarlo de todo cuanto le falta. ¡Adiós, florecilla de Jesús! Pide que cuantas oraciones se hagan por mí, sirvan para aumentar el fuego que debe consumirme. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

viernes, 27 de octubre de 2023

MES DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS – DÍA VIGESIMOSÉPTIMO

Compuesto por el Rev. P. Aniceto de la Sagrada Familia OCD en el año 1925.
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, con el corazón partido por el dolor que me causan los pecados cometidos contra Ti, vengo a pedirte perdón de ellos. Ten piedad de mí, oh Dios; según la grandeza de tu misericordia y según la muchedumbre de tus piedades, borra mi iniquidad. Mira mi humillación y mi trabajo, y perdona todos mis pecados. Espero de tus bondades que no entrarás en juicio con tu siervo. porque no hay entre los vivientes ninguno limpio, en tu presencia, y que me perdonarás todas mis culpas, y me darás la gracia para perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Jesús! Maestro sapientísimo en la ciencia del amor, que aleccionaste en la escuela de tu corazón adorable a tu pequeñita esposa Santa Teresita del Niño Jesús, haciéndole correr por la senda del amor confiado hasta llegar a la cumbre de la perfección, yo te ruego te dignes enseñar a mi alma el secreto del Caminito de infancia espiritual como a ella se lo enseñaste; para esto vengo en este día a tu soberana presencia a meditar los ejemplos admirables que nos dejó tu regalada Santita. Escucha benigno las súplicas que ella por nosotros confiadamente te dirige. ¡Oh Jesús, si pudiera yo publicar tu inefable condescendencia con todas las almas pequeñitas! Creo que si, por un imposible, encontraras una más débil que la mía, te complacerías de colmarla de mayores gracias aún, con tal confiara por entero en tu infinita misericordia, Mas ¿por qué, Bien mío, deseo tanto comunicar los secretos de tu amor? ¿No fuiste tú solo quien me los enseñaste? ¿Y no puedes revelarlos a los demás? Ciertamente que sí, y puesto que lo sé, te conjuro que lo hagas: te suplico que fijes tus divinos ojos en todas las almas pequeñitas, y te escojas en este mundo una legión de Víctimas pequeñas dignas de tu amor… Dígnate escoger a la pobrecita de mi alma para el número de esa legión y haz, por tu piedad que, atraída por la fragancia de las virtudes de tu esposa, corra por la senda del bien hasta llegar a la perfección del amor. Amén.
   
DÍA VIGESIMOSÉPTIMO – 27 DE OCTUBRE
MEDITACIÓN: ARDORES DEL CORAZÓN
Zelo zelátus sum (III Reg., XIX, 19). El celo de Dios me consume.

La caridad de Cristo cuando se apodera del corazón lo hace partícipe de los sentimientos divinos que animaban el suyo. Aquellos sentimientos revelados en sublimes y profundos conceptos como estos: «Yo he venido a poner ruego en la tierra y he de querer, sino que arda; con sangre tengo de ser yo bautizado; y cómo traigo en prensa el corazón mientras que no lo vea cumplido» (Luc. XII, 50).

De estos sentimientos se hallaba presa el apóstol San Pablo cuando enamorado de las almas decía: «¿Quién enferma que no enferme yo con él? ¿Quién es escandalizado o cae en pecado, que yo no me requeme?» (II Cor. XI, 29); al igual que el apóstol, se cuentan a millares las almas, que, abrasadas en el amor divino, desean anunciar al mundo la nueva de su salvación y les parecen livianos los trabajos soportados en tan notable como saludable empresa. Hermosa corona, formada por las rosas purpúreas de las vírgenes; las encendidas amapolas de los doctores; los azulados lirios de los confesores, es la que adorna la cabeza de la Iglesia depositaria del divino y apostólico celo de Jesucristo y sus discípulos. Y jamás se verá despojada de esa gloriosa corona mientras haya en la tierra un alma que salvar y un pecador que convertir. Según son las circunstancias que rodean a la Iglesia, la divina Providencia suscita almas generosas y valientes que no sientan más vida que la de Jesucristo apóstol corriendo los caminos y estrechos senderos tras las ovejas pérdidas para atraerlas al redil de la felicidad. Toda la vida la consagran a ese fin y mil vidas gustosamente las ofrecieran por la salvación de una sola alma. En los momentos más angustiosos del apostolado, los corazones de estos apóstoles se ven obligados a pedir el auxilio de otros evangelizadores, tocados del mismo espíritu y devorados por el mismo celo. ¡Almas, Señor, almas necesitamos! Sobre todo, almas de apóstoles y de mártires, para que por ellas inflamemos con tu amor a la muchedumbre de pobres pecadores. En su delirio de almas desean centuplicarse en su acción apostólica. «Quisiera, escribe la Santita, iluminar las almas como los profetas y los doctores. Quisiera recorrer la tierra predicando vuestro nombre y plantar, Amado mío, en tierra infiel vuestra gloriosa Cruz. Mas no me bastaría una sola misión, pues desearía poder anunciar a un tiempo vuestro Evangelio en todas las partes del mundo, hasta en las más lejanas islas. Quisiera ser misionera, no sólo durante algunos años, sino haberlo sido desde la creación del mundo hasta la consumación de los siglos.

Sé, Dios mío, que el amor sólo con amor se paga, por eso he buscado y hallado el modo de aliviar mi corazón devolviéndoos amor por amor. He comprendido que mis deseos de abrazar todas las vocaciones y de serlo todo, eran riquezas que podrían muy bien tornarme injusta, por lo cual las he empleado en procurarme amigos. Recordando la oración de Eliseo al Profeta Elías, cuando le pidió el don de su doble espíritu, me presenté ante los Ángeles y la Asamblea de los Santos, y les dije: «Soy la más pequeña de las criaturas; reconozco mi miseria, pero sé también hasta qué punto desean hacer el bien los corazones nobles y generosos habitantes os suplico, pues, bienaventurados habitantes de la Ciudad celestial, que me adoptéis como hija: sobre vosotros solos recaerá la gloria que me hagáis adquirir; dignaos atender mi oración. os suplico que me alcancéis vuestro doble amor. Señor, no me veo con ánimos de profundizar mi petición por temor de vedme agobiada por el peso de mis audaces deseos. Mi única excusa es el título de niña; los niños no reflexionan el alcance dc sus palabras. Sin embargo, si su padre o su madre ocupan un trono y poseen inmensos tesoros, no vacilan en colmar los deseos de esos seres débiles e inocentes, a los cuales aman más que a sí mismos. Por contentarlos cometen todo genero de locuras, llegan hasta hacerse débiles.

Pues bien; yo soy hija de la Santa Iglesia. La Iglesia es reina, puesto que es vuestra esposa, ¡Oh divino Rey de los reyes! No son riquezas ni gloria —ni siquiera la gloria del cielo— lo que anhela mi corazón. La gloria pertenece por derecho propio a mis hermanos, los Ángeles y los Santos. Mi gloria será el reflejo que emanará de la frente de mi Madre. Lo que yo pido es amor. ¡Sólo una cosa sé, Jesús mío, amaros! Las obras ostentosas me están vedadas, no puedo predicar el Evangelio ni derramar mi por mí, y yo, pobre niñita, permanezco junto al trono real; amo por los que combaten. Pero ¿cómo demostraré mi amor, ya que el amor se prueba con obras? Pues bien, la niñita echará flores... embalsamará con su fragancia el trono divino, y con voz argentina entonará el cántico de amor».

Medítese un momento y pídase la gracia que se desea recibir.
   
EJEMPLO: EN FAVOR DE UNA VOCACIÓN SACERDOTAL
Irlanda.

Durante un retiro. un religioso Pasionista muy devoto de Sor Teresita nos relató el favor siguiente que él mismo había obtenido por mediación de la Santita. A causa de una gran dificultad de elocución durante su noviciado fue declarado por sus superiores impropio para el sacerdocio.

En tan dura prueba, la víspera de abandonar el convento recurrió a la Santita diciendo: «¡Oh queridísima hermanita mía!, ¿vais a dejarme marchar?». Y una voz le respondió: «No, no partirás».

