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lunes, 2 de enero de 2023

MEDITACIONES PARA LOS DÍAS DE LA SEMANA, DE FRAY LUIS DE GRANADA

Tomado del Libro de la Oración y Meditación, de Fray Luis de Granada.
 
LUNES POR LA MAÑANA
Este día, hecha la señal de la cruz, se ha de pensar en el lavatorio de los pies e institución del Santísimo Sacramento.

Jesucristo: Ejemplo os he dado para que, como Yo hice, así vosotros hagáis.

Acabando el lavatorio, tomó el pan, bendíjole, partióle, y dióle a sus discípulos diciendo: Tomad y comed: este es mi cuerpo. Y tomando también el cáliz, dio gracias, y entregósele, diciendo: Bebed todos de este cáliz; porque esta es mi sangre del nuevo Testamento, que por muchos será derramado en remisión de los pecados. Y todas las veces que esto hiciereis, hacedlo en memoria de Mí.
  
LUNES POR LA NOCHE
Meditación del conocimiento propio y memoria de los pecados
Fin: alcanzar la verdadera humildad de corazón y la penitencia

¿En qué empleaste la salud, las fuerzas, las fuerzas, las habilidades de naturaleza, los bienes de fortuna, y los aparejos y oportunidades que Dios te dió para bien vivir? Hallarás por cierto que de todas estas cosas, con las cuales habías de servir más al dador de todo, has hecho armas para más ofenderle. En esto se gastaron las fuerzas, la salud, la hacienda, la vida, el entendimiento, la memoria, la voluntad, la vida, la lengua y todo lo demás.
  
MARTES POR LA MAÑANA
 Este día se ha de pensar en la oración del huerto y en la prisión del Salvador.

Acabada la cena, vino el Señor con sus discípulos al huerto que se dice Getsemani, y díjoles: Esperad aquí hasta que vaya allí y haga oración. Y tomando consigo a Pedro y dos hijos del Zebedeo, comenzó a temer y entristecerse, y díjoles: Triste está mi anima hasta la muerte; esperadme aquí y velad conmigo; y adelantóse un poquito de ellos postróse en tierra, y caído sobre su rostro, oró y dijo: Padre, si es posible, pase este cáliz de Mí, mas no se haga como Yo lo quiero sino como Tú. Y vino a los discípulos y hallólos durmiendo. Dijo a Pedro así: ¿No pudiste una hora velar conmigo? Velad y orad por que no entréis en tentación.

El Señor se fué con sus discípulos al monte Olivete a hacer oración, antes que entrase en la batalla de su pasión, para enseñarnos cómo
en todos los trabajos y tentaciones de esta vida habemos siempre de recurrir a la oración como a una sagrada áncora, por cuya virtud nos será quitada la carga de la tribulación o se nos darán fuerzas para llevarla, que es otra gracia mayor.
Porque, como dice San Gregorio,
mayor merced nos hace el Señor cuando nos da esfuerzo para llevar los trabajos que quando nos quita los mismos trabajos.
  
MARTES POR LA NOCHE
Meditación de la condición y miserias de la vida humana

Dice la escritura que crió Dios al hombre del cieno de la tierra. ... Los reyes,los emperadores y los papas, por muy altos y esclarecidos que sean, cieno son. ¿De qué te ensorbeces, polvo y ceniza? ¿De qué te ensorbeces, paja y cieno?

Dime: ¿por qué se vela siempre un castillo, cuando está en frontera de enemigos? Mira que vale más tu ánima que todos los castillos y reinos del mundo. ¿Cómo no velas continuamente sobre tu ánima, pues no sabes cuándo ha de llegar su hora? Mira que tienes muchos enemigos, que día y noche andan por asaltarla.

No sólo es incierta nuestra vida, sino también frágil y quebradiza. Hoy verás un mancebo en lo más florido de su edad, con grandes fuerzas y con muy buen parecer: si esta noche le asalta una enfermedad, al otro día le verás con un rostro tan mudado, que el que antes parecía muy agradable y hermoso, ahora parece del todo miserable y feo.

Pues ¿qué diré los otros accidentes y mudanzas de nuestros cuerpos? A unos quebrantan los trabajos, a otros enflaqueze la pobreza, a otros tormenta la indigestión, a otros corrompe el vino, a otros debilita la vejez, a otros hacen mal los regalos, y a otros trae descoloridos la lujuria.

Imaginemos que estuviese un hombre colgado de un hilo delgado, y que tuviese debajo de sí un pozo muy profundo; de tal manera puesto, que en quebrándose aquel hilo, hubiese luego de caer en él. ... Pues tú, miserable, que osas contra las leyes de Dios perseverar tantos días y años en pecado, ¿cómo no miras que estás en este mismo peligro? En quebrándose este hilo tan frágil de la vida, estás para dar contigo en el profundo del infierno.

El hombre nunca permanece en un mismo estado. Tantas son sus mudanzas, cuantos accidentes se levantan a cada hora; porque cada uno le trastorna de su manera. Lo pasado le da pena, lo presente le turba y lo venidero le acongoja. Si no tiene hacienda, vive con trabajos; si la tiene, con soberbia; si la pierde con dolor.

Nuestra vida nunca para, ni se nos hace jamás gracia de una hora. ... Pues si no es otra cosa nuestro vivir sino caminar a la muerte; y si esta hora de muerte es también hora de nuestro juicio, ¿qué será luego no vivir, sino caminar al tribunal de Dios y acercarnos más a su juicio?

Pues ¿qué desvarío puede ser mayor que yendo actualmente a ser juzgado ir por el camino ofendiendo al que nos ha de juzgar y provocando más su ira contra nosotros?

