Mostrando entradas con la etiqueta Purgatorio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Purgatorio. Mostrar todas las entradas

sábado, 22 de noviembre de 2025

NOVENA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS POR LAS BENDITAS ALMAS

Traducción y adaptación de la Novena publicada en francés en el Manual de la Hermandad para la liberación de las almas del Purgatorio, publicado por el Priorato de Nuestra Señora de Pointet (Fraternidad Sacerdotal San Pío X – Distrito de Francia).
    
ORIGEN
Santa Margarita María nos da el origen de esta práctica: «Harás un “pequeño recorrido” por el Purgatorio en compañía del Sagrado Corazón de Jesús, para pedirle que aplique sus méritos a estas santas almas sufrientes. Y le suplicarás, al mismo tiempo, que use su poder para obteneros la gracia de vivir en el amor y la fidelidad a Nuestro Señor Jesucristo, respondiendo a sus deseos para con nosotros, sin resistencia. Y si pudieras liberar a algunas de esas pobres almas cautivas, estarías muy feliz de tener un abogado en el Cielo para interceder por tu salvación».
   
NOVENA AL SACRATÍSIMO CORAZÓN DE JESUS POR LAS ALMAS DEL SANTO PURGATORIO
    

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo; nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato: fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos: al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos: está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso; desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica: la Comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
   
CONSAGRACIÓN
Oh divino Corazón de Jesús, al hacer, en tu compañía, este “pequeño recorrido” por el Purgatorio, te consagramos todo lo que hemos hecho y haremos de bien, con la ayuda de tu gracia, durante este día. También te pedimos que apliques todos tus méritos a estas almas santas. Y vosotras, almas santas del Purgatorio, usad al mismo tiempo todo vuestro poder para obtener para nosotros la gracia de vivir en el amor y la fidelidad a Nuestro Señor Jesucristo, respondiendo sin resistencia a sus deseos para con nosotros. Amén.
   
PRELUDIO
¡Vamos a bajar en el pensamiento por un momento, con el amor del Corazón de Jesús y la abundancia de sus gracias al Purgatorio! ¡Cuántas almas vienen allí, en este momento, a comenzar su dolorosa cautividad! Felices de haber evitado para siempre el infierno… Están salvados… Pero también, exiliados, por un tiempo, de su patria celestial. ¡Qué santa legión, casi enteramente purificada, se prepara hoy para despegar hacia el Cielo! Démosles a estas almas el último voto que acelerará por unos instantes su gozosa partida y pidámosles que se acuerden de nosotros en el Reino eterno.
   
SALMO 50 (“Miserére”)
Ten piedad de mí, oh Dios, según la grandeza de tu misericordia: y según la muchedumbre de tus piedades, borra mi iniquidad.
Lávame todavía más de mi iniquidad, y límpiame de mi pecado;
Porque yo reconozco mi maldad, y delante de mí tengo siempre mi pecado:
Contra ti solo he pecado; y he cometido la maldad delante de tus ojos, a fin de que perdonándome, aparezcas justo en cuanto hables, y quedes victorioso en los juicios que de ti se formen.
Mira pues que fui concebido en iniquidad, y que mi madre me concibió en pecado.
Y mira que tú amas la verdad: tú me revelaste los secretos y recónditos misterios de tu sabiduría.
Me rociarás, Señor, con el hisopo, y seré purificado: me lavarás, y quedaré más blanco que la nieve.
Infundirás en mi oído palabras de gozo, y de alegría; con lo que, viéndome perdonado, se recrearán mis huesos quebrantados o mis ya abatidas fuerzas.
Aparta tu rostro de mis pecados, y borra todas mis iniquidades.
Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, y renueva en mis entrañas el espíritu de rectitud.
No me arrojes de tu presencia, y no retires de mí tu santo espíritu.
Restitúyeme la alegría de tu Salvador; y fortaléceme con un espíritu de príncipe.
Yo enseñaré tus caminos a los malos, y se convertirán a ti los impíos.
Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios salvador mío, y ensalzará mi lengua tu justicia.
¡Oh Señor!, tú abrirás mis labios; y publicará mi boca tus alabanzas.
Que si tú quisieras sacrificios, ciertamente te los ofreciera: mas tú no te complaces con solos holocaustos o actos de religión meramente exteriores.
El espíritu compungido es el sacrificio más grato para Dios: no despreciarás, oh Dios mío, el corazón contrito y humillado.
Señor, por tu buena voluntad seas benigno para con Sion, a fin de que estén firmes los muros de Jerusalén.
Entonces aceptarás el sacrificio de justicia, las ofrendas, y los holocaustos: entonces serán colocados sobre tu altar becerros para el sacrificio.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espirítu Santo.
℟. Como era en el princípio, y ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
  
SALMO 129 “De profúndis”
Desde lo más profundo clamé a ti, oh Señor.
Oye, Señor, benignamente mi voz. Estén atentos tus oídos a la voz de mis plegarias.
Si te pones a examinar, Señor, nuestras maldades, ¿quién podrá subsistir, oh Señor, en tu presencia?
Mas en ti se halla como de asiento la clemencia: y en vista de tu Ley he confiado en ti, oh Señor.
En la promesa del Señor se ha apoyado mi alma: En el Señor ha puesto su esperanza.
Desde el amanecer hasta la noche espere Israel en el Señor.
Porque en el Señor está la misericordia, y en su mano tiene una redención abundantísima.
Y él es el que redimirá a Israel de todas sus iniquidades.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espirítu Santo.
℟. Como era en el princípio, y ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
   
DÍA PRIMERO
LAMENTAR EL TIEMPO PERDIDO
¿Qué lamentáis, almas santas del Purgatorio, de la tierra que dejasteis?
   
«Lamento el tiempo perdido… No pensé que fuera tan precioso, ni tan rápido, ni tan irreparable… Si lo hubiera sabido… ¡Si aún pudiera…! ¡Tiempo precioso...! Hoy te aprecio como te mereces. Tú me habías sido dado para ser usado enteramente por el amor de Dios, por mi santificación, por el alivio y edificación de mi prójimo. ¡Pero te usé para el placer y para obras que ahora me causan tan amargos pesares!
   
¡Oh vosotros que aún vivís en la tierra, consagrad por nosotros, al Corazón de Jesús, algunas de estas horas en que la gracia se os ofrece con tanta abundancia y con tanta facilidad! De antemano, gracias».
   
ORACIÓN FINAL
Oh Señor, Dios Todopoderoso, te suplicamos, por la preciosísima sangre de Jesús derramada durante su Pasión, que liberes las almas del Purgatorio, y especialmente aquellas que deben entrar antes en Tu gloria, para que comiencen ahora a te bendiga por toda la eternidad y que intercedas incansablemente por nosotros. Amén.
  
JACULATORIA: Dulce Corazón de María, sé nuestra salvación.
      
Rezar un Padre nuestro, diez Ave Marías y un Réquiem.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
DÍA SEGUNDO
Por la Señal…
Credo, Consagración, Preludio y Salmos “Miserére” y “De Profúndis”.
   
LAMENTAR LOS BIENES DISIPADOS
¿Qué lamentáis, almas santas del Purgatorio, de la tierra que dejasteis?
   
«Lamento los bienes disipados... Mi fortuna, mi salud, mis talentos, mi posición en el mundo: todo eso hubiera sido para mí un poderoso medio de salvación, si hubiera querido usarlos para la gloria de Dios. ¡Todos estos bienes desaparecieron de mis ojos en el momento de la muerte!
    
¡Ay!, si hoy fuera rico en estos bienes perecederos, ¿qué no daría por adelantar en un grado la gloria que Dios me reserva en el Cielo y por hacer conocer, aquí abajo, la devoción a su Sagrado Corazón?
   
¡Oh vosotros que en la tierra tenéis todavía alguna fortuna! Se os pedirá cuentas de ella... Pensadlo... Utilizadla según la justicia, la piedad y la caridad. Pagad vuestras deudas con los vivos y con los muertos. De antemano, gracias».
   
Rezar la Oración final, la Jaculatoria «Dulce Corazón de María, sé nuestra salvación», un Padre nuestro, diez Ave Marías y un Réquiem.
   
DÍA TERCERO
Por la Señal…
Credo, Consagración, Preludio y Salmos “Miserére” y “De Profúndis”.
   
LAMENTAR LA GRACIA DESPRECIADA
¿Qué lamentáis, almas santas del Purgatorio, de la tierra que dejasteis?
   
«Lamento la gracia despreciada... Me ha sido ofrecida en tan gran abundancia, en cada momento de mi vida: regeneración cristiana, vocación, sacramentos, Palabra de Dios, santas inspiraciones, buenos ejemplos, favores eminentes del perdón después de la caída. ¡Qué gracias!
   
¡Ay! ¡Si tuviera, por un solo instante, la libertad de saciar mi sed en esos manantiales de misericordia que brotan del Sagrado Corazón de Jesús, y que los pecadores y los indiferentes desprecian!
   
¡Oh vosotros que estáis en la tierra! Escuchad a Santa Margarita María deciros desde el Cielo: “No hay nadie en el mundo que no pueda sentir todo tipo de ayuda, si realmente tuvo un amor agradecido a Jesucristo, como aquel que Le testimonió por la devoción a su Sagrado Corazón”».
   
Rezar la Oración final, la Jaculatoria «Dulce Corazón de María, sé nuestra salvación», un Padre nuestro, diez Ave Marías y un Réquiem.
   
DÍA CUARTO
Por la Señal…
Credo, Consagración, Preludio y Salmos “Miserére” y “De Profúndis”.
   
¿Qué lamentáis, almas santas del Purgatorio, de la tierra que dejasteis?
   
LAMENTAR EL MAL COMETIDO
«Lamento el mal cometido. Una vez me pareció tan ligero y agradable. Sofoqué mi remordimiento en medio de los placeres. Ahora su peso me abruma, su amargura me atormenta, su recuerdo me persigue y me desgarra.
   
¡Ay!, si pudiera volver a la vida. Ninguna promesa, ningún placer, ninguna riqueza, ninguna palabra seductora podría inducirme a cometer el más mínimo pecado.
  
¡Oh vosotros que aún tenéis la libertad de elegir entre Dios y el mundo! Mirad las espinas, la Cruz, las llamas que torturaron el Corazón de Jesús; ellas os dirán lo que nuestros pecados le han costado en sufrimiento».
   
Rezar la Oración final, la Jaculatoria «Dulce Corazón de María, sé nuestra salvación», un Padre nuestro, diez Ave Marías y un Réquiem.
   
DÍA QUINTO
Por la Señal…
Credo, Consagración, Preludio y Salmos “Miserére” y “De Profúndis”.
  
LAMENTAR LOS ESCÁNDALOS DADOS
¿Qué lamentáis, almas santas del Purgatorio, de la tierra que dejasteis?
  
«Lamento los escándalos dados. ¡Si, al menos, sólo tuviera que lamentar mis faltas! ¡Si al morir hubiera podido detener las tristes consecuencias de mis escándalos y mis maldiciones!
  
¡Oh vosotros que venís a visitarme en compañía del Sagrado Corazón, y que hacéis resplandecer en mis ojos un rayo de su Luz! Tenéis en Él el camino más seguro y más fácil, cooperando con su gracia y animándoos con su celo, convertir más almas de las que he escandalizado en la tierra.
   
Rezar la Oración final, la Jaculatoria «Dulce Corazón de María, sé nuestra salvación», un Padre nuestro, diez Ave Marías y un Réquiem.
   
DÍA SEXTO
Por la Señal…
Credo, Consagración, Preludio y Salmos “Miserére” y “De Profúndis”.
   
LAMENTAR NO HABER FRECUENTADO LA CONFESIÓN
¿Qué lamentáis, almas santas del Purgatorio, de la tierra que dejasteis?
  
«Lamento no haber asistido lo suficiente al Sacramento de la Confesión. Sí, la confesión es curativa para el alma.
  
¡Oh vosotros que aún estáis en la tierra! ¡Id por nosotros, arrojaos en los brazos del Padre de la Misericordia! De antemano, gracias».
   
Rezar la Oración final, la Jaculatoria «Dulce Corazón de María, sé nuestra salvación», un Padre nuestro, diez Ave Marías y un Réquiem.
   
DÍA SÉPTIMO
Por la Señal…
Credo, Consagración, Preludio y Salmos “Miserére” y “De Profúndis”.
  
LAMENTAR LA FALTA DE CARIDAD CON LAS ALMAS DEL PURGATORIO
¿Qué lamentáis, almas santas del Purgatorio, de la tierra que dejasteis?
  
«Lamento la poca caridad que tuve en la tierra por las almas del Purgatorio. ¡Podría haber sido tan útil para ellos durante mi vida! Oraciones, limosnas, buenas obras, comuniones, devoción al Sagrado Corazón; ¿qué medios no tenía para consolar a estas pobres almas, cautivas en esta morada de sufrimiento?
   
¡Ay!, si pudiera volver a la tierra, ¿qué Santas Misas no oiría? ¿Cuántas haría ofrecer por todas esas almas olvidadas? ¿Qué oraciones dirigiría al Cielo por ellas? Vosotros todavía podéis hacerlo...».
   
Rezar la Oración final, la Jaculatoria «Dulce Corazón de María, sé nuestra salvación», un Padre nuestro, diez Ave Marías y un Réquiem.
   
DÍA OCTAVO
Por la Señal…
Credo, Consagración, Preludio y Salmos “Miserére” y “De Profúndis”.
  
LAMENTAR NO HABER AMADO MÁS A LA IGLESIA Y LOS SACERDOTES
¿Qué lamentáis, almas santas del Purgatorio, de la tierra que dejasteis?
  
«Lamentamos no haber amado suficientemente a nuestros sacerdotes y a nuestra Iglesia.
   
Amad a vuestros sacerdotes y orad por ellos. Amad a vuestros obispos y al Papado, que son dones de Dios para conduciros al Cielo».
   
Rezar la Oración final, la Jaculatoria «Dulce Corazón de María, sé nuestra salvación», un Padre nuestro, diez Ave Marías y un Réquiem.
   
DÍA NOVENO
Por la Señal…
Credo, Consagración, Preludio y Salmos “Miserére” y “De Profúndis”.
   
LAMENTAR NO HABER AMADO MÁS A MARÍA SANTÍSIMA
¿Qué lamentáis, almas santas del Purgatorio, de la tierra que dejasteis?
   
«Lamentamos no haber amado suficientemente a María, la santa Madre de Dios. Ella es un atajo para llevarnos por el camino del Corazón de Jesús. Ella es una poderosa defensora porque no puede soportar ver a estos hijos en el Purgatorio.
  
Consagraos a Dios a través del Inmaculado Corazón de María; Ella os protegerá de las trampas de los demonios. Rezad el Santo Rosario y encomendaos a Ella. Poned también a vuestros hijos y a toda vuestra familia bajo su protección maternal».
   
Rezar la Oración final, la Jaculatoria «Dulce Corazón de María, sé nuestra salvación», un Padre nuestro, diez Ave Marías y un Réquiem.

jueves, 16 de enero de 2025

EL DEBER DE REZAR POR LOS DIFUNTOS

Sermón predicado por el Ilmo. Sr. ObisponDon Fernando Altamira, Superior de la Sociedad de Santa María, el día 14 de Enero de 2025 (Fiesta de San Hilario de Poitiers, Obispo y Doctor de la Iglesia), en ocasión de la misa de aniversario en sufragio del Sr. Gabriel Mendoza Gutiérrez.
  

sábado, 30 de noviembre de 2024

DE LAS MISAS GREGORIANAS

Traducción del artículo publicado en la sección ¿Cómo explicas estas creencias Católicas Tradicionales? de TRADITIO. 

Se entiende por “Misas gregorianas” una serie de Misas ofrecidas, ininterrumpidamente por treinta días seguidos, por el descanso del alma de una persona fallecida. La serie es llamada Tricenal.
           
Esta práctica se remonta, por lo menos, hasta el siglo VIII, como se adjudica a un incidente relatado por San Gregorio Magno (540-604) en sus Diálogos (Lib. IV, Cap. 55), cómo él ordenó decir tal serie de Misas por el alma de uno de sus monjes que murió penitente, después de cometer una falta contra la pobreza monástica, y cómo, al final de la serie, esl monje anunció su salida del Purgatorio.
         
Luego surgió la creencia que, adicionalmente al valor intrínseco de la celebración de treinta Misas por el alma de un fallecido, se le añadió una eficacia extrínseca a los ruegos y méritos de San Gregorio, inclinando a Dios aplicar más completamente los méritos infinitos de la Misa al fallecido, para que al final de los treinta días pueda ser liberado del Purgatorio.
        
Si bien LA IGLESIA NUNCA HA DADO DECISIÓN ALGUNA SOBRE LA VERDAD O VALOR DE ESTA ANTIGUA CREENCIA, la Sagrada Congregación de Indulgencias declaró (Acta Sanctæ Sedis, vol. XVI, pág. 509) el 15 de Marzo de 1884, que «la confianza de los fieles, convencidos de que ofrecer treinta Misas llamadas “Misas gregorianas” posee una eficacia especial para la liberación de las almas en el Purgatorio, es piadosa y razonable, y la costumbre de celebrar estas Misas es aprobada por la Iglesia».
   
Condiciones del tricenal
  1. Las treinta Misas deben ofrecerse sin interrupción (Sagrada Congregación de Indulgencias, 14 de Enero de 1889; Santo Oficio, 12 de Diciembre de 1912 [II]) por treinta días consecutivos, no necesariamente por el mismo Sacerdote (Santo Oficio [III]) —luego el sacerdote que realiza la celebración puede tener una o más Misas suplidas por otro sacerdote— ni en la misma iglesia. En caso que concurran los tres últimos días de la Semana Santa, y el celebrante no diga Misa el Jueves Santo, o el Sábado Santo (de hacerlas, debe tomar estas Misas como parte del tricenal), no se rompe la serie (Benedicto XIV, Institutiónes Ecclesiásticas 34 [n. 22]), y puede continuar, el Domingo de Pascua, como si no hubiera intervalo.
  2. Las Misas deben extenderse por treinta días, siendo celebrada una por día. Luego, el celebrante no debe tener una o más de las Misas celebradas por otros el mismo día, de suerte que se completen las treinta en un período menor de treinta días; ni debe aplicar más de una de sus Misas en el día de Navidad como parte del tricenal (Sagrada Congregación de Indulgencias, 14 de Enero de 1889; Santo Oficio, 12 de Diciembre de 1912 [II y IV]).
  3. Todas las Misas deben ofrecerse por UNA SOLA persona fallecida, no por varias; ni por los vivos (Sagrada Congregación de Indulgencias, 24 de Agosto de 1888).
  4. No es necesario que las Misas sean Misas de Réquiem, aun en los días cuando estas son permitidas, pero «es laudable decirlas, por consideración de los fallecidos, en los días en los cuales es lícito y permitido» (Santo Oficio, 12 de Diciembre de 1912 [V]).
  5. No es necesario que las Misas se digan en un altar privilegiado, ni necesitan ofrecerse en honor de San Gregorio, ni con una conmemoración suya (Sagrada Congregación de Indulgencias, 14 de Enero de 1889).
  6. No es cierto que haya Indulgencia plenaria alguna anexa al tricenal (Sagrada Congregación de Indulgencias, 24 de Agosto de 1888); la eficacia especial es debida en cambio al beneplácito y misericordia divinas, y a la aceptación de las Misas por parte de Dios (Sagrada Congregación de Indulgencias, 24 de Agosto de 1888, y 15 de Marzo de 1884).
  7. Las Misas del tricenal no tienen privilegio litúrgico 
La obligación del tricenal
Al aceptar un honorario (normalmente, el honorario será más grande que el que se le daría por la celebración de treinta Misas que no forman una serie) por la celebración de un Tricenal, un sacerdote toma dos obligaciones de un carácter grave, y vinculantes en justicia, esto es, (i) la obligación de celebrar treinta Misas (y esto debe hacerlo él mismo o por medio de otros sacerdote, como es en el caso, de todos los manuales Misas); (ii) la obligación de celebrar (o haber celebrado) estas treinta Misas sin interrupción alguna, por treinta días consecutivos. Respecto a la segunda obligación, la doctrina común de los teólogos es esta: si la serie es rota sin mediar culpa del sacerdote, (probablemente) no está obligado a hacer restitución [cf. a modo de ejemplo, a Capello (De Sacraméntis, vol. I, 1928, 769). Algunos teólogos (por ej., Noldin, Tummolo-Jorio) dicen que debería comenzar de nuevo, si había aceptado un honorario mayor que el de las treinta Misas], pero que debería dar su mejor esfuerzo para cumplir el deseo de la persona que hizo ofrecer el tricenal, finalizando la serie tan pronto como sea posible [Algunos teólogos recomiendan que, en este caso, una o más de las Misas deban ser celebradas en un altar privilegiado. Para evitar toda incerteza, en caso de interrupción inculpable de las Misas, se puede buscar una condonación de la Santa Sede]. Si la interrupción es realmente culpable (v. g., si un sacerdote acepta la obligación de un tricenal cuando está moralmente cierto de no poder hacerlo, y no toma los pasos para mantener la serie ininterrumpida por la ayuda de otro sacerdote), el sacerdote está obligado a empezar el tricenal de nuevo, y completarlo según las normas presentadas. Si la interrupción se debe a una falta menos culpablemente grave —por ej., a la ignorancia del hecho de que las tres Misas en el día de Navidad no pueden usarse para la serie, o por no señalar alguna de las Misas en su agenda— parecería que, estrictamente hablando, debería empezarse nuevamente el tricenal, pero algunos autores piensan que esta obligación no puede imponerse, especialmente si ya había celebrado muchas de las Misas, y sugieren un arreglo hecho con la persona que hizo el ofrecimiento del tricenal, o la celebración de algunas Misas extra, o una condonación (ad cautélam) pedida a la Santa Sede [Debe admitirse que ninguna de estas sugerencias parece suficiente (excepto, por supuesto, la última); por el punto especial del tricenal (al cual su particular eficacia se traza, por la intercesión de San Gregorio), una súplica ininterrumpida de treinta Misas, se pierde. Los teólogos coinciden, por ejemplo, que ganar una Indulgencia plenaria, en nombre de la persona fallecida, no es suficiente sustituto para la interrupción del tricenal].  (P. John Baptist O'Connell, La celebración de la Misa).

lunes, 18 de noviembre de 2024

EL PURGATORIO, SU ESENCIA ✠ PARTE 2

Sermón predicado por el Ilmo. Sr. Obispo D. Fernando Altamira, Superior de la Sociedad de Santa María, en el Domingo VI que excede el tiempo después de Epifanía (domingo 17 de Noviembre de 2024; conmemoración de San Gregorio Taumaturgo, Obispo y Confesor).
   
