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miércoles, 30 de noviembre de 2022

LA CABEZA DE SAN ANDRÉS APÓSTOL EN ROMA

Traducción del artículo publicado por Giuliano Zoroddu en RADIO SPADA.
   
Presentación de la cabeza de San Andrés Apóstol al Papa Pío II en Ancona el 16 de Noviembre de 1441 (Roma, basílica de San Andrés en el Valle).
  
Según la tradición recibida también por el Breviario Romano, el Apóstol San Andrés, el primer llamado, hermano de San Pedro, “fue a predicar la fe de Cristo en la provincia que le tocó, la Escitia de Europa, después recorrió el Epiro y la Tracia; y con la predicación y los milagros convirtió a Cristo innumerables personas”. Recibió el martirio en Patrás de Acaya, condenado a la crucifixión por el procónsul Egeo. San Jerónimo en el libro IX de su De viris illústribus, nos informa que en tiempo de Constancio II sus reliquias (cuya posesión es actualmente presumida por Amalfi) fueron trasladadas a Constantinopla. Después de la caída de Constantinopla el 29 de Mayo de 1453, desde 1462 a 1964 fue en cambio conservado en San Pedro su venerable cráneo. La llegada a Italia de esta reliquia es relatada con abundancia de particulares por Egidio Fortini en su Solenne ricevimento della testa di sant’Andrea Apostolo e cappella presso al Ponte Milvio a lui consacrata (Roma, 1848), cuyos puntos importantes ofrecemos a nuestros lectores.
Caída míseramente en las manos de Mehmet II la gran ciudad de Constantinopla en el año 1453 de nuestra salud, tuvo fin el imperio de los Griegos con el asesinato también de su último soberano, el Emperador Constantino Paleólogo. Sus hermanos Demetrio y Tomás, sabiendo que era imposible para ellos reconquistar sus derechos perdidos, pensaron en proveerse distintamente. Demetrio adquirió con mucho dinero algunas posesiones, y Tomás, aborreciendo habitar aquella tierra quitada a los suyos, se refugió en la isla denominada de Santa Maura cerca al Epiro conduciendo consigo a su mujer y sus siervos, además muchos nobles de la Grecia que lo quisieran seguir. Temiendo sin embargo que la cabeza de San Andrés apóstol, la cual con mucho honor se conservaba en la ciudad de Patrás de la provincia de Acaya en el Peloponeso, no fuese ultrajada por los bárbaros mahometanos ni bien se hubiesen apoderado de aquel lugar, quiso llevarla consigo a la mencionada isla. Muchos príncipes cristianos tanto italianos como extranjeros ofrecieron gruesas sumas de dinero a Tomás para tener consigo una reliquia tan insigne, mas sabiendo esto el pontífice Pío II, envió embajadores a aquel príncipe, pidiéndole no conceder tal tesoro a otros, salvo el Romano Pontífice, quien solo él podía custodiarla más convenientemente, agregando ser también deber que la cabeza del  santo Apóstol reposase más que en otra parte, en el lugar donde yacen los huesos de su glorioso hermano, el príncipe de los Apóstoles San Pedro, y pensase finalmente, que si no hacía esto, caería en la indignación del santo. Prometió Tomás contentar al papa, y de llevar él mismo hasta Ancona el anhelado don, como de hecho ejecutó. Viajaba en el Adriático la venerable cabeza, y parece que el móvil elemento todo por reverencia se conmoviese, ya que hubo ese año muchas más tempestades que lo usual, y si bien no pocos barcos se hundiesen, llegó el ansiado huésped a salvo de tantos peligros en los Estados Eclesiásticos y desembarcó felizmente en Ancona el año 1461 [el 16 de Noviembre, N. de R.], donde el Papa mandó a recibirlo el cardenal de Santa Susana [Alejandro Oliva, N. de R.], a fin que reconocida la autenticidad de la reliquia, la llevase a la fortaleza de Narni y allí la hiciese custodiar por aquel castellano rodeada de muchas luces, en tanto que, aquietadas las guerras, que en aquellos tiempos infestaban el Estado de la Iglesia, pudiese conducirse a Roma con toda seguridad. […] Tres conspicuos cardenales fueron mandados por el pontífice a Narni para tomar la sagrada reliquia, siendo el primero de ellos el cardenal griego Besarión, obispo de Túsculo [Frascati, N. de R.], hombre de grandísimo ingenio y saber, el susodicho cardenal Alejandro de Santa Susana y el card. Francisco Administrador de la Iglesia de Siena [Francisco Todeschini Piccolomini, el futuro papa Pío III, N. de R.]. Con toda reverencia condujeron ellos la sagrada cabeza hasta el Puente Milvio, cerca de dos millas de distancia de nuestra ciudad, en la cual entre tanto se hacían los preparativos oportunos para tan gran recibimiento, del cual el mismo Pío quería participasen también los extranjeros, y a tal efecto publicó un perdón general de las cultpas a todos los que estuviesen presentes en Roma ese día y dio el aviso por toda la Italia […] Llegó la cabeza de San Andrés apóstol al Puente Milvio el domingo de ramos del año 1462 el 11 de Abril, y allí fue puesta en la torre del Puente, donde fue custodiada toda la noche por dos arzobispos. En aquella mañana celebró el Pontífice en San Pedro la misa de los ramos, después del almuerzo llegó a la iglesia de Santa María del Pópolo para estar más cerca para ir al día siguiente a recibir el gran personaje. El tiempo era lluviosísimo, se oía frecuentemente rugir el trueno, y el aire cargado de nubes y de agua varios días antes no daba a esperar serenidad en el día destinado para tan grande recepción; pero no obstante contra la común expectación, todo fue ejecutado sin que el agua impidiese mínimamente la sagrada ceremonia. Entraron la mañana solenmenente en Roma los tres cardenales legados, y presentádose al Papa en la mencionada iglesia del Pópolo, llegaron con él por la misma puerta Flaminia por la cual entraron. Ellos precedían la gran cabalgata, compuesta por todo el clero romano, los príncipes romanos, y legados de los príncipes extranjeros, Abades, Obispos, Arzobispos, Cardenales y Pontífice, todos con ramos en mano recibidos en la mañana del domingo anterior. Seguía una inmensa cantidad de pueblo, cuyo concurso fue tanto, que ni las viñas ni los campos vecinos podían verse. En la cercanía del puente, en medio de un vasto prado, fue levantado un gran palco capaz de contener al pontífice y el clero, y en medio de él fue erigido un altar. En las cercanías de este lugar junto al papa y todo el sagrado consejo, cada uno desmontó del caballo y revistióse de hábitos eclesiásticos de color blanco, a paso lento cantando, y con el orden acostumbrado se encaminaron en el prado que parecía haber devenido blanco por las cándidas vestimentas de los sacerdotes. Donde estaban las escalas por las cuales se ascendía al mencionado altar, una revuelta de parte de Roma por la cual salió el Papa y el séquito sacerdotal, la otra guardaba el puente, por donde llegaba el cardenal Besarión con los otros dos legados portando la sagrada urna, la cual depositó sobre el altar, honrada del canto sacerdotal y circundada de muchísimas luces. Hecho silencio, fue abierta la sagrada custodia por el cardenal Besarión, y reconocidos los sellos, entregó en manos del Papa con lágrimas de compunción la cabeza del santo Apóstol, que con iguales lágrimas fue recibida por él. Se arrodilló Pío ante la augusta reliquia, y postrándose con rostro pálido y trémula voz habló así:
