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viernes, 14 de mayo de 2021

NOVENA EN HONOR A SAN ANDRÉS BÓBOLA, MÁRTIR

Novena dispuesta por el sacerdote J. M. A., y reimpresa en la Vida de los Santos de la Compañía de Jesús. Los Gozos fueron publicados en la segunda mitad del siglo XIX, sin autor conocido.
   
NOVENA A SAN ANDRÉS BÓBOLA, MÁRTIR DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS
   
      
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador y Redentor mío; me pesa sobremanera de haberos ofendido de pensamiento, palabra y obra, por ser Vos quien sois, y propongo firmemente nunca más pecar, esperando de vuestra infinita bondad y misericordia la gracia necesaria para enmendarme de todas mis culpas pasadas, apartarme de las ocasiones de volveros a ofender, y para perseverar en vuestro divino servicio hasta el fin de mi vida. Amén.
              
DÍA PRIMERO – 14 DE MAYO
Bienaventurado Andrés, invicto mártir y perfecto imitador de nuestro Redentor Jesucristo, que asistido de la divina gracia conseguiste de los cismáticos tantas victorias como heridas recibiste; dígnate ahora interceder por mí con el Todopoderoso que, además de coronarte de gloria en el cielo, conserva todavía incorrupto tu sagrado cuerpo. Alégale, pues, en mi favor en este día, primero de tu Novena, aquella santa libertad e intrepidez apostólica con que, afrentado y azotado por los enemigos de su santísimo Nombre, confesaste claramente que eras Sacerdote católico, y miembro de la Compañía de Jesús, y que así nunca jamás te separarías de la comunión con la Santa Sede, ni abrazarías las doctrinas condenadas por ella. Como no dudo que lo harás así, poderosísimo abogado y protector mío, espero que su Divina Majestad me dé por tus méritos y ruegos igual firmeza en la santa fe católica que profesé en el Bautismo, para que confesando siempre a Jesucristo en presencia de los hombres, por mi Dios, merezca que el mismo Señor me reconozca por siervo y discípulo suyo delante de nuestro Padre celestial. Amén.
    
Aquí se hará pausa para pedir al Señor la gracia particular que desea alcanzar el que hace esta Novena a San Andrés, en cuya honra se rezarán tres Padre nuestros y Ave Marías con un Gloria Patri, y se concluirá del modo siguiente:
       
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Amantísimo y amadísimo Jesús mío; escuchad benignamente las fervientes súplicas que os hace por mí, abominable pecador, vuestro fiel siervo y discípulo verdadero San Andrés, y por su vida apostólica y horrorosos tormentos con que la acabó, otorgadme la virtud especial que os pido en este día, y la gracia que solicito con esta Novena, si redunda en gloria vuestra y mi adelantamiento espiritual; y si no, dispensadme lo que fuere más conducente a mi bien temporal y eterno. Amén.
   
GOZOS
   
Pues hoy tus glorias cantar
Oyes al pueblo ferviente:
Tu fortaleza ejemplar,
Andrés, al débil aliente.
  
En noble cuna nacido
Feliz Polonia en su suelo
Te vio, cual hijo del cielo
De gracias mil prevenido;
Nunca el que empieza a brillar
Candor se oculta en tu frente:
Tu fortaleza ejemplar,
Andrés, al débil aliente.
   
Cual flor que vive entre espinas
Ileso en el mundo moras;
Del buen Jesús te enamoras,
Y por sus huellas caminas:
Vas en sus filas a hollar
A la orgullosa serpiente:
Tu fortaleza ejemplar,
Andrés, al débil aliente.
   
Eco divino, veloz,
Por Lituania corriendo,
Errores va destruyendo
Siempre inspirada tu voz;
Apóstol te hace aclamar
Tu ardor y celo eminente:
Tu fortaleza ejemplar,
Andrés, al débil aliente.
   