Abre los ojos, miserable: mira el camino que llevas y adónde vas, y ten vergüenza o lástima siquiera de ti mismo, y considera cuán mal concuerda eso que haces con lo que vas a hacer.

MIÉRCOLES POR LA MAÑANA
Meditación de la presentación de Nuestro Redentor Jesucristo ante los pontifices y jueces, y de los azotes que padeció atado a la columna

Cinco veces el Señor es hoy llevado a diversos jueces y en cada casa de ellos es maltratado por ti y paga tu merecido. En una casa es abofeteado, en otra escupido, en otra escarnecido, en otra azotado y coronado con espinas y sentenciado. Espántate de ver a Dios tan humillado; yo me espanto de ver a ti todavía tan soberbio estando Dios tan humillado.

El Salvador en este mundo no sólo fue tenido por malhechor, sino también por loco. La principal virtud del cristiano es no hacer caso de los juicios y pareceres del mundo.
 
MIÉRCOLES POR LA NOCHE
Para muchas cosas es provechosa la consideración de la muerte:

Para alcanzar la verdadera sabiduría,
para apartarnos del pecado,
no sólo para bien vivir, sino para bien morir.
¿Qué será el apartarse dos tan grandes amigos y compañeros como son el ánima y el cuerpo, que juntos han caminado desde el vientre de la madre hasta aquella hora y que con tan grandes beneficios se tienen obligados uno a otro?

... cuando la ánima... se pone a imaginar lo que adelante será...
...esto es ya como meterse en alta mar, donde no se ve sino cielo y agua por todas partes.



Caspar David Friedrich: Monje al mar, 1808/1809, Berlin-Charlottenburg

Por una parte nos estarán aguardando los ángeles para llevarnos al reino del cielo;
por otra los demonios para echarnos en la hoguera del infierno;
nadie sabe cuál de estas dos suertes de allí a una hora le ha de caber.



Al morir se conocen los yerros y ceguedades de la vida pasada. ¡Qué claro verán entonces cuán falsos eran aquellos dioses a quienes servían, y cuán engañosos aquellos bienes tras que andaban, y cómo por el camino que pensaban hallar descanso hallaron su perdición!

Oración:

Tú, ¡oh, buen Jesús, alumbra los ojos de mi ánima, para que no duerma yo en la muerte, y para que nunca diga mi enemigo: prevalecido he contra él! Amén.

 
JUEVES POR LA MAÑANA
Meditación de la corona de espinas del Hijo de Dios, del Ecce Homo y de como llevó la cruz a cuestas

Donde hay amor hay dolor. Pues ¿cómo dice que tiene amor de Cristo quien no tiene compasión de Cristo viéndole en esta figura? Y si tan grande mal es no compadecerse de Cristo, ¿qué será acrecentar sus martirios y añadir dolor a su dolor?

El Padre Eterno presenta aquella figura tan lastimera hoy a todos los pecadores, entendiendo que, a la verdad, no hay otro medio más poderoso para apartarlos del pecado que ponerles delante tal figura.
   
JUEVES POR LA NOCHE
Meditación del Juicio Final: para que se despierten en tu ánima aquellos dos tan principales afectos que debe tener todo fiel cristiano; conviene a saber: temor de Dios y aborrecimiento del pecado

Aquel día abrazará en sí los días de todos los siglos presentes, pasados y venideros, porque en él dará el mundo cuenta de todos estos tiempos, y en él derramará Dios la ira y saña que tiene recogida en todos los siglos. Considera la terrible sentencia que el Juez fulminará contra los malos: ¡Apartaos de mí, malditos, al fuego perdurable!

VIERNES POR LA MAÑANA
Este día, hecha la señal de la cruz, se ha de contemplar el misterio de la cruz y aquellas siete palabras que el Señor en ella habló.



Cuadro: Caspar David Friedrich: La cruz en la montaña, 1808,
pintado para la capilla del palacio en Tetschen (Bohemia),
ahora Dresden, Galerie Neue Meister

Dos cruces hay para Ti, ¡oh, buen Jesús!, en este día: una para el cuerpo y otra para el ánima; la una es de pasión y la otra de compasión; una traspasa el cuerpo con clavos de hierro, y la otra tu ánima sacratísima con clavos de dolor.

Oración:

Tu Crúz es medicina de todo el hombre.
Si me quitaren la hacienda, no por eso me entristezca yo, pues te veo en esta Cruz tan despojado y desnudo.
Si me quitaren la honra, tampoco esto me haga perder la paz; pues ahí te veo tan deshonrado y abatido.
Si me faltaren los amigos, no por eso me confunda yo; pues ahí te veo tan solo y desamparado.

VIERNES POR LA NOCHE
 Las penas del infierno. Esta consideración aprovecha
- para movernos a los trabajos y asperezas de la penitencia,
- para vencer las tentaciones del enemigo,
- para temer el pecado,
- para despertar en nuestros corazones el temor de Dios, el cual es principio de la sabiduría y comienzo de la caridad, y después de ella,
- es el mayor freno que podemos tener para todo lo malo.

 

... un lugar obscuro y tenebroso debajo de la tierra.., lleno de fuego...

Allí los ojos deshonestos y carnales serán atormentados con la visión horrible de los demonios;

los oídos, con la confusión de las voces y gemidos que allí sonarán;
las narices, con el hedor intolerable de aquel sucio lugar;
el gusto, con rabiosísima hambre y sed;
el tacto de todos los miembros del cuerpo, con frío y fuego incomparable...
¡Oh, mil veces malaventurado de mí, que así me engañé!

Maldito sea quien me engañó y maldito quien no me castigó.