Para la primera parte del sermón:
  • El Purgatorio, su esencia (Domingo V que excede el tiempo después de Epifanía; conmemoración de San Andrés Avelino, Sacerdote y Confesor, 10 de Noviembre).
   
  

lunes, 11 de noviembre de 2024

EL PURGATORIO, SU ESENCIA

Sermón predicado por el Ilmo. Sr. Obispo D. Fernando Altamira, Superior de la Sociedad de Santa María, en el Domingo V que excede el tiempo después de Epifanía (domingo 10 de Noviembre de 2024; conmemoración de San Andrés Avelino, Sacerdote y Confesor).

martes, 5 de noviembre de 2024

REZAR POR NUESTROS DIFUNTOS

Sermón predicado por el Ilmo. Sr. Obispo D. Fernando Altamira, Superior de la Sociedad de Santa María, en la Conmemoración de los Fieles Difuntos (sábado 2 de Noviembre de 2024).
       

domingo, 15 de septiembre de 2024

SANTA CATALINA DE GÉNOVA

   
La heroica enfermera y consoladora de los pobres, Santa Catalina de Génova, fue natural de la ciudad que lleva su nombre, y de la nobilísima casa de los Fieschi que dio a la Iglesia dos Papas: Inocencio IV y Adriano V. Deseaba en gran manera imitar el ejemplo de una hermana suya llamada Limbonia, que servía al Señor en un monasterio de monjas agustinianas; mas estorbábanselo sus padres Jaime Fieschi y Francisca di Negro, los cuales a todo trance quisieron casarla con un mancebo muy noble y rico de Génova. Llamábase este caballero Julián Adorno, y aunque antes de tomar a Catalina por esposa parecía de loables costumbres, se desenfrenó después, de manera que los diez años que vivió en compañía de la santa, fueron para ella diez años de cruel martirio. Sacábanle fuera de sí la ambición de honras mundanas, la afición al juego, y a los deleites sensuales: y aunque la santa con muchas lágrimas pedía al Señor la conversión de su marido, no abrió éste los ojos, hasta que en el juego y en las vicios hubo perdido la salud, y toda su hacienda y la de su esposa. Entonces por las oraciones de la santa se convirtió a Dios y entró en la Tercera orden de San Francisco y al poco tiempo pasó de esta vida con señales de verdadera contrición y arrepentimiento. Desde aquel día determinó la santa viuda comenzar a servir a Dios y a los pobres de Jesucristo en el hospital mayor de Génova, donde por muchos años fue como el ángel consolador de los enfermos. Era tan grande la caridad que ardía en su pecho que se extendía a todos los enfermos de la ciudad: de día y de noche los visitaba en sus casas, los animaba y regalaba cuanto podía, quitándose de su propio sustento, y mendigando lo que había menester para remediar sus necesidades. La ciudad de Génova bendice todavía con singular reconocimiento el nombre de la santa por los portentos de caridad que obró en los años de 1497 y 1501 cuando la pestilencia desolaba la población. Todos huían por escapar del terrible azote; mas no huyó la santa. Como enfermera de los heridos por la peste, acudía en su socorro, y a unos daba la salud del cuerpo y a otros disponía a bien morir y a alcanzar la eterna salvación del alma. No se pueden decir ni imaginar las proezas de caridad que llevó a cabo esta gran santa. Mas no fueron menos asombrosas sus austeridades y ayunos: porque pasó veintitrés cuaresmas y otros tantos advientos con sólo el Pan eucarístico, y bebiendo un poco de agua mezclada con sal y vinagre. Escribió un hermoso diálogo sobre el Purgatorio, que bastara a desengañar a los herejes protestantes, que niegan esta doctrina. Finalmente a la edad de setenta y siete años, conociendo que era llegada su dichosa muerte, recibió el santo viático, diciendo: «Ven, oh querido Esposo de mi alma», y llena de méritos y virtudes voló a la gloria del cielo.
   
REFLEXIÓN
No es maravilla que todos los buenos genoveses alaben y glorifiquen a esta santa heroína de la caridad, y la invoquen con gran fe en las públicas calamidades. En ella se manifiesta el verdadero amor del prójimo, propio de la caridad cristiana, que en semejantes ocasiones suele llegar hasta el heroísmo, y el falso amor del prójimo, que huye de todo peligro de muerte, faltando a veces aun a las obligaciones y oficios más necesarios de la caridad y careciendo hasta de palabras de consuelo y esperanza para reanimar los corazones de los enfermos y moribundos.
  
Flos Sanctorum de la Familia Cristiana (Las Vidas de los Santos y Principales Festividades del Año, ilustradas con otros tantos grabados y acompañadas de piadosas reflexiones y de las oraciones litúrgicas de la Iglesia) por P. Francisco De Paula Morell, S. J., Ed. Difusión, S. A., Buenos Aires.

ORACIÓN
Dígnate, oh Señor, Autor de nuestra salud, escuchar nuestras humildes súplicas; para que así como nos alegramos en la festividad de la bienaventurada Catalina, así imitemos su piedad y afectuosa devoción. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

lunes, 3 de junio de 2024

MES EN HONOR A SAN PEDRO APÓSTOL – DÍA TERCERO

Dispuesto por el padre Charles Alphonse Ozanam, Misionero Apostólico y Canónigo honorario de Troyes y Évreux, publicado en francés en París por Victor Palmé en 1863, y en italiano en Nápoles por Ferrante y Cía. en 1864.
  
MES DE SAN PEDRO, O DEVOCIÓN A LA IGLESIA Y A LA SANTA SEDE
  
MEDITACIONES SOBRE LA IGLESIA

Antes de la Meditación, recita un Pater noster y un Ave María con la Jaculatoria: San Pedro y todos los Santos Sumos Pontífices, rogad por nosotros.
  
MEDITACIÓN III: SOBRE EL PURGATORIO, O SOBRE LA IGLESIA SUFRIENTE
1.º Para entrar al Cielo, a este Santuario de la santa Iglesia; para ser admitido en el seno de este grupo elegido de espíritus ya limpios, es necesario haber logrado aquí abajo un triunfo sobre la carne y los sentidos; es necesario estar completamente libre de cualquier afecto terrenal y material, y, por así decirlo, no vivir más que para el alma; ya que sólo ella puede formar parte de ese divino reino de los espíritus; y aunque el cuerpo tome parte en él, esto no sucederá a menos que el cuerpo ya haya sido conquistado de alguna manera y hecho espiritual por el dominio que el alma casi soberana habrá ejercido sobre él.
    
Para entrar en la Gloria, después de haberse manchado con el pecado, era necesario haber soportado los dolores de una expiación completa; pero, entre los cristianos, incluso entre los mismos justos, son muy pocos los que, en su última hora, se encuentran en estas condiciones indispensables. Sus alma en este momento supremo no son dignas de la felicidad eterna ni de los tormentos eternos. La justicia divina debe, por tanto, encargarse de la obra de purificarlas, para luego abrirles sus tabernáculos celestiales. Esta doctrina está tan de acuerdo con la naturaleza humana que, tan pronto como el hombre comenzó a morir, se inició también una especie de culto a las tumbas y oración por los difuntos. En todos los tiempos, en todos los lugares, en todas las religiones, todos los pueblos del universo han creído que los muertos eran aliviados por los sufragios de los vivos. Tal creencia, que primerame te fue de los judíos pasó a ser la de los cristianos de todos los tiempos. Por eso el santo Concilio de Trento pudo decir con toda verdad que «la Iglesia Católica, instruida por el Espíritu Santo y por las Sagradas Escrituras y por la antigua tradición de los Padres, enseña que hay un Purgatorio y que las almas allí encerradas, son liberadas por los sufragios de los fieles». 
  
2.º Sin embargo, mientras estos elegidos son puestos a la prueba final, no son abandonados; y si la justicia no puede ceder enteramente sus derechos a la caridad infinita, esta última es bastante ingeniosa a la hora de encontrar formas de satisfacer a ambos. La Iglesia universal, aunque dividida en tres provincias distintas, forma no menos un inmenso y único imperio, del cual Dios es la Cabeza, y Jesucristo el Mediador, y el lazo es en realidad la Sangre adorable del Salvador, que cimenta todas las partes de este gigantesco edificio, y su gracia y caridad unen a todos los que lo componen. Ahora bien, como esta caridad no es sólo un sentimiento, sino que es una caridad verdadera y sincera, no nos quedamos solos para deplorar los sufrimientos de las almas que son purgadas, ni sólo para gemir por sus dolores, sino que también intenta todos los medios para liberarlos «Con admirable economía, dice el P. Ventura, la sabiduría y la bondad divinas se han reunido en nosotros y para nosotros, pobres viadores de la tierra, como en una misteriosa piedra angular, el sublime palacio del Cielo y la prisión profunda del Purgatorio, para formar un solo edificio y una sola casa. Puestos, pues, entre la Iglesia que reina y triunfa en el cielo, y la Iglesia que sufre y se humilla en el lugar de la expiación, la misma fe, la misma esperanza, la misma caridad, que nos hacen conciudadanos de los Santos, familiares, aliados, hijos de Dios, nos hacen aún más asociados, compañeros y amigos de las almas del Purgatorio: así como estamos en comunicación directa con el Cielo, lo estamos igualmente, y aún más estrechamente, con el Purgatorio. Y es por esto que, mientras recibimos ayuda por intercesión de los Santos, que gozan de la felicidad celestial, liberamos con nuestros sufragios, como viajeros en la tierra, a las almas sometidas a expiación; y mientras la misericordia divina se digna, ante la oración de los santos, descender aquí para perdonarnos nuestros pecados y soportar nuestras debilidades; la Sangre de Jesucristo, aplicada por nuestros sufragios, penetra en el abismo, y se esparce sobre las almas del Purgatorio, para borrar sus inmundicias y suavizar sus dolores. De esta manera nos convertimos de alguna manera en el muro intermedio, la piedra angular y primaria, a través de la cual el Cielo, la tierra y el Purgatorio se unen entre sí. De este modo, los verdaderos cristianos, que profesan la misma fe, los hijos de la verdadera Iglesia, que se encuentran en estado de gracia, aunque divididos por el espacio, están asociados entre sí y puestos en comunicación, y constituyen una sola y única. Iglesia, un solo cuerpo místico, del cual Jesucristo es la cabeza, un solo edificio, del cual Jesucristo es el fundamento» (La Escuela de Milagros, u Homilías sobre las principales obras de Jesucristo. Homilía 55.ª, sobre el Purgatorio).
   
3.º ¡Es verdaderamente un espectáculo conmovedor, esa relación estrecha de fe y de afecto, que intercede entre la tierra y el Purgatorio! ¡Oh, la tierna solicitud con la que la santa Iglesia militante, como madre afectuosa, vela por sus hijos más allá del tiempo, en la eternidad! Después de haberlos asistido durante toda su vida, después de haberlos santificado y recogido su último suspiro; quiere más, que esas mismas personas que permanecen aquí abajo en el exilio, aún inseguras de su destino futuro, todavía encerradas en la prisión de su cuerpo y encadenadas a la tierra, se esfuercen por introducir a sus hermanos fallecidos a través de oraciones en la celeatial patria; para asegurarles la felicidad eterna, para derribar el muro que los separa de Dios, y para romper los lazos que compiten para que esas almas vuelen al Cielo. Ella también les abre, después de la muerte, el rico tesoro espiritual cuya administración le confió Jesucristo, su divino Dsposo. Por ellos ofrece el adorable sacrificio, la Sangre misma de su divino Esposo, y se les aplica a través de las indulgencias, las satisfacciones sobreabundantes del Salvador. Exhorta fervientemente a los fieles que todavía están en la tierra a mortificarse, a practicar la limosna y cualquier otra forma de buenas obras, para satisfacer lo más rápidamente posible las deudas de estas almas que ahora no pueden liberarse por sí mismas, ya que, después de a la hora del juicio, a nadie le está permitido merecer ni demeritar más; porque estas almas desoladas no tienen otra esperanza que la de nuestros sufragios, ni tienen de quién esperar ayuda sino de nosotros; su destino está puesto sólo en nuestras manos (P. Ventura, ibid). ¡Admirable sabiduría, admirable caridad de la Iglesia, que, al mismo tiempo que procura el alivio y la liberación de estos pobres prisioneros de la justicia divina, proporciona también a los que aún vagan por la tierra medios ingeniosos y eficaces para comprender su propia santificación!
   
ELEVACIÓN EN TORNO AL PURGATORIO, O LA IGLESIA SUFRIENTE
I. ¡La Iglesia me exhorta a pedir para vosotros, familiares míos, amigos míos, hermanos míos, un lugar de refrigerio, de luz y de paz! Soportáis, pues, en este lugar de expiación, los tormentos del fuego. ¡Estás sepultados en una oscuridad espantosa, entre angustias incluso peores que las que tal vez se apoderaron de vosotras en la agonía! Los demonios, con toda probabilidad, no vienen a avivar el fuego que os devora, ni a hacer sonar en vuestros oídos sus gritos de desesperación. Sólo la mano de la justicia divina pesa sobre vosotros, pero ella sola basta para haceros soportar tales dolores, por eso los de aquí abajo sólo merecen darme una idea muy lánguida. ¡Pobre de mí! ¡A pesar de las revelaciones de la fe, nunca habíais podido comprender hasta qué punto las faltas, que en comparación llamamos ligeras, podían haber ultrajado la infinita santidad de Dios y exigido tal reparación! No habíais comprendido del todo el poder de una vida mortificada, ni el valor que un acto de penitencia, aunque sea de un pequeño momento, podría tener para salvaros, al menos en parte, de las horribles torturas, de las cuales ahora sois víctimas. Pedidme esta inteligencia y contad con mi devoción por vosotras.

II. ¡Oh Señor! ¿Cuál es la justicia de los hombres comparada con la vuestra? La primera considera una despreocupación perdonable lo que a vuestros ojos es un crimen que merece los castigos más rigurosos. A menudo, los hombres más culpables logran escapar de sus búsquedas más frenéticas. Además, unas veces la primera exagera el castigo, otras, por el contrario, inflige menos de lo que exigiría la infracción de las leyes. Ella revela su incapacidad e impotencia en cada momento. Pero no hay nada que escape a Vos, moderador supremo del inmenso imperio de las almas. Escudriñáis las entrañas y los corazones, vuestra infinita sabiduría pesa todo en la balanza de su infalible justicia. No es culpa, no es debilidad lo que vale la pena pretender ser, ningún alma, a pesar de su sutileza, podría jamás escapar de vuestro poder ilimitado, como bellamente dijo el Rey Profeta: «Si subo al cielo, allí estás tú; si bajo al abismo, allí te encuentro. Si al rayar el alba me pusiere alas, y fuere a posar en el último extremo del mar, allá igualmente me conducirá tu mano, y me hallaré bajo el poder de tu diestra. Tal vez, dije yo, las tinieblas me podrán ocultar; mas la noche se convertirá en claridad para descubrirme en medio de mis placeres. Porque las tinieblas no son oscuras para ti, y la noche es clara como el día; oscuridad y claridad son para ti una misma cosa. Tú eres dueño de mis afectos; desde el vientre de mi madre me has tomado en cuenta».

III. Una vez más, Dios mío, si vuestra justicia es terrible, vuestra caridad es infinita, y Os habéis dignado no romper ni con la muerte los lazos de afecto que nos unen aquí abajo a nuestros vecinos, a nuestros amigos, a nuestros hermanos en Jesucristo. Con nuestras oraciones, con nuestras buenas obras, con algún sacrificio que podamos imponernos, podremos aliviarlos: nuestras obras de expiaciónpodrán saldar sus deudas; podremos acelerar su entrada a la gloria. No, no todo habrá terminado entre ellos y nosotros después de la hora fatal de la muerte, porque a partir de ese momento no se levantará ciertamente un abismo insuperable entre nosotros y aquellos que nos son queridos, sino que podremos seguir teniendo relación con ellos y también podremos serles útiles. ¡Qué consejo tan admirable! ¡Qué sublimes consuelos! ¡Sed bendito por siempre, oh Señor!

Se repite la Jaculatoria: «San Pedro y todos los Santos Sumos Pontífices, rogad por nosotros», añadiendo el Credo Apostólico:
   
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor: que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado: descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

JACULATORIAS
  • «Dales, Señor, el descanso eterno, y brille para ellos la luz perpetua».
  • «De las puertas del Infierno, libra, Señor, sus almas» (De la liturgia de la Iglesia).
PRÁCTICAS
  • Evita los pecados veniales totalmente deliberados, que merecen las penas del Purgatorio.
  • Trata de hacer obras satisfactorias, como oraciones, limosnas, ayunos, etc., para expiar tus pecados; y cuida de ganar las santas indulgencias, que son tan poderosas para purgarnos de nuestros pecados.
  • Ofrece sufragios por las almas del Purgatorio en el mejor manera posible.
℣. Tú eres Pedro.
℟. Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.
  
ORACIÓN
Oh Dios, que acordaste a tu bienaventurado Apóstol San Pedro el poder de atar y desatar, concédenos, por su intercesión, ser libertados de las cadenas de nuestras culpas. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

viernes, 3 de noviembre de 2023

UN SONETO DE TASSO SOBRE LAS BENDITAS ÁNIMAS

Traducción del artículo tomado de RADIO SPADA.
    


Almas, que en las llamas y el tormento
Purgáis el fango con que os asperjó el mundo,
Sin espanto de la muerte segunda,
Y ciertas de entre las almas puras resucitar.
   
Casi tantas alas, y tantas fervorosas preces,
Que esparce del profundo del corazón alta piedad,
Y mis suspiros, ahora que mi pecho inundo,
Como tan benignos vientos a tal vuelo.
   
Y entre las eternas sedes a nosotros prometidas
A uno y otro pariente el Cielo acoja,
Antes que encierren los huesos el blanco mármol;
    
Avanzad a la alta victoria, y los nudos soltad,
Y junto con los de mis propias culpas,
El buen Gregorio, ahora que de fe me armo.
El soneto, tomado de las Rimas espirituales, se abre con la descripción del estado de las almas del Purgatorio, seguras de la salvación. Después el poeta pasa a considerar el deber de caridad que todo cristiano tiene hacia ellas: el deber de la oración. Ante todo, Tasso ora por las almas de sus padres: el alma de su madre Porcia dei Rossi, a quien el poeta no por última vez cuando tenía apenas diez años, y el alma de su padre Bernardo a quien estuvo ligadísimo. La poesía que se abrió con el gran cuadro del Purgatorio, se restringe hacia un cuadro más íntimo y se cierra con la imagen del hombre Torcuato que ruega a San Gregorio Magno, figura estrechamente vinculada al culto de las ánimas benditas, por sí mismo, para que pueda vencer los lazos del pecado.

Giuliano Zoroddu

miércoles, 1 de noviembre de 2023

EL PURGATORIO EN LAS ESCRITURAS

Del muro de William Willy R. Reyes.
   
La Virgen del Carmen rescatando almas del Purgatorio (Círculo de Diego Quispe Tito, Museo de Brooklyn).
   