Tu fuerte brazo oprimir
Sabe a la negra herejía,
Que logra de día en día
El luto y llanto esparcir:
Aun tu fe quiere robar,
Mas vano su esfuerzo siente:
Tu fortaleza ejemplar,
Andrés, al débil aliente.
   
Vióse hasta el polvo abatido
Su orgullo por tu constancia,
Y dijo con arrogancia
Al hierro caerá rendido:
A los verdugos ligar
Tu cuerpo ordena inocente:
Tu fortaleza ejemplar,
Andrés, al débil aliente.
    
Del cruel suplicio el rigor
Acrecientan inhumanos,
Y en sus sacrílegas manos
Vibra el azote el furor:
Pues de él supiste triunfar,
Tu diestra, Andrés, nos sustente:
Tu fortaleza ejemplar,
Andrés, al débil aliente.
    
El manso pecho rasgado,
Puerta a tu amor queda franca;
Tu lengua, ¡cielos!, arranca
Satélite despiadado;
¿Mas quién habrá que loar
Hoy tu constancia no intente?:
Tu fortaleza ejemplar,
Andrés, al débil aliente.
   
Ya la segur afilada
Tu cuello santo divide,
Y el cuerpo el alma despide
Para la eterna morada;
Sube dichosa a gozar
De la gloria el puro ambiente:
Tu fortaleza ejemplar,
Andrés, al débil aliente.
   
Allí brillante corona
Ciñe tus sienes, y en tanto
De apóstol, mártir y santo
Tu fama el pueblo pregona;
Tu protección singular
El vicio y error ahuyente:
Tu fortaleza ejemplar,
Andrés, al débil aliente.
   
Pues hoy tus glorias cantar
Oyes al pueblo ferviente:
Tu fortaleza ejemplar,
Andrés, al débil aliente.
   
Antífona: Me probó el Señor como al oro, que pasa por el crisol.
℣. Padezco.
℟. Pero sin confusión mía.
   
ORACIÓN
Oh Dios, que coronaste con ilustre martirio al Bienaventurado Andrés, atormentado con multitud de suplicios, por la confesión de la verdadera fe; rogámoste hagas que constantes en la misma fe, padezcamos más bien las adversidades todas, que detrimento del alma. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
   
Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del altar, y la Virgen concebida sin pecado original.
      
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
      
DÍA SEGUNDO – 15 DE MAYO
Por la Señal…
Acto de Contrición.
    
Bienaventurado Andrés, invicto mártir y perfecto imitador de nuestro Redentor Jesucristo, que asistido de la divina gracia conseguiste de los cismáticos tantas victorias como heridas recibiste; dígnate interceder ahora por mí con el Todopoderoso, que además de coronarte de gloria en el cielo, conserva todavía incorrupto tu sagrado cuerpo. Alégale, pues, en mi favor en este día segundo de tu Novena la inaudita fortaleza con que sufriste ser arrastrado de dos cosacos montados a caballo, y golpeado y acuchillado de todos desde el despoblado en que te prendieron hasta la ciudad que ilustraste con tantos y tan gloriosos martirios. Hazlo así, poderosísimo abogado y protector mío, y no dudo que el Señor, en vista de estos tus padecimientos, reanimará mi confianza en su infinito poder, en las tribulaciones generales y particulares con que se digne visitarme, para que todo lo que padezca en esta vida temporal, lejos de servirme de confusión, me sirva de mérito para la vida eterna. Amén.
   
La Oración final y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA TERCERO – 16 DE MAYO
Por la Señal…
Acto de Contrición y Oración Inicial.
    
