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domingo, 1 de septiembre de 2019

NOVENA EN HONOR A SAN NICOLÁS DE TOLENTINO

Novena dispuesta por un Sacerdote de Ciudad de México, e impresa por Luis Abadiano y Valdés en 1841. Mons. Fray José María de Jesús Belaunzarán y Ureña OFM Ref., dignísimo Obispo que fue de Linares o Nueva León (actual Archidiócesis de Monterrey), concedió doscientos días de indulgencia por cada palabra de las contenidas en esta novena. Los Gozos son tradicionales, sin autor conocido. 

MODO DE HACER ESTA NOVENA.
Esta novena se puede hacer en cualquier tiempo del año, aunque el más propio es desde primero de Septiembre para celebrar mejor su fiesta. Y si queremos lograr con más acierto el patrocinio del glorioso Santo, el primer paso ha de ser haciendo una buena confesión, las comuniones, según las dispusiere el padre espiritual de cada uno. Lo mismo digo de las demás mortificaciones, como son cilicios, disciplinas, etc.; lo que solo añado es que el glorioso Santo ayunaba al principio los lunes, miércoles, viérnes y sábados, y despues toda la semana: sus disciplinas fueron muy continuas, y los cilicios siempre los trajo consigo.
  
NOVENA EN HONOR DEL GLORIOSÍSIMO SAN NICOLÁS DE TOLENTINO

   
Puesto de rodillas, y hecha la Señal de la Cruz, se comenzará por el siguiente:
 
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, a mí me pesa de todo corazón de haberos ofendido por ser vos quien sois; espero en vuestra infinita misericordia me habéis de perdonar mis pecados, los cuales propongo no cometer más ni otro alguno, y de todos propongo confesarme enteramente y hacer penitencia por todos ellos. Así lo espero por intercesión de mi gran padre San Nicolás de Tolentino. Amén.
   
DÍA PRIMERO - 1 DE SEPTIEMBRE
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Gloriosísimo padre San Nicolás de Tolentino, a quien con maravilloso prodigio socorrió el Cielo en uno de los mayores aprietos en que te hallaste cuando intimándote la obediencia en una de tus graves enfermedades, el que te alimentases de la carne, por reconocer los médicos era el último remedio para que cobrases la salud, y no queriendo tu voluntad contravenir al mandato de tu superior, ni faltar tampoco al voto que habías hechos a Dios de no comer de ella jamás, afligido tu corazón, levantaste el espíritu a Dios, deciéndole: «Oh Dios mío, tú que conoces los secretos de los corazones, bien sabes, Señor, que por sola la obediencia y no por mi voluntad, como de esta carne; por tanto te ruego muestres tu voluntad en si quieres que la coma o no». Y siendo al punto oída tu oración, dispuso el Señor, que luego que echases la bendición sobre aquella perdiz, que para tu sustento había muerto y sazonada para ti, al punto se levantase viva y vestida de todas sus plumas, para manifestar al mundo lo mucho que le agradaba tu obediencia y abstinencia, con la cual consoló tu aflgido corazón. Ea, pues, Santo mío, alienta el mío socorriendo la necesidad con que al presente sabes te busco, e imploro tu patrocinio en esta novena. Amén.

Se rezan nueve Padre nuestros, y nueve Ave marías con Gloria Patri.
 
GOZOS EN HONOR A SAN NICOLÁS DE TOLENTINO
   
Pues sois de virtud dechado,
Y muestra del poder divino.
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.
   
Desde la niñez mostrasteis
Tales méritos, y tantos
Que a otros muchos grandes santos
Sin duda os aventajasteis:
Dejando un canonicato
Por la regla de Agustino.
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.
   
Cuando niño ya ayunábais
En la semana tres veces,
Después muy subidos creces
A la penitencia dabais:
Ayunando a pan y agua
Treinta años de contino.
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.
      
Viendo que érais de candor
Un Ángel puro en la tierra,
Mil veces os hizo guerra
A palos el tentador:
Mas siempre experimentasteis
Favor del Dios uno y trino.
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.

   
Por ver algo moderada
Vuestra rígida abstinencia,
Querían que en obediencia
Comiérais perdiz asada:
Al verla la bendecís,
Revive, y va a su destino.
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.

