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martes, 4 de agosto de 2026

EXTREMISTAS JUDÍOS ATACAN CATEDRAL ARMENIA DE SANTIAGO EN JERUSALÉN


Seis judíos (cinco menores de edad y un adulto) fueron detenidos por vandalizar mediante escupitajos y piedras la catedral armenia ortodoxa de Santiago en el Barrio Armenio de Jerusalén a la una de la mañana de antier domingo 2 de Agosto, informó The Jerusalem Post.
   
Según relató el reportero, ceramista y coordinador de medios del movimiento “Salvemos el Barrio Armenio” Kegham Balián en su cuenta de Twitter/X, los perpetradores arrojaron piedras también a la casa de una mujer que filmaba el evento, gritándola «¡Regresa adentro, hija de puta!».
  
Tras denuncias ciudadanas, la policía detuvo a los seis atacantes. Tres de ellos fueron liberados bajo restricciones, como la prohibición de entrar a la Ciudad Vieja durante quince días. A los otros, se les extendió la prisión preventiva por orden del tribunal de distrito de Jerusalén.

El Patriarcado Armenio de Jerusalén presentó una queja formal de los hechos, y dijo que estos ataques forman parte de un patrón de violencia anticristiana creciente en los últimos años, y exigió que el gobierno y la administración de justicia los trate como crímenes de odio que son, más allá de las manidas promesas de circunstancia por parte de la policía.
  
El Centro de Datos sobre la Libertad Religiosa informó el pasado Julio que en el segundo trimestre del 2026 se registraron 83 ataques contra los cristianos en Israel por parte de judíos ortodoxos, casi el doble que en el mismo período del año anterior. La mayoría de los ataques consistieron en escupitajos, agresión física y vandalismo a propiedad y símbolos cristianos por menores de edad instigados por sus padres, y ocurren en Jerusalén, entre la noche del viernes y la mañana del sábado o en festividades y actos públicos judíos.
 
La actual catedral armenia de Santiago fue construida en el siglo XII en el lugar donde fue decapitado Santiago el Mayor, y fue la primera sepultura de Santiago el Menor antes de su traslación a la basílica de los Santos Doce Apóstoles en Roma.

lunes, 3 de agosto de 2026

INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y LA REINTERPRETACIÓN MODERNISTA DE LA HISTORIA CATÓLICA

Traducción del artículo del padre Thomas John Ojeka.
   
Tras haber entrenado las mentes para aceptar la ambigüedad, los modernistas advierten ahora, a través de su comandante en jefe, que la ambigüedad es peligrosa. Lo que la IA hace o pretende hacer, los modernistas ya lo han hecho espiritualmente durante décadas, reivindicando el nombre católico y fingiendo enseñar con autoridad católica.

Prólogo: Un párrafo de especial interés
Muchos entusiastas del aggiornamento modernista han publicado artículos promocionales en alabanza de la primera supuesta encíclica del Imitador de León, Magnífica Humanitas.
  
En conjunto, demuestran cómo los puntos clave giran abrumadoramente en torno a la antropología, la ética natural y la civilización cotidiana, y menos en torno a lo sobrenatural del hombre y su fin último.
   
Cuando se habla de Cristo, se le presenta principalmente como el modelo de la auténtica humanidad y la comunión relacional. Si bien hay algo de verdad en esto, el énfasis es meramente existencial y personalista, más que profundamente redentor, sacrificial o dogmático. La Cruz se presenta más como una lección de autenticidad humana que como la satisfacción ofrecida por el pecado y el medio de redención sobrenatural.
   
Mientras tanto, los temas centrales del documento revelan una serie de profundas ironías:
  • Tras haber entrenado las mentes para aceptar la ambigüedad, los modernistas advierten ahora que la ambigüedad es peligrosa.
  • El documento también advierte que la IA podría convertirse en una herramienta para nuevas formas de esclavitud: dominación sutil mediante datos, control del pensamiento y manipulación del comportamiento humano. Esta preocupación está justificada.
  • Pero guarda un extraño silencio sobre una esclavitud más profunda que ya está en marcha: la esclavitud del indiferentismo modernista.
De hecho, lo que la IA hace o pretende hacer tecnológicamente [verdad fluida, realidad a medida, consenso fabricado], los modernistas ya lo han hecho espiritualmente durante décadas, mientras se aferraban al nombre católico y fingían enseñar con autoridad católica.
   
Ahora, en medio de sus prioridades mundanas características del aggiornamento modernista, un párrafo en particular del documento ha recibido una atención excepcional debido a su apelación a las sensibilidades panafricanas: el párrafo 176. A la luz de este infame párrafo, leemos frases como:
  • «El Papa León pide disculpas por el papel histórico de la Iglesia en la esclavitud».
  • «El Papa León XIV ofrece una disculpa histórica por el papel del Vaticano en la legitimación de la esclavitud».
  • «Tuvieron que transcurrir dieciocho siglos para que se reconociera explícitamente su total incompatibilidad con la esclavitud».
  • «El Papa León ha reforzado la credibilidad moral de la Iglesia con esta admisión y disculpa».
  • «Tras décadas de activismo, los negros recibieron una disculpa largamente esperada del Papa León XIV por el papel de la Iglesia Católica en el comercio transatlántico de esclavos».
Los titulares revelan la premisa subyacente al discurso: La verdad moral avanza históricamente.
  
De este modo:
  • La Iglesia medieval es moralmente inferior,
  • La era moderna es moralmente superior,
  • La conciencia ética actual juzga el pasado.
Esto es fundamentalmente incompatible con la comprensión católica tradicional de que:
  • La revelación está completa,
  • La verdad es perenne,
  • La doctrina se desarrolla orgánicamente pero no muta,
  • La Iglesia es maestra de las naciones, no alumna de la modernidad secular.
La precisión y la distinción son esenciales. La cuestión no radica en si existieron abusos en la historia, pues sin duda existieron; sino en si se puede presentar a la propia Iglesia como moralmente “tardía” en el descubrimiento de la verdad, como si la revelación divina requiriera siglos de evolución ética antes de volverse inteligible.

Esta implicación atenta directamente contra la doctrina católica relativa a la indefectibilidad y la asistencia divina concedida a la Iglesia. Por ello, es necesario analizar este párrafo en particular para brindar la claridad necesaria a las personas de buena voluntad.

EL PÁRRAFO QUE SUSCITA ESPECIAL PREOCUPACIÓN

El texto dice lo siguiente:
«La Iglesia, a medida que su doctrina fue madurando, fue tomando conciencia, progresivamente, de la gravedad de estas realidades. Es cierto que los acontecimientos del pasado no pueden juzgarse de forma ahistórica, como si todos los criterios que se han ido madurando con el tiempo hubieran estado siempre disponibles. Sin embargo, no podemos negar ni minimizar el retraso con el que la Iglesia y la sociedad condenaron el flagelo de la esclavitud. Si en la Antigüedad y en la Edad Media muchas personas e instituciones eclesiásticas tuvieron esclavos, ya en la Edad Moderna la Sede Apostólica romana, instada por las peticiones de los soberanos, intervino en varias ocasiones para regular y legitimar las modalidades de sometimiento y, en algunos casos, de reducción a la esclavitud de los “infieles”. Hubo que esperar hasta el siglo XIX para encontrar una condena formal, absoluta y universal de la esclavitud, en particular con León XIII. Esto constituye un claro ejemplo de los progresos de la Iglesia en la comprensión de las verdades perennes de la Revelación que ella custodia. Aunque no encontramos homogeneidad en la cuestión en sí —habiendo tolerado durante mucho tiempo la esclavitud y llegando sólo posteriormente a condenarla de manera absoluta—, existe una continuidad a lo largo de toda la historia en cuanto a la convicción acerca de la dignidad de todo ser humano, creado a imagen de Dios, aunque sin haber logrado, en dieciocho siglos, explicitar de manera oficial la total incompatibilidad de la esclavitud con dicha dignidad. Se trata de una herida en la memoria cristiana a la que no podemos considerarnos ajenos. Es inevitable sentir un profundo dolor al considerar el enorme sufrimiento y humillación que la esclavitud ha significado para tantas personas, en contraste con la dignidad sin límites de cada una de ellas, amadas infinitamente por el Señor. Por eso, en nombre de la Iglesia, pido sinceramente perdón» (Magnífica Humánitas, párrafo 176).

La tesis central del párrafo
El párrafo plantea esencialmente cinco afirmaciones principales:
  1. La Iglesia fue evolucionando gradualmente en su postura moral respecto a la esclavitud.
  2. Las épocas anteriores carecían de los criterios morales que adquirieron las generaciones posteriores.
  3. La Iglesia toleró o legitimó la esclavitud durante siglos.
  4. La condena universal surgió recién en el siglo XIX.
  5. Por lo tanto, la Iglesia debe pedir perdón por su fracaso histórico.
Cada uno de estos puntos debe distinguirse cuidadosamente.