SÁBADO POR LA MAÑANA
La Virgen de las Angustias, Granada

Este día se ha de contemplar la lanzada que se dió al Salvador, y el descendimiento de la Cruz, con el llanto de nuestra Señora y oficio de la sepultura.

Uno de los soldados abrió con una lanza el costado de Jesús, y salió de allí agua y sangre, con que se lavan los pecados del mundo.

...

Pues si adoramos la cruz muerta, que es la figura de la cruz, ¿por qué huimos de la viva, que es padecer por la cruz? Si padeces por tus pecados, padeces en la cruz del buen ladrón; mas si padeces sin pecados y sin culpa, por eso te deberías más de consolar, porque eso es padecer en la cruz del Salvador.
  
SÁBADO POR LA NOCHE
Este día podrás pensar en la bienaventuranza de la gloria. Esta consideración es tan provechosa, que si fuese ayudada con la lumbre de vida de fe, bastaría para hacernos dulces todos los trabajos y amarguras que pasamos por este bien.

Si en esta valle de lágrimas y lugar de destierro crió Dios cosas tan admirables y de tanta hermosura, ¿qué habrá criado en aquel lugar, que es aposento de su gloria, trono de su grandeza, palacio de su majestad, casa de sus escogidos y paraíso de todos los deleites?

- El gozo que el ánima recibirá con la compañía de los Santos: ¿Qué será tratar allí con tantos buenos, hablar con apóstoles, conversar con los profetas, comunicar con los mártires y, finalmente, con todos los escogidos?

¿Qué será ver aquel bien universal, en quien están todos los bienes; y aquel mundo mayor, en quien están todos los mundos; y Aquel que, siendo uno, es de todas las cosas, y siendo simplicísimo, abraza las perfecciones de todas?

Allí veremos a Dios, veremos a nos y veremos todas las cosas en Dios.

Allí será verdadera la paz, donde ni de sí ni de otro será el hombre molestado. Allí habrá salud sin enfermedad, libertad sin servidumbre, hermosura sin feldad, inmortalidad sin corrupción, abundancia sin necesidad, sosiego sin turbación, seguridad sin temor, conocimientos sin error, hartura sin hastío, alegría sin tristeza y honra sin contradicción.

Allí todos se alegran, todos cantan y todos siempre alaban a aquel sumo dador de todo, por cuya largeza viven y reinan en su gloria.

Oración: ¡Oh Padre de misericordia! Señor, Dios mío, que tuviste por bien criarme a tu imagen y semejanza, y hacerme capaz de Tí, no me des en este mundo descanso ni riqueza, todo me lo guarda para allá. No quiero perder el derecho de la tierra de promisión.
  
Cada cual recibirá su propia paga según su propio trabajo. (I Cor 3,8)
 
Quien siembra mezquinamente, mezquinamente también cosechará; y quien sembra con larguezas, con larguezas también cosechará. (II Corintios 9, 6).
  
DOMINGO POR LA MAÑANA
 LA GLORIOSA RESURRECCIÓN.
La bajada del Señor al Limbo y la Resurrección del Sagrada Cuerpo, el aparecimiento a Nuestra Señora y después a la Magdalena y a los discípulos

Este es el día que hizo el Señor: gocémonos y alegrémonos en El. En este día acabó la más excelente de sus obras, que fue la obra de nuestra redención.

Así como el Salvador tomó por medio el morir para librarnos de la muerte, así también el descender al infierno para librar a los suyos de él. Allí estaban recogidas todas las almas de los justos, que desde el principio del mundo hasta aquella hora habían salido de esta vida. Estaban allí gimiendo y suspirando por este día. No se puede con palabras explicar la alegría de estos padres: mas mucho mayor era, sin comparación, la que el Salvador tenía, viendo tanta muchedumbre de almas remediadas por su pasión.

El Señor resucita del sepulcro, como primogénito de los muertos y figura de nuestra resurreción. Fil 3,20: Nuestra ciudadanía en los cielos está, desde donde también aguardamos un Salvador, el Señor Jesucristo, 21 el cual transfigurará nuestre cuerpo de bajeza, hecho según el talle de su cuerpo de gloria, según su poderosa acción, capaz aún de subyugar a sí todas las cosas.

Vuestra Madre padeció con Vos, Señor, viéndoos padecer en la cruz; Ella fue crucificado con Vos, justo es que también resucite con Vos. Sentencia es de vuestro Apóstol que los que fueron compañeros de vuestras penas también lo han de ser de vuestra gloria.

¡Oh, Virgen bienaventurada, bástate solo este bien! ¡Bástate que tu Hijo sea vivo, y que le tengas delante, para que no tengas más que desear! ¡Oh, Señor, cómo sabes consolar a los que padecen por Ti! No parece ya grande aquella primera pena en comparación con esta alegria.

DOMINGO POR LA NOCHE
Este día pensarás en LOS BENEFICIOS DIVINOS para dar gracias al Señor por ellos, y para encenderte más en el amor de quien tanto bien te hizo, y sentir más las ofensas hechas contra tan piadoso Bienhechor.

Todos beneficios se pueden reducir a cinco maneras: al beneficio de la creación, conservación, redención y vocación, y a los beneficios ocultos que cada uno tendrá en sí recibidos. Considera lo que eras antes que fueses criado. Fuiste ab aeterno nada, estando en las tinieblas y en el abismo tan profundo del no ser. Dios te dió ante todo merecimiento ese cuerpo con todos tus miembros y sentidos, y esa tan excelente ánima, criada a su imagen y semejanza para un tan alto fin como es gozar de Dios, con aquellas tres tan nobles potencias, que son: entendimiento, memoria y voluntad.