Cuando a la mañana siguiente fue a hablar con su superior quedó éste sorprendido de la calidad y claridad de expresión tan rápidamente adquiridas. Interrogado, explicó lo sucedido quedó de nuevo admitido en la Comunidad. milagro persiste: fue ordenado, y hoy es uno de los buenos oradores de Irlanda.

La Santita, para hacer sentir mejor su apostólica intervención. permite de vez en cuando que el antiguo defecto aparezca en las conversaciones familiares de la vida privada.

Relación del Carmen de Kilmacud.

JACULATORIA: ¡Oh seráfica Santita! Haz que, abrasado mi corazón en celo por la gloria de Dios, consuma mi vida para la salvación de las almas.
  
ORACIÓN PARA ESTE DÍA: ¡Oh gloriosa Santita!, que abrasada en el amor de las almas quisiste ser profeta y doctor y apóstol para llevar hasta los confines de la tierra la luz de la fe, a fin de inflamar con tu amor a la muchedumbre de los pecadores, yo te suplico, piadosa intercesora, que me alcances la dicha de tener parte en la obra de la salvación de las almas, al menos permaneciendo, como tú, ante la presencia de Jesús, echando a sus pies las flores de mis pequeños sacrificios, así se consumirá mi efímera vida en las llamas del amor; y para más obligarte, te recordamos tus inefables promesas en favor de tus devotos con las siguientes:
  
DEPRECACIONES
  • ¡FIorecilla de Jesús, que con tus perfumes virginales atrajiste hacia ti las miradas del Esposo divino, haz que nuestras plegarias merezcan la bendición del cielo! Padrenuestro y Avemaría.
  • ¡Virgen graciosa!, que supiste iniciarte en el corazón del Rey celestial, oyendo de sus labios divinos «Todo lo mío es tuyo», haz que se derrame sobre mi corazón la gracia de tu protección poderosa. Padrenuestro y Avemaría.
  • ¡Oh celestial criatura!, que nos prometiste que tus oraciones serían en cl cielo bien recibidas, ruega por nosotros y arroja la abundancia de gracias sobre nuestras almas, como la lluvia de rosas que prometiste hacer caer sobre la tierra. Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Jesús! Atraído suavemente por el imán poderoso de tu amor a la escuela donde tus manos graciosas señalan a las almas el camino de la virtud infantil, tomo la resolución de poner en práctica tus enseñanzas a imitación de tu pequeñita esposa Santa Teresita. ¡Oh Jesús divino! Tú, misericordiosamente, te dignaste mirarla, y con solo la mirada de tus ojos claros, serenos, vestida la dejaste de tu hermosura. Dígnate, pues, te lo pido con fe, recompensar este devoto ejercicio, con la dulce y misericordiosa mirada de tus ojos divinos. «Mas qué digo, ¡Jesús mío! Tú sabes muy bien que no es la recompensa la que me induce a servirte, sino únicamente tu amor y la salvación de mi alma». Te lo pido por la intercesión de tu florecilla regalada. ¡Oh querida Teresita! Es preciso que ruegues por mí, para que el rocío de la gracia se derrame sobre el cáliz de la flor de mi corazón, para fortalecerlo y dotarlo de todo cuanto le falta. ¡Adiós, florecilla de Jesús! Pide que cuantas oraciones se hagan por mí, sirvan para aumentar el fuego que debe consumirme. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

jueves, 26 de octubre de 2023

MES DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS – DÍA VIGÉSIMOSEXTO

Compuesto por el Rev. P. Aniceto de la Sagrada Familia OCD en el año 1925.
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, con el corazón partido por el dolor que me causan los pecados cometidos contra Ti, vengo a pedirte perdón de ellos. Ten piedad de mí, oh Dios; según la grandeza de tu misericordia y según la muchedumbre de tus piedades, borra mi iniquidad. Mira mi humillación y mi trabajo, y perdona todos mis pecados. Espero de tus bondades que no entrarás en juicio con tu siervo. porque no hay entre los vivientes ninguno limpio, en tu presencia, y que me perdonarás todas mis culpas, y me darás la gracia para perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Jesús! Maestro sapientísimo en la ciencia del amor, que aleccionaste en la escuela de tu corazón adorable a tu pequeñita esposa Santa Teresita del Niño Jesús, haciéndole correr por la senda del amor confiado hasta llegar a la cumbre de la perfección, yo te ruego te dignes enseñar a mi alma el secreto del Caminito de infancia espiritual como a ella se lo enseñaste; para esto vengo en este día a tu soberana presencia a meditar los ejemplos admirables que nos dejó tu regalada Santita. Escucha benigno las súplicas que ella por nosotros confiadamente te dirige. ¡Oh Jesús, si pudiera yo publicar tu inefable condescendencia con todas las almas pequeñitas! Creo que si, por un imposible, encontraras una más débil que la mía, te complacerías de colmarla de mayores gracias aún, con tal confiara por entero en tu infinita misericordia, Mas ¿por qué, Bien mío, deseo tanto comunicar los secretos de tu amor? ¿No fuiste tú solo quien me los enseñaste? ¿Y no puedes revelarlos a los demás? Ciertamente que sí, y puesto que lo sé, te conjuro que lo hagas: te suplico que fijes tus divinos ojos en todas las almas pequeñitas, y te escojas en este mundo una legión de Víctimas pequeñas dignas de tu amor… Dígnate escoger a la pobrecita de mi alma para el número de esa legión y haz, por tu piedad que, atraída por la fragancia de las virtudes de tu esposa, corra por la senda del bien hasta llegar a la perfección del amor. Amén.
   
DÍA VIGÉSIMOSEXTO – 26 DE OCTUBRE
MEDITACIÓN: SED INSACIABLE
Sítio (Joan. XIX-28). Sed tengo.

Casi al término de la vida, consumada la obra de la enseñanza y a punto de acabarse la del ejemplo, Jesús pone en sus labios las palabras reveladoras del incendio de amor que consume la sangre del Corazón. «Sitio», tengo sed... sed insaciable de padecer más, aunque parece ya no caber más tormentos en aquella alma ahogada en un mar de congojas y en aquel cuerpo arroyado por ríos de sangre. Sed encendida y ardiente de glorificar a su Padre, y de hacer su voluntad, porque ese es, desde el momento de su aparición en la tierra, el manjar que come y esa la bebida que saciar su sed. Sed de atraer a todas las criaturas al centro de donde reciben la vida; sed de unir a los hijos con el Padre; sed de hacerles particioneros de su felicidad. Sed de compasión amical y de ver a todos libres del ominoso yugo del pecado. Sed de que los corazones reciban las corrientes de contrición, de esas aguas que refrigeran el calor de las pasiones y apagan ja sed de la concupiscencia. Sed de que tengamos paciencia santa y de que aprendamos cuan necesario es cl sufrimiento para la consecución del gozo eternal. Sed de mártires, que sufren gustosos los males de pena, por no caer en los de la culpa. Sed de la salvación de las almas, sed que sólo pueden mitigar las almas con sus lágrimas de arrepentimiento sincero y de amor sacrificado.

Esta sed de Cristo la sienten las almas enamoradas, como la Santita de Lisieux. Un domingo, al cerrar el devocionario, después de terminada la santa Misa, quedó algo fuera de las páginas, una fotografía de nuestro Señor crucificado, asomando tan sólo una de sus manos divinas perforada y ensangrentada. A su vista, experimenté un sentimiento nuevo, inefable. Partióse mi corazón de dolor al contemplar aquella sangre preciosa que caía en tierra, sin que nadie se apresurase a recogerla, y resolví permanecer siempre en espiritual de la cruz para recibir el rocío divino e la salvación y esparcirlo   después en las almas. Desde aquel día, el grito de Jesús moribundo: ¡Tengo sed! resonaba a cada instante en mi corazón, y lo encendía en un ardor vivísimo, hasta entonces para mi desconocido. Anhelaba dar de beber a mi Amado, sentiame yo también devorada por la sed de almas, y a todo trance quería arrancar de las llamas eternas a los pecadores. Mi primer hijo fue Pranzini, condenado a muerte por crímenes horrendos; su Impenitencia hacía temer la condenación eterna de su alma quise evitar este mal irremediable. Dios mío, tengo la seguridad de que perdonaréis al desdichado Pranzini; lo creería, aunque no se confesase ni diese señal alguna de contrición; tanta es mi confianza en vuestra infinita misericordia. Pero, Señor, es el primer pecador que os encomiendo; por tanto, os suplico que me concedáis tan sólo una señal de su arrepentimiento para consuelo de mi alma. Mi oración fue atendida y Pranzini cogió el Crucifijo que le presentaba el sacerdote, besó por tres veces sus sagradas llagas...