Primera distinción: La esclavitud no es una única realidad.
El mundo moderno comete una falacia histórica constante: Considera que todas las formas de servidumbre históricas son moralmente idénticas a la esclavitud racial propia del comercio moderno de esclavos en el Atlántico.

Esto es falso.

Históricamente, la palabra “esclavitud” abarcaba condiciones radicalmente diferentes.

A. Servidumbre doméstica antigua
En la antigüedad muchos “esclavos”:
  • Poseían propiedades,
  • Recibían educación,
  • Ocupaban cargos administrativos,
  • Podían comprar su libertad,
  • A menudo vivían mejor que los campesinos libres.
Esto no convierte la esclavitud en algo ideal. Pero significa que la servidumbre antigua no puede equipararse simplemente con la deshumanización industrializada moderna.

B. Servidumbre penal o por deudas
Surgieron algunas formas de servidumbre:
  • de la guerra,
  • castigo penal,
  • deuda,
  • o dependencia contractual voluntaria.
Históricamente, la Iglesia toleró ciertas formas de estos acuerdos bajo estrictas limitaciones morales.

C. Esclavitud racial de bienes muebles
Lo que surgió posteriormente en algunas partes del mundo colonial, especialmente la esclavitud perpetua basada en la raza que reducía a los hombres a ganado comercial, fue algo mucho más brutal y moralmente desordenado.

Los católicos tradicionalistas deben distinguir estas realidades en lugar de reducir toda la historia a una sola categoría cargada de emotividad.

El modernismo se nutre de la desaparición de las distinciones.

La teología católica depende de hacerlas.

¿Descubrió la Iglesia la dignidad humana de forma gradual?
Aquí reside el problema teológico más grave.

En este párrafo, el imitador modernista de León sugiere con fuerza que la Iglesia solo despertó lentamente a la dignidad del hombre a través de la evolución histórica. Pero la doctrina católica tradicional enseña lo contrario.

La Iglesia no descubrió la dignidad humana en el siglo XIX. La enseñó desde sus inicios porque la recibió de la Revelación divina.

Desde la antigüedad la Iglesia proclamó que:
  • El hombre es creado a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:27),
  • Cada alma posee un destino inmortal,
  • Cristo murió por todos los hombres,
  • El bautismo trasciende la raza y la condición social,
  • Los amos están obligados por la justicia hacia los sirvientes,
  • La crueldad es pecado,
  • Ningún ser humano puede ser tratado como una simple cosa.
Así enseña el Apóstol San Pablo: «Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre… porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.» (Gálatas 3:28).

Y de nuevo: «Amos, traten a sus siervos con justicia e igualdad.» (Colosenses 4:1).

Estos principios fueron revolucionarios en el mundo pagano, donde a menudo se consideraba a los esclavos jurídicamente como instrumentos en lugar de personas con un destino sobrenatural igualitario.

El cristianismo no comenzó predicando la revolución social, sino transformando los fundamentos morales de la civilización misma.

Esa distinción es crucial.
  
Santo Tomás de Aquino sobre la esclavitud
Santo Tomás de Aquino trató la esclavitud con meticulosa precisión metafísica y jurídica.

En la Suma Teológica (parte I, cuestión 96, art. 4.º), Tomás de Aquino enseña que, según el orden original de la creación anterior al pecado, el hombre no fue creado para la servidumbre. El hombre, como criatura racional, está naturalmente orientado hacia la libertad, no hacia la dominación como un instrumento brutal.

Sin embargo, tras la Caída, podrían surgir formas de servidumbre dentro de la sociedad humana caída con fines de orden, castigo o utilidad social.

Asimismo, en la Suma Teológica (parte II-IIæ, cuestión 57, art. 3.º), explica que la esclavitud no pertenece al derecho natural primario, sino al jus géntium, el derecho de gentes; es decir, una institución jurídica humana tolerada dentro de las condiciones caídas de la historia.

Esta es una distinción crucial.

Santo Tomás de Aquino no enseña que algunos hombres son intrínsecamente infrahumanos. Al contrario, todos los hombres poseen por igual una naturaleza racional y llevan la imagen de Dios.
  
Siguiendo a San Agustín, el Aquinate entiende la esclavitud principalmente como una consecuencia del pecado y del desorden social, y no como parte del designio primordial de Dios para la humanidad.

Así, la teología católica tradicional siempre se distinguió entre:
  • la dignidad ontológica de la persona,
y
  • la condición civil o jurídica en la que pueda existir esa persona.
Al igual que en los debates modernos seculares, los modernistas eclesiásticos también suelen difuminar estas distinciones.

El verdadero significado del desarrollo doctrinal
Una comprensión genuinamente católica del desarrollo doctrinal significa:
  • Articulación más clara,
  • Aplicación más completa de los principios perennes, y
  • Una condena más precisa de los abusos.
No significa:
  • Que la Revelación esté en evolución,
  • La Iglesia despierta moralmente de siglos de oscuridad, o
  • Que el cristianismo aprenda la dignidad humana del liberalismo moderno.
Esa idea es evolucionismo modernista.

Cuando papas posteriores condenaron con mayor claridad las formas cada vez más brutales y racializadas de esclavitud, esto representó desarrollo en la aplicación, no el descubrimiento de una verdad moral previamente desconocida.

Los principios ya estaban incorporados en:
  • El Génesis,
  • El Evangelio,
  • La teología patrística,
  • La filosofía escolástica, y
  • La doctrina sacramental.
De hecho, la civilización moderna heredó su concepto de dignidad humana universal en gran medida de la metafísica cristiana.

La ironía es profunda: El liberalismo moderno condena con frecuencia al cristianismo utilizando categorías morales que el propio cristianismo legó al mundo.

El error de juzgar la Cristiandad con los criterios de la modernidad liberal.
El párrafo afirma, y ​​con razón, que «Los acontecimientos del pasado no pueden juzgarse de forma anacrónica».
  
Sin embargo, casi de inmediato procede a comparar la cristiandad con el vocabulario moral de la modernidad liberal.
   
Esta contradicción no es casual. Refleja un método de distracción claramente modernista: rechazar verbalmente el anacronismo mientras se somete, en la práctica, la historia católica a los estándares ideológicos modernos.

El hombre moderno juzga habitualmente la cristiandad medieval a través de lentes ajenas a la época misma:
  • El igualitarismo ilustrado,
  • El individualismo liberal,
  • Las nociones seculares de derechos autónomos, y
  • Un sentimiento humanitario poscristiano desvinculado del Evangelio.
En este marco, la Cristiandad no se considera una civilización orientada hacia el reinado de Cristo y la salvación de las almas, sino un intento fallido de democracia moderna. De este modo, se falsea todo el orden histórico.

El resultado es un tribunal moral profundamente selectivo:
  • Los imperios paganos son “productos de su tiempo”,
  • Las atrocidades revolucionarias se excusan como “necesidad histórica”,
  • El colonialismo secular se contextualiza,
  • Las masacres comunistas se relativizan,
  • Sin embargo, solo la cristiandad es convocada sin cesar ante el tribunal del sentimiento liberal moderno.
Así, se recuerdan las Cruzadas mientras se minimiza la expansión islámica. Se denuncia la Inquisición mientras se romantiza el terror revolucionario. Los castigos medievales se presentan como bárbaros, mientras que la matanza mecanizada moderna, el aborto y la tiranía ideológica se tratan como desafortunados excesos del progreso.

Esta indignación selectiva revela algo más profundo: la modernidad no se limita a criticar a la cristiandad por fallos particulares; le molesta el principio mismo de una sociedad públicamente sujeta a Jesucristo y a su Iglesia.

Por lo tanto, un católico debe rechazar este marco histórico distorsionado. Ciertamente, existieron pecados y abusos individuales dentro de las sociedades cristianas, pues la Iglesia siempre ha tenido pecadores. Pero la cristiandad debe ser juzgada según sus propios principios sobrenaturales, objetivos y circunstancias históricas; no según los dogmas de la modernidad liberal, que surgieron de una civilización que ya había abandonado a Cristo.

En efecto, una de las grandes ironías de la modernidad es esta: El mundo moderno toma prestados muchos de sus instintos morales del cristianismo, al tiempo que condena la misma civilización cristiana que los engendró.

¡Qué comedia tan triste!

La Sede Apostólica y la “legitimación” de la esclavitud
Otra distinción necesaria: Las intervenciones papales en materia de esclavitud fueron a menudo respuestas jurídicas o políticas a realidades geopolíticas complejas.

Esto no significa que la Iglesia enseñó la esclavitud como un ideal, o que aprobaba dogmáticamente la explotación racial.