¡Al fin habéis llegado, sacratísima y adoradísima cabeza del santo Apóstol! El furor de los Turcos te ha desterrado de tu sede. Exiliado, te has refugiado con tu hermano, el príncipe de los Apóstoles […] ¡Cuánta alegría te llena hoy, oh beatísimo Apóstol Andrés, predicador de la verdad y asertor eximio de la Trinidad, mientras admiramos esta tu sagrada y venerable cabeza, que fue digna que sobre ella se posase visiblemente bajo forma de fuego el santo Paráclito el día de Pentecostés! […] Nos odiamos a los Turcos, cual enemigos de la religión cristiana, pero en esta ocasión no los odiamos porque fueron la causa de tu venida: en realidad, ¿qué podía sucedernos más deseado que admirar tu honorabilísima cabeza y estar llenos de su fragantísimo perfume? […] Entra en la Ciudad Santa y sé propicio al pueblo Romano: sea salutífera a todos los cristianos tu venida, pacífico sea tu ingreso, feliz y fausta tu permanencia entre nosotros. Sé nuestro abogado en el cielo, y junto a los bienaventuradso Apóstoles Pedro y Pablo conserva esta ciudad y piadoso provee a todo el pueblo cristiano; a fin que por vuestros patrocinios venga sobre nosotros la misericordia de Dios; y su indignación motivada por nuestros pecados, que son muchos, pase sobre los impíos Turcos y sobre las naciones bárbaras que combaten a Cristo el Señor.
Esta oración proferida por el vicario de Cristo hizo lacrimar a todos los prelados presentes, y no hubo ninguno que no se golpease el pecho y llorase implorando el perdón de sus fallas por intercesión del santo Apóstol […] Estaba entre tanto todo el pueblo en silencio esperando el fin de la conmovedora función, luego el papa, besado el primero la sagrada cabeza, la dio a besar a todo el clero que estaba en torno. Hecho esto, retomó: «Omnipotente y sempiterno Dios, que gobiernas el reino celestial como el terreno, que hoy te has dignado consolarnos con la llegada de la preciosa cabeza de tu santo Apóstol Andrés: concédenos te suplicamos, que por sus méritos e intercesión, aniquilada la soberbia de la pérfida gente Turca, y quitada del medio toda molestia causada por los Infieles, el pueblo cristiano te sirva en segura libertad». Todos respondieron Amén. Luego tomada, y elevada la veneranda reliquia, la mostró en torno a todos los presentes, que con altísimos gritos imploraban de Dios misericordia y perdón a intercesión de tal Apóstol. Después que fue entonado el himno ambrosiano [el Te Deum, N. de R.] y otro himno compuesto en tal ocasión por orden del Pontífice por Agabito Obispo de Ancona, célebre poeta romano, salió el gran Pío en medio de muchísimas luces portando él mismo la urna sagrada hasta la ciudad acompañado por prelados, Cardenales y por todo el séquito con palmas en las manos y el sólito orden de la jerarquía eclesiástica, entre tanta multitud de gente que con gran fatiga se podía proseguir el camino. Llegada a las puertas de Roma la cabeza fue recibida por una porción del clero romano que allí estaba para esperarla, y después que fue honrada devotamente, la introdujo en la predicha iglesia de Santa María del Pópolo, donde el Papa depositó la urna en el altar de la Santísima Virgen, y la dio en custodia a distintos obispos, a fin que la venerasen velando la noche, y él fue a descansar en una estancia contigua, donde pasó la noche para estar pronto el día siguiente en la solemnísima función de la otra traslación a la Basílica Vaticana. Declinaba el sol de un día tan afortunado, y el aire nuevamente se cubría de nubes, y una lluvia tenaz siguió durante toda la noche […] Y he aquí, ya de más bella luz cubrirse la feliz aurora del deseado día duodécimo del mes de Abril […] todos los cardenales, excepto uno solo, quisieron acompañar a pie al Santo, si bien algunos eran viejos y débiles y enfermos, y no acostumbrados a tales molestias, y poquísimos aún fueron los prelados que se eximieron de tan devoto viaje. Estaban todos los sacerdotes de las iglesias de Roma, portando las reliquias de los Santos. Iban en espléndidas vestimentas los ciudadanos romanos, los conservadores de la cámara, los príncipes de los Rioni y los otros magistrados, los legados de los príncipes extranjeros, y los barones romanos portando palmas y ceras ardientes según el orden de su respectivo grado. Parte de los legados y nobles estaba colocada cerca al Pontífice llevando las astas del baldaquín, mientras otros precedían al clero. Hay quien afirma que en aquella procesión se contaron treinta mil luces encendidas llevadas parte por el pueblo, y parte por el clero. Llegaron a San Pedro, y el Papa aún tenía que salir de la iglesia del Pópolo. Sonaban las trece horas cuando se movió, y recibida de mano de dos cardenales la sagrada cabeza, la besó, y bendecido el pueblo se encaminó por la vía de la orilla del río, ahora puerto de Ripetta, de allá volviendo hacia el mausoleo de Augusto, pasó por diversas calles, hasta que llegó al Panteón, donde tomó la vía de San Eustaquio, después la Vía Papal hacia el palacio de los señores Massimi, de ahí al Campo de Flora, la Cancillería y hacia la otra orilla del río se dirigió por el puente del Santo Ángel a la Basílica Vaticana […] Entró en la Basílica toda resplandeciente de luces, no solo por candelabros y lámparas encendidas en gran copia, sino por los cirios que portaba en mano el inmenso pueblo de ambos sexos, y era tanto el tumulto, que apenas por las milicias se podía disipar, con las armas, para hacer camino al sagrado convoy. Sonaban entre tanto los órganos, cantaban los sacerdotes y hacíase allí el espectáculo más conmovedor y magnífico. Sobre el ara del Príncipe de los Apóstoles depositó Pío II la cabeza de San Andrés, que allí fue venerada y besada por todo el clero. Entonces el Cardenal Besarión pronunció una bellísima oración en loor del Apóstol, y así se dio por terminada la sorprendente función.
Esta preciosa reliquia, que fue venerada en la Basílica Vaticana por última vez el 23 de Septiembre de 1964, fue restituida al “Metropólita” cismático Constantino III Platis de Patrás el 26 del mismo mes por el cardenal Agustín Béa/Behayim Merk SJ, delegado de Pablo VI Montini y Presidente del Pontificio consejo para la promoción de la unidad de los cristianos. Un ejemplo de cuán contrario al Evangelio (que en San Mateo VII, 6 enseña: «no déis las cosas santas a los perros, ni tiréis las perlas a los cerdos») es el ecumenismo teórico y práctico.

