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jueves, 14 de mayo de 2026

POR QUÉ HUBO 40 DÍAS ANTES DE LA ASCENSIÓN


«Cristo  ascendió cuarenta días después de su resurrección. ¿Por qué esperó tanto? Para mostrarse vivo tras su pasión, superando numerosas pruebas; para establecer la comunidad cristiana; para entregar al apóstol Pedro las llaves y el timón de la Iglesia; para instituir el sacramento de la penitencia y los demás que aún quedaban; para instruir a los apóstoles y prepararlos para la venida del Espíritu Santo; y, finalmente, para recomendarnos con mayor intensidad su caridad y humildad. En efecto, estas virtudes brillaron con mayor esplendor en el Señor en aquellos últimos días, cuando ya vivía la vida de los ángeles no solo en espíritu sino también en cuerpo, y aun así conversaba con frecuencia y gran familiaridad con sus discípulos, hombres mortales y humildes».

SAN ROBERTO BELARMINO. Ópera ómnia, Tomo IX. París, Editora Luis Vives 1872, pág. 237

jueves, 29 de mayo de 2025

LA ASCENSIÓN, CULMEN DE LA GLORIFICACIÓN DE CRISTO


La glorificación de nuestro Señor Jesucristo llegó a su término con su resurrección y ascensión. Su resurrección la celebramos el domingo de Pascua, su ascensión la celebramos hoy. Uno y otro son días de fiesta para nosotros, pues resucitó para dejarnos una prueba de la resurrección, y ascendió para protegernos desde lo alto. Tenemos, pues, como Señor y Salvador nuestro a Jesucristo que, primero, pendió del madero de la cruz y, ahora, está sentado en el cielo. Pendiendo de la cruz, pagó nuestro precio; sentado en el cielo, reúne lo que compró. Una vez que haya reunido a todos, obra que realiza en el curso del tiempo, vendrá al final de los tiempos, según está escrito: Dios vendrá manifiestamente (Ps. 48, 3). No vendrá encubierto, como la primera vez, sino al descubierto, según acaba de afirmarse. En efecto, convenía que viniese encubierto para ser juzgado, pero vendrá al descubierto para juzgar. Si hubiese venido al descubierto la primera vez, ¿quién hubiese osado juzgarle, mostrando a las claras quién era? Ya el mismo apóstol Pablo dice: Pues, si lo hubiesen conocido, nunca hubiesen crucificado al rey de la gloria (1.ª Cor. 2, 8). Y si a él no le hubiesen entregado a la muerte, no hubiese muerto la muerte. El diablo fue vencido en lo que era su trofeo. Él saltó de gozo cuando, sirviéndose de la seducción, arrojó al primer hombre a la muerte. Seduciéndolo, dio muerte al primer hombre; dando muerte al último, libró al primero de sus propios lazos.

La victoria de nuestro Señor Jesucristo se convirtió en plena con su resurrección y ascensión al cielo. Entonces se cumplió lo que habéis oído en la lectura del Apocalipsis: Venció el león de la tribu de Judá (Apoc. 5, 5). A él se le llama, a la vez, león y cordero: león por su fortaleza, cordero por su inocencia; león en cuanto invicto, cordero en cuanto manso. Este cordero degollado venció con su muerte al león que busca a quien devorar. También al diablo se le llama león por su fiereza, no por su valor. Dice el Apóstol Pedro: Conviene que estemos vigilantes contra las tentaciones, porque vuestro adversario el diablo ronda, buscando a quien devorar (1.ª Petr. 5, 8). Indicó también cómo hace la ronda: Cual león rugiente ronda buscando a quien devorar. ¿Quién no iría a parar a los dientes de este león si no hubiera vencido el león de la tribu de Judá? Un león frente a otro león y un cordero frente al lobo. El diablo saltó de gozo cuando murió Cristo, y en la misma muerte de Cristo fue vencido el diablo. Como en una ratonera, se comió el cebo. Gozaba con la muerte cual si fuera el jefe de la muerte. Se le tendió como trampa lo que constituía su gozo. La trampa del diablo fue la muerte del Señor; el cebo para capturarle, la muerte del Señor. Ved que resucitó nuestro Señor Jesucristo. ¿Dónde queda la muerte que pendió de la cruz? ¿Dónde quedan los insultos de los judíos? ¿Dónde la hinchazón y soberbia de los que ante la cruz agitaban su cabeza y decían: Si es el Hijo de Dios, que baje de la cruz? (Cf. Mt. 27, 40). Ved que hizo más de lo que le exigían ellos en chanza; en efecto, más es resucitar del sepulcro que descender de la cruz.

Y ahora, ¡qué gloria la suya al haber ascendido al cielo y estar sentado a la derecha del Padre! Por eso no lo vemos, como tampoco lo vimos colgar del madero, ni fuimos testigos de su resurrección del sepulcro. Todo esto lo creemos, lo vemos con los ojos del corazón. Se nos alabó por haber creído sin haber visto. A Cristo lo vieron también los judíos. Nada tiene de grande ver a Cristo con los ojos físicos; lo grandioso es creer en Cristo con los ojos del corazón. Si se nos presentase ahora Cristo, se parase ante nosotros, callado, ¿cómo sabríamos quién era? Y además, en caso de permanecer callado, ¿de qué nos aprovecharía? ¿No es mejor que, ausente, hable en el evangelio antes que, presente, esté callado? Y, sin embargo, no está ausente si se le aferra con el corazón. Cree en él y lo verás. No está ausente a tus ojos y posee tu corazón. Si estuviese ausente de nosotros, sería mentira lo que acabamos de oír: He aquí que yo estoy con vosotros hasta el fin de los tiempos (Matth. 28, 20).

SAN AGUSTÍN, Sermón 263 (21 en la edición de 1917 por Dom Germain –nacido Léopold Frédéric– Morin Baudry OSB del Códice de Wolfenbüttel, del siglo IX).

SECUENCIAS GALICANAS DE LA ASCENSIÓN


Antes de la reforma litúrgica hecha por el Concilio de Trento, era común que las fiestas más importantes tuvieran una (o más) secuencias. En el caso de la Ascención del Señor, se conocen tres: 

La primera, es atribuida al rey Roberto el Piadoso o a Germán Contracto (el autor de la Salve), y en algunos misales como el del Uso de Sarum en Inglaterra y en Francia estaba destinada al día de la Ascensión:
  
LATÍN
Rex omnípotens, die hodiérna
Mundo triumpháli redémpto poténtia,
Victor ascéndit cœlos unde descénderat.
 
Nam quadragínta póstquam surréxerat
Diébus sacris confirmans péctora
Apostolórum, pacis cara relínquens óscula.
 
Quíbus et dedit potestátem laxándi crímina, 
Et misit eos in mundum, baptizáre cunctas ánimas,
In Patris et Fílii et Spíritus Sancti cleméntia.
 
Et convéscens, præcépit eis ab Hierosólymis
Ne abírent, sed expectárent promíssa múnera:
Non post multos enim dies mittam vobis Spíritum Paráclitum in terra,
Et éritis mihi testes in Hierúsalem, Judǽa, sive Samária.
 
Et cum hoc dixísset, vidéntibus illis,
Elevátus est, et nubes clara
Súscepit eum ab eórum óculis,
Intuéntibus illis ǽthera.

Ecce stetére amícti duo viri in veste alba. 
Juxta dicéntes: Quid admirámini cœlórum alta?
Jesus enim hic, qui assúmptus est a vobis ad Patris déxteram,
Ut ascéndit, ita véniet, quǽrens talénti commíssi lucra.

O Deus cœli, maris, arvi! Hóminem quem creásti, quem fráude súbdola
Hostis éxpulit paradíso, et captivátum secum traxit ad Tártara, 
Sánguine próprio quem redemísti Deus, illuc et revéhis, unde prius corrúpit paradísi gáudia.
 
Judex cum véneris, judicáre sǽcula, 
Da nobis, pétimus, sempitérna gáudia in Sanctórum pátria. 
In qua tibi cantémus omnes Allelúja.
  
TRADUCCIÓN
El Rey Todopoderoso, en este día,
Habiendo redimido al mundo con poder triunfante,
Ascendió victorioso al cielo de donde había bajado.