Bienaventurado Andrés, invicto mártir y perfecto imitador de nuestro Redentor Jesucristo, que asistido de la divina gracia conseguiste de los cismáticos tantas victorias como heridas recibiste; dígnate interceder ahora por mí con el Todopoderoso, que además de coronarte de gloria en el cielo, conserva todavía incorrupto tu sagrado cuerpo. Alégale, pues, en mi favor en este día tercero de tu Novena, el mal tratamiento de palabra y obra que te hizo el capitán de los cosacos por ser tú fiel ministro de Jesucristo y celoso predicador de su santo Evangelio, y la entereza y resolución con que te negaste a abjurar la fe católica, despreciando sus terribles amenazas. Yo creo que Dios nuestro Señor te oirá benigno, y me hará , por los insultos y heridas que recibiste en aquella ocasión, la gracia de caminar a la perfección propia de mi estado, sin torcer a la derecha ni a la izquierda, para llegar felizmente al deseado término de la gloria. Amén.
   
La Oración final y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA CUARTO – 17 DE MAYO
Por la Señal…
Acto de Contrición y Oración Inicial.
    
Bienaventurado Andrés, invicto mártir y perfecto imitador de Nuestro Señor Jesucristo, que ayudado de la divina gracia conseguiste de los cismáticos tantas victorias como heridas recibiste; dígnate interceder ahora por mí con el Todopoderoso, que, además de coronarte de gloria en el cielo, conserva todavía incorrupto tu sagrado cuerpo. Alégale en mi favor en este día cuarto de tu Novena los vehementísimos dolores que sentiste, cuando uno de tus encarnizados enemigos te sacó un ojo con la punta de su estoque porque los exhortabas a convertirse a nuestra santa fe católica, y otro de ellos cruzó tu venerable rostro con tan enorme bofetada, que te hizo saltar dos dientes y dejó bañada toda tu boca en sangre. Por estos agudísimos dolores suplica al Señor me dé el valor y espíritu que me falta para arrancar y echar lejos de mí, según me manda en el Evangelio, los miembros que son para mí ocasión de pecar, aunque los necesite como los ojos. Amén.
       
La Oración final y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA QUINTO – 18 DE MAYO
Por la Señal…
Acto de Contrición y Oración Inicial.
    
Bienaventurado Andrés, invicto mártir y perfecto imitador de Nuestro Señor Jesucristo, que ayudado de la divina gracia conseguiste de los cismáticos tantas victorias como heridas recibiste; dígnate interceder ahora por mí con el Todopoderoso, que, además de coronarte de gloria en el cielo, conserva todavía incorrupto tu sagrado cuerpo. Alégale en mi favor en este día, quinto de tu Novena, el largo y penoso martirio que te dieron los cosacos escarnificando inhumanamente tus brazos y piernas, y apretándote las sienes con juncos y mimbres retorcidos. Por estos acerbísimos tormentos te ruego, poderosísimo abogado y protector mío, me consigas de la divina bondad la gracia de despreciar las vanidades mundanas, y no ambicionar otra corona en la tierra que la de mi amantísimo Redentor, para que este ponga algún día sobre mi cabeza la corona de preciosa pedrería que adornará eternamente la tuya en el reino de los cielos. Amén.
   
La Oración final y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA SEXTO – 19 DE MAYO
Por la Señal…
Acto de Contrición y Oración Inicial.
   
Bienaventurado Andrés, invicto mártir y perfecto imitador de Nuestro Señor Jesucristo, que ayudado de la divina gracia conseguiste de los cismáticos tantas victorias como heridas recibiste; dígnate ahora interceder por mí con el Todopoderoso, que, además de coronarte de gloria en el cielo, conserva todavía incorrupto tu sagrado cuerpo. Alégale en mi favor en este día, sexto de tu Novena, el inexplicable martirio que te dieron los cismáticos desollándote primero la cabeza y luego las espaldas y pecho, y quemándote en seguida las carnes con teas encendidas. Por estos horrorosos tormentos que inventaron aquellos infieles para hacer mofa de los sagrados Ordenes y ornamentos sacerdotales, y que sufriste con una mansedumbre digna de un ministro de Jesucristo, alcánzame, poderosísimo abogado y protector mío, la gracia de que no desmientan jamás mis obras que soy, como católico, del linaje escogido, de una clase de sacerdotes reyes, de la gente santa, del pueblo de conquista, para publicar las grandezas de aquel que nos sacó de las tinieblas a su admirable luz. Amén.
   