Numerosos documentos papales condenaban los abusos contra los pueblos indígenas. De hecho, León XIII, en «In Plúrimis», ofrece un testimonio en el que invoca explícitamente a sus predecesores para demostrar que la Iglesia llevaba mucho tiempo conteniendo, condenando y combatiendo la esclavitud, tanto en principio como en la práctica.
  • Papa Eugenio IV (Sicut Dudum, 1435): Condena la esclavitud de los cristianos recién convertidos y ordena su liberación inmediata bajo pena de excomunión. No se trata de una mera desaprobación, sino de un juicio moral coercitivo.
  • Papa Pablo III (Sublimis Deus, 1537): Declara que los pueblos indígenas son plenamente humanos, capaces de tener fe e injustamente esclavizados. Una afirmación doctrinal de la dignidad humana frente a la esclavitud racializada.
  • Papa Urbano VIII (Commissum Nobis, 1639): Prohíbe la esclavitud de los pueblos indígenas y refuerza las censuras previas. Se trata de continuidad y aplicación, no de novedad.
  • Papa Benedicto XIV (Immensa Pastorum, 1741): Reprende la opresión y la esclavitud vinculadas a la explotación colonial. Su aplicación moral se está ampliando al abuso sistémico.
  • Papa Pío VII (Congreso de Viena, 1815): Insta a la abolición del comercio de esclavos mediante la diplomacia. El papado actúa en el ámbito internacional contra la esclavitud.
  • Papa Gregorio XVI (In Supremo Apostolatus, 1839): Condena explícitamente la trata de esclavos y prohíbe la participación católica. Una denuncia clara y universal de este comercio.
  • El Papa Pío IX mantiene y refuerza estas condenas.
La enseñanza se conserva, no se redescubre.

La realidad histórica en torno a las condenas papales de la esclavitud injusta, el secuestro y la crueldad es compleja y presenta aspectos diversos.

Las narrativas modernistas lo simplifican en: «La Iglesia apoyó la esclavitud hasta que la moral moderna la corrigió».

Es fácil ver que se trata de una propaganda secular deplorable y no de historia católica seria.

Mientras tanto, uno de los hechos más ignorados en las condenas modernas de la cristiandad es la inmensa labor realizada por las órdenes religiosas católicas para el rescate y la liberación de esclavos. Órdenes como los Mercedarios y los Trinitarios fueron fundadas con la aprobación papal precisamente para redimir a los cautivos, a menudo ofreciendo sus propias vidas a cambio de cristianos encarcelados y esclavizados.

Durante siglos de conflicto en el Mediterráneo y más allá, innumerables sacerdotes, monjes y frailes agotaron los recursos de la Iglesia para liberar a esclavos del cautiverio musulmán y otras formas de servidumbre. Sin embargo, los relatos modernos rara vez mencionan estas heroicas obras de misericordia. Los pecados de la Iglesia, aunque falsamente imputados, se repiten sin cesar; sus sacrificios, en cambio, se entierran silenciosamente. Esta memoria selectiva no ilumina la historia: la distorsiona.

El papa León XIII y el siglo XIX
El párrafo invoca al Papa León XIII como si el siglo XIX hubiera marcado el momento en que la Iglesia finalmente “alcanzó” la verdad moral respecto a la esclavitud. Pero este planteamiento es profundamente engañoso.

Como ya se ha demostrado, sin duda las condenas papales se volvieron más explícitas y universales en su tono durante ese período. Sin embargo, la explicitud no es lo mismo que la invención doctrinal.

El siglo XIX fue testigo de la expansión de formas de esclavitud caracterizadas por:
  • La explotación industrial a una escala sin precedentes,
  • Teorías racistas disfrazadas de ciencia,
  • El tráfico comercial colonial de poblaciones enteras, y
  • La deshumanización sistemática impulsada por la maquinaria económica moderna.
Lo que antes existía en formas jurídicas más localizadas se transformó en vastos sistemas ideológicos y comerciales de degradación humana. El mundo moderno mecanizó la crueldad.
   
Ante estos acontecimientos, la Iglesia habló con creciente precisión y urgencia. Pero esto no se debía a que la revelación divina hubiera madurado repentinamente tras dieciocho siglos de vacilación moral. Más bien, los principios perennes ya contenidos en el Apocalipsis se estaban aplicando de forma más explícita a las nuevas circunstancias históricas.

La distinción es crucial.

La Iglesia no «descubrió» la dignidad humana en el siglo XIX. Siempre había enseñado que el hombre fue creado a imagen de Dios, redimido por Cristo y destinado a la unión sobrenatural con Él. De estas verdades emanan los principios morales que condenan la degradación de la persona humana.

Así pues, cuando papas posteriores condenaron la esclavitud moderna con mayor claridad, no estaban corrigiendo el Evangelio ni superando la sabiduría moral de siglos anteriores. Simplemente estaban desarrollando las implicaciones de verdades que ya habían sido confiadas a la Iglesia desde sus inicios.

Esto es un auténtico desarrollo doctrinal: una aclaración orgánica sin mutación de principios.

Sin embargo, la narrativa modernista defendida por el Imitador de León propone sutilmente algo mucho más radical: que la propia Iglesia era moralmente deficiente hasta que fue iluminada por la conciencia humanitaria moderna.

Esa sugerencia trastoca por completo la comprensión católica de la Revelación y la Tradición. Transforma a la Iglesia, de maestra con ayuda divina, en una institución histórica gradualmente educada por la civilización secular.

Ante esta distorsión modernista, los católicos deben insistir en la distinción necesaria: El crecimiento en la aplicación explícita no es una evolución de la verdad misma. La bellota se convierte en roble; no se convierte en otra especie.

La peligrosa fórmula modernista: «La Iglesia aprendió de la historia». Este es el verdadero peligro teológico.

La teología modernista reemplaza sutilmente la Revelación divina con la conciencia histórica.

Trata la doctrina casi como si fuera una conciencia social en constante evolución.

Así pues, la Iglesia se presenta como:
  • Moralmente inmadura en la antigüedad,
  • Progresivamente iluminada a través de la experiencia histórica, y
  • Finalmente, se llegó a la ética humanitaria moderna.
Esto socava la confianza en:
  • La perfección de la Revelación,
  • La constancia de la doctrina católica, y
  • La dirección divina de la Iglesia.
La teología católica tradicional enseña, en cambio, que:
  • La Revelación concluyó con los Apóstoles,
  • La doctrina puede profundizarse en su expresión, pero la Verdad misma no evoluciona.
La Iglesia puede explicarlo. Ella no se reinventa moralmente.

«Una herida en la memoria cristiana»
Esta expresión proviene de un lenguaje penitencial característico del modernismo.

Ciertamente, los cristianos han pecado. Ciertamente, se han cometido injusticias.

Pero los modernistas hablan como si la propia Iglesia fuera moralmente culpable como institución defectuosa, en lugar de distinguir entre la doctrina divina y los miembros pecadores.
   
La teología católica hace esta distinción con mucho cuidado.

La Iglesia es santa porque:
  • Su Fundador es santo,
  • Su doctrina es santa,
  • Sus sacramentos son sagrados.
Sus miembros pueden ser pecadores.

La retórica modernista y secular desdibuja esta distinción y habla de “la Iglesia” casi como una criminal histórica colectiva que necesita una disculpa perpetua ante el mundo moderno.

Esto se hace para dañar el prestigio católico y debilitar la confianza en la constitución divina de la Iglesia.

La obsesión modernista con la culpa católica
Otra característica llamativa de la mentalidad modernista es su persistente fijación en la culpa católica. Ciertos temas históricos son continuamente puestos bajo un foco acusatorio:
  • las Cruzadas,
  • la Inquisición,
  • esclavitud,
  • expansión colonial,
  • actividad misionera,
  • estados confesionales.
Estos temas se repiten sin cesar como acusaciones morales contra la propia civilización católica.

Sin embargo, la selectividad resulta reveladora.

Las mismas voces que hablan incesantemente sobre los pecados de la cristiandad a menudo mantienen una curiosa moderación respecto a: 
  • La barbarie y crueldad ritual del paganismo,
  • Los sistemas masivos de esclavitud islámica que se extienden a lo largo de los siglos,
  • La violencia exterminadora del comunismo ateo,
  • Las masacres revolucionarias nacidas de la ideología secular,
  • El imperialismo y explotación económica liberal,
  • La matanza industrializada del aborto,
  • La industria mundial de la pornografía,
  • La destrucción del matrimonio y la vida familiar, y
  • Los regímenes modernos construidos explícitamente sobre la base del ateísmo.
El desequilibrio es demasiado sistemático como para ser accidental.

La cuestión no radica en si los católicos reconocen los abusos históricos. Los católicos comprometidos no niegan la pecaminosidad humana a lo largo de la historia. La Iglesia siempre ha reconocido que sus hijos pueden traicionar las verdades que enseña. Sin embargo, el modernismo aborda la historia con un enfoque completamente distinto: no la purificación a través de la verdad, sino la reconciliación con el espíritu de la época mediante la autoacusación perpetua.

Por lo tanto, la civilización católica histórica queda permanentemente en el banquillo de los acusados, mientras que la civilización secular moderna asume el papel de juez moral.

Esta inversión conlleva enormes consecuencias psicológicas.

Un pueblo al que se le enseña a considerar su propia civilización principalmente a través del prisma de la culpa perderá gradualmente el instinto de preservación. Así, los católicos se convierten en:
  • Avergonzados de la Cristiandad,
  • Avergonzados de la autoridad católica,
  • Avergonzados del celo misionero,
  • Avergonzados de la jerarquía,
  • Avergonzado de la certeza moral,
  • Avergonzados incluso de la sola idea de una civilización públicamente orientada hacia Cristo.
El resultado es una parálisis civilizatoria.

