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domingo, 16 de octubre de 2016

SAN GERARDO MARÍA DE MAYELA, DISCÍPULO DE SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO


San Gerardo Mayela es uno de los más extraordinarios taumaturgos del siglo XVIII. Nació el 6 de abril de 1726 en la pequeña ciudad de Muro Lucano, provincia de Potenza, en el reino de Nápoles. Su vida fue muy breve: vivió exactamente veintinueve años, seis meses y siete días, según su primer biógrafo, el padre Tannoia, que descontaría los días incompletos del nacimiento y de la muerte. Pero en tan poco tiempo este buen obrero de Dios levantó un grandioso edificio de santidad.
 
Su padre, Domingo Mayela, tenía una humilde sastrería de barrio que sacaba la casa adelante; la madre, Benita Galella, ayudaba trabajando en el campo las horas que le dejaban libre las faenas domésticas.
 
Gerardo fue a la escuela desde los siete años hasta los doce; por su aplicación y buen ejemplo era el preferido del maestro: la doctrina cristiana se la sabía perfectamente, casi antes de comenzar a ir a la escuela.
 
Cuando tenía doce años perdió a su padre; Benita se quedaba viuda con Gerardo y tres hijas. Había que trabajar para ayudar a la madre; por eso le sacó ésta de la escuela y le puso de aprendiz de sastre con el maestro Martín Pannuto, con vistas a que pudiera establecerse por sí mismo en la que fue sastrería de su padre.
 
Pannuto era bueno, pero tenía un oficial que era una cosa mala; mal encarado, brutote y de mala entraña. En cuanto se percató que el chiquillo era bueno, manso y que olía a beato se le revolvió la bilis: con cualquier motivo le injuriaba, le abofeteaba y hasta le golpeaba con la vara de medir. Con razón se lee en una lápida de mármol puesta encima de lo que fue sastrería de Pannuto: “Aquí estuvo el taller de Pannuto, del cual hizo Gerardo escuela de virtudes”.
   
Debió de estar hasta los quince años de aprendiz de Pannuto. A esa edad los milagros y las virtudes habían dado al muchacho fama de algo extraordinario: unos decían que era un santo; otros que era un loco. Como en tiempo de Cristo y... como siempre.
 
El primer milagro conocido es el que tuvo lugar varias veces en la pequeña iglesia de Capodigiano, dedicada a la Virgen de las Gracias.
 
No tendría Gerardo más de seis años: iba solito a rezar en aquella iglesita de las afueras; el Niño Jesús se bajaba de los brazos de su Madre y jugaba al escondite con el hijo de Benita: ¡cosas de niños! Luego, al despedirse, le daba un pan blanquísimo que puso en la pista a la madre y las hermanas para comprobar el hecho. Ahora la iglesia de Capodigiano es parroquia; la Virgen no es artística, pero tiene una gracia campesina propia del ambiente rural en que vive...
 
La afición de Gerardo a la oración, al ayuno, a la soledad y a los dolores de la pasión despertaron en él desde niño y cada día iban en aumento. La madre se desesperaba al ver que casi no comía y lo poco que tomaba lo mezclaba con hierbas amargas.
 
A los siete años, sin encomendarse a nadie más que a su amor a Jesús Sacramentado, se acercó a comulgar, pero el cura le puso mala cara y pasó de largo. Gerardo se quejó a Jesús y por la noche le dio la primera comunión nada menos que el arcángel San Miguel. La primera comunión oficial no la pudo hacer hasta los doce años, según costumbre de la época.
 
Cuando estuvo de aprendiz con Pannuto, el tiempo que no podía dar a la oración por el día lo daba por la noche. Era tío suyo el llavero de la catedral y se lo ganó para que le dejara las llaves, y se pasaba las noches enteras algunas veces. Allá oraba, se disciplinaba, cantaba y dormía; y hasta luchaba con los demonios que le querían asustar. Desde el sagrario le dijo Jesús: “¡Loquillo, loquillo!”. Gerardo le respondió: “Más loco eres Tú, que estás ahí encerrado por mi amor”.
 
Tuvo la santa obsesión de reproducir en su cuerpo los tormentos de la pasión: tomaba disciplinas de sangre, hacía que otros le azotaran y que le arrastraran los mozalbetes por las calles empedradas de Muro. Lo más difícil era que le crucificaran: pero también lo logró con motivo de representarse en la catedral el Viernes Santo cuadros vivos de la Pasión: a los verdugos les rogó que le ataran fuerte para que resultara más al natural.
 
Su ilusión era hacerse religioso; pero le rechazaban por su aspecto enfermizo, hasta los capuchinos, donde tenía cierta esperanza por ser provincial un hermano de su madre, fray Buenaventura de Muro.
 
A falta de convento aprovechó la oportunidad para ponerse a servir al obispo de Lacedonia, monseñor Albini, que era muy bueno, pero tenía un genio que no había quien resistiera en palacio más de dos meses. Gerardo, encantado, con tal de huir del mundo y tener una capilla con su Amigo encarcelado, como llamaba a Jesús Sacramentado. Y estuvo unos tres años, hasta la muerte de su señor. Fue célebre el milagro que hizo cuando, al ir a sacar agua del pozo público, se le cayó la llave de palacio dentro del pozo. Para que no se enfadara monseñor, descolgó a un Niño Jesús con la cuerda del pozo y el Niño le hizo limpio el mandado, subiendo del pozo con la llave en la mano: todavía se llama aquel pozo el Pozo de Gerardito.
 