Porque cuarenta días después de su resurrección, confirmó
A los Apóstoles en su corazón, 
Dejándoles resplandeciente ósculo de paz.
   
Les dio el poder de perdonar los pecados
Y los envió al mundo para bautizar a todas las almas,
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
  
Y reuniéndolos, ordenóles que de Jerusalén
No se fueran, sino que esperasen el don prometido:
«Dentro de pocos días os enviaré a la tierra el Espíritu Paráclito.
Y me seréis testigos en Jerusalén, en Judea y en Samaria».
   
Y dicho esto, subió a la vista de ellos,
Y una nube Le ocultó
De sus ojos mientras ellos
Miraban al cielo.
   
Y he aquí dos varones de pie, vestidos con albas vestiduras,
Decíanles: «¿Qué admiráis de los altos cielos?
Porque Jesús, que de entre vosotros subió a la derecha del Padre,
Como ascendió, vendrá a buscar la ganancia del talento confiado».
   
¡Oh Dios del Cielo, del mar, de los valles! Al hombre que tú creaste, el enemigo, con engaño sutil,
Lo expulsó del paraíso, y arrastró cautivo al Tártaro
Al que con tu Sangre redimiste para Dios, restituyéndolo de donde antes cayó de la alegría del Paraíso.
  
Oh Juez, cuando vengas a juzgar al mundo,
Suplicámoste nos des, el gozo eterno en la Patria de los Santos,
En la cual te cantaremos todos: aleluya.
  
****
   
La segunda, que tiene muchas referencias a la Sagrada Escritura y a los clásicos, es de la autoría de Notkero Bálbulo, de la abadía de San Galo. La secuencia es parte de la Misa Cíclica que compilada en los Códices de Trento, de entre 1450 y 1477.
  
LATÍN
Summi triúmphum Regis
Prosequámur láude,
Qui cœli, qui terræ regit
Sceptra inférni jure dímito.
Qui sese pro nobis rediméndis
Per magnum dedit prǽtium.
Huic nomen extat
Convéniens Ídithum.
Nam transílivit omnes
Trénue montes collículosque Bethel,
Saltum de cœlo dedit
In virginálem ventrem,
Inde in pélagus sǽculi.
Póstquam illud suo mitigávit
Potentátu, tetras
Phlegethóntis assíliit tenébras.
Príncipis illíus
Disturbáto império.
Manípulis plúrimis
Inde érutis,
Mundum illústrat suo jubáre.
Captivitátemque deténtam in ibi,
Victor duxit secum.
Et redivívum jam suis
Se prǽbuit servis et amícis.
Dénique saltum
Déderat hódie máximum,
Nubes pólosque cursu præpéti tránsiens.
Celébret ergo pópulus
Hunc diem crédulus
Cujus mórbida, Ídithum,
Córpora in semetípso
Altis sédibus cœli invéxit Dei Fílius.
Et tremens, júdicem
Expéctat adfutúrum,
Ut duo Ángeli fratres docúerunt,
Qui Jesus a vobis
Assúmptus est in cœlum,
Íterum véniet, ut vidístis eum.
Jam Ídithum nostrum vócibus
Sedúlis omnes implorémus,
Ut a dextris Patris qui sedet,
Spíritum mittat nobis sanctum,
In fine sǽculi,
Ipse quóque semper sit nobíscum.
  
TRADUCCIÓN
El ascenso triunfal honramos
De nuestro Rey Supremo,
Quien cielos y tierra gobierna
Por derecho, y sometió los cetros del infierno.
Quien a Sí mismo se entregó
A tan alto precio por nuestra redención.
A quien, con razón
También llamamos Iditún,
Porque con gran potencia saltó
Sobre todas las colinas y montañas de Betel.
Bajó del cielo al vientre de una Virgen, 
Y así al mar del mundo.
Tras apaciguarlo con su poder,
De un salto atacó 
La lúgubre oscuridad de Flegetonte,
De cuyo príncipe el gobierno perturbó;
Y con numerosas huestes en su séquito,
Salió para iluminar la tierra con su resplandor.
Y allí, de grillos atada,
Siguiendo al Vencedor llegó
La propia Esclavitud,
Y ahora Cristo, resucitado a la vida, 
Aparecióse a sus amigos y discípulos.
Finalmente, en este día,
Con el mayor de los saltos,
Sigue su curso raudo,
Sobre las nubes y los polos.
Por lo tanto, su pueblo fiel,
Cuya carne enferma Iditún,
El mismo Hijo, en su Cuerpo llevó
Hasta el altísimo trono de Dios.
Y el cual, con temblor, 
Al Juez venidero esperan,
Cual los dos Ángeles
A los hermanos enseñaron:
«Este Jesús, que de entre vosotros
Al cielo fue llevado,
Como Le visteis partir volverá».
Ahora todos, a nuestro Iditún,
Imploremos con ferviente voz,
Que sedente desde la diestra de Dios,
Nos envíe su Espíritu Santo,
Y que en el fin de los tiempos
También Él esté con nosotros para siempre. Amén.
  
****
   
La tercera es de la autoría de Adán de San Víctor, y en el Uso de Sarum en Inglaterra y en Francia estaba destinada al Domingo infraoctava de la Ascensión:
  
LATÍN
Póstquam hostem et inférna
Spoliávit, ad supérna
Christus redit gáudia;
Angelórum ascendénti,
Sicut olim descendénti
Parántur obséquia.

Supra astra sublimátur,
Non ápparet, absentátur
Córporis præséntia;
Cuncta tamen moderátur,
Cujus Patri coæquátur
Honor et poténtia.

Modo victor, modo totus
Est in cœlis constitútus
Rector super ómnia;
Non est rursum moritúrus
Nec per mortem mundatúrus
Hóminum contágia.

Semel enim incarnátus,
Semel passus, semel datus
Per peccátis hóstia,
Nullam feret ultra pœnam,
Nam quiétem habet plenam
Cum summa lætítia.

Cum recéssit, ita dixit,
Intimávit et infíxit
Tália discípulis:
Ite, mundum circúite,
Univérsos erúdite
Verbis et miráculis.

Jam ad Patrem meum ibo,
Sed sciátis, quod rédibo;
Véniet Paráclitus,
Qui disértos et loquáces
Et secúros et audáces
Fáciet vos pénitus.

Super ægros et languéntes
Manus vestras imponéntes
Sanitátem dábitis;
Univérsas res nocéntes,
Inimícos et serpéntes
Et morbos fugábitis.

Qui fidélis est futúrus
Et cum fide susceptúrus
Baptísmi remédium,
A peccátis erit purus
Et cum justis habitúrus
Sempitérnum prǽmium. Amen.
   
TRADUCCIÓN
Cristo, después de haber
Al adversario y al Infierno despojado,
Regresa a la eterna alegría.
Dispónense a honrarlo 
Los Ángeles mientras asciende
Como antes al descender.

Elevado sobre las estrellas,
Su corpórea presencia, ausentada,
No se muestra a humana vista;
Aunque del Padre, coigual
En honor y poder,
Recibe el dominio sobre todas las cosas.

Vencedor ahora, seguro ahora,
Es en el Cielo constituido
Emperador de cuanto hay;
Ya no ha de morir,
Ni por la muerte purificar ha
De los hombres el contagio.

Una sola vez se encarnó,
Una vez padeció, una vez se entregó
Como hostia por los pecados;
Ninguna pena soportará,
Porque tiene quietud plena
Con alegría suma.

Mientras ascendía, habló así,
Y esto intimó y grabó
En sus discípulos:
«Id, recorred el mundo,
Instruidlos a todos
Con palabras y milagros.

Ya voy a mi Padre,
Mas sabed que volveré,
Y vendrá el Paráclito,
Que elocuentes y claros de hablar,
Y seguros y audaces
Os hará pronto.

Daréis sanidad completa
Imponiendo vuestras manos
Sobre enfermos y débiles;
Y de enfermedad, toda cosa dañina, 
Enemigos y serpientes,
Ilesos escaparéis.