Una sociedad privada de confianza histórica no puede defender sus instituciones, transmitir su cultura ni resistir ideologías hostiles. Una vez que una civilización aprende a despreciar sus propios fundamentos, la rendición es solo cuestión de tiempo.

Por eso, el tratamiento modernista de la historia nunca es meramente académico. Tiene una función pedagógica. Adiestra a los católicos para que vean el orden secular moderno como moralmente ilustrado, y la época de la civilización católica como fundamentalmente opresiva e inferior.

En ese contexto, el arrepentimiento deja de significar la conversión a Cristo y se convierte, en cambio, en una sumisión ideológica a la modernidad.

Conclusión católica tradicional apropiada
Una postura católica tradicional equilibrada afirmaría:

Puntos verdaderos
  • En la historia se han producido graves abusos.
  • Los cristianos a veces fallaban moralmente.
  • Ciertas formas de esclavitud eran profundamente contrarias a la caridad y la justicia cristianas.
  • Las condenas explícitas se fueron desarrollando con el tiempo.
Pero también:
  • La Iglesia siempre enseñó la dignidad humana.
  • La doctrina no evolucionó del error a la verdad.
  • Las formas históricas de servidumbre no eran todas idénticas.
  • Las narrativas modernistas exageran la culpa eclesiástica.
  • La Iglesia jamás debe ser retratada como moralmente ilustrada por la modernidad secular.
  • La Iglesia civilizó a las naciones mucho antes de que existiera el liberalismo moderno.
  • De hecho, muchos de los instintos morales que ahora se utilizan como arma contra la historia católica nacieron precisamente de la civilización cristiana.
Ahí reside la gran ironía: la modernidad se apropia de la moral cristiana mientras repudia la cristiandad misma. Del mismo modo, los modernistas se apropian del nombre católico mientras socavan el catolicismo en cada detalle: doctrina, historia, disciplina, autoridad, culto, ¡en todo!

No al imitador modernista de la reinterpretación de la historia católica que hizo León XIII.

No al modernismo, la síntesis de todas las herejías.

No a los modernistas, los más perniciosos adversarios de la Iglesia.

Sin duda, la IA debe seguir siendo una herramienta subordinada al destino eterno del hombre, no una fuerza que remodele la verdad, la moral y la naturaleza humana según el poder tecnocrático.

Pero aquellos que pasaron décadas normalizando la ambigüedad teológica, el indiferentismo religioso y el relativismo doctrinal tienen poca credibilidad moral a la hora de advertir al mundo sobre los peligros de las realidades sintéticas y la verdad manipulada.

Una civilización no puede defender por mucho tiempo la realidad objetiva después de haber debilitado sistemáticamente el concepto mismo de verdad religiosa objetiva.

Por lo tanto, los católicos no deben dejarse llevar por la puesta en escena modernista: la crisis más profunda de nuestra época no comenzó con la inteligencia artificial, sino con el abandono de la claridad respecto a Dios, la verdad, la Iglesia y la salvación de las almas; un abandono del cual los modernistas son los principales propagadores.
  
¡Piénsalo!

TRASLACIÓN Y PRESERVACIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

Altar mayor de la antigua basílica de Nuestra Señora de Guadalupe después del atentado del 14 de Noviembre de 1921 (fotografía de la época).

Habiendo sobrevivido a los embates del tiempo y al atentado dinamitero del 14 de Noviembre de 1921, al milagroso ayate donde se encuentra la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe le esperaban tiempos difíciles.

Era el año 1926: Aun sin asentar la polvareda levantada por la Revolución que derrocó al general Porfirio Díaz, las guerras de caudillos que le sucedieron y la Expedición Punitiva estadounidense contra Pancho Villa, el presidente de turno, Francisco Plutarco Elías-Calles Campuzano, en su odio contra la Iglesia Católica y ante el fracaso de la chapucera “Iglesia Católica Apostólica Mexicana”, no menos que por los boicots y protestas organizadas por la Liga Nacional de Defensa de la Libertad Religiosa, promulga el 14 de Junio la Ley sobre delitos y faltas en materia de culto religioso y disciplina externa, la famosa e infame “Ley Calles”, que reforzó las ya duras restricciones que la Constitución del 5 de Febrero de 1917 imponía a la práctica de la religión católica: Se prohibió el uso de la sotana y los hábitos religiosos fuera de los edificios eclesiales y toda expresión de religiosidad colectiva fuera de los templos, a los religiosos organizarse en congregaciones, prohibió la educación católica en las escuelas.
 
Asimismo, se autorizó a cada estado adoptar las medidas que estimase pertinentes: En estados como Veracruz y Tabasco (cuyo gobernador Tomás Garrido Canabal era tan especialmente fanático contra la religión que en sus tarjetas de presentación ponía «Enemigo personal de Dios»), se establecieron requisitos particulares a los sacerdotes, entre ellos la obligación de estar casados y tener más de cuarenta años de edad para ejercer. En Chihuahua, se hizo uso de la facultad constitucional del artículo 130 para determinar el número máximo de ministros de culto permitidos en el estado, y en Tamaulipas se expulsó a los sacerdotes extranjeros.
  
La ley debía entrar en vigor el 1 de Agosto, y en respuesta, los obispos mexicanos emitieron una carta pastoral conjunta el 25 de Julio diciendo que el culto público quedaba suspendido por falta de garantías a partir del día 31. 
  
El recuerdo del atentado instigado por el gobierno de Álvaro Obregón hacía sospechar que el santuario de Guadalupe volvería a ser blanco de ataques en cualquier momento, y se temía por la seguridad e integridad del ayate. Luego del rechazo inicial a la propuesta, el abad de la basílica antigua, Feliciano “Chano” Cortés y Mora, y el arzobispo José Mora y del Río autorizaron la creación de una réplica, para lo cual se contrató al pintor poblano Rafael Aguirre Moctezuma, experto en representaciones guadalupanas (fue el autor de la réplica venerada en la basílica de Monterrey a devoción del padre Raimundo Jardón), quien trabajó a marchas forzadas y en aproximadamente catorce días entregó la pintura que fue conocida como la “Gemela”.

En la medianoche del 29 de Julio de 1926, bajo la dirección del propio abad Cortés y con la presencia de testigos, un grupo de obreros desprendió el cuadro de oro por la parte posterior del altar mayor de la basílica. Alfonso Marcué González, secretario privado del abad Cortés, describió el evento:
«Era la media noche, me encontraba entre un grupo de obreros que afanosamente trabajaban bajo la dirección del Señor Abad Cortés, en el presbiterio de la Basílica, a fin de desprender de su cuadro de oro la Imagen de la Virgen de Guadalupe.

En los rostros de los allí presentes se advertía la congoja y el natural nerviosismo a causa de lo difícil del trabajo de tan delicada misión. El Señor Abad, superándose a su estado de ánimo, no perdía, en cambio, ningún movimiento y dictaba órdenes a fin de terminar cuanto antes esas maniobras.
  
Logrado al fin retirar de su sitio el cuadro por la parte posterior del altar mayor, se procedió de inmediato en bajar el precioso tesoro con infinitas precauciones, entre rezos, discretas lágrimas de emoción y profundos suspiros de cuantos presenciamos esas labores.
  
Pasamos unos instantes de verdadera expectación donde el silencio era absoluto; sólo se apreciaba el fatigoso esfuerzo desarrollado por los trabajadores al deslizar el cuadro de la Virgen a través de dos escaleras y depositarlo en la mesa del altar posterior. [...]
  
Pues bien, el Sagrado Ayate de Juan Diego fue conducido a la Sala Abacial, procediéndose inmediatamente en colocar la Imagen, que estaba protegida por la gruesa lámina de plata, envuelta en telas de seda, sellada y lacrada, y para darle mayor protección, se envolvió con tela de jerga gruesa, se colocó en el doble fondo de un antiguo ropero chino que había en la Basílica. Al ropero se le desclavó la tabla de arriba y por allí se introdujo la Imagen de la Virgen. Las medidas del ropero son: de alto, 1.96 m, de ancho 1.27 m y de fondo 0.42 m a la vista y el doble fondo de 0,12 m, espacio suficiente para proteger el cuadro de la Virgen.
  
Mientras tanto, otro grupo de personas procedía en la tarea de colocar en el sitio la otra imagen de la Virgen de Guadalupe, pintada por Aguirre. El Ingeniero Luis Felipe Murguía sugirió ahumar el cristal para quitar el brillo del óleo recién pintado. Así se hizo, quemaron periódicos y quedó opacado el cristal y colocaron la nueva pintura de la Virgen. Cuando el Señor Abad la vio en el cuadro de oro, no daba crédito a lo que sus ojos le mostraban; no se notaba aparentemente el cambio, y de hecho nadie lo notó el que duró tres años; éste es un gran milagro» [GUADALUPE MURGUÍA DE GONZÁLEZ-BARRIOS. Conferencia “Viaje Secreto de la Guadalupana (1926-1929)”].
  