Se puso otra vez a trabajar en varias partes y por fin pudo abrir la sastrería; pero los impuestos se la echaron abajo cuando la Real Cámara, con nuestro Carlos III, impuso un régimen implacable de tributación.
  
El año 1749 se le presentó ocasión de forcejear de nuevo por entrar en un convento: fue la misión de Muro predicada por 15 misioneros de los recientemente fundados por San Alfonso María de Ligorio, dirigidos por el venerable padre Pablo Cafaro. Gerardo se pegó a los misioneros con idea de ganárselos para que le admitieran; el padre Cafaro, austero y de voluntad férrea, le dió una rociada de negativas tajante. Avisada por él, la madre encerró a Gerardo el día de la marcha de los misioneros para que no se fuera con ellos; pero saltó por la ventana y los alcazó y logró su intento. Para quitárselo de encima lo mandó al convento de Deliceto el padre Cafaro, convencido de que no duraría una semana.
 
Pero se engañó. Creían que, como estaba siempre en oración o en éxtasis, no valdría para trabajar; pero trabajaba por cuatro. Lo cual no le impedía escalar las alturas de la contemplación y de todas las experiencias místicas.
 
Su obsesión de copiar la pasión de Cristo se hizo más impresionante: eran espantosas las disciplinas de sangre y la crucifixión, ayudado por los criados del convento, a los que convencía para que hicieran de verdugos diciéndoles que no le dolía, sino que sentía mucho gusto.
 
El teatro de estas escenas solía ser una gruta, o mejor una chabola, que todavía se conserva, aunque casi inaccesible, razón por la cual no puedo describirla en el interior, y que ya en el siglo XV sirvió para los mismos menesteres al Beato Félix Corsano.
 
A pesar de su altísima oración desempeñaba a la perfección todos los oficios, aunque la sastrería fue siempre su oficina propia. Sobre todo fue el recadista ideal que recorrió los pueblos sembrándolos de milagros, de ejemplos de santidad y de celo de apóstol.
 
Por amor a la obediencia adivinaba las órdenes o los deseos de sus superiores; la llevaba tan a la letra que había que andar con cuidado; un día en que un superior le dijo la expresión: “Ande y métase en un horno”, se metió en el horno del pan y se hubiera achicharrado allí si no le levantan la obediencia.
 
Simple lego como era se lo disputaban los párrocos, los conventos y los obispos para que fuera a arreglarles los asuntos de las almas. A veces iba con los misioneros ligorianos y confesaban éstos que hacía él con sus oraciones y con sus palabras y sus virtudes ­a veces con sus milagros­ más que todos los misioneros juntos. En los ejercicios que se predicaban en las residencias, Gerardo era un elemento decisivo; descubría con frecuencia las conciencias y no había pecador que se le resistiera. Fue una especialidad suya el enfervorizar los conventos de monjas, a veces bastante relajados, y ganar a muchas doncellas para esposas del Señor. Hay quien ha llamado a esta actividad de su celo su segunda vocación. En una ocasión llevó él mismo de una vez siete doncellas al convento. Con ocasión de sus salidas, para recados, para la postulación o para las misiones, a todas las jóvenes que podía las encaminaba a los conventos como medio para llevarlas a la perfección.
 
En mayo de 1754 fue víctima de una calumnia por parte de una joven; San Alfonso le llamó y, pareciéndole que la acusación presentaba indicios de verdadera, le impuso severos castigos; el más doloroso, privarle de la comunión. Hasta entonces había estado en residencia en Deliceto; con este vendaval de la calumnia fue de casa en casa sometido a encierro y vigilancia. Cuando, al mes y medio aproximadamente, apareció la verdad por retractación de los autores de la calumnia, le volvió a llamar San Alfonso y le preguntó con emoción: “¿Pero por qué no defendió su inocencia?”. Gerardo replicó con dulzura: “Es que la regla prohíbe excusarse cuando reprende el superior”. Aquella respuesta conmovió al santo fundador hasta las lágrimas y, entonces, más que por la fama de los milagros, comprendió que tenía un hermanito entre los suyos que era un santo de cuerpo entero.
 
Del paso por las casas en esta época dejó recuerdo indeleble por sus virtudes y por sus continuos éxtasis y milagros; fue célebre el que hizo en Nápoles metiéndose en el mar con capotto y todo, para traer hasta el puerto una barca de la mano, como a una criatura, cuando ya la daban por perdida en un galernazo imponente.
 
Su última residencia fue Materdómini, levantada en un alto sobre el pueblo de Caposele. Inmortalizó la portería con su caridad, que le valió el título de padre de los pobres, que le daban en toda la comarca. Entraba a saco por la despensa, la panadería y la cocina del convento; y cuando los encargados se iban a quejar al superior se encontraban con que había más abundancia que antes. Parecía que jugaba con Dios y su providencia a los milagros; así que el superior, padre Gaspar Caione, le dejó seguir los vuelos de su caridad. Delante de los pobres se extasió mientras un ciego tocaba la flauta y cantaba una letrilla piadosa. Todavía hoy se conmemora el milagro en la comida a los pobres en Materdómini, servida con frecuencia por algún prelado.
 