Había obtenido, pues, la señal deseada, y aquella señal era dulcísima para mí. ¿Por ventura no había penetrado en mi corazón la sed de almas al contemplar las llagas de Jesús, al ver correr su sangre divina?  Quería darles a beber esta sangre inmaculada, para que las purificase de todas sus manchas; los labios 'de mi primer hijo posáronse en aquellas divinas llagas. ¡Inefable respuesta! A partir de aquel beneficio tan singular, aumentó en ml cada día el deseo de salvar las almas; parecíame oír a Jesús decirme en voz baja como a la Samaritana: ¡Dame de beber! (S. Juan C. IV, 7.) Era un verdadero cambio de amor; vertía yo en las almas la preciosa sangre de Jesús y se las ofrecía luego al divino Señor refrigeradas con el rocío del Calvario. De este modo trataba yo de apagar su sed; pero cuánto más le daba de beber, más grande era la sed abrasadora de mi pobrecita alma, y estaba yo aquella sed ardorosa como la más deliciosa recompensa».

Medítese un momento y pídase la gracia que se desea recibir.
   
EJEMPLO: CONVERSIÓN DE UN OBSTINADO
Carmelo de Metz. 30-7-1913.
   
Un enfermo de X. causaba la pena de su familia y del buen cura párroco por su obstinación en la impiedad. El sacerdote había tratado en vano de acercarlo a Dios. La hermana enfermera del lugar, al tener conocimiento del caso, dio a la mujer del pobre desgraciado una reliquia de Sor Teresita y le dijo la colocara bajo la almohada del enfermo. Algunas horas después, con gran admiración de cuantos le rodeaban, el moribundo pidió un sacerdote y se confesó con grandes muestras de sincero arrepentimiento. Murió piadosamente al día siguiente, después de haber pedido perdón a los suyos de haberles escandalizado.

Sor María de la Inmaculada Concepción, Priora.

JACULATORIA: ¡Oh Santita querida! con tu poderosa influencia conquista para el cielo a las almas obstinadas.

ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh compasiva Santita! que enamorada de la salvación de las almas y sabedora de cuán fácilmente se extravían y se pierden por los senderos floridos del mundo, querías a toda costa arrancar los pecadores de las llamas del infierno, y para lograrlo resolviste permanecer constantemente en espíritu al pie de la Cruz para recibir el divino rocío de salvación y derramarlo después sobre las almas, haz que mi corazón sienta deseos vehementísimos de salvarme y que mis obras no solo para mi eterna salvación, sino también para remedio de muchas que no quieren salvarse; y para más obligarte te recordamos tus inefables promesas en favor de tus devotos con las siguientes:
  
DEPRECACIONES
  • ¡FIorecilla de Jesús, que con tus perfumes virginales atrajiste hacia ti las miradas del Esposo divino, haz que nuestras plegarias merezcan la bendición del cielo! Padrenuestro y Avemaría.
  • ¡Virgen graciosa!, que supiste iniciarte en el corazón del Rey celestial, oyendo de sus labios divinos «Todo lo mío es tuyo», haz que se derrame sobre mi corazón la gracia de tu protección poderosa. Padrenuestro y Avemaría.
  • ¡Oh celestial criatura!, que nos prometiste que tus oraciones serían en cl cielo bien recibidas, ruega por nosotros y arroja la abundancia de gracias sobre nuestras almas, como la lluvia de rosas que prometiste hacer caer sobre la tierra. Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Jesús! Atraído suavemente por el imán poderoso de tu amor a la escuela donde tus manos graciosas señalan a las almas el camino de la virtud infantil, tomo la resolución de poner en práctica tus enseñanzas a imitación de tu pequeñita esposa Santa Teresita. ¡Oh Jesús divino! Tú, misericordiosamente, te dignaste mirarla, y con solo la mirada de tus ojos claros, serenos, vestida la dejaste de tu hermosura. Dígnate, pues, te lo pido con fe, recompensar este devoto ejercicio, con la dulce y misericordiosa mirada de tus ojos divinos. «Mas qué digo, ¡Jesús mío! Tú sabes muy bien que no es la recompensa la que me induce a servirte, sino únicamente tu amor y la salvación de mi alma». Te lo pido por la intercesión de tu florecilla regalada. ¡Oh querida Teresita! Es preciso que ruegues por mí, para que el rocío de la gracia se derrame sobre el cáliz de la flor de mi corazón, para fortalecerlo y dotarlo de todo cuanto le falta. ¡Adiós, florecilla de Jesús! Pide que cuantas oraciones se hagan por mí, sirvan para aumentar el fuego que debe consumirme. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

miércoles, 25 de octubre de 2023

MES DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS – DÍA VIGESIMOQUINTO

Compuesto por el Rev. P. Aniceto de la Sagrada Familia OCD en el año 1925.
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, con el corazón partido por el dolor que me causan los pecados cometidos contra Ti, vengo a pedirte perdón de ellos. Ten piedad de mí, oh Dios; según la grandeza de tu misericordia y según la muchedumbre de tus piedades, borra mi iniquidad. Mira mi humillación y mi trabajo, y perdona todos mis pecados. Espero de tus bondades que no entrarás en juicio con tu siervo. porque no hay entre los vivientes ninguno limpio, en tu presencia, y que me perdonarás todas mis culpas, y me darás la gracia para perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Jesús! Maestro sapientísimo en la ciencia del amor, que aleccionaste en la escuela de tu corazón adorable a tu pequeñita esposa Santa Teresita del Niño Jesús, haciéndole correr por la senda del amor confiado hasta llegar a la cumbre de la perfección, yo te ruego te dignes enseñar a mi alma el secreto del Caminito de infancia espiritual como a ella se lo enseñaste; para esto vengo en este día a tu soberana presencia a meditar los ejemplos admirables que nos dejó tu regalada Santita. Escucha benigno las súplicas que ella por nosotros confiadamente te dirige. ¡Oh Jesús, si pudiera yo publicar tu inefable condescendencia con todas las almas pequeñitas! Creo que si, por un imposible, encontraras una más débil que la mía, te complacerías de colmarla de mayores gracias aún, con tal confiara por entero en tu infinita misericordia, Mas ¿por qué, Bien mío, deseo tanto comunicar los secretos de tu amor? ¿No fuiste tú solo quien me los enseñaste? ¿Y no puedes revelarlos a los demás? Ciertamente que sí, y puesto que lo sé, te conjuro que lo hagas: te suplico que fijes tus divinos ojos en todas las almas pequeñitas, y te escojas en este mundo una legión de Víctimas pequeñas dignas de tu amor… Dígnate escoger a la pobrecita de mi alma para el número de esa legión y haz, por tu piedad que, atraída por la fragancia de las virtudes de tu esposa, corra por la senda del bien hasta llegar a la perfección del amor. Amén.
   
DÍA VIGÉSIMOQUINTO – 25 DE OCTUBRE
MEDITACIÓN: EL ASCENSOR DIVINO
Ego sum via, véritas et vita. (Joan. XIV, 6). Yo soy el camino, la verdad y la vida.

Los corazones que, en ansias de amores divinos inflamados, se han propuesto la imitación de las virtudes del modelo divino de predestinados. han encontrado, con el auxilio de la gracia, en la meditación asidua de sus perfecciones adorables, motivos más que suficientes, infinitos, para hacer de si un traslado de sus virtudes; pero la insuficiencia humana no se abalanza a la totalidad de la empresa y, prudente, se propone la imitación de alguna de las virtudes que resplandecen en el Señor. Más en la celestial criatura Santa Teresita vemos que en su deseo infantil de «abarcarlo y tomarlo todo» ha querido alcanzar la totalidad de la santidad en todos sus grados.