Cuantos en el futuro creyeren,
Y del Bautismo el remedio
Con fe recibieren,
De sus pecados serán limpios,
Y con los justos recibirán
El sempiterno premio. Amén».

viernes, 10 de mayo de 2024

SECUENCIA “Christo cœlos ascendénte”, DE LA ASCENSIÓN


Secuencia de autor desconocido, para la fiesta de la Ascensión del Señor. De acuerdo a los jesuitas Guido Maria Dreves y Clemente Blume en su obra de 1909 Ein Jahrtausend Lateinischer Hymnendichtung (Un milenio de himnodia latina), vol. 2, págs. 148-149, afirman haberla hallado en dos misales manuscritos del siglo XV, uno en Londres y el otro en Darmstadt.

LATÍN
Christo cœlos ascendénte
Cum triúmpho tam ingénte,
Tam præclára glória,
Cor non valet cogitáre,
Quántum inde jubiláre
Débeat Ecclésia.

Visu probat, quod credébat,
Spes præséntat quod spendébat,
Patéscunt mystéria;
Victor mortis redit sursum,
Cujus ruit in occúrsum
Læta cœli cúria.

Príncipi triumphatóri
Canunt spiritáles chori
Cœ́lica præcónia;
Vox in altum elevátur,
Et per vocem invitétur
Mens ad festa tália.

Áuctor nostræ láudis, Christe,
Nostræ láudi sic assíste,
Ut de tua grátia
Túaque cleméntia,
Nostri gestus et afféctus
Sint et motus et proféctus
Ad supérna gáudia
Semper finis néscia.
Allelúja.
  
TRADUCCIÓN
Cristo asciende al Cielo
Con tan gran triunfo
Y tan espléndida gloria
Que el corazón no logra pensar,
Cuánto debería la Iglesia
Alegrarse por ello.
   
Revelando los misterios
La vista prueba lo que creyó,
La esperanza presenta lo que gastó:
El vencedor de la muerte
Hacia las alturas regresa,
Corriendo a su encuentro
La alegre célica corte.

Coros espirituales cantan
Al príncipe triunfante
Con celestiales pregones;
La voz se eleva en lo alto,
Y por tales voces invita
A las almas a tal fiesta.

Cristo, Autor de nuestra alabanza,
Asiste así a nuestra alabanza,
Para que por tu gracia
Y tu clemencia
Nuestros gestos y afectos
Sean movimiento y progreso
A la suprema alegría
Que no conoce fin.
Aleluya.

miércoles, 29 de mayo de 2019

NOVENA EN HONOR A LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

Novena compuesta por el Padre Dr. Tadeo Galván, Catedrático de Vísperas y Vicerrector del Seminario de San Antonio Abad del Cuzco, e impreso en Lima en 1794 con aprobación del Obispado de Cuzco. Las meditaciones fueron tomadas del Arco Iris de Paz del Padre Fray Pedro de Santa María de Ulloa OP. Puede rezarse nueve días antes del Jueves de la Ascensión, o desde la Vigilia y durante toda la Octava.

NOVENA A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO EN EL MISTERIO DE SU ADMIRABLE ASCENSIÓN

   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, mi Dios, mi Salvador, mi Redentor, y objeto de todo mi amor. ¡Qué glorioso os contempla el alma, cuando os considera subiendo por esa región celestial a recibir de mano de vuestro Eterno Padre el honor, la corona y la dominación correspondiente a vuestros méritos infinitos! Vuestro amor os hizo bajar de los Cielos y salir del seno de vuestro Padre, os hizo sufrir tantas tribulaciones, dolores, afrentas y muerte en una Cruz, para que por este medio se nos franquease la bienaventuranza, de la que habíamos sido desposeídos por el primer pecado; pero ya, mi Jesús, ha pasado el tropel de vuestras aflicciones: el amargo Cáliz de vuestra Pasión, que por nosotros bebisteis amoroso se os ha convertido ya en eternas dulzuras y glorias, y revestido de vuestra inmortalidad subís triunfante de la culpa y del Infierno, después de haber despojado de su imperio al príncipe de las tinieblas; llevaos también por despojo este mi corazón, que hasta hoy ha sido siervo del pecado, y pues no suben con Vos nuestros vicios, y ninguna cosa inmunda ha de entrar en vuestro Reino, limpiarlo de sus manchas con esa mano poderosa y llena de clemencia, que yo de mi parte quiero desde luego purificarlo por medio de mi dolor y arrepentimiento, y digo que me pesa de haberos ofendido, y de haber sido tan ingrato a vuestras finezas: muera desde ahora mi deslealtad, y reinad en mi alma solo Vos, para que así consiga subir con Vos a gozaros eternamente. Amén.
   
ORACIÓN AL PADRE ETERNO
Oh Padre Eterno, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación: vuestra infinita bondad, y el amor indecible que nos tenéis os hizo que, compadecido de nuestras miserias, nos dieseis a vuestro Unigénito Hijo, a fin de que Él nos libertase del estado lamentable en que nos hallábamos por la culpa, a costa de tantos dolores y tormentos, porque fuésemos redimidos al precio infinito de su Sangre, del cautiverio en que tenía oprimida nuestra naturaleza. ¿Con qué dones y obsequios satisfaremos, Señor, tan grande amor? ¿Qué lengua, ni entendimiento, podrá acertar a daros las debidas gracias por un beneficio tan inmenso? No hay, ¡oh gran Dios!, caudal en nosotros para una digna retribución, aun cuando nos empleásemos eternamente en serviros y alabaros. Y pues no hay de parte nuestra cosa alguna con qué poder recompensaros dignamente, os ofrecemos los méritos de vuestro Divino Hijo, que son las prendas y tesoros que nos dejó para complaceros, os lo ofrecemos a Él mismo con todos sus dolores y penas, pues Él quiso ofrecerse a Vos en el ara de la Cruz por víctima para nuestra salud: os lo ofrecemos también triunfante y lleno de gloria, como lo veis subir a vuestro Divino Solio. Él va a ejercitar ante Vos el oficio de Abogado y protector nuestro, como nos lo tiene prometido, y esperamos que esos ruegos que escucháis con sumo agrado, por ser de vuestro Hijo dilectísimo, nos han de servir de defensa en las tentaciones, de aliento y vigor para poder levantarnos de las caídas en la culpa, de viático en nuestra peregrinación, y de escala para ascender a gozaros en la Gloria en donde vives y reinas con el mismo Hijo y el Espiritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
  