Murió víctima de la obediencia, saliendo a la postulación en pleno verano y con fiebre hética. Tuvo en un pueblo una hemoptisis y volvió a Materdómini deshecho; para morir. Esto era en la segunda mitad de agosto de 1755: el 16 de octubre entregó su alma a Dios. Su enfermedad fue una serie de prodigios; dieron entonces su más vivo resplandor sus grandes amores: la Pasión, la Eucaristía, la Santísima Virgen.
 
Después de su muerte siguió prodigando los milagros. Su sepulcro es un imán de peregrinaciones. La del año 1955, segundo centenario de su muerte, doy fe de que fue... una locura. Aun cuando la abundancia de milagros hacía esperar su pronta canonización, por circunstancias adversas no llegó hasta el año 1904.
 
Aunque sin tener una aprobación oficial, se le llama patrono de las madres; ya las primeras imágenes, luego de morir, llevaban la inscripción: Insígnis parturiéntium protéctor (Insigne protector en el trance de la maternidad).
 
Para terminar debo declarar que esta semblanza de San Gerardo está sacada de mi Vida de San Gerardo Mayela, documentada y crítica, publicada con motivo de los jubileos gerardinos de 1954 y 1955. Allí puede ver el lector la abundante bibliografía y los archivos consultados en Roma y Nápoles. Por no pasar los límites de esta semblanza, no traslado la nota bibliográfica y el detalle de los archivos consultados, además del abundante de su canonización, archivado en el Archivo de la Postulación de la Congregacion del Santísimo Redentor, en la Casa Generalicia de Roma. Pero por ahí puede deducir el lector que todo está basado en documentación auténtica y abundante, y que esta semblanza no es una Florecilla franciscana, aunque la figura del Santo es una tentación para pergeñarla.
 
Pero ya sabemos que los tiempos hipercríticos en que vivimos no están para ninguna clase de florecillas ni franciscanas ni ligorianas...
 
DIONISIO DE FELIPE, C. SS. R. En Año Cristiano, tomo III, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.
   
ORACIÓN
Oh Dios, que quisisteis atraer desde su juventud al beato Gerardo para hacerlo conforme a la imagen de vuestro Hijo Crucificado, haced, os lo pedimos, que al imitar sus ejemplos, reproduzcamos en nosotros este divino Modelo. Por J. C. N. S. Amén.

viernes, 7 de octubre de 2016

NOVENA EN HONOR A SAN GERARDO MARÍA DE MAYELA

ADVERTENCIA:
Este pío ejercicio (que como cualquier otro puede rezarse devotamente en cualquier momento del año), puede emplearse como novena del 7 al 15 de Octubre, como preparación a la fiesta de San Gerardo Mayela, o durante nueve lunes seguidos, el día consagrado a él.
    
NOVENA EN HONOR A SAN GERARDO MARÍA DE MAYELA
 
 
Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
 
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mío, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido: propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta: ofrézcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y así como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
  
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh glorioso San Gerardo!, doy gracias a Dios quien os ha coronado en el Cielo con tan grande gloria y os ha elevado a un trono tan excelso entre los Santos y Ángeles del Paraíso. Ahora, mientras gozáis de la bienaventuranza celestial, no os olvidéis de mí, vuestro siervo y devoto. Mirad los peligros que me amenazan, los males y miserias que me agobian. Emplead vuestro poder y valimiento cerca de Dios para socorrerme en mi necesidad. Dios, quien durante vuestra vida oía siempre vuestras súplicas, no desatenderá vuestros ruegos ahora cuando estáis cerca de Él en el reino de la gloria. Rogad por mí y obtenedme, por la intercesión de María Santísima, las gracias que os pido en este piadoso ejercicio. Amén.
  
DÍA PRIMERO – 7 DE OCTUBRE
MEDITACIÓN: SAN GERARDO Y EL NIÑO JESÚS
A la edad de seis años, el niño Gerardo fue a postrarse ante la imagen de María, venerada en la capilla de Capotiñano. De pronto vio animarse la estatua de la Virgen, y que el Niño Jesús se desprendía de sus brazos, acercándose a jugar con él. Terminado el juego, el Niño Dios le dio un panecillo que Gerardo llevó a su casa diciendo a la madre: “El niño de una señora me ha dado este panecillo”. El caso se repitió varias veces y fue observado por la hermana y la madre de Gerardo.
 
REFLEXIÓN
Considera cómo queriendo el Señor, que es admirable en sus Santos, hacer de San Gerardo un prodigio de su poder y de su gracia, le enriqueció desde su nacimiento con bendiciones celestiales y particulares gracias. Mas ¿de qué le hubieran valido, de no corresponder a ellas, sino para su mayor ruina y condenación? Gerardo oyó en su tierno e inocente corazón la voz de Dios que le llamaba a la santidad, y desde entonces alimentó en su alma un deseo, siempre fervoroso y siempre constante, de llegar a la más alta perfección.
 