- Todas cuantas criaturas hay en el mundo son parte del beneficio de la conservación. De manera que tuyo es el cielo, la tierra, el sol, la luna, las estrellas, el mar, los árboles y todas las cosas; pues todas ellas están dedicadas a tu servicio. A todo el mundo ocupó en tu servicio para que tú te ocupases en el suyo. Hasta los mismos ángeles del cielo diputó para tu guardia y amparo. Considera con esto la salud que te da, las fuerzas, la vida, el mantenimiento, con todos los tros socorros temporales. No vivirías un punto, ni darías un paso si no fuese por El.

Pondera mucho las miserias y desastres en que cada día ves caer los otros hombres, en los cuales pudieras tú también haber caído si Dios por su piedad no te hubiera preservado. A uno ves tullido, a otro ciego, a otro manco, a otro perniquebrado, a otro con dolores de la piedra o de la gota, o con otros males semejantes; porque en hecho de verdad no es otra cosa este mundo sino un piélago de infinitos trabajos, apenas hallarás casa en toda esta tierra donde no haya su gemido y dolor. Pues dime tú ahora: ¿Quién te dió a tí esta bula de excepción? ¿No eres tú hombre como todos, y pecador como todos? Pues si todos estos males vienen, o por parte de la naturaleza, o por parte de la culpa, habiendo en tí las mismas causas, ¿cómo no hay los mismos efectos? Pues ¿quién detuvo las corrientes de las aguas, para que tú no perecieses en este común diluvio, sino solo la divina gracia? Pues echada bien esta cuenta, hallarás que todos los males del mundo son beneficios tuyos, y que por cada uno de ellos debes especial agradecimiento y amor, pues de todos ellos te ha librado este Señor.

Oración:

Esta sea toda mi consolación, estar siempre crucificado contigo; y esta toda mi aflicción, pensar otra cosa fuera de Tí. Mira, Dios mío, el precio por que me compraste, y no permitas que un tan precioso tesoro haya sido derramado en balde por mí, ni que yo sea como el hijo abortivo, al cual pare su madre con grande dolor y él no goza del fruto de la vida.

jueves, 30 de mayo de 2019

MEMORÁRE DE FRAY LUIS DE GRANADA


No me desampare tu amparo,
No me falte tu piedad,
No me olvide tu memoria.
Si tú, Señora, me dejas, ¿quién me sostendrá?
Si tú, me olvidas, ¿quién se acordará de mí?
Si tú, que eres estrella de la mar y guía de los errados, no me alumbras, ¿dónde iré a parar?
No me dejes tentar del enemigo,
Y si me tentare, no me dejes caer,
Y si yo cayere, ayúdame a levantar.
¿Quién te llamó, Señora, que no le oyeses?
¿Quién te pidió, que no le otorgases?

FRAY LUIS DE GRANADA

lunes, 21 de mayo de 2018

FRAY LUIS DE GRANADA CONTRA EL TALMUD

DE LAS MENTIRAS, FALSEDADES Y DESVARÍOS DEL TALMUD
 
MAESTRO: Por lo que hasta aquí habemos tratado, habréis entendido cuán convencida queda la ceguedad de los incrédulos mediante el testimonio de las santas Escrituras. ¿Pues qué será, si además de las Escrituras halláremos otra probanza tan clara como la de ellas?
   
CATECÚMENO: ¿Cómo puede eso ser? ¿Hay cosa más cierta que la palabra de Dios, y la lumbre de la fe, que estriba en ella?
 
M.: Así es como decís. Mas con todo eso acordaos que como la lumbre de la fe es de Dios, así también lo es la de la razón, que Él imprimió en nuestras ánimas: por la cual se dice haber sido criado el hombre a imagen de Dios. Y aunque esta lumbre natural no iguale con la sobrenatural en certidumbre de lo que testifica; mas todavia tiene claridad en lo que entiende: la cual no cabe en la fe (porque fe es como cimiento del edificio, que no se ve) y esta claridad alegra y aquieta mucho los entendimientos. Pues por esta lumbre natural verá cualquier hombre de razón la ceguedad de los que creen las fábulas y mentiras de su Talmud como si fuesen sagrada Escritura.

Para lo cual habéis de saber, que en tiempo del Papa Benedicto XIII (Pedro de Luna, antipapa) un famoso Médico del mismo Pontífice, doctísimo en toda la doctrina de los Hebreos, se convirtió a nuestra santa fe, y le fue puesto por nombre Jerónimo de Santa Fe. Descando pues su Santidad alumbrar las ánimas, y sacarlas de las tinieblas de sus errores, mandó a este su Médico que escribiese un libro en el cual por testimonio de las santas Escrituras mostrase ser ya el Mesías venido, y ser este Cristo nuestro Salvador. Hizo esto él con toda diligencia. Y no contento con esto, escribió otro tratado también por mandado de su Santidad, en el qual refiere muchas de las falsedades y vanidades y fábulas de los libros del Talmud. Los cuales libros el Reverendísimo Arzobispo de Goa, D. Gaspar Jorge de Leão Pereira, de santa memoria, trasladó poco ha (año 1565) de lengua Latina en Portuguesa para luz y doctrina de las ánimas ciegas que en aquellas partes hay. Y en esta lengua andan estos dos libros impresos. Y de este segundo tratado (que refiere las falsedades del Talmud) determiné yo sacar aquí algunas cosas, para que por ellas se vea claro la ceguedad en que vive la gente que tales cosas cree. Este Talmud, (que quiere decir doctrina), compusieron los maestros de los hebreos cuatrocientos años después de la Pasión de nuestro Redentor. Y dicen ellos que esta es otra Ley que fue dada a Moisés por palabras. Y como fingen otras cosas sin probarlas, así también fingen ésta, que ni por razón ni por autoridad se prueba. Esta escritura es mayor [en tomos] que diez veces nuestra Biblia: además de las glosas, así antiguas como nuevas, que se han hecho sobre ella, que son muchas. Y los instruidores de este Talmud, por mejor afirmar y fundar sus ordenaciones y yerros, mandan en diversos lugares que todas las cosas por ellos ordenadas tengan tanta fuerza como las mandadas por Dios en la ley de Moisés. Y, demás desto ponen pena de muerte a quien negare alguna cosa de las escritas por ellos, no poniendo esta pena a los que contradijeren las palabras de la Ley de Dios.
   