DÍA PRIMERO
Considera con San Buenaventura (Meditación de la Vida de Cristo, cap. XCIX) y San Vicente Ferrer (Sermón único sobre la Ascensión) cómo en aquel último convite que refiere San Lucas en el capítulo primero de los Hechos Apostólicos en que se halló el Señor con sus Apóstoles, le declaró era ya llegado el tiempo en que volviese al que lo había enviado y dejase el mundo, el cual pasado no lo verían más con la vista corporal: que se esforzasen y avivasen la fe para verle con los ojos del alma, a cuya vista no faltaría, porque estaba siempre con ellos, aunque se iba. Habiendo oído los Apóstoles estas palabras, fue grande la turbación y susto de sus corazones, y prorrumpieron todos en un llanto muy triste, y derramando muchas lágrimas le dijeron: «Bien sabéis, Señor, que por Vos dejamos cuanto teníamos, y dimos de mano a parientes, amigos, y a cuanto podíamos esperar en esta vida, y todo esto lo hicimos con mucho gusto, porque teniéndoos a Vos, nos teníamos por dichosos y bienaventurados, pero ahora que os vais, y nos dejais huérfanos y destituidos de vuestra presencia, ¿qué ha de ser de nosotros? ¿A dónde hemos de ir, ni a quién nos hemos de juntar, y más cuando todos nos aborrecen y desean vernos fuera del mundo? Llevadnos con Vos, y no nos dejéis en medio de nuestros enemigos». A estas quejas amorosas les repetiría el Señor aquellas palabras llenas de consuelo, que ya les había dicho la noche de su sagrada Pasión: «No se turben vuestros corazones, hijos míos, ni tengáis miedo, que no os dejo huérfanos ni desamparados, como pensáis. ¿Creéis en Dios? Creed en mí, que soy verdadero Dios, y si me creéis Dios, también debéis creer que no os puedo faltar. Voy, y vengo a vosotros, porque como ya os dije, ha de venir mi Espíritu sobre vosotros, y viniendo él, vengo Yo y viene mi Padre, y estaremos con vosotros, haremos mansión en vosotros, y en aquel día conoceréis cómo Yo estoy en mi Padre, y mi Padre en Mí. Si vosotros me amárais, os habríais de alegrar, porque voy a mi Padre, y así alegraos por ello, y juntamente por vuestro bien. Os conviene que me vaya, lo uno, porque voy a disponer y prepararos las sillas y el lugar donde habéis de descansar eternamente en mi compañía, y lo otro, porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Espíritu Consolador, mas así que Yo me vaya, os lo enviaré para que os enseñe y dé a entender la verdad, y entonces se alegrarán vuestros corazones». Estas, y otras palabras de gran consuelo y ternura les diría a sus discípulos el Señor para confortarlos, según meditan San Buenaventura y San Vicente. Ve tú ponderando cada palabra de por sí, y conocerás el espíritu de amor, de ternura y compasión que reina en tu Dios y Señor para con los que le aman y le sirven, y enamórate de tanta bondad y ternura.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh Señor! ¡Oh Rey de la Gloria! Ya llegó aquel dichoso día en que vuestro Eterno Padre os llama para daros el premio infinito que han merecido vuestras Santísimas obras para exaltar vuestra Humanidad Sacratísima sobre todos los Justos y sobre todos los Ángeles. Ya llegó el día en que entréis en vuestro Reino a tomar asiento a la diestra del Padre, que este solo es el lugar correspondiente a vuestra eterna habitación. Infinitos plácemes os doy por tanta gloria que gozáis. En esta vuestra partida tan gloriosa, y de tan grande regocijo para el Cielo y para la tierra, ¿qué festejos podré haceros, Amado mío? ¿Qué himnos os cantaré? ¿Con qué obsequios podré hacer se aumente la gloria de vuestra admirable Ascensión? Pero bien sé, dulcísimo Jesús, que la gloria que queréis recibir de mi mano es el cumplimiento de vuestra Divina voluntad, mas ya sabéis, pues Vos mismo lo habéis dicho, que nada bueno podemos obrar sin Vos: dejadnos pues vuestro Espíritu, dejadme ese Espíritu de caridad, ese Espíritu de Santidad y Celador de vuestro honor, para que sepa agradaros en esta vida, y después llegue a gozaros eternamente. Amén.
   
Tres Padrenuestros, y tres Avemarías con Gloria Patri, en reverencia de los treinta y tres años que habitó el Señor entre nosotros.
  
GOZOS
   
Como águila generosa
Remontas, mi Dios, el vuelo
Al Empíreo, pues el Cielo
Sólo es tu mansión dichosa;
Puesto que el alma ansiosa
Seguirte quiere, Señor:
Llévanos a donde vas,
Soberano Triunfador.
    
En alas de Querubines
Subes al Cielo glorioso,
Y ellos llenos de alborozo
Te hacen sagrados festines,
Gózome que así camines;
Y pues vas con tanto honor:
Llévanos a donde vas,
Soberano Triunfador.
   
¡Qué contentos y qué ufanos
Entre gozos excesivos,
Contigo van los cautivos
Que libertaron tus manos!
Despojos son soberanos
De tan gran Libertador:
Llévanos a donde vas,
Soberano Triunfador.
   
En coros muy concertados
Los Príncipes de la Gloria
Cantando ellos tu victoria
Descienden regocijados:
«Sean, dicen, alabados
Triunfos de tal vencedor»:
Llévanos a donde vas,
Soberano Triunfador.
   
Gime Luzbel abatido,
Porque su imperio tirano
Por tu brazo Soberano
Hoy se mira destruído;
Y pues nos has redimido
Del poder de este traidor:
Llévanos a donde vas,
Soberano Triunfador.
   
Dan voces con grande gozo
Los Ángeles, porque abiertas
Y apartadas sean las puertas
De ese Alcázar prodigioso,
Porque ha de entrar victorioso
Su Monarca y su Señor:
Llévanos a donde vas,
Soberano Triunfador.
   
ORACIÓN FINAL
¡Oh Amado Redentor de mi alma! ¡Oh León de Judá! ¡Oh Señor y Rey inmortal, vencedor de la muerte y del Infierno! Ruégoos, Señor mío, por aquel glorioso triunfo con que entrásteis victorioso en vuestro Reino, me deis fortaleza para vencer a los enemigos de mi alma, perdonéis la tibieza con que celebro este admirable Misterio, atendáis a mis humildes ruegos, y me deis vuestra Santa gracia, para serviros y agradaros hasta la muerte. Amén.
 
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración al Padre Eterno.
 
Considera, que como dice San Lucas, acabado el convite que fue en Jerusalén, los sacó de la ciudad, y los condujo al monte Olivete, y aunque Tomás de Vío Cayetano dice que el Señor les mandó se fuesen ellos, no obstante uno y otro se compadece según la contemplación de San Bernardo y San Vicente Ferrer, y es que el Señor les dijo que se fuesen al monte Olivete porque allí había de ser la despedida, mas ellos con el sentimiento que tenían, puedes considerar, le dirían estas palabras: «Señor, ya ves que es cerca de medio día, y saliendo todos juntos por medio de la ciudad, nos han de ver nuestros enemigos, y quizás nos estorbarán el paso, y no os podremos ver, por lo cual os rogamos nos acompañéis, porque con Vos nada tememos». Piensa que el Señor les concedió lo que pedían, y los ordenó su Majestad en forma de procesión, porque eran los que estaban juntos más de ciento, y así salieron del Cenáculo, yendo el Señor delante, y ellos en dos coros siguiéndole, y así pasaron por medio de Jerusalén a vista de todos sus enemigos, que como dice San Bernardino de Siena (Sermón I, art. I, cap. III), se quedaron pasmados así que vieron la Santa Compañía que pasaba por delante de ellos tan sin temor, y comenzaron a bramar de coraje y enojo contra ellos, pero el Señor les puso tan gran miedo y pavor, que se quedaron como atónitos mirándolos pasar sin atreverse a decir palabra. Pondera aquí cuán justamente temían los Apóstoles, y con cuánta razón suplicaron al Señor los acompañase. Toma tú ejemplo, Cristiano, y mira que andas entre muchos y más crueles enemigos, que son los demonios, el mundo y la carne, y teme mucho andar solo. Procura andar en gracia del Señor y traerle muy presente a cualquier parte donde vayas, que así se verificará en ti lo que dijo el Espíritu Santo, que «caerán mil a tu lado, y diez mil a tu diestra, mas ninguno se llegará a ti» (Salmo XC, 7), porque el Señor, que va contigo, los aterrará, y podrás decir justamente: El Señor está a mi diestra, para que no me asuste ni me perturbe: por esto se ensancha mi corazón, y la flaqueza de mi carne descansa en la esperanza de quien me ha de librar: Mas, ¡ay de ti si caminas solo!, porque si caes en manos de tus enemigos, ¿quién te librará? Sacó el Señor a sus discípulos de la ciudad y del peligro, y como dice San Buenaventura (Meditación de la vida de Cristo, al final), les dijo que prosiguiesen el camino del monte Olivete y le esperasen allí, y su Divina Majestad pasó por Betania y apareció a Lázaro y a otros amigos, y les mandó se fuesen al monte Olivete a juntarse con los demás. Pondera el amor del Señor, y cómo habiendo sacado del peligro a sus Apóstoles, mandó que prosiguiesen ellos por sí solos, para que veas cómo Él siempre está con los suyos en las tribulaciones; por eso solo se debían amar los trabajos, y abrazar cualquier género de adversidad.
  