ORACIÓN PARA EL DÍA PRIMERO
¡Oh glorioso San Gerardo, Ángel de inocencia!, os saludo y felicito por aquella cándida pureza que habéis conservado intacta hasta la muerte. Gozáis ahora en el Cielo de la visión de Dios prometida a los que tienen puro el corazón. Yo, infeliz pecador, desde este lugar de peligros, tentaciones y seducciones, os invoco, implorando vuestra piedad y solicitando vuestra ayuda. Amantísimo patrono mío, San Gerardo, amparadme en las tentaciones, recordándome la presencia de mi Dios, y la necesidad de recurrir pronta y constantemente a la oración. Obtenedme el santo temor de Dios, a fin de qué huya de las ocasiones peligrosas y no dé nunca oído a la tentación. Alcanzadme también una filial devoción a María Santísima, la Reina de las vírgenes, para que por Ella protegido, guarde fielmente la pureza de corazón. Amén. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
 
INVOCACIONES A SAN GERARDO
 
℣. Oh San Gerardo, cuya santidad, bondad y milagroso poder han hecho nacer en mi corazón tan viva confianza,
℟. Rogad por mí, compasivo protector.
 
℣. En mis luchas contra el demonio, el mundo y las malas pasiones, para que consiga la victoria,
℟. Rogad por mí, compasivo protector.
 
℣. Si la costumbre de pecar impusiere a mi alma un yugo vergonzoso, para que, junto con la gracia, vuelva a hallar la santa libertad de los hijos de Dios,
℟. Rogad por mí, compasivo protector.
 
℣. Si tuviere la desgracia de abusar de los Sacramentos de la Penitencia y Eucaristía, para que, en adelante, confiese y comulgue con buenas disposiciones,
℟. Rogad por mí, compasivo protector.
 
℣. Si por la injusticia de los hombres, me viere blanco y víctima de calumnias, vejámenes y malos tratamientos, para que perdone, olvide y devuelva bien por mal,
℟. Rogad por mí, compasivo protector.
 
℣. En las pruebas de la vida, enfermedades, pesares, falta de éxito, reveses de fortuna, para que lleve todo con resignación cristiana,
℟. Rogad por mí, compasivo protector.
 
℣. En el cumplimiento de mis deberes de estado, a fin de que, por amor a Dios, los desempeñe con entera fidelidad,
℟. Rogad por mí, compasivo protector.
 
℣. Para que practique las virtudes que santifican a los elegidos: la humildad, la caridad, la mortificación, la obediencia y el santo abandono a la voluntad de Dios,
℟. Rogad por mí, compasivo protector.
 
℣. Para que vuestros ejemplos de celo me lleven a emplearme con valor en la salvación del prójimo,
℟. Rogad por mí, compasivo protector.
 
℣. Para que muera en la gracia y amistad de Dios auxiliado por Jesús y por María,
℟. Rogad por mí, compasivo protector.
 
℣. Rogad por nosotros, San Gerardo.
℟. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
 
ORACIÓN
Oh Dios, que quisisteis atraer desde su juventud al beato Gerardo para hacerlo conforme a la imagen de vuestro Hijo Crucificado, haced, os lo pedimos, que al imitar sus ejemplos, reproduzcamos en nosotros este divino Modelo. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA SEGUNDO – 8 DE OCTUBRE
Por la señal de la Santa Cruz, etc.
Acto de contrición y Oración Preparatoria.
 
MEDITACIÓN: SAN GERARDO Y LA EUCARISTÍA
Muy niño aún, descubrió Gerardo un tesoro inestimable, el mayor en la tierra, Jesús Sacramentado. ¡Con qué gusto lo hubiera recibido en la Sagrada Comunión! Un día, arrastrado por una fuerza irresistible, fue al comulgatorio para comulgar con los demás fieles. El sacerdote, viéndolo tan pequeñito, pasó de largo y no le dio la Comunión. Gerardo se retiró llorando. En la noche siguiente, el Arcángel San Miguel, de quien era muy devoto, le trajo la Sagrada Comunión. Radiante de alegría lo manifestó diciendo: “Ayer el sacerdote no quiso darme la Comunión y esta noche vino a dármela San Miguel”.
 
REFLEXIÓN
Considera cómo San Gerardo, a imitación de su Padre San Alfonso, recibía la Sagrada Comunión con tanto fervor, y visitaba a Jesús Sacramentado con tanta frecuencia, que ya desde sus tiernos años mereció que le llamaran el Serafín de la Eucaristía.
   
Alma mía, si no visitas frecuentemente a Jesús Sacramentado, si no lo recibes en tu alma, es porque no le amas. Para todo hallas tiempo: para hablar con tus amigos, para divertirte en el mundo, para estudiar, para trabajar; sólo no hallas un cuarto de hora para visitar al Amante divino, que por amor tuyo está de noche y de día en este Sacramento de amor. ¿Hasta cuándo durará tu cruel abandono?
  
ORACIÓN PARA EL DÍA SEGUNDO
¡Oh glorioso y bienaventurado Gerardo!, me confundo al considerar tus virtuosos ejemplos y tu acendrada devoción al Santísimo Sacramento, comparándola con mi frialdad y poca fe delante de nuestro común Redentor. Bien quisiera yo poder amarle como tú le amaste, alcanzar tu fervor en mis comuniones, y tener aquel vivo deseo que tuviste en obsequiarle en esta mortal carrera, para conseguir por este medio las gracias que Tú conseguiste, y perfeccionar mi vida purificando mi alma con el fuego sagrado de la santa Eucaristía. Acudo hoy a implorar tu poderosa protección para poder salir del estado de tibieza en que he vivido hasta el presente, y espero por tu valimiento conseguir la gracia de ser más fervoroso en la recepción y visitas de este divino Sacramento. Amén. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

La Invocación y la Oración se rezarán todos los días.
 
