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viernes, 31 de julio de 2020

MES DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO - DÍA DE CLAUSURA

Compuesto en Italiano por el padre Massimiliano Maria Mesini CPPS y publicado en Rímini en 1884; traducido por un presbítero y publicado en Santiago de Chile en 1919, con aprobación eclesiástica.
   
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DIAS
¡Oh Sangre Preciosísima de vida eterna!, precio y rescate de todo el universo, bebida y salud de nuestras almas, que protegéis continuamente la causa de los hombres ante el trono de la suprema misericordia, yo os adoro profundamente y quisiera compensar, en cuanto me fuese posible, las injurias y ultrajes que de continuo estáis recibiendo de las creaturas humanas y con especialidad de las que se atreven temerariamente a blasfemar de Vos. ¡Oh! ¿Quién no bendecirá esa Sangre de infinito valor? ¿Quién no se sentirá inflamado de amor a Jesús que la ha derramado? ¿Qué sería de mí si no hubiera sido rescatado con esa Sangre divina? ¿Quién la ha sacado de las venas de mi Señor Jesucristo hasta la última gota? ¡Ah! Nadie podía ser sino el amor. ¡Oh amor inmenso, que nos ha dado este bálsamo tan saludable! ¡Oh bálsamo inestimable, salido de la fuente de un amor inmenso! Haced que todos los corazones y todas las lenguas puedan alabaros, ensalzaros y daros gracias ahora, por siempre y por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA DE CLAUSURA
SIETE OFRECIMIENTOS DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE (300 días de Indulgencia cada vez que se recen con un corazón contrito; Plenaria al mes, con las condiciones de rigor - Papa Pío VII, Rescripto del 22 de Septiembre de 1821)

1.º Padre Eterno, os ofrezco los méritos de la Sangre preciosísima de Jesús, vuestro amado Hijo y Nuestro Divino Redentor, por la propagación y exaltación de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única y verdadera fuera de la cual no hay salvación, y por la expansión de la Fe en todo el orbe.
En seguida se dirá un Gloria Patri, etc. y después la siguiente jaculatoria
Sea para siempre bendito y alabado Jesús, que con su Sangre nos ha salvado.
 
2.º Padre Eterno, os ofrezco los méritos de la Sangre preciosísima de Jesús, vuestro amado Hijo y mi divino Redentor, por la paz y concordia entre los príncipes y reyes católicos, por la humillación de los enemigos de la Santa Fe y por la felicidad del pueblo cristiano.
Un Gloria Patri, etc. - Sea para siempre bendito y alabado Jesús, que con su Sangre nos ha salvado.
 
3.º Padre Eterno, os ofrezco los méritos de la Sangre preciosísima de Jesús, vuestro amado Hijo y mi divino Redentor, por que se reconozcan y arrepientan los incrédulos, sean extirpadas todas las herejías y convertidos los pecadores.
Un Gloria Patri, etc. - Sea para siempre bendito y alabado Jesús, que con su Sangre nos ha salvado.
 
4.º Padre Eterno, os ofrezco los méritos de la Sangre preciosísima de Jesús, vuestro amado Hijo y mi divino Redentor, por todos mis parientes, amigos y enemigos, por los pobres, enfermos y atribulados y por todos los que Vos sabéis que debo pedir y Vos queréis que pida.
Un Gloria Patri, etc. - Sea para siempre bendito y alabado Jesús, que con su Sangre nos ha salvado.
 
5.º Padre Eterno, os ofrezco los méritos de la Sangre preciosísima de Jesús, vuestro amado Hijo y mi divino Redentor, por todos los que hoy pasarán a la otra vida, a fin de que los libréis de las penas del Infierno, y los pongáis lo más pronto posible en posesión de vuestra Gloria.
Un Gloria Patri, etc. - Sea para siempre bendito y alabado Jesús, que con su Sangre nos ha salvado.
  
6.º Padre Eterno, os ofrezco los méritos de la Sangre preciosísima de Jesús, vuestro amado Hijo y mi divino Redentor, por todos aquellos que son devotos de este gran tesoro de vuestra Sangre, por los que están unidos conmigo para adorarla y honrarla, y finalmente por los que trabajan en propagar esta devoción.
Un Gloria Patri, etc. - Sea para siempre bendito y alabado Jesús, que con su Sangre nos ha salvado.
  
7.º Padre Eterno, os ofrezco los méritos de la Sangre preciosísima de Jesús, vuestro amado Hijo y mi divino Redentor, por todas mis necesidades espirituales y temporales, en sufragio de las Ánimas benditas del Purgatorio, y particularmente de las que han sido más devotas del precio de nuestra Redención y de los dolores y penas de vuestra amada Madre María Santísima.
Un Gloria Patri, etc. Sea para siempre bendito y alabado Jesús, que con su Sangre nos ha salvado. Un Pater Noster, Ave Maria y Gloria.
          
Se medita y se pide lo que se desea conseguir.
  
INVOCACIONES A LA PRECIOSA SANGRE
Sangre Preciosa por mi amor vertida, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre redentora, vida de mi vida, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre derramada por las culpas mías, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre rubicunda, de estima infinita, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre, que llorando, mi Jesús vertía, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre, que en las lágrimas, hilo a hilo corrías, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre que te viste de hombres abatida, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre que brotaron de agudas espinas, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre que arrastrada fuiste y escupida, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre que vertieron manos atrevidas, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre del Costado en la cruel herida, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre dulce y suave, humana y divina, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre con que aplacas tu justísima ira, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre consagrada en Hostia pacífica, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre sin doblez, sangre inocentísima, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre con que borras la escritura antigua, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre en cinco pórticos de mejor piscina, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre de mi amante, sangre amabilísima, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre que te ofreces por quien más te pisa, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre que nutrió la dulce María, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre siempre pronta a curar heridas, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre en que se funda la esperanza mía, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre que recauda la oveja perdida, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre liberal, sangre agradecida, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre encendedora de almas tibias, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre que haces fuerte al que en ti medita, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre santa, pura, amable y bendita, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre que estremece a la sierpe maldita, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre de mi alma, sangre de mi vida, purifica mi alma de toda malicia.
Sangre, tú me salvas, tú me lavas y me limpias, purifica mi alma de toda malicia.
  
℣. Adorámoste, Preciosa Sangre, y bendecímoste.
℟. Porque en la Cruz santa redimiste al mundo.
   
ORACIÓN
Omnipotente y sempiterno Dios, que con la Sangre de tu Hijo quisiste ser aplacado y que nosotros fuésemos redimidos, rogámoste que nos concedas de tal suerte hacer memoria del precio de nuestra salvación, que podamos en esta vida conseguir el perdón y en la eternidad, el premio de la gloria, por el mismo Jesucristo Señor nuestro, tu Hijo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
 
   
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DIAS
¡Oh Corazón de mi amado Jesús, cargado con la pesada Cruz de mis culpas, coronado con las espinas de mis ingratitudes y llagado con la lanza de mis pecados! ¡Oh Jesús de mi vida! Cruz, espinas y lanza he sido para vuestro Corazón con mis repetidas ofensas: éste es el retorno con que, ingrato, he correspondido a las dulces y amorosas lágrimas de Belén y a la extrema pobreza en que por mi amor nacisteis; éste es el agradecimiento y recompensa que han tenido vuestros trabajos y vuestra Preciosísima Sangre derramada con tanto amor por la salud de mi alma; esta es la paga de aquella excesiva fineza que obrasteis en el Cenáculo, cuando, abrasado en caridad y encendido en divinas llamas, os quedasteis por mi amor sacramentado, buscando amante la bajeza de mi pecho para recreo de vuestra bondad. ¡Oh Jesús de toda mi alma! Parece que hemos andado a competencia los dos, Vos con finezas, yo con ingratitudes; Vos con un amor que no tiene igual, y yo con un menosprecio que no tiene semejante; Vos con tanto amor regalándome y dándome en el Sacramento la dulzura de vuestro Corazón y yo dándoos por la cara con la hiel de mis culpas. ¡Oh Corazón de mi amado Jesús! ¡Oh Jesús de mi corazón, piadosísimo en esperarme! Compadeceos de mi miseria y perdonadme misericordioso cuanto ingrato os he ofendido, concediéndome benigno que esas espinas con que os veo punzado saquen lágrimas de mi corazón contrito, con que llore mis repetidas ingratitudes, y por esas vuestras amorosas y dulces llagas, llagad y herid éste mi corazón con la dulce y ardiente flecha de vuestro amor, para que os ame y sirva, para que os alabe y bendiga, y después eternamente gozaros. Amén.
   
℣. Señor, nos redimisteis con vuestra sangre.
℟. Y nos habéis hecho un Reino para nuestro Dios.
   
ORACIÓN
Dios omnipotente y eterno, que habéis constituido a vuestro Hijo único Redentor del mundo y que quisisteis ser aplacado con su Sangre; te rogamos nos concedas que de tal modo veneremos el precio de nuestra salvación, y por su virtud seamos preservados en la tierra de los males de la presente vida, que nos regocijemos después con fruto perpetuo en los cielos. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

jueves, 30 de julio de 2020

MES DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO - DÍA TRIGÉSIMO

Compuesto en Italiano por el padre Massimiliano Maria Mesini CPPS y publicado en Rímini en 1884; traducido por un presbítero y publicado en Santiago de Chile en 1919, con aprobación eclesiástica.
   
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DIAS
¡Oh Sangre Preciosísima de vida eterna!, precio y rescate de todo el universo, bebida y salud de nuestras almas, que protegéis continuamente la causa de los hombres ante el trono de la suprema misericordia, yo os adoro profundamente y quisiera compensar, en cuanto me fuese posible, las injurias y ultrajes que de continuo estáis recibiendo de las creaturas humanas y con especialidad de las que se atreven temerariamente a blasfemar de Vos. ¡Oh! ¿Quién no bendecirá esa Sangre de infinito valor? ¿Quién no se sentirá inflamado de amor a Jesús que la ha derramado? ¿Qué sería de mí si no hubiera sido rescatado con esa Sangre divina? ¿Quién la ha sacado de las venas de mi Señor Jesucristo hasta la última gota? ¡Ah! Nadie podía ser sino el amor. ¡Oh amor inmenso, que nos ha dado este bálsamo tan saludable! ¡Oh bálsamo inestimable, salido de la fuente de un amor inmenso! Haced que todos los corazones y todas las lenguas puedan alabaros, ensalzaros y daros gracias ahora, por siempre y por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA TRIGÉSIMO
CONSIDERACIÓN: LA DEVOCIÓN A LA SANGRE DE JESÚS CONDUCE AL PARAÍSO

I. ¿Nos salvaremos o nos condenaremos? Este pensamiento no pocas veces perturba el corazón del cristiano. Para alejar de nosotros tal perturbación es menester que sigamos el consejo de San Pablo: «Hermanos míos, dice, tened confianza en la Sangre de Jesús, en que por ella entraréis al reino de los bienaventurados». Pongamos toda nuestra esperanza en la Sangre Preciosa, seamos verdaderos devotos suyos, y tendremos segura entrada al paraíso.
  
