viernes, 11 de septiembre de 2026

SANTOS VITO, RÉGULA Y EXUPERANCIO, PATRONOS DE ZÚRICH

Tomado de SWISS INFO.
  
Hace 500 años, Zúrich vivía tiempos turbulentos. Los altares eran destruidos y las reliquias retiradas. Incluso los huesos de Félix y Régula fueron blanco de los reformadores, hasta desaparecer en secreto y reaparecer en una capilla alpina.
  

Quizá estaba sentado en la sacristía cuando tomó la decisión. Tal vez era de noche. Las paredes, donde hasta hacía poco brillaban reliquias doradas, estaban ya desnudas. Quizá escuchaba el viento en el exterior y el crujir de las vigas. Hansli Benet supo entonces que, si él no lo hacía, nadie lo haría. Los cráneos debían desaparecer.

Estaba claro que el final sería este.  En 1524, Zúrich se hallaba en el umbral de una nueva era. El reformador Ulrico Zuinglio predicaba contra imágenes, altares y reliquias: contra todo lo que durante siglos había sido considerado la esencia del cristianismo. La nueva fe no necesitaba huesos ni iconos, sólo la Palabra. Y el gobierno de la ciudad asumió su papel.

Se retiraron altares, se descolgaron pinturas y se vaciaron santuarios. Ni siquiera la catedral ‘Großmünster’ se salvó. Allí habían descansado durante siglos los restos de Félix y Régula, santos patronos de ciudad.

Según la leyenda, eran hermanos y miembros de la ‘Legión Tebana’, una mítica unidad cristiana que se negaba a adorar a los dioses romanos. Huyeron hacia Zúrich alrededor del año 300 d. C., donde fueron capturados y decapitados en el lugar donde más tarde se erigiría la ‘Wasserkirche’ (en español, iglesia del agua).

La tradición cuenta que, con sus cabezas cortadas en las manos, caminaron colina arriba hasta el lugar donde siglos después se levantaría la ‘Grossmünster’.

La macabra leyenda los transformó en símbolos de firmeza en la fe, y convirtió sus huesos en preciadas reliquias.

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