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh mi Jesús! ¡Oh sagrado dueño mío! Disponed ya la dichosa compañía de vuestros amigos, para que celebren vuestra gloriosa Ascensión: Preveníos, felicísimos Patriarcas y Profetas del Altísimo, para acompañar a vuestro libertador, que os ha sacado de la prisión en que gemíais por espacio de tantos siglos. ¡Oh, qué dicha tan incomparable la vuestra, pues salís de la cárcel a tomar juntamente con vuestro Señor la posesión de su Reino lleno de eternas delicias! Preparad los dulces himnos con que habéis de celebrar sus victorias. Preveníos también vosotros, discípulos amados, para conducir a vuestro Divino Maestro hasta el Sagrado Monte, que pues fuisteis testigos de sus tormentos, ahora quiere lo seáis de sus glorias y de su triunfo. Preveníos vos, ¡oh María!, para el inmenso gozo que tendréis al ver al Hijo de vuestras purísimas entrañas volar con grande gloria y majestad al seno de su Padre. Preveníos para ver toda la celestial comitiva y toda la pompa con que se ha de elevar a esa región sagrada del Empíreo, que a Vos como a Madre suya nada podrá ocultarse. ¿Y yo, Señor, no os acompañaré con vuestros Apóstoles? ¿No iré con Vos, Señor, a veros subir, y encomendaros mi espíritu? ¿Me quedaré con Judas, excluido de tan santa compañía? ¡Ay de mí, que así me lo asegura mi vida desordenada y perversa! ¿Qué cadenas, qué prisiones son esas, mi Dios, que me estorban el caminar con Vos? ¿Pero cuáles han de ser éstas, sino mis culpas? Vos, Señor, que tenéis tanto poder, que quebrantasteis las puertas del Infierno a pesar de satanás, ¿no habíais de romper las duras prisiones de mis delitos? Ea, amor mío: rompedlas, para que pueda seguiros con libertad; rompedlas conmigo, rompámoslas los dos, Vos con vuestro fuerte brazo, y yo con mi dolor: vamos todos a ese monte sagrado, y veréis qué himnos os he de cantar, para que algún día logre yo también la felicidad de subir a gozaros en vuestro Reino. Amén.
  
Tres Padrenuestros, y tres Avemarías con Gloria Patri. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
 
DÍA TERCERO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración al Padre Eterno.
 
Considera el cuidado que tiene de los amigos, que si no hubiera pasado por Betania, se hubieran quedado Lázaro y los demás que estaban allí, y no le vieran en su triunfo: habíanle servido en sus trabajos, y así va el mismo Señor en persona a convidarlos para que le vean glorioso. Sírvele con la fidelidad que aquellos, que el Señor no te desamparará. Pondera el gozo que sintieron los Santos Padres al contemplar que ya era llegado el día en que habían de subir a la Gloria y tomar posesión de aquel bendito Reino eternamente. Aliéntate por esto al desprecio del mundo, y al amor de las cosas del Cielo, a las cuales te convida el Señor, si le sirves con fidelidad.
  
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh Divino Redentor! ¡Oh Señor, todo caridad y clemencia! ¡Qué liberal os mostráis en convidar vuestro Reino a los hijos de los hombres, para quienes vais a preparar las sillas y las eternas mansiones! Vuestra partida a los Cielos no sólo es para gloria vuestra, es también para que nosotros la gocemos. Esa vuestra Corte Celestial no sólo la conoceremos adelante como patria, sino también como herencia nuestra, porque Vos a costa de vuestra Pasión y Muerte habéis adquirido para nosotros el derecho que no teníamos a ella, y habéis abierto sus puertas con esas manos divinas, que fueron enclavadas en la Cruz por nuestro rescate. ¡Oh caridad incomprensible! Vos habéis puesto los méritos para que sea nuestro el premio; habéis trabajado para que percibamos el fruto; habéis peleado para que recibamos la corona. ¿Qué os obligó, mi bien, a tanto amor? De parte nuestra no hay merecimiento, porque en nosotros solo se hallan ofensas e ingratitudes. Pero bien se conoce que Vos obráis como quien sois, movido solo de vuestra bondad y misericordia. Ea, alma mía, aliéntate a corresponder esas finezas, amando a un benefactor tan grande. Seamos, Señor, amigos desde hoy, dadme esa mano soberana, y jamás me desamparéis, para que jamás os deje yo hasta aquel día dichoso, en que me llegue a habitar con Vos en vuestra Gloria eternamente. Amén.

Tres Padrenuestros, y tres Avemarías con Gloria Patri. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
     
DÍA CUARTO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración al Padre Eterno.
 
Considera cómo habiéndose congregado los Apóstoles, Discípulos y amigos del Señor, todos como ciento y veinte con Nuestra Señora en el Monte Olivete, postrados en tierra adoraron al Señor, y aunque la alegría de verle era grande, con todo eso la pena de ver que se les iba y los dejaba les hacía derramar muchas lágrimas. En donde puedes considerar que el Señor nuevamente les consoló con tiernísimas palabras y dulcísimas razones, asegurándoles el amor que su Padre les tenía, que le pidiesen en su Nombre lo que quisiesen y se les concedería, y que les dejaba a su Santísima Madre por su Protectora, en quien hallarían ellos todo consuelo y alivio. Y en esto puedes considerar que los llamó para sí, y con grande cariño y amor los fue abrazando, dándoles a besar sus sacratísimas manos y llagas, de las cuales era tanta la suavidad, olor y fragancia que salía, que les recreó inefablemente los corazones, y confortó las almas con incomparable deleite, con lo cual se templó la pena de los Discípulos, y ellos se confirmaron más en la fe, esperanza y amor de su Divina Majestad (Venerable Padre Luis de la Puente, Meditación de la Ascensión).
  
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh amorosísimo Jesús! ¡Oh Salvador amabilísimo! Caminad ya al seno de vuestro Eterno Padre, ofrecéos a Él por nosotros miserables, mostradle esas sacrosantas Llagas, cuyas señales lleváis más hermosas y resplandecientes que el Sol, en vuestras manos, pies y costado: a presencia de ellas se aplacará toda la ira del Señor, y no vendrán sobre nosotros los rayos de su Justicia; mas no sólo esperamos alcanzar auxilios eficaces para salir del pecado, y que nos lloverá por vuestra protección un abundante rocío celestial de gracias, porque ¿qué cosa podéis pedir compasivo de nuestra miseria a vuestro amoroso Padre, que Él os la niegue, en especial cuando le representéis que fuiste enviado por Él para remediar nuestros males? ¿Ni qué podremos pedirle por Vos, que no nos lo conceda? Así nos lo prometisteis, Señor, cuando asegurásteis que no no negará cosa alguna de las que le pidamos en vuestro Nombre. Vos os presentaréis en su solio como Sumo Sacerdote, ya no ofreciéndole la sangre de los animales, sino la vuestra misma. Cuando nos opriman las tentaciones, nos acercaremos llenos de confianza al trono de vuestra misericordia con el conocimiento de que Vos tolerasteis mayores angustias y congojas que nosotros. Estas consideraciones, mi Dios, nos sirven de consuelo y nos confortan en nuestro penoso destierro. Rogad a vuestro Padre especialmente por todos los que nos hemos congregado a celebrar el Misterio grande de vuestra admirable Ascensión, para que así logremos ser participantes de vuestra gloria. Amén.

Tres Padrenuestros, y tres Avemarías con Gloria Patri. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
     
DÍA QUINTO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración al Padre Eterno.
 
Considera que después de todo lo referido, elevó nuestro Señor sus manos Santísimas, como dice el sagrado texto, y dio su bendición a los Apóstoles y demás Discípulos, se elevó de la tierra, y subió a los Cielos mirándolo todos, hasta que una nube lo ocultó (Lucas XXIV; Actos I, 9). Atiende lo primero a estas palabras, «que elevó las manos y les dio su bendición». Elevó ambas manos, porque como dice San Basilio, hizo primero oración por ellos (Libro del Espíritu Santo, cap. XXXVII). Ya puedes entender que repetiría el Señor aquella que hizo antes de la Cena: «Padre Santo, guarda estos Discípulos que me diste. Cuando Yo estaba con ellos Yo los guardaba, mas ahora los dejo y vuelvo a Ti, y así te ruego por ellos: Yo vengo a Ti, y ellos quedan en el mundo, ruégote, Padre piadoso, que me los libres del mal, y me los santifiques en la verdad; y no solo te ruego por ellos, sino también por aquellos que por su predicación creyeren en Mí». Hecha la oración les dio su santísima bendición, formando sobre todos una Cruz con la mano derecha, como dicen muchos Doctores (San Gregorio Niseno, Oración sobre los Inocentes; San Jerónimo, De la vida de Moisés, etc.), o poniendo los brazos en cruz en el aire sobre todos ellos, como quieren otros, y fue para darles a entender, lo primero, que habían de cargar la Cruz, a la cual vinculaba su bendición; lo segundo, para que pusieren los ojos en sus Llagas, y con eso se les quedasen estampadas en los corazones y memorias, que es la ayuda para llevar la Cruz; y lo tercero, que poniendo sus brazos en Cruz sobre ellos, los abrigaba con las alas, como el ave a sus polluelos, para que a su sombra esperasen y confiasen en su Providencia, que no les había de desamparar ni faltar.
     