EL PURGATORIO EN LAS ESCRITURAS
(Especial del día de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos)

LA ESCRITURA DICE:
Un estado de sufrimiento y perdón después de la muerte.
  • San Mateo V, 26; XVIII, 34; San Lucas XII, 58-59 – Jesús nos enseña: «Componte luego con tu contrario, mientras estás con él todavía en el camino; no sea que te ponga en manos del juez, y el juez te entregue en las del alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que de allí no saldrás hasta que pagues el último céntimo». La palabra “contrario” (ἀντιδίκου, antidiko) es probablemente una referencia al diablo (ver la misma palabra para diablo en 1.ª Pedro V, 8) que es un acusador contra el hombre (cf. Job I, 6-12; Zac. III, 1; Apoc. XII, 10), y Dios es el juez. Si no hemos adecuadamente luchado con satanás y los pecados en esta vida, seremos conducidos a un estado temporal llamado una prisión, y no saldremos de allí hasta que satisfagamos toda nuestra deuda a Dios. Esta “prisión” es el Purgatorio, de donde no saldremos hasta que se pague el último cuarto.
  • San Mateo V, 48 – Jesús dijo: «Sed, pues, vosotros, perfectos, así como vuestro Padre celestial es perfecto». Solo somos hechos perfectos por la purificación, y en la doctrina católica, esta purificación, si no se completó en la tierra, es continuada en un estado transicional lo llamamos Purgatorio.
  • San Mateo XII, 32 – Jesús dice: «Asimismo a cualquiera que hablara contra el Hijo del hombre se le perdonará; pero a quien hablare contra el Espíritu Santo, despreciando su gracia, no se le perdonará ni en esta vida ni en la otra». Así Jesús proporciona claramente que hay perdón después de la muerte. La frase “en la otra” (del griego ἐν τῷ μέλλοντι, “en to mellonti”) generalmente se refiere a la vida futura (ver, por ejemplo, Marc. X, 30; Luc. XVIII, 30; XX, 34-35; Efe. I, 21 para expresiones semejantes). El perdón no es necesario en el Cielo, y no hay perdón en el Infierno. Esto prueba que hay otro estado después de la muerte, y la Iglesia por 2.000 años llamó a este estado Purgatorio.
  • San Lucas XII, 47-48 – cuando el Señor venga (al final de los tiempos), algunos recibirán leves o fuertes azotes, pero vivirán. Este estado no es el Cielo o el Infierno, porque en el Cielo no hay azotes, y en el Infierno no viviremos nunca con el Señor.
  • San Lucas XVI, 19-31 – en esta historia, vemos que el rico muerto está sufriendo, pero aún siente compasión por sus hermanos y quiere advertirles de su lugar de sufrimiento. Pero no hay sufrimiento en el Cielo o compasión el Infierno, porque la compasión es una gracia de Dios, y los que están en el Infierno están privados de las gracias de Dios para toda la eternidad. Entonces, ¿dónde está el hombre rico? Está en el Purgatorio.
  • 1.ª Corintios XV, 29-30 – San Pablo menciona que las personas que se bautizan en nombre de los muertos, en el contexto de expiar por sus pecados (las personas son bautizadas en nombre de los muertos para que los muertos pueda ser resucitados). Estas personas no pueden estar en el Cielo porque todavía están con pecados, pero tampoco pueden estar en el Infierno porque sus pecados ya no podrán ser expiados. Ellos están en el Purgatorio. Estos versos corresponden directamente a 2.º Macabeos XII, 44-45 que también muestra oraciones específicas por los muertos, para que puedan perdonarse sus pecados.
  • Filipenses II, 10 – toda rodilla se dobla ante Jesús, en el Cielo, en la tierra, y «bajo la tierra», que es el reino de los justos que han muerto, o Purgatorio.
  • 2.ª Timoteo I, 16-18 – Onesíforo está muerto, pero San Pablo pide misericordia para él «en aquel día» El uso paulino de «aquel día» (ἐκείνῃ ἡμέρᾳ, ekeinē hēmera) demuestra su uso esjatológico (ver, por ejemplo, Rom. II, 5, 16; 1.ª Cor. I, 8; III, 13; V, 5; 2.ª Cor. I, 14; Fil. I, 6, 10; II, 16; 1.ª Tes. V, 2, 4, 5, 8; 2.ª Tes. II, 2, 3; 2.ª Tim. IV, 8). Por supuesto, no hay necesidad de misericordia en el Cielo, y no se da misericordia en el Infierno. ¿Dónde está Onesíforo? Está en el Purgatorio.
  • Hebreos XII, 14 – sin santidad nadie verá al Señor. Necesitamos la santificación final para obtener verdadera santidad ante Dios, y este proceso ocurre durante nuestras vidas y, si no está completa durante nuestras vidas, en el estado transicional del Purgatorio.
  • Hebreos XII, 23 – los espíritus de los que mueren en santidad son “hechos” perfectos. Ellos no necesariamente llegan perfectos. Ellos son hechos perfectos después de su muerte. Pero los que están en el Cielo ya son perfectos, y los que están en el Infierno ya no podrán hacerse perfectos. Estos espíritus están en el Purgatorio.
  • 1.ª Pedro III, 19; IV, 6 – Jesús predicó a los espíritus en la “prisión”. Estas son las almas justas siendo purificadas para su visión beatífica.
  • Apocalipsis XXI, 4 – Dios enjugará sus lágrimas, y no habrá llanto ni dolor, pero solo después que vengan los Cielos nuevos y la tierra nueva, y pasen los actuales Cielos y tierra. Advierte que la eliminación de las lágrimas y el dolor solo sucederán al fin de los tiempos. Pero no hay llanto o dolor en el Cielo, y Dios no removerá sus lágrimas en el Infierno. Estas son las almas que están padeciendo el Purgatorio.
  • Apocalipsis XXI, 27 – nada impuro entrará al cielo. La palabra “impuro” viene de la palabra griega “koinon” (κοινὸν) que se refiere a una corrupción espiritual. Incluso la propensión al pecado es espiritualmente corrupta, o considerada manchada, y debe ser purificada antes de entrar al Cielo. Es sorprendente ver cómo muchos protestantes no quieren creer en el Purgatorio. El Purgatorio existe por la misericordia de Dios. Si no hubiera Purgatorio, esto también significaría probablemente que no hay salvación para muchas personas. Dios es misericordioso realmente.
  • San Lucas XXIII, 43 – Muchos protestantes arguyen que, porque Jesús envió al buen ladrón a su derecha al Cielo, no puede haber Purgatorio. Hay varias refutaciones. Primero, cuando Jesús usa la palabra “paraíso”, Él no quería decir Cielo. Paraíso, que viene de la palabra hebrea “seol” (שְׁאוֹל), significa el reino de los justos muertos. Este era el lugar de los muertos que estaban destinados para el Cielo, pero que estaban cautivos hasta la resurrección del Señor. Segundo, puesto que no había puntuación en el manuscrito original, la declaración de Jesús «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso» no significa que hubiera una coma después de la primera palabra “tú”. Esto significa que Jesús pudo haber dicho: «Te lo aseguro hoy, estarás conmigo en el paraíso» (es decir, Jesús pudo haber enfatizado con exclamación que su declaración era “hoy” o “ahora” y que en algún momento en el futuro el buen ladrón iría al Cielo). Tercero, aun si el ladrón fuera directo al Cielo, esto no prueba aquí que no hay Purgatorio (los que han sido plenamente santificados en esta vida –tal vez por una muerte sangrienta y arrepentida– pueden estar listos para ser admitidos en el Cielo).
  • Génesis L, 10; Números XX, 29; Deuteronomio XXXIV, 8 – aquí hay algunos ejemplos de oración ritual y duelo penitente por los muertos durante períodos específicos de tiempo. El entendimiento judío de estas prácticas era que las oraciones libraban las almas de su doloroso estado de purificación, y aceleraba su viaje hacia Dios.
  • Baruc III, 4 – Baruc pide al Señor escuchar las oraciones de los muertos de Israel. Las oraciones por los muertos son innecesarias en el Cielo e innecesarias en el Infierno. Estos muertos están en el Purgatorio.
  • Zacarías IX, 11 – Dios, por la sangre de Su alianza, los sacará del pozo sin agua, una morada espiritual de sufrimiento que la Iglesia llama Purgatorio.
  • 2.º Macabeos XII, 43-45 – las oraciones por los muertos los liberan del pecado y los ayudan a la recompensa en el Cielo. Los que están en el Cielo no tienen pecado, y los que están en el Infierno no pueden ser liberados del pecado. Ellos están en el Purgatorio. Lutero estaba particularmente emproblemado con estos versos porque él rechazaba la centenaria doctrina del Purgatorio. Como resultado, eliminó a los Macabeos del canon de la Biblia.
Purificación con fuego después de la muerte.
  • Hebreos XII, 29 – Dios es un fuego consumidor (de amor en el Cielo, de expiación en el Purgatorio, o de sufrimiento y condenación en el Infierno).
  • 1.ª Corintios III, 10-15 – las obras serán juzgadas después de la muerte y probadas por el fuego. Algunas obras se perderán, pero la persona aún estará salvada. San Pablo se refiere al estado de purgación llamado Purgatorio. Los pecados veniales (malas obras) que se cometieron se quemarán después de la muerte, pero la person todavía será llevada a la salvación. Este estado después de la muerte no es el Cielo (no hay presentes pecados veniales) o el Infierno (no hay perdón ni salvación).
  • 1.ª Corintios III, 15 – «Si la obra de ese hombre se quemare, él sufrirá pérdida, aunque él mismo será salvo, pero solo como por medio del fuego». La frase en griego para “sufrirá pérdida” es “zemiothesetai” (ζημιωθήσεται). La palabra raíz es “zemioo” (ζημιόω) que también se refiere al castigo. La construcción “zemiothesetai” es usada en Éxodo XXI, 22 y Proverbios XIX, 19 que se refiere al castigo (del hebreo “anash” עָנַשׁ, significando “castigo” o “pena”). Por ende, este verso prueba que hay una expiación de castigo temporal después de nuestra muerte, pero la persona todavía es salvada. Esto no puede significar el Cielo (no hay castigo en el Cielo) y no puede significar el Infierno (ya no existe la posibilidad de expiación y la persona no es salvada).
  • 1.ª Corintios III, 15 – además, San Pablo dice: «él mismo será salvo, “pero solo” (o “aunque tanto”) como por medio del fuego». «Será salvo» en griego es “sothesetai” (σωθήσεται, que significa salvación eterna). La frase «pero solo» (o «aunque tanto») en griego es “houtos” (οὕτως) que significa “de la misma manera”. Esto significa que el hombre será eternamente recompensado y salvado en la misma manera que por el fuego.
  • 1.ª Corintios III, 13 – cuando San Pablo escribe que Dios revelará la calidad de la obra de cada hombre por el fuego y purificándolo, esta purificación se refiere a sus pecados (no solo sus buenas obras). Los protestantes, atentando improbar la realidad del Purgatorio, arguyen que San Pablo estaba hablando solamente de recompensar las buenas obras, y no de castigar los pecados (porque castigar y purificar al hombre de sus pecados sería admitir que hay un Purgatorio).
  • 1.ª Corintios III, 17 – pero este verso prueba que la purgación después de la muerte implica el castigar los pecados. Esto es, destruir el templo de Dios es una mala obra, la cual es un pecado mortal que conduce a la muerte.
  • 1.ª Corintios III, 14, 15, 17 –  el Purgatorio revela el estado de justicia (v. 14), el estado de pecado venial (v. 15) y el estado de pecado mortal (v. 17), todos los cuales serán juzgados después de la muerte.
  • 1.ª Pedro I, 5-6 –  San Pedro se refiere a este fuego purgatorial para probar los frutos de nuestra fe.
  • San Judas I, 23 – los que son salvados son como si los sacaran del fuego. Las personas ya están salvas si están en el Cielo,  y no hay posibilidad de salvación si están en el Infierno. Estas personas son llevadas al Cielo desde el Purgatorio.
  • Apocalipsis III, 18-19 – Jesús se refiere a este fuego que refina como en el oro a los que Él ama si se arrepienten de sus pecados. Esto es en el contexto después de la muerte porque Jesús, hablando del Cielo, recompensa con la vestidura blanca después de la purgación en el fuego (ambas después de la muerte).
  • Daniel XII, 10 – Daniel se refiere a este refinamiento diciendo que muchos se purificarán, haciéndose blancos y refinados.
  • Sabiduría III, 5-6 – los muertos son disciplinados y probados por el fuego para recibir su recompensa celestial. Este es el fuego del Purgatorio.
  • Eclesiástico II, 5 – porque el oro es probado en el fuego, y los hombres aceptables en el horno de la humillación.
  • Zacarías III, 8-9 – Dios dice que ⅔ perecerán, y ⅓ serán dejados con vida, puestos en el fuego, y refinados como la plata y probados como el oro. Los que perecen van al Infierno, y no hay necesidad de refinamiento en el Cielo, así que ellos son refinados en el Purgatorio.
  • Malaquías III, 2-3 – también se refiere a la purificación divina de los justos después de su muerte.

***
  
“PUROS” EN GRIEGO, “PURGATÓRIUM” EN LATÍN: EL PURGATORIO EN LA BIBLIA
¿Notas la última parte de este pasaje? Aquí está nuevamente 1.ª Corintios III, 15 para referencia:
«Si se quemare, el constructor sufrirá pérdida, todavía será salvo, aunque como quien escapa de en medio del fuego» (griego διὰ πυρός, dia puros).
La palabra puros aparece tres veces en el pasake citado arriba de 1.ª Corintios. Puros significa fuego. La palabra griega puros se convirtió en piros en latín. Tú puedes reconocer el prefijo latino pir- en palabras como piro-técnicos (fuegos artificiales) o incluso en piró-mano. Pyros, sin embargo, no se usa en el Purgatorio.

Un fuego que purifica…
Con todo, el origen de puros es de la palabra “puro” o “purificar” en sánscrito (पुनाति, punā́ti). La palabra purigáre en latín antiguo está formada de purus “puro” y la raíz de ágere “poner en movimiento, conducir; hacer, realizar”. La palabra latina medieval purgatórium, “medio de limpieza”, fue entonces formada de purigáre o purgáre. Finalmente, la palabra latina purgatórium llego como “Purgatorio”.

Entonces, la palabra “Purgatorio” puede ser hallada en la Biblia por la palabra griega puros hallada en 1.ª Corintios III, 15.

ORACIONES PARA CADA DÍA DE LA SEMANA POR LOS FIELES DIFUNTOS (Tomadas de El Purgatorio abierto a la piedad de los fieles, o sea, Breve ejercicio cotidiano para alivio de las almas del Purgatorio).

PARA EL DOMINGO.
¡Oh Señor omnipotente! Por la Sangre preciosa que derramó vuestro divino Hijo Jesús en el huerto, os ruego que libreis a las ánimas del Purgatorio, y particularmente a la que está más olvidada, y que la conduzcais a vuestra santa gloria, donde os alabe y bendiga eternamente. Así sea. Padre nuestro, Ave María, Gloria Patri y Réquiem.
   
PARA EL LUNES.
¡Oh Señor Dios omnipotente! Por la Sangre preciosa que vuestro divino Hijo Jesús derramó en su cruel flagelación, os ruego que libreis a las ánimas del Purgatorio, y especialmente a la que esté más próxima a entrar en vuestra gloria, para que cuanto antes empiece a alabaros y bendeciros por toda la eternidad. Así sea. Padre nuestro, Ave María, Gloria Patri y Réquiem.

PARA EL MARTES.
¡Oh Señor Dios omnipotente! Por la Sangre preciosa que vuestro divino Hijo Jesús derramó en su cruel coronación de espinas, os suplico que libreis a las ánimas del Purgatorio, y en particular a aquella que debería ser la última de salir de tan grandes penas, a fin de que no tarde tanto en alabaros en vuestra gloria y bendeciros para siempre. Así sea. Padre nuestro, Ave María, Gloria Patri y Réquiem.
    
PARA EL MIÉRCOLES.
¡Oh Señor Dios omnipotente! Por la Sangre preciosa que vuestro divino Hijo Jesús derramó por las calles de Jerusalén, al llevar la cruz sobre sus sagrados hombros, os ruego que libreis a las ánimas del Purgatorio, y en particular a aquella que tiene más méritos delante de Vos, para que en el elevado puesto de gloria que espera os alabe y bendiga eternamente. Así sea. Padre nuestro, Ave María, Gloria Patri y Réquiem.

PARA EL JUEVES.
¡Oh Señor Dios omnipotente! Por el precioso Cuerpo y Sangre de vuestro divino Hijo Jesús, que en la víspera de su pasión dio Él mismo en comida y bebida a sus amados Apóstoles, y que dejó a toda su Iglesia en sacrificio perpetuo y alimento vivificador de sus fieles, os suplico que libreis a las ánimas del Purgatorio, y especialmente a la más devota de este misterio de infinito amor, a fin de que os alabe por él eternamente en compañía de vuestro divino Hijo y del Espíritu Santo en vuestra gloria. Así sea. Padre nuestro, Ave María, Gloria Patri y Réquiem.

PARA EL VIERNES.
¡Oh Señor Dios omnipotente! Por la Sangre preciosa que vuestro divino Hijo Jesús derramó en tal día sobre el árbol de la cruz, mayormente de sus manos y pies santísimos, os ruego que libreis a las ánimas del Purgatorio, y singularmente a aquella por la cual tengo más obligación de rogar, a fin de que no tardéis por culpa mía en llevarla a vuestra gloria, donde os alabe y bendiga por toda la eternidad. Así sea. Padre nuestro, Ave María, Gloria Patri y Réquiem.

PARA EL SÁBADO.
¡Oh Señor Dios omnipotente! Por la Sangre que manó del costado de vuestro divino Hijo Jesús en presencia y con extremo dolor de su santísima Madre, os ruego que libreis a las ánimas del Purgatorio, y singularmente a la que ha sido la más devota de esta gran Señora, a fin de que vaya cuanto antes a vuestra santa gloria para alabaros a Vos en ella, y a ella en Vos por todos los siglos. Así sea. Padre nuestro, Ave María, Gloria Patri y Réquiem.
  
Todos los días: 
SALMO 129 “De profúndis”
Desde lo más profundo clamé a Vos, Señor; * Señor, escuchad mi voz.
Presten atención vuestros oídos * a la voz de mi plegaria.
Si tomáis cuenta, Señor, de los pecados, * Señor, ¿quién podrá subsistir?
Mas en Vos está el perdón, * por el testimonio de vuestra ley, Señor, espero en Vos.
Mi alma espera en vuestra palabra; * mi alma ha puesto su esperanza en el Señor.
Desde la vigilia matinal hasta la noche, * espere Israel en el Señor.
Porque en el Señor está la misericordia, * y hay en Él abundante redención.
Él es quien redimirá a Israel * de todas sus iniquidades.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.
℣. Señor, oíd mi oración.
℟. Y mi plegaria llegue a Vos.

ORACIÓN
Oh Dios, criador y redentor de todos los fieles, conceded el perdón de los pecados a las almas de vuestros siervos y siervas, para que, por medio de súplicas piadosas, consigan la indulgencia que siempre desearon. Vos que vivís y reináis con Dios Padre, en unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos.
℟. Así sea.
℣. Dadles, Señor, el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos la eterna luz.
℣. Descansen en paz.
℟. Así sea.

Foto: Nuestra Señora del Carmen, el Escapulario Carmelita y el Privilegio Sabatino.
El Privilegio Sabatino se basa en la Bula Papal “Sacratíssimo ut in cúlmine paradísi publicada el 3 de Marzo de 1322 por el Papa Juan XXII. Este Privilegio fue aprobado y confirmado por muchos Papas, incluyendo a San Pío V. Esencialmente dice que aquellos que vistan el Escapulario y cumplan otras dos condciones pueden obtener una pronta liberación del Purgatorio, por la especial intercesión de la Virgen María, en el día consagrado a ellas, el Sábado.

OFICIO DE DIFUNTOS


Tomado del Libellus precum et piarum exercitationum in usum pie vivere, et feliciter mori desiderantium, publicado en Liverpool por Robert Rockcliff en 1823, y adaptado conforme a las reformas de Divino Afflatu. Traducción tomada del Breviario Romano por Dom Alfonso María de Gubianas OSB, publicado en Barcelona por la Editorial Litúrgica Española en 1936.

LATÍN

AD VESPERAS.
(Secreto): Pater noster, qui es in cœlis, sanctificétur nomen tuum: advéniat regnum tuum: fiat volúntas tua, sicut in cœlo et in terra. Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie: et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris: et ne nos indúcas in tentatiónem: sed líbera nos a malo. Amen.
  
Ave María, grátia plena; Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus, et benedíctus fructus ventris tui Jesus. Sancta María, Mater Dei, ora pro nobis peccatóribus, nunc et in hora mortis nostræ. Amen.

Absolute incipitur ab Antiphona: Placébo Dómino * in regióne vivórum.
PSALMUS CXIV.
Diléxi, quóniam exáudiet Dóminus * vocem oratiónis meæ.
Quia inclinávit aurem suam mihi: * et in diébus meis invocábo.
Circumdedérunt me dolóres mortis: * et perícula inférni invenérunt me.
Tribulatiónem et dolórem invéni: * et nomen Dómini invocávi.
O Dómine, líbera ánimam meam: * miséricors Dóminus, et justus, et Deus noster miserétur.
Custódiens párvulos Dóminus: * humiliátus sum, et liberávit me.
Convértere, ánima mea, in réquiem tuam: * quia Dóminus benefécit tibi.
Quia erípuit ánimam meam de morte: * óculos meos a lácrimis, pedes meos a lapsu.
Placébo Dómino * in regióne vivórum.
   
In fine omniun Psalmorum, dicitur:
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.

Antiphona: Placébo Dómino in regióne vivórum.
  
Antiphona: Hei mihi, Dómine, quia incolátus meus prolongátus est.
PSALMUS CXIX.
Ad Dóminum cum tribulárer clamávi: * et exaudívit me.
Dómine, líbera ánimam meam a lábiis iníquis, * et a lingua dolósa.
Quid detur tibi, aut quid apponátur tibi * ad linguam dolósam?
Sagíttæ poténtis acútæ, * cum carbónibus desolatóriis.
Heu mihi, quia incolátus meus prolongátus est: habitávi cum habitántibus Cedar: * multum íncola fuit ánima mea.
Cum his, qui odérunt pacem, eram pacíficus: * cum loquébar illis, impugnábant me gratis.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
Antiphona: Hei mihi, Dómine, quia incolátus meus prolongátus est.

Antiphona: Dóminus custódit te ab omni malo: custódiat ánimam tuam Dóminus.
PSALMUS CXX.
Levávi óculos meos in montes, * unde véniet auxílium mihi.
Auxílium meum a Dómino, * qui fecit cælum et terram.
Non det in commotiónem pedem tuum: * neque dormítet qui custódit te.
Ecce, non dormitábit neque dórmiet, * qui custódit Israël.
Dóminus custódit te, Dóminus protéctio tua, * super manum déxteram tuam.
Per diem sol non uret te: * neque luna per noctem.
Dóminus custódit te ab omni malo: * custódiat ánimam tuam Dóminus.
Dóminus custódiat intróitum tuum, et éxitum tuum: * ex hoc nunc, et usque in sǽculum.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
Antiphona: Dóminus custódit te ab omni malo: custódiat ánimam tuam Dóminus.
    