La Oración final y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA SÉPTIMO – 20 DE MAYO
Por la Señal…
Acto de Contrición y Oración Inicial.
   
Bienaventurado Andrés, invicto mártir y perfecto imitador de Nuestro Señor Jesucristo, que fortalecido de la divina gracia conseguiste de los cismáticos tantas victorias como heridas recibiste; dígnate ahora interceder por mí con el Todopoderoso, que, además de coronarte de gloria en el cielo, conserva todavía incorrupto tu sagrado cuerpo. Alégale en mi favor en este día, séptimo de tu Novena, la increíble paciencia con que llevaste que te renovasen los enemigos de nuestra santa Religión todas tus llagas, restregándolas con paja menuda, que te hincasen cañas agudísimas entre las uñas de los dedos, y te desollasen una mano. Alcánzame , pues, de la divina bondad, por estos dolorosísimos tormentos, la virtud de la mortificación de la carne, para que viva yo en adelante una vida verdaderamente espiritual. Amén.
   
La Oración final y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA OCTAVO – 21 DE MAYO
Por la Señal…
Acto de Contrición y Oración Inicial.
   
Bienaventurado Andrés, invicto mártir y perfecto imitador de Nuestro Señor Jesucristo, que fortalecido de la divina gracia conseguiste de los cismáticos tantas victorias como heridas recibiste; dígnate ahora interceder por mí con el Todopoderoso, que, además de coronarte de gloria en el cielo, conserva todavía incorrupto tu sagrado cuerpo. Alégale en este día, octavo de tu Novena, el admirable heroísmo que manifestaste cuando sufriste la cruelísima amputación de tus orejas, mano y lengua, en odio de los ministerios sagrados que con apostólico celo desempeñabas. Suplica, pues, especialísimo protector mío, a su Divina Majestad, que me conceda por estos atrocísimos tormentos que padeciste con una perfecta resignación en su santísima voluntad, la gracia de no volver a abusar de mis sentidos. Amén.
   
La Oración final y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA NOVENO – 22 DE MAYO
Por la Señal…
Acto de Contrición y Oración Inicial.
   
Bienaventurado Andrés, invicto mártir y perfecto imitador de Nuestro Señor Jesucristo, que fortalecido de la divina gracia conseguiste de los cismáticos tantas victorias como heridas recibiste, dígnate ahora interceder por mí con el Todopoderoso, que, además de coronarte de gloria en el cielo, conserva todavía incorrupto tu sagrado cuerpo. Alégale en mi favor, especialísimo abogado mío, en este día, último de tu Novena, la encendida caridad que tanto le acreditaste no sólo con obras, sino con tantos padecimientos interiores y exteriores; y ruégale que por el menosprecio que de tu sagrada dignidad y persona hicieron los cismáticos arrojándote medio muerto en un lodazal y las dos furiosas cuchilladas con que abrieron tu bendita cabeza, coronando tu ilustrísimo martirio, no permita que las aguas de las tribulaciones que me envié, logren apagar en mi pecho la llama de su divino amo. Amén.
   
La Oración final y los Gozos se rezarán todos los días.

domingo, 17 de mayo de 2020

SAN ANDRÉS BÓBOLA, MARTIRIZADO POR LOS “ORTODOXOS”

Traducción del artículo publicado por Giuliano Zoroddu en RADIO SPADA.
    
La Compañía de Jesús ha dado a la Iglesia una gran multitud de Mártires, prevalentemente caídos sobre el campo de la propagación de la Fe Católica. Quienes en Japón o en América convirtiendo Paganos, quién en la herética Inglaterra (ver aquí), quién en el Atlántico por manos de priatas Hugonotes (ver aquí), quién finalmente en la Europa oriental en la santa misión de reconducir al rebaño romano “aquellos que están nublados por los errores de Focio” (Pío XI). Entre estos últimos va añadido el sacerdote Andrés Bóbola, polaco, proclamado beato por Pío IX el 30 de octubre de 1853 y canonizado por Pío XI el 17 de abril de 1938.
   