DÍA TERCERO – 9 DE OCTUBRE
Por la señal de la Santa Cruz, etc.
Acto de contrición y Oración Preparatoria.
  
MEDITACIÓN: CONFIANZA DE SAN GERARDO EN DIOS
Un día que el obispo, su patrón, había salido a paseo, Gerardo cerró las habitaciones del prelado, y llevándose la llave, fue por agua a un pozo que había en la plaza pública. Por desdicha, al inclinarse sobre el brocal del pozo, se le cayó al agua la llave. “¡Qué dirá su señoría!”, exclamó Gerardo; “¡cómo se pondrá, cuando lo sepa!”. Luego oró un momento y voló a la sacristía de la catedral en busca de una estatuita del Niño Jesús. Ató al Niño con una de las cuerdas que en el brocal del pozo había, y poco a poco lo bajó al fondo del agua diciendo: “Niño mío; devuélveme la llave si no quieres que mi señor se enoje justamente conmigo”. Tiró Gerardo de la cuerda, y a los breves instantes se vio la estatua a flor de agua y, ¡oh maravilla!, entre sus manecitas traía el Niño Jesús la llave perdida.
 
REFLEXIÓN
Considera cuán grande debió ser la confianza de San Gerardo, quien obtuvo del Señor tan señalados favores y gracias tan extraordinarias. ¡Con qué seguridad –casi diría– con qué naturalidad procedía al obrar esos grandiosos milagros que esmaltan casi todas las páginas de su biografía! Alma mía, ¿confías en el Señor como debes? Y cuando pides al Señor y a los Santos alguna gracia, ¿ensancha la confianza tu corazón o entras en la oración con temores y recelos? Procura despegar tu corazón más y más de los bienes de la tierra y elevarlo más y más al Cielo. Oye cómo la Iglesia te exhorta todos los días por boca de sus ministros: “Sursum corda” (¡Arriba los corazones!).
  
ORACIÓN PARA EL DÍA TERCERO
¡Oh bienaventurado Gerardo!, considero vuestra firme e inquebrantable esperanza, que os sostuvo en medio de tantos peligros, y os comunicó, tan poderoso aliento para emprender, continuar y perfeccionar las obras admirables que ejecutasteis en servicio de Dios y en bien de las almas. Admiro vuestra confianza en aquel Señor Todopoderoso, que os confortaba a trabajar sin descanso durante vuestra mortal carrera, y a esperar la corona de justicia, que tiene preparada para los que pelean debidamente como buenos soldados de Cristo, y vencen con su gracia en los combates de esta vida.

Y si por mi falta de confianza no merezco conseguirla, os pido que primero me alcancéis aumento de esta misma virtud, para que, animado por ella, y consolado en mis presentes necesidades, venza también yo en mis espirituales combates, hasta poder llegar por este medio a la mansión de la Gloria. Amén. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
La Invocación y la Oración se rezarán todos los días.
 
DÍA CUARTO – 10 DE OCTUBRE
Por la señal de la Santa Cruz, etc.
Acto de contrición y Oración Preparatoria.
  
MEDITACIÓN: SAN GERARDO Y SU AMOR A DIOS Y A LA SANTÍSIMA VIRGEN
Era el tercer domingo de Mayo, y se celebraba solemnemente en la Catedral una fiesta a la Inmaculada Concepción. Expuesta se hallaba la imagen de María a la pública veneración; ya se disponían a sacarla en procesión, cuando Gerardo, que contaba a la sazón unos diecisiete años, después de haber orado con gran fervor delante de Ella, se levantó con el rostro inflamado como un serafín, abalánzase hacia la estatua, quítase el anillo que en el dedo llevaba, y con filial amor y sorpresa de los que la escena presenciaban, lo pasa a un dedo de la Virgen, exclamando de modo que lo pudiese oír toda la multitud reunida: “Vedme ya desposado con Nuestra Señora”, como si dijera: “Ya no me pertenezco a mí, soy de María y a ella le consagro irrevocablemente mi pureza virginal”. La Reina del Cielo aceptó la ofrenda de su fiel servidor y le alcanzó la gracia de guardar en cuerpo y alma, pureza de Ángel.
  
Había cerca del convento donde vivía nuestro Santo, un pobre ciego que cantaba con primor y tocaba la flauta con mucha maestría. Gerardo, que le conocía muy bien, cierto día le dijo: “Felipe, toca para alegrar a los pobres”. –“Y ¿qué toco?”, repuso el ciego.
– “Toca aquel cántico”, añadió el Santo, “que comienza:
En Ti; mi Dios, sólo ansío
Tu querer y nunca el mío”.
Apenas el ciego comenzó la melodía, Gerardo, como ebrio de alegría, comenzó a agitarse y a saltar, repitiendo: “Tu querer y nunca el mío”. Alzó los ojos al Cielo, extendió las manos y se levantó del suelo cual flecha disparada por robusto brazo.
 
REFLEXIÓN
Considera, alma cristiana, que el amor de Dios debe ser el principal motivo de todas nuestras obras y oraciones. ¿Amas a Dios con todas tus fuerzas? Acuérdate de lo que dice San Gregorio Papa: “La verdadera prueba del amor son las obras”. ¿Prueban tus obras que, amas a Dios? ¿Cumples siempre y sin reserva a ejemplo de San Gerardo la divina voluntad expresada en los mandamientos de Dios y de la Iglesia y en las particulares obligaciones de tu estado? ¿Te conformas con las disposiciones de la Providencia, en la hora de la prueba? No te canses de pedir al Señor el precioso don de su santo amor.
  