    
Cojos, ciegos y tullidos
Vuestras curaciones cantan,
Y al Cielo la voz levantan
Viéndose favorecidos:
Por vos, ¿qué mal no cesó?
Por vos, ¿qué bien no nos vino?
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.

    
Pueblos enteros librados
De calenturas y peste,
Publican que es favor este
Debido a vuestros cuidados:
Pus vos todo lo curáis
Como médico divino.
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.

    
Vuestra celda y oratorio
Lleno de almas lastimeras
Parece sea de veras
Un pequeño Purgatorio:
Y alegres en vuestra Misa
Logran su feliz destino.
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.

      
Cuando enfermo no aprovecha
La medicina que os dan,
El Cielo os envía un pan
Que fuera los males echa:
De aquí es que en vuestros panes
Se ostenta el poder divino.
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.

       
Para ser canonizados
Los demás siervos de Dios
Con tres milagros o dos
El asunto es terminado:
En vos trescientos y uno
Que se aprobasen convino.
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.

      
Y pues vos, protector
De la Iglesia universal,
Declarado como tal
Por Eugenio IV su pastor:
Conservad entre nosotros
La fe y el amor divino.
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.

     
Pues sois insigne privado
En la corte del Dios trino.
Sed nuestro fiel abogado,
Nicolás de Tolentino.
   
Antífona: Nicolás, verdadero pobre de Cristo, escogido virgen por Dios, guardando continuamente obediencia, honró con milagros y virtudes el orden de los ermitaños.
℣. Ruega por nosotros, bienaventurado Nicolás.
℟. Para que dignamente consigamos los prometimientos de Cristo.
 
ORACIÓN
Concede, te rogamos, Omnipotente Dios, que tu Iglesia, la cual con indecible providencia, en el fin de los siglos, resplandece con la grandeza de virtudes y milagros de Nicolás, tu confesor; por méritos e intercesión de él, ahuyentados del todo los errores, con perpetua tranquilidad y unidad, sea alegre, por Cristo nuestro señor. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA SEGUNDO - 2 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Infinitas gracias os doy, Eterno Dios, Hacedor de todas las cosas, por las grandes misericordias con que quisiste enriquecer a tu gran siervo San Nicolás, dándole poder para curar todo género de enfermedades; pues con solo poner la mano sobre la cabeza de los enfermos, huían las calenturas; las fiebres malignas del todo se corregían; los paralíticos cobraban fuerzas; los ciegos vista, y todos volvían consolados a sus casas. Concédeme, Santo mío, el que logre yo, por medio de tu patrocinio, la salud del alma, junta con la del cuerpo; y el que vuelva a mi casa consolado, logrando el socorro que sabes desea mi corazón, le alcances del Señor en esta novena, si es para mayor gloria y bien de mi alma. Amén.
   
Rezar nueve Padre nuestros, con sus Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA TERCERO - 3 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios y Señor, que para dar a conocer a los hombres a tu Unigénito Hijo Jesucristo nuestro Señor, quisiste obrase grandes maravillas, y entre ellas aquel portentoso milagro que cuentan los sagrados evangelistas San Lucas y San Mateo, arrojando al demonio del cuerpo de un hombre al cual tenía mudo y ciego, quedando del todo libre y sano, y toda la muchedumbre de las gentes admirada de modo, que alzando entre todos la voz, alabó Marcela el vientre y pechos virginales de su Santísima Madre: humildemente pedimos, por los grandes méritos de tu gran siervo San Nicolás, a quien para darnos a conocer su gran santidad, quisiste obrase aqueste maravilloso milagro, dando el habla y oído a un mudo y sordo de nacimiento, y junto le comunicaniste la gran virtud de poder arrojar de los cuerpos de los hombres a muchos e innumerables demonios con los cuales eran sumamente atormentados así hombres como mujeres: concédenos, te rogamos, pur los méritos de este gran siervo San Nicolás, el que nuestros cuerpos sean libres de tan infernales espíritus, para que no sean poseídos, ni por ellos dañados, sino que libres por tu gracia e intercesión de tu gran siervo, alabemos todos tu gran poder y su singular protección, y lo que en esta novena por él te suplico me otorgues. Amén.
   