Mas antes que comience a referir las falsedades de este libro, quiero que se acuerde el Cristiano lector que no hay maldad en el mundo que no se pueda creer de un ánima desamparada de Dios; mayormente si es enemiga y blasfema contra Cristo nuestro Salvador, que es la luz, y la puerta, y el camino para la verdad, sin la cual queda el hombre sin camino, y sin luz, y sin verdad, y así caerá en mil maneras de barrancos y despeñaderos. Y añado más: Que como entre las pasiones y apetitos de nuestra carne, el más furioso sea el que sirve a la generación humana, de aquí es que los hombres vacíos desta gracia vienen a caer en torpezas feísimas y abominables. He dicho esto porque este libro del Talmud (como libro compuesto por gente ajena del espíritu de Dios y de su gracia) contiene cosas tan torpes y tan sucias, que yo no me atrevo a referirlas por no ofender las orejas castas con cosas tan feas. Y porque no parezca increíble lo que aquí se dice, alega este autor en cada cosa el libro y el capítulo, y el principio de él; para que se vea que no finge cosa que allí no esté. Y dado caso que aquí lea cosas vanísimas y ridículas, pídole por caridad que detenga la risa y apareje las lágrimas para llorar la ceguedad de gente que tales cosas cree como dichas por Dios.
     
Y comenzando por lo que toca al conocimiento de Dios, están tan errados en esto los Talmudistas que, unas veces le quitan el poder, y otras el saber, y otras la verdad, y otras la santidad y justicia. Y así en un libro suyo que se llama Berajót, en el capítulo primero reparten la noche en tres partes, y en cada una de ellas dicen que Dios brama como un león diciendo: “¡Ay de mí, que destruí mi casa, y quemé mi templo, y cautivé a mis hijos entre las gentes del mundo!”. Y en el mismo capítulo dijo Rabí José: “Entré una vez en una casa desierta en Jerusalén a hacer oración; y cuando salí, encontré a Elías, el cual me saludó diciendo: Paz a ti, maestro. Yo le respondí: Paz a ti, Maestro, Señor. Y él me dijo: Hijo, no solamente dice eso Dios una hora, mas todos los días lo dice. Y también en la hora que Israel entra en las sinagogas, y responden a la oración, repela Dios su cabeza, y dice: Bienaventurado es el Rey que así lo glorifican sus hijos en su casa: mas ¡ay del padre que cautivó sus hijos! y ¡ay de los hijos que fueron cautivos y alejados de la mesa de su padre!”. Hasta aquí son palabras del sobredicho capítulo. Vean pues ahora todos cuán gran blasfemia sea esta: la cual ata las manos a Dios y le quita el poder, y le sujeta al hado. Asimismo, como le quitan el poder le quitan el saber, y le atribuyen cosas vanísimas. Y así en el libro llamado Havodá Sará, preguntando en qué se ocupaba Dios, responden que en las tres primeras horas del día se pone Dios a estudiar la ley; y en las tres siguientes, se asienta a enseñar a niños que murieron de poca edad; y en las otras tres se asienta a juzgar todo el mundo; y en las tres postreras, está jugando, holgando y riendo con el dragón llamado Leviatán. Esto hace de día. Y preguntando qué hace de noche, responden que cabalga sobre un querubín muy ligero, y visita diez y ocho mil mundos. Esto hace después de la creación del mundo; mas antes que lo criase se ocupaba en edificar mundos y deshacerlos. Véase pues cuántas locuras y disparates se contienen en todas estas palabras. Dicen también en el Berajót, en el capítulo primero, que después que se destruyó el Templo, no quedó a Dios en todo el mundo mas que cuatro codos de espacio para estudiar Halajá, que es lección del Talmud: y así dicen que en las tres primeras horas del día se asienta a estudiar en el Talmud. Véase pues cuán grande dislate sea este.
  
Asimismo le quitan la verdad. Porque en Bavá Metziá, en el capítulo que comienza Mecá Haboet, dice Rabí Ismael: “Grande cosa es la paz; pues Dios dijo mentira por poner paz entre Abrahán y Sara”.
 
No faltaba aquí sino poner en Dios pecado: y no dejan de ponerlo, según que dicen en Hullín en el capitulo que comienza Elloé Terrephot, sobre el texto del Génesis donde se dice que crió Dios dos grandes lumbreras. Porque sobre este paso dicen una patraña la más ridiculosa y necia que se pudiera imaginar. Porque dice Rabí Simeón, que en la hora de la creación la luna y el sol eran iguales, y pareció la luna delante de Dios, y díjole: “Señor, ¿es bien que dos Reyes se sirvan de una corona?”. Por esto mandó Dios que fuese disminuida la claridad de la luna. Dijo entonces ella muy sentida de este agravio: “Señor, ¿por haberte yo dicho lo que estaba en razón, me has apocado?”. Entonces Dios por alagarla y contentar le dijo: “No tomes pena por eso: porque el sol no parecerá sino de día; y tú parecerás de noche y de día”. Mas ella no se contentó con esto, mas antes dijo: “Señor, la candela delante del sol, ¿qué aprovecha?”. Díjole entonces Dios: “Yo haré que mi pueblo de Israel haga sus cuentas en tus meses”. Con todo esto no se contentó la luna, hasta que Dios se dio por culpado, y mandó a Moisés que en fin de cada luna hiciesse sacrificio de un bode (cabrón), porque Dios fuese perdonado de este pecado. Y esto prueban por el capitulo 28 del libro de los Números, donde manda Dios que este animal se ofrezca por los pecados. Consideren ahora los que tienen juicio, si es cosa para llorar, ver gente de razón obligada a creer so pena de muerte mentiras tan prodigiosas.
 