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh Monarca soberano de la Gloria! Subid victorioso a ese trono de luz inmarcesible que os tiene preparado vuestro Padre, y pues os vais de nuestra presencia y os apartáis corporalmente de la tierra, ruégoos que lleveis con Vos nuestros gemidos y lamentos, nuestras súplicas y oracones, para que las presentéis ante Él, juntamente con vuestros merecimientos infinitos. Esos brazos Divinos, que mis culpas extendieron sobre el madero de la Cruz, los extiende ahora vuestro amor incomparable, olvidando mi ingratitud, para que yo conozca que jamás me ha de faltar vuestro paternal amparo, cuantas veces os busque reconocido. Gózome, amor mío, al veros el alma con tanto honor acompañado de Ángeles y Santos, Patriarcas, Profetas, Reyes, y todos los demás Justos. ¡Oh, si fuese yo tan dichoso que mereciese también acompañaros! ¡En sagrada compañía, ejércitos celestiales, contemplad reverentes a nuestro adorable Redentor, alabadlo, glorificadlo y dadle todo honor, pues es infinitamente digno de todo obsequio y veneración! ¡Oh Monte Olivete, en que mi Señor puso sus plantas Divinas, cómo pudiera poner mi corazón bajo de ellas en lugar tuyo, para que como en ti quedasen impresas para siempre sus sacrosantas huellas, que así no pudieran borrarlas ni los halagos del mundo, ni las tentaciones, ni la persecución, ni la prosperidad! ¡Oh monte dichoso! Monte enriquecido con el precioso licor de la Sangre que sudó mi Jesús en la oración: en otro tiempo fuiste el teatro de sus penas y agonía, y ahora lo sois de sus triunfos y glorias, sea mi corazón tu imitador: Imprimid, Señor, en él la memoria de vuestra Pasión Santísima, para que vean también en él los triunfos de vuestra gracia, y después merezca los eternos gozos. Amén.

Tres Padrenuestros, y tres Avemarías con Gloria Patri. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
  
DÍA SEXTO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración al Padre Eterno.
 
Considera y atiende a las otras palabras que nos dice el sagrado texto, «que se elevó por el aire, mirándole los Apóstoles», e iba subiendo poco a poco, dice San Bernardo (De los grados de humildad, cap. I), y era porque el amor que tenía a sus Discípulos y Amigos lo atraía de abajo, dice el Santo, y parece que lo dieron a entender los Evangelistas, porque siendo de Fe Católica que subió por su propia virtud, uno de ellos dice que era llevado (Marcos XVI), como si dijese que era asido por otro (Lucas XXIV), era el amor que tenía a los suyos vehementísimo, y este amor era como una gruesa cadena que lo detenía, y así cuando el Espíritu Santo nos da a conocer la venida del Salvador al Mundo, dice en una parte, que venía saltando de monte en monte, y de collado en collado (Cánticos II, 8); y en otra dice que corría con pasos de gigante (Salmo XVIII), esto era cuando venía a vivir entre los hombres, y ahora, que se va a vivir entre los Ángeles, va tan despacio, que aparece que lo llevaran como por fuerza (Lucas XXIV, cf. Apocalipsis XII). ¡Oh amor abrasado y encendido de nuestro Dios! ¡Oh tibieza y frialdad terrible de nuestros corazones! Cargáronlo de oprobios, afrentas y azotes, crucificándolo entre dos ladrones, y con todo no hay quien lo pueda separar de entre los hombres, y si esto pasa entre aquellos rebeldes y obstinados judíos, ¿qué pasará con las almas que le aman y le sirven? ¿Quién podrá ponderar el amor con que las asiste? Por esto dijo que sus deleites eran estar con los hijos de los hombres (Proverbios VIII). Esto pasa en aquel amoroso pecho, mas en los pechos humanos sucede muy al contrario: por nada lo dejamos, cualquier gustom aunque solo tenga la apariencia de gusto, nos aparta de Él.
  
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh dulcísimo Esposo del alma! ¡Oh Padre amantísimo! ¿Qué es lo que os detiene para remontaros con rápido vuelo a esa región celestial? Sin duda que es el peso del amor que nos tenéis. ¿Es posible, Señor, que ni nuestras ofensas tan repetidas, ni los ultrajes que experimentasteis en vuestra adorable persona, hayan acelerado vuestro vuelo? ¡Oh amor infinito! Nosotros a porfía os agraviamos y repetimos las ofensas, ¿y Vos continuáis en amarnos, y multiplicáis finezas? Nosotros nos retiramos de esta hermosura, ¿y Vos dificultáis en apartaros de nosotros? ¡Oh corazón humano!, ¿qué haces que no te abrasas de amor? ¿Tan insensatos somos, Dios mío, que no acertamos a corresponderos? Extendidos los brazos os vemos subir, como el águila que provoca a sus polluelos a volar, alumbradnos, Maestro soberano: enseñadnos a tomar el vuelo en vuestra compañía, y esas demostraciones de vuestro amor no sean para mayor confusión nuestra en el Día del Juicio, sino para que sepamos corresponderlas. Avecillas canoras, que pobláis el aire, congregaos todas conformes a bendecir y alabar a vuestro Criador: vosotras que saludais al Sol cuando amanece, saludad a coros con dulces trinos y gorgeos al Sol de Justicia, que pasa por vuestra región. Ea Señor, llevadnos tras de Vos, correremos al olor de vuestros ungüentos, para gustar eternamente de vuestras dulzuras. Amén.

Tres Padrenuestros, y tres Avemarías con Gloria Patri. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
 
DÍA SÉPTIMO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración al Padre Eterno.

Considera en las otras palabras: «Que una nube lo ocultó a los ojos de los Discípulos», y esta nube, dijo Simón de Casia (Libro XIV, al final), que se puso delante de los Apóstoles, no porque el Señor la necesitase para subir, sin que como el Cielo estuviese con grandísimas ansias de recibir en sí al Señor, envió aquella nube que lo ocultase del mundo que lo atraía, y con eso entrase aprisa, y así dijo Cornelio Alápide que mientras los Apóstoles lo miraban, subía muy poco a poco, mas así que la nube se puso de por medio, subió como en un rayo, usando del dote de la agilidad, y en un instante llegó al Cielo Empíreo (Comentario en el cap. I de los Actos Apostólicos). Saca de aquí una consideración muy útil para tu alma, y es que mientras tuvieres limpios los ojos del alma y mirares a Cristo, no se apartará el Señor de ti y le tendrás, como la piedra imán detiene al acero. Por eso, habiendo el Esposo ponderado la hermosura y pureza del Alma santa, dijo que quien con más fuerza le hacía volar a su corazón era la vista de sus ojos, esta era como un escuadrón armado que lo detenía, cautivaba y no lo dejaba ir (Cánticos VI, 4). Esto acontece en el Alma pura y limpia, pero en atravesándose de por medio la nube de la culpa, entonces vuela, y como rayo se retira. La nube que ocultó al Señor era de gloria, formada de resplandores del mismo Señor, como dice Cayetano, o como otros dicen, una nube milagrosa, pura y transparente, y si esta nube de tan nobles calidades esconde al Señor, y hace que con tanta velocidad se aparte de sus Amigos cuando se pone por medio, ¿qué no hará la nube del pecado y la putrefacción del amor terreno de las creaturas corruptibles? ¿Qué no harán la gloria vana del Mundo, y los lucimientos mundanos? Mira que no te dejen cegar: arroja esas cosas, que te esconderán al Señor, y por más que apliques la vista, no lo verás ni le hallarás, porque se ausentará en no viendo tu alma limpia y pura.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh Soberano Maestro! ¡Oh Caudillo invencible! ¡Qué lágrimas no debíamos derramar al ocultársenos vuestra hermosura, y vernos privados de vuestra presencia corporal, pero el amor que nos tenéis no nos permite llorar vuestra ausencia, cuando por consolarnos compasivo nos aseguráis que no nos dejáis huérfanos, porque aunque os vais, también venís a nosotros con frecuencia. Caminad, Señor, a ilustrar esos Cielos: caminad, que os desean ansiosos los Ángeles para el aumento de su gloria: caminad, que ya os aguarda vuestro Padre con los brazos abiertos para recibiros, para colocaros dignamente a su diestra y daros el imperio y la dominación sobre todo lo creado, y pues nos habéis prometido vuestra asistencia, y os habéis hecho cargo de ampararnos y de remediar nuestras miserias, no permitáis que se hallen en nosotros las nubes tenebrosas del pecado que nos aparten de Vos, y nos impidan el teneros a la vista; enviadnos vuestras luces, sagrado Sol de Justicia, que así sabremos seguiros, y no erraremos vuestros caminos. Astros resplandecientes, que sois habitadores del lugar por donde ha de transitar con sus celestiales cortesanos el Rey de la Gloria, avivad vuestras luces, y adornaos con nuevos brillantes resplandores, porque ha de pasar por entre vosotros aquel Divino artífice que os dio tanta hermosura. Vosotros cuando Él expiró en el Calvario, os vestisteis de triste luto, escondiendo vuestras luces: justo es que os vistais de gala cuando se celebran sus sagradas victorias. Detended vuestro curso, y congregados salid al camino por donde ha de pasar el Hombre Dios, llevando cautiva la servidumbre, y adoralo postrados. ¡Oh Señor!, ¿y cómo pudiéramos nosotros disponer los mayores festejos y aclamaciones para celebrar dignamente vuestro triunfo? Y pues nos falta el poder para ello, recibid nuestros deseos, y llevadnos a vuestra Gloria, para que allí os festejemos eternamente. Amén.