II. Toda gracia, como nos asegura San Alfonso, y la misma perseverancia final, no se obtiene sino con la oración; y para que ésta sea eficaz, dice el Beato Simón de Casia, debe ir rociada de la Sangre Preciosa. Además, «a fin de detestar el pecado, es medio eficacísimo la meditación, especialmente la de la Pasión, dice el ya citado doctor San Alfonso; pues “al pensar, escribe Santo Tomás, que un Dios ha muerto por amor a nosotros y que para redimirnos de la culpa ha derramado su Sangre, no puede menos que empujarnos a odiar aquella y amar a quien tanto nos ha amado”». Por consiguiente, la devoción a la Preciosa Sangre, haciéndonos dejar el pecado y perseverar en la divina gracia, nos conducirá seguramente a la salud eterna.
   
III. Al beato Enrique Susón se le apareció el alma de su madre, coronada de gloria celestial. Después de haber ella meditado por treinta años continuamente la Pasión de Jesús, un día mientras consideraba su deposición de la Cruz, enfermó de puro dolor, y el Viernes Santo murió mártir de compasión hacia su Señor. En efecto, la devoción a la Preciosa Sangre es la vía segura que conduce al Cielo. San Juan lo dice claro: «Bienaventurados los que se lavan con la Sangre del Cordero divino: las puertas del Paraíso les están abiertas a fin de que libremente entren». Todos los que están en el Paraíso, allí han llegado por haberse lavado y purificado con la Sangre Preciosa. Nutramos también nosotros una tierna devoción a la Preciosa Sangre, amemos el precio de nuestra Redención, bañémonos en ella, frecuentando los Sacramentos y meditando cada día el amor con que Jesús entre duras penas la derramó; y de esa manera seguramente llegaremos al puerto de la eterna salvación.
  
EJEMPLO
Santa Teresa, siendo de niña muy buena y piadosa, con la lectura de novelas y la conversación frecuente con una jovencita que siempre le hablaba de amoríos y vanidades, empezó a aficionarse a ellas. Pero mientras un día estaba en entretenida conversación con una persona a la cual tenía afecto, se le apareció Jesús, como cuando fue azotado, chorreando Sangre de todos lados; y ella, aunque quedó conmovida del todo ante aquella vista, sin embargo, no supo arrancar de su corazón aquel mundano afecto. Pero después contemplando una imagen de Jesús, todo llagado y ensangrentado, se sintió totalmente compungida; y meditando de continuo la Pasión de Jesús, no sólo comenzó a vivir virtuosamente, sino que llegó a muy sublimo estado de perfección. Jesús se le apareció muchas veces, especialmente en la hostia consagrada, ora, crucificado, ora coronado de espinas, ora manando Sangre, ora, habiendo ella comulgado, le hizo sentir la boca y la persona rociada de la Sangre Preciosa. Por lo cual, el divino amor tanto penetró en ella que, Él mismo, más bien que la enfermedad, la privó de la vida; y su alma, saliendo del cuerpo bajo la forma de una cándida paloma, junto con Jesús allí presente, voló al Cielo. Y sin embargo, en una visión que tuvo, le fue mostrado a Teresa un puesto preparado para ella en el Infierno. ¿Cómo entonces se libró de él? Recibiendo a menudo la Sangre Preciosa sacramentalmente en la comunión y místicamente en la meditación. Durante todo lo que nos queda de vida, honremos de esa manera también nosotros a la Sangre de Jesús; y con tal devoción viviremos santamente, y tendremos nosotros también la suerte de pasar de este mundo al paraíso para gozar eternamente de aquella incomprensible felicidad que Jesús nos ha merecido con la efusión de su Preciosísima Sangre.
          
Se medita y se pide lo que se desea conseguir.
   
OBSEQUIO: Pedid perdón a Jesús de las negligencias cometidas en este mes, y en compensación ofreced el corazón a quien os ha dado la Sangre.
   
JACULATORIA: Sangre Preciosa del Hombre Dios, a ti consagro mi corazón.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios mío y Salvador mío querido, ¿tendré yo la suerte feliz de ir al Paraíso a ver Vuestra hermosa Faz y a gozar de Vos por toda la eternidad? ¡Ah! Con este fin me habéis criado, y con este fin habéis derramado toda Vuestra Sangre; pero yo me he vuelto indigno con tantos pecados. ¡Ea! Jesús mío, suplid Vos mi indignidad con Vuestra Sangre; por ella os ruego que ablandeis el corazón, me hagáis llorar y detestar mis culpas, me deis la perseverancia final, y me encendáis todo de Vuestro santo amor. No, no quiero ir al Infierno a blasfemar de Vos, sino que quiero ir al Cielo a bendeciros. Ya que me habéis dado vuestra Sangre; ¡ea! No me neguéis el Paraíso. Sangre Preciosísima, vos me habéis conquistado la gloria celestial; luego ella es mía. Yo la quiero, y por eso prometo con vuestra ayuda no más perderla con el maldito pecado. Quiero ser vuestro tierno devoto y entrañable amante. Quiero teneros siempre impresa en mi corazón y en mi mente, para que de vos rociado obtenga libre entrada en el bienaventurado reino; y así, después de haberos amado y bendecido en la tierra, pueda amaros y bendeciros eternamente en el Cielo. Amén.
   
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DIAS
¡Oh Corazón de mi amado Jesús, cargado con la pesada Cruz de mis culpas, coronado con las espinas de mis ingratitudes y llagado con la lanza de mis pecados! ¡Oh Jesús de mi vida! Cruz, espinas y lanza he sido para vuestro Corazón con mis repetidas ofensas: éste es el retorno con que, ingrato, he correspondido a las dulces y amorosas lágrimas de Belén y a la extrema pobreza en que por mi amor nacisteis; éste es el agradecimiento y recompensa que han tenido vuestros trabajos y vuestra Preciosísima Sangre derramada con tanto amor por la salud de mi alma; esta es la paga de aquella excesiva fineza que obrasteis en el Cenáculo, cuando, abrasado en caridad y encendido en divinas llamas, os quedasteis por mi amor sacramentado, buscando amante la bajeza de mi pecho para recreo de vuestra bondad. ¡Oh Jesús de toda mi alma! Parece que hemos andado a competencia los dos, Vos con finezas, yo con ingratitudes; Vos con un amor que no tiene igual, y yo con un menosprecio que no tiene semejante; Vos con tanto amor regalándome y dándome en el Sacramento la dulzura de vuestro Corazón y yo dándoos por la cara con la hiel de mis culpas. ¡Oh Corazón de mi amado Jesús! ¡Oh Jesús de mi corazón, piadosísimo en esperarme! Compadeceos de mi miseria y perdonadme misericordioso cuanto ingrato os he ofendido, concediéndome benigno que esas espinas con que os veo punzado saquen lágrimas de mi corazón contrito, con que llore mis repetidas ingratitudes, y por esas vuestras amorosas y dulces llagas, llagad y herid éste mi corazón con la dulce y ardiente flecha de vuestro amor, para que os ame y sirva, para que os alabe y bendiga, y después eternamente gozaros. Amén.
   
℣. Señor, nos redimisteis con vuestra sangre.
℟. Y nos habéis hecho un Reino para nuestro Dios.
   
ORACIÓN
Dios omnipotente y eterno, que habéis constituido a vuestro Hijo único Redentor del mundo y que quisisteis ser aplacado con su Sangre; te rogamos nos concedas que de tal modo veneremos el precio de nuestra salvación, y por su virtud seamos preservados en la tierra de los males de la presente vida, que nos regocijemos después con fruto perpetuo en los cielos. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

miércoles, 29 de julio de 2020

MES DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO - DÍA VIGESIMONOVENO

Compuesto en Italiano por el padre Massimiliano Maria Mesini CPPS y publicado en Rímini en 1884; traducido por un presbítero y publicado en Santiago de Chile en 1919, con aprobación eclesiástica.
   
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DIAS
¡Oh Sangre Preciosísima de vida eterna!, precio y rescate de todo el universo, bebida y salud de nuestras almas, que protegéis continuamente la causa de los hombres ante el trono de la suprema misericordia, yo os adoro profundamente y quisiera compensar, en cuanto me fuese posible, las injurias y ultrajes que de continuo estáis recibiendo de las creaturas humanas y con especialidad de las que se atreven temerariamente a blasfemar de Vos. ¡Oh! ¿Quién no bendecirá esa Sangre de infinito valor? ¿Quién no se sentirá inflamado de amor a Jesús que la ha derramado? ¿Qué sería de mí si no hubiera sido rescatado con esa Sangre divina? ¿Quién la ha sacado de las venas de mi Señor Jesucristo hasta la última gota? ¡Ah! Nadie podía ser sino el amor. ¡Oh amor inmenso, que nos ha dado este bálsamo tan saludable! ¡Oh bálsamo inestimable, salido de la fuente de un amor inmenso! Haced que todos los corazones y todas las lenguas puedan alabaros, ensalzaros y daros gracias ahora, por siempre y por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA VIGÉSIMONOVENO
CONSIDERACIÓN: LA DEVOCIÓN A LA SANGRE DE JESÚS PRESERVA DEL PURGATORIO

I. Para evitar el Purgatorio es menester purificarse en vida de toda mancha; y eso obra en nosotros la devoción a la Preciosa Sangre. Pues, recibida esta en los Sacramentos, nos borra todos los pecados; además, si somos deudores ante la justicia divina de pena aún no satisfecha por los pecados cometidos, por la misma Sangre se nos perdona aquella, mediante las Indulgencias. Por esto, lávate en la Sangre divina, figurada en el agua con que Jesús purificó del polvo de las ligerezas los pies de los Apóstoles (San Buenaventura, Suplemento al sermón 28 de Eucaristía, n. 164), y tendrás parte en el Reino de Dios, y te librarás del Purgatorio.
   