Semanas después de la traslación, el 15 de Agosto, el ejército callista ejecutó por fusilamiento al párroco Luis Batis Sáinz y los laicos Manuel Morales, Salvador Lara Puente y David Roldán Lara en Chalchihuites (Zacatecas), y el día 29, con la batalla de Huejuquilla el Alto (Jalisco), comenzará oficialmente la Guerra Cristera.

Como el frente de la Basílica fue sellado por el Delegado de Bienes Nacionales Ángel Vivanco Esteve, el ropero fue sacado a través de un boquete en el contiguo convento de las Capuchinas y trasladado en un camión de mudanzas cargado de camas y colchones viejos hasta la casa del ingeniero Luis Felipe Murguía Terroba, en el número 4 de la calle Meave, donde permaneció del 30 de Julio de 1926 al 15 de Julio de 1927. Más tarde, ante la designación de la zona como “roja” (y porque la casa tenía acceso posterior por el 17 de la calle El Salvador), se acordó trasladarla a un edificio de la antigua Librería Murguía, en el 54 del Portal del Águila de Oro (actual calle 16 de Septiembre).
   
Allí permaneció la imagen, custodiada con discreción absoluta. Una lámpara ardía permanentemente ante el ropero; cada sábado el abad Cortés oficiaba la Misa en la casa. La familia Murguía asumió la responsabilidad de proteger el tesoro más preciado de la devoción mexicana en el momento de mayor riesgo. Durante esos años, el arzobispo de México acudía a celebrar la misa todos los sábados en ese templo que se convirtió la casa de los Murguía.
  
A honor de la verdad, esta no había sido la primera traslación: el 26 de Septiembre de 1629, la Sagrada Imagen fue trasladada en canoa a una Ciudad de México afectada en su casi totalidad por la Gran Inundación de San Mateo, y permaneció en la sacristía de la catedral metropolitana hasta el 14 de Mayo de 1634, cuando regresó a la entonces Ermita (entre tanto, fue sacada en procesión ante las epidemias de cocoliztli –¿fiebre tifoidea?– y tos ferina en 1633).
  
Al finalizar los conflictos, el retorno se produjo también en secreto. A las 22:00h del 28 de junio de 1929, dos días antes de la reanudación del culto público tras los llamados “arreglos” entre el arzobispo Leopoldo Ruiz y Flores (delegado apostólico del Papa Pío XI) y el presidente Emilio Portes Gil a instancias del embajador estadounidense Dwight Whitney Morrow Johnson, el abad Cortés, los canónigos Nicolás Mercado y Sebastián Gómez Pérez, el ingeniero Murguía y otros testigos (el padre Agustín de la Cueva, el arquitecto Luis García Olvera, el doctor José María Soriano, y los señores Emilio Alvarado Aragón, Federico Escobar Arce y Ubaldo Moreno) abrieron el ropero ante el notario Julio Ruiz Godoy, quien recogió en acta los hechos:
«[...] fue desclavado, por la parte superior el ropero antiguo, de doble fondo, en el que había sido colocada la Bendita Imagen y que se encontraba en una pieza contigua a la Sacristía y extrayéndose ésta y encontrándose intacta, envuelta en el lienzo de seda con el que había sido cubierta al ser guardada en el expresado ropero y a continuación se le trasladó por algunos de los presentes, acompañándola los demás con velas encendidas al Coro, en donde permaneció recibiendo los homenajes de veneración que le fueron tributados por las personas presentes, entre tanto fue limpiado el cristal del marco; una vez terminada esta operación fue nuevamente colocada la Sagrada Imagen en su marco, terminando el acto a las veintitrés horas y treinta minutos [...]».
La Gemela, que había ocupado el altar mayor entre 1926 y 1929, fue obsequiada a la familia Murguía como agradecimiento, y estos la hicieron instalar en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en predios de la Universidad del Fútbol del club Pachuca en la ciudad homónima recién en el año 2018 (pero este último, desconocido para el grueso de los historiadores, ha dado pie a la versión de que fue relegada al olvido en ignota capilla de la Catedral Metropolitana, cuando en realidad se trata de una réplica de un tamaño mayor hecha para conmemorar el cuarto centenario de las apariciones).
 

Desde entonces han transcurrido 100 años: entre ellos ha pasado el cuarto centenario de las apariciones guadalupanas, la construcción del adefesio de la basílica nueva y la sustitución de la Sagrada Imagen en la basílica antigua (convertida en Templo expiatorio) por un cuadro de Cristo Rey de factura muy inferior, el establecimiento de las relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos Mexicanos y la Santa Sede, las restricciones al ejercicio público de la religión se han morigerado un poco, y el corona que cerró la basílica y por el cual no hicieron procesión rogativa como la de 1633 mencionada arriba. Pero la historia de la persecución es silenciada por la Secretaría de Educación Pública de México que reconoce como verdad histórica la masacre de Tlatelolco de 1968, los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa o las víctimas de las guerras de los cárteles de la droga actuantes en connivencia y amasiato con los gobiernos regionales y federales. Como dijo el escritor Raúl Tortolero Crespo, autor del libro “Pensamiento Cristero. Dios al Centro de la Vida: la Recristianización de Occidente”:
«Los gobiernos emanados de la Revolución Mexicana y sus versiones actuales son herederos de una misma tradición anticristiana, liberal y de izquierda. Expulsaron a Dios de la cultura y de la educación, para sustituirlo por una religión civil: el nacionalismo revolucionario.
  
Esa narrativa sigue ocultando deliberadamente a los cristeros y exaltando a quienes persiguieron la fe».

Y súmese a lo anterior el comunicado claudicante de una Conferencia del Episcopado Mexicano que, igual que Ruiz y Florez y su segundo Pascual Díaz Barreto hace cien años, busca atenuar la culpa del régimen casi que pidiendo perdón por la lucha a cambio de mantener el “modus vivéndi”.
  
Como católicos, no debemos olvidar el pasado, ni avergonzarnos de las luchas. Debemos recordarlas y mantenernos firmes, puestos los ojos en Jesús, el Autor de nuestra Fe, y su Madre Santísima, y prepararnos no solo para resistir en la Fe, sino con ganas de pelear otra guerra. Nuestros enemigos no cejan sus ataques buscando exterminarnos (si les fuese posible), no podemos ser menos para derrotarlos, con el divino auxilio, para que se establezca por siempre el reinado de Cristo Rey.

Para la redacción de este artículo se tomó material del artículo “Las salidas del Sagrado Original de la Virgen de Guadalupe de las inmediaciones del Tepeyac” de Daniel González Martín del Campo. Revista Metafísica y Persona. Filosofía, conocimiento y vida, año XVII, n.º 33, Enero-Junio de 2025, Universidad de Málaga (España) — Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (México), ISSN: 2007-9699, págs. 57-69.

Rvdo. P. JORGE RONDÓN SANTOS S. Ch. R.
3 de Agosto de 2026 (Año Santo de Cristo Rey).
Hallazgo de San Esteban Protomártir. Comienzo del sitio de Algeciras (España); partida de Cristóbal Colón en su primer viaje; fundación de la Ciudad del Rosario de Sinaloa (México), de San Felipe de Aconcagua y de la Villa de San Carlos de Chonchi (Chile), y de San José de las Culatas (actual Confines, Colombia); veto imperial de Francisco José I de Austria-Hungría contra el cardenal Mariano Rampolla. Aniversario de la preservación de la Basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza. Sermón del Obispo Clemente Augusto von Gallen en la catedral de Münster (Alemania).

MONASTERIO ETÍOPE BOMBARDEADO CON DRONES POR EL GOBIERNO

Noticia tomada de AGENCIA FIDES.
   

El antiguo monasterio de Santa Rípsima (en amárico ቅድስት አርሴማ/Qadist Arsema), sito en el distrito de Borena (zona de Wollo Sur), en la región etíope de Amhara, resultó gravemente dañado en un ataque con drones perpetrado el pasado 22 de Julio de 2026. Se han registrado numerosas víctimas entre los monjes, sacerdotes, monjas y fieles de la Iglesia ortodoxa etíope Tewahedo que estaban participando en la liturgia.

Según diversas fuentes locales, dos monjas y seis sacerdotes y miembros de la vida religiosa perdieron la vida. Numerosos civiles y fieles que se encontraban en el lugar resultaron además heridos.

«Quienes perdieron la vida eran fieles, sacerdotes y monjas».
Para muchos cristianos etíopes, esta tragedia representa mucho más que la pérdida de vidas humanas: se ha quebrado el sentido de seguridad de lugares considerados desde siempre sagrados. «Nuestras iglesias y nuestros monasterios han sido siempre lugares a los que la gente acude para buscar a Dios, para rezar y para encontrar la paz», ha declarado un párroco etíope, confirmando el clima de miedo que se ha extendido entre las comunidades cristianas.
  