  
Corría el año 1657, y era el día decimosexto de Mayo, cuando el celantísimo Apóstol P. Andrés Bóbola cae en las manos de los enemigos Cosacos, los cuales aborreciendo a los Católicos, y particularmente a los Jesuitas, particularísimamente aborrecían y perseguíano a este Jesuita. Eran por ellos conocidas las sagradas misiones de él, que tanto impedían a su impiedad dañar las almas de los Lituanos, conservando en estos la Fe Católica y la esperanza del Paraíso, y así guardándola con la paciencia vencedores de tan bárbaras invasiones y horribles estragos. Sabían ellos que mientras el P. Andrés respirase entre los vivos, sería siempre impedido eficazmente para ellos el volver rebeldes contra la Iglesia Romana a aquellos pueblos, y ardían de rabiosa brama, e intentanan todos los más feroces modos de establecer en todo lugar el cisma y la irreligión. Por eso, cuanto más generoso el P. Andrés Bóbola se fatigaba por la salud de los Católicos en peligro, tanto más rabiosos los Cosacos intentaban todas las vías para tenerlo vivo en las manos. Y sucedió después de tenerlo como bramaban en la mañana del señalado día en cercanías de Janów.
      
Por muchos años cultivaba el P. Andrés Bóbola la verdadera Fe en toda la Lituania, y con las sagradas misiones confirmaba a los católicos ganando para Dios a muchos pecadores, y muchas veces reducía a la unidad de Roma no pocos cismáticos, y siempre desconcertaba las tentatias de los popes [sacerdotes] de Focio en dilatar o mantener el cisma. Y como él era asistido por el Espíritu Santo, que en él benedía el ejercicio de las apostólicas virtudes, complaciéndose incluso de conducir a madurez de copioso fruto la ciencia del mismo P. Andrés adquirida estudiando, así este se veía siempre vencedor en todos los encuentros. Con sus virtudes, especialmente de oración y mortificación, aterrorizaba la molicie y el divagamiento de los ministros cismáticos, los cuales no tenían armas que oponer a las suyas, tan seguras y felices. Con la doctrina aprendida estudiando, en el manejo de la cual se valía mucho de la lengua griega para defender y sostener la recta comprensión de los Santos Padres, confundía y volvía inútil y también evidentemente ridícula la falsa ciencia de sus maliciosos teólogos, o estúpidos repetidores de las falacias de los antiguos. Con la robusta predicación, animada en ello y valorada por todos los dones de naturaleza y de gracia, vencía y conquistaba a Dios todos los corazones de buen terreno. Con sencillas catequesis educaba por tiempo en la verdadera Fe a los niños; con las familiares instrucciones informaba a los adultos en la santidad de costumbres. Si conversaba con los grandes y magnates, los hacía Católicos, y protectores de la Iglesia Católica. Si se entretenía con los plebeyos, suabizaba los ánimos, y civilizándolos sabía conducirlos a la verdadera Fe. En todoas partes, en la noche y en el día, por sí o por otros compañeros suyos de apostolado, velaba, instruía, removía escándalos, impedía pecados, fomentaba la piedad y la inocencia. Y todo esto particularmente duró para obrar en todo aquel tiempo de sudores y fatigas que dedicó en la provincia Polesia.
   
Es la Polesia una provincia de la Lituania toda circundada de pantanos y turberas, que la hacen inaccesible y fuerte. Aquí los focianos cismáticos tenían establecida la principal sede de su cisma; y en grandísimo número acudiendo de todas partes, se preparaban una provincia toda suya para no ser nunca cazados mucho menos con la guerra. El Príncipe Adalberto Estanislao Radzivil, gran Canciller de Lituania, y hombre celantísimo de la Fe Católica, hizo frente a aquel inicuo designio para procurar que los católicos se conservasen, y que incluso se recuperase a los cismáticos. Por eso quiso fundar en Pinsk, feudo de su Casa, un Collgio de la Compañía de Jesús, dotándolo con principesca magnificencia, a fin que muchos e incansables operarios la habitasen, para consuelo de la Romana Fe en aquella provincia.
   