Tres Padrenuestros, y tres Avemarías con Gloria Patri. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
  
DÍA OCTAVO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración al Padre Eterno.

Considera en aquel triunfal aparato y gloriosa grandeza con que sube el Señor, de que habando en profecía el Salmista, dice que subió en un carro o carroza asistido de millares de millares de Ángeles (Salmo LXVII). Este era el carro triunfal en que subió nuestro Emperador: el acompañamiento era de innumerable multitud de Ángeles, dijo San Jerónimo, y Cayetano dice que eran los despojos de la victoria, y los prisioneros que libertó de la cautividad del mundo, los cuales dispuestos y ordenados a coros, cantaban dulcísimas alabanzas al Señor con grande júbilo y alegría inefable de todos: iba delante de todos estos escuadrones el Señor, como lo dijo por boca del Profeta Miqueas (cap. II, 3), y así que se acercó a los orbes celestiales, y como lo dice San Buenaventura (Meditaciones de la vida de Cristo, cap. C), no quedó espíritu bienaventurado alguno en la Gloria que no bajase a recibirlo. Venían todos por sus órdenes, y postrados ante el Señor con suma reverencia le adoraron, y luego juntos los que iban con los que venían, se ordenaron en dos coros, y empezó la música de voces e instrumentos, y fue prosiguiendo la más solemne, grande y gloriosa procesión que jamás vio la Corte militante ni triunfante. Ponte aquí a pensar, Cristiano, y trae a la memoria las fiestas, alegrías, regocijos, júbilos, danzas, clarines, trompetas, cajas, y cuanto pudieres alcanzar y entender de dulzura, suavidad y deleite, pompa, majestad, grandeza y aparato, tanto imagina en aquel gloriosísimo triunfo. Allí los Serafines y Querubines, los Tronos, Principados y Potestades de Cielo, todos hacen fiesta, todos cantan gloriosas alabanzas al Señor. ¡Oh, qué suavísimos ecos! ¡Oh, qué dulcísimas canciones suenan por todos esos orbes celestiales!

ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh Gran Señor de los Cielos y de la tierra! ¡Oh Hijo del Altísimo! Con qué grandeza y majestad entrais en vuestra Corte celestial para reinar en ella eternamente. El alma queda toda absorta y ocupada de gozo al contemplaros en tanta gloria. Digno sois, Divino Rey y Señor supremo, de recibir el honor que se os tributa, y cuando todas las criaturas se hiciesen lenguas y entonasen vuestras alabanzas, todo sería inferior a vuestro merecimiento. Ea, celestiales espíritus, pues vuestro Señor os adornó liberal de tanta Sabiduría, empleadla con especialidad en este día en admirable composición de sagrados metros, y de la más suave y armoniosa música: avivad vuestros sonoros instrumentos, que este triunfo del Salvador debe ser celebrado con la mayor solemnidad y pompa. Avivemos también nosotros nuestros afectos y entonemos alabanzas, pues nuestro Libertador entra a tomar posesión de su Reino. ¡Oh, cómo quisiera, Señor, cada uno de nosotros tener la destreza y sabiduría de todos los Ángeles, para excederlos en obsequiaros! ¡Oh Príncipes Angélicos que habitáis felices en la Corte del Altísimo!, abrid esas puertas resplandecientes de la Gloria, para que entre en ella el Rey de los Reyes y el Señor de los Señores a dominar, y a reinar sin fin. Prevenid los arcos triunfales que anuncien en todo su Reino su entrada victoriosa: adornad las hermosas calles y plazas de esa Celestial Jerusalén, para su majestuoso y sagrado recibimieto. ¡Oh Caudillo Triunfante! Hoy que es el día de vuestra coronación, lo es también de hacer mercedes: no queremos, Señor, perder tan bella vocación: concedednos la merced de vuestra gracia. Cuando los Reyes se coronan, hay indulto general para todos los reos: perdonadnos, piadoso Padre, nuestras iniquidades, para que limpios y purificados os agrademos en esta vida, y después os alabemos en vuestro Reino eternamente. Amén.

Tres Padrenuestros, y tres Avemarías con Gloria Patri. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
    
DÍA NOVENO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración al Padre Eterno.

Considera la entrada del Señor en la Corte Celestial, pero ¿qué entendimiento puede comprender, ni qué criatura puede ponderar cuán célebre, cuán gloriosa, cuán magnífica y soberana fuese? Llegó en fin nuestro glorioso Príncipe al trono de su Padre, y reconociéndose en cuanto hombre inferior, postrado a sus plantas adoró su Divinidad con suma reverencia, y puedes considerar que le dijo: «Padre Santísimo, Altísimo y amabilísimo, aquí teneis a vuestro hijo obediente a vuestro precepto. Bajé al mundo, manifesté a los hombres vuestro Santo y Divino Nombre, glorifiqué vuestra grandeza en la tierra, consumé la obra de la humana Redención que me habéis encargado, entré en batalla con el Príncipe del mundo, lo vencí, le quité el reino y lo arrojé fuera, lo dejé desarmado y en prisiones, y le quité el despojo de sus victorias, el cual pongo a vuestras Divinas plantas, a quien se debe toda reverencia, toda honra y alabanza. Vuestro es el Reino, que he conquistado; vuestro el Imperio, que he ganado; vuestra la potestad y el poder, con que yo vencí; vuestra es la gloria, vuestro el triunfo, y vuestra la victoria». Pondera y considera la alegría, el contento y amor con que el Padre recibiría a su Hijo, y cómo le da la mano, y cómo lo abraza, ensalza y engrandece mandando que toda la Corte Celestial celebre las gloriosas victorias de su Hijo: siéntalo a su diestra en su mismo trono sublimado y engrandecido con infinitas ventajas a todas las criaturas, luego le da la corona imperial, el cetro y el gobierno universal sobre todo lo criado: manda que todos los Cortesanos por sus órdenes y jerarquías, postrados a sus plantas le rindan la obediencia. Mira aquí, Cristiano, la humana naturaleza qué honrada es. Mira aquí la tierra sobre todos los Cielos, al hombre sobre todos los Serafines, y tu misma naturaleza sobre todos los Ángeles y soberanas jerarquías. Aprende aquí a despreciar todas estas bajezas, aprecia tu dignidad, reconócete miembro de aquella cabeza, y no quieras, degenerando de lo que eres, sujetarte a las vilezas. Mira, por último, y considera el gloriosísimo cuerpo de tu Redentor, encumbrado en aquel trono: mira aquella hermosura que alegra a todos los Ángeles, los cuales al verla tan resplandeciente y llena de luz, y absortos, y llevados del deleite y admiración, prorrumpieron sin cesar, diciendo: «Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los Ejércitos, lleno está el mundo, llenos el Cielo y la tierra de la Majestad de tu Gloria: viva, viva nuestro Rey en la altura y grandeza inaccesible de su trono», y así sucesivamente le alababan y alabarán eternamente.
  
