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miércoles, 1 de julio de 2026

DE LA FORMA DE LA CONSAGRACIÓN DEL VINO EN LA MISA


Objeciones por las que parece que las palabras: «éste es el cáliz de mi Sangre, del nuevo y eterno testamento, misterio de fe, que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados», no son la forma adecuada de la consagración del vino.
  1. Como el pan se convierte en el Cuerpo de Cristo en virtud de la consagración, así también el vino en la Sangre de Cristo, como se ha demostrado anteriormente (cuestión 76, art. 1.º, respuesta a la objeción 2.ª). Pero en la forma de la consagración del pan se indica directamente el Cuerpo de Cristo, sin añadir nada más. Luego inadecuadamente se indica en esta forma la Sangre de Cristo de modo indirecto, al añadir cáliz directamente diciendo: «Este es el cáliz de mi Sangre».
  2. Aún más: no son de mayor eficacia las palabras que se dicen para la consagración del pan que las que se dicen para la consagración del vino, ya que las unas y las otras son palabras de Cristo. Pero inmediatamente de decir: «Esto es mi Cuerpo», queda realizada la consagración del pan. Luego nada más decir: «Este es el cáliz de mi Sangre», queda realizada la consagración de la Sangre. En cuyo caso, no parece que las palabras que siguen sean parte esencial de la forma, tanto más cuanto que pertenecen a las propiedades de este sacramento.
  3. El Nuevo Testamento parece pertenecer al mundo de la inspiración interior, como consta por el Apóstol en Heb. 8, 8.10, cuando cita las palabras de Jer. 31, 31.33: «Pactaré con la casa de Israel una alianza nueva…, pondré mi ley en su interior». El sacramento, sin embargo, se celebra de forma visible y externa. Luego no es adecuado que se diga en la forma del sacramento del Nuevo Testamento.
  4. Se dice que una cosa es nueva cuando todavía está cercana al principio de su existencia. Pero lo eterno no tiene principio en su existencia. Luego inadecuadamente se dice: «del nuevo y eterno», pues parece implicar contradicción.
  5. Es preciso evitar a los hombres las ocasiones de error, tal y como se recomienda en Is. 57, 14: «Quitad los obstáculos del camino a mi pueblo». Pero algunos erraron al pensar que el Cuerpo y la Sangre de Cristo están en este sacramento en sentido místico solamente (cuestión 75, art. 1.º). Luego es inadecuado que en esta fórmula se diga: «Misterio de fe».
  6. Más arriba se ha dicho que de la misma manera que el bautismo es el sacramento de la fe, así la Eucaristía es el sacramento de la caridad. Luego en esta forma debería haberse puesto caridad, y no fe.
  7. Todavía más: todo este sacramento, en lo que se refiere al Cuerpo y en lo que se refiere a la Sangre, es el memorial de la Pasión del Señor, según el texto de 1.ª Cor. 11, 26: «cada vez que comáis este pan y bebáis este cáliz anunciaréis la muerte del Señor». Luego no debió hacerse mención de la Pasión de Cristo y de su fruto sólo en la forma de la consagración de la Sangre, y no en la forma de la consagración del Cuerpo, teniendo en cuenta sobre todo que en Lc. 22, 19 dijo el Señor: «Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros» (1.ª Cor. 11, 24).
  8. La Pasión de Cristo, como se ha dicho (cuestión 48, art. 2.º; cuestión 49, art. 3.º), fue suficiente para todos y de su eficacia se aprovecharon muchos. De aquí que se debió decir «será derramada por todos» o «por muchos», sin que se añadiera «por vosotros».
  9. Las palabras con que se consagra este sacramento tienen eficacia por la institución de Cristo. Pero ningún evangelista escribe que Cristo haya dicho todas estas palabras. Luego no es adecuada la forma de la consagración del vino.
   
En cambio la Iglesia, instruida por los Apóstoles, utiliza esta forma de la consagración del vino.

Respondo: Acerca de esta forma hay dos opiniones. Unos, efectivamente, afirmaron que lo esencial de esta forma está constituido por las palabras: «éste es el cáliz de mi Sangre», y no por lo demás. Pero esta opinión no parece exacta porque las palabras que siguen son determinaciones del predicado, o sea, de la Sangre de Cristo, y por ello pertenecen a la integridad de la frase.
  