No es buen cristiano el que no ama de veras a María Santísima. María es la Madre de Jesús, y no puede preciarse de ser verdadero amante de Jesús el que no ama también a su Santísima Madre. Alma mía, ¿eres devota de la Virgen? ¿Tratas de honrar con tus obsequios a tu Madre del Cielo? La devoción a María –dicen los santos– es señal segura de pertenecer al número de los predeterminados a la Gloria. Pero no te olvides, alma cristiana, de que no eres verdadera devota de María si no huyes del pecado y la ocasión próxima de pecar.
 
ORACIÓN PARA EL DÍA CUARTO
¡Oh bendito y glorioso Gerardo, volcán de amor de Dios, serafín en la tierra, y dechado de todas las virtudes!, compadeceos de nosotros, que tan tibios nos hallamos en el servicio de Dios y tan fríos en la verdadera caridad; y ya que tanto podéis con el Dador de todo don perfecto, alcanzadnos la gracia de emprender eficazmente la práctica del amor a Dios, para qué, elevados por su medio sobre las cosas terrenas, lleguemos en esta vida a la consideración de las celestiales, y después de nuestra muerte a la posesión de la eterna mansión de la Gloria. Alcanzadnos también una tierna, constante y filial devoción a la Reina de los Ángeles. Ya que tanto habéis deseado en la tierra ver propagada en todas partes y en todos los corazones una devoción tan saludable, no lo habéis de desear menos ahora que estáis en el Cielo a los pies de vuestra Santísima Madre, contemplándola cara a cara, hablándola y obsequiándola como Ella merece; por tanto os suplicamos humildemente que os hagáis nuestro abogado para con Ella, a fin de que nos mire como tierna Madre, se compadezca de nuestras necesidades espirituales, y sobre todo, de nuestra falta de amor de Dios, y nos bendiga desde el trono que ocupa en la Gloria y, haciéndonos perseverar en el servicio divino y en la devoción hacia Ella hasta el último momento de nuestra vida, tengamos la dicha de llegar por su medio a la eterna mansión de la Gloria. Amén. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
La Invocación y la Oración se rezarán todos los días.
 
DÍA QUINTO – 11 DE OCTUBRE
Por la señal de la Santa Cruz, etc.
Acto de contrición y Oración Preparatoria.
  
MEDITACIÓN: SAN GERARDO EN LOS PELIGROS
Hallándose un día Gerardo a orillas del mar, oyó angustiosos gritos y clamores de gente que veía cómo las olas, agitadísimas por la tempestad, iban a echar a pique una lancha llena de tripulantes. Movido de compasión, hace el Santo el signo de la Cruz, echa hacia atrás el manteo y avanza sobre las aguas gritando: “¡En nombre de la Santísima Trinidad, detente!” Al punto quedó inmóvil la lancha, y acercándose Gerardo, como si la embarcación fuese leve corcho flotante, la trajo a la orilla, y salió del mar sin haberse siquiera mojado el hábito. “¡Milagro, milagro!”, gritaban todos; mas el Santo huyó a toda prisa y fue a esconderse en casa de un amigo. “¿Cómo –le preguntó luego el Superior– pudo sacar la lancha?”. “¡Oh, Padre mío –respondió Gerardo– cuando Dios quiere, todo es posible!”.
 
REFLEXIÓN
Alma mía, en las tempestades y peligros de la vida presente, ¿cuáles son tus cuidados para no sucumbir? ¿Te preocupas más por las cosas temporales que por las espirituales? Piensa que si llegas a salvar el alma, habrás salvado también el cuerpo y serás dichosa para siempre.
 
ORACIÓN PARA EL DÍA QUINTO
Protector mío San Gerardo, en medio de la felicidad de que gozáis en el Cielo no os olvidéis de vuestro devoto que gime aún rodeado de las miserias de este destierro. Mirad en cuántos peligros me encuentro de perder a mi Dios. Alcanzadme abundantes gracias para librarme del pecado y perseverar en la gracia de Dios hasta la muerte. Mirad compasivo las penas y amarguras en que me veo sumergido. Y ya que gozáis de tan gran poder y valimiento cerca de Dios, socorredme en mis necesidades, particularmente en la que os encomiendo. No digáis que no podéis socorredme. Dios, durante vuestra vida, oía siempre vuestras oraciones y obraba por vuestro medio grandes milagros. Ahora, en el Cielo, no os negará nada de cuanto le pidáis. Rogad por mí, glorioso Protector mío, y alcanzadme por la intercesión de la Santísima Virgen la gracia que os pido. Amén. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
La Invocación y la Oración se rezarán todos los días.
 
DÍA SEXTO – 12 DE OCTUBRE
Por la señal de la Santa Cruz, etc.
Acto de contrición y Oración Preparatoria.
 