«Cuando un lugar de culto se convierte en un lugar de muerte, los fieles empiezan a preguntarse dónde pueden reunirse con seguridad», se lee también en un comunicado difundido en las redes sociales. «Independientemente de que el objetivo fueran combatientes armados o no, las personas que perdieron la vida eran fieles, sacerdotes y religiosas. Las familias han perdido a sus seres queridos y la Iglesia está de luto. Las personas inocentes nunca deberían pagar el precio de la guerra».

El conflicto de Amhara, sin atención internacional.
El ataque se produjo en el contexto del conflicto que enfrenta a las fuerzas del gobierno etíope con los milicianos etno-nacionalistas Fano (ፋኖ) en la región de Amhara. El gobierno alegó que miembros de la milicia estaban utilizando el monasterio como refugio.

El párroco citado en las redes sociales ha explicado que este grave episodio ha aumentado el temor de muchos fieles a participar en las celebraciones religiosas, especialmente en las zonas afectadas por el conflicto. «Muchos viven con miedo y temen reunirse para el culto», ha afirmado. «Los padres se preguntan si sigue siendo seguro llevar a sus hijos a la iglesia, porque temen que lo ocurrido en el monasterio de Santa Rípsima pueda repetirse en otros lugares. Es un miedo que nunca hubiéramos querido ver entre nuestro pueblo. Pasamos nuestros días consolando a personas que se preguntan por qué ha ocurrido todo esto. No siempre tenemos respuestas, pero las dirigimos hacia Cristo».
 
«Nuestra esperanza permanece en Cristo».
A pesar de la tragedia, la Iglesia en Etiopía continúa dando testimonio de su fe e invita a los cristianos de todo el mundo a sostenerla en este momento de prueba.

«Nuestra esperanza no ha desaparecido», ha declarado otro líder religioso. «Los edificios pueden ser destruidos y las vidas pueden ser truncadas, pero nuestra fe en Cristo permanece. Seguimos rezando por la paz, la justicia y la reconciliación de nuestro país, y oramos no solo por las familias de las víctimas, sino también por la paz en Etiopía. Pedimos a la Iglesia universal que permanezca a nuestro lado, porque nuestro pueblo está agotado por la violencia».

sábado, 1 de agosto de 2026

CANADÁ IMPONE EL ATEÍSMO EN LAS CAPELLANÍAS MILITARES

Noticia tomada de LIFE SITE NEWS.
  
LA NUEVA POLÍTICA DE “REFLEXIONES ESPIRITUALES” VETA LAS ORACIONES EN LAS CEREMONIAS MILITARES
Un miembro de las Fuerzas Armadas canadienses criticó duramente el nuevo edicto sobre “Reflexiones espirituales en entornos militares” que restringe la oración y las referencias a Dios en eventos públicos.
   

Anthony Murdoch
Jueves 30 de julio de 2026 - 6:25 pm (Hora del Este)
   
(LifeSiteNews) — Un miembro de las Fuerzas Armadas Canadienses (CAF/FAC) criticó duramente una nueva directriz política militar sobre “reflexiones espirituales” que, en esencia, prohíbe el uso de cualquier lenguaje religioso específico o incluso referencias a Dios en la mayoría de las ceremonias militares.
   
«Antes teníamos una política de oración sólida e inclusiva que nos permitía orar de una manera que se ajustaba a nuestras tradiciones religiosas». declaró un miembro de las Fuerzas Armadas Canadienses a LifeSiteNews bajo condición de anonimato.
  
El miembro de las CAF/FAC señaló que la política de oración anterior es «muy importante en nuestra tradición en torno a la conmemoración de los muertos, el Día del Recuerdo, la Batalla de Gran Bretaña, la Batalla del Atlántico, etc.».
   
«Sin embargo, ahora no se nos permite rezar en público. La nueva normativa implica que los capellanes solo pueden ofrecer una reflexión laica en público».

El 29 de julio, las Fuerzas Armadas Canadienses (CAF, por sus siglas en inglés; FAC en francés) publicaron oficialmente su política sobre “Reflexiones espirituales en entornos militares”, que ofrece orientación tanto a los capellanes militares como a los miembros de las CAF/FAC sobre lo que se espera durante las ceremonias militares.
  
La nueva política estipula que cuando los miembros de las Fuerzas Armadas Canadienses (CAF/FAC) hagan declaraciones públicas o incluso semipúblicas en un evento como una ceremonia del Día del Recuerdo, «deberán defender el principio de neutralidad religiosa y espiritual del Estado, al no utilizar palabras, acciones o símbolos que sean específicos de una tradición espiritual o religiosa particular por parte del Gobierno de Canadá».
  
«Esto no incluye las prendas de vestir religiosas personales, que pueden usarse según lo autorizado por las Instrucciones de Vestimenta de las CAF/FAC», señaló la CAF/FAC.

En cambio, los miembros de la CAF/FAC deben ofrecer una reflexión espiritual atea e “inclusiva” sobre lo siguiente:
  • desfiles de graduación;
  • ceremonias de cambio de mando;
  • puesta en servicio del buque;
  • Ceremonias de inauguración/dedicación de proyectos de infraestructura;
  • ceremonias de entrega de premios y reconocimientos;
  • cenas festivas/de temporada o de confraternización; u
  • otras conmemoraciones institucionales militares (por ejemplo, el Día del Recuerdo, la Batalla de Inglaterra, la Batalla del Atlántico).
Por el momento, parece que los funerales militares y de Estado no están incluidos en la nueva política. Sin embargo, las “prácticas culturales indígenas” gozan de mayor libertad que las religiones tradicionales como el cristianismo.
  
La nueva política no es ninguna sorpresa. En 2023, la CAF/FAC emitió una directiva que imponía severas restricciones a la oración pública. Tras la fuerte reacción pública, incluso de muchos miembros de la CAF/FAC, las órdenes fueron revocadas.
  
Un miembro de las Fuerzas Armadas Canadienses afirma que la nueva política favorece el “ateísmo sobre la fe”
El miembro de las Fuerzas Armadas Canadienses declaró a LifeSiteNews que esta nueva política supone un “cambio radical” para el servicio.
   
«Y debo añadir también que esta fue la última oportunidad para que se escuchara la oración en el espacio público de Canadá», señaló.

«Antes, la Legión Canadiense contrataba a su propio ministro para que rezara. En este nuevo documento, incluso eso se prohíbe, y se busca reclutar voluntarios que no pertenezcan al ejército… Esta es la dictadura del relativismo de la que hablaba Benedicto XVI».

En lo que respecta a las prácticas culturales indígenas, el miembro de las CAF/FAC señaló que es “increíble” que se haya hecho una excepción para lo que él denominó “religión popular indígena”, dado que muchas Primeras Naciones son cristianas.

«Es increíble. Dicen que está permitido por la “reconciliación”», declaró a LifeSiteNews.
   
«Una auténtica neutralidad religiosa permitiría una expresión diversa de la fe religiosa, algo que ya existía en nuestra política anterior. La nueva política es excluyente, ya que favorece el ateísmo sobre la fe y las creencias de los pueblos indígenas (no cristianos) sobre el monoteísmo».
   
El miembro de las CAF/FAC señaló que muchos miembros del personal cristiano de las Primeras Naciones no estarían representados por las expresiones de la fe indígena precristiana.

La política establece que:
«Las prácticas indígenas pueden incluirse en entornos militares con fines culturales, históricos y educativos. Este enfoque refleja el reconocimiento constitucional de los derechos indígenas por parte de Canadá, la represión histórica de las tradiciones indígenas por parte del Estado y un compromiso constante con la reconciliación. No constituye un respaldo ni una promoción de ningún sistema de creencias en particular».
Al preguntársele si esta podría ser una forma de mantener a raya una incursión del islamismo, el miembro de las Fuerzas Armadas Canadienses se mostró reticente a responder.

«Personalmente, no creo que esto vaya en contra del Islam», dijo.

«Creo que es un intento de expandir el secularismo respaldado por el Estado». El miembro de las Fuerzas Armadas Canadienses preguntó entonces: «¿Cuál es la postura del Partido Conservador sobre este tema?», y añadió que para que haya un cambio real en Canadá, la gente debe «expresar su disconformidad» al respecto.
   
En 2024, las Fuerzas Armadas Canadienses prohibieron la oración en todas las celebraciones del Día del Recuerdo, lo que provocó una protesta masiva por parte de muchos canadienses, así como de miembros de las fuerzas armadas, veteranos y figuras políticas.
   
Las Fuerzas Armadas Canadienses (CAF, por sus siglas en inglés; FAC en francés) ya han tomado medidas enérgicas contra sus miembros, incluso contra los capellanes, impidiéndoles rezar en actos públicos. Según informa LifeSiteNews, las CAF/FAC restringieron aún más la oración el año pasado, antes del Día del Recuerdo.

jueves, 30 de julio de 2026

NEOCONES, LA SINODALIDAD SE QUEDA, Y TRADITIÓNIS CUSTÓDES TAMBIÉN

Noticias tomadas de distintas fuentes.
  