Antiphona: Si iniquitátes observáveris, Dómine: Dómine, quis sustinébit?
PSALMUS CXXIX.
De profúndis clamávi ad te, Dómine: * Dómine, exáudi vocem meam:
Fiant aures tuæ intendéntes, * in vocem deprecatiónis meæ.
Si iniquitátes observáveris, Dómine: * Dómine, quis sustinébit?
Quia apud te propitiátio est: * et propter legem tuam sustínui te, Dómine. 
Sustínuit ánima mea in verbo ejus: * sperávit ánima mea in Dómino.
A custódia matutína usque ad noctem: * speret Ísraël in Dómino.
Quia apud Dóminum misericórdia: * et copiósa apud eum redémptio.
Et ipse rédimet Israël, * ex ómnibus iniquitátibus ejus.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
Antiphona: Si iniquitátes observáveris, Dómine: Dómine, quis sustinébit?
  
Antiphona: Ópera mánuum tuárum, Domine, ne despícias.
PSALMUS CXXXVII.
Confitébor tibi, Dómine, in toto corde meo: * quóniam audísti verba oris mei.
In conspéctu Angelórum psallam tibi: * adorábo ad templum sanctum tuum, et confitébor nómini tuo.
Super misericórdia tua, et veritáte tua: * quóniam magnificásti super omne, nomen sanctum tuum.
In quacúmque die invocávero te, exáudi me: * multiplicábis in ánima mea virtútem.
Confiteántur tibi, Dómine, omnes reges terræ: * quia audiérunt ómnia verba oris tui: 
Et cantent in viis Dómini: * quóniam magna est glória Dómini.
Quóniam excélsus Dóminus, et humília réspicit: * et alta a longe cognóscit.
Si ambulávero in médio tribulatiónis, vivificábis me: * et super iram inimicórum meórum extendísti manum tuam, et salvum me fecit déxtera tua.
Dóminus retríbuet pro me: * Dómine, misericórdia tua in sǽculum: ópera mánuum tuárum ne despícias.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
Antiphona: Ópera mánuum tuárum, Domine, ne despícias.

V. Audívi vocem de cœlo dicéntem mihi.
R. Beáti mórtui qui in Dómino moriúntur.
   
Ad Magnificat.
Antiphona: Omne quod dat mihi Pater, ad me véniet; et eum qui venit ad me, non ejíciam foras.
Magníficat ✠ * ánima mea Dóminum.
Et exsultávit spíritus meus: * in Deo, salutári meo.
Quia respéxit humilitátem ancíllæ suæ: * ecce enim ex hoc beátam me dicent omnes generatiónes.
Quia fecit mihi magna qui potens est: * et sanctum nomen ejus.
Et misericórdia ejus, a progénie in progénies: * timéntibus eum.
Fecit poténtiam in brácchio suo: * dispérsit supérbos mente cordis sui.
Depósuit poténtes de sede: * et exaltávit húmiles.
Esuriéntes implévit bonis: * et dívites dimísit inánes.
Suscépit Ísraël púerum suum: * recordátus misericórdiæ suæ.
Sicut locútus est ad patres nostros: * Ábraham, et sémini ejus in sǽcula.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
Antiphona: Omne quod dat mihi Pater, ad me véniet; et eum qui venit ad me, non ejíciam foras.
   
Preces infrascriptæ dicuntur, flexis genibus; similiter et ad Laudes.
(Secreto): Pater noster, qui es in cœlis, sanctificétur nomen tuum: advéniat regnum tuum: fiat volúntas tua, sicut in cœlo et in terra. Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie: et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris: V. Et ne nos indúcas in tentatiónem: R. Sed líbera nos a malo.
  
PSALMUS CXLV.
Lauda, ánima mea, Dóminum, laudábo Dóminum in vita mea: * psallam Deo meo quámdiu fúero.
Nolíte confídere in princípibus: * in fíliis hóminum, in quibus non est salus.
Exíbit spíritus ejus, et revertétur in terram suam: * in illa die períbunt omnes cogitatiónes eórum. 
Beátus, cujus Deus Jacob adjútor ejus, spes ejus in Dómino, Deo ipsíus: * qui fecit cælum et terram, mare, et ómnia, quæ in eis sunt.
Qui custódit veritátem in sǽculum, facit judícium injúriam patiéntibus: * dat escam esuriéntibus. 
Dóminus solvit compedítos: * Dóminus illúminat cæcos. 
Dóminus érigit elísos, * Dóminus díligit justos.
Dóminus custódit ádvenas, pupíllum et víduam suscípiet: * et vias peccatórum dispérdet.
Regnábit Dóminus in sǽcula, Deus tuus, Sion, * in generatiónem et generatiónem.
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua lúceat eis.

Deinde:
℣. A porta ínferi.
℟. Érue, Dómine, ánimas eórum.
℣. Requiéscant in pace.
℟. Amen.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℟. Et clamor meus ad te véniat.
 
Secunda Dómine, exáudi omittitur.
 
Orémus.
  
ORATIO
Fidélium, Deus, ómnium Cónditor et Redémptor, animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum: ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur: Qui vivis et regnas cum Deo Patre, in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. R. Amen.
   
Si cujus loco ad Laudes dicitur Psalmus De profundis, ut supra, qui Psalmi non dicuntur in die omnium fidelium Defunctorum.
  
In fine Psalmi.
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua lúceat eis.

Deinde:
℣. A porta ínferi.
℟. Érue, Dómine, ánimas eórum.
℣. Requiéscant in pace.
℟. Amen.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℟. Et clamor meus ad te véniat.

Pro defuncto Summo Pontifice.
ORATIO
Deus, qui inter summos Sacerdótes fámulum tuum N. ineffábili tua dispositióne connumerári voluísti: præsta, quǽsumus; ut, qui unigéniti Fílii tui vices in terris gerébat, sanctórum tuórum Pontíficum consórtio perpétuo aggregétur. Per eúndem Dóminum.

Pro defuncto Episcopo.
ORATIO
Deus, qui inter apostólicos Sacerdótes fámulum tuum N. pontificáli sacerdotáli fecísti dignitáte vigére: præsta, quǽsumus; ut eórum quóque perpétuo aggregé(n)tur consórtio. Per Dóminum.

Pro Episcopo Cardinali defuncto dicatur: fámulum tuum N. Epíscopum Cardinálem pontificáli fecísti dignitáte.
Pro Presbytero Cardinali (Episcopo) defuncto: fámulum tuum N. Presbyterum Cardinálem pontificáli fecísti.
Pro Presbytero (vel Diacono) Cardinali (Sacerdote) defuncto: fámulum tuum N. Presbyterum (Diáconum) Cardinálem sacerdotáli fecísti.

Pro Diacono autem Cardinali, qui in ordine Presbyteratus non fuerit constitutus, dicatur:
ORATIO
Inclína, Dómine, quæ habétur páulo intra, hoc modo: ut ánimam fámuli tui N. Diáconi Cardinális, quam de hoc sǽculo, etc.

Pro defuncto Sacerdote.
ORATIO
Deus, qui inter apostólicos Sacerdótes fámulum tuum N. (famulos tuos N. et N.) sacerdotáli fecísti dignitáte vigére: præsta, quǽsumus; ut eórum quóque perpétuo aggregé(n)tur consórtio. Per Dóminum.
  
Alia Oratio.
Præsta, quǽsumus, Dómine: ut ánima fámuli tui N. Sacerdótis, quem, in hoc sǽculo commorántem. sacris munéribus decorásti, in cœlésti sede gloriósa semper exsúltet. Per Dóminum.

Pro uno defuncto.
ORATIO
Inclína, Dómine, áurem tuam ad preces nostras, quíbus misericórdiam tuam súpplices deprecámur: ut ánimam fámuli tui N., quam de hoc sǽculo migráre jussísti, in pacis ac lucis regióne constítuas, et Sanctórum tuórum júbeas esse consórtem. Per Dóminum.

Pro una defuncta.
ORATIO
Quǽsumus, Dómine, pro tua pietáte miserére ánimæ fámulæ tuæ N.: et a contágiis mortalitátis exútam, in ætérnæ salvatiónis partem restítue. Per Dóminum.

Pro defunctis fratribus, propinquis et benefactoribus.
ORATIO
Deus, véniæ largítor et humánæ salútis amátor: quǽsumus cleméntiam tuam; ut nostræ congregatiónis fratres, propínquos et benefactóres, qui ex hoc sǽculo transiérunt, beáta María semper Vírgine intercedénte cum ómnibus Sanctis tuis, ad perpétuæ beatitúdinis consórtium perveníre concédas. Per Dóminum.

Pro patre et matre.
ORATIO
Deus, qui nos patrem et matrem honoráre præcepísti: miserére cleménter animábus patris et matris meæ, eorúmque peccata dimítte; méque eos in ætérnæ claritátis gáudio fac vidére. Per Dóminum.
Si fit pro pluribus, dicatur: animábus paréntum nostrórum, et, ubi dicitur méque, dicatur nósque.
Si pro patre tantum, dicatur: ánimæ patris mei, vel nostri.
Si pro matre tantum, dicatur: ánimæ matris meæ, vel nostræ.
  
Pro omnibus fidelibus defunctis.
ORATIO
Fidélium, Deus, ómnium Cónditor et Redémptor: animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum; ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum. Amen.
In die vero Commemorationis omnium Fidelium Defunctorum, quando dicitur hæc ultima tantum Oratio, dicitur: Qui vivis et regnas cum Deo Patre, in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
   
In die depositionis defuncti.
ORATIO
Absólve, quǽsumus, Dómine, ánimam fámuli tui N. ut defúnctus sǽculo, tibi vivat, et quæ per fragilitátem carnis humána conversatióne commísit, tu vénia misericordíssimæ pietátis abstérge. Per Dóminum nostrum.
Si fuerit femina, dicatur ánimam fámulæ tuæ N. ut defúncta.

In tertio, septimo, vel trigesimo die.
ORATIO
Quǽsumus, Dómine, ut ánimæ fámuli tui N. (fámulæ tuæ N.), cujus depositiónis diem tértium (vel séptimum, vel trigésimum) commemorámus, Sanctórum atque electórum tuórum largíri dignéris consórtium: et rorem misericórdiæ tuæ perénnem infúndas. Per Dóminum.
  
In Anniversario die.
ORATIO
Deus, indulgentiárum Dómine: da ánimæ famuli tui N. (fámulæ tuæ N., vel animábus famulórum famularúmque tuárum), cujus (quórum) anniversárium depositiónis diem commemorámus, refrigérii sedem, quiétis beatitúdinem et lúminis claritátem. Per Dóminum.
Si pro uno tantum fit anniversarium, dicitur in singulari numero.
  
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua lúceat eis.
℣. Requiéscant in pace.
℟. Amen.
  
AD MATUTINUM.

(Secreto): Pater noster, qui es in cœlis, sanctificétur nomen tuum: advéniat regnum tuum: fiat volúntas tua, sicut in cœlo et in terra. Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie: et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris: et ne nos indúcas in tentatiónem: sed líbera nos a malo. Amen.
  
Ave María, grátia plena; Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus, et benedíctus fructus ventris tui Jesus. Sancta María, Mater Dei, ora pro nobis peccatóribus, nunc et in hora mortis nostræ. Amen.
  
Credo in Deum, Patrem omnipoténtem, Creatórem cœli et terræ. Et in Jesum Christum, Fílium ejus únicum, Dóminum nostrum: qui concéptus est de Spíritu Sancto, natus ex María Vírgine, passus sub Póntio Piláto, crucifíxus, mórtuus, et sepúltus: descéndit ad ínferos; tértia die resurréxit a mórtuis; ascéndit ad cœlos; sedet ad déxteram Dei Patris omnipoténtis: inde ventúrus est judicáre vivos et mórtuos. Credo in Spíritum Sanctum, sanctam Ecclésiam cathólicam, Sanctórum communiónem, remissiónem peccatórum, carnis resurrectiónem, vitam ætérnam. Amen.

Invitatorium (Antiphona Votiva)
Antiphona: Regem, cui ómnia vivunt, * Veníte adorémus.
Antiphona: Regem, cui ómnia vivunt, * Veníte adorémus.
Veníte, exsultémus Dómino, jubilémus Deo, salutári nostro: præoccupémus fáciem ejus in confessióne, et in psalmis jubilémus ei.
Antiphona: Regem, cui ómnia vivunt, * Veníte adorémus.
Quóniam Deus magnus Dóminus, et Rex magnus super omnes deos, quóniam non repéllet Dóminus plebem suam: quia in manu ejus sunt omnes fines terræ, et altitúdines móntium ipse cónspicit.
Antiphona: Veníte adorémus.
Quóniam ipsíus est mare, et ipse fecit illud, et áridam fundavérunt manus ejus (genuflectitur) veníte, adorémus, et procidámus ante Deum: plorémus coram Dómino, qui fecit nos, quia ipse est Dóminus, Deus noster; nos autem pópulus ejus, et oves páscuæ ejus.
Antiphona: Regem, cui ómnia vivunt, * Veníte adorémus.
Hódie, si vocem ejus audiéritis, nolíte obduráre corda vestra, sicut in exacerbatióne secúndum diem tentatiónis in desérto: ubi tentavérunt me patres vestri, probavérunt et vidérunt ópera mea.
Antiphona: Veníte adorémus.
Quadragínta annis próximus fui generatióni huic, et dixi; Semper hi errant corde, ipsi vero non cognovérunt vias meas: quibus jurávi in ira mea; Si introíbunt in réquiem meam.
Antiphona: Regem, cui ómnia vivunt, * Veníte adorémus.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
Antiphona: Veníte adorémus.
Antiphona: Regem, cui ómnia vivunt, * Veníte adorémus.

Hoc invitatorium dicitur tantum in die Commemorationis omnium fidelium Defunctorum, et in die depositionis Defuncti, quibus diebus dicuntur tres infrascripti Nocturni, et Antiphone duplicantur. Aliis temporibus dicitur tantum unum Nocturnum cum Laudibus, hoc ordine: Feria ii. et v. primum Nocturnum; Feria iii. et vi. secundum Nocturnum; Feria iv. et Sabbato, tertium Nocturnum.

IN 1. NOCTURNO. Pro Feria II. et V.

Antiphona: Dírige, Dómine, Deus meus, in conspéctu tuo viam meam.
PSALMUS V.
Verba mea áuribus pércipe, Dómine, * intéllege clamórem meum.
Inténde voci oratiónis meæ, * Rex meus et Deus meus.
Quóniam ad te orábo: * Dómine, mane exáudies vocem meam.
Mane astábo tibi et vidébo: * quóniam non Deus volens iniquitátem tu es.
Neque habitábit juxta te malígnus: * neque permanébunt injústi ante óculos tuos.
Odísti omnes, qui operántur iniquitátem: * perdes omnes, qui loquúntur mendácium.
Virum sánguinum et dolósum abominábitur Dóminus: * ego autem in multitúdine misericórdiæ tuæ.
Introíbo in domum tuam: * adorábo ad templum sanctum tuum in timóre tuo.
Dómine, deduc me in justítia tua: * propter inimícos meos dírige in conspéctu tuo viam meam.
Quóniam non est in ore eórum véritas: * cor eórum vanum est.
Sepúlcrum patens est guttur eórum, linguis suis dolóse agébant, * júdica illos, Deus.
Décidant a cogitatiónibus suis, secúndum multitúdinem impietátum eórum expélle eos, * quóniam irritavérunt te, Dómine.
Et læténtur omnes, qui sperant in te, * in ætérnum exsultábunt: et habitábis in eis.
Et gloriabúntur in te omnes, qui díligunt nomen tuum, * quóniam tu benedíces justo.Dómine, ut scuto bonæ voluntátis tuæ * coronásti nos.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
Antiphona: Dírige, Dómine, Deus meus, in conspéctu tuo viam meam.
   
Antiphona: Convértere, Dómine, et éripe ánimam meam: quóniam non est in morte, qui memor sit tui.
PSALMUS VI.
Dómine, ne in furóre tuo árguas me, * neque in ira tua corrípias me.
Miserére mei, Dómine, quóniam infírmus sum: * sana me, Dómine, quóniam conturbáta sunt ossa mea.
Et ánima mea turbáta est valde: * sed tu, Dómine, úsquequo?
Convértere, Dómine, et éripe ánimam meam: * salvum me fac propter misericórdiam tuam.
Quóniam non est in morte qui memor sit tui: * in inférno autem quis confitébitur tibi?
Laborávi in gémitu meo, lavábo per síngulas noctes lectum meum: * lácrimis meis stratum meum rigábo.
Turbátus est a furóre óculus meus: * inveterávi inter omnes inimícos meos.
Discédite a me, omnes, qui operámini iniquitátem: * quóniam exaudívit Dóminus vocem fletus mei.
Exaudívit Dóminus deprecatiónem meam, * Dóminus oratiónem meam suscépit.
Erubéscant, et conturbéntur veheménter omnes inimíci mei: * convertántur et erubéscant valde velóciter.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
Antiphona: Convértere, Dómine, et éripe ánimam meam: quóniam non est in morte, qui memor sit tui.

Antiphona: Nequándo rápiat ut leo ánimam meam, dum non est qui rédimat, neque qui salvum fáciat.
PSALMUS VII.
Dómine, Deus meus, in te sperávi: * salvum me fac ex ómnibus persequéntibus me, et líbera me.
Nequándo rápiat ut leo ánimam meam, * dum non est qui rédimat, neque qui salvum fáciat.
Dómine, Deus meus, si feci istud, * si est iníquitas in mánibus meis:
Si réddidi retribuéntibus mihi mala, * décidam mérito ab inimícis meis inánis.
Persequátur inimícus ánimam meam, et comprehéndat, et concúlcet in terra vitam meam, * et glóriam meam in púlverem dedúcat.
Exsúrge, Dómine, in ira tua: * et exaltáre in fínibus inimicórum meórum.
Et exsúrge, Dómine, Deus meus, in præcépto quod mandásti: * et synagóga populórum circúmdabit te.
Et propter hanc in altum regrédere: * Dóminus júdicat pópulos.
Júdica me, Dómine, secúndum justítiam meam, * et secúndum innocéntiam meam super me.
Consumétur nequítia peccatórum, et díriges justum, * scrutans corda et renes, Deus.
Justum adjutórium meum a Dómino, * qui salvos facit rectos corde.
Deus judex justus, fortis, et pátiens: * numquid iráscitur per síngulos dies?
Nisi convérsi fuéritis, gládium suum vibrábit: * arcum suum teténdit, et parávit illum.
Et in eo parávit vasa mortis: * sagíttas suas ardéntibus effécit.
Ecce, partúriit injustítiam: * concépit dolórem, et péperit iniquitátem.
Lacum apéruit, et effódit eum: * et íncidit in fóveam quam fecit.
Convertétur dolor ejus in caput ejus: * et in vérticem ipsíus iníquitas ejus descéndet.
Confitébor Dómino secúndum justítiam ejus: * et psallam nómini Dómini altíssimi.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
Antiphona: Nequándo rápiat ut leo ánimam meam, dum non est qui rédimat, neque qui salvum fáciat.
  
℣. A porta ínferi.
℟. Érue, Dómine, ánimas eórum.
  
Pater noster. Totum secreto.
  
Lectiones leguntur sine Absolutione, Benedictionibus, et Titulo.

LECTIO I. Job. VII, 16-21
Parce mihi, Dómine; nihil enim sunt dies mei.
Quid est homo, quia magníficas eum? aut quid appónis erga eum cor tuum?
Vísitas eum dilúculo, et súbito probas illum.
Úsquequo non parcis mihi, nec dimíttis me, ut glútiam salívam meam?
Peccávi, quid fáciam tibi, o custos hóminum? quare posuísti me contrárium tibi, et factus sum mihimetípsi gravis?
Cur non tollis peccátum meum, et quare non aufers iniquitátem meam? Ecce nunc in púlvere dórmiam: et, si mane me quæsíeris, non subsístam.
Lectiones terminantur sine Tu áutem, Dómine, miserére nobis, vel alia conclusione.

℟. Credo quod Redémptor meus vivit, et in novíssimo die de terra surrectúrus sum,
* Et in carne mea vidébo Deum Salvatórem meum.
℣. Quem visúrus sum ego ipse, et non álius; et óculi mei conspectúri sunt.
℟. Et in carne mea vidébo Deum Salvatórem meum.

LECTIO II. Job X, 1-7
Tædet ánimam meam vitæ meæ; dimíttam advérsum me elóquium meum: loquar in amaritúdine ánimæ meæ.
Dicam Deo: Noli me condemnáre; índica mihi cur me ita júdices.
Numquid bonum tibi vidétur, si calumniéris me, et ópprimas me opus mánuum tuárum, et consílium impiórum ádjuves?
Numquid óculi cárnei tibi sunt? aut sicut videt homo, et tu vidébis?
Numquid sicut dies hóminis dies tui, et anni tui sicut humána sunt témpora,
Ut quæras iniquitátem meam, et peccátum meum scrutéris,
Et scias quia nihil ímpium fécerim, cum sit nemo qui de manu tua possit erúere?

℟. Qui Lázarum resuscitásti a monuménto fœ́tidum,
* Tu eis, Dómine, dona réquiem, et locum indulgéntiæ.
℣. Qui ventúrus es judicáre vivos et mórtuos, et sǽculum per ignem.
℟. Tu eis, Dómine, dona réquiem, et locum indulgéntiæ.

LECTIO III. Job X, 8-12
Manus tuæ fecérunt me, et plasmavérunt me totum in circúitu: et sic repénte præcípitas me?
Meménto, quæso, quod sicut lutum féceris me, et in púlverem redúces me.
Nonne sicut lac mulsísti me, et sicut cáseum me coagulásti?
Pelle et cárnibus vestísti me; óssibus et nervis compegísti me.
Vitam et misericórdiam tribuísti mihi, et visitátio tua custodívit spíritum meum.