II. Nos enseña San Pablo que por la Sangre de Jesús, mediante la fe, fueron perdonados los pecados cometidos antes de la Redención. Por tanto los justos anteriores a la Pasión del Salvador (instruidos por las profecías), tuvieron fe en Él y su Sangre (Romanos III, 25. Martini, lugar citado). Ahora, dice Santo Tomás que «cuando Jesús, después de muerto, bajó con su alma al Purgatorio, libró de aquella penosa cárcel a los que habían tenido fe y devoción para con su muerte. Lo que también sucede al presente (Santo Tomás, Suma Teológica, parte III, L, .55, a. 8). Por esto Zacarías dice en sus profecías a Jesús: «Mediante tu Sangre, has hecho salir a los tuyos que estaban prisioneros, del lago que no tiene agua”, es decir, del Purgatorio, como lo explica San Buenaventura (Zacarías IX, 11. San Buenaventura, Exposición de la Misa, c. IV, en el memento de los muertos). Quien, por tanto, anhele una suerte tan feliz, sea devoto de la Preciosa Sangre.
   
III. «La Iglesia, dice el seráfico doctor, por medio del celebrante ruega por los difuntos “creyendo firmemente que la Preciosa Sangre de Cristo sirve no sólo a los vivos, sino también para librar de las penas a los muertos”» (Íbidem). Ofrezcamos, pues, esta Sangre en sufragio de ellos; con esta Sangre lavemos nuestras almas con la más tierna devoción, y así nos libraremos nosotros y libraremos a aquellos, del Purgatorio.
  
EJEMPLO
La sierva de Dios, Ana de Jesús, terciaria de la Santísima Trinidad, rezaba siempre por su difunto marido delante de una cera bendita que aquel acostumbraba a llevar consigo, y en el cual estaba estampado de un lado el Niño Jesús abrazado a la cruz, y del otro, los instrumentos de la Pasión. Un día, en medio del fervor de la oración, se le apareció el marido de rodillas, con la mitad del cuerpo entre las llamas, y con las manos juntas, en actitud de pedir misericordia. Vio después brotar de la imagen del Santo Niño una fuente de Sangre que cayendo sobre aquel fuego lo apagaba (Alejandro de la Madre de Dios OSST, Crónica de los trinitarios descalzos, p. III, libro IX, c. 12). Con lo cual, el Señor le dio a conocer que su marido, por haber sido devoto de la Pasión, en virtud de la Sangre Preciosa, volvería pronto al Cielo. ¡Bienaventurados, pues, los devotos de la Preciosa Sangre! quines también después de la muerte, en el Purgatorio, experimentarán los favorables efectos de tan saludable devoción.
          
Se medita y se pide lo que se desea conseguir.
  
OBSEQUIO: Meditando las siete efusiones de la Sangre Preciosa, rezad treinta y tres Pater Noster por las Ánimas del Purgatorio que en vida hayan sido más devotas de las mismas; a fin de que no sólo con la oración, sino también aplicándoles las Indulgencias anexas, podáis aportarles copioso sufragio.
  
JACULATORIA: Por vuestra Sangre, Señor, las puertas del Cielo abridme cuando yo muera.
  
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Jesús mío, ¡quién sabe cuántos años, tal vez cuántos siglos he merecido el Purgatorio! ¿Cómo podré estar tanto tiempo entre aquellas acerbísimas penas y en medio de aquel ardentísimo fuego? ¡Oh Sangre Preciosísima de mi Salvador, si vuestra devoción tanto sirve para librar del Purgatorio, o al menos para abreviar su duración, quiero dedicarme a ella por entero! Deseo a menudo embriagarme de Vos en los Sacramentos, ganar las Indulgencia fundadas en Vuestro mérito y meditar las penas entre las cuales fuisteis derramada. ¡Ea! Purificadme Vos de toda mancha en esta vida, y abreviadme el Purgatorio. Sangre Preciosísima, tened compasión de las almas que allí están penando, ya que también por ellas habéis sido derramada. Apagad, pues, esas llamas que las devoran, y llevadlas pronto a bendeciros eternamente en el Cielo. Amén.
   
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DIAS
¡Oh Corazón de mi amado Jesús, cargado con la pesada Cruz de mis culpas, coronado con las espinas de mis ingratitudes y llagado con la lanza de mis pecados! ¡Oh Jesús de mi vida! Cruz, espinas y lanza he sido para vuestro Corazón con mis repetidas ofensas: éste es el retorno con que, ingrato, he correspondido a las dulces y amorosas lágrimas de Belén y a la extrema pobreza en que por mi amor nacisteis; éste es el agradecimiento y recompensa que han tenido vuestros trabajos y vuestra Preciosísima Sangre derramada con tanto amor por la salud de mi alma; esta es la paga de aquella excesiva fineza que obrasteis en el Cenáculo, cuando, abrasado en caridad y encendido en divinas llamas, os quedasteis por mi amor sacramentado, buscando amante la bajeza de mi pecho para recreo de vuestra bondad. ¡Oh Jesús de toda mi alma! Parece que hemos andado a competencia los dos, Vos con finezas, yo con ingratitudes; Vos con un amor que no tiene igual, y yo con un menosprecio que no tiene semejante; Vos con tanto amor regalándome y dándome en el Sacramento la dulzura de vuestro Corazón y yo dándoos por la cara con la hiel de mis culpas. ¡Oh Corazón de mi amado Jesús! ¡Oh Jesús de mi corazón, piadosísimo en esperarme! Compadeceos de mi miseria y perdonadme misericordioso cuanto ingrato os he ofendido, concediéndome benigno que esas espinas con que os veo punzado saquen lágrimas de mi corazón contrito, con que llore mis repetidas ingratitudes, y por esas vuestras amorosas y dulces llagas, llagad y herid éste mi corazón con la dulce y ardiente flecha de vuestro amor, para que os ame y sirva, para que os alabe y bendiga, y después eternamente gozaros. Amén.
   
℣. Señor, nos redimisteis con vuestra sangre.
℟. Y nos habéis hecho un Reino para nuestro Dios.
   
ORACIÓN
Dios omnipotente y eterno, que habéis constituido a vuestro Hijo único Redentor del mundo y que quisisteis ser aplacado con su Sangre; te rogamos nos concedas que de tal modo veneremos el precio de nuestra salvación, y por su virtud seamos preservados en la tierra de los males de la presente vida, que nos regocijemos después con fruto perpetuo en los cielos. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

martes, 28 de julio de 2020

MES DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO - DÍA VIGESIMOCTAVO

Compuesto en Italiano por el padre Massimiliano Maria Mesini CPPS y publicado en Rímini en 1884; traducido por un presbítero y publicado en Santiago de Chile en 1919, con aprobación eclesiástica.
   
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DIAS
¡Oh Sangre Preciosísima de vida eterna!, precio y rescate de todo el universo, bebida y salud de nuestras almas, que protegéis continuamente la causa de los hombres ante el trono de la suprema misericordia, yo os adoro profundamente y quisiera compensar, en cuanto me fuese posible, las injurias y ultrajes que de continuo estáis recibiendo de las creaturas humanas y con especialidad de las que se atreven temerariamente a blasfemar de Vos. ¡Oh! ¿Quién no bendecirá esa Sangre de infinito valor? ¿Quién no se sentirá inflamado de amor a Jesús que la ha derramado? ¿Qué sería de mí si no hubiera sido rescatado con esa Sangre divina? ¿Quién la ha sacado de las venas de mi Señor Jesucristo hasta la última gota? ¡Ah! Nadie podía ser sino el amor. ¡Oh amor inmenso, que nos ha dado este bálsamo tan saludable! ¡Oh bálsamo inestimable, salido de la fuente de un amor inmenso! Haced que todos los corazones y todas las lenguas puedan alabaros, ensalzaros y daros gracias ahora, por siempre y por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA VIGÉSIMOCTAVO
CONSIDERACIÓN: LOS DEVOTOS DE LA PRECIOSA SANGRE SERÁN CONFORTADOS POR JESÚS A LA HORA DE LA MUERTE

I. Terrible es la condición del moribundo. Él es atormentado de acerbos dolores en el cuerpo y de crueles angustias en el alma, sin que nadie en el mundo le pueda aportar alivio alguno. Jesús crucificado no abandona en tal estado a sus devotos sino que compasivo los socorre. «¿Puede, él mismo dice, olvidarse una madre de su hijo? Y aunque tal sucediese, yo no me olvidaré de ti, teniéndote escrito en mis manos con letras impresas por mi propia Sangre», añade San Alfonso (Isaías XLIX, 15-16. San Alfonso, Práctica de amor a Jesús, c. III, n. 13). ¡Oh afortunado moribundo devoto de la Sangre Preciosa! Estando en las manos del Señor, las angustias de la muerte ciertamente no te acosarán, como te lo asegura el propio Espíritu Santo (Sabiduría III, 1). Si anhelas una tal muerte, oh cristiano, sé amante de la Preciosa Sangre.
    
II. Jesús agonizó en la Cruz, entre los más acerbos desmayos derramando Sangre a cada momento, por los clavos, que cada vez más le destrozaban las manos y los pies, y por las espinas, que a cada movimiento de cabeza le abrían nuevamente las heridas. Quiso Él sufrir tan amarga agonía y derramar en ella tanta Sangre, para obtenernos ayuda a nosotros en el trance de la muerte. Por esto, con verdad podemos decir con el salmista: «Cuando me halle próximo a morir, no temeré los males que me rodearán; pues tu sangrienta Pasión, oh Señor, será mi sostén y mi consuelo en aquel extremo trance» (Si caminare en medio de las sombras de la muerte, tu vara y tu báculo me consolarán». Salmo XXII. «Vara, es decir, la cruz de Cristo; báculo, es decir, el misterio de la Cruz». San Agustín, Sermón de Catecismo c. V, y Sermón 197 de Domínica I después de Trinidad, c. II). Ante tal consideración, ¿quién no se sentirá penetrado de amor hacia un Dios que en medio de las más atroces penas, perdió la vida por librarnos a nosotros de una angustiosa agonía, y volvernos dulce la muerte? ¿Quién no se sentirá impelido a ser devoto de la Preciosa Sangre?
   