«Pensando que habla nacido para la gloria, y buscando el modo de alcanzarla me fue revelado interiormente que mi gloria no aparecerla jamás a los ojos de los mortales, sino que consistirla en llegar a ser santa. Parece esto un despropósito, si se considera cuán imperfecta era yo entonces y cuánto lo soy todavía después de tantos años pasados en religión; a pesar de esto, siento siempre la misma confianza audaz de llegar a ser una gran santa. No cuento con mis méritos, puesto que no ten o ninguno; mas espero en Aquel que es la Virtud y la Santidad misma. Contentándose Él con débiles esfuerzos, me elevará hasta su grandeza, me cubrirá con sus méritos y me hará santa». Pero sabedora que la cooperación del alma en la empresa de la santidad, es indispensable, en su ingeniosa inteligencia buscó el medio que, siendo humano, la acción fuese del todo divina. Así valiéndose del conocimiento del ascensor escribió las siguientes sublimes palabras: «También yo quisiera encontrar un ascensor para elevarme hasta Jesús, porque soy asaz pequeña para subir la ruda escalera de la perfección.

He buscado, pues, indicaciones en los Libros Santos para hallar este ascensor, objeto de mis deseos, y he dado con estas palabras, salidas de la misma boca de la Sabiduría eterna: Si alguien es muy pequeño que venga a mí» (Prov. IX, 14.) Me acerqué, pues, a Dios y adiviné que habla encontrado lo que buscaba; mas deseando saber lo que haría con los pequeñuelos, he proseguido mis investigaciones y he aquí le que he hallado: Así como una madre acaricia a su hijo, te consolaré, te recostaré en mi seno y te meceré en mi regazo. (Is. LXVI, 13.) ¡Ah, jamás se regocijó mi alma con palabras más tiernas, más melodiosas que éstas!

Vuestros brazos, oh Jesús mío, son el ascensor que ha de elevarme hasta el cielo. Para esto no necesito crecer, sino al contrario, achicarme cada vez más. Oh Dios mío, habéis Superado cuanto podía yo esperar: por Mi eso habéis superado cuanto podía yo esperar, por eso quiero cantar vuestras misericordias. Instruido desde mi juventud, y hasta el presente he publicado vuestras maravillas; seguiré haciéndolo hasta mi edad provecta (Salmo LXX, 18.)

En la posesión del secreto se dedicó a la imitación de las virtudes infantiles del divino modelo. Que no sin divina Providencia se le puso bajo la tutela del Niño de Belén. «En lo cierto estaría quien dijese que, dándole su nombre, el Divino Infante se propuso premiar el cuidado, las virtudes que había tenido ella, de honrar de su infancia. Y ¿por qué no hemos de añadir, que en aquel nombre nuevo la piadosa Carmelita encontró un nuevo estímulo para abandonarse siempre mejor en manos de Dios? El Niño de Belén era por ella contemplado en brazos de su Santísima Madre, dócil y pronta a dejarse trasladar de Belén a Egipto y de Egipto a Nazaret; por esto ella se ponla en brazos de las reglas del Carmelo. y se dejaba guiar hacia donde la obediencia la conduela. El divino Obrero de Nazaret aparecía a sus ojos siempre atento a los trabajos que le: confiaba su padre putativo, siempre obediente a la menor Indicación del representante de la autoridad del Padre celestial y siguiendo sus huellas, Sor Teresita se apresuraba a poner en práctica cuanto so le ordenaba por la Priora y por la Maestra y lo hacía todo con tanta perfección, sin prorrumpir jamás en quejas, sin permitirse la más ligera observación, cual Si hubiera carecido de voluntad propia. Fue tan admirable en Teresita esta imitación de las virtudes del Niño Jesús, que, si ya no le hubiese tocado en suerte el nombre del Niño de Belén, sus hermanas hubieran tenido que apellidarla con tan bendito nombre. Sabido es que un día el Divino Maestro se apareció a su Santa Madre, y habiéndole preguntado cómo se llamaba, respondió la pía Fundadora del Carmelo: Teresa de Jesús, mereciendo que a su vez le dijese el Señor: pues yo soy Jesús de Teresa.  No de otra manera la Carmelita de Lisieux podía decir que era su nombre Teresita del Niño Jesús, puesto que Jesús Niño era cl Maestro y el modelo de Teresita. (Disc. de S. S. Benedicto XV.)

Medítese un momento y pídase la gracia que se desea recibir.
   
EJEMPLO: CONVERSIÓN DE UN CAPITAN DE INFANTERÍA COLONIAL
Paris, 1-9-1913.

Una casualidad providencial puso en mis manos la Historia de un alma. Empecé su lectura el 28 de agosto de 1913. El 29 del mismo acabé las últimas líneas profundamente conmovido y sumido en lágrimas. Sentí una emoción tal. que al día siguiente el indiferente hasta entonces se confesaba y comulgaba en Nuestra Señora de las Victorias.

Sor Teresita ha cambiado mi corazón. bajo su protección quiero en adelante seguir su Caminito de amor y confiado abandono, persuadido que conduce derecho al cielo, a la puerta del cual, la Santa querida, confío me esperará para introducirme en la gloriosa, donde le deberé el vivir eternamente.

JACULATORIA: Oh angelical Santita: condúcenos solicita por la senda segura de tu caminito.

ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh regalada florecilla del Niño Jesús! que reconociendo cuán fácil y seguro es cl camino de imitación de las virtudes de Jesús infante, te consagraste enteramente a Él, poniéndote a su disposición, corno un juguete en las caprichosas manos de un niño, mereciendo por esta humilde confianza que sus divinos brazos fuesen el ascensor que te elevó a las más altas cumbres de la santidad, alcánzame la dicha de merecer la protección de Jesús en la imitación de sus virtudes; y para más obligarte te recordamos tus inefables promesas en favor do tus devotos las siguientes:
  
DEPRECACIONES
  • ¡FIorecilla de Jesús, que con tus perfumes virginales atrajiste hacia ti las miradas del Esposo divino, haz que nuestras plegarias merezcan la bendición del cielo! Padrenuestro y Avemaría.
  • ¡Virgen graciosa!, que supiste iniciarte en el corazón del Rey celestial, oyendo de sus labios divinos «Todo lo mío es tuyo», haz que se derrame sobre mi corazón la gracia de tu protección poderosa. Padrenuestro y Avemaría.
  • ¡Oh celestial criatura!, que nos prometiste que tus oraciones serían en cl cielo bien recibidas, ruega por nosotros y arroja la abundancia de gracias sobre nuestras almas, como la lluvia de rosas que prometiste hacer caer sobre la tierra. Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Jesús! Atraído suavemente por el imán poderoso de tu amor a la escuela donde tus manos graciosas señalan a las almas el camino de la virtud infantil, tomo la resolución de poner en práctica tus enseñanzas a imitación de tu pequeñita esposa Santa Teresita. ¡Oh Jesús divino! Tú, misericordiosamente, te dignaste mirarla, y con solo la mirada de tus ojos claros, serenos, vestida la dejaste de tu hermosura. Dígnate, pues, te lo pido con fe, recompensar este devoto ejercicio, con la dulce y misericordiosa mirada de tus ojos divinos. «Mas qué digo, ¡Jesús mío! Tú sabes muy bien que no es la recompensa la que me induce a servirte, sino únicamente tu amor y la salvación de mi alma». Te lo pido por la intercesión de tu florecilla regalada. ¡Oh querida Teresita! Es preciso que ruegues por mí, para que el rocío de la gracia se derrame sobre el cáliz de la flor de mi corazón, para fortalecerlo y dotarlo de todo cuanto le falta. ¡Adiós, florecilla de Jesús! Pide que cuantas oraciones se hagan por mí, sirvan para aumentar el fuego que debe consumirme. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