Por eso otros, con mejor criterio, sostienen que todo lo que sigue pertenece a la esencia de la forma, hasta la proposición: «cada vez que hiciereis esto», que pertenece al uso de este sacramento, por lo que esta proposición ya no es de la esencia de la forma. Y es por esto por lo que el sacerdote pronuncia todas las palabras que siguen con el mismo rito y con el mismo gesto, o sea, teniendo el cáliz entre las manos. Por otra parte, también en Lc. 22, 20 se intercalan las palabras que siguen entre las palabras de la primera parte, cuando se dice: «Este cáliz es la nueva alianza en mi Sangre».

Hay que decir, por tanto, que todas estas palabras pertenecen a la esencia de la forma. Pero las primeras palabras: «Este es el cáliz de mi Sangre», significan precisamente la conversión del vino en la Sangre, del modo que ya se dijo (art. 2.º) en la forma de la consagración del pan. Y las palabras siguientes designan el poder de la Sangre derramada en la Pasión, un poder que se efectúa en este sacramento y que se ordena a tres cosas. La primera y principal, a alcanzar la vida eterna, según el texto de Heb. 10, 19: «Tenemos plena seguridad de entrar en el santuario por el poder de su Sangre». Y para indicar esto dice: «nueva y eterna alianza». Segunda, a la justificación de la gracia, que es el fruto de la fe, como se dice en Rom. 3, 25-26: «A quien Dios ha propuesto como medio de propiciación por la fe en su Sangre… para que Él sea justo y justificador de los que creen en Jesús». Y para indicar esto se pone: «misterio de fe». Y tercera, para remover los obstáculos que impiden conseguir las dos cosas precedentes, o sea, remover los pecados, conforme a lo que se dice en Heb. 9, 14: «La Sangre de Cristo… purificará nuestra conciencia de las obras muertas», o sea, de nuestros pecados. Y para indicar esto añade: «que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados».
 
A Las Objeciones:
  1. La frase «Este es el cáliz de mi Sangre» es una expresión figurativa y puede entenderse de dos maneras. Una, como metonimia, tomando el continente por el contenido, en cuyo caso el sentido es: «Esta es mi Sangre contenida en el cáliz». Se hace aquí mención del cáliz porque la Sangre de Cristo se consagra en este sacramento como bebida de los fieles, algo que no es propio de la sangre, y por eso era necesario que se indicase aquí la sangre por el vaso del que uno se sirve para beber. Otra, como una metáfora, en el sentido de que por cáliz se entiende figurativamente la Pasión de Cristo, la cual embriaga como un cáliz, al decir de Lam. 3, 15: «Me ha llenado de amargura y me ha embriagado de ajenjo». Por lo que el Señor llamó cáliz a su propia Pasión en Mt. 26, 39 cuando dice: «Pase de mí este cáliz» cuyo sentido sería: «Este es el cáliz de mi Pasión». Y de esta Pasión se hace mención en la consagración de la Sangre por separado del Cuerpo, porque la Sangre se separó del Cuerpo por la Pasión.
  2. Puesto que, como se ha dicho ya (a la objeción 1.ª; cuestión 76 art. 2.º, respuesta a la objeción 1.ª), la Sangre consagrada por separado representa claramente la Pasión de Cristo, el efecto de la Pasión debía ser mencionado mejor en la consagración de la Sangre que en la consagración del Cuerpo, que es el que padeció. Lo cual también se indica cuando el Señor dice: «que será entregado por vosotros», como queriendo decir: «que por vosotros será sometido a la Pasión».
  3. El testamento consiste en disponer de la herencia. Ahora bien, Dios dispuso que había de dar a los hombres la herencia celestial por la virtud de la Sangre de Jesucristo, porque, como se dice en Heb. 9, 16: «Donde hay un testamento es necesario que intervenga la muerte del testador». Pero la Sangre de Cristo se nos ha dado a los hombres de dos maneras. Una, en figura, lo cual pertenece al Antiguo Testamento. Por eso el Apóstol, en el mismo lugar (v. 18), concluye: «Por donde ni el primer testamento fue ratificado sin Sangre». Lo cual consta por lo que se lee en Ex. 24, 7-8: «Después de haber leído todo lo mandado por la ley, Moisés asperjó a todo el pueblo diciendo: “Esta es la sangre del testamento que el Señor ha concluido con vosotros”».
       