III. San Francisco Javier, muriendo abandonado de todos sobre una playa, halló sumo consuelo en aquel a quien tanto había amado, en el crucifijo, que apretaba entre las manos (Giovanni Massei SJ, Vida del Santo). San Carlos Borromeo, que durante su vida había meditado a menudo las penas de Jesús en la pasión viendo al morir una imagen de Éste, se sintió de tal manera confortado, que fue obligado a exclamar: «¡Oh, qué alivio me aporta tan querida vista!» (P. Giovanni Petro Giussano, Vida del Santo). Convertida Santa Jacinta Marescotti se entregó por entero al amor del Crucificado, el cual le reveló la hora de su muerte; y ella abrazando cariñosamente el crucifijo, plácidamente expiró (Flaminio Annibali de Latera OFM, Vida de la Santa). ¿Quién de nosotros no anhela auxilios especiales de Jesús en el trance de la muerte? Procurémonoslo, pues, siendo devotos de su Sangre meditando a menudo las penas en medio de las cuales fue derramada.
   
EJEMPLO
Elena de Massimi, niña de trece años, a menudo prorrumpía en amargo llanto, al pensar en los dolores de Jesús; se embriagaba en su Sangre, recibiendo los santos sacramentos; y cuando le fue administrado el viático, se vio junto a ella a Jesús, que con su Sangre Divina roció toda el alma de ella; la cual fue vista por San Felipe Neri, entre coro de ángeles volar al Cielo (Pietro Giacomo Bacci CO, Vida de San Felipe Neri, parte III, c. II., n. 9.). ¡He aquí la hermosa muerte de quien ama la Sangre Preciosa!
          
Se medita y se pide lo que se desea conseguir.
  
OBSEQUIO: Rezad tres Pater Noster, Ave María y Gloria Patri a Jesús Crucificado, rogándole que por su Sangre os asista en vuestra agonía.
   
JACULATORIA: Por vuestra Sangre, al alma mía, Jesús, concédele, dulce agonía.
    
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Salvador mío crucificado, cuando yo menos piense, me hallaré en el lecho de muerte, ¡quién sabe entre cuantos dolores, entre cuántas tentaciones, entre cuántas ansiedades y dudas sobre mi salvación eterna! ¿Quién podrá entonces conformarme? No mis parientes, ni mis amigos, ni cualquiera otra persona del mundo; solo Vos, Redentor mío, podréis ayudarme en aquella extrema hora. Y sin embargo, por amor de los hombres tantas veces os he ofendido a Vos. Perdóname, oh Jesús, ya que en adelante quiero aborrecer al mundo para servir y amar solo a Vos, Señor mío crucificado, Quiero siempre haceros compañía al pie de la Cruz, pensando con tierna compasión en las penas entre las cuales en ella agonizasteis y derramasteis por mí vuestra Sangre; y Vos, por esa Sangre Preciosa y por esa vuestra dolorosa agonía, asistidme, confortadme, salvadme a la hora de mi muerte. Amén.
  
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DIAS
¡Oh Corazón de mi amado Jesús, cargado con la pesada Cruz de mis culpas, coronado con las espinas de mis ingratitudes y llagado con la lanza de mis pecados! ¡Oh Jesús de mi vida! Cruz, espinas y lanza he sido para vuestro Corazón con mis repetidas ofensas: éste es el retorno con que, ingrato, he correspondido a las dulces y amorosas lágrimas de Belén y a la extrema pobreza en que por mi amor nacisteis; éste es el agradecimiento y recompensa que han tenido vuestros trabajos y vuestra Preciosísima Sangre derramada con tanto amor por la salud de mi alma; esta es la paga de aquella excesiva fineza que obrasteis en el Cenáculo, cuando, abrasado en caridad y encendido en divinas llamas, os quedasteis por mi amor sacramentado, buscando amante la bajeza de mi pecho para recreo de vuestra bondad. ¡Oh Jesús de toda mi alma! Parece que hemos andado a competencia los dos, Vos con finezas, yo con ingratitudes; Vos con un amor que no tiene igual, y yo con un menosprecio que no tiene semejante; Vos con tanto amor regalándome y dándome en el Sacramento la dulzura de vuestro Corazón y yo dándoos por la cara con la hiel de mis culpas. ¡Oh Corazón de mi amado Jesús! ¡Oh Jesús de mi corazón, piadosísimo en esperarme! Compadeceos de mi miseria y perdonadme misericordioso cuanto ingrato os he ofendido, concediéndome benigno que esas espinas con que os veo punzado saquen lágrimas de mi corazón contrito, con que llore mis repetidas ingratitudes, y por esas vuestras amorosas y dulces llagas, llagad y herid éste mi corazón con la dulce y ardiente flecha de vuestro amor, para que os ame y sirva, para que os alabe y bendiga, y después eternamente gozaros. Amén.
   
℣. Señor, nos redimisteis con vuestra sangre.
℟. Y nos habéis hecho un Reino para nuestro Dios.
   
ORACIÓN
Dios omnipotente y eterno, que habéis constituido a vuestro Hijo único Redentor del mundo y que quisisteis ser aplacado con su Sangre; te rogamos nos concedas que de tal modo veneremos el precio de nuestra salvación, y por su virtud seamos preservados en la tierra de los males de la presente vida, que nos regocijemos después con fruto perpetuo en los cielos. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

lunes, 27 de julio de 2020

MES DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO - DÍA VIGESIMOSÉPTIMO

Compuesto en Italiano por el padre Massimiliano Maria Mesini CPPS y publicado en Rímini en 1884; traducido por un presbítero y publicado en Santiago de Chile en 1919, con aprobación eclesiástica.
   
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DIAS
¡Oh Sangre Preciosísima de vida eterna!, precio y rescate de todo el universo, bebida y salud de nuestras almas, que protegéis continuamente la causa de los hombres ante el trono de la suprema misericordia, yo os adoro profundamente y quisiera compensar, en cuanto me fuese posible, las injurias y ultrajes que de continuo estáis recibiendo de las creaturas humanas y con especialidad de las que se atreven temerariamente a blasfemar de Vos. ¡Oh! ¿Quién no bendecirá esa Sangre de infinito valor? ¿Quién no se sentirá inflamado de amor a Jesús que la ha derramado? ¿Qué sería de mí si no hubiera sido rescatado con esa Sangre divina? ¿Quién la ha sacado de las venas de mi Señor Jesucristo hasta la última gota? ¡Ah! Nadie podía ser sino el amor. ¡Oh amor inmenso, que nos ha dado este bálsamo tan saludable! ¡Oh bálsamo inestimable, salido de la fuente de un amor inmenso! Haced que todos los corazones y todas las lenguas puedan alabaros, ensalzaros y daros gracias ahora, por siempre y por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA VIGESIMOSÉPTIMO
CONSIDERACIÓN: LA SANGRE DE JESÚS NOS ESTIMULA A SALVAR NUESTRA ALMA

I. Mostrando Jesús a Santa Catalina de Siena, bajo hermosísimo semblante, el alma de una pecadora convertida, le dijo: «Mira qué bella es; por eso yo trabajé tanto y derramé tanta Sangre por la salvación de las almas» (Beato Raimundo de Capua OP, Vida de la Santa. Parte II, c. IV, n. 5). De hecho Jesús por salvar almas, anduvo predicando por ciudades y aldeas durante tres años consecutivos. Y, ¡oh! cuánto sufrió por lo extenso de los viajes, por no encontrar tantas veces alojamiento o comida, y, por la ingratitud de los mismos hombres, que lo injuriaban, ora lo querían apedrear o arrojar desde una peña, ora de otros modos lo perseguían (San Juan IV, 6, 31; VIII, 48-59; San Lucas IV, 29). ¡Tanto se ha fatigado Jesús por la salvación de las almas, y nosotros hasta ahora no hemos hecho nada por salvar la nuestra! ¡Qué vergüenza! Procuremos pues, de hoy en adelante, de todas veras, salvar esta alma que ha costado a Jesús tantos trabajos y además el derramamiento de toda su Sangre.
  
II. Además sostuvo Jesús por la salvación de las almas los más despiadados padecimientos. Se sometió a la cruelísima flagelación de miles de fieros azotes, se dejó perforar la cabeza con agudísimas espinas, y por último quiso ser clavado en la cruz, derramando en ella hasta la última gota de su Preciosa Sangre. ¡Oh cristiano! Si Jesús ha sufrido tanto por la salud de las almas, ¿cómo es que tú en poco estimas la tuya, y por desahogar viles pasiones la pierdes? ¿Por qué con tus escándalos arruinas también las almas de los otros? ¡Ea, piensa que de esa manera te haces reo de la Sangre de un Dios! Llora pues el error cometido, y repara el mal hecho, con la penitencia y el buen ejemplo, si no quieres traer sobre ti los más terribles castigos divinos.
   
III. San Pablo nos exhorta a huir del vicio, porque hemos sido rescatados por Jesús a alto precio («Habéis sido comprados con gran precio». I Corintios VI, 20); y San Pedro nos lo repite diciendo: «Vivid santamente, pues no habéis sido redimidos con oro ni plata, sino con la Sangre Preciosa» («Seréis santos, considerando que habéis sido redimidos con la Preciosa Sangre», I Carta I, 16, 18-19). Aprovechémonos, oh cristianos, del saludable aviso de los santos Apóstoles, los cuales más que un tierno padre, nos aman y desean nuestro bien. Pensemos seriamente en el valer  de nuestra alma, y atendamos con la mayor diligencia a salvarla; pues ella tiene un valor infinito, como que cuesta toda la Sangre de un Dios.
   