Así mismo dicen en Bavá Batraá, en el capítulo que comienza Hamor, que Rabá, hijo de Rabhaná, iba por un camino; y díjole un acemilero: “Muéstrame el monte de Sinaí. Yo fui con él, y oí allí una voz que decia: ¡Oh mezquino, ay de mí, que hice juramento! ¿Y quién me absolverá?”. Y después que tornó a su estudio, contó lo dicho a sus maestros: los cuales le reprehendieron diciendo: “En la hora que oíste esa voz, hubieras de decir: Señor, yo te absuelvo de este juramento”. Y glosa Rabí Salomón diciendo que este juramento de que Dios pedia absolución, era el cautiverio de Israel. ¿Puede ser mayor locura que ésta?
 
Son también los Talmudistas tan desvergonzados, que se atreven a inventar glosas contrarias a la ley de Dios. Por donde en Sanedrín, en el capítulo que comienza Arbamitot, y sobre las palabras del Levítico (cap. 20) que dicen: “No darás de tu simiente cosa que se consagre al ídolo Moloc”, declaran ellos que, por cuanto el texto dice: No darás de tu simiente, se entiende que no peca el hombre sino cuando da un solo hijo a este ídolo; mas si se los da a todos, no peca. Y por cuanto dice el texto: No darás, se entiende que no hay pecado sino cuando el padre da su hijo al sacerdote de Moloc para que haga el sacrificio; mas si el mismo padre lo hace, no peca. Y que si el hombre hace sacrificio de su padre o de su hermano al sobredicho ídolo, no peca.

Ítem, en el mismo libro y en el mismo capitulo dicen: “El que adora ídolos por amor o temor, no peca”. Y declara Rabí Salomón que por amor se entiende cuando algún Señor les ruega que los adore; y por temor, cuando le amenazaran si no los adora. ¿Pues quién no ve contradecir a esto toda la santa Escritura? Porque por amor de las mujeres Madianitas adoraron los hijos de Israel al ídolo de Fogor; y por este pecado mandó Moisés matar veinte y cuatro mil hombres; y Dios le mandó ahorcar todos los Príncipes del pueblo, porque no acudieron a remediar este mal. Y sobre todo esto si no fuera porque el sumo Sacerdote Finees aplacó a Dios, dijo el mismo Dios que hubiera de destruir todo el pueblo por este pecado. Y con estar todo esto escrito en el libro de los Números en el capitulo 25, vienen estos hombres blasfemos con su frente lavada a decir todo lo contrario de lo que Dios sentenció.
 
Asimismo no tienen vergüenza de contradecir a la santa Escritura: la cual alaba la casta fidelidad del santo José (Génesis 39) en no querer consentir con la maldad de su señora; mas ellos dicen en Hullín, en el capitulo que comienza Col-habacar, que José entró en la cámara de su señora con intención de pecar con ella; y que viro el Ángel Gabriel y castróle: y así se halló inhábil para el pecado. Esta glosa, además de ser fabulosa y loca, es manifiestamente contraria a la santa Escritura.
 
No contentos los Talmudistas con estas locuras, también se glorían en si mismos. Y así en el libro de Corá en el capitulo tercero está escrito que un Doctor llamado Rabí Simeón, hijo de Joaz, decia: “Yo soy tan digno y tan justo, que si yo quisiese, por mi bondad serían libres en el día del juicio todos los hombres que nacieron en el mundo desde el día que yo nací, hasta hoy; y si Alasár, mi hijo, fuese conmigo, podríamos librar del juicio todos los que nacieron desde el día que el mundo fue criado, hasta hoy; y si Jonatham, hijo de Husiel, fuese con nosotros, podríamos librar todo el género humano, desde el día de la creación del mundo hasta el fin”. Véase si es posible que el que esto decía, lo creía así; y ¿si dijera más uno de los que están atados en la casa de los orates, que esto? Y estas locuras obligan los Talmudistas a creer a la gente miserable, diciendo que cualquier hombre que escarneciere de alguno de los sabios del Talmud, o dijere mal de ellos es condenado a los infiernos. Y con estas amenazas espantan a la gente ruda y supersticiosa, para que crea mentiras tan monstruosas, y tales, que ni aun tras del fuego las osarían decir los niños cuando cuentan hablillas de viejas.
  
