lunes, 13 de julio de 2020

DÍA TRECE EN HONOR A SAN ANTONIO DE PADUA

Publicado en Guatemala de la Asunción en 1912, con licencia eclesiástica otorgada por Juan Luis Montenegro y Flores, Secretario del Arzobispado, el 19 de Diciembre de 1911.
  
A LAS ALMAS DEVOTAS
No quiero de vosotras, almas que solicitáis medios para lograr la salvación eterna, no quiero de vosotras otra disposición para hacer este devoto ejercicio que un corazón contrito y humillado, porque es cierto que a este no solo no lo desprecia Dios, sino que ocupa las atenciones del Padre de las misericordias y Señor de toda consolación. Será pues la preparación una confesión verdadera de las culpas cometidas que, tocando así las puertas de la Divina Clemencia, recibiréis favores y el despacho de vuestras súplicas.
  
El abogado que aquí se ofrece es poderoso y alcanzará de Dios, si os conviene, cuanto le pidiéreis. Queda la dirección de otras cosas a la advertencia prudencia del Confesor.
  
El tiempo destinado para esta breve devoción es el día trece de Junio, que fue el feliz Tránsito de San Antonio a la Patria celestial, como lo solemniza nuestra Santa Madre Iglesia; y se continuará por todo el año el día trece de cada mes. No se impide por esto el que se practique también todas las veces que dictare la devoción. VALE.
  
DÍA TRECE CONSAGRADO A HONRA Y GLORIA DE SAN ANTONIO DE PADUA
  
  
Puesto devotamente en la presencia de Dios y ante alguna Imagen de San Antonio (habiéndola), comenzará diciéndose el acto de contrición:
  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mio, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido: propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta: ofrézcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y así como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
  
ORACIÓN A LA BEATÍSIMA TRINIDAD
Altísimo Señor y Dios Eterno, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Uno en substancia individua de naturaleza y Trino en la inseparable distinción de personas. Y la más ingrata y vil de las criaturas, llego humillado y arrepentido de sus desaciertos, a los pies de vuestra suprema Majestad, interponiendo los ruegos de vuestro amado siervo San Antonio de Padua, a quien con particular dignación adornasteis de una memoria vivísima, de un entendimiento clarísimo y de una abrasadísimo voluntad, porque formabais en él, un alarde maravillo de vuestra Omnipotencia, Sabiduría y Amor. Por sus méritos os suplico que, usando vuestras antiguas misericordias, rectifiquéis en mí, el empleo de estas tres potencias, vestigio de tan sublime misterio, estampó vuestra diestra en el lienzo de nuestras almas. Fecundad, Padre Omnipotente mi memoria, para que, al vivo recuerdo de vuestros beneficios, los agradezca. Ilustrad, Hijo sabio mi entendimiento, para que, a la clara vista de vuestros preceptos, los observe. Inflama, Espíritu de amor, mi voluntad, para que, con el incendio de caridad, que anima las virtudes, las practique. Esta gracia espero ¡Oh Trinidad Beatísima! Fiado en el patrocinio de San Antonio, para correr sin tropiezo el camino recto de vuestros mandatos, que conduce a alabar vuestro poder, saber y amor, por toda una eternidad. Amén.
    
DEPRECACIÓN A SAN ANTONIO
¡Oh Antonio, prodigio de Santidad! ¡Epílogo de Maravillas! ¡Compendio de los milagros! Desde el oriente dichoso de tu nacimiento, hasta el ocaso de tu tránsito, resplandecieron en ti los primores de la gracia. Te dotó el cielo de una índole amable, de un genio suave, de un talento sublime, y de una inclinación prontísima a todas las virtudes. Tu festivo teatro era la Iglesia, tu diversión los altares, tu mayor delicia estar a solas con Dios. Miraste siempre con enfado los entretenimientos mundanos, con odio a los placeres del siglo, con disgusto a las vanidades, con desprecio las riquezas, y con desprecio santo lo abominable de los sensuales deleites. Tus palabras eran sabias, tus discursos vivos, tus dichos graves, tus miradas vergonzosas y tu semblante tan compuesto, como devoto, ocultando así en tu pecho la unión de aquellas gracias que reparte entre muchos la Omnipotencia, pues en ti solo se halló la curación de enfermos, la discreción de espíritus, la ciencia de las escrituras, la previsión de lo futuro, el don de varias lenguas, el celo de los apóstoles, el deseo ardiente de los mártires, la penitencia austera de los confesores, el retiro dulce de los anacoretas y el candor purísimo de las vírgenes. Tu fe viva, tu esperanza firme y tu caridad ardiente, siendo estas virtudes teologales, las que arrebatan tu espíritu al ejercicio perfectísimo de todas las morales, en cuyo empleo te encontró, velando como siervo fiel la hora dichosísima de tu tránsito, término de tus méritos y principio de tus glorias. Por aquella humildad profunda, con que ocultabas dones celestiales, te suplico rendido, que alabando yo el poder del Padre que te enriqueció, el saber del Hijo que te adornó y el querer del Espíritu Santo que te abrasó, merezca por tu intercesión la gracia que, en la hora de mi muerte, me traslade al paraíso de la gloria. Amén.
   