EJEMPLO
Habiendo instituido San Francisco de Asís la Orden de los Menores, quiso que en ella se llevase una vida austera, especialmente los viernes, en memoria de la divina Pasión. Vencido por tal rigor, uno de los religiosos, le pidió licencia para volver al siglo; pero el santo, animándolo a perseverar en la religión para bien de su alma, le hizo ver que esas austeridades eran una nonada en comparación con lo que Jesús padeció por nosotros. Mas despreciando aquél tales avisos, huyó del convento. Como San Francisco rezara por él, Jesús se le apareció en la calle, goteando de sus llagas fresca y roja Sangre, y le dijo: «mira cuánto he padecido por ti, ¿y tú nada queréis sufrir por tu salvación?». Todo compungido el religioso, y deshaciéndose en lágrimas, se volvió al santo que benignamente lo acogió, exhortándolo a recordar siempre la gracia singular que había recibido. Y en efecto teniendo aquél siempre presente la extraordinaria visión, cuidó con toda diligencia de la salvación de su alma (P. Angélico de Vicenza, Vida de San Francisco de Asís). ¡Ea! Procuremos también nosotros tener de continuo ante nuestros ojos a Jesús que derrama su sangre por salvar las almas, y de esa manera también nosotros cuidaremos con todo empeño de la propia salvación.
          
Se medita y se pide lo que se desea conseguir.
  
OBSEQUIO: Resolveos a nutrir siempre una tierna devoción hacia la divina Sangre, especialmente lavándoos en ella frecuentando los sacramentos.
    
JACULATORIA: Salvar yo quiero alma tan noble, que Sangre cuesta a un Dios Hombre.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Amorosísimo Redentor, fijando mis ojos en vos, clavado en ese duro madero, bien conozco cuanto os cuesto. Aquellas acerbísimas penas, aquellas profundas llagas, aquella Sangre de infinito valor, son el precio que habéis pagado por el rescate de mi alma; ¿Y yo tampoco cuido de ella? ¿y la doy al demonio por una nonada, por un desahogo de vil pasión, por un deleite bestial? ¡Qué amargura, qué desprecio os aporto de esa manera! ¡Sangre Presiosísima, vos sois el precio de mi alma, y yo no la he estimado en nada, aún más, he hecho cuanto he podido por perderla! ¡Ah! Si así me he conducido hasta ahora, de hoy en adelante estoy resuelto a trabajar con todo empeño por salvarla. Sangre de Jesús, ya que vos la habéis redimido, dadme también gracia eficaz para cuidar con la mayor diligencia de su salvación. Amén.
  
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DIAS
¡Oh Corazón de mi amado Jesús, cargado con la pesada Cruz de mis culpas, coronado con las espinas de mis ingratitudes y llagado con la lanza de mis pecados! ¡Oh Jesús de mi vida! Cruz, espinas y lanza he sido para vuestro Corazón con mis repetidas ofensas: éste es el retorno con que, ingrato, he correspondido a las dulces y amorosas lágrimas de Belén y a la extrema pobreza en que por mi amor nacisteis; éste es el agradecimiento y recompensa que han tenido vuestros trabajos y vuestra Preciosísima Sangre derramada con tanto amor por la salud de mi alma; esta es la paga de aquella excesiva fineza que obrasteis en el Cenáculo, cuando, abrasado en caridad y encendido en divinas llamas, os quedasteis por mi amor sacramentado, buscando amante la bajeza de mi pecho para recreo de vuestra bondad. ¡Oh Jesús de toda mi alma! Parece que hemos andado a competencia los dos, Vos con finezas, yo con ingratitudes; Vos con un amor que no tiene igual, y yo con un menosprecio que no tiene semejante; Vos con tanto amor regalándome y dándome en el Sacramento la dulzura de vuestro Corazón y yo dándoos por la cara con la hiel de mis culpas. ¡Oh Corazón de mi amado Jesús! ¡Oh Jesús de mi corazón, piadosísimo en esperarme! Compadeceos de mi miseria y perdonadme misericordioso cuanto ingrato os he ofendido, concediéndome benigno que esas espinas con que os veo punzado saquen lágrimas de mi corazón contrito, con que llore mis repetidas ingratitudes, y por esas vuestras amorosas y dulces llagas, llagad y herid éste mi corazón con la dulce y ardiente flecha de vuestro amor, para que os ame y sirva, para que os alabe y bendiga, y después eternamente gozaros. Amén.
   
℣. Señor, nos redimisteis con vuestra sangre.
℟. Y nos habéis hecho un Reino para nuestro Dios.
   
ORACIÓN
Dios omnipotente y eterno, que habéis constituido a vuestro Hijo único Redentor del mundo y que quisisteis ser aplacado con su Sangre; te rogamos nos concedas que de tal modo veneremos el precio de nuestra salvación, y por su virtud seamos preservados en la tierra de los males de la presente vida, que nos regocijemos después con fruto perpetuo en los cielos. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

domingo, 26 de julio de 2020

MES DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO - DÍA VIGESIMOSEXTO

Compuesto en Italiano por el padre Massimiliano Maria Mesini CPPS y publicado en Rímini en 1884; traducido por un presbítero y publicado en Santiago de Chile en 1919, con aprobación eclesiástica.
   
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DIAS
¡Oh Sangre Preciosísima de vida eterna!, precio y rescate de todo el universo, bebida y salud de nuestras almas, que protegéis continuamente la causa de los hombres ante el trono de la suprema misericordia, yo os adoro profundamente y quisiera compensar, en cuanto me fuese posible, las injurias y ultrajes que de continuo estáis recibiendo de las creaturas humanas y con especialidad de las que se atreven temerariamente a blasfemar de Vos. ¡Oh! ¿Quién no bendecirá esa Sangre de infinito valor? ¿Quién no se sentirá inflamado de amor a Jesús que la ha derramado? ¿Qué sería de mí si no hubiera sido rescatado con esa Sangre divina? ¿Quién la ha sacado de las venas de mi Señor Jesucristo hasta la última gota? ¡Ah! Nadie podía ser sino el amor. ¡Oh amor inmenso, que nos ha dado este bálsamo tan saludable! ¡Oh bálsamo inestimable, salido de la fuente de un amor inmenso! Haced que todos los corazones y todas las lenguas puedan alabaros, ensalzaros y daros gracias ahora, por siempre y por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA VIGÉSIMOSEXTO
CONSIDERACIÓN: LA SANGRE DE JESÚS ES FUENTE DE MISERICORDIA

I. Conducida por los escribas y fariseos a la presencia de Jesús una pecadora, a fin de que fuera condenada a ser lapidada, éste les dijo: «Quien de entre vosotros sea inocente, tire la primera piedra». En seguida con sus divinos dedos, se puso a escribir sobre la tierra los pecados de ellos; por lo cual, llenos éstos de confusión, se marcharon (San Jerónimo, Diálogo contra Pelagio, Libro II). Habiendo quedado sola, turbada y compungida la pecadora, Jesús le dijo: «no temas que yo te perdono, pero cuida de no volver a pecar» (San Juan VIII). No sólo en este caso, sino frecuentemente, el Dios humanado trataba con benignidad a los pecadores, diciendo que él «no había venido a llamar a los justos sino a los pecadores» (San Marcos II, 17) ¡Tanta era su bondad hacia ellos! Alma pecadora, corre pues llena de confianza a los pies de tu Señor, y lo hallarás que está pronto a lavarte con su Sangre.
   
II. «Mirad cuán grande, dice San Pablo, es la bondad del Señor para con nosotros; que siendo sus enemigos, ha muerto por nosotros y con su Sangre nos ha santificado y vuelto a la gracia de su Padre celestial» (Romanos V, 9-10). Todavía más, Jesús no sólo ha dado la vida y la Sangre por los pecadores, sino que estando clavado por ellos en la Cruz, en el preciso momento en que sorteaban su túnica, lo insultaban y blasfemaban, Él, todo piedad y misericordia, pidió a su Padre perdón para sus crucifixores. ¡Oh bondad, oh misericordia verdaderamente suma! A tal reflexión no habrá nadie por cierto, que pueda dudar del perdón, por más cargado que esté de los más enormes e innumerables delitos. Ven pues, oh pecador, a lavarte en la Sangre que Jesús ha derramado por ti, y tu alma se tornará cándida como la nieve, porque de tu corazón será borrada toda culpa.
    
III. «Amaos unos a otros, ha dicho Jesús, como yo os he amado» (San Juan XV, 12). Él nos ha amado a nosotros, aunque pecadores y por tanto sus enemigos; es necesario por consiguiente, que también nosotros amemos a nuestros enemigos. «¿Y cómo podremos no amar al ofensor, dice San Agustín, habiendo sido ambos redimidos con la misma Sangre de Jesús?» (Homilía 40, Sermón 211, Dominica V de Cuaresma, c. V.) Recordemos que éste le dijo claro: «si no perdonáis, no seréis perdonados» (San Mateo VI, 15). Por esto, si queremos obtener de Dios el perdón de nuestras culpas, que Jesús nos ha merecido con la efusión de su Sangre, por amor de esta misma Sangre debemos perdonar y amar a quien nos ha ofendido.
    
EJEMPLO
Santa Rita de Casia, unida en matrimonio a un hombre absolutamente diverso de ella, tuvo que padecer innumerables maltratos y aún golpes de aquel; pero la vista del crucifijo la hizo sufrir todo con invicta paciencia; hasta que mediante sus ruegos y sufrimientos, Dios convirtió al marido. Habiendo sido éste asesinado, aunque estaba por ello sumamente apenada, perdonó por amor de Jesús crucificado a los asesinos, y consiguió que sus hijos también los perdonaran, mostrándoles el crucifijo. Muertos los cuales ella, ofreciéndolos a Dios, se hizo religiosa Agustina. Escuchando el sermón de Pasión de labios de San Santiago de la Marca, se conmovió de tal manera, que postrada a los pies del crucifijo, le pidió con insistencia que la hiciese probar alguna de sus penas, y fue escuchada. Pues una espina separada de la corona del Redentor fue con ímpetu a clavarse en su frente, dejándole en ella una llaga profunda y dolorosa, que la atormentó toda la vida. Después de cuatro años de cruel enfermedad (durante la cual, rogada a que tomase un poco más de alimento, respondió: «Mi alma, aplicada a las llagas de Jesús, se nutre con otro alimento»), suavemente murió, y su alma fue vista volar al paraíso (Lorenzo Tardi, Vida de la Santa) ¡Bienaventurado el que la imita, pues tendrá la misma suerte!
          