Y no contentos con ser blasfemos contra Dios, también hacen leyes perversas contra toda humanidad de justicia: y así dice Rabí Moisés de Egipto en el libro de Sopú en el capítulo quinto, que el que maldijere a su padre, o a su madre, no es culpado en cosa alguna; salvo si en la maldición nombrare alguno de los nombres propios de Dios. Y no solamente da licencia de maldecir a los padres carnales, contra el mandamiento de la ley de Dios, que dice: “El que maldijere a su padre, o a su madre, muera por ello” (Éxodo 21); mas también la da para maldecir al mismo Dios, conforme a lo que se dice en Sanedrín, en el capítulo que comienza Arba mihot: donde dice que el que maldijere a Dios, no tiene culpa, sino es cuando declara un nombre propio de Dios, que es Semhámephoras. Y si nombrare cuando maldice a Dios, con alguno de los otros sus nombres, que son, Adonai, Elohim, Sabaoth; que quieren decir, Señor, Justo, Dios de los ejércitos, no tiene culpa. Pues, ¿qué cosa más contraria a la justicia, y a la santa Escritura, y a toda razón, que esta? Ítem, dan licencia para matar sin pena alguna. Y así se dice en Sanedrín, en el capítulo que comienza Ellú que si alguno atare los pies y las manos de su compañero, y por esta causa muriere de hambre, el que lo ató, será libre de muerte. Mas si lo ató al sol, o al frío, y muriere, será culpado en la muerte. Y si lo ata y lo echa delante de un león, libre es de la muerte; y si lo echa delante de las moscas, es culpado en la muerte: y si lo echa en un pozo que tuviere escalera, y otro la quita, el que lo echó en el pozo, será libre.
 
Ítem, si diez hombres fueren contra otro hombre con diez palos y lo mataren, todos son libres.
 
Ítem, dice Rabí Moisés de Egipto en el libro de Suprin, en las lecciones de Sanedrín, en el capítulo nono, que si un malhechor fuere acusado delante los jueces, y todos a una voz lo sentenciaren a muerte, el tal sentenciado será libre de ella: porque es necesario que los jueces discuerden entre si, y que parte de ellos lo condenen, y parte lo absuelvan; y estarse ha por las más voces.
  
Ítem, dicen en el libro de Hullín que si Pedro dice un falso testimonio contra Martín, por el cual Martín es sentenciado a muerte; si antes de muerto se prueba la falsedad, morirá el acusador; mas si se prueba después de muerto, el acusador quedará libre. ¿Quién no ve ser estas determinaciones contra todas las leyes divinas y humanas?
  
Pues, ¿qué corazón habrá tan ajeno de toda humanidad, que por una parte no se espante leyendo esto, y por otra no llore viendo tantas ánimas obligadas so pena de muerte a dar crédito a cosas tan injustas, tan fabulosas y tan abominables? ¡Oh justicia de Dios, oh azote de Dios, que tal ceguedad permite por los pecados!
 
Pues volviendo al proposito, ¿qué os parece, hermano? ¿Cómo dábades crédito a cosas tan horribles, y tan contrarias, no solo a la santa Escritura, sino también a toda la lumbre de la razón con que Dios nos crió? Mas no faltará por ventura alguno que corrido de haber creído tales locuras, diga que nada de esto está en el Talmud. Esto no ha lugar poderse decir; porque el Autor que esto escribió, fue muy diligente en alegar el libro y el capitulo, y el principio de él en su misma lengua. Y demás de esto él escribió en Roma, y por mandado de su Santidad, donde hay Sinagogas y Maestros de esta secta, y no era posible ser un hombre tan loco y tan desvergonzado, que escribiese cosas que en presencia del Papa y de los Cardenales pudiesen claramente ser redargüidas. Así que en la verdad de lo dicho ningún lugar queda para dudar.
 
Catec.: Ahora que Dios me abrió los ojos para ver la luz de la verdad, veo más clara la falsedad y el engaño en que he vivido. Porque así como los que han estado mucho tiempo en una cárcel oscura y sucia, no sienten el mal olor de ella, por estar habituados a él; mas los que de nuevo vienen de aires puros y limpios, luego sienten este mal olor; así yo, habituado a creer estas fábulas y mentiras, no veía la falsedad de ellas: mas ahora con la luz de la verdad veo más claramente la falsedad de la mentira; y estoy corrido y avergonzado de mí mismo por haber creído tales cosas. Juntóse con esto haber nacido y criádome en ellas, y mamádolas en la leche, y heredádolas de todo mi avolorio hasta hoy: y esto me tenía cautivo y ciego en este engaño. Con esto se juntó la autoridad y excelencias de las santas Escrituras, que nosotros también recibimos; y a vueltas de estas verdades tan ciertas nos dieron a beber nuestros Doctores la ponzoña de estas mentiras: como lo hizo el perverso Mahoma, que engrandeciendo la dignidad y gloria de Cristo, trajo a su secta grán número de Cristianos: y no nos desayudó poco el menosprecio y manera de desgracia que nos muestran algunos de los Cristianos en muchas cosas; habiéndonos de atraer al conocimiento de la verdad con beneficios y buenos ejemplos. Porque esto nos hace recompensar una desgracia con otra: y juntamente con el aborrecimiento de las personas venimos también a aborrecer la religión que profesan. Por donde si ahora resucitara aquel que deseaba ser anatema de Cristo por salvar a sus hermanos (Romanos 9), con cuánta razón dijera aquello que él escribió: “¿Quién está enfermo, que yo no lo esté? ¿y quién se escandaliza, que yo no me abrase?” (II Corintios 11). No convertía el santo Apóstol los hombres de esta manera, sino haciendo mil manjares de sí, y haciéndose todo a todos los hombres, por hacer salvos a todos: ni despreciando los pecadores, sino llorando sus pecados.
 
FRAY LUIS DE GRANADA OP.  Introducción del Símbolo de la Fe, Parte cuarta, Tratado II, Diálogo 1º, Sección II, Capítulo XXII. En Obras del Venerable Padre Maestro Fray Luis de Granada, tomo XII. Madrid, Imprenta de Antonio de Sancha, 1789, págs. 276-288.

lunes, 22 de febrero de 2016

LA IMPORTANCIA DE LAS BUENAS LECTURAS

Fray Luis de Granada, OP
  
“La palabra de Dios todas las cosas obra y puede, como el mismo Dios, pues es instrumento suyo. Y así la palabra de Dios resucita muertos, reengendra a los vivos, cura a los enfermos, conserva a los sanos, alumbra a los ciegos, harta a los hambrientos, esfuerza a los flacos y anima a los desconfiados. Con ella se consuela a los tristes, y se alegra al atribulado, y se mueve a penitencia al duro, y se derrite más al que está blando.
  