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh Rey inmortal de los siglos! ¡Oh Señor de incomprensible Majestad! Recibid la Corona, el Imperio y la Dominación sobre todas las criaturas visibles e invisibles, y el mundo todo se goce de tener un Señor justo, sabio, poderoso y benigno. ¡Qué justamente os ciñe vuestro Padre lleno de amor la Corona, y pone en vuestra Divina mano el cetro del gobierno del Cielo y de la tierra! ¡Qué premio tan bien merecido! ¡Qué corona tan bien ceñida! ¿Con qué razones os daremos el parabién de vuestra exaltación? ¡Oh dichosos hijos de Adán, alegraos en el Señor!, démonos todos recíprocamente los plácemes, pues nuestra naturaleza ha subido con Cristo a colocarse en el mismo Solio de Dios sobre todos los Ángeles. ¡Oh inefable honor del hombre! ¡Oh dicha imponderable! No la ha concedido el Señor aun a los más elevados Serafines. ¡Oh Eterno Padre, infinitas gracias os damos por tan excelsa prerrogativa, como es la que habéis otorgado a nuestro linaje! Vos, piadosísimo Dios, habéis levantado a tan sublime dignidad a nuestra naturaleza, y ya no nos queda otra cosa que emplearnos eternamente en alabaros y bendeciros por tan inmenso beneficio. Bendito y glorificado seáis, ¡oh gran Dios!, pues ya por vuestra bondad, es vuestro Hijo Unigénito nuestro hermano según la carne; y pues nos vemos tan honrados de Vos, ya desde hoy renunciamos todas nuestras inclinaciones a los bienes de este mundo, y todo nuestro anhelo lo pondremos solo en Vos, que sois todo nuestro bien y nuestras riquezas, para que así lleguemos a vivir y reinar con Vos eternamente. Amén.
  
ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN PARA ESTE DÍA
¡Oh Sacratísima María, Madre dignísima de Jesús! Infinitos parabienes os damos por el honor inmenso que goza vuestro Divino Hijo. Cuando las madres ven logrados a sus hijos, es muy crecido el gozo de su corazón, ¿cuánto sería, Señora, vuestro júbilo, al ver con tanta gloria y majestad al Hijo de vuestras entrañas? Por este gozo os suplicamos, Madre amorosa, no os olvidéis de nosotros: Haced que se dilate vuestra alegría, al ver también logrados por vuestro Patrocinio a estos vuestros hijos menores, que os claman en este valle de tantas miserias, interceder por nosotros, y encaminadnos a esa Patria celestial, donde gozáis de vuestro Hijo eternamente. Amén.

Tres Padrenuestros, y tres Avemarías con Gloria Patri. Los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.

jueves, 9 de mayo de 2013

DE LA ASCENSIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

Desde APOCALIPSIS EL BLOG PARA LOS ÚLTIMOS CRISTIANOS
ASCENSIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
TOMADO DE LA "CATENA AUREA" (Santo Tomás de Aquino)

San Lucas cap. 24, 50-53:

Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos les bendijo; y aconteció, que mientras los bendecía, se apartó de ellos, y era llevado al cielo. Y ellos, después de haberle adorado, se volvieron a Jerusalén con grande gozo. Y estaban siempre en el templo, loando y bendiciendo a Dios. Amén. (vv. 50-53)



Beda
Omitiendo todo lo que el Señor había hecho con sus discípulos en el espacio de cuarenta días, el evangelista pasa del primer día de su resurrección al último día en que subió a los cielos, diciendo: "Los sacó fuera, hasta Betania". Ante todo, por lo que dice el nombre de la ciudad -que quiere decir casa de obediencia - entendemos que el que había bajado del cielo por la desobediencia de los malos, subió por la obediencia de los convertidos. Además, por el lugar que ocupaba la ciudad (que según se dice estaba a la falda del monte de los Olivos), porque la casa de la Iglesia obediente debía estar a la falda del monte mismo (esto es, de Cristo), en donde ha colocado los fundamentos de la fe, de la esperanza y de la caridad. Bendijo a quienes había mandado enseñar. Por ello sigue: "Y alzando las manos los bendijo".

Teófil 
Les infundió la fuerza que conserva hasta la venida del Espíritu Santo. Nos enseñó que cuantas veces nos separamos, encomendemos a nuestros súbditos a Dios por medio de las bendiciones.

Orígenes
El acto de levantar las manos y bendecirlos, significa que el que bendice debe estar adornado de buenas y heroicas obras, para bien de los demás; por esto levantó las manos al cielo.

Crisóstomo
Obsérvese que el Señor nos hace ver sus promesas. Había ofrecido que resucitarían los cuerpos; resucitó El de entre los muertos, y confirmó a sus discípulos en esta fe por espacio de cuarenta días. Ofreció también que seremos arrebatados al cielo, y probó esto también por medio de las obras. Prosigue: "Y aconteció, que mientras los bendecía", etc.

Teófil
Elías también parecía ser llevado al cielo, pero el Salvador mismo ascendió al cielo como precursor de todos para presentarse en su cuerpo sacratísimo como primicia ante el Padre. En este concepto, ya fue honrada nuestra naturaleza con todas las virtudes de los ángeles.

Crisóstomo
Pero dirás: ¿a mí en qué me interesa? Pues tú serás igualmente llevado a los cielos, porque tu cuerpo es de la misma naturaleza que el cuerpo de Jesucristo. Tu cuerpo, pues, será tan ágil, que podrá atravesar los espacios; porque así como la cabeza, es el cuerpo; como el principio, así el fin. Véase cómo fuimos honrados por este principio. El hombre era la clase más ínfima de las creaturas racionales, pero los pies se hicieron semejantes a la cabeza, fueron encumbrados en una torre real por virtud de Jesucristo, su cabeza.

Beda
Habiendo subido el Señor a los cielos y habiendo adorado sus discípulos el último lugar que pisaron sus pies, volvieron apresuradamente a Jerusalén, en donde se les había mandado esperar la promesa del Padre. Prosigue: "Y ellos, después de haberle adorado, se volvieron", etc. Estaban embargados de una grande alegría, porque después del triunfo de la resurrección, habían visto a su Dios y Señor penetrar en los cielos.

Griego
Y velaban, ayunaban y oraban, porque no descansando en sus propias casas, sino esperando constantemente la gracia de lo alto, estaban siempre en el templo, aprendiendo en él, entre otras virtudes, la piedad y la honestidad. Prosigue: "Y estaban siempre en el templo".

Teofilacto

Todavía no había venido el Espíritu Santo y ya hablaban espiritualmente. Al principio estaban encerrados, pero ahora ya no tenían inconveniente en presentarse delante de los príncipes de los sacerdotes, sin preocuparse de las cosas del mundo, antes bien, alababan todos a Dios, desestimando todo esto. Prosigue: "Loando y bendiciendo a Dios. Amén".

Beda

Obsérvese que San Lucas se distingue por el toro, entre los cuatro animales del cielo, porque el toro se ofrecía como víctima por los sacerdotes, y en atención a que se ocupó del sacerdocio más que los otros evangelistas. Además empezó su Evangelio por el ministerio sacerdotal de Zacarías en el templo, y lo concluyó con la reunión de los apóstoles en el templo, no ofreciendo sacrificios cruentos, sino como ministros del nuevo sacerdocio, alabando y bendiciendo a Dios, para prepararse así a recibir dignamente la venida del Espíritu Santo.

Teófil
Prosigamos imitándolos siempre en una vida santa, alabando y bendiciendo a Dios, de quien es la gloria, la dicha y el poder por los siglos. Amén.
NOTA: La "Catena Aurea" es una compilación de reflexiones hechas por los Padres y Doctores de la Iglesia sobre los Santos Evangelios.