    Otra, en su realidad, y esto pertenece al nuevo testamento, y es de lo que habla el Apóstol en el mismo lugar (v. 15) cuando dice: «Por consiguiente, Cristo es el mediador del nuevo testamento, para que, ocurrida la muerte, alcancen la promesa los que han sido llamados a la herencia eterna». Por tanto, aquí se dice en la forma: «Sangre del nuevo testamento», porque ésta se nos da no ya en figura, sino en su realidad. Por eso se añade: «que será derramada por vosotros». La inspiración interior deriva de la virtud de la Sangre en el sentido de que somos justificados por la Pasión de Cristo.
  4. Este testamento es nuevo por la novedad de su donación sacramental. Y se le llama eterno porque Dios lo tenía decretado desde la eternidad, y porque con él se consigna la herencia eterna. Además, la misma persona de Cristo, con cuya Sangre se nos otorga el testamento, es eterna.
  5. La palabra misterio se utiliza aquí no para excluir la verdad, sino para destacar su ocultamiento. Porque en este sacramento la misma Sangre de Cristo está presente de modo oculto, y porque la Pasión de Cristo fue prefigurada en el Antiguo Testamento de modo oculto también.
  6. La Eucaristía es sacramento de la fe en el sentido de que es objeto de fe. Porque que la Sangre de Cristo esté realmente presente en este sacramento, solamente puede afirmarse por la fe. La misma Pasión de Cristo justifica por la fe. Al bautismo, sin embargo, se le llama sacramento de la fe porque lleva consigo una profesión de fe. Pero a este sacramento se le llama sacramento de la caridad porque la significa y la causa.
  7. Ya hemos dicho (respuesta a la objeción 2.ª) que la Sangre consagrada separadamente del Cuerpo representa más claramente la Pasión de Cristo. Y, por eso, se hace mención de la Pasión de Cristo y de su fruto en la consagración de la Sangre, y no en la consagración del Cuerpo.
  8. La Sangre de la Pasión de Cristo no sólo tiene eficacia para los judíos elegidos, a quienes se les dio la sangre del antiguo testamento, sino también para los gentiles; y no sólo para los sacerdotes que realizan este sacramento, y para aquellos que lo reciben, sino también para aquellos a quienes se ofrece. Por eso señaladamente se dice: «por vosotros» judíos, «y por muchos», o sea, gentiles. O también «por vosotros, que lo coméis, y por muchos, por quienes se ofrece»?
  9. Los evangelistas no intentaban transmitirnos las formas de los sacramentos, unas formas que convenía mantener ocultas en la primitiva Iglesia, como dice Dionisio al final de su obra Jerarquía Eclesiástica, sino que intentaron tejer la historia de Cristo.
       
    Y, sin embargo, casi todas estas palabras pueden encontrarse en los diversos lugares de la Escritura. Porque la locución «éste es el cáliz» se encuentra en Lc. 22, 20 y en 1.ª Cor. 11, 25. En Mt. 26, 28 se dice: «Esta es mi Sangre del nuevo testamento que será derramada por vosotros para el perdón de los pecados». Las adiciones de eterno y misterio de fe se derivan de la tradición del Señor, llegada a la Iglesia a través de los Apóstoles, de acuerdo con lo que se dice en 1.ª Cor. 11, 23: «Yo recibí del Señor lo que os he transmitido».

SANTO TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica, parte III, cuestión 78, art. 3.º.

domingo, 24 de mayo de 2026

NATURALEZA, MISIÓN Y EFECTO DEL ESPÍRITU SANTO, SEGÚN SANTO TOMÁS DE AQUINO

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
  

Jesús dice: «El Paráclito, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todas las cosas y os explicará todo lo que os he dicho» (Jn. 14, 24) [1]. Aquí destaca tres aspectos del Espíritu Santo: primero, lo describe; segundo, describe su misión; tercero, su efecto.

1. La descripción del Espíritu Santo
Lo describe de diversas maneras: como Paráclito, como Espíritu y como Santo.
  • Paráclito: Él es así porque nos consuela, tanto ante la tristeza causada por las tribulaciones de este mundo: «Afuera hay batallas, adentro temores» (2.ª Cor. 7, 5), «Él que nos consuela en todas nuestras tribulaciones» (2.ª Cor. 1, 4). Y lo hace porque Él es Amor, haciéndonos amar a Dios y considerarlo el bien supremo: por esta razón soportamos con alegría los insultos, como se dice en Act. 8, 39: «Los apóstoles salieron de la presencia del Sanedrín gozosos, porque fueron considerados dignos de sufrir deshonra por el nombre de Jesús»; y en Mt. 5, 12: «Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa es grande en el cielo». Además, nos consuela ante la tristeza de los pecados pasados, de lo cual se dice en Mt. 5, 5: «Bienaventurados los que lloran». Y Él hace esto porque nos da la esperanza del perdón: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes perdonéis sus pecados, les serán perdonados» (Jn. 20, 23) y «Para consolar a los que lloran en Sion» (Isa. 61, 3).
  • Espíritu: Es porque mueve los corazones a la obediencia a Dios: «Cuando viene como un río caudaloso, impulsado por el Espíritu del Señor» (Isa. 59, 19); «Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios» (Rom. 8, 14).
  • Santo: Es porque nos consagra a Dios; de hecho, todas las cosas consagradas se llaman santas: «¿No sabéis que vuestros cuerpos son templo del Espíritu Santo?» (1.ª Cor. 6, 19); «El torrente del río alegra la ciudad de Dios» (Sal 45, 5).
  