Y uno de aquellos muchos, y el más ferviente de todos fue el P. Andrés Bóbola, que operando, así como fue dicho, con apostólico celo, cuanto más se era ganado el odio de los cismáticos, tanto más de cualquiera distinto de nosotros, los cuales aunque se fatigaban también por el bien del alma a mayor gloria de Dios, él se daba a todo género de fatigas. Odiaban el Colegio plantado para defensa de la verdadera Religión en la provincia, odiaban aún más a cualquiera de los nuestros que de aquel Colegio salía a operar, pero sobre todo creer odiaban al P. Andrés. Y así como las almas perdidas y obstinadas en el mal llegan a hacer sacrificios para arruinarse eternamente, ¿qué no harían para conquistar la gracia de Dios y salvarse? Así los cismáticos naturales de la Polesia se empeñaban ene encontrar los públicos males de devastación por tener el contento de ver destruido el Colegio de Pinsk, muertos los Jesuitas, y destrozado al P. Andrés, de cuyo nombre hacían continuo lamento a los Cosacos devastadores. Puesto que no osaban por sí de quitarle la vida al Padre, por la memoria de la justa vindicta, que el regio fisco había tomado de la ciudad de Vicebsk en el asesinato de S. Josafat Arzobispo de Polack[1]; y por eso se contentaban casi desde el principio de las misiones de hacer desprecios cuanto más podían al Misionero. Entre los cuales es de callar esta continuada molestia por muchos años. Los muchísimos muchachos de la secta cismática, apenas veían aparecer al P. Andrés, gritaban “¡Sacerdote latino!”, y tomando de la tierra el fango y otras inmundicias, lanzaban lo recogido contra él, y huían para no oírlo hablar, porque estaban persuadidos de que fuese el seductor y la peste del pueblo, y que oyéndolo estarían muertos. De cuánta paciencia se hizo merecedor el P. Andrés puede suponerse del ensañamiento de los injuruadores, quee hacía las veces de una muerte, la cual no se atrevían a darle, aunque la bramasen.
  
Pertinaces por tanto en esta persecución durísima de molestias y de injurias hasta que tuvieron el designio de hacer morir por otras manos al santo Misionero, llegó el momento de hacerlo fácilmente víctima de los Cosacos, de aquí y allá espiándo los lugares y las acciones, supieron hacer de manera que en la villa de Peredylna por dos oficiales cosacos Zieleneski y Popenko acompañados por un grueso número de soldados, fuese preso y atado. Aquellos dos enemigos con su contingente le habían buscado inútimente dentro de Janów, donde les fue dada certeza de encontrarlo, y sin embargo lo lograron entre aquella ciudad y la villa de Peredylna, por otro mejor aviso que tuvieron, estaban más que antes rabiosos contra el Siervo de Dios, como malcontentos del retraso y de la fatiga. El anuncio fiel que los Cosacos venían a por él fue dado al P. Andrés cuando estaba en fervoroso agradecimiento por el Divino Sacrificio celebrado. Una carroza, aprestada a él por los Católicos para salvarlo con la fuga, lo acoge con su familiar Juan Domonowski, pero no fue esta providencia feliz como en Pinsk, donde los Católicos de allá pudieron retirar del Colegio a todas las víctimas, que la compañía cosaca se apresuraba, por nocturnas emboscadas, a sorprender de improviso.
   