Pues si tan grandes y maravillosos efectos obra en las alma esta luz. ¿Qué cosa más para llorar que ver tan desterrada esta luz del mundo?, ¿qué ver tantas y tan palpables tinieblas?, ¿tanta ignorancia en los hijos?, ¿tanto descuido en los padres, y tanta rudeza y ceguedad en la mayor parte de los cristianos?
 
¿Qué cosa hay en el mundo más digna de ser sabida que la Ley de Dios, y qué cosa más olvidada? ¿Qué cosa más preciosa, y qué más despreciada? ¿Quién entiende la grandeza de la obligación que tenemos al amor y servicio de nuestro Criador? ¿Quién comprende la fealdad y malicia de un pecado, para aborrecerlo sobre todo lo que se puede aborrecer? ¿Quién asiste a la Misa y a los divinos oficios con la reverencia que merecen? ¿Quién santifica las fiestas con la devoción y recogimiento que debe?
  
Vivimos como hombres encantados, ciegos entre tantas lumbres, insensibles entre tantos misterios, ingratos entre tantos beneficios, endurecidos y sordos entre tantos azotes y clamores, fríos y congelados entre tantos ardores y resplandores de Dios. Si sabemos alguna cosa de los mandamientos y doctrina cristiana, sabémoslo como picazas, sin gusto, sin sentimiento ni consideración alguna de ellos. De manera que más se puede decir que sabemos los nombres de las cosas, y los títulos de los misterios, que los mismos misterios.
  
Entre los remedios que para desterrar esta ignorancia hay, uno de ellos, y no poco principal, es la lectura de los libros de católica y sana doctrina, que no se entremeten en tratar cosas sutiles, sino doctrinas saludables y provechosas. Y por esta causa los Santos Padres nos encomiendan mucho el ejercicio de esta lectura.
 
San Jerónimo, escribiendo a una virgen nobilísima, Demetria, la primera cosa que le encomienda es la lectura de la buena doctrina, aconsejándole que sembrase en la buena tierra de su corazón la semilla de la palabra de Dios, para que el fruto de la vida fuese conforme a ella.
 
San Bernardo, escribiendo a una hermana suya, le aconseja este mismo estudio, declarándole muy por menudo los frutos y efectos de la buena lectura. Y, lo que más es, el Apóstol San Pablo aconseja a su discípulo Timoteo, que estaba lleno de Espíritu Santo, que entretanto que él venía, se ocupase en la lectura de las Santas Escrituras. Moisés, después de propuesta y declarada la Ley de Dios, dice así: 
“Estas palabras que yo ahora te propongo en tu corazón, enseñarlas has a tus hijos, y pensarás en ellas estando en tu casa, y andando camino, y cuando te acostares y levantares, y atarlas has como una señal en tu mano, y escribirlas has en los umbrales y en las puertas de tu casa”.
 
No sé con qué otras palabras se pudieran más encarecer la consideración y estudio de la ley y mandamientos de Dios, que con éstas. Y como si todo esto fuera poco, vuelve luego en el capítulo II del mismo libro (Deut.), a repetir otra vez la misma encomienda con las mismas palabras, que es cosa que pocas veces se hace en la Escritura. Tan grande era el cuidado que este hombre quería que tuviésemos de pensar siempre en la Ley de Dios.
 
Pues, ¿quién no ve cuánto ayudará para esta consideración tan continua que este profeta nos pide, la lectura de los libros de buena doctrina, que siempre tratan de la hermosura y excelencia de la Ley de Dios, y la obligación que tenemos de cumplirla? Porque sin la doctrina de la lectura, ¿en qué se podrá fundar y sustentar la meditación, siendo tan hermanas estas dos cosas entre sí, pues la una presenta el manjar, y la otra lo mastica y digiere, y traspasa a los senos del alma?
 
Pudiera probar esta verdad con ejemplos de muchas personas que yo he sabido haber mudado la vida movidos por la lectura de buenos libros; y de otras que he leído, de las cuales crecieron tanto en santidad y pureza de vida, que vinieron a ser fundadores de Órdenes Religiosas, en que otros también se salvasen como ellos.
 
Entendió esto muy bien Enrique VIII, el cual pretendió traer a su error a ciertos Padres de la Cartuja, y viendo que con muchas vejaciones que para esto les hacía no los podía inducir a su error, al cabo mandó que les quitasen todos los libros de buena y católica doctrina, pareciéndole que quitadas estas armas espirituales con que se defendían, fácilmente los podría rendir. En lo cual se ve la fuerza que estas armas tienen para defendernos de los engaños de los herejes, pues las quería quitar quien pretendía engañar.
  
Pues si tal es la virtud de estas armas, ¿por qué no trabajaremos de armar con ellas al pueblo cristiano? Vemos que uno de los grandes artificios que han tenido los herejes para pervertir a los hombres, ha sido derramar por todas partes libros de sus blasfemias. Pues si tanta parte es la mentira, ¿cuánto más lo será la verdad bien explicada y declarada con sana doctrina para aprovechar, pues tiene mucho mayor fuerza que la falsedad?
  
Y si los herejes son tan cuidadosos y diligentes para destruir las almas por este medio, ¿por qué no seremos nosotros más diligentes en usar de estos y de otros semejantes medios para salvarlas?”
   
FRAY LUIS DE GRANADA. Guía de Pecadores, Prólogo galeato (en defensa de la obra).