℟. Dómine, quando véneris judicáre terram, ubi me abscóndam a vultu iræ tuæ?
* Quia peccávi nimis in vita mea.
℣. Commíssa mea pavésco, et ante te erubésco: dum véneris judicáre, noli me condemnáre.
℟. Quia peccávi nimis in vita mea.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
℟. Quia peccávi nimis in vita mea.

Postea ad Laudes, ut infra, quando dicitur unum tantum Nocturnum.
  
Quando tamen in die depositionis defuncti Laudes non dicuntur, post III Responsorium dicuntur Pater noster, et Preces, ut supra ad Vesperas.

2. NOCTURNO (Pro Feria III. et VI.)

Antiphona: In loco páscuæ ibi me collocávit. 
PSALMUS XXII.
Dóminus regit me, et nihil mihi déerit: * in loco páscuæ ibi me collocávit.
Super aquam refectiónis educávit me: * ánimam meam convértit.
Dedúxit me super sémitas justítiæ, * propter nomen suum.
Nam, et si ambulávero in médio umbræ mortis, non timébo mala: * quóniam tu mecum es.
Virga tua, et báculus tuus: * ipsa me consoláta sunt.
Parásti in conspéctu meo mensam, * advérsus eos, qui tríbulant me.
Impinguásti in óleo caput meum: * et calix meus inébrians quam præclárus est!
Et misericórdia tua subsequétur me * ómnibus diébus vitæ meæ:
Et ut inhábitem in domo Dómini, * in longitúdinem diérum.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
Antiphona: In loco páscuæ ibi me collocávit. 

Antiphona: Delícta juventútis meæ, et ignorántias meas ne memíneris, Dómine. 
PSALMUS XXIV
Ad te, Dómine, levávi ánimam meam: * Deus meus, in te confído, non erubéscam.
Neque irrídeant me inimíci mei: * étenim univérsi, qui sústinent te, non confundéntur.
Confundántur omnes iníqua agéntes * supervácue.
Vias tuas, Dómine, demónstra mihi: * et sémitas tuas édoce me.
Dírige me in veritáte tua, et doce me: * quia tu es, Deus, salvátor meus, et te sustínui tota die.
Reminíscere miseratiónum tuárum, Dómine, * et misericordiárum tuárum, quæ a sǽculo sunt.
Delícta juventútis meæ, * et ignorántias meas ne memíneris.
Secúndum misericórdiam tuam meménto mei tu: * propter bonitátem tuam, Dómine.
Dulcis et rectus Dóminus: * propter hoc legem dabit delinquéntibus in via.
Díriget mansuétos in judício: * docébit mites vias suas.
Univérsæ viæ Dómini, misericórdia et véritas, * requiréntibus testaméntum ejus et testimónia ejus.
Propter nomen tuum, Dómine, propitiáberis peccáto meo: * multum est enim.
Quis est homo qui timet Dóminum? * legem státuit ei in via, quam elégit.
Ánima ejus in bonis demorábitur: * et semen ejus hereditábit terram.
Firmaméntum est Dóminus timéntibus eum: * et testaméntum ipsíus ut manifestétur illis.
Óculi mei semper ad Dóminum: * quóniam ipse evéllet de láqueo pedes meos.
Réspice in me, et miserére mei: * quia únicus et pauper sum ego.
Tribulatiónes cordis mei multiplicátæ sunt: * de necessitátibus meis érue me.
Vide humilitátem meam, et labórem meum: * et dimítte univérsa delícta mea.
Réspice inimícos meos quóniam multiplicáti sunt, * et ódio iníquo odérunt me.
Custódi ánimam meam, et érue me: * non erubéscam quóniam sperávi in te.
Innocéntes et recti adhæsérunt mihi: * quia sustínui te.
Líbera, Deus, Israël, * ex ómnibus tribulatiónibus suis.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
Antiphona: Delícta juventútis meæ, et ignorántias meas ne memíneris, Dómine. 

Antiphona: Credo vidére bona Dómini in terra vivéntium.
PSALMUS XXVI.
Dóminus illuminátio mea, et salus mea, * quem timébo?
Dóminus protéctor vitæ meæ, * a quo trepidábo?
Dum apprópiant super me nocéntes, * ut edant carnes meas:
Qui tríbulant me inimíci mei, * ipsi infirmáti sunt, et cecidérunt.
Si consístant advérsum me castra, * non timébit cor meum.
Si exsúrgat advérsum me prǽlium, * in hoc ego sperábo.
Unam pétii a Dómino, hanc requíram, * ut inhábitem in domo Dómini ómnibus diébus vitæ meæ:
Ut vídeam voluptátem Dómini, * et vísitem templum ejus.
Quóniam abscóndit me in tabernáculo suo: * in die malórum protéxit me in abscóndito tabernáculi sui.
In petra exaltávit me: * et nunc exaltávit caput meum super inimícos meos.
Circuívi, et immolávi in tabernáculo ejus hóstiam vociferatiónis: * cantábo, et psalmum dicam Dómino.
Exáudi, Dómine, vocem meam, qua clamávi ad te: * miserére mei, et exáudi me.
Tibi dixit cor meum, exquisívit te fácies mea: * fáciem tuam, Dómine, requíram.
Ne avértas fáciem tuam a me: * ne declínes in ira a servo tuo.
Adjútor meus esto: * ne derelínquas me, neque despícias me, Deus, salutáris meus.
Quóniam pater meus, et mater mea dereliquérunt me: * Dóminus autem assúmpsit me.
Legem pone mihi, Dómine, in via tua: * et dírige me in sémitam rectam propter inimícos meos.
Ne tradíderis me in ánimas tribulántium me: * quóniam insurrexérunt in me testes iníqui, et mentíta est iníquitas sibi.
Credo vidére bona Dómini * in terra vivéntium.
Exspécta Dóminum, viríliter age: * et confortétur cor tuum, et sústine Dóminum.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
Antiphona: Credo vidére bona Dómini in terra vivéntium.

℣. Cóllocet eos Dóminus cum princípibus.
℟. Cum princípibus pópuli sui.
   
Pater noster. Totum secreto.

LECTIO IV. Job XIII, 22-28
Respónde mihi.
Quántas hábeo iniquitátes et peccáta? scélera mea et delícta osténde mihi.
Cur fáciem tuam abscóndis, et arbitráris me inimícum tuum?
Contra fólium, quod vento rápitur, osténdis poténtiam tuam, et stípulam siccam perséqueris:
Scribis enim contra me amaritúdines, et consúmere me vis peccátis adolescéntiæ meæ.
Posuísti in nervo pedem meum, et observásti omnes sémitas meas, et vestígia pedum meórum considerásti:
Qui quasi putrédo consuméndus sum, et quasi vestiméntum quod coméditur a tínea.

℟. Meménto mei, Deus, quia ventus est vita mea, * Nec aspíciat me visus hóminis.
℣. De profúndis clamávi ad te, Dómine: Dómine, exáudi vocem meam.
℟. Nec aspíciat me visus hóminis.

LECTIO V. Job XIV, 1-6
Homo natus de mulíere, brevi vivens témpore, replétur multis misériis.Qui quasi flos egréditur et contéritur, et fugit velut umbra, et nunquam in eódem statu pérmanet.
Et dignum ducis super hujuscémodi aperíre óculos tuos, et addúcere eum tecum in judícium?
Quis potest fácere mundum de immúndo concéptum sémine? Nonne tu qui solus es?
Breves dies hóminis sunt: númerus ménsium ejus apud te est: constituísti términos ejus, qui præteríri non póterunt.
Recéde páululum ab eo, ut quiéscat, donec optáta véniat, sicut mercenárii, dies ejus.

℟. Hei mihi, Dómine, quia peccávi nimis in vita mea: Quid fáciam, miser? ubi fúgiam, nisi ad te, Deus meus?
* Miserére mei, dum véneris in novíssimo die.
℣. Anima mea turbáta est valde, sed tu, Dómine, succúrre ei.
℟. Miserére mei, dum véneris in novíssimo die.
   
LECTIO VI. Job XIV, 13-16
Quis mihi hoc tríbuat, ut in inférno prótegas me, et abscóndas me donec pertránseat furor tuus, et constítuas mihi tempus in quo recordéris mei?
Putásne mórtuus homo rursum vivat? cunctis diébus quibus nunc mílito, expécto donec véniat immutátio mea.
Vocábis me, et ego respondébo tibi: óperi mánuum tuárum porríges déxteram.
Tu quidem gressus meos dinumerásti: sed parce peccátis meis.

℟. Ne recordéris peccáta mea, Dómine,
* Dum véneris judicáre sǽculum per ignem.
℣. Dírige, Dómine, Deus meus, in conspéctu tuo viam meam.
℟. Dum véneris judicáre sǽculum per ignem.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
℟. Dum véneris judicáre sǽculum per ignem.

Postea ad Laudes, ut infra, quando dicitur unum tantum Nocturnum.

IN 3. NOCTURNO (Pro Feria IV. et Sabbato)

Antiphona: Compláceat tibi, Dómine, ut erípias me: Dómine, ad adjuvándum me réspice.
PSALMUS XXXIX.
Exspéctans exspectávi Dóminum, * et inténdit mihi.
Et exaudívit preces meas: * et edúxit me de lacu misériæ, et de luto fæcis.
Et státuit super petram pedes meos: * et diréxit gressus meos.
Et immísit in os meum cánticum novum, * carmen Deo nostro.
Vidébunt multi, et timébunt: * et sperábunt in Dómino.
Beátus vir, cujus est nomen Dómini spes ejus: * et non respéxit in vanitátes et insánias falsas.
Multa fecísti tu, Dómine, Deus meus, mirabília tua: * et cogitatiónibus tuis non est qui símilis sit tibi.
Annuntiávi et locútus sum: * multiplicáti sunt super númerum.
Sacrifícium et oblatiónem noluísti: * aures autem perfecísti mihi.
Holocáustum et pro peccáto non postulásti: * tunc dixi: Ecce, vénio.
In cápite libri scriptum est de me ut fácerem voluntátem tuam: * Deus meus, vólui, et legem tuam in médio cordis mei.
Annuntiávi justítiam tuam in ecclésia magna, * ecce, lábia mea non prohibébo: Dómine, tu scisti.
Justítiam tuam non abscóndi in corde meo: * veritátem tuam et salutáre tuum dixi.
Non abscóndi misericórdiam tuam et veritátem tuam * a concílio multo.
Tu autem, Dómine, ne longe fácias miseratiónes tuas a me: * misericórdia tua et véritas tua semper suscepérunt me.
Quóniam circumdedérunt me mala, quorum non est númerus: * comprehendérunt me iniquitátes meæ, et non pótui ut vidérem.
Multiplicátæ sunt super capíllos cápitis mei: * et cor meum derelíquit me.
Compláceat tibi, Dómine, ut éruas me: * Dómine, ad adjuvándum me réspice.
Confundántur et revereántur simul, qui quærunt ánimam meam, * ut áuferant eam.
Convertántur retrórsum, et revereántur, * qui volunt mihi mala.
Ferant conféstim confusiónem suam, * qui dicunt mihi: Euge, euge.
Exsúltent et læténtur super te omnes quæréntes te: * et dicant semper: Magnificétur Dóminus: qui díligunt salutáre tuum.
Ego autem mendícus sum, et pauper: * Dóminus sollícitus est mei.
Adjútor meus, et protéctor meus tu es: * Deus meus, ne tardáveris.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
Antiphona: Compláceat tibi, Dómine, ut erípias me: Dómine, ad adjuvándum me réspice.

Antiphona: Sana, Dómine, ánimam meam, quia peccávi tibi.
PSALMUS XL.
Beátus qui intéllegit super egénum, et páuperem: * in die mala liberábit eum Dóminus.
Dóminus consérvet eum, et vivíficet eum, et beátum fáciat eum in terra: * et non tradat eum in ánimam inimicórum ejus.
Dóminus opem ferat illi super lectum dolóris ejus: * univérsum stratum ejus versásti in infirmitáte ejus.
Ego dixi: Dómine, miserére mei: * sana ánimam meam, quia peccávi tibi.
Inimíci mei dixérunt mala mihi: * Quando moriétur, et períbit nomen ejus?
Et si ingrediebátur ut vidéret, vana loquebátur: * cor ejus congregávit iniquitátem sibi.
Egrediebátur foras, * et loquebátur in idípsum.
Advérsum me susurrábant omnes inimíci mei: * advérsum me cogitábant mala mihi.
Verbum iníquum constituérunt advérsum me: * Numquid qui dormit non adíciet ut resúrgat?
Étenim homo pacis meæ, in quo sperávi: * qui edébat panes meos, magnificávit super me supplantatiónem.
Tu autem, Dómine, miserére mei, et resúscita me: * et retríbuam eis.
In hoc cognóvi quóniam voluísti me: * quóniam non gaudébit inimícus meus super me.
Me autem propter innocéntiam suscepísti: * et confirmásti me in conspéctu tuo in ætérnum.
Benedíctus Dóminus, Deus Israël, a sǽculo et usque in sǽculum: * fiat, fiat.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
Antiphona: Sana, Dómine, ánimam meam, quia peccávi tibi.

Antiphona: Sitívit ánima mea ad Deum vivum: quando véniam, et apparébo ante fáciem Dómini?
PSALMUS XLI.
Quemádmodum desíderat cervus ad fontes aquárum: * ita desíderat ánima mea ad te, Deus.
Sitívit ánima mea ad Deum fortem vivum: * quando véniam, et apparébo ante fáciem Dei?
Fuérunt mihi lácrimæ meæ panes die ac nocte: * dum dícitur mihi quotídie: Ubi est Deus tuus?
Hæc recordátus sum, et effúdi in me ánimam meam: * quóniam transíbo in locum tabernáculi admirábilis, usque ad domum Dei.
In voce exsultatiónis, et confessiónis: * sonus epulántis.
Quare tristis es, ánima mea? * et quare contúrbas me?
Spera in Deo, quóniam adhuc confitébor illi: * salutáre vultus mei, et Deus meus.
Ad meípsum ánima mea conturbáta est: * proptérea memor ero tui de terra Jordánis, et Hermóniim a monte módico.
Abýssus abýssum ínvocat, * in voce cataractárum tuárum.
Ómnia excélsa tua, et fluctus tui * super me transiérunt.
In die mandávit Dóminus misericórdiam suam: * et nocte cánticum ejus.
Apud me orátio Deo vitæ meæ, * dicam Deo: Suscéptor meus es.
Quare oblítus es mei? * et quare contristátus incédo, dum afflígit me inimícus?
Dum confringúntur ossa mea, * exprobravérunt mihi qui tríbulant me inimíci mei.
Dum dicunt mihi per síngulos dies: Ubi est Deus tuus? * quare tristis es, ánima mea? et quare contúrbas me?
Spera in Deo, quóniam adhuc confitébor illi: * salutáre vultus mei, et Deus meus.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
Antiphona: Sitívit ánima mea ad Deum vivum: quando véniam, et apparébo ante fáciem Dómini?

℣. Ne tradas béstiis ánimas confiténtes tibi.
℟. Et ánimas páuperum tuórum ne obliviscáris in finem.
   
Pater noster. Totum secreto.

LECTIO VII. Job. XVII, 1-3; 11-15
Spíritus meus attenuábitur; dies mei breviabúntur: et solum mihi súperest sepúlchrum.
Non peccávi, et in amaritudínibus morátur óculus meus.
Líbera me, Dómine, et pone me juxta te, et cujúsvis manus pugnet contra me.
Dies mei transiérunt; cogitatiónes meæ dissipátæ sunt, torquéntes cor meum.
Noctem vertérunt in diem, et rursum post ténebras spero lucem.
Si sustinúero, inférnus domus mea est, et in ténebris stravi léctulum meum.
Putrédini dixi: Pater meus es; Mater mea, et soror mea, vérmibus.
Ubi est ergo nunc præstolátio mea? et patiéntiam meam quis consíderat?

℟. Peccántem me quotídie, et non me pœniténtem, timor mortis contúrbat me:
* Quia in inférno nulla est redémptio, miserére mei, Deus, et salva me.
℣. Deus, in nómine tuo salvum me fac, et in virtúte tua líbera me.
℟. Quia in inférno nulla est redémptio, miserére mei, Deus, et salva me.

LECTIO VIII. Job XIX, 20-27
Pelli meæ, consúmptis cárnibus, adhǽsit os meum, et derelícta sunt tantúmmodo lábia circa dentes meos.
Miserémini mei, miserémini mei saltem vos, amíci mei, quia manus Dómini tétigit me.
Quare persequímini me sicut Deus, et cárnibus meis saturámini?
Quis mihi tríbuat ut scribántur sermónes mei? quis mihi det ut exaréntur in libro
Stylo férreo et plumbi lámina, vel celte sculpántur in sílice?
Scio enim quod redémptor meus vivit, et in novíssimo die de terra surrectúrus sum:
Et rursum circúmdabor pelle mea, et in carne mea vidébo Deum meum:
Quem visúrus sum ego ipse, et óculi mei conspectúri sunt, et non álius: repósita est hæc spes mea in sinu meo.

℟. Dómine, secúndum actum meum noli me judicáre: nihil dignum in conspéctu tuo egi; ídeo déprecor majestátem tuam,
* Ut tu, Deus, déleas iniquitátem meam.
℣. Amplius lava me, Dómine, ab injustítia mea, et a delícto meo munda me.
℟. Ut tu, Deus, déleas iniquitátem meam.

LECTIO IX. Job. X, 18-22
Quare de vulva eduxísti me? qui útinam consúmptus essem, ne óculus me vidéret.
Fuíssem quasi non essem, de útero translátus ad túmulum.
Numquid non páucitas diérum meórum finiétur brevi? dimítte ergo me, ut plangam páululum dolórem meum,
Ántequam vadam, et non revértar, ad terram tenebrósam, et opértam mortis calígine:
Terram misériæ et tenebrárum, ubi umbra mortis et nullus ordo, sed sempitérnus horror inhábitat.

℟. Líbera me, Dómine, de viis inférni, qui portas ǽreas confregísti: et visitásti inférnum, et dedísti eis lumen, ut vidérent te:
* Qui erant in pœnis tenebrárum.
℣. Clamántes et dicéntes: Advenísti, Redémptor noster.
℟. Qui erant in pœnis tenebrárum.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
℟. Qui erant in pœnis tenebrárum.

Et dicitur semper in Feriali Officio. Sequens Responsorium dicitur solum in die Defunctorum, et quando dicuntur tres Nocturni.
℟. Líbera me, Dómine, de morte ætérna, in die illa treménda: * Quándo cœli movéndi sunt et terra, Dum venéris judicáre sǽculum per ignem.
℣. Tremens factus sum ego et timeo, dim discússio venérit átque ventúra ira.
* Quándo cœli movéndi sunt et terra.
℣. Dies illa, dies iræ, calamitátis, et misériæ, dies magna et ámara valde.
Dum venéris judicáre sǽculum per ignem.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
℟. Líbera me, Dómine, de morte ætérna, in die illa treménda: * Quándo cœli movéndi sunt et terra, Dum venéris judicáre sǽculum per ignem.

Si Matutinum, cum unico vel tribus Nocturnis, in privata recitatione a Laudibus separetur, post ultimum Responsorium subjungitur:
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.

Deinde dicitur Oratio (seu dicuntur Orationes), ut supra in Vesperis, additis sequentibus:
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua lúceat eis.
℣. Requiéscant in pace.
℟. Amen.
   
AD LAUDES
Absolute incipitur ab Antiphona Exsultábunt Dómino * ossa humiliáta.

PSALMUS L.
Miserére mei, Deus, * secúndum magnam misericórdiam tuam.
Et secúndum multitúdinem miseratiónum tuárum, * dele iniquitátem meam.
Ámplius lava me ab iniquitáte mea: * et a peccáto meo munda me.
Quóniam iniquitátem meam ego cognósco: * et peccátum meum contra me est semper.
Tibi soli peccávi, et malum coram te feci: * ut justificéris in sermónibus tuis, et vincas cum judicáris.
Ecce enim, in iniquitátibus concéptus sum: * et in peccátis concépit me mater mea.
Ecce enim, veritátem dilexísti: * incérta et occúlta sapiéntiæ tuæ manifestásti mihi.
Aspérges me hyssópo, et mundábor: * lavábis me, et super nivem dealbábor.
Audítui meo dabis gáudium et lætítiam: * et exsultábunt ossa humiliáta.
Avérte fáciem tuam a peccátis meis: * et omnes iniquitátes meas dele.
Cor mundum crea in me, Deus: * et spíritum rectum ínnova in viscéribus meis.
Ne proícias me a fácie tua: * et spíritum sanctum tuum ne áuferas a me.
Redde mihi lætítiam salutáris tui: * et spíritu principáli confírma me.
Docébo iníquos vias tuas: * et ímpii ad te converténtur.
Líbera me de sanguínibus, Deus, Deus salútis meæ: * et exsultábit lingua mea justítiam tuam.
Dómine, lábia mea apéries: * et os meum annuntiábit laudem tuam.
Quóniam si voluísses sacrifícium, dedíssem útique: * holocáustis non delectáberis.
Sacrifícium Deo spíritus contribulátus: * cor contrítum, et humiliátum, Deus, non despícies.
Benígne fac, Dómine, in bona voluntáte tua Sion: * ut ædificéntur muri Jerúsalem.
Tunc acceptábis sacrifícium justítiæ, oblatiónes, et holocáusta: * tunc impónent super altáre tuum vítulos.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
Antiphona: Exsultábunt Dómino ossa humiliáta.