ORACIÓN AL PADRE
Dios Padre, Señor Omnipotente, gracias os doy porque a tu siervo San Antonio comunicasteis tal poder, que al imperio de su voz obedecían todos los elementos y criaturas. Manda Antonio y el mar aplaca sus tempestades, el viento detiene sus furias, el fuego sus incendios y la tierra sus movimientos. La muerte deja sus presas, las enfermedades se ahuyentan, aparecen las cosas perdidas, las prisiones sueltan a sus cautivos y los demonios se apartan de sus posesiones, encontrando en Antonio alivio todos los afligidos y remedio universal todos los necesitados. Por este privilegio te pido Señor, el aumento de las virtudes, fé, esperanza, caridad, que son vida del alma y seguras prendas de la Gloria. Amén. Padre nuestro, Gloria.
   
ORACIÓN AL HIJO
Dios Hijo, increada Sabiduría, gracias os doy porque adornaste a vuestro siervo Antonio de sabiduría tan sublime, que a los rayos de su luz no pudieron resistir a las más densas oscuridades. Predica Antonio, y a la dulce violencia de sus palabras se rinden los herejes, se convencen los sectarios, se reducen los obstinados y se convierten los pecadores. Restituyen las haciendas mal habidas, cortan los comercios inmundos, deponen los odios y malas voluntades, y todos hacen pública y sangrienta penitencia de sus delitos. Por este don te pido, Señor, alumbréis mis sentidos para que, aguardando sus puertas, no hallen entrada los monstruos de los pecados que privan al alma de la vestidura nupcial de la gracia. Amén. Padre nuestro, Gloria.
   
ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Dios Espíritu Santo, fuego vivo de amor, gracias os doy, porque encendisteis en el corazón de tu siervo Antonio, un inextinguible Vesubio de Caridad. Arde Antonio, y al calor amoroso de estos incendios, solicita en toda la gloria de Dios y provecho de las almas. Reparte con los Sacramentos la prudencia en los consejos, el celo en los hábitos, la discreción en los consuelos, la ciencia en las dudas, la luz en la erudición y la claridad en la ilustración de las conciencias, inflamado al mismo tiempo en la devoción a María, en la reverencia al Sacramento y en la meditación de las penas de su amado. Por este favor pido, Señor, me encendáis mi voluntad, para copiar en ella estas virtudes, que son el cumplimiento de vuestra santísima Ley, en cuya observancia está vinculado el galardón de la Gloria. Amén. Padre nuestro, Gloria.
    
OFRECIMIENTOS
Privilegiadísimo San Antonio, luz resplandeciente, que disipaste la tenebrosa noche de las culpas, convirtiéndola en el claro día de la gracia, luz que infundiste tus claridades sobre los más oscuros entendimientos, luz que en encendida en lámpara inextinguible de caridad, liquidaste los hielos empedernidos de la mayor tibieza, y luz que alumbraste a los que moraban de asiento ciego, en las sombras de la muerte, sal pródiga, que sazonaste para Dios los más desabridos corazones, que preservaste de la corrupción de la culpa a muchas almas, que hiciste de tus palabras y acciones un manjar sabrosísimos para los hombres, ofrece Santo y abogado mío, todo el caudal de sus merecimientos ante el trono de la Santísima Trinidad, interponiendo tus súplicas, para que participando yo tal sazón y tales luces, emplee los días de mi vida en el servicio de tan alta majestad y mis obras todas aparezcan agradables en la presencia de Dios, cuya vista eterna es la Gloria de Dios. Amén.
   
Pídase el socorro de la particular necesidad que ocurriese.
    
ORACIÓN ÚLTIMA
Antonio, Abogado mío, honor perpetuo de Portugal, gloria Inmortal de España, luz nueva de Italia, tesoro riquísimo de la ciudad de Padua, querubín de la sabiduría, serafín en el amor, ángel en la pureza, Moisés en la ley de gracia, Elías en los incendios, profeta en los sucesos, apóstol en el celo, mártir en el deseo, doctor en la enseñanza, confesor en la penitencia, anacoreta en el retiro. Arca del testamento, archivo de los misterios, azote de la herejía, domador de monstruos, terror de los tiranos, espanto de los infieles, extirpador de los abusos, promovedor de la religión, antagonista invencible contra el infierno, refugio universal de afligidos, delicia de la cristiandad, hechizo dulce de la devoción y alarde maravilloso de la Omnipotencia, sabiduría y amor de Dios. Por todos estos dones, gracias y privilegios con que te enriqueció el Padre, te adornó el Hijo y te ensalzó el Espíritu Santo, te suplico rendidamente, me alcances de su Divina Majestad, que animado de la gracia, aborrezca las pompas y vanidades con que lisonjea el mundo, desprecie las riquezas con que el demonio aprisiona los corazones, y abomines los placeres con que la carne venda los ojos a sus secuaces, que viviendo libre por tu intercesión de la villana esclavitud de estos tiranos, espero con firmeza alcanzar en la hora de mi muerte tu asistencia y compañía, para ir a venerar eternamente a nuestro Dios y Señor en el paraíso de la Gloria. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

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