Antipapa Pablo VI Montini sosteniendo el relicario antiguo de San Andrés Apóstol el 23 de Septiembre de 1964, la última vez que esta reliquia sea visible en Roma, porque tres días después fue enviada a Grecia (Archivo de Aristides Panotis).
 
El cardenal Agustín Béa/Behar/Behayim Merk SJ, delegado de Montini, entregando el relicario de San Andrés Apóstol al “Metropólita” cismático Constantino III Platis de Patrás el 26 de Septiembre de 1964 (Archivo de Aristides Panotis).

miércoles, 21 de noviembre de 2018

NOVENA EN HONOR A SAN ANDRÉS APÓSTOL

Novena compuesta por el padre Pedro Castaño Ruiz, coadjutor parroquial de la iglesia de San Andrés en Murcia, en el año 1896, aprobada por el obispado de Cartagena-Murcia el 20 de Noviembre de dicho año, e impresa por los hijos de Pablo Nogués en 1897. Los gozos fueron impresos en Valencia, sin autor conocido.
    
NOVENA EN HONOR AL GLORIOSO SAN ANDRÉS APÓSTOL
 
  
Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
 
ACTO DE CONTRICIÓN
Eterno Dios y Padre amorosísimo, Criador de los cielos y la tierra, Fuente inagotable de gracias y misericordia, ante Vuestra presencia soberana, llego yo miserable pecador, agobiado bajo el peso de mis muchas culpas, de las que, arrepentido de todo corazón, digo, que me pesa una y mil veces de haber pecado y ofendido a vuestra infinita Majestad, digna del amor de todas las criaturas; propongo, ¡Oh Dios de bondad! firmísimamente no ofenderos más en lo venidero y ayudado de vuestra Divina gracia, apartarme de toda ocasión y peligro de pecar; consagrarme desde hoy a vuestro santo servicio y perseverar en tan santa ocupación hasta el fin de mis días; para de este modo tener el dulce consuelo de bendecir y alabar, después de atravesar este valle de llanto y aflicción, vuestra Paternal misericordia, en la Patria celestial, por los siglos de los siglos. Amén.
   
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Glorioso Apostol San Andrés, infatigable propagador del Evangelio, que con vuestra doctrina y ejemplo, hiciste que muchas e innumerables almas tuviesen la dicha inefable de salir de las  tinieblas de la más grosera idolatría en que desgraciadamente se hallaban abismadas, haciéndolas por consiguiente participantes de la herencia riquísima de la gloria que Jesucristo Señor nuestro conquistó con su sangre preciosísima. No permitais, Santo nuestro y Patrón amabilísimo, que sea para nosotros infructuosa esa Sacratísima sangre derramada, sino que auxiliados con vuestro poderoso valimiento, podamos un día entrar en posesión de esa herencia celestial, para cuyo goce hemos sido criados y juntamente con vos bendecir y ensalzar al Dios tres veces Santo, en la gloria. Amén.
   
DÍA PRIMERO - 21 DE NOVIEMBRE
Bienaventurado San Andrés, os considero como el más privilegiado de los escogidos del Señor, porque tuviste la dicha de ser el primero de los llamados a formar aquel ilustre Apostolado, fundado por el Maestro divino Cristo Jesús, para extender y promulgar por toda la redondez de la tierra, la luz brillante del Evangelio, de que tan necesitados estaban los hijos de la desventurada pareja del Paraíso, a consecuencia de su fatal prevaricación. Haced, ¡Santo mío! que nosotros tus fieles devotos seamos también del número de los llamados y escogidos para gozar de la presencia de Dios y habitar la celeste mansión de los bienaventurado, donde con vos cantemos alabanzas eternas al Verbo Humanado, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
  
Se reza un Padre nuestro, Ave María y Gloria. Ahora postrándose reverentemente ante ese altar Sacrosanto, cada uno pedirá humildemente a Dios la gracia que desee conseguir en esta novena.
   
ORACIÓN ÚLTIMA PARA TODOS LOS DÍAS
Glorioso San Andrés, Apóstol de la verdad y discípulo  distinguido de Jesús: desde el Cielo donde moras, escucha compasivo nuestras humildes súplicas y haz que sean favorablemente despachadas del Dios de las bondades. Oíd, protector nuestro, cómo de lo íntimo de nuestro corazón pedimos para la Esposa Inmaculada del Cordero, la Iglesia nuestra Madre cariñosa tan combatida por terribles enemigos, la paz que necesita; la extirpación de las herejías y la exaltación de la Santa Fe Católica; para el Vicario de Jesucristo, Vicegerente de Dios en la tierra, consuelo a su atribulado corazón y la libertad que en otros tiempos mas felices ha tenido; para el Sacerdocio, virtudes que le hagan digno del ministerio que desempeña; para nuestra católica Nación, el remedio de todos los males que le aquejan y la conducen a su perdición eterna y a su ruina temporal; para todos tus devotos, gracias y bendiciones celestiales con las que seamos hijos amantes de Jesús nuestro Salvador y Redentor, y gocemos después de la Beatífica visión por los siglos de los siglos. Amén.
 
GOZOS EN HONOR AL GLORIOSO SAN ANDRÉS APÓSTOL
  
Andrés, pues sois el primero
Discípulo del Señor,
Sednos siempre intercesor
Con Cristo Dios verdadero.
  
Cuando el Bautista os mostró
Al Mesías soberano,
Que a todo el linaje humano
Del cautiverio libró,
Vos, dejando al Precursor,
Os fuisteis con el Cordero.
Sednos siempre intercesor
Con Cristo Dios verdadero.
  
Tan abrasado quedasteis
De amor en el vivo fuego,
Que a San Pedro desde luego
Su corazón inflamasteis:
Concuciéndole al Señor,
Para seros compañero.
Sednos siempre intercesor
Con Cristo Dios verdadero.
  
En Galilea os llamó
Pescando con vuestro hermano,
Y de un oficio tan llano
Al más alto os sublimó:
Las redes con gran fervor
Dejais, siguiendo ligero.
Sednos siempre intercesor
Con Cristo Dios verdadero.
  
Quiso Cristo en el Desierto
Las turbas apacentar,
Y en tan desierto lugar
Hallais el sustento cierto:
Para ver al Salvador
Fuisteis vos el medianero.
Sednos siempre intercesor
Con Cristo Dios verdadero.
  
Vos con soberana luz,
Haciendo guerra al profundo,
Predicasteis por el mundo
De que Cristo murió en Cruz:
Mereciendo el sacro honor
De Cristo ser pregonero.
Sednos siempre intercesor
Con Cristo Dios verdadero.
  
De la Cruz enamorado
La saludais con ternura,
Y vuestro afecto procura
De Jesús ser el dechado:
Quedando en lazos de amor
Dulcemente prisionero.
Sednos siempre intercesor
Con Cristo Dios verdadero.
  
Dos días vivo pendiente
En una cruz estuvisteis,
Y gustoso allí rendisteis
El alma al Omnipotente:
Predicando con valor
Hasta el aliento postrero.
Sednos siempre intercesor
Con Cristo Dios verdadero.
  
Andrés, pues sois el primero
Discípulo del Señor,
Sednos siempre intercesor
Con Cristo Dios verdadero.
  
℣. En toda la tierra se escucha su voz.
℟. Y en los confines del orbe sus palabras.
  
ORACIÓN
Oíd nuestras humildes plegarias y concedednos, Señor, que el Apóstol San Andrés, que instruyó y gobernó a vuestra Iglesia, interceda continuamente por nosotros ante el trono de vuestra divina Majestad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
 
DÍA SEGUNDO - 22 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
 
Apóstol bendito San Andrés, magnánimo varón que por vuestra fe vivísima en las palabras del Bautista, cuando señalando a Jesús dijo que era el Cordero de Dios que quitaba los pecados del mundo, le seguisteis pronta y decididamente, confesando con esto su Divinidad, y mereciste ser transformado de pobre e ignorante pescador, en discípulo del Mesías, vaticinado por los Profetas y esperado con ansia por los Patriarcas, para regenerar el mundo y librarle de la odiosa esclavitud del enemigo de nuestras almas. Haz, ¡oh glorioso Apóstol!, que nosotros, informados por esa fe Divina, seamos fieles a los llamamientos de la gracia y a imitación vuestra, sigamos los pasos de Jesucristo nuestro Señor, con la observancia de los Divinos preceptos y obtengamos como recompensa una corona de gloría en la Jerusalén Triunfante por eternidad de eternidades. Amén.
  
Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria; pedir la gracia que se desea recibir. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
    
DÍA TERCERO - 23 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
 
Apóstol San Andrés, dechado de virtudes y modelo el más perfecto en la observancia de los consejos Evangélicos; yo contemplo en este día, aquella admirable abnegación con que apartasteis vuestro corazón de todas las cosas de la tierra, despreciando al mundo, a sus obras, pompas y vanidades poniéndolo únicamente en Dios, para poder así más libremente trabajar en la conversión de tantas almas sumidas en el caos abominable de la idolatría. Te rogamos, ¡Santo bendito!, nos alcances del Eterno Padre, gracia para despreciar a ejemplo vuestro, todo lo terreno como perecedero y caduco, despojar nuestro corazón de todo afecto mundano, para servir como merece a Su Divina Majestad mientras vivimos en este destierro de llanto y de dolor, y gozar después de su gloria en la Patria de los Santos, por siglos infinitos. Amén.
  
Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria; pedir la gracia que se desea recibir. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
    
DÍA CUARTO - 24 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
  
Humilde hijo de Betsaida, que por la grande caridad en que ardía vuestro corazón, venciste los trabajos insuperables del ministerio apostólico, ilustrando con la antorcha esplendorosa de la fe la Tracia, el Epiro, la Escitia, la Capadocia y otras muchas, con la predicación de la divina palabra; dilatando de este modo el reinado de Jesucristo y destruyendo el del príncipe de las tinieblas. Alcánzanos, Santo esclarecido, de nuestro Dios misericordioso, encienda nuestros fríos corazones en su ardentísima y Divina caridad, para que seamos celosos propagadores, con nuestras obras y ejemplos, de la única y verdadera religión que profesamos; llevando almas al Cielo, donde con ellas alabemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.
  
Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria; pedir la gracia que se desea recibir. La oración y los Gozos se dirán todos los días.
   
DÍA QUINTO - 25 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
  
Bendito San Andrés, defensor intrépido de la doctrina de la verdad, de aquella doctrina que aprendiste de nuestro Salvador. Yo os contemplo en este día, como valeroso soldado de la milicia de Cristo Jesús, despreciar todos los respetos humanos y comparecer ante el Procónsul Egeas perseguidor cruel de los hijos de la Cruz, para increpar y reprender su perverso proceder, al par también que confesar que erais Apóstol de la única y verdadera religión que conduce al Cielo, por la cual estabais dispuesto a derramar si fuese necesario hasta la última gota de vuestra sangre. Suplícoos, Patrón amantísimo, nos alcancéis del trono del Altísimo una chispa del Amor Divino, que avive nuestras almas adormecidas en el letargo de la más punible indiferencia y que imitando vuestro ejemplo, despreciemos los viles respetos humanos que nos impiden andar por el camino de la salvación, y no nos avergoncemos de confesar a Jesús en medio de los hombres; para tener la dicha de que Jesucristo nos confiese también por hijos suyos, en la presencia del Padre Celestial, cuando salgamos de este mundo miserable y gozar eternamente en el otro. Amén.
  
Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria; pedir la gracia que se desea recibir. La oración y los Gozos se dirán todos los días.
    
DÍA SEXTO - 26 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
  
Apóstol San Andrés, discípulo fidelísimo de Jesús, varón fuerte, según la frase del Espíritu Santo. Os considero en este día lleno del amor de Dios, sufrir con admirable resignación el tormento cruel de los azotes a que os condenó el tirano Egeas para ver si con este inhumano suplicio quebrantaba vuestra heroica constancia, pero antes por el contrario, con él avivó más y más en vuestro corazón el deseo de padecer por Cristo y en defensa de su santa y celestial doctrina. Haced, glorioso Santo, que seamos imitadores de tan heroico proceder, sufriendo por Aquél que dio su sangre preciosísima para rescatarnos del pecado y romper las cadenas de la esclavitud en que gemían nuestras almas, todas las penas, tribulaciones y amarguras que nos sobrevengan en esta vida miserable, para conquistar de este modo la diadema de gloria que está prometida a los que pelean legítimamente hasta el fin. Amén.
  
Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria; pedir la gracia que se desea recibir. La oración y los Gozos se dirán todos los días.
     
DÍA SÉPTIMO - 27 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
 
Os alabamos, Apóstol invicto del Cristianismo San Andrés, por el gozo que mostrasteis cuando el inicuo y sanguinario Egeas os sentenció a que murieseis en una cruz, y apercibiéndoos de que el pueblo compasivo se oponía a la ejecución de tan terrible sentencia, levantasteis la voz en medio de aquella multitud, convenciéndola con vuestra palabra persuasiva a que no hicieran la mala obra de impedir y retardar un martirio que tanto se asemejaba al del Divino Nazareno, martirio que indudablemente os pondría muy pronto en el reino de los Cielos y por el cual incesantemente suspirabais. Os ruego, Santo esclarecido, seáis nuestro intercesor para que el Todopoderoso infunda en nuestras almas, vehementes deseos de dar la vida por amor de Jesús y abrazarnos gustosos con la cruz que a la Suprema Majestad le plugo colocar sobre nuestros hombros, para en día no lejano recibir el premio eterno que tiene reservado a los que se desprecian a sí mismos, toman su Cruz y le siguen. Amén.
  
Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria; pedir la gracia que se desea recibir. La oración y los Gozos se dirán todos los días.
    
DÍA OCTAVO - 28 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
 
«Salve, venerable y santa Cruz, que fuiste consagrada por el cuerpo de mi Señor Jesucristo que descansó en ti. Antes que muriese en tus brazos este amable Salvador, eras ignominiosa y temible, pero después que espiró en tu seno el mismo Dios, estás llena de delicias y los que te conocen suspiran por rendir el último aliento en tus brazos. Ruégote que gustosamente me recibas como discípulo de aquél Divino Maestro mío que pendiente de ti redimió al mundo ¡Oh Cruz!, por quien tanto tiempo suspiré… recíbeme en tu seno con benignidad, restitúyeme a mi Divino Maestro, y tenga yo la dicha de pasar desde tus brazos a los de Aquél que en ellos me redimió». Así hablaste, ¡oh esforzado campeón del catolicismo! cuando divisaste la Cruz en que habías de ser ajusticiado, palabras que ciertamente llenan de alegría el corazón del justo, al par que animan a los pusilánimes a no desmayar en el camino de la virtud, enseñándonos finalmente con ellas también a bendecir en la última y tremenda hora de la vida la Cruz que el ministro de Jesucristo nos entregue, y abrazados a ella exhalar el último suspiro para gozar después de la eterna bienaventuranza. Amén.
  
Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria; pedir la gracia que se desea recibir. La oración y los Gozos se dirán todos los días.
   
DÍA NOVENO - 29 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
    
¡Oh glorioso patrón San Andrés!, estrella refulgente del hermoso y admirable cielo de la Iglesia: mi alma os contempla hoy pendiente de la Cruz, desde donde durante los dos días de vuestro martirio, no cesasteis de predicar y enseñar las verdades eternas convirtiendo a imitación del Divino Salvador, el lugar del suplicio en Cátedra Santa, sacando de los mismos tormentos y dolores que sufríais motivo para arrebatar almas a Satanás y llevarlas al reino de los Cielos, rendidamente os suplicamos, bienaventurado Apóstol y glorioso mártir, en este último día de la novena que hemos consagrado a vuestra honra y gloria, nos alcancéis de la Trinidad Santísima, valor para confesar la fe de Cristo, un amor grande para amarle y servirle como merece, es decir, que quiera antes la muerte que ofenderle; y últimamente, patrón y abogado nuestro, la perseverancia final, para que cuando llegue la hora de nuestra muerte, podamos con la alegría de los justos repetir aquellas palabras que el Pastor amante de las almas Cristo Jesús pronunció en el árbol sacrosanto de la Cruz: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Amén.
 
Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria; pedir la gracia que se desea recibir. La oración y los Gozos se dirán todos los días.

sábado, 30 de junio de 2018

NOVENA A NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRÁ

Novena compuesta por Fray Domingo Barragán OP, y publicada en Santa Fe de Bogotá con las debidas licencias en 1796. Puede rezarse en cualquier momento del año, aunque por devoción puede hacerse en preparación de las siguientes fechas:
  • 9 de Julio (Fiesta litúrgica y Coronación como Patrona de Colombia)
  • 18 de Noviembre (Milagrosa renovación de la imagen encontrada en Maracaibo)
  • 26 de Diciembre (Milagrosa renovación de la imagen en Chiquinquirá)

NOVENA A NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRÁ

   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Padre de infinita misericordia y Dios de todo consuelo, que haces grandes maravillas en el Cielo y en la tierra, y entre ellas el haberme hecho a tu imagen y semejanza y capaz de tu gloria y felicidad. Confieso, Señor, que haces un beneficio tan grande, que no hay palabras para poderlo ponderar dignamente, ni caudal alguno en todo lo creado para poderlo retornar. Por el ser que me diste no debiera haber instante de tiempo que no lo emplease en servirte, amarte y agradarte con todas las fuerzas de mi alma; no debiéramos tener pensamiento, ni articular palabra, ni hacer la más leve cosa, que no fuese ordenada a tu mayor honra y gloria. Pero, ¿cómo me he portado? Ingrato y desconocido a tus favores, tantas veces borré de mi alma tu imagen y semejanza, cuantas veces atrevidamente te ofendí y me olvidé que eras mi Creador, mi eterno bienhechor. ¡Ay, Dios mío, dulzura de mi alma y centro de mi corazón! ¿Qué haré? ¿A dónde iré? ¿Quién renovará en mí la imagen de mi Creador? ¡Oh! Si oyera la voz de mi Amado en aquellas dulcísimas palabras: “¡Se renovará tu juventud como la del águila!”. ¡Cuánta es, Señor, la tristeza de mi corazón cuando escucho los baldones con que unas voces secretas me dan en rostro y me dicen: “¿Dónde está tu Dios?”!
 
Esto me hace confesarte, Señor, mi pecado y derramar lágrimas de dolor, diciéndote desde lo más profundo de mi alma: Pequé, Jesús de mi vida, pequé, amantísimo Esposo, me pesa de haber pecado. Mas, aunque es grande mi aflicción y mi dolor, no es menor la confianza que tengo en ti, que me has de perdonar. A esto me anima, Dios mío, el saber que eres un verdadero Padre, que deseas reparar la imagen que se había afeado con el pecado. Me anima el considerar los beneficios que me has hecho, en especial el haberme dado por madre a la que sola entre las criaturas fue digna de llevarte nueve meses en su vientre virginal, cuando ni los cielos ni los más elevados Serafines son capaces de contenerte.
 
Señor, tú no quieres que me olvide de esta benignidad; y para que siempre viva en mi reconocimiento, dispusiste que se erigiese en María santísima un altar de perpetuo monumento y que esta misma Señora renovara su imagen en Chiquinquirá. Quieres hacer a tu Madre Santísima el honor de renovar también en mí, por su medio, lo que yo arruiné por mi culpa. Ea, pues, Señor, yo te suplico por el amor que le tienes, que mires con piedad la compunción de mi corazón y me concedas el perdón de todos mis pecados. Tú mandaste y esta ha sido siempre tu voluntad, que honremos a nuestros padres, y para tu ejemplo, hiciste lo que mandaste. Asegurado, pues, de tu bondad, me atrevo a suplicarte que honres la memoria de tu Madre amantísima, y que me concedas por sus méritos lo que por mis culpas no merezco. Y, pues gustas que la saludemos con las divinas rosas de su Rosario, yo, para tenerla propicia a mi consuelo, le ofrezco las mismas que fueron el principio de su mayor dignidad y de nuestra eterna felicidad. Amén.
   
Se rezan cinco Ave Marías en honra de la divina maternidad de Nuestra Señora.
   
DÍA PRIMERO - 30 DE JUNIO
Clemente Emperatriz de los Cielos, Madre Santísima del Rosario, que siendo producida de los inmensos tesoros del Cielo, a esfuerzos del poder divino fuiste igualmente destinada en el consistorio de la Santísima Trinidad, para que fueses Madre del Unigénito Hijo de Dios, y por eso llena de Gracia desde el instante de tu Concepción. Tú, Señora, eres el remedio universal que trazó la infinita sabiduría y misericordia del Altísimo, para socorrer al mundo que se había perdido por la culpa original. Eres la Madre de Misericordia, en quien confían los pecadores para librarse de los rigores de la divina justicia; y si en todas partes manifiestas el cuidado que de ellos tienes, especialmente lo conocemos en tu milagrosa Imagen de Chiquinquirá, en donde declaras que si estas dotada de la ilustre dignidad de verdadera Madre de Dios, también eres verdadera Madre de pecadores y si renuevas esta tu imagen en un lienzo roto y maltratado, también renuevas con tu milagroso poder, en el tosco lienzo de nuestros corazones, la imagen de tu Hijo bendito.
  
¿Quién podrá contar, oh Soberana Princesa de la gloria, las conversiones que haces con los pecadores endurecidos? Con sólo haber mirado tu imagen son muchos los que se han rendido a las dulces influencias de la gracia. Humildemente te suplicamos, Señora y Madre nuestra, que la misma piedad que te movió a visitarnos en tu Renovación, mueva también nuestras rebeldes voluntades a sujetarnos al suave yugo de los divinos mandamientos y al aborrecimiento de nuestras culpas, para hacer de ellas una verdadera y fructuosa confesión que asegure nuestra salvación. Alcánzanos también la gracia que en esta novena te pedimos por la intercesión de tus gloriosos siervos San Andrés apóstol y San Antonio de Padua, si ha de ser para mayor gloria de Dios y salvación de nuestras almas. Amén.
   
Se rezan cinco Ave Marías en reverencia de los misterios del Rosario, y después se hace la petición.
  
GOZOS EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRÁ
  
Pues sois de los pecadores
El consuelo y la alegría.
¡Oh Madre clemente y pía,
Escuchad nuestros clamores!

  
Si en vuestra imagen hermosa
De Chiquinquirá encontramos
Todo el bien que deseamos
En esta vida penosa;
Si en todos tiempos graciosa
Dispensáis vuestros favores
Con franca soberanía.
¡Oh Madre clemente y pía,
Escuchad nuestros clamores!

  
Fénix de amor, renovada
Para remediar al hombre
Ostentáis este renombre
En vuestra Imagen sagrada;
Con tal timbre coronada,
Se aumentan más los ardores
De vuestro amor cada día.
¡Oh Madre clemente y pía,
Escuchad nuestros clamores!

   
Escoltan vuestra dulce imagen
Dos celestes edecanes,
Inmaculados guardianes:
San Andrés y San Antonio;
De Santo Domingo testimonio
Sus hijos predicadores,
Os custodian noche y dìa.
¡Oh Madre clemente y pía,
Escuchad nuestros clamores!

  
Como aquella nubecilla
Que Elías vio en el Carmelo
Así por nuestros consuelos
Obrasteis la maravilla;
De una oscura imagencilla
Salieron magnos primores,
Que son asombro del día.
¡Oh Madre clemente y pía,
Escuchad nuestros clamores!

   
¡Que copiosa y que incesante
Es la lluvia soberana
De milagros, con que ufana
Nos beneficiáis amante.
No se da ningún instante
Sin que derraméis favores
Con general bizarría!
¡Oh Madre clemente y pía,
Escuchad nuestros clamores!