Se medita y se pide lo que se desea conseguir.
  
OBSEQUIO: Por amor de Jesús crucificado, perdonad cualquiera ofensa que se os haya hecho.
    
JACULATORIA: Por vuestra Sangre Señor, salvad los pecadores, que tanto amáis.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Misericordioso Padre mío, he aquí a vuestros pies al hijo pródigo, que arrepentido vuelve a Vos. Yo he venido de Vos y Vos habéis venido en mi busca con tantas inspiraciones que me habéis dispensado. Os he ofendido y me habéis ofrecido el perdón. He vuelto de nuevo a ofenderos y de nuevo me habéis abierto los brazos para estrecharme contra vuestro corazón. ¡Oh bondad infinita! ¿Quién podrá resistir a tamaño amor vuestro? Al fin me habéis vencido, oh divina misericordia: he aquí a vuestros pies la oveja descarriada resuelta a no apartarse jamás de Vos. Lavadme, querido Padre mío, con Vuestra Sangre, tantas manchas, y por los méritos de la misma, dadme la gracia de amaros siempre y de no más ofenderos, ya que también yo, por amor vuestro, perdono y amo a quien me ha ofendido, siendo éste también un alma redimida con vuestra Preciosa Sangre. Amén.
  
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DIAS
¡Oh Corazón de mi amado Jesús, cargado con la pesada Cruz de mis culpas, coronado con las espinas de mis ingratitudes y llagado con la lanza de mis pecados! ¡Oh Jesús de mi vida! Cruz, espinas y lanza he sido para vuestro Corazón con mis repetidas ofensas: éste es el retorno con que, ingrato, he correspondido a las dulces y amorosas lágrimas de Belén y a la extrema pobreza en que por mi amor nacisteis; éste es el agradecimiento y recompensa que han tenido vuestros trabajos y vuestra Preciosísima Sangre derramada con tanto amor por la salud de mi alma; esta es la paga de aquella excesiva fineza que obrasteis en el Cenáculo, cuando, abrasado en caridad y encendido en divinas llamas, os quedasteis por mi amor sacramentado, buscando amante la bajeza de mi pecho para recreo de vuestra bondad. ¡Oh Jesús de toda mi alma! Parece que hemos andado a competencia los dos, Vos con finezas, yo con ingratitudes; Vos con un amor que no tiene igual, y yo con un menosprecio que no tiene semejante; Vos con tanto amor regalándome y dándome en el Sacramento la dulzura de vuestro Corazón y yo dándoos por la cara con la hiel de mis culpas. ¡Oh Corazón de mi amado Jesús! ¡Oh Jesús de mi corazón, piadosísimo en esperarme! Compadeceos de mi miseria y perdonadme misericordioso cuanto ingrato os he ofendido, concediéndome benigno que esas espinas con que os veo punzado saquen lágrimas de mi corazón contrito, con que llore mis repetidas ingratitudes, y por esas vuestras amorosas y dulces llagas, llagad y herid éste mi corazón con la dulce y ardiente flecha de vuestro amor, para que os ame y sirva, para que os alabe y bendiga, y después eternamente gozaros. Amén.
   
℣. Señor, nos redimisteis con vuestra sangre.
℟. Y nos habéis hecho un Reino para nuestro Dios.
   
ORACIÓN
Dios omnipotente y eterno, que habéis constituido a vuestro Hijo único Redentor del mundo y que quisisteis ser aplacado con su Sangre; te rogamos nos concedas que de tal modo veneremos el precio de nuestra salvación, y por su virtud seamos preservados en la tierra de los males de la presente vida, que nos regocijemos después con fruto perpetuo en los cielos. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

sábado, 25 de julio de 2020

MES DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO - DÍA VIGESIMOQUINTO

Compuesto en Italiano por el padre Massimiliano Maria Mesini CPPS y publicado en Rímini en 1884; traducido por un presbítero y publicado en Santiago de Chile en 1919, con aprobación eclesiástica.
   
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DIAS
¡Oh Sangre Preciosísima de vida eterna!, precio y rescate de todo el universo, bebida y salud de nuestras almas, que protegéis continuamente la causa de los hombres ante el trono de la suprema misericordia, yo os adoro profundamente y quisiera compensar, en cuanto me fuese posible, las injurias y ultrajes que de continuo estáis recibiendo de las creaturas humanas y con especialidad de las que se atreven temerariamente a blasfemar de Vos. ¡Oh! ¿Quién no bendecirá esa Sangre de infinito valor? ¿Quién no se sentirá inflamado de amor a Jesús que la ha derramado? ¿Qué sería de mí si no hubiera sido rescatado con esa Sangre divina? ¿Quién la ha sacado de las venas de mi Señor Jesucristo hasta la última gota? ¡Ah! Nadie podía ser sino el amor. ¡Oh amor inmenso, que nos ha dado este bálsamo tan saludable! ¡Oh bálsamo inestimable, salido de la fuente de un amor inmenso! Haced que todos los corazones y todas las lenguas puedan alabaros, ensalzaros y daros gracias ahora, por siempre y por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA VIGÉSIMOQUINTO
CONSIDERACIÓN: AMOR DE JESÚS AL DAR SU SANGRE POR NOSOTROS

I. Cogido de feroz tempestad el rey Jerjes, después de haber hecho arrojar las demás cosas, dijo a los numerosos príncipes que formaban su séquito: «Persas, si me amáis, arrojaos vosotros mismos al mar para que alivianada la nave, pueda yo sano y salvo llegar al puerto», y todos al instante ejecutaron el deseo de Jerjes (Liborio Siniscalchi SJ, Ejercicios de San Ignacio, Meditación de las dos banderas). Grande acto de amor fue este ciertamente, pero en comparación de lo que hizo Jesús por nosotros es nada. Puesto que aquellos eran súbditos que murieron por su rey, y si no se hubieran por sí mismos ahogado, habrían perecido en el naufragio; o si de éste hubieran escapado, habrían sido el blanco de la ira de Jerjes. Jesús, si no hubiera muerto, no habría sufrido daño alguno; y sin embargo, siendo el Señor del universo, dejó la vida en un mar de Sangre, por salvarnos a nosotros, vilísimas criaturas. ¡Oh amor verdaderamente sumo! ¿Y tú, corazón mío, no amarás a quien tanto te ha amado? ¿No te encenderás de devoción hacia la Preciosa Sangre, derramada con tanto amor por tu causa?
  
II. Fijemos la mirada en Jesús crucificado: observemos ese cuerpo dilacerado de la cabeza a los pies, esas llagas tan profundas que dejan ver hasta los huesos, esa Sangre que brota a torrentes de todos lados, y reflexionemos que a tal extremo se ha reducido por nuestro amor. A nosotros, que somos los que hemos pecado, nos correspondían esas penas y esos dolores, y Él los ha cargado sobre sus hombros. ¿Puede darse mayor amor que éste? ¿Y podrás, alma mía, quedar insensible en presencia de tanto amor, sin derretirte de afecto hacia Aquel que te ha redimido a costa de su Sangre?
  
III. Santa Francisca Romana vio salir de las llagas del Salvador una cadena de oro ardiendo juntamente con un precioso líquido, y comprendió que ello significa el amor de Jesús, pronto a encender de caridad todos los corazones (Bernardo María Amico, Vida de la Santa, libro IV, capítulo VII). Pues la vista de aquella Sangre, dice San Juan Crisóstomo, no puede menos que despertar sentimientos de amor («Con esta Sangre el alma se enciende», Homilía 61 De la sagrada participación de los misterios, al pueblo de Antioquía). Quien a tal vista permanece indiferente, quiere decir que tiene un corazón de piedra: si así no es el nuestro, hemos de rendir amor a quien por nosotros ha derramado toda su Sangre.
 
EJEMPLO
Santa Catalina de Génova, desde pequeñita, oraba siempre delante de la imagen de Jesús depuesto de la Cruz en el seno de su afligida Madre, y la consideración de esas llagas y de la Preciosa Sangre que de ellas manaba, la inflamó de tanto amor celestial, que despreciando las cosas terrenas quería hacerse monja; mas por su tierna edad, no fue admitida. Andando los años, sus padres la colocaron en matrimonio, y en este estado, por las grandes tribulaciones que hubo de sufrir, contrajo no leve enfermedad. Como le aconsejasen que abandonara su vida penitente a fin de recuperar la salud, así lo hizo, pero en vez de alivio, experimentó mayor molestia. Acudió enseguida a la presencia de un sacerdote y para remedio de sus males pidió confesarse. Haciendo lo cual, recibió de Dios tal conocimiento de la malicia de la culpa, que entre un mar de llanto y dolor, fue constreñida a exclamar: «Amor mío, no más pecados». Vuelta a casa se le apareció Jesús chorreando viva Sangre, y de tan indeleble manera, se grabó en su alma, que de allí en adelante no pudo ella en otra cosa pensar sino en Jesús bañado de Sangre; y cada objeto le parecía regado con la Sangre Preciosa. Mediante esos favores celestiales consiguió perfecta tranquilidad su corazón, y tanto se inflamó de amor divino que el fuego interior le translucía en el rostro. Tal amor, creciendo en ella cada vez más, la condujo a un alto grado de perfección. El año 1510, cayó enferma, fue arrebatada en éxtasis y cantando con voz dulcísima las últimas palabras de Jesús: «Señor, en tus manos encomiendo mi alma» se voló al santo paraíso (René François Rohrbacher, Historia Universal de la Iglesia, libro 83; y Breviario Romano, apéndice 22 de Marzo) ¡Oh muerte verdaderamente preciosa! ¡Oh cristiano, ama de veras también tú a la Preciosísima Sangre, y también tú tendrás la suerte de acabar tus días con una tan feliz muerte!
        
Se medita y se pide lo que se desea conseguir.
  
OBSEQUIO: Decid siete Gloria Patri a la Preciosísima Sangre de Jesucristo.
 
JACULATORIA: Sangre vertida con tanto amor, de afecto inflama mi corazón.
 