martes, 24 de octubre de 2023

MES DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS – DÍA VIGÉSIMOCUARTO

Compuesto por el Rev. P. Aniceto de la Sagrada Familia OCD en el año 1925.
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, con el corazón partido por el dolor que me causan los pecados cometidos contra Ti, vengo a pedirte perdón de ellos. Ten piedad de mí, oh Dios; según la grandeza de tu misericordia y según la muchedumbre de tus piedades, borra mi iniquidad. Mira mi humillación y mi trabajo, y perdona todos mis pecados. Espero de tus bondades que no entrarás en juicio con tu siervo. porque no hay entre los vivientes ninguno limpio, en tu presencia, y que me perdonarás todas mis culpas, y me darás la gracia para perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Jesús! Maestro sapientísimo en la ciencia del amor, que aleccionaste en la escuela de tu corazón adorable a tu pequeñita esposa Santa Teresita del Niño Jesús, haciéndole correr por la senda del amor confiado hasta llegar a la cumbre de la perfección, yo te ruego te dignes enseñar a mi alma el secreto del Caminito de infancia espiritual como a ella se lo enseñaste; para esto vengo en este día a tu soberana presencia a meditar los ejemplos admirables que nos dejó tu regalada Santita. Escucha benigno las súplicas que ella por nosotros confiadamente te dirige. ¡Oh Jesús, si pudiera yo publicar tu inefable condescendencia con todas las almas pequeñitas! Creo que si, por un imposible, encontraras una más débil que la mía, te complacerías de colmarla de mayores gracias aún, con tal confiara por entero en tu infinita misericordia, Mas ¿por qué, Bien mío, deseo tanto comunicar los secretos de tu amor? ¿No fuiste tú solo quien me los enseñaste? ¿Y no puedes revelarlos a los demás? Ciertamente que sí, y puesto que lo sé, te conjuro que lo hagas: te suplico que fijes tus divinos ojos en todas las almas pequeñitas, y te escojas en este mundo una legión de Víctimas pequeñas dignas de tu amor… Dígnate escoger a la pobrecita de mi alma para el número de esa legión y haz, por tu piedad que, atraída por la fragancia de las virtudes de tu esposa, corra por la senda del bien hasta llegar a la perfección del amor. Amén.
   
DÍA VIGÉSIMOCUARTO – 24 DE OCTUBRE
MEDITACIÓN LOS BRAZOS DE DIOS
Si quis est párvulus, véniat ad me. (Prov. I, 4). Si alguno es pequeño, que venga a Mí.

¡Grande y sublime sabiduría es la ciencia del amor! Quien la posee descubre los más ocultos secretos, que en las sagradas páginas el dedo de Dios escribió. Todas las maravillas que la divina sabiduría encerró bajo el misterioso velo de la profecía, claras y evidentes aparecen a sus ojos. «Porque el que ama entiende lo que está obscuro al que no ama» (San Agustín, Sermón 350, 2, 3).
  
Esta divina sabiduría cuyo deseo es gracia del Espíritu Santo, y que, una vez poseída, es apreciada más que la salud y la hermosura (Sap. VII, 10 y 11), es patrimonio sagrado de las almas humildes, de los corazones pacientes. «Si quieres comprender los excelsos misterios de Dios, no lo conseguirás sin la humildad» (San Agustín, Sermón 117, 16). Porque, oye al Señor lo que dice: «Te bendigo, oh Padre, Señor de los cielos y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los sabios prudentes y las revelaste a los pequeñuelos» (Matth. XI, 25). Los pequeños, los humildes son los merecedores de oír al Espíritu Santo que los llama diciendo: «Si alguno es pequeño que venga a Mi. (Prov. I, 4). «Jesús se complace en mostrarme el único camino que conduce a esa hoguera divina: ese abandono es el de la criaturita que se duerme sin temor en brazos de su padre».

«Si alguno es pequeñuelo, que venga a mí», ha dicho el Espíritu Santo por boca de Salomón y ese mismo Espíritu de amor dijo también que con los pequeños usará de compasión (Prov. IX, 4). En su nombre el profeta Isaías revela que en el último día el Señor conducirá su rebaño a los pastos, que reunirá a los corderitos y los estrechará contra su seno. Y como si no bastasen estas pruebas el mismo profeta, cuya mirada llena de inspiraciones penetraba ya en las eternas profundidades, exclama en nombre del Señor: Como una madre acaricia a su hilo, así os consolaré yo, os llevaré sobre ml seno y os meceré sobre mis rodillas.

Protegida con estas celestiales consolaciones, el alma, cual el pigmeo ante los gigantes se ve y se comprende más pequeña, esta comprensión de su nada ante la inmensidad del Ser divino hace crecer el amor en llanas incendiarias, según la frase del Profeta: «En la meditación profunda de mi alma se avivó el fuego» (Ps. XXXIX, 4). Así lo entendieron todos los santos, y más particularmente quizás aquellos que iluminaron el universo con la doctrina evangélica. Por ventura, San Pablo, San Agustín, Santo Tomás de Aquino, San Juan de la Cruz, Santa Teresa y otros tantos amigos de Dios, ¿no bebieron en la oración aquella ciencia admirable que cautiva a los mayores genios?

De la misma manera, alma cristiana. si quieres ser dueña del rico tesoro del amor, humíllate ante la presencia del Señor, hazte pequeña y Dios te concederá la preciosa margarita del amor.

Medítese un momento y pídase la gracia que se desea recibir.
   
EJEMPLO: A ELLA DEBO MI CONVERSIÓN
Lusses (Inglaterra), 5-9-1919.

Una amiga prestóme un día la Historia de un alma. La lectura de este libro fue para mí el punto de partida de una evolución religiosa que debía tener por resultado la verdad. En diferentes épocas de mi vida habla tenida ocasión de asistir, aunque de tarde en tarde, a ceremonias católicas. Su simbolismo pacificador me habla emocionado por su oposición sin duda con la austeridad y frialdad de los ritos anglicanos. Pero nunca tuve idea de cambiar de religión. Después de leída y meditada la Historia de un alma, empecé u preguntarme si Dios no me habría enviado ese libro a Fin de enseñarme por una niña el camino seguro que debla conducirme a Él. Cuanto más leía el libro, más lo quería, un vivo Interés absorba mi alma

Confié estas impresiones a mi amiga católica. que me aconsejó dirigirme a un sacerdote para que me las aclarase. El Padre W. fue destinado por la Providencia. Le revelé mi atractivo, mi confianza en la Florecilla, que se agitaban en mi espíritu, mis deseos y incertidumbres. Poco a poco todo se fue precisando y pacificando; el 29 de agosto de 1915 tuve la dicha de ser admitida en la Iglesia Católica, este día sentí muy de cerca a mi celestial Bienhechora. intercediendo por mi alma. Y ahora le pido sin cesar me enseñe su caminito, que es seguro para conocer y amar a Nuestro Señor cada vez más.

JACULATORIA: ¡Angelical Santita! Haz por tu intercesión, que corresponda fielmente a las gracias e inspiraciones divinas.