  
Todo el que imploró confiado
Y con sincera intención
Vuestro amparo y protección,
Salió siempre consolado.
Infinitos han cambiado
En delicias sus dolores,
Porque os buscaron por guía:
¡Oh Madre clemente y pía,
Escuchad nuestros clamores!

  
No hay enfermedad penosa,
No hay trabajo ni desgracia
Que Vos, con pronta eficacia,
No remediéis generosa;
Si es que con fe fervorosa,
Quien busca vuestros amores,
De los vicios se desvía:
¡Oh Madre clemente y pía,
Escuchad nuestros clamores!

  
Todo el Reino Cristiano
Así lo confiesa ufano,
Porque jamás clamó en vano
A vuestro auxilio Divino:
Con modo el más peregrino
En sus congojas mayores
Le habéis dado la alegría.
¡Oh Madre clemente y pía,
Escuchad nuestros clamores!

  
Casa común del consuelo
Es vuestro templo sagrado,
Pues en él habéis franqueado
Vuestro maternal desvelo.
Por eso con tanto anhelo,
Sin recelos ni temores,
Os clamamos noche y día.
¡Oh Madre clemente y pía,
Escuchad nuestros clamores!

  
¡Pueblo de Chiquinquirá,
Tierra mil veces dichosa!
¡Qué riqueza tan preciosa
Dios en su campo nos da!
¡Oh!, qué celestial maná,
De tan infinitos sabores,
vierte en su imagen María:
¡Oh Madre clemente y pía,
Escuchad nuestros clamores!
  
Pues sois de los pecadores
El consuelo y la alegría.
¡Oh Madre clemente y pía,
Escuchad nuestros clamores!
  
Antífona. Bienaventurada Madre del Redentor, puerta del Cielo siempre abierta, hermosa estrella que guiáis a los que navegan el mar tempestuoso de este mundo: socorre a los que están caídos en el pecado, y que desean librarse de él, tú que con pasmo de toda la naturaleza concebiste y diste a luz a tu Creador, Virgen Santa, permaneciendo tal antes y después del parto, compadécete de los pecadores, recibiendo la salutación del Ángel San Gabriel.
  
℣. Ruega por nosotros, ¡oh Santa Madre de Dios!
℟. Para que seamos dignos de las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
  
ORACIÓN
Omnipotente y sempiterno Dios y Señor nuestro, que eres la esperanza, el premio y el consuelo de todos los afligidos que te invocan; y quisiste que todos los bienes que tenemos y esperamos alcanzar, nos vengan por mano de la Santísima Virgen María, dignísima Madre tuya; concédenos, como te suplicamos, que todos los que veneran piadosamente tu nacimiento en carne mortal, y te ruegan delante de esta milagrosa imagen renovada por sí misma, sientan el perpetuo socorro de su patrocinio, y sean libres en el cuerpo y en el alma de toda tribulación. Tú que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO – 1 DE JULIO
Por la Señal...
Acto de contrición y las cinco Ave Marías.
   
Amorosa Reina de los Cielos, María Santísima del Rosario, la más feliz, la más bendita entre todas las criaturas, que habiendo sido concebida entre los resplandores de la gracia, jamás perdiste la inocencia ni aún con la culpa más ligera, y por eso merecisteis escuchar de la boca del Ángel, que habías de concebir en tu purísimo vientre el resplandor de la gloria del Padre Eterno y figura de su substancia, el Verbo Divino hecho hombre de tu sangre virginal, para que diese a los hombres la ciencia de la luz en los rayos de su divina doctrina. ¡Oh dignidad infinita que excede a toda nuestra comprensión! ¡Oh Madre bendita que iluminas nuestras almas para que veneremos y amenos tu altísima dignidad! A este fin, gloriosísima Señora, en tu imagen de Chiquinquirá, que veneramos, diste a ver el resplandor de tu gloria, en tu admirable renovación a una devota sierva tuya, por medio de un inocente niño, que le avisaba que mirase los rayos y esplendores que esparcía tu imagen en el acostumbrado lugar de su oración. Continúa, dulcísima Madre de piedad, tus maravillas, y pues comenzaste a renovar en nuestros corazones la imagen de tu Hijo preciosísimo, moviéndonos a confesar nuestras culpas, alcánzanos también la gracia de que santifique nuestras almas, haciéndonos aborrecer nuestros pecados y ayudándonos para la enmienda. Pues eres seguro refugio de afligidos y desconsolados, atiende benignamente a la petición que te hacemos en esta novena, haciéndonos ver que no fue sin fruto el haber implorado tu patrocinio. Así esperamos conseguirlo a mayor gloria de Dios, por la intercesión de tus gloriosos siervos San Andrés y San Antonio. Mas, si no conviniere para nuestra salvación, danos el fruto de la paciencia y la conformidad con la voluntad divina, para merecer la eterna felicidad de la gloria. Amén.
 
Las cinco Ave Marías, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
  
DÍA TERCERO – 2 DE JULIO
Por la Señal...
Acto de contrición y las cinco Ave Marías.
  
Purísima y suavísima Virgen María del Rosario, Madre de Dios, cuya pureza y virginidad tan cordialmente amada de tu castísimo corazón, y tan preferida a todas las cosas que hay después de Dios, se conoce vienen de aquel divino coloquio que tuviste con el Ángel que vino de parte de Dios, a participarte los designios que meditaba el Altísimo en tu persona, y cómo determinaba concebirse en tu virginal regazo, aquel que en toda la eternidad es concebido en el seno del Eterno Padre. ¡Cuánta fue entonces tu turbación! “No entiendo, decías, cómo puede ser esto, ni cómo haya de tener su debido cumplimiento; porque has de saber que yo tengo ofrecido a mi Dios el candor de mi virginal pureza; y a lo que entiendo, al Señor le agradó aceptar la oblación de su humilde esclava”. ¡Qué razones éstas tan puras y tan llenas de efectos celestiales! Obraste, Señora, con gran prudencia en asegurarte de que no padecería detrimento tu entereza virginal y que antes alcanzarías la mayor perfección que pueda imaginarse. ¡Quién imitara, oh Virgen, tu pureza! ¡Quién mereciera que inclinaras los oídos de tu piedad, para que hicieses descender sobre nosotros un destello de tu eminente santidad, que limpiara nuestros corazones de todo efecto sensual! Así, te suplicamos, Virgen de Chiquinquirá, Señora bendita, concédenos por tus gloriosos siervos San Andrés y San Antonio soldar las roturas que abrió en nuestras almas el pecado, que rompiéndose de dolor nuestros corazones seamos perfecta imagen de tu Hijo y que nos alcances el favor que en esta novena pedimos a mayor honra y gloria de Dios. Amén.
 
Las cinco Ave Marías, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
  
DÍA CUARTO – 3 DE JULIO
Por la Señal...
Acto de contrición y las cinco Ave Marías.
  