MEDITACIÓN: SAN GERARDO CONVIERTE A LOS PECADORES
Cierto día encontró Gerardo a un joven aventurero que atentamente lo miraba. Llevaba el Santo un manteo remendado y una vieja sotana. El joven, creyéndole un mago, le preguntó: “¿Es usted un nigromante que va buscando tesoros?” Sorprendióse Gerardo con la demanda, pero pronto comprendió con quién se las había, y respondió: “Si quieres enriquecerte, yo te indicaré el modo”. Lo llevó a un bosque, y quitándose el raído manteo lo extendió en tierra, haciendo que el joven se arrodillara en él. “Te he prometido buscar un tesoro” –le dijo el santo Hermano– “¿quieres verlo?… Mira”. Y sacando un Crucifijo lo puso ante sus ojos diciéndole: “Éste es el tesoro que, tantos años ha, perdiste”. Pintó al desgraciado joven, con vivísimos colores, el triste estado de su alma. Éste, arrepentido, se puso a llorar amargamente, y cambió de vida, haciendo después una buena y santa confesión.
 
REFLEXIÓN
¿Procuras ser útil, en la medida de tus fuerzas, a las almas redimidas con la Sangre preciosa de Jesucristo? ¿Tratas al menos de hacer bien a los que viven en tu compañía, como son tus parientes y amigos, por medio de la oración, del buen ejemplo, de los buenos consejos, etc.? ¿Te interesas por la obra de las misiones, por la propagación de la fe y por otras santas empresas que tienen por fin la conversión de los infieles y la salvación de las almas? Acuérdate de las palabras del Apóstol Santiago: “El que hace que se convierta el pecador, salva su propia alma”.
  
ORACIÓN PARA EL DÍA SEXTO
¡Oh bienaventurado Gerardo!, considero vuestra extraordinaria caridad hacia vuestros semejantes, la que, descubriendo en los hombres la imagen de Dios grabada en sus almas, os movía a amar a todos, a favorecer a todos, a consolar a todos, aliviándolos en sus males, aconsejándolos en sus dudas, fortaleciéndolos en sus debilidades, dirigiéndolos en sus caminos, amonestándolos en sus faltas; sin perdonar desvelos y trabajos para socorrerlos en sus necesidades espirituales y corporales.
 
Os ruego, que me alcancéis verdadero espíritu de caridad y ese sincero amor que es el verdadero distintivo de los discípulos de Cristo Nuestro Señor, para que, consolado en mis presentes necesidades, amándonos todos sinceramente en esta vida, tengamos la dicha de estar un día reunidos inseparablemente en la bienaventuranza eterna. Amén. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
La Invocación y la Oración se rezarán todos los días.
 
DÍA SÉPTIMO – 13 DE OCTUBRE
Por la señal de la Santa Cruz, etc.
Acto de contrición y Oración Preparatoria.
 
MEDITACIÓN: SAN GERARDO, PODEROSO CONTRA LAS TENTACIONES DEL DEMONIO
Viajando un día de riguroso invierno, vióse Gerardo sorprendido por espesísima niebla en medio de los bosques. Perdió nuestro viajero el camino, y marchando sin rumbo fijo, advirtió de repente que se hallaba al borde de un precipicio. Quiso retroceder, pero en el mismo instante surge ante sus ojos un fantasma horrible que, con infernal sonrisa exclama: “Llegó, miserable frailecito, la hora de mi venganza; al fin has caído en mis manos, puedo hacer de ti lo que me plazca”. Era el demonio. Sobrecogido quedó Gerardo, pero poniendo su confianza en Dios tiende imperiosamente la mano hacia Satanás y le dice: “Bestia infernal, en nombre de la Santísima Trinidad te mando que tomes las riendas de mi caballo y me conduzcas hasta Lacedonia”. Rechinaron los dientes de aquel monstruo, crispáronsele los cabellos, pero la virtud de la Santísima Trinidad le forzó a servir de guía y escudero al siervo de Dios.
 
REFLEXIÓN
Alma mía, ¿confías en el Señor como debes? Has de saber que la oración es el gran medio de salvación, como la llama San Alfonso. ¿Y tú recurres a Dios en las tentaciones? ¿Qué haces para resistirlas? ¿Le pides al Señor, con fervor y asiduidad, te de fortaleza y perseverancia para combatirlas? “No será coronado” –dice el Apóstol– “sino el que combatiere como es debido”.
 
ORACIÓN PARA EL DÍA SÉPTIMO
¡Oh San Gerardo!, el Infierno se ha desencadenado contra mí; una furiosa tempestad ha levantado las pasiones de mi corazón. Me parece que empiezo ya a sumergirme. Mi corazón hace trato con el enemigo; mi voluntad no cuida casi más de la mano que la pueda socorrer, que podría arrancarla de las asechanzas de Satanás; y, para colmo de desgracia, mi lengua trabada no habla más ni a Dios para implorar su socorro, ni a los hombres para que me den algún buen consejo.
  
¡Tened piedad de mí, oh mi Santo Protector! Numerosas son las victorias que conseguisteis sobre el demonio: obtenedme la fuerza de triunfar a mi vez. Vos le mandabais como dueño; haced que yo no sea jamás su esclavo. Implorando el socorro de la Reina del Cielo, vencisteis al infierno; no permitáis, que en los asaltos que da el enemigo a mi alma, descuide de invocar a María. Quiero invocar a la Santísima Virgen; pero invocadla también Vos por mí, para que me proteja y me haga salir victorioso.
 