Antiphona: Exáudi, Dómine, oratiónem meam: ad te omnis caro véniet.
PSALMUS LXIV.
Te decet hymnus, Deus, in Sion: * et tibi reddétur votum in Jerúsalem.
Exáudi oratiónem meam: * ad te omnis caro véniet.
Verba iniquórum prævaluérunt super nos: * et impietátibus nostris tu propitiáberis.
Beátus, quem elegísti, et assumpsísti: * inhabitábit in átriis tuis.
Replébimur in bonis domus tuæ: * sanctum est templum tuum, mirábile in æquitáte.
Exáudi nos, Deus, salutáris noster, * spes ómnium fínium terræ, et in mari longe.
Prǽparans montes in virtúte tua, accínctus poténtia: * qui contúrbas profúndum maris sonum flúctuum ejus.
Turbabúntur gentes, et timébunt qui hábitant términos a signis tuis: * éxitus matutíni, et véspere delectábis.
Visitásti terram, et inebriásti eam: * multiplicásti locupletáre eam.
Flumen Dei replétum est aquis, parásti cibum illórum: * quóniam ita est præparátio ejus.
Rivos ejus inébria, multíplica genímina ejus: * in stillicídiis ejus lætábitur gérminans.
Benedíces corónæ anni benignitátis tuæ: * et campi tui replebúntur ubertáte.
Pinguéscent speciósa desérti: * et exsultatióne colles accingéntur.
Indúti sunt aríetes óvium, et valles abundábunt fruménto: * clamábunt, étenim hymnum dicent.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
Antiphona: Exáudi, Dómine, oratiónem meam: ad te omnis caro véniet.

Antiphona: Me suscépit déxtera tua, Dómine.
PSALMUS LXII.
Deus, Deus meus, * ad te de luce vígilo.
Sitívit in te ánima mea, * quam multiplíciter tibi caro mea.
In terra desérta, et ínvia, et inaquósa: * sic in sancto appárui tibi, ut vidérem virtútem tuam, et glóriam tuam.
Quóniam mélior est misericórdia tua super vitas: * lábia mea laudábunt te.
Sic benedícam te in vita mea: * et in nómine tuo levábo manus meas.
Sicut ádipe et pinguédine repleátur ánima mea: * et lábiis exsultatiónis laudábit os meum.
Si memor fui tui super stratum meum, in matutínis meditábor in te: * quia fuísti adjútor meus.
Et in velaménto alárum tuárum exsultábo, adhǽsit ánima mea post te: * me suscépit déxtera tua.
Ipsi vero in vanum quæsiérunt ánimam meam, introíbunt in inferióra terræ: * tradéntur in manus gládii, partes vúlpium erunt.
Rex vero lætábitur in Deo, laudabúntur omnes qui jurant in eo: * quia obstrúctum est os loquéntium iníqua.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
Antiphona: Me suscépit déxtera tua, Dómine.
  
Antiphona: Me suscépit déxtera tua, Dómine.
PSALMUS LXVI.
Deus misereátur nostri, et benedícat nobis: * illúminet vultum suum super nos, et misereátur nostri.
Ut cognoscámus in terra viam tuam, * in ómnibus géntibus salutáre tuum.
Confiteántur tibi pópuli, Deus: * confiteántur tibi pópuli omnes.
Læténtur et exsúltent gentes: * quóniam júdicas pópulos in æquitáte, et gentes in terra dírigis.
Confiteántur tibi pópuli, Deus, confiteántur tibi pópuli omnes: * terra dedit fructum suum.
Benedícat nos Deus, Deus noster, benedícat nos Deus: * et métuant eum omnes fines terræ.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
Antiphona: Me suscépit déxtera tua, Dómine.
   
Antiphona: A porta ínferi érue, Dómine, ánimam meam.
CANTICUM EZECHIA. Isaiæ XXXVIII, 10-24
Ego dixi: In dimídio diérum meórum * vadam ad portas ínferi.
Quæsívi resíduum annórum meórum. * Dixi: Non vidébo Dóminum Deum in terra vivéntium.
Non aspíciam hóminem ultra, * et habitatórem quiétis.
Generátio mea abláta est, et convolúta est a me, * quasi tabernáculum pastórum.
Præcísa est velut a texénte, vita mea: dum adhuc ordírer, succídit me: * de mane usque ad vésperam fínies me.
Sperábam usque ad mane, * quasi leo sic contrívit ómnia ossa mea:
De mane usque ad vésperam fínies me: * sicut pullus hirúndinis sic clamábo, meditábor ut colúmba:
Attenuáti sunt óculi mei, * suspiciéntes in excélsum.
Dómine, vim pátior, respónde pro me. * Quid dicam, aut quid respondébit mihi, cum ipse fécerit?
Recogitábo tibi omnes annos meos * in amaritúdine ánimæ meæ.
Dómine, si sic vívitur, et in tálibus vita spíritus mei, corrípies me, et vivificábis me. * Ecce, in pace amaritúdo mea amaríssima:
Tu autem eruísti ánimam meam ut non períret: * projecísti post tergum tuum ómnia peccáta mea.
Quia non inférnus confitébitur tibi, neque mors laudábit te: * non exspectábunt qui descéndunt in lacum, veritátem tuam.
Vivens vivens ipse confitébitur tibi, sicut et ego hódie: * pater fíliis notam fáciet veritátem tuam.
Dómine, salvum me fac * et psalmos nostros cantábimus cunctis diébus vitæ nostræ in domo Dómini.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
Antiphona: A porta ínferi érue, Dómine, ánimam meam.

Antiphona. Omnis spíritus laudet Dóminum.
PSALMUS CL.
Laudáte Dóminum in sanctis ejus: * laudáte eum in firmaménto virtútis ejus.
Laudáte eum in virtútibus ejus: * laudáte eum secúndum multitúdinem magnitúdinis ejus.
Laudáte eum in sono tubæ: * laudáte eum in psaltério, et cíthara.
Laudáte eum in týmpano, et choro: * laudáte eum in chordis, et órgano.
Laudáte eum in cýmbalis benesonántibus: laudáte eum in cýmbalis jubilatiónis: * omnis spíritus laudet Dóminum.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
Antiphona: Omnis spíritus laudet Dóminum.
    
℣. Audívi vocem de cœlo dicéntem mihi.
℟. Beáti mórtui qui in Dómino moriúntur.
   
Antiphona. Ego sum resurréctio et vita: qui credit in me, étiam si mórtuus fúerit, vivet; et omnis qui vivit et credit in me, non moriétur in ætérnum.

CANTICUM ZACHARIÆ. Lucæ I, 68-79
Benedíctus ✠ Dóminus, Deus Israël: * quia visitávit, et fecit redemptiónem plebis suæ:
Et eréxit cornu salútis nobis: * in domo David, púeri sui.
Sicut locútus est per os sanctórum, * qui a sǽculo sunt, prophetárum ejus:
Salútem ex inimícis nostris, * et de manu ómnium, qui odérunt nos.
Ad faciéndam misericórdiam cum pátribus nostris: * et memorári testaménti sui sancti.
Jusjurándum, quod jurávit ad Ábraham patrem nostrum, * datúrum se nobis:
Ut sine timóre, de manu inimicórum nostrórum liberáti, * serviámus illi.
In sanctitáte, et justítia coram ipso, * ómnibus diébus nostris.
Et tu, puer, Prophéta Altíssimi vocáberis: * præíbis enim ante fáciem Dómini, paráre vias ejus:
Ad dandam sciéntiam salútis plebi ejus: * in remissiónem peccatórum eórum:
Per víscera misericórdiæ Dei nostri: * in quibus visitávit nos, óriens ex alto:
Illumináre his, qui in ténebris, et in umbra mortis sedent: * ad dirigéndos pedes nostros in viam pacis.
℣. Réquiem ætérnam * dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua * lúceat eis.
Antiphona: Ego sum resurréctio et vita: qui credit in me, étiam si mórtuus fúerit, vivet; et omnis qui vivit et credit in me, non moriétur in ætérnum.

Preces infra scriptæ, in Ferialibus diebus dicuntur, flexis genibus:
Pater noster, qui es in cœlis, sanctificétur nomen tuum: advéniat regnum tuum: fiat volúntas tua, sicut in cœlo et in terra. Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie: et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris:
℣. Et ne nos indúcas in tentatiónem:
℟. Sed líbera nos a malo.

PSALMUS CXXIX (Qui non dicitur in die obitus seu depositionis defuncti, nec quandocumque Officium recitatur sub ritu duplici).
De profúndis clamávi ad te, Dómine: * Dómine, exáudi vocem meam:
Fiant aures tuæ intendéntes, * in vocem deprecatiónis meæ.
Si iniquitátes observáveris, Dómine: * Dómine, quis sustinébit
Quia apud te propitiátio est: * et propter legem tuam sustínui te, Dómine. 
Sustínuit ánima mea in verbo ejus: * sperávit ánima mea in Dómino.
A custódia matutína usque ad noctem: * speret Israël in Dómino.
Quia apud Dóminum misericórdia: * et copiósa apud eum redémptio.
Et ipse rédimet Israël, * ex ómnibus iniquitátibus ejus.
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua lúceat eis.

℣. A porta ínferi.
℟. Erue, Dómine, ánimam ejus (ánimas eórum).
℣. Requiésca(n)t in pace.
℟. Amen.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℟. Et clamor meus ad te véniat.
Orémus.

ORATIO
Fidélium, Deus, ómnium Cónditor et Redémptor, animábus famulórum famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum: ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur: Qui vivis et regnas cum Deo Patre, in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum.
℟. Amen.

℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua lúceat eis.
℣. Requiéscant in pace.
℟. Amen.

TRADUCCIÓN

VÍSPERAS
Empiézase diciendo en secreto Padrenuestro y Avemaría. Pero si estas Vísperas se rezan inmediatamente después de la conducción del cadáver a la iglesia y del Responso Subvenite, o del Oficio del día, se comenzará absolutamente por la Antífona:
Antífona: Acepto seré al Señor * en la región de los vivos.
SALMO 114
Amé al Señor, * seguro de que oiría la voz de mi oración.
Porque inclinó hacia mí su oído. * le invocaré por esto todos los días de mi vida.
Cercáronme angustias de muerte, * y me sobrecogieron los peligros del sepulcro.
En medio de la tribulación y del dolor me encontré; * y entonces invoqué el nombre del Señor:
Librad, Señor, el alma mía. * Misericordioso y justo es el Señor; compasivo es nuestro Dios.
El Señor guarda a los pequeñuelos; * postrado estaba yo, y me salvó.
Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, * porque te colmó de bienes el Señor.
Pues libró a mi alma de la muerte, * y enjugó las lágrimas de mis ojos, y apartó mis pies del barranco.
Complaceré al Señor * en esta tierra de los vivos.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.
Antífona: Acepto seré al Señor en la región de los vivos.
  
Antífona: ¡Ay de mí, Señor, * que mi destierro se ha prolongado!
SALMO 119
En mi tribulación clamé al Señor: * y me atendió.
Librad, Señor, mi alma de los labios mentirosos, * y de la lengua fraudulenta.
¿Qué se te dará, o qué fruto sacarás, * oh lengua fraudulenta?
Agudas saetas de valiente, * con brasas de retama.
¡Ay de mí, que mi destierro se ha prolongado! moré con los habitantes de Cedar; * harto tiempo ha estado peregrinando mi alma.
Con los que aborrecen la paz, era yo pacífico; * mas ellos, tan pronto les hablaba, hostilizábanme sin razón.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.
Ant. ¡Ay de mí, Señor, que mi destierro se ha prolongado!

Antífona: El Señor te preserve * de todo mal, guarde el Señor tu alma.
SALMO 120
Alcé mis ojos a los montes, * de donde vendrá mi socorro.
Mi socorro viene del Señor * que hizo los cielos y la tierra.
No dará tus pies al resbaladero, * ni dormitará el que te guarda.
No; no dormitará ni se dormirá, * el que guarda a Israel.
El Señor es quien te guarda, Él es tu protector, * que se coloca a tu diestra.
No te quemará el sol durante el día, * ni la luna por la noche.
El Señor te preserva de todo mal; * guarde el Señor tu alma.
Guarde el Señor todos tus pasos, * ahora y siempre jamás.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.
Antífona: El Señor te preserve de todo mal, guarde el Señor tu alma.
    
Antífona: Si te pones * a examinar, Señor, nuestras maldades, ¿quién podrá subsistir, oh Señor, en tu presencia?
SALMO 129
Desde lo más profundo clamé a Vos, Señor; * Señor, escuchad mi voz.
Presten atención vuestros oídos * a la voz de mi plegaria.
Si tomáis cuenta, Señor, de los pecados, * Señor, ¿quién podrá subsistir?
Mas en Vos está el perdón, * por el testimonio de vuestra ley, Señor, espero en Vos.
Mi alma espera en vuestra palabra; * mi alma ha puesto su esperanza en el Señor.
Desde la vigilia matinal hasta la noche, * espere Israel en el Señor.
Porque en el Señor está la misericordia, * y hay en Él abundante redención.
Él es quien redimirá a Israel * de todas sus iniquidades.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.
Antífona: Si te pones a examinar, Señor, nuestras maldades, ¿quién podrá subsistir, oh Señor, en tu presencia?
  
Antífona: No deseches, * Señor, la obra de tus manos.
SALMO 137
Os alabaré, Señor, con todo mi corazón, * porque habéis escuchado las palabras de mi boca.
En presencia de los ángeles himnos os cantaré; * os adoraré en vuestro santo templo y celebraré vuestro nombre.
Por vuestra misericordia y vuestra verdad, * porque habéis engrandecido sobre todas las cosas vuestro santo nombre.
Siempre que os invocare, oídme benigno; * así haréis crecer la fortaleza de mi alma.
Que os alaben, Señor, todos los reyes de ty tierra, * porque han oído todas las palabras de vuestra boca.
Y celebren los designios del Señor, * porque su gloria es grande.
Porque excelso es el Señor y atiende a los humildes, * mas a los altivos míralos de lejos.
Si me hallare en la tribulación, me daréis vida; * extenderéis vuestra mano contra el furor de mis enemigos; me salvará vuestra diestra.
El Señor cumplirá por mí. Vuestra misericordia, Señor, es eterna; * no desechéis las obras de vuestras manos.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.
Antífona: No deseches, Señor, la obra de tus manos.
   
℣. Oí una voz del cielo que me decía.
℟. Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor.
   
Antífona para el Magníficat: Todo * lo que me da el Padre a mí vendrá, y al que a mí viene no lo echaré afuera.
CÁNTICO DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA. San Lucas 1, 46-55
Proclama ✠ * mi alma la grandeza del Señor,
Se alegra mi espíritu * en Dios, mi salvador;
Porque ha mirado la humillación de su esclava. * Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: * su nombre es santo,
Y su misericordia llega a sus fieles * de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo: * dispersa a los soberbios de corazón,
Derriba del trono a los poderosos * y enaltece a los humildes,
A los hambrientos los colma de bienes * y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, * acordándose de la misericordia,
Como lo había prometido a nuestros padres, * en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.
Antífona: Todo lo que me da el Padre, a mí vendrá, y al que a mí viene no lo echaré afuera.
   
Las siguientes preces se dirán de rodillas, como en las Laudes.
(En voz baja): Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy; perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores:
℣. No nos dejes caer en tentación:
℟. Mas líbranos del mal.

Se reza el Salmo 145, menos en el día de la defunción o del entierro de un difunto, y siempre que el Oficio se reza con rito doble, es decir, duplicando las Antífonas.
SALMO 145.
Alaba al Señor, alma mía. Al Señor alabaré toda mi vida; * mientras viva, salmos cantaré a mi Dios.
No confiéis en los poderosos, * ni en los hijos de los hombres en cuya mano no está la salud.
Saldrá su espíritu del cuerpov volverá éste a ser polvo; * entonces se desvanecerán todos sus proyectos.
Dichoso aquel que tiene por protector al Dios de Jacob, el que tiene puesta su esperanza en el Señor Dios suyo; * el que ha creado el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto ellos contienen:
El cual mantiene eternamente la verdad, hace justicia a los que padecen agravios, * da de comer a los hambrientos.
El Señor da libertad a los que están encadenados; * el Señor alumbra a los ciegos.
El Señor levanta a los caídos; * ama el Señor a los justos.
El Señor protege a los peregrinos; amparará al huérfano y a la viuda, * y desbaratará los designios de los pecadores.
El Señor reinará por todos los siglos, el Dios tuyo, oh Sión, * reinará en toda la serie de generaciones.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.
 
A continuación se dicen los versículos siguientes:
℣. De las puertas del infierno.
℟. Libra, Señor, su alma (o sus almas).
℣. Descanse en paz (o descansen en paz).
℟. Así sea.
℣. Señor, oíd mi oración.
℟. Y mi plegaria llegue a Vos.
℣. El Señor sea con vosotros.
℟. Y con tu espíritu.
   
Dícese la oración correspondiente de entre las que siguen; y después Dadles, Señor, etc., como más abajo se pone.

En el día del entierro
ORACIÓN
Os rogamos, Señor, perdonéis el alma de vuestro siervo N. (vuestra sierva N.), a fin de que viva para Vos, habiendo muerto para el siglo; y, por la indulgencia de vuestra piedad misericordiosísima, limpiadla de los pecados que cometió por fragilidad de la carne mientras vivió entre los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.

O bien esta otra:
ORACIÓN
Oh Dios, de quien es propio tener siempre misericordia y perdonar, os suplicamos humildemente que no entreguéis en manos del enemigo, ni tengáis en perpetuo olvido, el alma de vuestro siervo N. (de vuestra sierva N.), que habéis dispuesto saliera hoy de este mundo; sino que mandéis a vuestros ángeles que la reciban, y la lleven a la patria del paraíso celestial, para que, pues creyó y esperó en, Vos, no padezca las penas del infierno, sino que entre en la posesión de los bienes eternos. Por nuestro.

En el día tercero, séptimo y trigésimo del entierro.
ORACIÓN
Os rogamos, Señor, que os dignéis admitir en la compañía de vuestros Santos y elegidos el alma de vuestro siervo N. (de vuestra sierva N.), de cuya sepultura celebramos hoy el día tercero ( o séptimo, o trigésimo), y que derraméis sobre ella el perenne rocío de vuestra misericordia. Por nuestro Señor.

En el día del aniversario
ORACIÓN
Oh Dios, Señor de las misericordias, conceded al alma de vuestro siervo N. (o vuestra sierva N., o a las almas de vuestros siervos y siervas), de cuya muerte celebramos hoy el aniversario, el lugar del refrigerio, la bienaventuranza del descanso y la claridad de la eterna luz. Por nuestro Señor Jesucristo.

Por un Sumo Pontífice difunto
ORACIÓN
Oh Dios, que por inefable disposición vuestra quisisteis contar a vuestro siervo N. entre los sumos Sacerdotes: conceded os rogamos, que aquel que en la tierra era Vicario de vuestro Unigénito Hijo, sea admitido en la compañía de vuestros santos Pontífices. Por el mismo Señor nuestro Jesucristo.

Por un Obispo difunto
ORACIÓN
Oh Dios, que entre los Sacerdotes apostólicos hicisteis brillar a vuestro siervo N. (o a vuestros siervos N. N.) con la dignidad pontificia, concededle (concededles) que sea también admitido (sean también admitidos) perpetuamente en su com-pañía. Por nuestro Señor Jesucristo.

Si es por un Cardenal Obispo difunto, cambíese así la precedente oración:
...hicisteis brillar a vuestro siervo N., Cardenal Obispo, con la dignidad pontificia...
Si es por un Cardenal Presbítero (Obispo) difunto, cambíese asi:
...hicisteis brillar a vuestro siervo N., Cardenal Presbítero, con la dignidad pontificia...
Por un Cardenal Presbítero o Diácono (Sacerdote) difunto, cambíese así:
...hicisteis brillar a vuestro siervo N., Cardenal Presbítero Diácono con la dignidad sacerdotal...
Por un Cardenal Diácono que no esté ordenado Presbítero, dígase la oración Inclinad, Señor, puesta más abajo, modificándola de la siguiente manera:
...para que el alma de vuestro siervo N., Cardenal Diácono, que mandasteis saliera de este siglo, etc.

Por un Sacerdote difunto
ORACIÓN
Oh Dios, que entre los Sacerdotes apostólicos hicisteis brillar a vuestro siervo N. (o a vuestros siervos N. y N.) con la dignidad sacerdotal, concededle (concededles), os rogamos, que sea también admitido (que sean también admitidos) en la eterna compañía de los santos sacerdotes y apóstoles. Por nuestro.
O bien esta otra:
Os rogamos, Señor, que el alma de vuestro siervo N., Sacerdote, a quien aquí en la tierra honrasteis con los sagrados ministerios, goce siempre en la gloria celestial. Por nuestro Señor Jesucristo.

Por un difunto
ORACIÓN
Inclinad, Señor, vuestro oído a nuestras preces, con las que suplicantes imploramos vuestra misericordia, para que establezcáis el alma de vuestro siervo N., que mandasteis saliera de este siglo, en la región de la luz y de la paz y mandéis sea admitida en la compañía de vuestros Santos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Por una difunta
ORACIÓN
Os rogamos, Señor, que por vuestra piedad tengáis misericordia del alma de vuestra sierva, y que, habiendo ya quedada libre del contagio de la mortalidad, le concedáis ser partícipe de la eterna salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.

Por los hermanos, parientes y bienhechores difuntos
ORACIÓN
Oh Dios, otorgador de perdón y amador de la salvación humana, rogamos a vuestra clemencia que, por la intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María y de todos vuestros Santos, concedáis ser partícipes de la eterna bienaventuranza a los hermanos, parientes y bienhechores de nuestra comunión, que salieron de este siglo. Por nuestro Señor Jesucristo.