El cochero, que transportaba al P. Andrés Bóbola, viéndose descubierto por los soldados cismáticos, antes que se aparecieran se fugó, dejando en medio de la vía al Padre y carroza y caballos y todo para salvar su vida. Entonces el P. Andrés desciende de la carroza, se arrodilla en la calle, y alzando al cielo los ojos y las manos, hizo oferta a Dios de sí mismo, repitiendo tantas veces un “Fiat volúntas Dei”. Presto se le acercan los Cosacos, temblando al rodearlo, y uno de aquellos feroces le da por primer saludo dos golpes de cimitarra en un brazo: mientras el P. Andrés, imitando el Divino Salvador, ruega y obtiene perdón para Domonowski, que enseguida fue Coadjutor en la Compañía de Jesús. Después de la primera herida, le levantan furiosamente de la tierra, lo despojan hasta dejarlo medio desnudo, y llevándolo a una vecina alambrada lo atan estrechamente a un árbol: y aquí lo flagelan con furiosa tempestad de golpes. Pacientemente el Siervo de Dios sostiene aquella flagelación. Cansados de azotarlo, lo descuelgan los Cosacos de aquella planta, y a su cuello le enrollan una soga, y lo anudan, y así asegurado, lo amarran de los pies, a dos caballos: y como el santo Religioso, ya todo golpeado, no podía caminar al paso de los dos caballos que le tenían en medio, por eso un peor Cosaco que estaba detrás suyo, con un hacha, a cada mínimo retardo, hiriéndolo sobre las espaldas lo obliga a proseguir. De tal feroz manera, después de media legua de tan doloroso camino, llevando el triunfo de tanta cacería, llegan a Janów y presentan el Mártir al capitán.
   
Ante este, que lo acoge todo rabioso en su corazón y en su cara, profesó la Fe Católica, y se nombró Sacerdote impaciente de morir en ella; y a sus amenazas de arrancársela con tormentos responde con apostólica exhortación a abjurar del cisma. Esta exhortación excitó el furor de aquel cruel, que de súbito aventó un mandoble de sable a la cabeza del P. Andrés. Un primer movimiento de natural defensa, que el Padre hizo alzando una mano en escudo, rompe el ímpetu de aquel golpe, pero la mano quedó casi totalmente separada del brazo, y el Mártir cae. Sobre él caído replicó el cismático capitán un golpe de sable, y le abre en el pie una grave herida. Después un soldado, viendo que el P. Andrés así extendido en tierra tenía fijos los ojos en no se qué parte, temió que invocase ayuda, y con la punta de un puñal le saca un ojo.
  
Estas tantas maneras de crueldad no son las primeras tías del martirio del P. Andrés. Había junto al camino un matadero: lo arrastraron lleno de heridas y bañado en sangre; lo despojan totalmente, y con antorchas ardientes le queman el pecho y los costados. No contentos con tanto, recurren los Cosacos a una de sus invenciones, en las cuales son famosos por su crueldad en destrozar a quien sea; y tomando ramas fresquísimas de roble o de otro árbol resistente, le envuelven de a una por vez una cantidad en torno a la cabeza del Mártir, y teniendo los extremos de ellas en sus manos las aprietan controciéndolas, y presionando de tal modo la cabeza, que las hacen penetrar hasta el hueso: y solamente se abstienen de hacer romper el cráneo para conservarlo vivo para replicarle más veces esto, o hacerle padecer otros tormentos.

El P. Andrés, saliendo siempre vencedor del tormento con la paciencia, y de las instigaciones para separarse de la Iglesia Católica predicándoles la necesidad de reunirse a ella para salvarse, siempre enciende más su desenfrenada rabia, que le da un nuevo martirio dolorosísimo. Aborrecen los Cosacos la tonsura eclesiástica, y no dejan nunca de hablar de ella con desprecio y con befa. Teniendo ahora en las manos un Sacerdote Jesuita, pasan a más que simples vituperios. En deshonra de la tonsura sacerdotal, y para desprecio del Sacerdote, dando mano a los cuchillos, le escalpan toda la cabeza hasta el cuello: y en escarnio de la santa unción, le desuellan igualmente las manos, a fin de que mejor, dicen, se unja con su propia sangre. Y en el tiempo de este ultraje, otros, para no estar ociosos, le dan bofetadas y puñetazos con toda fuerza, uno de los cuales le hace escupir dos dientes: aplaudiéndose en tanto mutuamente, y presumiendo cada uno de ser el más bravo de todos.
  