ORACIÓN PARA ESTE DÍA
 gloriosa Santita! que mereciste por tu humildad ser recreada con el don riquísimo del amor, por el que tus cantos, tus oraciones, tus sufrimientos, frágiles pétalos de la flor de tu vida, fueron agradables a los ojos del Señor, haz, querida Santita, que mis insignificantes acciones hagan sonreír a la Iglesia triunfante y me las devuelva convertidos en lluvia de rosas de amor; y para más obligarte te recordamos tus inefables promesas en favor de tus devotos con las siguientes:
  
DEPRECACIONES
  • ¡FIorecilla de Jesús, que con tus perfumes virginales atrajiste hacia ti las miradas del Esposo divino, haz que nuestras plegarias merezcan la bendición del cielo! Padrenuestro y Avemaría.
  • ¡Virgen graciosa!, que supiste iniciarte en el corazón del Rey celestial, oyendo de sus labios divinos «Todo lo mío es tuyo», haz que se derrame sobre mi corazón la gracia de tu protección poderosa. Padrenuestro y Avemaría.
  • ¡Oh celestial criatura!, que nos prometiste que tus oraciones serían en cl cielo bien recibidas, ruega por nosotros y arroja la abundancia de gracias sobre nuestras almas, como la lluvia de rosas que prometiste hacer caer sobre la tierra. Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Jesús! Atraído suavemente por el imán poderoso de tu amor a la escuela donde tus manos graciosas señalan a las almas el camino de la virtud infantil, tomo la resolución de poner en práctica tus enseñanzas a imitación de tu pequeñita esposa Santa Teresita. ¡Oh Jesús divino! Tú, misericordiosamente, te dignaste mirarla, y con solo la mirada de tus ojos claros, serenos, vestida la dejaste de tu hermosura. Dígnate, pues, te lo pido con fe, recompensar este devoto ejercicio, con la dulce y misericordiosa mirada de tus ojos divinos. «Mas qué digo, ¡Jesús mío! Tú sabes muy bien que no es la recompensa la que me induce a servirte, sino únicamente tu amor y la salvación de mi alma». Te lo pido por la intercesión de tu florecilla regalada. ¡Oh querida Teresita! Es preciso que ruegues por mí, para que el rocío de la gracia se derrame sobre el cáliz de la flor de mi corazón, para fortalecerlo y dotarlo de todo cuanto le falta. ¡Adiós, florecilla de Jesús! Pide que cuantas oraciones se hagan por mí, sirvan para aumentar el fuego que debe consumirme. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

lunes, 23 de octubre de 2023

MES DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS – DÍA VIGÉSIMOTERCERO

Compuesto por el Rev. P. Aniceto de la Sagrada Familia OCD en el año 1925.
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, con el corazón partido por el dolor que me causan los pecados cometidos contra Ti, vengo a pedirte perdón de ellos. Ten piedad de mí, oh Dios; según la grandeza de tu misericordia y según la muchedumbre de tus piedades, borra mi iniquidad. Mira mi humillación y mi trabajo, y perdona todos mis pecados. Espero de tus bondades que no entrarás en juicio con tu siervo. porque no hay entre los vivientes ninguno limpio, en tu presencia, y que me perdonarás todas mis culpas, y me darás la gracia para perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Jesús! Maestro sapientísimo en la ciencia del amor, que aleccionaste en la escuela de tu corazón adorable a tu pequeñita esposa Santa Teresita del Niño Jesús, haciéndole correr por la senda del amor confiado hasta llegar a la cumbre de la perfección, yo te ruego te dignes enseñar a mi alma el secreto del Caminito de infancia espiritual como a ella se lo enseñaste; para esto vengo en este día a tu soberana presencia a meditar los ejemplos admirables que nos dejó tu regalada Santita. Escucha benigno las súplicas que ella por nosotros confiadamente te dirige. ¡Oh Jesús, si pudiera yo publicar tu inefable condescendencia con todas las almas pequeñitas! Creo que si, por un imposible, encontraras una más débil que la mía, te complacerías de colmarla de mayores gracias aún, con tal confiara por entero en tu infinita misericordia, Mas ¿por qué, Bien mío, deseo tanto comunicar los secretos de tu amor? ¿No fuiste tú solo quien me los enseñaste? ¿Y no puedes revelarlos a los demás? Ciertamente que sí, y puesto que lo sé, te conjuro que lo hagas: te suplico que fijes tus divinos ojos en todas las almas pequeñitas, y te escojas en este mundo una legión de Víctimas pequeñas dignas de tu amor… Dígnate escoger a la pobrecita de mi alma para el número de esa legión y haz, por tu piedad que, atraída por la fragancia de las virtudes de tu esposa, corra por la senda del bien hasta llegar a la perfección del amor. Amén.
   
DÍA VIGÉSIMOTERCERO – 23 DE OCTUBRE
MEDITACIÓN: LA MADRE DE LA GRACIA
Qui me invénerit invéniet vitam (Prov. VIII, 35). El que me hallare, hallará la vida.

La piedad para con la gran Madre de Dios ha sido siempre en los Santos notabilísima, principal. Parece que la divina Providencia se complace en manifestar que así como el Santo de los santos nació, creció y se desarrolló en ciencia y en virtud bajo la tutela maternal de su madre santísima la Virgen María, todos los elegidos han de nacer y crecer y desarrollarse, bajo la protección de esta graciosísima Madre. Que no en vano la dio al hombre por madre verdadera en el árbol sangriento. Pero, así como en el firmamento de la santidad resplandecen los santos con distintos resplandores, porque al decir del apóstol, unos brillarán como el sol, otros como la luna y otros como las estrellas, así se distinguen por su devoción piadosa y confiada para con la excelsa madre de los hombres.

Es tal la relación que hay entre el progreso del alma en los caminos de la santidad con la devoción a la Madre del Santo de los santos, que podemos afirmar que la base de la santidad es la devoción a la Virgen Santísima.

Las palabras de los Santos Padres y Doctores de la Iglesia son elocuentísimamente arrobadoras cuando hablan de la Virgen Santísima en su actuación corno Madre de la divina gracia. Unos llámaronla «Tesorera de las gracias» (San Metodio y San Juan Damasceno), otros: «único puente de Dios a los hombres» (San Proclo), éstos: «Llave y puerta del cielo» (San Efrén), y aquéllos: «Fuente y canal de las gracias» (San Antonio y San Bernardo). En fin, por resumirlos todos en uno recordaremos las frases devotísimas de San Efrén. «Por Ti, ¡oh María!, se ha derivado y se derivará toda la gloria, honor y santidad, desde el mismo Adán hasta la consumación de los siglos, a los apóstoles, profetas, justos y humildes de corazón, ¡oh sola Inmaculadísima!, y en Ti se goza llena de gracia toda criatura». La sagrada Liturgia, en conformidad con la tradición constante, acomoda a cada paso y en este sentido palabras infalibles de la Sagrada Escritura. Que, si Jesucristo, dice de Sí mismo que es «El camino, la verdad y la vida», la Iglesia predica, y enseña y cree que en María se encuentra la gracia necesaria para caminar por ese camino, para poseer esa verdad y gozar de esa vida, cuando pone en los labios de esta celestial Señora estas palabras: «En mí se encuentra toda la gracia del camino y la verdad, en mi toda esperanza de vida y virtud».

La santidad es, pues, fruto riquísimo del árbol de la devoción a María. Y ella a sus predilectos les ofrece este sabrosísimo manjar desde los albores de la vida espiritual. «En los escasos momentos de tregua que me concedía el dolor, era mi mayor goce tejer coronas de margaritas y miosotas para la Virgen María. Estábamos a la sazón en el hermoso mes de mayo, y la naturaleza toda se engalanaba con flores primaverales; sólo la florecita languidecía brillaba a su lado un sol bienhechor, la imagen milagrosa de la Reina de los Cielos, y a menudo, muy a menudo, volvía la florecita su corola hacia ese astro bendito. 

De ese astro bendito esperaba la luz que disipase las tinieblas del espíritu y el calor que le devolviese la salud perdida. No encontrando auxilio alguno en la tierra, y casi a punto de morir de dolor, volvimos también hacia mi Madre del cielo, pidiéndole con toda mi alma que tuviera compasión de mí.

De repente se animó la imagen; la Virgen Santísima tornóse hermosa, pero de una hermosura tan divina, que jamás encontraré palabras para describirla. Su rostro respiraba inefable dulzura, bondad, ternura, pero lo que me penetró hasta el fondo del alma su hechicera sonrisa. En aquel mismo instante se desvanecieron todas mis penas, y dos gruesas lágrimas brotaron de mis ojos, deslizándose silenciosamente…

Ah, eran lágrimas de purísimo gozo celestial. La Santísima Virgen se ha acercado a mí; me ha sonreído. Qué feliz soy, pensé yo. Mas no lo diré a nadie porque esto haría desvanecer mi felicidad. Si, la florecita iba a renacer a la vida; un rayo luminoso de su dulce sol la había recalentado y librado para siempre de su cruel enemigo: Pasó el sombrío invierno, cesaron las lluvias, y en honor de la Virgen María se fortaleció de tal manera que, cinco años después, se desarrollaba en la fértil montaña del Carmelo. 