Asistidme, ¡oh San Gerardo!, ahora y en todo el curso de mi vida hasta mi última hora. Yo quiero poder en el Cielo bendecir vuestro caritativo socorro, que me habrá hecho merecer la corona de los elegidos. Amén. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
La Invocación y la Oración se rezarán todos los días.
 
DÍA OCTAVO – 14 DE OCTUBRE 
Por la señal de la Santa Cruz, etc.
Acto de contrición y Oración Preparatoria.
 
MEDITACIÓN: SAN GERARDO Y SU CARIDAD CON LOS POBRES
En todos sus viajes imploraba Gerardo el pan de cada día de la caridad pública. Al llegar cierto día a una humilde aldea, acercóse a la puerta de la casa de una pobre mujer, en demanda de limosna.
Perdone, por Dios, Hermano, –repuso la mujer– que ni siquiera tengo un mendrugo de pan”.
¡Cómo! –replicó el Hermano–, ¿qué no tiene nada? ¡Pues sí, tiene un arca llena de pan!”. “No tengo ni un pedazo”, tornó a decir la buena mujer, la cual, por obedecer a las reiteradas instancias de San Gerardo, alzó la tapa del arcón y lo halló lleno de sabrosísimos panes.
No quería creer lo que sus ojos veían; palpó los panes, y vio que eran verdaderos. En agradecimiento a tan gran favor, socorrió con muy buena limosna al que de manera tan prodigiosa acababa de favorecerla.
 
REFLEXIÓN
Alma mía, ¿amas a tu prójimo de veras, no sólo con palabras, sino también con obras? ¿Le ayudas en las penas y amarguras de la vida? Imita, ¡oh cristiano!, a San Gerardo, que no pudo ver a un prójimo en necesidad alguna sin socorrerle al instante.
 
ORACIÓN PARA EL DÍA OCTAVO
¡Oh glorioso San Gerardo! Dios ha recompensado magníficamente vuestra virtud y vuestra fidelidad haciéndoos poderoso auxiliador de los que sufren. Ya durante vuestra vida nadie que implorara vuestro socorro se retiraba de Vos sin consuelo. Dios ha colmado vuestro corazón de entrañable compasión para con las necesidades humanas, y no pocas veces ha puesto en vuestras manos los tesoros de su Omnipotencia. Llegasteis a ser Ángel de caridad consolando a los afligidos, socorriendo a los pobres y enfermos, amonestando y salvando a los pecadores. Alcanzadnos un corazón compasivo para con los necesitados y haced que con nuestras oraciones, trabajos y sacrificios, podamos contribuir a la conversión de los pecadores y salvación de las almas. Amén. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
La Invocación y la Oración se rezarán todos los días.
 
DÍA NOVENO – 15 DE OCTUBRE
Por la señal de la Santa Cruz, etc.
Acto de contrición y Oración Preparatoria.
 
MEDITACIÓN: GLORIOSA MUERTE DE SAN GERARDO
El día 15 de Octubre comulgó Gerardo por viático. A la caída de la tarde preguntó qué hora era; y cuando le dijeron que eran las seis, repuso: “Aún me quedan seis horas de vida”. Entre las 10 y las 12 perdió el conocimiento. Vuelto en sí, dijo al enfermero: “Pronto, Hermano, arroje usted a esos miserables”. Parece que éste fue el último asalto del Infierno. De repente serenóse su frente y lleno de júbilo exclamó el moribundo: “He aquí la Madre de Dios, honrémosla, honrémosla”; y arrodillándose en la cama quedó abismado en éxtasis. Después de media noche exhaló un profundo suspiro. El enfermero, advirtiendo que el enfermo entraba en agonía, llamó al sacerdote; y mientras éste le daba la postrera absolución, despedíase aquella alma de los lazos del cuerpo. Era la 1 de la mañana del 16 de Octubre de 1755. Gerardo contaba 29 años y medio de edad y seis de vida religiosa.
 
REFLEXIÓN
Todos confiesan que los Santos han sido verdaderos sabios, porque se han preparado a la muerte antes que la muerte llegase. ¿Y tú qué haces? ¿Quieres correr el riesgo de comenzar a prepararte a morir cuándo la muerte esté próxima? ¡Qué tormento te causará entonces la memoria del tiempo perdido, y mayormente del tiempo malamente empleado!
 
Puesto que es cosa cierta, hermano mío, que has de morir, póstrate luego a los pies del Crucifijo, y da gracias a Dios por el tiempo que te da, en su misericordia, para poner en orden tu conciencia. En cuanto a lo pasado, fíalo todo a los méritos de la Sangre de Jesucristo, que te da ahora estas luces porque quiere salvarte.
 
ORACIÓN PARA EL DÍA NOVENO
¡Oh bienaventurado Gerardo!, dignísimo hijo de San Alfonso, que entre los lirios de la inocencia más pura y las espinas de la más rigurosa penitencia os trasformasteis por la caridad en imagen viva de Jesucristo, reproduciendo en Vos sus divinas virtudes, y especialmente la humildad y la obediencia hasta la muerte: haced que a vuestra imitación, abrazado yo también con la cruz, me resuelva a seguir de veras los ejemplos que nos ha dejado nuestro común Redentor, convencido de aquella gran verdad: que el conformarse en todo y por todo con Él en la tierra es el único camino para llegar seguramente a gozar y reinar con Él en el Cielo. Amén. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
La Invocación y la Oración se rezarán todos los días.