domingo, 12 de julio de 2020

VISIONES DE LA BEATA ANA MARÍA TAIGI CONTRA LOS CATÓLICOS FINGIDAMENTE OBSERVANTES

La beata Ana María Taigi frecuentaba muchas iglesias, pero su vida era la de una ama de casa viviendo en un ambiente popular.
   
Dios le mostraba ejemplos de las oraciones que oía, y de las costumbres de todas las clases sociales, para hacerle entender lo que veía.
   
Dios le insistía a ella que la promoción de una piedad blanda y azucarada que progresaba sin cesar en aquellos días preparaba la perdición de innumerables almas.
   
En el 10 de septiembre de 1820:
«Este es el tiempo en que los falsos filósofos se ostentan. Entre ellos hablan perlas, mas no causan impresión alguna en los pueblos porque no quieren creer en la verdad. (…) son falsos filósofos, llenos de soberbia y orgullo. De esos el mundo está lleno.
 
Y para estos hay un infierno especial. Si alguien profesa la verdad, es ofuscado por estos [falsos filósofos] y el pueblo queda perplejo, porque la miserable humanidad prefiere lo dulce antes que lo amargo» (Visiones de la Beata Ana María Taigi. Mons. Raffaele Natali, compilador. Vol. VI, pág. 85. Todas las citas provienen de tal compilación).

«Así dirás a tu confidente que diga a esta gente, que llueve almas en el infierno como la nieve. ¿Y (las almas) de quién? De bautizados.
 
Son cristianos de nombre, son animales de hecho, viven como animales. Antes bien, peor que los animales. ¿Cómo (pueden) salvarse llenos de odio, llenos de pecados? Después se dirá que son cristianos, pero…» (Vol. IX, pág. 85).
  
En el tercer domingo después de Pascua de 1817, en la iglesia del Santísimo Crucifijo de Campo Vaccino, San Pietro in Carcere, oyó:
«No te espante el hedor continuo que sientes bajo tus narices, porque es el mal olor de la corrupción del mundo presente. (…) Tú lo sabes porque Yo te dije muchas veces y vuelvo a repetirlo: “llueve almas en el infierno como nieve, y aún no acaba”» (Vol. III, págs. 43-44).

En 1828:
«El respeto humano lleva al infierno muchos confesores con todos sus penitentes. Para no dar un remedio amargo o el más mínimo disgusto, mueren tantas almas y van para la casa del diablo.
   
(…) ¿De quién es la culpa? (…) ¿Sabes de quién es? (…) Cuando ellos estén delante de mi Tribunal, ¿qué será de ellos? (…) Por esta razón, llueve almas en el infierno como la nieve. (…) ¿Ves cuántas ruinas hay en el mundo? Esta es la causa» (Vol. VII, pág. 433-437).

El 6 de noviembre de 1819:
«Mira los tormentos espantosos de los eclesiásticos torturados por los demonios. (…) ¿Por qué se consagraron a Dios cuando no buscaban sino la ambición, el orgullo y la vanidad?
   
Las puertas [del infierno] están abiertas. Lucifer se regocija y sus compañeiros festejan… Deja, deja, que estas puertas Yo las cerraré, la vorágine quedará llena y pocos quedarán» (Vol IV, págs. 555-557).

Después del 14 de abril de 1830:
«La paz sea con vosotros, mis hijos. Por toda parte debéis decir que no son ni hay paz, sino que los diablos danzan día y noche, y tejen grandes tramas, apañan en sus redes muchos peces, corderos y ovejas y las llevan a la perdición en grandes cantidades, ellos se abrevarán con la hiel y con la sangre humana. (…)
 
Yo te hablé para no seguir los santos modernos, sino aferrarte a los antiguos, porque los santos modernos, siendo todos o casi todos falsos, te habrían estragado» (Vol. VIII, págs. 519-521).
   
En 1832:
«Son lobos rapaces, lobos que devorarán muchas ovejas succionándoles la sangre una por una. ¡Si supiesen lo que está preparado para ellos irremediablemente!
   
Es más fácil que Yo oiga el clamor de un hereje que el de uno de esos lobos, tantas veces lobos como son las ovejas que esos lobos malditos devorarán» (Vol. IX, págs. 97-100).

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