En el Carmelo, asiento de la devoción a la Virgen aprendió a amar a la Virgen María de tal modo, que se la Oía a menudo exclamar: ¡cuánto amo a la Virgen María! Si hubiera sido sacerdote, con cuánto encomio hubiera yo hablado de ella: Nos la presentan inaccesible; debieran presentárnosla imitable. ¡Tiene más de Madre que de reina! Se ha dicho que su brillo eclipsa el de todos los santos, así como el sol, al aparecer la aurora, ahuyenta las estrellas. Dios mío, ¡cuán extraño es esto: Una madre que ofusca la gloria de sus hijos! Yo pienso todo lo contrario; creo que aumentará, pero en mucho, el esplendor de los elegidos… ¡La Virgen María! ¡Cuán sencilla parece que debió ser su vida!».
 
Medítese un momento y pídase la gracia que se desea recibir.
   
EJEMPLO: CONVERSIÓN Y GRACIAS DE PIEDAD
Génova (Italia), 8-12-1913.

Durante 25 años he permanecido esclava de inclinaciones perversas y todas mis tentativas de regeneración daban por resultado una nueva caída. En todo este tramo de iniquidades se encontraba un hilo de oro quo no desapareció jamás por completo; era devoción por la Santísima Virgen.
   
Al comenzar este año, he leído algunas páginas de la Florecilla de Jesús y de su Lluvia de Rosas. Sentí nacer entonces en mi corazón una gran esperanza, y recogiendo todas fuerzas esparcidas, conjuré a esta alma tan pura a que tuviese piedad de mí y me retirase del cenagal de los vicios.
   
Al instante abominé el pecado, abominación seguida bien pronto de grande y sincero arrepentimiento y de una confianza infantil en la bondad de Dios. Esta confianza me ha llevado a la Sagrada Mesa; ahora comulgo todos los días, cosa que me parecía imposible hace algunos meses. En fin, he llegado a temer el pecado mortal más que la muerte.

JACULATORIA: ¡Oh Madre amantísima! En los momentos angustiosos de la tribulación… Mírame con compasión… No me dejes… Madre mía…
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh florecilla de Jesús!, que por tu singular devoción para con la Madre de Dios mereciste ser regalada con la hechicera sonrisa de sus purísimos labios en los momentos de mortales y desconsoladoras angustias, yo te ruego, queridísima Santita, que infundas en mi alma y acrecientes sin cesar la devoción a la Virgen Santísima, mi Madre amantísima, para que imitando sus virtudes merezca en la vida y en la muerte la mirada de compasión de sus ojos maternales; y para más obligarte, te recordamos tus inefables promesas en favor de tus devotos con las siguientes:
  
DEPRECACIONES
  • ¡FIorecilla de Jesús, que con tus perfumes virginales atrajiste hacia ti las miradas del Esposo divino, haz que nuestras plegarias merezcan la bendición del cielo! Padrenuestro y Avemaría.
  • ¡Virgen graciosa!, que supiste iniciarte en el corazón del Rey celestial, oyendo de sus labios divinos «Todo lo mío es tuyo», haz que se derrame sobre mi corazón la gracia de tu protección poderosa. Padrenuestro y Avemaría.
  • ¡Oh celestial criatura!, que nos prometiste que tus oraciones serían en cl cielo bien recibidas, ruega por nosotros y arroja la abundancia de gracias sobre nuestras almas, como la lluvia de rosas que prometiste hacer caer sobre la tierra. Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Jesús! Atraído suavemente por el imán poderoso de tu amor a la escuela donde tus manos graciosas señalan a las almas el camino de la virtud infantil, tomo la resolución de poner en práctica tus enseñanzas a imitación de tu pequeñita esposa Santa Teresita. ¡Oh Jesús divino! Tú, misericordiosamente, te dignaste mirarla, y con solo la mirada de tus ojos claros, serenos, vestida la dejaste de tu hermosura. Dígnate, pues, te lo pido con fe, recompensar este devoto ejercicio, con la dulce y misericordiosa mirada de tus ojos divinos. «Mas qué digo, ¡Jesús mío! Tú sabes muy bien que no es la recompensa la que me induce a servirte, sino únicamente tu amor y la salvación de mi alma». Te lo pido por la intercesión de tu florecilla regalada. ¡Oh querida Teresita! Es preciso que ruegues por mí, para que el rocío de la gracia se derrame sobre el cáliz de la flor de mi corazón, para fortalecerlo y dotarlo de todo cuanto le falta. ¡Adiós, florecilla de Jesús! Pide que cuantas oraciones se hagan por mí, sirvan para aumentar el fuego que debe consumirme. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

domingo, 22 de octubre de 2023

MES DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS – DÍA VIGÉSIMOSEGUNDO

Compuesto por el Rev. P. Aniceto de la Sagrada Familia OCD en el año 1925.
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, con el corazón partido por el dolor que me causan los pecados cometidos contra Ti, vengo a pedirte perdón de ellos. Ten piedad de mí, oh Dios; según la grandeza de tu misericordia y según la muchedumbre de tus piedades, borra mi iniquidad. Mira mi humillación y mi trabajo, y perdona todos mis pecados. Espero de tus bondades que no entrarás en juicio con tu siervo. porque no hay entre los vivientes ninguno limpio, en tu presencia, y que me perdonarás todas mis culpas, y me darás la gracia para perseverar en tu santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Jesús! Maestro sapientísimo en la ciencia del amor, que aleccionaste en la escuela de tu corazón adorable a tu pequeñita esposa Santa Teresita del Niño Jesús, haciéndole correr por la senda del amor confiado hasta llegar a la cumbre de la perfección, yo te ruego te dignes enseñar a mi alma el secreto del Caminito de infancia espiritual como a ella se lo enseñaste; para esto vengo en este día a tu soberana presencia a meditar los ejemplos admirables que nos dejó tu regalada Santita. Escucha benigno las súplicas que ella por nosotros confiadamente te dirige. ¡Oh Jesús, si pudiera yo publicar tu inefable condescendencia con todas las almas pequeñitas! Creo que si, por un imposible, encontraras una más débil que la mía, te complacerías de colmarla de mayores gracias aún, con tal confiara por entero en tu infinita misericordia, Mas ¿por qué, Bien mío, deseo tanto comunicar los secretos de tu amor? ¿No fuiste tú solo quien me los enseñaste? ¿Y no puedes revelarlos a los demás? Ciertamente que sí, y puesto que lo sé, te conjuro que lo hagas: te suplico que fijes tus divinos ojos en todas las almas pequeñitas, y te escojas en este mundo una legión de Víctimas pequeñas dignas de tu amor… Dígnate escoger a la pobrecita de mi alma para el número de esa legión y haz, por tu piedad que, atraída por la fragancia de las virtudes de tu esposa, corra por la senda del bien hasta llegar a la perfección del amor. Amén.
   
DÍA VIGÉSIMOSEGUNDO – 22 DE OCTUBRE
MEDITACIÓN: NUESTROS COOPERADORES
Omnes sunt administratóres spíritus in ministérium missi propter eos, qui hereditátem cápient salútis (Hebr. I, 14). Todos son administradores de Dios enviados para ayudar a las almas en la difícil empresa de la perfección.

La vida espiritual, en cuanto dice relación, elevación sobrenatural, es aquella que Jesucristo, Señor nuestro, vino a salvarnos en la tierra. «Yo he venido para darles la vida y una vida exuberante» (Joan X, 10). Vida que no pueden en manera alguna disfrutar las almas sino en unión directa con el que es cabeza del cuerpo místico, cuyos miembros son todos los predestinados. «Nosotros, aunque seamos muchos, formamos en Cristo —dice San Pablo a los Romanos— un solo cuerpo, siendo todos recíprocamente miembros los unos de los otros» (Cap. XII 5). «Dios ha puesto tal orden en todo el cuerpo, que se honra más lo que de suyo es menos digno de honor, a fin de que no haya cisma o división en el cuerpo antes tengan los miembros la misma solicitud unos con otros» (I Cor. XII, 25). Siguiendo la verdad del Evangelio con caridad, en todo «Vayamos creciendo en Cristo que es nuestra cabeza, y de quien todo el cuerpo místico de los fieles, trabado y conexo entre si con la re y la caridad, recibe por todos los vasos y conductos de comunicación, según la medida correspondiente a cada miembro, el aumento propio del cuerpo para su perfección, mediante la caridad» (Efesios IV, 15).