Por el padre y la madre
ORACIÓN
Oh Dios, que nos mandasteis honrar al padre y a la madre, apiadaos clemente de las almas de mi padre y de mi madre, y perdonad sus pecados; y haced que los vea en el gozo de la eterna claridad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Cuando son varios los que ofrecen el Oficio por sus padres, se dice la misma oración; mas donde dice mi padre y mi madre, dígase nuestros padres, y donde los vea, dígase los veamos.
Por el padre solamente, dígase: del alma de mi padre, o nuestro padre.
Por la madre solamente, dígase: del alma de mi madre, o nuestra madre.
   
En el Oficio de difuntos, durante el año.
ORACIÓN
Oh Dios, que admitisteis entre vuestros apóstoles y sacerdotes a vuestros siervos, elevándolos a la dignidad pontificia o sacerdotal, concededles, os rogamos, que sean admitidos a participar de su suerte eterna.

Oh Dios, otorgador de perdón y amador de la salvación humana, rogamos a vuestra clemencia que, por la intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María y de todos vuestros Santos, concedáis ser partícipes de la eterna bienaventuranza a los hermanos de nuestra comunión, parientes y bienhechores que salieron de este siglo.

Oh Dios, criador y redentor de todos los fieles, conceded el perdón de los pecados a las almas de vuestros siervos y siervas, para que, por medio de súplicas piadosas, consigan la indulgencia que siempre desearon. Vos que vivís y reináis con Dios Padre, en unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos.
℟. Así sea.
℣. Dadles, Señor, el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos la eterna luz.
℣. Descansen en paz.
℟. Así sea.
  
MAITINES
Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy; perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal. Amén.
Ave, María, llena de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor: que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado: descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

INVITATORIO
Antífona: Al Rey, por quien viven todos los seres, * Venid adorémosle.
Ant. Al Rey, por quien viven todos los seres, * Venid adorémosle.
Venid, regocijémonos en el Señor; cantemos con júbilo las alabanzas de Dios, Salvador nuestro. Corramos a presentarnos ante su acatamiento, dándole gracias, y entonándole himnos con júbilo.
Ant. Al Rey, por quien viven todos los seres, * Venid adorémosle.
Porque el Señor es el Dios grande, y un rey más grande que todos los dioses. Porque en su mano tiene toda la extensión de la tierra, y suyos son los más encumbrados montes.
Ant. Venid adorémosle.
Suyo es el mar, y obra es de sus manos: y hechura de sus manos es la tierra. (de rodillas) Venid, pues, adorémosle, postrémonos: derramando lágrimas en la presencia del Señor que nos ha creado: Pues Él es el Señor Dios nuestro: y nosotros el pueblo a quien Él apacienta, y ovejas de su grey.
Ant. Al Rey, por quien viven todos los seres, * Venid adorémosle.
Hoy mismo, si oyereis su voz, guardaos de endurecer vuestros corazones, Como sucedió, dice el Señor, cuando provocaron mi ira, poniéndome a prueba en el desierto, en donde vuestros padres me tentaron, me probaron, y vieron mis obras.
Ant. Venid adorémosle.
Por espacio de cuarenta años estuve irritado contra esta generación, y dije: Siempre está descarriado el corazón de este pueblo. Ellos no conocieron mis caminos; por lo que juré airado que no entrarían en mi reposo.
Ant. Al Rey, por quien viven todos los seres, * Venid adorémosle.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.
Ant. Venid adorémosle.
Ant. Al Rey, por quien viven todos los seres, * Venid adorémosle.

Este Invitarorio se dirá en la Conmemoración de todos los Fieles difuntos, y el día de la sepultura del difunto, en los cuales se dirán los tres Nocturnos infrascriptos, y se duplicará la Antífona. En otro tiempo, se dirá un solo Nocturno con las Laudes, en este orden: Lunes y Jueves, el primer Nocturno; Martes y Viernes, el segundo Nocturno; Miércoles y Sábado, el tercer Nocturno.

1. NOCTURNO (Domingo, lunes y jueves)

Antífona: Haz que sea recto. Señor Dios mío, ante tus ojos, mi camino.
SALMO 5
Prestad oídos, Señor, a mis palabras; * escuchad mis clamores.
Atended a la voz de mis súplicas, * mi rey y Dios mío.
Porque a Vos dirigiré mi oración; * de mañana oiréis, Señor, mi voz.
Al amanecer me pondré en vuestra presencia y os contemplaré. * Porque no sois Vos un Dios que ame la iniquidad.
No morará con Vos el delincuente, * ni los insensatos podrán estar ante vuestros ojos.
Odiáis a todos los que obran la iniquidad; * destruiréis a totodos los que hablan mentira.
Al hombre sanguinario y fraudulento abominará el Señor; * mas yo, confiado en vuestra gran misericordia.
Entraré en vuestra casa, * y poseído de vuestro temor, me prosternaré en vuestra santo templo.
Guiadme, Señor, por la senda de vuestra justicia; * por causa de vuestros enemigos, allanadme el camino ante vuestra presencia.
Pues en boca de ellos no hay palabra de verdad; * su corazón está lleno de vanidad y perfidia.
Su garganta es un sepulcro abierto, con sus lenguas urden continuamente engaños; * juzgadlos, oh Dios mío.
Frústrense sus designios, arrojadlos fuera, lejos de vuestra presencia, como lo merecen sus muchas iniquidades; * puesto que, oh Señor, os han irritado;
Alégrense, en cambio, todos los que aman vuestro santo nombre, * porque Vos colmaréis al justo de bendiciones.
En Vos se gloriarán los que aman vuestro santo nombre; * porque Vos colmaréis de bendiciones al justo.
Vuestra benevolencia, Señor, nos ha cubierto como un escudo, * y protegido por todos lados.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.

Ant. Haz que sea recto. Señor Dios mío, ante tus ojos, mi camino.
   
Ant. Vuélvete a mí, Señor, y libra mi alma, porque en muriendo ya no hay quien se acuerde de ti.
SALMO 6
No me reprendáis, Señor, en vuestra ira, * ni me castiguéis en vuestro enojo.
Apiadaos, Señor, de mí, que estoy sin fuerzas; * sanadme, Señor, porque hasta mis huesos se han estremecido,
Y está mi alma sumamente perturbada; * mas Vos, Señor, ¿hasta cuándo?
Volveos a mí, Señor, y librad mi alma; * salvadme por vuestra misericordia.
Porque en la muerte no hay quien se acuerde de Vos, * ¿quién os loará en el sepulcro?
Me he consumido a fuerza de tanto gemir; todas las noches baño mi lecho con mis lágrimas; * inundo de ellas el lugar de mi descanso.
Por causa de la indignación se han oscurecido mis ojos; * he envejecido en medio de todos mis enemigos.
Apartaos lejos de mí todos los que obráis la iniquidad; * porque ha oído el Señor la voz de mi llanto;
Ha otorgado el Señor mi súplica; * ha aceptado mi oración.
Avergüéncense y queden llenos de la mayor turbación todos mis enemigos; * retírense y váyanse al momento cubiertos de ignominia.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.

Ant. Vuélvete a mí, Señor, y libra mi alma, porque en muriendo ya no hay quien se acuerde de ti.

Ant. No sea que alguno cual león, arrebate tal vez mi alma, sin que haya nadie que me libre y me ponga en salvo.
SALMO 7
En Vos, Señor Dios mío, he puesto mi esperanza; * salvadme de todos los que me persiguen, y libradme.
No sea que alguno, como león, arrebate tal vez mi alma, * sin que haya nadie que me libre y ponga en salvo.
Señor Dios mío, si yo tal hice; * si hay iniquidad en mis acciones;
Si he vuelto mal por mal a los que me lo han hecho; * caiga yo justamente en las garras de mis enemigos sin recurso.
Persígame el enemigo, y apodérese de mí, y estrélleme contra el suelo; * y reduzca a polvo mi gloria.
Levantaos, Señor, en vuestro enojo, * mostrad vuestra grandeza en medio de mis enemigos.
Levantaos, sí, Señor Dios mío, según la ley que tenéis establecida, * y la asamblea de las naciones reuniráse a vuestro rededor.
Domínela de nuevo vuestro trono, * oh Señor, juez de los pueblos.
Juzgadme, Señor, según mi justicia, * y conforme a mi propia inocencia.
Cese la iniquidad de los malvados; dad firmeza al justo, * pues quien escudriña los corazones y los riñones. Dios justo es.
Mi legítimo auxilio me viene del Señor, * que salva a los hombres de recto corazón.
Dios, juez justo, fuerte y paciente; * ¿se enoja acaso todos los días?
Si no os convirtiéreis, blandirá su espada; * tiene ya tendido el arco y asestado.
Ha puesto en él saetas mortíferas; * ha preparado flechas abrásadoras.
He aquí que el impío concibió la injusticia; * engendró el dolor, y dio a luz la iniquidad.
Abrió una fosa, la hizo profunda; * mas ha caído en esta fosa que cavó.
Caerá sobre su cabeza el dolor que originó, * y su propia iniquidad descargará sobre su frente.
Yo glorificaré al Señor por su justicia; * y cantaré himnos al nombre del Señor Altísimo.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.

Ant. No sea que alguno cual león, arrebate tal vez mi alma, sin que haya nadie que me libre y me ponga en salvo.

℣. De las puertas del infierno.
℟. Librad, Señor, sus almas.

Pater noster. Totum secretò. Lectiones leguntur sine Absolutione, Benedictionibus, et Titulo.

LECTIO I. Job. VII, 16-21
Ten lástima de mí, Señor, ya que mis días son nada. ¿Qué es el hombre para que tú hagas de él tanto caso o para que se ocupe de él tu corazón? Visitaste al rayar el alba y de repente le atribulas. ¿Hasta cuándo me has de negar tu compasión, sin permitirme respirar o tragar siquiera mi saliva? Pequé, Señor; mas ¿qué haré yo para aplacarte, observador de los hombres? ¿Por qué me has puesto por blanco de tus enojos, tanto que ya me hecho intolerable a mí mismo? ¿Por qué no perdonas todavía mi pecado, y por qué no borras mi iniquidad? Mira que ya voy a dormir en el polvo, y cuando mañana me busques, ya no existiré.

Las Lecciones terminan sin Mas Vos, oh Señor, ni ninguna otra conclusión.
℟. Creo que vive mi Redentor, y que yo he de resucitar de la tierra en el último día;
* Y en esta mi carne veré a Dios mi Salvador.
℣. A quien he de ver yo mismo en persona y no por medio de otro, y a quien contemplarán mis propios ojos.
* Y en esta mi carne veré a Dios mi Salvador.

LECTIO 2. Job 10, 1-7
Tedio me causa ya el vivir. Soltaré mi lengua, aunque sea contra mí; hablaré en medio de la amargura de mi alma. Le diré a mi Dios: Renuncia a condenarme; manifiéstame por qué me juzgas de esta suerte. ¿Podrá, acaso, jamás ser de tu agrado el que me entregues a la calumnia, y el oprimirme, siendo yo la obra de tus manos, y el cooperar a los designios de los impíos? ¿Por ventura son tus ojos de carne? ¿O miras tú las cosas como las mira el hombre? ¿Son acaso tus días como los días del hombre, o tus años semejantes a los años humanos, para que hayas de ir inquiriendo mis maldades, y averiguando mis pecados, sabiendo, como sabes, que no he cometido maldad alguna, y que no hay nadie que pueda librarme de tus manos?

℟. Vos que resucitásteis del sepulcro a Lázaro ya hediondo,
* Dadles, Señor, el descanso y el lugar de indulgencia,
℣. Vos, que habéis de venir a juzgar a vivos y muertos y al siglo con fuego.
* Dadles, Señor, el descanso y el lugar de indulgencia.

LECTIO III. Job. 10, 8-12
Tus manos, Señor, me formaron; ellas coordinaron todas las partes de mi cuerpo, ¿y tan de repente quieres despeñarme? Acuérdate, te ruego, que me formaste como de una masa de barro, y que me has de reducir a polvo. ¿No es así, que tú me formaste, como de la leche cuajada y exprimida se forma el queso? Vestísteme de piel y carne, y con huesos y nervios me organizaste. Me diste vida, y usaste conmigo de misericordia, y tu visitación ha conservado mi espíritu.

℟. Señor, cuando viniéreis a juzgar la tierra, ¿dónde me esconderé de la faz de vuestra ira?
* Porque muchísimo pequé durante mi vida.
℣. Mis delitos me dan pavor y me avergüenzo delante de Vos; cuando viniéreis a juzgar, no me condenéis.
* Porque muchísimo pequé durante mi vida.
℟. Dadles, Señor, el descanso eterno, y luzca para ellos la eterna luz.
* Porque muchísimo pequé durante mi vida.

Posteà ad Laudes, ut infrà, quando dicitur unum tantùm Nocturnum.

2. NOCTURNO (Pro Feria III. et VI.)

Antiphona. Él me ha colocado * en lugar de pastos.
SALMO 22
El Señor me pastorea, nadame faltará: * en lugar de pastos me ha colocado.
Junto a unas aguas restauradoras me ha llevado, * haciendo así revivir mi alma.
Me ha conducido por los senderos de la justicia, * para gloria de su nombre.
De esta suerte, aunque caminase yo por medio de la sombra de la muerte, * no temeré ningún desastre, porque Vos estáis conmigo.
Vuestra vara y vuestro báculo* han sido mi consuelo.
Mesa abundante habéis dispuesto delante de mí, * a la vista de mis perseguidores.
Con aceite habéis ungido mi cabeza. * ¡Qué rica y abundante es la bebida que me brindáis!
Ciertamente, vuestra misericordia me seguirá * todos los dias de mi vida.
A fin de que yo more en la casa del Señor * por largo tiempo.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.

Ant. Él me ha colocado en lugar de pastos.

Antiphona. Echa, Señor, * en olvido los delitos de mi juventud y mis necedades.
SALMO 24
A Vos, Señor, he levantado mi espíritu; * en Vos, mi Dios, confío; no sea yo confundido.
Ni se burlen de mí mis enemigos; * porque ninguno que espere en Vos será confundido.
Sean, cubiertos de confusión, * todos los que vana e injustamente obran la iniquidad.
Mostradme, Señor, vuestros caminos, * y enseñadme vuestros senderos.
Dirigidme según vuestra verdad e instruidme, * pu sois Vos el Dios Salvador mío, y os estoy esperando todo el día.
Acordaos, Señor, de vuestras piedades, * y de las misericordias que habéis usado en los siglos pasados.
Los pecados de mi juventud * olvidadlos, y también mi ignorancia.
Según vuestra misericordia, acordaos de mí, * por vuestra bondad, oh Señor.
El Señor es bondadoso y justo; * por lo mismo dirigirá a los pecadores por el camino que deben seguir.
Dirigirá a los humildes por la vía de la justicia; * enseñará sus caminos a los apacibles.
Todos los caminos del Señor son misericordia y verdad, * para los que buscan su santa alianza y sus mandamientos.
Por la gloria de vuestro nombre, perdonad, Señor, mi pecado, * que es ciertamente muy grave.
¿Quién es el hombre que teme al Señor? * Dios le ha prescrito la regla que debe seguir en la carrera que escogió.
Reposará su alma entre bienes, * y sus hijos poseerán la tierra.
El Señor es firme apoyo de los que le temen, * y a ellos revela sus secretos.
Mis ojos están siempre fijos en el Señor; * pues Él ha de sacar mis pies del lazo.
Volved, Señor, vuestra vista hacia mí y compadecedme; * porque me veo solo y pobre.
Las tribulaciones de mi corazón se han multiplicado; * libradme de mis congojas.
Ved mi humillación y mi trabajo, * y perdonad todos mis pecados.
Reparad en mis enemigos cómo se han multiplicado, * y cuán injusto es el odio con que me aborrecen.
Guardad mi alma y libradme; * no sea yo avergonzado por haber esperado en Vos.
Los inocentes y justos se han unido conmigo, * porque en Vos esperé yo.
Librad, oh Dios, a Israel, * de todas sus tribulaciones.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.
Ant. Echa, Señor, en olvido los delitos de mi juventud y mis necedades.

Antiphona. Espero que veré * los bienes del Señor en la tierra de los vivientes.
SALMO 26
El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién temeré?
El Señor es el sostén de mi vida; * ¿de quién tendré miedo?
Cuando se me acercan los malvados * para devorar mi carne.
Esos mis enemigos que me hostigan, * son los que flaquean y caen.
Si acampare un ejército contra mí, * no temerá mi corazón.
Si se iniciare contra mí un combate, * en medio de él esperaré.
Una sola cosa pido a Dios, y ésta solicitaré: * poder morar en la casa del Señor toda mi vida,
Para contemplar las delicias del Señor, * y visitar su templo.
Porque Él me esconde en su tabernáculo: * en los días aciagos me puso a cubierto en lo más secreto de su tabernáculo.
Llevóme sobre una roca; * y ahora me ha hecho triunfar de mis enemigos.
Rodeé el altar e inmolé en el tabernáculo hostias, entre voces de júbilo; * cantaré, entonaré un himno al Señor.
Escuchad, Señor, la voz, con que os clamo; * tened piedad de mí y escuchadme.
Mi corazón os ha dicho: “Os han buscado mis ojos; * es vuetro rostro, Señor, el que yo busco”.
No me le ocultéis vuestro rostro; * ni airado os apartéis de vuestro siervo.
Sed mi auxilio; * no me abandonéis, ni me rechacéis, oh Dios, Salvador mío.
Aunque mi padre y mi madre me abandonasen, * el Señor me recogería.
Arreglad, Señor, mis pasos por vuestro camino, * y dirigidme por la vía recta, a causa de mis enemigos.
No me abandonéis a merced de los que me persiguen; * pues se han levantado contra mí testigos pérfidos, y la iniquidad ha mentido a favor suyo.
Mas yo espero ver los bienes del Señor * en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor, obra varonilmente, * fortifiqúese tu corazón y espera en el Señor.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.
Ant. Espero que veré los bienes del Señor en la tierra de los vivientes.

℣. Colóquelos el Señor con los príncipes.
℟. Con los príncipes de su pueblo.

Pater noster. Totum secreto.

LECTIO IV. Job 13, 22-28
Muéstrame Señor, cuántas maldades y pecados tengo, cuáles son mis crímenes y delitos. ¿Por qué me ocultas tu rostro, y me consideras como enemigo tuyo? Contra una hoja, que lleva el viento, haces alarde de tu poderío y persigues una paja seca; puesto que decretas contra mí tan amargas penas, y quieres consumirme por los pecados de mi mocedad. Has metido mis pies como en un cepo; has observado todas mis acciones y notado mis pisadas o procederes; siendo así que he de quedar reducido a podre, y ser como una ropa roída por la polilla.

℟. Acordaos de mí, oh Dios mío, que mi vida es un soplo.
* Ni me verá más humana vista.
℣. Desde lo más profundo clamé a Vos, oh Señor; oíd, Señor, benigno mi voz.
℟. Ni me verá más humana vista.

LECTIO V. Job 14, 1-6
El hombre nacido de mujer vive corto tiempo y está atestado de miserias. Él sale como una flor, luego es cortado y se marchita; huye y desaparece como sombra, y jamás permanece en un mismo estado. ¿Y Tú te dignas abrir tus ojos sobre un ser semejante, y citarle a juicio contigo? ¿Quién podrá volver puro al que de impura simiente fue concebido? ¿Quién sino Tú sólo? Breves son los días del hombre; Tú tienes contado el número de sus meses; señalástele los términos dé su vida, más allá de los cuales no podrá pasar. Retírate, pues, un poquito de él, para que repose mientras llegue su día deseado, como el día de descanso al jornalero.

℟. ¡Ay de mí, Señor! porque muchísimo pequé durante mi vida. ¿Qué haré, miserable? ¿A dónde huiré sino a Vos, Dios mío?
* Tened misericordia de mí cuando viniéreis en el último día.
℣. Mi alma está turbada en gran manera; mas Vos, Señor, socorredla.
℟. Tened misericordia de mí cuando viniéreis en el último día.
   
LECTIO VI. Job 14, 13-16
¡Oh, quién me diera que me guarecieses y escondieses en el sepulcro hasta que pase tu furor, y me señalases el plazo en que te has de acordar de mi! Mas ¿acaso ha de volver a vivir un hombre ya muerto? Sí, y por eso en la guerra continua en que me hallo, estoy esperando siempre aquel día en que vendrá mi mudanza. Entonces me llamarás, y yo te responderé: alargarás la diestra a la obra de tus manos. Es verdad que tú tienes contados todos mis pasos, mas perdóname, oh Señor, mis pecados.

℟. No os acordéis, Señor, de mis pecados,
* Cuando viniéreis a juzgar al siglo con el fuego,
℣. Haced que sea recto, Señor Dios mío, ante vuestros ojos mi camino.
* Cuando viniéreis a juzgar al siglo con el fuego.
℟. Dadles, Señor, el descanso eterno, y luzca para ellos la eterna luz.
* Cuando viniéreis a juzgar al siglo con el fuego.