1.º OBISPÓN CHECO: «EL NOVUS ORDO ES LA LITURGIA DE LA SINODALIDAD, Y HABRÁ MANO DURA PARA LA MISA LATINA» (Elementos tomados de GLORIA NEWS, POLONIA CHRISTIANA y otras fuentes).
 

La sociedad tiene sed de trascendencia, pero «los viejos instrumentos ya han cumplido su propósito y ya no responden a las necesidades de los hombres de hoy», y para llenar ese vacío se introdujo la sinodalidad. Así lo afirma Tomáš Holub Říčař, de 58 años, obispón de Pilsen (Chequia), en un extenso artículo sobre “La sinodalidad y el Novus Ordo Missæ” publicado el 21 de Julio en el blog Come se non, dirigido por el teólogo italiano Andrea Grillo. Grillo es enemigo del rito antiguo y se considera la “eminencia gris” detrás de Traditionis Custodes.

Holub dice que el sínodo cambió fundamentalmente el papel de los laicos en la Iglesia, porque el “Pueblo de Dios” «se convirtió en el protagonista y no solo un simple receptor de servicios; un pueblo constituido de clero y laicos, hombres y mujeres, unidos sin distinción en el bautismo común».
  
Según el hijo de Zdeněk y Marie, una perspectiva misionera debe estar enraizada en la sinodalidad: «La sinodalidad no es solo una técnica de comunicación, sino una forma de vivir la fe… No se trata de celebrar un sínodo, sino de convertirse en un sínodo».
   
El obispón checo continúa diciendo que el Novus Ordo proporciona la expresión adecuada de la identidad sinodal de la Iglesia:
«La celebración eucarística debe ser la culminación de la vida de la iglesia local, una celebración que exprese todo el dinamismo y la unidad del pueblo congregado. Celebrar un sínodo implica necesariamente una celebración eclesial. De lo contrario, produciría una esquizofrenia teológica, espiritual y pastoral […].
   
Así, el Novus Ordo hace posible que esta sinodalidad se aplique en el ámbito litúrgico. De lo contrario, esto sería muy difícil, ya que el Vetus Ordo es la expresión de una visión tridentina de la Iglesia que ya no responde a las necesidades actuales.
El hilo conductor que une la sinodalidad y la acción litúrgica es precisamente la visión de la Iglesia promovida por el Concilio Vaticano II, la Iglesia basada en la congregación, no en el clero, la Iglesia de los ministerios, la Iglesia comunitaria, que da testimonio de su unidad y la celebra».
El obispón también se dirige a los católicos que asisten a la misa en el rito romano:
«Muchos fieles, incluso algunos de mi propia diócesis, se sienten atraídos por las celebraciones tradicionalistas y tienen dificultades para aceptar la reforma litúrgica del Vaticano II. Al participar en estos servicios litúrgicos, se convencen de la visión eclesiológica correcta que proponen estos ritos. Esto genera divisiones que fácilmente conducen a la sospecha e incluso al posible rechazo de cualquier reforma legítima, confundiendo tradición con tradicionalismo. El resultado es desconfianza eclesial y una unidad problemática».
Y amenaza con una «actitud benevolente y a la vez firme» para hacer valer «la plataforma teológica común e indiscutible, el Concilio Vaticano II, como expresión del verdadero Magisterio... implementando un proceso de acompañamiento, formación y apoyo sinodal».
  
Holub, “instalado” presbítero el 28 de Agosto de 1993 por el arzobispo ad persónam Karel Otčenášek Šolc († 2011; consagrado el 30 de Abril de 1950) y obispón el 30 de Abril de 2016 por el cardenal Dominik Jaroslav Václav Duka Bernard OP († 2025), es conocido por su teología innovadora. Fue uno de los pocos obispos de Europa Central y Oriental que apoyó abiertamente la exhortación “Amóris Lætítia” y anunció que administraría la “comunión” a personas divorciadas y vueltas a casar, causando que el entonces primado de la Chequia, el cardenal Dominik Duka (el mismo que lo “instaló” obispón), cuestionase al Dicasterio para la Doctrina de la Fe solo para que Víctor Manuel “Tucho” Fernández le respondiera que el documento permitía tal proceder; por lo tanto, es posible que el obispón de Pilsen se sintiera fortalecido.
  
2.º CARDENAL ROCHE: «LEÓN NO DEROGARÁ “Traditiónis custódes”» (Artículo propio).
  

En una entrevista a la viceeditora y editora literaria del semanario “católico” inglés “The Tablet” Magdalen Margaret Christian “Maggie” Fergusson, el cardenal Arthur Roche, prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos del Vaticano II, dijo que León XIV Riggitano-Prévost no abrogará el motu “Traditiónis custódes”:
«Bueno, permítame decir, en primer lugar, que es un área muy compleja. Y es un espacio muy importante porque la Eucaristía es el sacramento de la unidad: es el lugar donde todos debemos poder estar juntos para celebrar la Misa. Así que si empieza a dividirnos, hay algo seriamente mal. Pero no, el Papa León no va a cambiar la Traditionis Custodes, y no va a volver a la Summorum Pontificum». 

Cuando le preguntan sobre las opiniones de que esa política es persecutoria, él se burla de los que emiten esas opiniones:
«Es muy interesante. Cuando me encuentro con grupos que quieren la liturgia antecedente, y les digo: “Bueno, el Santo Padre os la ha dado, ¿cuál es el problema?”, no pueden responder. Pero luego se van y dicen: “Todavía estamos siendo perseguidos”. ¿De qué manera perseguidos? ¿Por qué la banda sigue tocando una melodía discordante con la vida de la Iglesia? ¿Pueden decir honestamente que son católicos cuando escriben cosas tan llenas de odio sobre la gente y sobre la Iglesia?».
La realidad es todo lo contrario: Desde el mismo Montini en adelante, las restricciones al Rito Romano tradicional en la Secta Novus Ordo han sido una constante, y cuando se afloja la rienda un poco, es para después apretarlas aun más. Recuérdese si no cuando Bugnini dijo que solo la permitirían para los sacerdotes ancianos incapaces de aprender el nuevo rito, o cómo desde “Quátuor abhinc annos” se otorga la patente solo si se prestan las garantías ideológicas y se mantiene lejos de la vida cotidiana parroquial, mientras que a esas comunidades “con preferencia por la ‘Forma Extraordinaria’” se les reconoce al Novus Ordo, «la única expresión de la “lex orándi” de la Liturgia del Rito Romano» según “Traditiónis custódes”. Decir Roche que «el Santo Padre ha dado la liturgia tradicional» es como el carcelero que presume haberle dado luz solar a un preso solo porque en su celda hay una minúscula rendija, y tiene además el descaro de exigirle a ese preso que le agradezca tal “generosidad” so pena de regresarlo a las celdas de castigo (eso también contigo, arzobispón Alexander King Sample Dory de Portland, Oregón).

Al ser confrontado por la señora  sobre si con eso le está diciendo a los que crecieron con la Liturgia Romana tradicional que vivieron en una fe equivocada, Roche respondió:
«No. Lo que hizo el Vaticano II fue decir que la Iglesia necesita ser más misionera de lo que había sido. Y que para preparar a las personas a ser misioneras, el núcleo central de la vida de la Iglesia, que es la Eucaristía, tiene que alimentar a las personas de una manera diferente. La abundante dieta de la Escritura que ahora se da a través de la celebración de la Misa y los sacramentos es algo que antes no estaba disponible para usar, pero ahora sí.
La Misa Latina Tradicional tiene la Sagrada Escritura entre sus elementos más significativos: Sus antífonas de introito, sus salmos graduales y de tracto, el verso del Aleluya, el ofertorio y las antífonas de comunión son abrumadoramente bíblicos. Toda Misa tiene epístola y Evangelio. Y ni hablar de sus oraciones, que encarnan un lenguaje tan bíblico que los fieles absorben la Escritura sin necesidad de citas de clase.

El novus ordo, en cambio, si bien ofrece más pasajes de la Escritura, es en cambio más pobre en su significado y es mutilado para no herir las susceptibilidades del “Hombre Moderno”™. Ejemplo de ello: ¿Dónde está la advertencia de que el que comulga en pecado mortal está comiendo y bebiendo su condenación en la epístola conciliar del Corpus Christi? ¿Por qué ofrecen forma breve en los pasajes de la Pasión de Cristo durante la Semana Santa, y la posibilidad de omitir algunas lecciones en las Vigilias Pascual y de Pentecostés? ¿Dónde están los salmos de imprecación en la “Liturgia de las Horas”? Roche «no puede responder», pero nosotros sí: «NO LOS HAY».

Y en el aspecto misionero, ¿cuántos en América, Asia y África se convirtieron por la predicación de los misioneros y con la Misa Latina Tradicional? Incluso, hay historias de presbíteros novusordo que yendo a misión, las comunidades les pedían que oficiasen con el rito antiguo que habían conocido antes porque el Novus Ordo es carente de misterio y sacralidad.