Rezar nueve Padre nuestros, con sus Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA CUARTO - 4 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios y Señor mío Jesucristo, que hablando con tus amados discípulos les intimaste el que si querían venir en tu seguimiento, siguiesen la cruz (significación de los trabajos) y fuesen en pos tuya. Oh, ¡y que bien recibió tu amado siervo San Nicolás esta doctrina tan celestial!, pues viéndose estimado de todos por sus grandes prendas y singulares letras, y sabio en todas sus artes, obteniendo actualmente la dignidad y rentas de canónigo de San Salvador, en su misma patria, todo lo dejó luego que oyó tu voz por boca de un predicador, cuyo tema eran estas palabras: «Si quereis ser perfectos, negaos a sí mismos y coged la cruz de los trabajos e id en pos de Jesucristo», las cuales hicieron tanta operación en el corazón de tu siervo San Nicolás, que desde luego trató de despojarse de todo. Pretendió el hábito en la religión del gran Padre y Doctor de la Iglesia San Agustín, para seguir con más perfección tus divinos mandatos: concédenos, te rogamos, que por su intercesión sepamos negarnos a nosotros mismos; y siguiendo su ejemplo, abracemos de corazón la cruz de los trabajos con resignación y paciencia, y lo que en esta novena te suplicamos, mediante su intercesión. Amén.
   
Rezar nueve Padre nuestros, con sus Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA QUINTO - 5 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios y Señor Omnipotente, que en las mayores necesidades sabes caritativo mostrar tus misericordias, valiéndote como de instrumento para reparar las de tus criaturas: y si allá te valiste del santo Moisés y de su vara, para que hiriendo una y otra vez aquel peñasco, brotasen al punto en caudalosas corrientes las cristalinas aguas, que sedientos pedían los de tu pueblo a tu caudillo Moisés. Y asimismo, clementísimo en la santa ley de gracia, nos diste en tu amado siervo San Nicolás otro Moisés, para que por su santa mano y bendito báculo fuese socorrida la necesidad del monasterio de Tolentino, en que sedientos por faltarles el agua, y viéndose imposibilitados de conducirla al monasterio, clamaron como a otro Moisés, a San Nicolás, los religiosos, pidiéndole socorriese la sed de aquel monasterio; y apenas hubo dado el primer golpe en la tierra, cerca de la pared de la iglesia, cuando al instante (no sin grande asombro) vieron que por lo alto de la caña salta un chorro de agua cristalina, que hasta hoy se conserva con gran veneración. ¡Oh Dios, admirable y prodigioso en tus Santos! Concédenos, te rogamos, por intercesión de tu siervo San Nicolás, rompas nuestros corazones con el dolor de haberte ofendido, y corra derretido en copiosos arroyos de lágrimas en muestras de verdadero arrepentimiento, y lo que en esta novena te suplicamos mediante su intercesión. Amén.
   
Rezar nueve Padre nuestros, con sus Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA SEXTO - 6 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Soberano Dios y Señor, a quien predicamos inefable en tus obras e inmenso en el poder, pues sin más que un hágase, criaste sol, luna y estrellas: con los planetas dividiste la luz de las tinieblas, dando al uno el dominio en el día, a la otra presidencia en la noche, y a las estrellas la diversidad de influencias sobre la tierra. Infinitas gracias te damos por haber criado en tu siervo San Nicolás un sol, para que con lo ardiente de tu celo abrase las almas, y con su predicación alumbrase los entendimientos a tantos herejes ciegos y obstinados en sus errores; y como apasible luna, para que compusiese innumerables enemistades, queriendo que cual cielo apasible de estrellas, vestido innumerables veces, se viese su bendito hábito a vista de todos los de su sagrada religión; y tanto, que se oscurecían las materiales de aquel coro, pues solo con la luz que por su hábito difundía, era bastante para poder rezar con toda claridad los religiosos sus maitines, con cuya admiración influía en todos los que le veían muy raros y singulares afectos de devoción y santidad. Concédenos, te rogamos, nos asistas noche y día, ilustrando nuestros entendimientos e inflamando nuestros corazones en tu amor, serenado nuestras conciencias con las celestiales influencias de virtud y santidad, para que libres de pertinaces errores, podamos con sosiego conseguir lo que en esta novena te pedimos. Amén.
   