Esta comunicación nos viene del Espíritu Santo, que es el corazón de este cuerpo místico, porque Él es el que les da esta vida de gracia, y la causa ellos, y en ellos vive y reina, y los une entre sí con más intimidad que los miembros de un cuerpo, los cuales viven con una vida y son animados con una misma alma. Unión divinizadora por la cual nos hacemos «participantes de la naturaleza divina» (II. Petrus I, 4); pues, como nota el apóstol de las gentes: «El que se une al Señor se hace un espíritu y en él y por él las almas pueden gloriarse con el más puro e inefable de los gozos al ser llamadas con vocación especial a formar sociedad con Jesucristo, hijo de Dios y Señor nuestro».

Para llegar a feliz término en esta unión, especialísima es la protección que prestan los Ángeles y los santos. La doctrina del Ángel de las escuelas es admirable sobre el particular: «Los Santos —dice Santo Tomás—, como miembros de un mismo cuerpo, comprenden las necesidades y los peligros a que se ven expuestos los que como ellos pertenecen al mismo cuerpo místico, y, al conocerlas, se mueven a interceder delante de Dios por los que viven en la tierra» (Suma Teológica, suplemento, cuestión LXXII). Y «esta intercesión es tanto más poderosa –añade el mismo Santo Doctor– cuanto la perfección de su beatitud lo requiere» (Suma Teológica, ibídem). Pues la bienaventuranza corno afirma San Juan Crisóstomo, estará en proporción con el poder de sus méritos, en tal eficacia, que podrán impetrar del Rey de los cielos lo que quisieran» (Sermón de los Santos Juventino y Maximiano).

La Santita de Lisieux tenía verdadera locura por los Ángeles y los Santos, a quienes confiaba la inocencia de su corazón y el buen éxito de sus empresas de perfección. Así, en el capítulo XI de su admirable historia nos dice: «Mi locura es esperar que los Ángeles y los Santos me presten auxilio para volar hasta Ti con tus propias alas, Oh águila adorada».

Pero si era ilimitada la confianza que tenía en la protección decidida de los Santos para alcanzar las gracias necesarias para conseguir el amor de Dios, la que tenía en la protección de la Virgen santísima era inefable. De ella nos dice que, si hubiera sido sacerdote, habría hablado con encomio, pues tiene más de Madre que de Reina. Así hubiera pagado de alguna manera las celestiales sonrisas con las que le acarició, y las maternales gracias con las que protegió su vida y la llevó por el camino del amor.

La verdad de esta saludable doctrina condujo su alma a concertar aquellos pactos de oraciones, cuyo fin era recabar de Dios por la intercesión de los Santos, gracias de conversión, penitencia y amor para los desgraciados pecadores. Y en el delirio del amor por la salvación de las almas, que llegó a consumir sus débiles fuerzas físicas, pudo exclamar en la certeza de su intercesión en el cielo: «Presiento que mi misión va a empezar, mi misión de hacer amar a Dios como yo le amo… Una esperanza me satisface y hace latir mi corazón: El amor que recibiré y el que podré comunicar: QUIERO PASAR Ml CIELO HACIENDO BIEN A LA TIERRA» (Historia de un alma, cap. XII).
 
Medítese un momento y pídase la gracia que se desea recibir.
   
EJEMPLO: AHORA CREO EN EL DOGMA DE LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS
Leysin (Suiza), 26-3-1916.
Siendo protestante, he sido llevada a estudiar el catolicismo en lectura de la vida de Sor Teresita del Niño Jesús. Bajo el impulso de esta alma tan grande, presté mi adhesión a las principales verdades de la Iglesia Romana. Y ahora   sobre todo en el dogma de la Comunión de los Santos. La conmovedora bondad de Sor Teresita ha operado en mi tan íntimos cambios.
Hace tres años la Fiorella, respondiendo mi grito de angustia, curó a mi hijita, desahuciada por el médico. Desde aquel momento la tomé por protectora y le confié otra inquietud. Mi esposo se entregaba la pasión funesta del juego. Sin que se diera cuenta de ello, le hice llevar consigo una reliquia de Sor Teresita, pues, aunque católico no hubiera admitido la eficacia de aquel recurso, ¡Oh benéfica abogada de causas desesperadas!, este nuevo milagro devolvió pronto la alegría a nuestro hogar. Me sería imposible de contar en todos sus detalles la poderosa ayuda que mi Santa querida prestó a mi esposo para hacerle triunfar de tan terrible inclinación. Gracias a Dios está completamente curado. En fin, yo misma he sido objeto de la dulce compasión del ángel del Carmelo. Hace algunos meses estuve muy enferma; mi enfermedad comenzó con fuertes hemoptisis. Lo primero que hice fue exigir colocasen en mi pecho la imagen de Sor Teresita; la invoqué con ardor y quedé, en menos de tres meses, completamente curada, según declararon todos los especialistas de ésta. En agradecimiento, y cumpliendo mi promesa, he hecho conocer todos estos favores al círculo protestante que me rodea, familia y amigos a fin de que todos crean en el poder que Dios le ha dado para ayudar a sus hermanos de la tierra.

JACULATORIA: ¡Oh Santita querida! Ya que gozas de la Santidad en el cielo, acuérdate de los que peregrinamos en el mundo y derrama sobre nosotros la lluvia de rosas de tu protección.

ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh venerada Santita! Los santos fueron para ti verdaderos defensores, te ayudaron con su amistad y por ellos te acercaste al Santo de los santos mereciendo sus tiernas y purísimas caricias. Haz que ellos sean para mi, fervorosos intercesores para que me sea fácil la empresa de mi perfección; y para más obligarte, te recordamos tus inefables promesas en favor de tus devotos con las siguientes:
  
DEPRECACIONES
  • ¡FIorecilla de Jesús, que con tus perfumes virginales atrajiste hacia ti las miradas del Esposo divino, haz que nuestras plegarias merezcan la bendición del cielo! Padrenuestro y Avemaría.
  • ¡Virgen graciosa!, que supiste iniciarte en el corazón del Rey celestial, oyendo de sus labios divinos «Todo lo mío es tuyo», haz que se derrame sobre mi corazón la gracia de tu protección poderosa. Padrenuestro y Avemaría.
  • ¡Oh celestial criatura!, que nos prometiste que tus oraciones serían en cl cielo bien recibidas, ruega por nosotros y arroja la abundancia de gracias sobre nuestras almas, como la lluvia de rosas que prometiste hacer caer sobre la tierra. Padrenuestro, Avemaría y Gloria Patri.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Jesús! Atraído suavemente por el imán poderoso de tu amor a la escuela donde tus manos graciosas señalan a las almas el camino de la virtud infantil, tomo la resolución de poner en práctica tus enseñanzas a imitación de tu pequeñita esposa Santa Teresita. ¡Oh Jesús divino! Tú, misericordiosamente, te dignaste mirarla, y con solo la mirada de tus ojos claros, serenos, vestida la dejaste de tu hermosura. Dígnate, pues, te lo pido con fe, recompensar este devoto ejercicio, con la dulce y misericordiosa mirada de tus ojos divinos. «Mas qué digo, ¡Jesús mío! Tú sabes muy bien que no es la recompensa la que me induce a servirte, sino únicamente tu amor y la salvación de mi alma». Te lo pido por la intercesión de tu florecilla regalada. ¡Oh querida Teresita! Es preciso que ruegues por mí, para que el rocío de la gracia se derrame sobre el cáliz de la flor de mi corazón, para fortalecerlo y dotarlo de todo cuanto le falta. ¡Adiós, florecilla de Jesús! Pide que cuantas oraciones se hagan por mí, sirvan para aumentar el fuego que debe consumirme. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.