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Señor mío crucificado, ¿por qué estáis clavado en esa Cruz? Por amor mío. ¿Por qué vuestro cuerpo está todo dilacerado, traspasados con clavos los pies y las manos, y perforada de espinas la cabeza? Por amor mío. Sí, por amor mío os veo cubierto de Sangre de la cabeza a los pies. ¿Y quién soy yo para que tanto me améis? Una criatura vilísima, un ingrato que tanto os ha ofendido. ¡Y sin embargo Vos, sumo Dios, por mi os habéis reducido a tal estado! ¡Oh amor incomprensible, amor inmenso! ¿Y yo no me resuelvo aún a amaros? ¡Ah! Conmuévete al fin, ingrato corazón mío, y ama a quién te ha amado tanto: da todo tu amor a quién te ha dado toda su Preciosísima Sangre. Sí, amaros quiero Jesús mío, y amaros siempre en todo el resto de mi vida, para tener la suerte de amaros eternamente en el cielo. Amén.
  
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DIAS
¡Oh Corazón de mi amado Jesús, cargado con la pesada Cruz de mis culpas, coronado con las espinas de mis ingratitudes y llagado con la lanza de mis pecados! ¡Oh Jesús de mi vida! Cruz, espinas y lanza he sido para vuestro Corazón con mis repetidas ofensas: éste es el retorno con que, ingrato, he correspondido a las dulces y amorosas lágrimas de Belén y a la extrema pobreza en que por mi amor nacisteis; éste es el agradecimiento y recompensa que han tenido vuestros trabajos y vuestra Preciosísima Sangre derramada con tanto amor por la salud de mi alma; esta es la paga de aquella excesiva fineza que obrasteis en el Cenáculo, cuando, abrasado en caridad y encendido en divinas llamas, os quedasteis por mi amor sacramentado, buscando amante la bajeza de mi pecho para recreo de vuestra bondad. ¡Oh Jesús de toda mi alma! Parece que hemos andado a competencia los dos, Vos con finezas, yo con ingratitudes; Vos con un amor que no tiene igual, y yo con un menosprecio que no tiene semejante; Vos con tanto amor regalándome y dándome en el Sacramento la dulzura de vuestro Corazón y yo dándoos por la cara con la hiel de mis culpas. ¡Oh Corazón de mi amado Jesús! ¡Oh Jesús de mi corazón, piadosísimo en esperarme! Compadeceos de mi miseria y perdonadme misericordioso cuanto ingrato os he ofendido, concediéndome benigno que esas espinas con que os veo punzado saquen lágrimas de mi corazón contrito, con que llore mis repetidas ingratitudes, y por esas vuestras amorosas y dulces llagas, llagad y herid éste mi corazón con la dulce y ardiente flecha de vuestro amor, para que os ame y sirva, para que os alabe y bendiga, y después eternamente gozaros. Amén.
   
℣. Señor, nos redimisteis con vuestra sangre.
℟. Y nos habéis hecho un Reino para nuestro Dios.
   
ORACIÓN
Dios omnipotente y eterno, que habéis constituido a vuestro Hijo único Redentor del mundo y que quisisteis ser aplacado con su Sangre; te rogamos nos concedas que de tal modo veneremos el precio de nuestra salvación, y por su virtud seamos preservados en la tierra de los males de la presente vida, que nos regocijemos después con fruto perpetuo en los cielos. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

viernes, 24 de julio de 2020

MES DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO - DÍA VIGESIMOCUARTO

Compuesto en Italiano por el padre Massimiliano Maria Mesini CPPS y publicado en Rímini en 1884; traducido por un presbítero y publicado en Santiago de Chile en 1919, con aprobación eclesiástica.
   
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DIAS
¡Oh Sangre Preciosísima de vida eterna!, precio y rescate de todo el universo, bebida y salud de nuestras almas, que protegéis continuamente la causa de los hombres ante el trono de la suprema misericordia, yo os adoro profundamente y quisiera compensar, en cuanto me fuese posible, las injurias y ultrajes que de continuo estáis recibiendo de las creaturas humanas y con especialidad de las que se atreven temerariamente a blasfemar de Vos. ¡Oh! ¿Quién no bendecirá esa Sangre de infinito valor? ¿Quién no se sentirá inflamado de amor a Jesús que la ha derramado? ¿Qué sería de mí si no hubiera sido rescatado con esa Sangre divina? ¿Quién la ha sacado de las venas de mi Señor Jesucristo hasta la última gota? ¡Ah! Nadie podía ser sino el amor. ¡Oh amor inmenso, que nos ha dado este bálsamo tan saludable! ¡Oh bálsamo inestimable, salido de la fuente de un amor inmenso! Haced que todos los corazones y todas las lenguas puedan alabaros, ensalzaros y daros gracias ahora, por siempre y por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA VIGÉSIMOCUARTO
CONSIDERACIÓN: LA SANGRE DE JESÚS AVIVA NUESTRA ESPERANZA

I. El demonio al principio nos instiga a pecar con el pretexto de que la misericordia divina es infinita, y después del pecado nos empuja hacia la desesperación, mostrándonos como imposible que Dios nos perdone tan graves excesos. No nos dejemos vencer de tales engaños, que son la ruina de muchos, antes bien hagamos cuanto nos enseña San Juan: «Hijitos míos, dice, no pequéis, y si ya habéis pecado, arrepentidos volved a Dios; puesto que tenemos por abogado cerca de Él a Jesús mismo, que ha dado su Sangre por salvarnos» (I San Juan II, 1-2). Esta Sangre intercede por nosotros. ¿Qué podemos temer entonces? Si nos arrepentimos de corazón, es seguro el perdón.
  
II. Jesús nunca ha rechazado de sí al pecador arrepentido, sino que siempre como padre piadoso, ha abrazado al hijo pródigo. Más aún, cual amante pastor ha venido del cielo a la tierra en busca de la oveja descarriada, y ha derramado su Sangre por salvarla. Llenos, pues, de confianza, postrémonos a sus pies a llorar las culpas pasadas, aunque enormes e innumerables, seguros de que no nos ha de negar el perdón, quien no nos ha negado su Sangre.
  
III. «No pocas veces pone el demonio, aún en el corazón de los justos, vanos temores y desconfianzas acerca de su salvación eterna. Mas tales tentaciones luego se vencerán reflexionando sobre lo que dice San Pablo: “Justificados por la Sangre de Jesús, por la misma seremos salvados de la ira divina”» (San Buenaventura, Sobre San Lucas XXII, 44). ¿Cómo se puede dudar, dice San Agustín, de que Jesús nos quiere salvar, cuando para obtenernos el paraíso, ha muerto y ha derramado su Sangre? («Seguridad nos dio Dios, donde se derramó la Sangre del Señor». Comentario sobre la Epístola Primera del Apóstol San Juan). ¡Ah! Confiados prosigamos viviendo rectamente, que por los méritos de la Sangre Preciosa seguramente nos salvaremos.
 
EJEMPLO
El beato Santiago Bianconi de Bevagna, habiendo recibido de su madre dinero para que se mandara hacer un traje, lo gastó, en cambio, en adquirir un hermoso crucifijo; a cuyos pies pasaba largas horas, y los viernes la noche entera, meditando sus penas. Enfurecido el infierno, lo asaltó con terribles tentaciones, incitándolo a desesperar de la propia salvación; pero él, rezando ante su crucifijo, quedó victorioso. Como que la santa imagen, manando prodigiosamente Sangre del costado, lo roció todo, diciéndole: «Santiago, sea para ti esta Sangre señal segura de salvación». Por lo cual aquél vivió siempre amante de la Preciosa Sangre, y después que murió, mientras se le hacían los funerales, se oyó una voz que dijo: «No hay necesidad de sufragios, porque está en el Cielo» (Domingo María Marchese OP, Diario Dominicano, Vida del Beato, 22 de Agosto). Alma tentada del demonio a desesperarte, imita al beato Santiago en el amor a la Preciosa Sangre, y cesará en ti todo vano temor acerca de tu eterna salud.
        
Se medita y se pide lo que se desea conseguir.
  
OBSEQUIO: Haced alguna obra de misericordia a vuestro prójimo.
 
JACULATORIA: Dadme, Dios mío, al Cielo ir, la Sangre vuestra a bendecir.
 
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios mío, si vuelvo los ojos a mi vida pasada, la veo toda sembrada de pecados; si miro al presente mí conciencia, oh, qué reproches yo siento; si pienso en el futuro, oh, qué temor de nuevas caídas experimento, en razón de mi comprobada fragilidad: ¿qué esperanza puedo entonces abrigar de mi eterna salvación? ¡Ah, Sangre Preciosísima de mi Jesús, vos sois mi única esperanza! Aunque son grandes mis pecados, mucho más valéis Vos, que los habéis reparado por mí; si es extrema mi debilidad, vuestra potencia es suma; si son excesivas mis faltas, son de infinito valor vuestros méritos. Por Vos, pues, seguro del perdón, lloro y detesto mis pecados; y en Vos confiado, me propongo empezar y seguir una buena vida; después de la cual, mediante vuestros méritos, espero el premio eterno del Cielo, que con vuestra efusión me habéis obtenido. Amén.
  
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DIAS
¡Oh Corazón de mi amado Jesús, cargado con la pesada Cruz de mis culpas, coronado con las espinas de mis ingratitudes y llagado con la lanza de mis pecados! ¡Oh Jesús de mi vida! Cruz, espinas y lanza he sido para vuestro Corazón con mis repetidas ofensas: éste es el retorno con que, ingrato, he correspondido a las dulces y amorosas lágrimas de Belén y a la extrema pobreza en que por mi amor nacisteis; éste es el agradecimiento y recompensa que han tenido vuestros trabajos y vuestra Preciosísima Sangre derramada con tanto amor por la salud de mi alma; esta es la paga de aquella excesiva fineza que obrasteis en el Cenáculo, cuando, abrasado en caridad y encendido en divinas llamas, os quedasteis por mi amor sacramentado, buscando amante la bajeza de mi pecho para recreo de vuestra bondad. ¡Oh Jesús de toda mi alma! Parece que hemos andado a competencia los dos, Vos con finezas, yo con ingratitudes; Vos con un amor que no tiene igual, y yo con un menosprecio que no tiene semejante; Vos con tanto amor regalándome y dándome en el Sacramento la dulzura de vuestro Corazón y yo dándoos por la cara con la hiel de mis culpas. ¡Oh Corazón de mi amado Jesús! ¡Oh Jesús de mi corazón, piadosísimo en esperarme! Compadeceos de mi miseria y perdonadme misericordioso cuanto ingrato os he ofendido, concediéndome benigno que esas espinas con que os veo punzado saquen lágrimas de mi corazón contrito, con que llore mis repetidas ingratitudes, y por esas vuestras amorosas y dulces llagas, llagad y herid éste mi corazón con la dulce y ardiente flecha de vuestro amor, para que os ame y sirva, para que os alabe y bendiga, y después eternamente gozaros. Amén.
   