Rezar nueve Padre nuestros, con sus Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA SÉPTIMO - 7 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Señor y Dios Eterno: infinitas gracias te damos por habernos dado a tu gran siervo San Nicolás de Tolentino para remedio de todas las dolencias; pues queriendo fuese conocido como tal, le diste virtud soberana para sanar sordos, mudos, apostemas, lamparones, hechizados, hidrópicos, y a otros de caídas muy peligrosas. Concédenos, te rogamos, que por los méritos de este admirable médico, seamos libres de semejantes enfermedades, y el ser libres de todas las tentaciones, para no caer en la más leve culpa, y lo que en esta novena te suplicamos nos concedas por su amor. Amén.
   
Rezar nueve Padre nuestros, con sus Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA OCTAVO - 1 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh Dios admirable!, que con muy singular providencia dispusiste en tu santa Iglesia el soberano sacramento del matrimonio, queriendo que por medio de él se propagase la humana naturaleza; y mirando los muchos peligros que hay en los partos, nos diste a tu gran siervo San Nicolás de Tolcntino, para que mediante su gran protección, fuesen libres de todos ellos innumerables mujeres, las cuales, invocándole, se vieron libres de los grandes peligros que les amenazaban sus partos, y para que valiéndose otras de su protección, siendo por su naturaleza estériles, consiguiesen la fertilidad, dándoles no uno, sino muchos hijos. Concédenos, te pedimos, que por los méritos de este gran siervo tuyo libres a todas las preñadas de los peligros del parto, y consueles a todas las que por su esterelidad viven sin él, haciendo que fructifiquen para Dios, y lo que en esta novena por sus méritos te rogamos. Amén.
   
Rezar nueve Padre nuestros, con sus Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
   
DÍA NOVENO - 9 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios y Señor mío, que desde lo alto sublime de tu morada celestial, te dignaste de mirar propicio a tu gran siervo San Nicolás, aceptando con especial amor el divino Sacrificio de la Misa que inviolablemente te ofrecía todos los días por vivos y difuntos, queriendo tu Divina Majestad obrar en cada uno maravillosos prodigios, socorriendo al punto todas las necesidades que le eran encomendadas, y con mucha especialidad, las que detenidas en el Purgatorio padecían las Benditas Ánimas, las cuales le fueron muchas veces aparecidas visiblemente, dándoles grandes voces y pidiéndole dijese misa por ellas, y al punto serian libres de aquellos atrocísimos tormentos con que eran atormentadas en el Purgatorio: ruego, Señor, juntes el valor de todos esos con los que en esta novena en honra suya te ofrecen sus devotos y sus ministros los sacerdotes, para el remedio de las muchas necesidades que padece al presente tu santa Iglesia Católica, y las que actualmente están padeciendo tus esposas las Benditas Ánimas del Purgatorio, y de las de todos los que hemos hecho esta novena, valiéndonos del patrocinio de tu gran siervo San Nicolás de Tolentino, y lo demás que te hemos pedido. Amén.
   
Rezar nueve Padre nuestros, con sus Ave María y Gloria. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.

lunes, 10 de septiembre de 2018

SAN NICOLÁS DE TOLENTINO, PATRONO DEL PURGATORIO

«He aprendido a estar contento con lo que tengo, sé vivir en pobreza y sé vivir en abundancia: todo lo he probado y estoy ya hecho a todo». (Filipenses 4, 11-12).

