«La sociedad (y cuenta que no digo el pueblo ni la plebe), la sociedad, si no es religiosa será supersticiosa, si no cree cosas razonables las creerá extravagantes, si no tiene una religión bajada del cielo la tendrá forjada por los hombres; pretender lo contrario es un delirio; luchar contra esa tendencia es luchar contra una ley eterna; esforzarse en contenerla es interponer una débil mano para detener el curso de un cuerpo que corre con fuerza inmensa: la mano desaparece y el cuerpo sigue su curso. Llámesela superstición, fanatismo, seducción, todo podrá ser bueno para desahogar el despecho de verse burlado, pero no es más que amontonar nombres y azotar el viento».
Padre JAIME BALMES Y URPIÁ. El protestantismo comparado con el catolicismo en sus relaciones con la civilización europea, tomo I, cap. X. Barcelona, imprenta de José Tauló, 1842.