Pacientísimo cordero en tantos tormentos, el bendito Mártir no hablaba, sino para invocar los Nombres Santísimos de Jesús y de María, y para pedir a Dios perdón en pro de aquellos que así lo ultrajaban. Agregaba aún alguna invitación a arrepentimiento, dirigiéndolo a ellos cuando más lo trataban mal; mas con tales excesos parecía que aquellos se hubiesen cerrado el camino de corresponder a la divina misericordia. Heríanlo aún más, y queriéndolo, como impíamente motejaban, vestir de una bella casulla, lo tiraron sobre una mesa, y le desollaron toda la espalda, remachando después aquella horrible llaga con trozos de paja. Volviéndolo después a ponerlo acostado sobre aquella tabla, y atándolo fuertemente, se pusieron a enterrarle agudas puntas de caña entre la carne y las uñas por cada dedo de sus manos.
   
Y como el santo varón en cada momento sentía cómo salía el alma del cuerpo, y por eso recomendaba su espíritu a Dios Señor, e invocaba amorosamente los Nombres Santísimos de Jesús y de María, no supieron sufrir tanta paciencia y piedad, sino que le cortaron la nariz y los labios, y después pensaron el modo de cortarle también la lengua. En el inhumano consejo escogieron el modo más cruel: y fue abrirle una gran herida en la nuca, y por medio de ella desarraigarla halando con toda fuerza y rabia. Agonizante el bendito Mártir, y por tantas maneras de heridas, de laceraciones, de despellejamientos, y de llagas vertiendo sangre de todas partes de su cuerpo, fue arrojado a morir en medio de la calle sobre un terreno fétido y enfangado. Allí estuvo por varias horas agonizando, casi esperando morir asesinado, hasta que, viéndolo que no había muerto, el capitán de aquella mesnada le tiró un sablaso, y haciéndole gran herida en los costados le quitó la vida.
  
Esta beata muerte acaeció en el citado día 16 de Mayo del año 1657, miércoles infraoctava de la Ascensión; y por tormentos tan complicados y crueles que, según dijo quien responde a las observaciones del Promotor de la Fe en 1739, están más allá de todas las historias de nuestro siglo, el P. Andrés Bobola consiguió la corona de Mártir, entrando en el difícil campo con la más viva, extensa y sincera protesta de ser católico, venciendo a los verdugos pidiendo para ellos la luz de la Fe, y provocándolos a penitencia; y en su triunfo realizando las mismas palabras de Jesucristo: “in manus tuas comméndo spíritum meum”; lo que en tan largo combate, hasta que le fue posible, demostró pronunicando los Nombres dulcísimos de Jesús y de María.
 
FILIPPO STANISLAO DEL PACE SJ, Istoria breve del venerabil martire P. Andrea Bobola sacerdote professo della Compagnia di Gesù - Historia bree del venerable mártir P. Andrés Bobola sacerdote profeso de la Compañía de Jesús, Roma, 1833, págs. 21-27. (Al publicarlo, el texto fue ligeramente adaptado en el lenguaje).
 
NOTA
[1] Josafat Kuncewycz (Volodymyr-Volyns’kyj, 1580 – Vicebsk, 12 de noviembre de 1623), Arzobispo metropólita greco-católico de Polack asesinado por los cismáticos. Fue beatificado por Urbano VIII el 16 de mayo de 1643 y canonizado por Pío IX el 29 de junio de 1867. Sus reliquias fueron honorablemente puestas en el altar de San Basilio en la Basílica Vaticana. Su fiesta se celebra el 14 de noviembre.