San Nicolás de Tolentino
  
Este santo recibió su sobrenombre de la ciudad en que vivió durante casi toda su vida y en la que murió. Nicolás nació en Sant’Angelo, pequeña población vecina a Fermo, en la Marca de Ancona, en el año 1245. Su padre y su madre formaron un matrimonio feliz durante muchos años, pero cuando ambos pasaron de la edad madura, se entristecieron al ver que se aproximaba la vejez y no habían tenido hijos. Ambos pidieron fervorosamente al cielo que les concediera esa bendición e hicieron peregrinaciones al santuario de San Nicolás de Bari, donde la esposa que se creía estéril, pidió con todo su corazón y toda su fe a Dios que le hiciese el milagro de darle un hijo para tener la ventura de consagrarlo a Su servicio. A su debido tiempo, vino al mundo un niño que en la pila bautismal recibió el nombre de su patrono, Nicolás. Era un niño todavía cuando emprendía largas caminatas para entregarse a la oración en una cueva cercana a la ciudad de Sant’Angelo, para imitar a los ermitaños que, por aquel entonces, moraban en los Apeninos. En la actualidad, las gentes devotas van a orar en la misma cueva para honrar a San Nicolás de Tolentino. A edad muy temprana recibió las órdenes menores y se le otorgó una canonjía en la iglesia colegiata de San Salvador en Sant’Angelo, y no faltaban los que estaban dispuestos a usar de sus influencias para promoverle en las filas del clero secular. Sin embargo, Nicolás aspiraba a un estado que le permitiera consagrar todo su tiempo, sus pensamientos y sus deseos a Dios directamente. Y sucedió que un día entró Nicolás en la iglesia de los agustinos y oyó predicar a uno de los frailes sobre el tema: «No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo... El mundo pasará». Aquel sermón motivó la resolución absoluta de Nicolás de unirse a la orden religiosa a la que pertenecía el predicador. Y eso fue lo que hizo tan pronto como alcanzó la edad en que podían admitirlo los frailes agustinos de Sant’Angelo. Hizo su noviciado bajo la dirección del propio predicador, el padre Reginaldo y, poco antes de cumplir los dieciocho años, hizo su profesión.
  
Fray Nicolás fue enviado a San Ginesio para sus estudios de teología y ahí se le encomendó la tarea de distribuir diariamente, a las puertas del monasterio, las provisiones de los pobres. El joven dio con tanta largueza que el procurador fue a quejarse y a denunciarlo ante el prior. Mientras Nicolás realizaba aquella tarea caritativa, se registró su primer milagro cuando puso la mano sobre la cabeza de un niño enfermo y le dijo: «El buen Dios te curará»; ahí mismo y al momento, quedó curado el niño. Alrededor del año 1270, fue ordenado sacerdote en Cignoli y en aquella ciudad llegó pronto a ser famoso entre la población por las muchas maravillas que obraba, sobre todo por haber devuelto la vista a una mujer ciega, con las mismas palabras con que curó al niño mencionado antes. Sin embargo, no permaneció ahí por mucho tiempo ya que, durante cuatro años, estuvo en continuo movimiento entre uno y otro de los monasterios y misiones de su orden. Durante un período no muy largo, fue maestro de novicios en San Elpidio, donde había una numerosa comunidad en la que figuraban dos frailes que los agustinos veneran como beatos: Ángelo de Furcio y Ángelo de Foligno. Cuando visitaba a un pariente que era prior en un monasterio vecino a Fermo, fue invitado a quedarse y se sintió tentado a hacerlo porque aquel convento era muy hermoso, confortable y bien provisto, en comparación con la dura pobreza de las casas de los frailes a las que estaba acostumbrado. Pero mientras oraba en la capilla, le pareció oír una voz que le aconsejaba: «A Tolentino, a Tolentino... Allá persevera...». Pocos días más tarde, sus superiores le enviaron a Tolentino y ahí se quedó durante treinta años, hasta que murió.
  