2. La misión del Espíritu Santo
Luego, cuando dice: «A quien el Padre enviará en mi nombre», habla de su misión. No debe entenderse que viene a nosotros a través de un movimiento local, sino que debe estar en ellos, donde antes no estaba, de una manera nueva: «Envía tu espíritu y serán creados» (Sal. 103, 30) se entiende en el sentido espiritual. Pero nótese que el Espíritu Santo es enviado por el Padre y el Hijo [2]: para demostrarlo, Jesús a veces dice que el Padre lo envía, como aquí; a veces que Él mismo lo envía, como más adelante en el capítulo 16, 7: «A quien yo os enviaré». Pero nunca dice que es enviado por el Padre sin recordarse a sí mismo; por eso dice: «A quien el Padre enviará en mi nombre». Tampoco dice que el Hijo sea enviado por sí mismo, sin recordar al Padre; por eso dice: «A quien yo os enviaré del Padre». Pero ¿qué significa «en mi nombre»? ¿Acaso el Espíritu Santo será llamado el Hijo? Podría decirse que esto se expresa porque el Espíritu Santo fue dado a los fieles al invocar el nombre de Cristo. Pero es mejor decir que, así como el Hijo vino en el nombre del Padre —«Yo he venido en el nombre de mi Padre» (Jn. 5, 43)—, así también el Espíritu Santo viene en el nombre del Hijo. El Hijo vino en el nombre del Padre no porque fuera el Padre, sino porque era el Hijo del Padre; de ​​la misma manera, el Espíritu Santo viene en el nombre del Hijo, no porque se le llame Hijo, sino porque es el Espíritu del Hijo: «Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él» (Rom. 8, 9); «Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a vuestros corazones» (Gál. 4, 6). Esto ocurre debido a la consustancialidad del Hijo con el Padre y del Espíritu Santo con el Hijo. Además, así como el Hijo, viniendo en el nombre del Padre, sometió a sus fieles al Padre —«Nos has hecho un reino por medio de nuestro Dios» (Apoc. 5, 10)—, así también el Espíritu Santo nos ha configurado al Hijo, al adoptarnos como hijos de Dios: «Habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!» (Rom. 8, 15).