Excelentísima Princesa de los Cielos, María Santísima del Rosario, Cuya preeminencia y singulares prerrogativas suben más alto de lo que alcanzan nuestro elogios; porque era así verdaderamente que habías parecido muy hermosa y agraciada a los ojos del Señor, que te creó. Pues, ¿qué cosa puede decirse más grande en tu alabanza, ni más digna de repetirse en todos los siglos que aquellas voces con que te saludó el Ángel, diciendo: “Dios te salve, María, llena de gracia, el Señor es contigo, bendita tú entre las mujeres”? Con estas palabras se alegran nuestras almas, y si en toda hora las pronuncian nuestros labios, a todas horas agradan y aparecen nuevas, sin que el tiempo pueda corromper su dulzura celestial. ¡Oh dulcísima Reina y Señora, ésta es propiedad de tu eminente virtud y santidad! ¿Quién no admira el prodigio raro que obras en tu imagen de Chiquinquirá? Pues pintada en un lienzo de algodón, fácil de podrirse, y habiendo estado expuesta a tantos ultrajes y a las lluvias antes de ser renovada, permanece sin lesión alguna en el tiempo de cuatro siglos. Más, ¿qué hay de admirar si el Señor te ha puesto aquí para que seas el consuelo general en todos los siglos? Haz, pues, Señora, que los auxilios que nos alcanza tu maternal piedad de la benignidad de tu Hijo Santísimo, sean tan eficaces y permanentes, que finalmente penetren la dureza de nuestros corazones, haciendo que siempre viva en ellos el dolor de haber pecado junto con el propósito de la enmienda, y que seamos dignos de recibir el cuerpo Sacrosanto de tu Hijo Santísimo con una disposición tan fervorosa, que jamás se aparte de nuestras almas. Haz últimamente, Soberana Madre de piedad, que nuestras súplicas y oraciones tengan el favorable despacho que esperamos alcanzar por intercesión de tus gloriosos siervos San Andrés y San Antonio, para que en su compañía te alabemos en la gloria. Amén.
 
Las cinco Ave Marías, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
  
DÍA QUINTO – 4 DE JULIO
Por la Señal...
Acto de contrición y las cinco Ave Marías.
  
Amabilísima Madre y abogada de los hombres, María Santísima del Rosario, a quien para explicar la obra del Espíritu Santo en el misterio de la Encarnación, dijo el Ángel, que ésta no era obra que fiase Dios al ministerio de los hombres, por más excelente que fuese; que debía correr por cuenta del Espíritu Santo, que descendería sobre tu persona; y que su mano poderosa te haría sombra y formaría en tu purísimo vientre el cuerpo del Niño, que de él había de nacer; y que de este modo, serías para siempre Virgen-Madre, intacta y sin mancha alguna, porque Él debía nacer como nace el sol de la resplandeciente aurora; cuyos rayos, pasando por el limpio y terso cristal, lejos de ofender su esplendor, lo hacen más hermoso. A este modo, divina Madre, quiso el Altísimo que sucediese la admirable renovación de tu imagen de Chiquinquirá, cuya prodigiosa pintura no se fió de los pinceles humanos, por más insignes que fuesen, sino que debió correr a esmeros del Espíritu Divino, que te delineó tan hermosa y excelente que hasta ahora no ha habido pintor alguno que pueda hacer una copia de ella, que sea semejanza perfecta de su original, por más que lo hayan intentado.
  
¿De qué manera podremos, Señora, ser agradecidos a estas finezas de tu amor? ¿Pero qué digo, agradecidos? ¿Cómo hemos usado de este maternal cariño?, por todas partes nos rodean los recuerdos que nos das, poniendo por delante de nuestros ojos tu imagen. Con los trabajos nos despiertas, con los halagos nos animas, en las enfermedades nos humillas, en la salud y prosperidad nos exaltas y por todos los medios nos buscas. Obras, Señora, como quien eres, y quieres delinear tu imagen en las tablas de nuestros corazones; pero nosotros siempre rebeldes a tu voz, si nos hemos endurecido con los castigos, no nos hemos ablandado con los cariños; ingratos para lo uno y rebeldes para lo otro. Así son los hijos que tienes; pero, tú eres madre, y madre muy amorosa, que no tomas el azote para castigar, y siempre eres nuestra defensa. Reciba, pues, nuestros ruegos, el que naciendo por nosotros se dignó ser y llamarse hijo tuyo. Ruega por esta católica nación, por la paz y la tranquilidad de sus moradores; ruega por los cautivos y navegantes; ruega por todos los pecadores. Sintamos los benignos efectos de tu patrocinio, todos los que imploramos y celebramos a la Imagen de Chiquinquirá, que renovados en el espíritu de caridad y en la dignidad de hijos de Dios, enmendemos nuestro yerros, y demos a Dios la debida satisfacción por nuestros pecados, así como lo prometemos. Alcánzanos, finalmente, la gracia que pedimos, por la intercesión de tus gloriosos siervos San Andrés y San Antonio, si ha de ser para gloria de Dios. Amén.
 
Las cinco Ave Marías, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
  
DÍA SEXTO – 5 DE JULIO
Por la Señal...
Acto de contrición y las cinco Ave Marías.
  
Misericordiosa Reina de los Cielos, María Santísima del Rosario, que entre las promesas que el Ángel te hizo para que se efectuase el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, fue el asegurarte que el hijo que de tus entrañas nacería, había de ocupar la silla, el cetro y la corona de David, tu padre, gobernando la Casa de Jacob, no por un tiempo limitado como otros reyes terrenos, sino por toda la eternidad, por cuya divina promesa, tú, Señora, eres la Reina Misericordiosa, heredera legítima del reino eterno de tu Hijo, cuyo imperio abraza todo aquello que a la Santísima Trinidad adora; eres el Trono del verdadero de tu Hijo, tienes el gobierno de todas las criaturas y en todo tiempo eres Refugio de los pecadores y jamás te cansas de socorrer a los afligidos.
   
¿Quién hay que no lo vea en tu milagrosa Imagen de Chiquinquirá? Este es el prodigio que con razón admiramos en tu milagrosa renovación, continuando los milagros que haces por amor a tus devotos. No ha sido tu devoción de aquellas que tan pronto como se han levantado, han caído y desparecido con luces fatuas, pues en más de cuatrocientos años todavía permanece y se aumenta el fervor y devoción de los cristianos, correspondiendo siempre a sus deseos los efectos saludables de sus humildes plegarias cuando no se oponen a la divina voluntad, y para más asegurarnos de tu protección, quisiste que del mismo modo estuviesen a tu lado los gloriosos siervos San Andrés y San Antonio, como escuderos y gentilhombres cerca de tu persona que tienen por oficio representar a los oídos de tu piedad, nuestras humildes peticiones. ¡Ea!, pues, Reina y Señora nuestra, no desampares el reino de la misericordia que se te ha recomendado; atiende a todas las necesidades que oprimen nuestras almas y nuestros cuerpos; conserva entre tus humildes siervos la verdadera religión para con Dios, la paz para con los prójimos, y una verdadera y exacta sujeción de nuestras pasiones. Alcánzanos, pues, las gracias que te pedimos por la mediación de tus gloriosos siervos San Andrés y San Antonio, si han de ser para mayor honra y gloria de Dios y bien de nuestras almas. Amén.
 
Las cinco Ave Marías, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
 
DÍA SÉPTIMO – 6 DE JULIO
Por la Señal...
Acto de contrición y las cinco Ave Marías.
  
Serenísima Reina del Cielo, Madre de pecadores, María Santísima del Rosario, que resignada del todo a la voluntad divina, después de estar satisfecha de tus reparos, explicaste el consentimiento a la embajada del Cielo, cuando dijiste: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. ¡Oh palabra la más digna y misericordiosa de cuantas se han pronunciado! ¿Sabes, Señora, a cuánto te has obligado en fuerza de esta palabra? Has hecho ya y firmado una palabra de obligación de defender a los pecadores ¡Oh, cuánto tienes que sufrir por estos hijos que adoptaste! Pecamos todos los días y ofendemos al Unigénito de tus entrañas; y así preciso será que todos los días, te presentes ante el tribunal divino para detener las saetas de su justicia, y pedir para nosotros no sólo el perdón de los pecados, sino también muchas mercedes y beneficios. No te canses, Madre amantísima, de cumplir con este oficio que te encargó el Salvador, en la cruz, diciéndote que mirases como madre a los pecadores en la persona de Juan.
  