La ciudad de Tolentino había sufrido grandemente en la lucha entre güelfos y gibelinos, y los acostumbrados efectos de discordias, salvaje fanatismo, división y prosperidad para el crimen y el mal, que traen consigo las guerras civiles, se habían apoderado de la población a tal extremo, que era urgente emprender una campaña de moralización y de prédica callejera que reformara las costumbres. A ese trabajo se entregó San Nicolás en cuerpo y alma. Inmediatamente obtuvo un éxito rotundo y clamoroso. «Hablaba de las cosas del cielo, nos dice San Antonino. Predicaba con dulzura la divina palabra, pero las frases que salían de sus labios penetraban en los corazones y parecían quedar grabadas a fuego en ellos. Cuando los superiores le ordenaron que difundiera en público el Evangelio, no hizo el menor intento de mostrar sus conocimientos o de hacer gala de su habilidad de orador, sino que sencillamente glorificó a Dios. En los ojos de quienes le escuchaban podían verse las lágrimas y se oían los suspiros de las gentes que comenzaban a sentir el dolor de haber pecado y se arrepentían de su vida pasada». Los sermones de Nicolás despertaban la oposición de los que no querían escucharlos, y cierto caballero de la ciudad que llevaba una vida de escándalo y hacía ostentación de sus pecados recurrió a los medios para hacer callar al fraile y expulsarlo de Tolentino. Nicolás no se dejó intimidar, y su perseverancia acabó por impresionar a su perseguidor. Cierto día, cuando el caballero y algunos de sus amigos vociferaban y peroraban en la calle, frente a la iglesia, con el propósito de molestar al santo que predicaba, llegaron incluso a fingir que sostenían un encuentro de esgrima a la puerta del templo para que la gente no entrase. Nicolás comenzó a predicar a pesar de todo y, en un momento dado, el caballero envainó su espada, hizo signos para que los demás guardasen silencio y se puso a escuchar el sermón. Al fin, fue a pedir disculpas al predicador, confesó que se había sentido tocado en el corazón y, desde entonces, comenzó a reformar su vida. La conversión del escandaloso caballero produjo mucha impresión en la ciudad, y muy pronto Nicolás tuvo que pasar días enteros en el confesionario. A diario recorría los barrios pobres de Tolentino para consolar a los moribundos, visitar, atender (y algunas veces curar milagrosamente) a los enfermos, para vigilar la conducta de los niños, para llamar a los pecadores, arreglar querellas y allanar diferencias. Durante el proceso de canonización, una mujer dio testimonio de que Nicolás había transformado radicalmente a su esposo quien durante muchos años la había tratado con salvaje brutalidad. Otro testigo dio pruebas de tres milagros realizados por el santo en otros tantos miembros de su familia. «No digáis nada a nadie» era la acostumbrada recomendación de Nicolás después de aquellos sucedidos maravillosos. «Dad gracias a Dios y no a mí. Yo no soy más que un poco de tierra, un pobre pecador».

Jordán de Sajonia (no el beato dominico, sino el fraile agustino) en la biografía que escribió alrededor de 1380 sobre San Nicolás, cuenta un suceso que tiene el mérito de haber sido relatado por los bolandistas como el milagro más extraordinario entre todos los que se atribuyen al santo. Un hombre cayó en la emboscada que le tendieron sus enemigos en un lugar solitario de Monte Ortona, cerca de Padua, le apresaron y, sin prestar oídos a sus ruegos en nombre de Dios y de San Nicolás de Bari para que tuvieran misericordia de él, o por lo menos le trajesen un sacerdote para que le confesara, lo mataron a puñaladas y arrojaron su cadáver al lago. Una semana después, un misterioso monje con el hábito de los agustinos encontró el cuerpo del ahogado, lo resucitó y lo devolvió vivo, sano y salvo a su familia. Inmediatamente el hombre pidió a un sacerdote, recibió los últimos sacramentos y luego declaró que, gracias a su apelación a San Nicolás, se le permitió volver a la vida para confesarse y comulgar y entonces murió de nuevo. Al instante, su carne se desintegró y sólo quedó su esqueleto para que fuera cristianamente sepultado. Muchas de las maravillas que se atribuyen a la intercesión de San Nicolás se relacionan con el pan que, el día de su fiesta, bendicen los frailes de su orden. En los últimos años de su vida, cuando estaba enfermo y débil, sus superiores le instaban para que comiese carne y otros alimentos que le fortalecieran; el santo debió luchar entre la obligación de obedecer y su propósito de no ceder a los deseos de su cuerpo. Cierta noche le pareció que la Virgen María le hablaba para recomendarle que pidiese un pedazo de pan remojado en agua y lo comiese para recuperar la salud. Así sucedió y, desde entonces, San Nicolás acostumbraba, como señal de agradecimiento, bendecir trozos de pan y darlos a los enfermos. Ese fue el origen de la costumbre de los agustinos. La Iglesia desea que sus hijos hagan uso de esas devociones con un espíritu que se encuentra bien definido en la oración que dicen los que comen el pan bendito de San Nicolás:
«Concédenos, Señor Todopoderoso Dios, que tu Iglesia, honrada con la gloria de las maravillas y milagros del bendito Nicolás, confesor tuyo, pueda, por sus méritos y su intercesión, gozar de paz y unidad perpetuas, por Cristo Nuesto Señor. Amén».
  