3. El efecto del Espíritu Santo
Finalmente, habla del efecto del Espíritu Santo, diciendo: «Él os enseñará todas las cosas». Porque así como el efecto de la misión del Hijo fue conducir al Padre, así también el efecto de la misión del Espíritu Santo es conducir a los fieles al Hijo. El Hijo, siendo la Sabiduría misma engendrada, es la Verdad misma: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn. 14, 6). Y por lo tanto, el efecto de esta misión es hacer a los hombres partícipes de la sabiduría divina y conocedores de la verdad [3]. El Hijo, por lo tanto, nos transmite la doctrina, siendo el Verbo; pero el Espíritu Santo nos hace capaces de su doctrina. Por lo tanto, dice: «Él os enseñará todas las cosas», porque todo lo que un hombre enseña externamente, si el Espíritu Santo no da entendimiento internamente, trabaja en vano: si el Espíritu no está presente en el corazón del que escucha, las palabras del maestro serán en vano: «La inspiración del Todopoderoso da entendimiento» (Job 32, 8). hasta el punto de que incluso el Hijo, hablando a través del instrumento de la Humanidad [4], no tiene efecto a menos que Él mismo obre interiormente por medio del Espíritu Santo. Pero nótese que arriba dice: «Todo el que ha oído del Padre y ha aprendido, viene a mí» (Jn 6, 45). Aquí explica la razón: porque uno no aprende a menos que el Espíritu Santo enseñe; es decir: quien recibe el Espíritu Santo del Padre y del Hijo, conoce al Padre y al Hijo y viene a ellos. Él nos hace conocer todo interiormente inspirándonos, guiándonos y elevándonos a realidades espirituales. De hecho, así como quien tiene un gusto contaminado no tiene un verdadero conocimiento de los sabores, así también quien está contaminado por el amor al mundo no puede saborear las cosas divinas: «El hombre natural no recibe las cosas del Espíritu de Dios» (1.ª Cor. 2, 14). Pero puesto que «sugerir» es propio de los inferiores (como los funcionarios en asuntos divinos), ¿es el Espíritu Santo, que nos sugiere, acaso inferior a nosotros? Según San Gregorio, debemos responder que se dice que el Espíritu Santo «sugiere» no porque nos infunda conocimiento desde abajo, sino porque secretamente nos da la fuerza para conocer. O bien enseña porque nos permite participar de la sabiduría del Hijo, y sugiere porque nos impulsa porque Él es Amor. O bien «os sugerirá todo» en el sentido de que osnrecordará: «Todos los confines de la tierra se acordarán y se volverán al Señor» (Sal. 21, 28). Porque debéis saber que algunas de las cosas que Cristo dijo a sus discípulos no las entendieron, y otras las olvidaron por completo. Por eso el Señor dice: «Os enseñará todas las cosas» (que ahora no podéis comprender) «y os las sugerirá» (que no podéis memorizar). Pues, ¿cómo habría podido el evangelista Juan, después de cuarenta años, recordar todas las palabras de Cristo que escribió en el Evangelio, si el Espíritu Santo no se las hubiera sugerido? [5].
  
SANTO TOMÁS DE AQUINO. Comentario sobre el Evangelio de San Juan, cap. XIV, 6.

NOTAS (Del editor)
[1] Verso del Evangelio de la Misa de Pentecostés (Jn. XIV, 23-31).
[2] El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. Este es un dogma de fe, afirmado por los Padres griegos y latinos, defendido por Santo Tomás de Aquino, definido en los Concilios de Lyon y Florencia, y enseñado expresamente por Urbano VIII, Benedicto XIV, León XIII y San Pío X.
[3] Cf. Concilio Vaticano I, Constitución dogmática “Pastor Ætérnus”, al final.
[4] San Pedro Crisólogo, El misterio de la humanidad de Cristo (Divino Oficio, Lecciones 7.ª, 8.ª y 9.ª del Oficio de Maitines del 18.º Domingo después de Pentecostés).
[5] Según la tradición, el Evangelio de Juan fue escrito alrededor del año 70 d. C., es decir, cuarenta años después del discurso de Jesús. Las palabras de Santo Tomás se refieren a la inspiración e infalibilidad de las Sagradas Escrituras y a la Tradición como fuente primaria de la Revelación.

sábado, 25 de abril de 2026

DESDE SAN AGUSTÍN, LA IGLESIA CATÓLICA REFUTA A PRÉVOST SOBRE LA PENA CAPITAL


León XIV Riggitano-Prévost envió ayer 24 de Abril un vídeomensaje a los participantes del evento conmemorativo de la abolición de la pena de muerte en el estado de Illinois en la Universidad DePaul de Chicago:
«Queridos amigos,
   
Me complace saludar a todos ustedes que se han reunido en la Universidad DePaul para conmemorar el decimoquinto aniversario de la decisión de abolir la pena de muerte en el estado de Illinois.
   
La Iglesia Católica ha enseñado consistentemente que toda vida humana, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, es sagrada y merece ser protegida. De hecho, el derecho a la vida es el fundamento mismo de todos los demás derechos humanos. Por esta razón, solo cuando una sociedad salvaguarda la santidad de la vida humana podrá florecer y prosperar (cf. Discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático Acreditados ante la Santa Sede, 9 de Enero de 2026).
   
En este sentido, afirmamos que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera tras la comisión de delitos muy graves. Además, se pueden desarrollar, y de hecho se han desarrollado, sistemas de detención eficaces que protegen a los ciudadanos sin privar por completo a los culpables de la posibilidad de redención (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2267). Por ello, el Papa Francisco y mis predecesores recientes insistieron reiteradamente en que el bien común puede salvaguardarse y las exigencias de la justicia pueden cumplirse sin recurrir a la pena capital. En consecuencia, la Iglesia enseña que “la pena de muerte es inadmisible porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona” (ibíd.).
   