Roche agrega que mientras en la misa tridentina se hace hincapié en que el sacerdote actúa en nombre de la congregación, «de hecho, cuando se celebra la misa [Novus Ordo], porque los bautizados son un pueblo sacerdotal, también ellos celebran con el sacerdote». Afirmación que ni siquiera resiste un examen a la luz del catecismo conciliar ni de sus mismas instrucciones, que reconocen una diferencia ESENCIAL, no solo de grados, entre el herético “sacerdocio común de los fieles” (introducido en Lumen Géntium 10) y el sacerdocio ministerial (que de todos modos, NO TIENEN).

Y no, “participar” no es lo mismo que “celebrar”. Los fieles participan uniéndose espiritualmente “in unióne Ecclésiæ” al sacrificio ofrecido por el sacerdote actuando “in persóna Christi”. Y esto es reflejado en la Misa Latina Tradicional: el sacerdote ascendiendo al altar como mediador ofreciendo el sacrificio por los vivos y los muertos, que hayan las voces pública, secreta y audible al ministro, el triple Confíteor, la Comunión sacrificial del sacerdote y la sacramental de los fieles, y que el presbiterio esté elevado y separado respecto del resto de la iglesia.

Así y todo, a Roche hay que abonarle su honestidad, cosa que no se puede decir a los pseudoprofetas de “Trad. Inc.” como Michael Matt (The Remnant) o Adelante la Fe que querían darle al gringo-peruano el beneficio de la duda y los “cien días” y tachaban de profetas del desastre a los que advertían que él sería (como en efecto es) un Francisco II, y las peregrinaciones “Nuestra Señora de la Cristiandad” en Chartres (Francia), Covadonga (España), Luján (Argentina), Broc (Suiza francófona) y las que llegaren a surgir que insisten en hacer caminar cientos de kilómetros a sabiendas que en destino les van a cerrar la puerta en sus caras.

miércoles, 29 de julio de 2026

LA FRATERNIDAD SAN PEDRO, LOS “GUARDIAS ROJOS” DEL TRADIMODERNISMO CONCILIAR


Un boletín parroquial de la capilla San Juan Vianney en Maple Hill (Kansas), administrada por la Fraternidad Sacerdotal San Pedro enumera unas “consideraciones prácticas” respecto de la FSSPX. Condiciones que extienden también para la Congregación María Reina Inmaculada en Silver Lake y la Resistencia williamsonista en Emmett:
  • La Archidiócesis de Kansas City no quiere que se inscriban niños en la academia de la FSSPX.
  • Los miembros de la FSSPX no pueden ser padrinos de bautismo ni de confirmación en la capilla San Juan Vianney.
  • Los miembros de la capilla San Juan Vianney no pueden ser padrinos en la iglesia de la Inmaculada.
  • Los miembros de la capilla San Juan Vianney no asisten a bodas de la FSSPX.
  • No se recibe la confesión de sacerdotes de la FSSPX.
  • La asistencia a los funerales de la FSSPX solo si hay una razón suficiente (v. g., un pariente), de forma pasiva y sin recibir la Comunión.
  
El boletín menciona además un “folleto de bienvenida” (abajo) para exmiembros de la FSSPX, cuyo título, de entrada, es revelador:
  

TRADUCCIÓN
Bienvenido a la Capilla de San Juan Vianney
(destinado a quienes asistieron anteriormente a la FSSPX).
  
La FSSP y los miembros de la Capilla de San Juan Vianney os dan la bienvenida a nuestra maravillosa y vibrante comunidad en Maple Hill. Como algunos podéis tener preguntas iniciales sobre nuestra capilla o el proceso para convertirse en miembro, esta breve explicación puede seros de utilidad.

Dado el documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe del 2 de julio de 2026, lo siguiente debería ayudaros a discernir los pasos a seguir en vuestra situación particular. Dado que mucho depende de vuestras disposiciones internas, que solo vosotros podéis discernir, al asistir a los sacramentos en la FSSPX, una pena canónica formará parte de vuestra propia evaluación.

Para ayudaros a discernir, existe una distinción entre dos grupos:
A) 1. Miembros laicos de la Tercera Orden de la FSSPX y 2. Fieles laicos que participan habitualmente en las celebraciones litúrgicas de la FSSPX mientras comparten formalmente sus posiciones doctrinales
Y
B) 2. Fieles laicos que asistieron a la FSSPX únicamente por razones litúrgicas o espirituales, y 2. fieles laicos que, aunque conscientes de las tensiones con la Santa Sede (Roma), no rechazan ni el Magisterio ni la autoridad del Papa.
Para el Grupo A, si deseáis eliminar una pena canónica y buscar la plena comunión con la Iglesia, deben hacerse tanto la Profesión de Fe como el Acto de Plena Adhesión y enviarse al Arzobispo de Kansas City en Kansas. Comunicaros con uno de nuestros sacerdotes para programar una reunión para comenzar este proceso, después de la cual, también se hará una Profesión de Fe formal con el sacerdote.

Para el Grupo B, si no hubo conocimiento ni consentimiento de una pena canónica, es suficiente con decirle a un sacerdote de SJV que decidís no asistir a la FSSPX en el futuro y entregarle un formulario de registro de SJV (formulario azul en la entrada de la iglesia). Si tuvisteis conocimiento y consentimiento de una pena canónica, se realizará el procedimiento anterior para el Grupo A.

Para ayudar aún más al Grupo B a discernir si uno «rechazó el Magisterio o la autoridad del Papa», podría hacerse las siguientes preguntas:
  • ¿Creía que la iglesia se había alejado de ser la auténtica iglesia de Cristo?
  • ¿Sostuve que un Papa no era un papa válido
  • ¿Siempre consideré la línea legítima de Sucesores de San Pedro desde 1955 como: los Papas Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco, León XIV?
  • ¿Alguna vez consideré inválido el Novus Ordo (Misa en inglés)?
El folleto de bienvenida sigue vagamente la nota declarativa del Dicasterio para la Doctrina de la Fe del Vaticano, que considera la adhesión formal, no la mera asistencia, como la condición para que los laicos se conviertan en cismáticos y sean excomulgados.

Lo más curioso es el examen, que no va sobre el Credo, los sacramentos o el compromiso de ajustar la vida a la doctrina y moral católica. Nones. De acuerdo con Hiraeth in Exile, va sobre la adhesión al Vaticano II y lo que a él respecta, pero es un examen con muchas “cascaritas”:
  • La fecha inexplicable de 1955 resulta particularmente extraña. Pío XII se convirtió en papa en 1939, no en 1955. Pudiera interpretarse como una alusión a las reformas litúrgicas pacelli-bugninianas de 1951 a 1955, pero se estaría en especulación.
  • La expresión «Novus Ordo (Misa en inglés)» es imprecisa. Por un lado, el Novus Ordo se puede celebrar en latín, mientras que el culto en lengua vernácula ya existía antes del misal de Pablo VI. La fraseología reduce la cuestión doctrinal en torno a la Nueva Misa a un simple elemento lingüístico.
  • El cuestionario pone a prueba a antiguos fieles de la FSSPX en posturas que la propia FSSPX rechaza oficialmente, como es el caso del sedevacantismo (la Frater reconoce a los pretendientes posconciliares como papas, los nombra en el Canon junto al obispón del lugar, y exhibe sus nombres y retratos en las sacristías y rectorías) y la invalidez intrínseca del Novus Ordo (lo consideran peligroso para la fe, y nada más).

Por lo tanto, el documento tacha cualquier conclusión más allá de la postura OFICIAL de la FSSPX como evidencia de un posible cisma, y vuelve en su contra la crisis interna de conciencia que alejó a la persona del catolicismo conciliar/sinodal diocesano. No importan los abusos litúrgicos, las rupturas y contradicciones doctrinales, no importa lo que haga o deje de hacer, diga o calle, tolere o apruebe el gerente de circuito de turno. Si la conclusión a la que se llega está prohibida por la FSSPX, es acusación de cisma a los ojos de la FSSP.

Cabe preguntarse pues, si para la redacción de ese folleto, los presbíteros de la Fraternidad Sacerdotal San Pedro, además de la teología del Vaticano II, estudiaron los manuales de autocrítica de los partidos comunistas o las “sesiones de lucha” (en chino 批鬥 大會/pīdòu dàhuì, lit. “juzgar y luchar”; versión acortada según el erudito Lín Yǔtāng de 批判 鬥爭/pīpàn dòuzhēng, lit. “incitación al espíritu de juicio y lucha”), las torturas y humillaciones públicas que la Guardia Roja infligía durante la Revolución Cultural china a los enemigos (reales o imaginarios, daba igual) del “Sol Rojo” Mao Zedong, y su equivalente camboyano រៀន សូត្រ/rien sot (lit. “aprendizaje y recitación”) de los Jemeres Rojos durante el régimen de Pol Pot, o los “actos de repudio” por los Comités de Defensa de la Revolución en la Cuba castro-díazcanelista.
  
El expresidente de la República Popular China Liú Shàoqí siendo humillado por los Guardias Rojos durante una “sesión de lucha” en 1967. Murió en prisión dos años después.