La última enfermedad de San Nicolás duró casi un año y, en los días postreros de su existencia, sólo pudo levantarse del lecho una vez para absolver a un penitente que habría ocultado una gravísima culpa a cualquier otro sacerdote que no fuese él. La muerte le sobrevino rápidamente el 10 de septiembre de 1305. Sus últimas palabras a los frailes congregados en torno suyo fueron éstas: «Mis amados hermanos; mi conciencia no me reprocha nada; pero no por eso me siento justificado». Inmediatamente después de su muerte, se formó una comisión para coleccionar pruebas sobre sus heroicas virtudes y sus milagros, pero intervino el suceso del traslado de los Papas a Aviñón, y la canonización no se decretó hasta 1446.
  
Pedro de Monte Rubiano, contemporáneo de San Nicolás, escribió su biografía que se encuentra en Acta Sanctórum sept. vol. III. Posteriormente, se escribieron muchas otras vidas que no recurrieron para nada al citado documento. Entre éstas la más extensa es la de Filippo Giorgi OSA, Vita del taumaturgo S. Niccolò da Tolentino (1856, tres volúmenes). Las otras son en su mayoría de carácter popular: dos en francés, de Antonin Tonna-Barthet (1896) y del padre H. P. (1899). En la ciudad de Tolentino, en ocasión del centenario celebrado en 1905, apareció un periódico bajo el título de Sesto Centenario di San Nicola da Tolentino. En el periódico se han publicado algunos documentos de los que se conservan en los archivos del municipio, así como unas informaciones interesantes acerca del culto al santo. Debe recordarse que los relatos sobre los milagros pertenecen a una época en que no se hacían investigaciones. Varios folletos se publicaron en Italia en relación con el supuesto milagro de que sangraran los brazos rotos en una imagen de San Nicolás. Sobre ese particular, ver el estudio de N. G. Cappi (1725). En inglés existe la biografía escrita por E. A. Foran OSA en 1920; ver también la que escribió en italiano Nicola Concetti OSA (1932).
 
MEDITACIÓN - TRES CONSEJOS PARA VIVIR FELIZ CADA CUAL EN SU ESTADO
I. Vive feliz y contento en la posición en que Dios te ha colocado. No seas de aquellos que se ingenian en hacerse desgraciados, sea exagerando los males que les acaecen, sea comparando sus desventuras imaginarias con la aparente felicidad de los demás. Dios te ha puesto en este estado, permanece en él, vive en él contento y alegre, Dios lo quiere. Salomón ha dicho con razón: «He reconocido que nada mejor había que alegrarse y hacer el bien durante nuestra vida».
  
II. Conténtate con la fortuna y talentos naturales que Dios te ha dado, y no desees más. Dios sabe lo que has menester; acaso te habrías condenado si tuvieses más ingenio, más salud o más bienes materiales. La dicha no reside ni en la ciencia, ni en la opulencia ni en los otros bienes de este mundo; existe en la posesión de Dios. «No son las riquezas las que hacen feliz, sino Dios, que es la verdadera riqueza de nuestras almas». (San Agustín).
  
III. Conténtate también con los bienes que hayas recibido en el orden de la gracia, y no te atormentes inútilmente en desearlos mayores. Emplea como es debido los favores que te acuerda Dios, y los talentos que te ha confiado; no pide otra cosa de ti. Piensa, para suavizar; tus sufrimientos, que has merecido el infierno por tus pecados, y llora continuamente los desórdenes de tu vida pasada. La verdadera compunción atrae la gracia y produce el gozo del alma, y las lágrimas de la penitencia son inmensamente más dulces que los goces de los pecadores.
  
La conformidad con la voluntad de Dios. Orad por los afligidos.
 
ORACIÓN
Señor, escuchad favorablemente las humildes súplicas que os dirigimos en la solemnidad de vuestro confesor San Nicolás de Tolentino, a fin de que, no poniendo nuestra confianza en nuestra justicia, seamos socorridos por los ruegos de aquél que os fue agradable. Por J. C. N. S. Amén.