℣. Señor, nos redimisteis con vuestra sangre.
℟. Y nos habéis hecho un Reino para nuestro Dios.
   
ORACIÓN
Dios omnipotente y eterno, que habéis constituido a vuestro Hijo único Redentor del mundo y que quisisteis ser aplacado con su Sangre; te rogamos nos concedas que de tal modo veneremos el precio de nuestra salvación, y por su virtud seamos preservados en la tierra de los males de la presente vida, que nos regocijemos después con fruto perpetuo en los cielos. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

jueves, 23 de julio de 2020

MES DE LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO - DÍA VIGESIMOTERCERO

Compuesto en Italiano por el padre Massimiliano Maria Mesini CPPS y publicado en Rímini en 1884; traducido por un presbítero y publicado en Santiago de Chile en 1919, con aprobación eclesiástica.
   
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DIAS
¡Oh Sangre Preciosísima de vida eterna!, precio y rescate de todo el universo, bebida y salud de nuestras almas, que protegéis continuamente la causa de los hombres ante el trono de la suprema misericordia, yo os adoro profundamente y quisiera compensar, en cuanto me fuese posible, las injurias y ultrajes que de continuo estáis recibiendo de las creaturas humanas y con especialidad de las que se atreven temerariamente a blasfemar de Vos. ¡Oh! ¿Quién no bendecirá esa Sangre de infinito valor? ¿Quién no se sentirá inflamado de amor a Jesús que la ha derramado? ¿Qué sería de mí si no hubiera sido rescatado con esa Sangre divina? ¿Quién la ha sacado de las venas de mi Señor Jesucristo hasta la última gota? ¡Ah! Nadie podía ser sino el amor. ¡Oh amor inmenso, que nos ha dado este bálsamo tan saludable! ¡Oh bálsamo inestimable, salido de la fuente de un amor inmenso! Haced que todos los corazones y todas las lenguas puedan alabaros, ensalzaros y daros gracias ahora, por siempre y por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA VIGÉSIMOTERCERO
CONSIDERACIÓN: LA SANGRE DE JESÚS FUNDÓ LA IGLESIA Y LA SOSTIENE
I. Dios hizo dormir a Adán para sacarle una de sus costillas, y habiendo formado con ella a la mujer, semejante a aquél, se la dio por esposa. Igualmente, dice San Agustín, «habiendo Jesús inclinado la cabeza, murió en la Cruz, y de su costado abierto se formó una esposa, la Iglesia, con aquella última efusión de su Sangre (San Agustín. Ver la lección VII del oficio de la Preciosísima Sangre). La verdadera Iglesia es, por consiguiente, la que nació junto a la Cruz, en medio del luto y del dolor, y es en todo semejante a su sacrificado Esposo, de quien recibió en herencia persecuciones y trabajos (San Gregorio, Sobre el I libro de los Reyes, cap. I; Exposición lib. I). Pero así como Jesús resucitó glorioso de la muerte, así también la Iglesia saldrá gloriosa de las tribulaciones. El verla, por tanto, perseguida, no debe desanimarnos, sino más bien aumentar en nosotros el amor y respeto hacia ella, reconociéndola, en tal manera, por la única y verdadera esposa del Dios crucificado.
  
II. Excepto solo dos (Eleuterio y Dionisio), todos los otros 29 Papas de los tres primeros siglos, juntamente con millones de fieles, fueron bárbaramente muertos por la fe; pero tanta sangre no fue bastante a ahogar la Iglesia, que siempre se dilató y gloriosa sobrevivió. En cada siglo, hasta el presente, nuevas persecuciones se han sucedido para arruinarla; mas cuando se creía destruida, más vigorosa se ha erguido. Todas las furias del mundo y del Infierno no han logrado vencerla, ni la vencerán jamás. Jesús, que la redimió con su Sangre, dice San Bernardo, la sostendrá («Librará a su esposa, el que la redimió con su sangre». Epístola a Conrado, 244), volviéndola siempre victoriosa hasta la consumación de los siglos. Por esto nosotros, como hijos de tan excelsa madre, debemos ofrecer sin cesar esta Sangre, a fin de obtener la perseverancia de vivir hasta la muerte en su materno seno.
  
III. Dice San Pablo que Jesús oró con voz eficaz por la gloriosa resurrección de su cuerpo, y fue escuchado. Esta voz eficaz fue la efusión de su Sangre; nos lo asegura San Anselmo (Hebreos V, 7. (Ver la lección VI del oficio de la Oración en el Huerto). Su cuerpo, por el cual oró, no fue solo el real, sino también el místico, es decir, la Iglesia; tal afirma San Buenaventura («La Sangre corría por la tierra, para manifestar que oraba por la Iglesia». Sobre San Lucas XXII, 44). «Esta, pues, por los méritos de la Sangre Preciosa, ha sido siempre gloriosa»; agrega el mismo doctor seráfico (Suplemento sobre el Apocalipsis XII, 11). Demos, pues, siempre gracias al Señor por habernos hecho nacer en el gremio de la verdadera Iglesia, vuelta invencible en virtud de la efusión de su Sangre divina; y no nos avergoncemos jamás de aparecer como sus verdaderos hijos, antes venzamos todo respeto humano en el cumplimiento de nuestros deberes de cristianos y católicos.
 
EJEMPLO
El año 1290 un judío en París se apoderó de una hostia consagrada y comenzó a herirla; y viendo salir Sangre de las heridas, la puso en un vaso de agua, que luego se tiñó de Sangre. Habiéndola echado al fuego, de él salió ilesa, quedando suspendida en el aire, y apareciendo en ella un crucifijo. Ante tamaño prodigio, si bien el judío quiso morir obstinado; en cambio su mujer e hijos conocieron que la nuestra es la verdadera Iglesia, y entraron en su seno, recibiendo el Bautismo. La prodigiosa partícula fue llevada al tempo de San Juan en Gréve; y la casa en que Jesús había sido tan ultrajado, fue convertida en Capilla, para que allí fuera siempre honrado (René François Rohrbacher, Historia Universal de la Iglesia, libro 76). Honremos y bendigamos también nosotros al Dios Humanado, mostrándonos dignos hijos de la Iglesia, que él adquirió con su Sangre.
        
Se medita y se pide lo que se desea conseguir.
  
OBSEQUIO: Visitad a Jesús Sacramentado, rogando por las necesidades de la Santa Iglesia.
 
JACULATORIA: Viva la Sangre que ha defendido la Santa Iglesia todos los siglos.
 
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh divino Esposo de mi Madre la Iglesia!, volved sobre ella los misericordiosos ojos, mirad las tribulaciones que la afligen, las persecuciones de que es blanco, y libradla de las manos de sus enemigos, que anhelan su exterminio. Recordad que ha sido formada con Vuestra Sangre, que con Sangre la habéis adquirido, y dadle cada vez mas espléndido triunfo. Jesús mío, cuanto es cierto, según vuestra promesa, que de en medio de las persecuciones la Iglesia se levantará cada vez más bella y más gloriosa, otro tanto es incierta mi fidelidad hacia ella. ¡Oh! Cuánto debo andar temeroso de volverme hijo rebelde suyo, alejándome de su seno, como lo he merecido ya por mis pecados! ¡Ah!, no permitáis, amado salvador mío, que yo me separe de vuestra Iglesia, os lo pido por la Sangre vuestra, y por eso no me lo podéis negar. ¡Ea!, haced que yo viva siempre como devoto hijo suyo, y como tal yo muera. Amén.
  
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DIAS
¡Oh Corazón de mi amado Jesús, cargado con la pesada Cruz de mis culpas, coronado con las espinas de mis ingratitudes y llagado con la lanza de mis pecados! ¡Oh Jesús de mi vida! Cruz, espinas y lanza he sido para vuestro Corazón con mis repetidas ofensas: éste es el retorno con que, ingrato, he correspondido a las dulces y amorosas lágrimas de Belén y a la extrema pobreza en que por mi amor nacisteis; éste es el agradecimiento y recompensa que han tenido vuestros trabajos y vuestra Preciosísima Sangre derramada con tanto amor por la salud de mi alma; esta es la paga de aquella excesiva fineza que obrasteis en el Cenáculo, cuando, abrasado en caridad y encendido en divinas llamas, os quedasteis por mi amor sacramentado, buscando amante la bajeza de mi pecho para recreo de vuestra bondad. ¡Oh Jesús de toda mi alma! Parece que hemos andado a competencia los dos, Vos con finezas, yo con ingratitudes; Vos con un amor que no tiene igual, y yo con un menosprecio que no tiene semejante; Vos con tanto amor regalándome y dándome en el Sacramento la dulzura de vuestro Corazón y yo dándoos por la cara con la hiel de mis culpas. ¡Oh Corazón de mi amado Jesús! ¡Oh Jesús de mi corazón, piadosísimo en esperarme! Compadeceos de mi miseria y perdonadme misericordioso cuanto ingrato os he ofendido, concediéndome benigno que esas espinas con que os veo punzado saquen lágrimas de mi corazón contrito, con que llore mis repetidas ingratitudes, y por esas vuestras amorosas y dulces llagas, llagad y herid éste mi corazón con la dulce y ardiente flecha de vuestro amor, para que os ame y sirva, para que os alabe y bendiga, y después eternamente gozaros. Amén.
   
℣. Señor, nos redimisteis con vuestra sangre.
℟. Y nos habéis hecho un Reino para nuestro Dios.
   
ORACIÓN
Dios omnipotente y eterno, que habéis constituido a vuestro Hijo único Redentor del mundo y que quisisteis ser aplacado con su Sangre; te rogamos nos concedas que de tal modo veneremos el precio de nuestra salvación, y por su virtud seamos preservados en la tierra de los males de la presente vida, que nos regocijemos después con fruto perpetuo en los cielos. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.