Y, pues quisiste que en prenda de tu amor tuviésemos la gloria de tu bendita Imagen de Chiquinquirá, tenemos bien fundadas esperanzas de que has puesto en nosotros esos tus ojos misericordiosos, y que siempre que rendidos te rogamos, avivas nuestra esperanza señalándonos esa tu imagen y diciéndonos: “Ves aquí la escava del Señor, hágase en mí según tu palabra; venid a mí, todos los que estáis enfermos, oprimidos y atribulados, que yo os daré salud, vida y consuelo”. Con razón dijo un devoto tuyo, hablado de esta imagen, que apenas se halla en todo el orbe cristiano otra imagen tuya, en que te hayas mostrado tan milagrosa. Aquí, pues, derramamos nuestros humildes ruegos, y acordándonos que no sólo eres madre de los vivientes sino también en los que gimen sin consuelo en el Purgatorio, te rogamos que también a ellos extiendas el manto de tu piedad, solicitándoles el remedio de sus penas. Alcánzanos también el favor que deseamos conseguir en esta novena, por la intercesión de tus gloriosos siervos San Andrés y San Antonio, a mayor honra y gloria de Dios. Amén.
 
Las cinco Ave Marías, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
  
DÍA OCTAVO – 7 DE JULIO
Por la Señal...
Acto de contrición y las cinco Ave Marías.
   
Fragante Rosa del Cielo y Azucena de los valles, María Santísima del Rosario, que después que el Ángel te dio la noticia de la preñez de tu parienta Santa Isabel, caminaste a los montes de Judea, llevando en tu vientre al mismo Rey de la gloria, para visitar y servir a tu prima, en los tres meses que hiciste mansión en su casa hasta que nació el niño Juan.
  
Como contemplan almas piadosas, y contemplo yo, Reina mía, cómo ibas en aquel camino, cuán humilde, cuán devota, cuán modesta y toda compuesta, poniendo en admiración a los mismos Ángeles que no apartan los ojos de tus virtudes diciendo: “¿Quién es ésta que sube como la aurora, hermosa como la luna y escogida como el sol? ¡Eres toda hermosa y no hay mancha alguna en ti! ¡Qué hermosas son tus pisadas, Hija del Príncipe de la gloria!”.
  
Ibas entonces, Señora, como una nube ligera que va a coronar la cumbre de una elevada montaña, cargada del rocío del Cielo; ibas como una caritativa huésped, que conducía al hermoso Sol de justicia, Cristo, que había de santificar a su Precursor y librarle del contagio del pecado original. Mas no fue esa sola vez cuando diste a las criaturas ese regocijo, porque después de la memorable renovación de tu Imagen de Chiquinquirá, quisiste salir de tu retiro a visitar los lugares vecinos y librarlos del contagio de la peste, del hambre y de la esterilidad que entonces afligían la tierra: saliste, del mismo modo, como un viajero celestial, prodigando favores, acompañada de tus grandes personajes San Andrés y San Antonio; saliste como águila grande, a quien se dieron estas dos alas, para volar ligeramente al socorro de los afligidos. Así caminabas por el desierto, en hombros de sacerdotes, acompañada de innumerable pueblo. ¡Cuánto se alegraron los árboles y las plantas, al pasar por frente a ellos la Señora de todo el mundo! Los arroyos cristalinos detienen sus corrientes por mirarte; las aves, en sus tonos diferentes, te hacen saludos al pasar; los desiertos se visten de hermosura, y reverdecen los campos por donde pasas, y todos aquellos valles multiplican abundantemente sus trigos, porque viene a visitar sus tierras la Señora; pero en lo que más se manifestó tu amor, fue en desterrar la peste; pues todo fue uno, dejarte ver en los lugares, y levantarse sanos los que eran el retrato de la muerte.
 
Rogamos, Señora, te dignes desterrar de nosotros los aires malignos que nos apestan; danos abundantemente los frutos de la tierra y, si el estío quemare nuestros campos, envíanos aguas tempranas; si éstas ahogaren los granos, haz que se suspendan hasta su tiempo. Danos, finalmente, lo que solicitamos en esta novena, pues lo pedimos confiados en el valimiento que para ti tienen tus gloriosos siervos San Andrés y San Antonio, a mayor honra y gloria de Dios Nuestro Señor. Amén.
 
Las cinco Ave Marías, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
  
DÍA NOVENO – 8 DE JULIO
Por la Señal...
Acto de contrición y las cinco Ave Marías.
  
Feliz Virgen María, Madre de Dios y Reina del Rosario, que con tu santísimo esposo José, te dirigiste a Belén, y no hallando posada, escogiste un establo, en donde moraste y diste a luz al Rey de la gloria, y cuando llegó el tiempo determinado, con grande regocijo tuyo, le conociste, le acariciaste y reclinaste en un pesebre, sobre pobres y humildes pajas, en medio de dos animales; y con profundísima humildad y reverencia le adoraste como Dios, y como a tu Hijo le diste a gustar leche de tus virginales pechos, y allí mismo le mostraste a los pastores y a los Reyes para que le adorasen.
  
Nosotros, Señora, te damos alegres plácemes y con regocijo del corazón nos alegramos de tu inefable felicidad, nos gozamos de que seas nuestra Reina y Madre de nuestro Dios. Eres aquella rosa, la más hermosa y fragante de cuantas produjo el Jardín del Cielo, de la cual nació aquella hermosa y única flor, Jesucristo, Salvador de nuestras almas. Nos admiramos, Señora, que los moradores de Belén no quisiesen tener consigo estas divinas prendas de amor; pero aquí tienes pronto nuestro corazón; ven a morar en la pobreza de él, y llénalo del suavísimo olor que se esparce en tu hermosura. No sucedió así cuando saliste de este lugar de Chiquinquirá y llegaste a las ciudades vecinas, porque era tan grande el deseo que tenían sus moradores de hospedarte y tenerte siempre en su compañía, que por esta razón hacían amorosas diligencias por tenerte como el Arca del Testamento, en casa más digna de tu habitación; pero amabas a Chiquinquirá, lugar de tu aparición, y querías estar en el centro de tu pueblo, para mirar igualmente a todos, como dulcísimo centro de nuestro corazón, a donde se han de encaminar nuestros suspiros; no desechaste el lugar que una vez tomaste, lugar feliz y dichoso, del cual podemos decir, imitando al profeta: “Tú, Chiquinquirá, tierra de Colombia, no eres la más pequeña de las principales, pues en ti se manifestó la Reina que nos gobierna”.
 
Volviste, en fin, de aquellos lugares, fuiste por entonces colocada en una casa pajiza, no como en Belén, en medio de dos animales, sino en medio de aquellas dos olivas fructíferas y candeleros resplandecientes que arden siempre en tu presencia, San Andrés y San Antonio. Aquí, en esa casa, es donde te han rendido sus votos y oraciones, no sólo los pastores y gente humilde, sino también los mayores personajes de toda la nación. A todos consuelas, por todos ruegas y a todos llamas al amor de Dios.
  
¡Oh piélago de amor divino!, ruega por todos nosotros, infunde en nuestros corazones una centella del fuego en que te abrasas. Eres protectora de la fe; convierte a los infieles y herejes al redil de la santa Iglesia, para que todos reconozcan al que engendraste, Jesucristo, Salvador de nuestras almas. Alcánzanos, finalmente, la gracia que en esta novena te hemos pedido, por la mediación de tus gloriosos siervos San Andrés y San Antonio, a mayor honra y gloria de Dios y salvación de nuestras almas. Amén.
 
Las cinco Ave Marías, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.