Posteà ad Laudes, ut infrà, quando dicitur
unum tantùm Nocturnum. Hins

3. NOCTURNO (Miércoles y Sábado)

Antiphona. ¡Oh! complácete,
SALMO 39
Aguardando estuve al Señor * con ansia suma, y por fin inclinó a mí sus oídos.
Y escuchó benignamente mis súplicas, * y sacóme del lago de la miseria y del inmundo cieno.
Y asentó mis pies sobre piedra, * dando firmeza a mis pasos.
Púsome en la boca un cántico nuevo, * un cántico en loor de nuestro Dios.
Verán esto muchos, y temerán al Señor, * y pondrán en él su esperanza.
Bienaventurado el hombre cuya esperanza es el nombre del Señor; * y que no volvió sus ojos hacia la vanidad y a las necedades engañosas.
Muchas son, oh Señor Dios mío, las maravillas que habéis obrado, * y en vuestros designios no hay quien se asemeje a Vos.
Púseme yo a referirlos y anunciarlos; * exceden todo guarismo.
Ni sacrificio, ni holocausto habéis querido; * oídos perfectos, en cambio, me habéis dado.
Tampoco habéis pedido holocausto ni víctima por el pecado, * de otra suerte diría: He aquí que vengo.
Al frente del libro está escrito de mí, que había de hacer vuestra voluntad. * Dios mío, me place, y vuestra ley la tengo escrita en medio de mi corazón.
He anunciado vuestra justicia * en un gran congregación. He aquí que no tendré cerrados mis labios; Vos, Señor, lo sabéis.
No he escondido vuestra justicia en mi corazón; * vuestra verdad he proclamado y también vuestro socorro.
No he ocultado vuestra misericordia y vuestra verdad * a la numerosa asamblea.
Mas Vos, Señor, no apartéis 
de mí vuestras bondades; * ya que vuestra misericordia y fidelidad me han guardado siempre.
Porque me hallo cercado de males sin número; * sorprendiéndome mis pecados, y no pude distinguirlos bien.
Multiplicáronse más que los cabellos de mi cabeza; * y mi corazón ha desmayado.
Dignaos, Señor, librarme; * venid presto a socorrerme.
Queden de una vez confundidos y avergonzados cuantos buscan * cómo quitarme la vida.
Vuélvanse atrás llenos de confusión * los que mi mal desean.
Sufran luego la ignominia que merecen, * aquellos que me dicen: Ea, ea.
Alégrense en Vos y regocíjense todos los que os buscan, y digan siempre cuantos aprecian vuestro socorro: * Ensalzado sea el Señor.
Aunque mendigo soy yo y pobre, * el Señor cuidará de mí.
Vos sois, Señor, mi valedor y protector. * Dios mío, no tardéis.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.
Ant. ¡Oh!, plegue a Ti, Señor, librarme; vuelve a mí tus ojos para socorrerme.

Antiphona. Sana mi alma, Señor, * porque pequé contra Ti.
SALMO 40
Bienaventurado el que piensa en el necesitado y en el pobre: * en tiempo de desgracia le librará el Señor.
Guárdele el Señor, y confórtele y hágale feliz en la tierra, * y no le entregue a merced de sus enemigos. 
Consuélele el Señor cuando se halle postrado en el lecho de su dolor: * mullísteis, Señor, toda su cama durante su enfermedad.
En cuanto a mí, dije: Señor, habed piedad de mí; * sanad mi alma, porque pequé contra Vos.
Prorrumpían mis enemigos en increpaciones contra mi. * ¿Cuándo morirá éste, decían, y se acabará su memoria?
Que si alguno entraba a visitarme, hablaba con mentira, * tramando en su corazón iniquidades.
Salíase afuera, * y confabulaba con los otros.
Susurraban contra mí todos mis enemigos, * conspiraban para acarrearme males.
Sentencia inicua pronunciaron contra mí. * Mas ¿por ventura el que duerme no ha de volver a levantarse?
Lo que más es, un hombre con quien vivía yo en dulce paz, de quien yo me fiaba, * y que comía de mi pan, ha urdido una gran traición contra mí.
Mas Vos, Señor, habed piedad de mí y levantadme, * y yo daré a ellos su merecido.
En esto conoceré que os complacéis en mi, * que mi enemigo no se holgará de mí.
En cuanto a mí, por mi integridad me habéis sostenido, * y me habéis puesto para siempre en vuestra presencia.
Bendito sea el Señor Dios de Israel por los siglos de los siglos: * ¡Así sea! ¡Así sea!
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.
Ant. Sana mi alma, Señor, porque pequé contra Ti.
   
Antiphona. Sedienta está
SALMO 41
Como el ciervo suspira por las fuentes de agua viva, * así, oh Dios, clama por ti el alma mía.
Sedienta está mi alma del Dios fuerte y vivo. * ¡Cuándo será que yo llegue, y me presente ante la cara de Dios!
Mis lágrimas me han servido de pan día y noche, * desde que se me está diciendo continuamente: Y tu Dios ¿dónde está?
Tales eran los recuerdos que venían a mi memoria; y ensanché dentro de mí mi espíritu: * que yo iba al lugar del maravilloso tabernáculo, hasta la casa de Dios.
Entre cantos de alegría y de alabanza, * voz rumorosa de festín.
¿Por qué estás triste, oh alma mía? * ¿y por qué me tienes en esta agitación?
Espera en Dios, porque aun cantaré sus alabanzas, * como que es el Salvador que tengo delante de mí.
Conturbada está profundamente mi alma; * por lo mismo me acordaré de Vos desde la tierra del Jordán, y desde los montes de Hermón, grande y pequeño.
Un abismo llama a otro abismo, * a la voz de vuestras cascadas.
Todas vuestras ondas y vuestras olas * van pasando delante de mí.
De día manda Dios su misericordia; * y de noche le canto yo.
Oración al Dios de mi vida. * Digo a Dios: Vos sois mi amparo,
¿Por qué me habéis olvidado? * y ¿por qué he de andar triste, mientras mi enemigo me aflige?
Mientras se me quiebran de dolor los huesos, * me afrentan los enemigos que me acosan.
Diciéndome todos los días: ¿Dónde está tu Dios? * ¿Por qué estás triste, alma mía? ¿por qué me llenas de turbación?
Espera en Dios, que aun quiero loarle, * salvamento delante de mí y el Dios mío.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.
Ant. Sedienta está mi alma del Dios vivo. ¡Cuándo será que yo llegue, y me presente ante la faz del Señor!

℣. No entreguéis a las bestias las almas de los que os alaban.
℟. Y no os olvidéis para siempre de las almas de vuestros pobres.
   
Pater noster. Totum secretò..

LECTIO VII. Job. 17, 1-3; 11-15
Mi espíritu se va extenuando; acórtanse mis días, y sólo me resta el sepulcro. Yo no he delinquido, y, con todo, mis ojos no ven sino amarguras. Líbrame, oh Señor, y ponme a tu lado, y pelee contra mí la mano de quienquiera. Mas ¡ay!, huyéronse mis días felices; disipáronse como humo todos mis designios, dejando en tormento mi corazón. Ellos han convertido para mí la noche en día, y después de las tinieblas espero que de nuevo venga la luz. Aun cuando yo sufra con paciencia, el sepulcro será luego mi casa, y tengo ya preparado mi lecho en las tinieblas. He dicho a la podredumbre: Tú eres mi padre, y a los gusanos: Vosotros sois mi madre y mi hermana. Según esto, ¿qué esperanza es la que me queda? ¿y quién es el que toma en consideración mi paciencia?

℟. A mí, que peco cada día y no hago penitencia, el temor de la muerte me conturba.
* Porque en el infierno no hay redención ninguna, apiadaos de mí, oh Dios, y salvadme.
℣. Salvadme, oh Dios, por vuestro nombre, y defendeme con tu poder.
* Porque en el infierno no hay redención ninguna, apiadaos de mí, oh Dios, y salvadme.

LECTIO VIII. Job 19, 20-27
Mis huesos, consumidas ya las carnes, están pegados a mi piel; y sólo me han quedado los labios en torno de mis dientes. Compadeceos de mí, a lo menos vosotros que sois mis amigos, compadeceos de mí, ya que la mano del Señor me ha herido. ¿Por qué me perseguís vosotros como si estuvieseis en lugar de Dios, y os cebáis en mis carnes? ¡Oh!, ¡quién me diera que las palabras que voy a proferir se quedasen escritas! ¡Quién me diera que se imprimiesen en libro, con punzón de hierro, y se esculpiesen en planchas de plomo o con el cincel se grabasen en pedernal! Porque yo sé que vive mi Redentor, y que yo há de resucitar del polvo de la tierra en el último día, y de nuevo he de ser revestido de esta piel mía, y en esta mi carne veré a mi Dios. A quien he de ver yo mismo en persona y no por medio de otro, y a quien contemplarán los mismos ojos míos. Esta es la esperanza que en mi pecho tengo depositada.

℟. Señor, no me juzguéis según merecen mis obras; nada digno he hecho en vuestra presencia; por esto ruego a vuestra majestad.
* Que Vos, oh Dios, borréis mi pecado.
℣. Lavadme más y más, Señor, de mi injusticia, y limpiamde de mi delito.
* Que Vos, oh Dios, borréis mi pecado.

LECTIO IX. Job. 10, 18-22
¿Por qué me sacaste del vientre de mi madre? Ojalá hubiera yo perecido antes que ojo mortal me viera. Me habrían trasladado del seno materno al sepulcro, como si no hubiese existido ¿Por ventura no se acabará en breve el corto número de mis días? Déjame, pues, lamentarme de mi dolor por un momento, antes que yo me vaya allá de donde no volveré, a aquella tierra tenebrosa y cubierta de las sombras de la muerte. Tierra de miseria y de tinieblas, en donde tiene su asiento la sombra de la muerte, y donde todo está sin orden y en un horror sempiterno.
  
El siguiente Responsorio se reza cuando se dice sólo este tercer Nocturno.

Libradme, Señor, de los caminos del infierno, Vos que rompisteis las puertas de acero, y visitasteis el infierno, y diste vuestra luz, para que os vieran,
* A los que estaban penando en tinieblas.
℣. Levantaban la voz diciendo: Ha venido ya nuestro Redentor.
* A los que estaban penando en tinieblas.
℟. Dadles, Señor, el descanso eterno, y luzca para ellos la eterna luz.
* A los que estaban penando en tinieblas.
   
El siguiente Responsorio se dirá en lugar del precedente en el día de los Fieles Difuntos, y cuando se digan los tres Nocturnos.
  
Libradme, Señor, de la muerte eterna, en aquel tremendo día. * En que serán conmovidos los cielos y la tierra. † Cuando viniéreis a juzgar al siglo con el fuego.
℟. Temblando estoy y temo, mientras llega el juicio y la ira venidera.
* En que serán conmovidos los cielos y la tierra.
℣. Aquel día, día de ira, calamidad y miseria, día grande y amargo sobremanrra.
† Cuando viniéreis a juzgar al siglo con el fuego.
℟. Dadles, Señor, el descanso eterno, y luzca para ellos la eterna luz.
* Libradme, Señor, de la muerte eterna, en aquel tremendo día en que serán conmovidos los cielos y la tierra cuando viniéreis a juzgar al siglo con el fuego.

Si los Maitines, de uno o de tres Nocturnos, en la recitación privada, se separan de Laudes, después del último Responsorio añádase:
℣. Señor, oíd mi oración. 
℟. Y mi plegaria llegue a Vos.

LAUDES
Se comenzará absolutamente por la Antífona: Se recrearán en el Señor mis huesos humillados.

SALMO 50
Tened piedad de mí, oh Dios; * según la magnitud de vuestra misericordia.
Y según la muchedumbre de vuestras piedades, * borrad mi iniquidad.
Lavadme más y más de mi iniquidad, * y limpiadme de mi pecado.
Porque yo reconozco mi iniquidad, * y delante de mí tengo siempre mi pecado.
Contra Vos solo he pecado y he cometido maldad delante de vuestros ojos, * para que se hallen justas vuestras sentencias, y salgáis vencedor cuando se os juzgue.
Mirad, que fui concebido en iniquidad, * y que mi madre me concibió en pecado.
Y mirad que Vos amáis la verdad; * Vos me revelasteis los secretos y los misterios de vuestra sabiduría.
Me rociaréis con el hisopo, y seré purificado, * me lavaréis, y quedaré más blanco que la nieve.
Infundiréis en mi oído palabras de gozo y de alegría, * con lo que se estremecerán de júbilo mis huesos quebrantados.
Apartad vuestro rostro de mis pecados, * y borrad todas mis iniquidades.
Cread en mí, oh Dios, un corazón puro, * y renovad en mis entrañas el espíritu de rectitud.
No me arrojéis de vuestra presencia, * y no retiréis de mí vuestro santo espíritu.
Devolvedme el gozo de vuestra salud; * y fortalecedme con un espíritu noble.
Enseñaré vuestros caminos a los malos, * y se convertirán a Vos los impíos.
De sangre derramada libradme, oh Dios, Salvador mío, * y mi lengua ensalzará vuestra justicia.
Abrid, Señor, mis labios, * y mi lengua publicará vuestras alabanzas.
Pues si quisieseis un sacrificio, en verdad os lo ofreciera; * mas no os placen los holocaustos.
El espíritu conpungido es sacrificio para Dios; * no despreciéis, oh Dios, el corazón contrito y humillado.
Señor, en vuestra bondad, tratad benignamente a Sión, * para que puedan construirse los muros de Jerusalén.
Entonces aceptaréis el sacrificio de justicia, las ofrendas y los holocaustos; * entonces serán colocados becerros sobre vuestro altar.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.
Ant. Se recrearán en el Señor mis huesos humillados.

Antiphona. Oíd, Señor, mi oración. A Vos vendrán todos los mortales.
SALMO  64
A Vos, oh Señor, es debida la alabanza en Sión; * y a Vos se han de ofrecer los votos en Jerusalén.
Oíd benigno mi oración; * a Vos vendrán todos los mortales.
Nos sedujeron los discursos de los malos; * mas Vos perdonaréis nuestras iniquidades.
Dichoso aquel a quien elegís y allegáis a Vos; * él habitará en vuestro tabernáculo.
Colmados seremos de los bienes de vuestra casa; * santo es vuestro templo, admirable por su justicia.
Oíd nuestras plegarias, oh Dios, Salvador nuestro, * Vos, esperanza de todos los confines de la tierra y de las islas más remotas.
Vos que afianzáis los montes con vuestro poder, ceñido de fortaleza, * que conmovéis el profundo del, mar y hacéis bramar sus olas.
Se perturbarán las naciones y se llenarán de pavor los que habitan la tierra de un cabo al otro, por vuestros prodigios; * Vos alegraréis las salidas del sol y sus puestas.
Visitáis la tierra y la empapáis de agua; * y la fertilizáis con toda clase de productos.
El río de Dios rebosa en aguas; habéis preparado el alimento de los hombres; * así preparáis Vos la tierra.
Henchid sus riachuelos, multiplicad sus producciones; * con las lluvias benignas alegraráse ella y producirá.
Bendeciréis todo el curso del año, objeto de vuestra bondad, * y vuestros campos serán fértilísimos.
Reverdecerá la hermosura del desierto, * y vestiránse de júbilo los collados.
Multiplicáronse los rebaños de carneros y ovejas, y abundarán en grano los valles. * Todos a porfía os adamarán y con himnos os celebrarán.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.
Ant. Oíd, Señor, mi oración. A Vos vendrán todos los mortales.

Antiphona. Protegido me ha * vuestra diestra, oh Señor.
SALMO 62
¡Oh Dios, Dios mío!, * a Vos aspiro y me dirijo desde que apunta la aurora.
De Vos está sedienta el alma mía. * ¡Y de cuántas maneras lo está también este mi cuerpo!
En esta tierra desierta e intransitable y sin agua, * me pongo en vuestra presencia, como en el Santuario, para contemplar vuestro poder y vuestra gloria.
Más apreciable que mil vidas es vuestra misericordia: * por esto mis labios se ocuparán en alabaros.
Por esto os bendeciré toda mi vida, * y alzaré mis manos invocando vuestro nombre.
Quede mi alma bien llena de Vos, como de un manjar pingüe y jugoso: * y con labios, que rebosan de júbilo, mi boca os cantará himnos de alabanza.
Me acordaba de Vos en mi lecho; en Vos meditaba luego que amanecía; * pues Vos sois mi amparo.
Y a la sombra de vuestras alas me regocijaré; a vuestro en pos va anhelando el alma mía: * me ha sostenido vuestra diestra.
En vano han buscado cómo quitarme la vida; entrarán en las cavernas profundas de la tierra, * entregados serán a los filos de la espada; serán pasto de las raposas!
Entre tanto el rey se regocijará en Dios: loados serán aquellos que le juran; * porque quedó tapada la boca de todos los que hablaban inicuamente.

SALMO 66.
Dios tenga misericordia de nosotros y nos bendiga; * haga resplandecer su faz sobre nosotros, y nos mire compasivo.
Para que sea conocido en la tierra vuestro camino, * y en todas las naciones vuestra salvación.
Que todos los pueblos os celebren, oh Dios; * que os celebren los pueblos todos.
Regocíjense y exulten las naciones, * porque juzgáis los pueblos con justicia y gobernáis las naciones en la tierra.
Que los pueblos todos os celebren, oh Dios; * pues la tierra su fruto ha dado ya.
Bendíganos Dios, el Dios nuestro, bendíganos Dios; * témanle todos los confinés de la tierra.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.
Ant. Protegido me ha vuestra diestra, oh Señor.
   
Antiphona. De las puertas del infierno, * librad, Señor, mi alma.

CÁNTICO DE EZEQUÍAS. Isaías 38, 10-24
Dije yo: A la mitad de mis días * entraré por las puertas del sepulcro.
Privado me veo del resto de mis años. * Ya no veré yo al Señor Dios, dije, en la tierra de los que viven.
No veré más a hombre alguno, * ni a los que morarán en paz.
Se me quita el vivir, y se vaa plegar mi vida, * como se hace con la tienda de un pastor.
Cortada ha sido mi vida, como tela por el tejedor; mientras la estaba aún urdiendo, él me la ha cortado: * de la mañana a la noche acabarás conmigo, oh Dios mío.
Esperaba yo hasta el amanecer: * el Señor, como un león, había quebrantado todos mis huesos.
De la mañana a la noche pondréis fin a mi vida. * Gritaba yo como un pollito de golondrina, gemía como paloma.
Debilitáronse mis ojos * de mirar a lo alto.
Mi situación, Señor, es violenta: toma a tu cargo mi defensa. * Mas ¿qué diré yo? ¿Cómo me tomará él bajo su patrocinio cuando él mismo es el que ha hecho esto?
Repasaré delante de ti con amargura de mi alma * todos los años de mi vida.
Oh Señor, si esto es vivir, y en tales apuros se halla la vida de mi alma, castígame y vivifícame. * Ved cómo se ha cambiado en paz mi amarguísimo dolor
Y tú, oh Señor, has librado de la perdición a mi alma: * has arrojado tras de tus espaldas todos mis pecados.
Porque no te bendecirán los sepulcros, ni te alabará la muerte; * no esperarán en tu fidelidad los que bajan a la tumba.
Los vivos, Señor, los vivos son los que te han de tributar alabanzas, como hago yo en este día: * el padre anunciará a sus hijos tu fidelidad.
Oh Señor, sálvame, * y cantaremos nuestros salmos en el templo del Señor todos los días de nuestra vida.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.
Ant. De las puertas del infierno, librad, Señor, mi alma.

Antiphona. Empléese todo espíritu * en alabar a Dios.
SALMO 150.
Alabad al Señor que reside en su Santuario; * alabadleen el firmamento de su poder.
Alabadle por sus prodigios a favor nuestro; * alabadle por su inmensa grandeza.
Alabadle al son de clarines; * alabadle con el salterio y la cítara.
Alabadle con panderos y armoniosos conciertos; * alabadle con instrumentos músicos de cuerda y de viento.
Alabadle con sonoros címbalos; alabadle con címbalos de júbilo: * empléese todo espíritu en alabar al Señor.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.
Ant. Empléese todo espíritu * en alabar a Dios.
    
℣. Oí una voz del cielo que me decía.
℟. Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor.
   
Antiphona. Yo soy * la resurrección y la vida: el cree en mí, aunque hubiere muerto, vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre.

CÁNTICO DE ZACARÍAS. Lucas 1, 68-79
Bendito ✠ sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo,
Suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo,
Según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian;
Realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza
Y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos
Con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos,
Anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto,
Para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.
℣. Dadles, Señor, * el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos * la eterna luz.
Ant. Yo soy la resurrección y la vida: el cree en mí, aunque hubiere muerto, vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre.

Las preces escritas abajo, se dirán de rodillas en los días feriales:
Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy; perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores:
℣. No nos dejes caer en tentación:
℟. Mas líbranos del mal.
   
SALMO 129
Desde lo más profundo clamé a Vos, Señor; * Señor, escuchad mi voz.
Presten atención vuestros oídos * a la voz de mi plegaria.
Si tomáis cuenta, Señor, de los pecados, * Señor, ¿quién podrá subsistir?
Mas en Vos está el perdón, * por el testimonio de vuestra ley, Señor, espero en Vos.
Mi alma espera en vuestra palabra; * mi alma ha puesto su esperanza en el Señor.
Desde la vigilia matinal hasta la noche, * espere Israel en el Señor.
Porque en el Señor está la misericordia, * y hay en Él abundante redención.
Él es quien redimirá a Israel * de todas sus iniquidades.

Este Salmo se omite el día de la Conmemoración de los Fieles Difuntos, el día de la muerte o del entierro de un difunto, y siempre que el Oficio se reza con rito doble.

℣. De las puertas del infierno.
℟. Librad, Señor, sus almas.
℣. Descansen en paz.
℟. Así sea.
℣. Señor, oíd mi oración. 
℟. Y mi plegaria llegue a Vos.
El segundo «Señor, oíd mi oración» no se dice.
   
Oremos.
Oh Dios, criador y redentor de todos los fieles, conceded el perdón de los pecados a las almas de vuestros siervos y siervas, para que, por medio de súplicas piadosas, consigan la indulgencia que siempre desearon. Vos que vivís y reináis con Dios Padre, en unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos.
℟. Así sea.

℣. Dadles, Señor, el descanso eterno.
℟. Y luzca para ellos la eterna luz.
℣. Descansen en paz.
℟. Así sea.