Por lo tanto, me uno a ustedes para celebrar la decisión tomada por el Gobernador de Illinois en 2011, y también ofrezco mi apoyo a quienes abogan por la abolición de la pena de muerte en los Estados Unidos de América y en todo el mundo. Ruego que sus esfuerzos conduzcan a un mayor reconocimiento de la dignidad de toda persona e inspiren a otros a trabajar por esta misma causa justa.
   
Con estos sentimientos, invoco cordialmente sobre todos ustedes las bendiciones divinas de sabiduría, alegría y paz.
  
Gracias».
El mensaje fue en respuesta a que el presidente estadounidense Donald Trump anunció ese mismo día anterior incluir el fusilamiento, la silla eléctrica y la cámara de gas a los métodos federales de aplicación de la pena capital ante la escasez de insumos para la inyección letal; y que le cuestionaran el día anterior durante el viaje de regreso a Roma desde África sobre las ejecuciones de asesinos, traidores y espías por parte de Irán en el marco de la guerra que le libran los regímenes de Washington y Tel Aviv (extrañamente, la periodista estadounidense Anneliese Taggart de Newsmax TV no le preguntó por la nueva ley israelí que estableció la pena de muerte para los reos de “asesinato terrorista” –ley que, en la práctica, solo aplicarán a los palestinos y no a los judíos–).
   
El año pasado, cuando Roberto Francisco Riggitano-Prévost Martínez se convirtió en León XIV, emergió un mensaje de correo electrónico enviado al exgobernador demócrata Patrick Joseph “Pat” II Quinn Prindiville (gobernó entre 2009 y 2015) luego que abolió la pena de muerte en el estado de Illinois el 9 de Marzo de 2011, conmutando las condenas de los quince reos a prisión perpetua sin libertad condicional.
   

TRADUCCIÓN
«Estimado Gobernador Quinn, GRACIAS por su valiente decisión de promulgar la ley que elimina la pena de muerte. Sé que fue una decisión difícil, pero aplaudo su visión y su comprensión de este asunto tan complejo. ¡Cuenta con todo mi apoyo! Atentamente, Robert F. Prevost».
Quinn declaró en su momento que su decisión (elogiada entre otros por el Dalái Lama, el ex arzobispón anglicano sudafricano Desmond Mpilo Tutu, la religiosa Helen Prejean Bourg CSJ y el actor retirado Ramón Gerard Antonio Estévez Phelan “Martin Sheen”) fue inspirada en el cardenal Joseph Louis Bernardin Simione († 1996) y su postura de la “ética de la vida coherente”, con quién coincidía en el particular. Tan “coherente” era Quinn con su “catolicismo devoto” “católico devoto” que durante su mandato legalizó las “uniones homosexuales”celebró el Ramadán e inauguró un Museo y Centro Educativo estadual del “Holocausto”.
  
Contrario a ello, la Iglesia Católica ha enseñado y sostenido coherentemente que la pena de muerte, al igual que la legítima defensa y la guerra justa, constituye una excepción a la prohibición «no matarás» del quinto mandamiento de la Ley de Dios:
  • El Papa San Inocencio I, consultado por Exuperio, obispo de Tolosa, escribió:
    «Es importante recordar que el poder fue otorgado por Dios, y que para vengar el crimen se permitió el uso de la espada; quien lleva a cabo esta venganza es ministro de Dios (Rom. XIII, 1-4). ¿Qué motivo tenemos para condenar una práctica que todos consideran permitida por Dios? Por lo tanto, mantenemos lo que se ha observado hasta ahora, para no alterar la disciplina y para no parecer que actuamos en contra de la autoridad divina» (En Migne, Patrología Latina 20, col. 495).
  • El Papa Inocencio III, en su Profesión de fe a Durán de Huesca y demás valdenses convertidos, dice:
    «Declaramos que el poder secular puede, sin pecado mortal, imponer una sentencia de sangre, siempre que el castigo se lleve a cabo no por odio, sino con buen juicio, no de manera irreflexiva, sino después de una madura deliberación» (Carta Ejus exémplo a Ramón de Rocabertí, arzobispo de Tarragona, 18 de Diciembre de 1208; y Carta Cum inæstimábile prǽtium, 14 de Junio de 1210. En Denzinger 425).
  • Santo Tomás de Aquino, en su Suma contra los gentiles, dice:
    «Los hombres que tienen autoridad sobre otros no hacen nada malo cuando recompensan el bien y castigan el mal.
       
    Para aquellos que se niegan a obedecer las leyes de Dios, es correcto que la sociedad los reprenda con sanciones civiles y penales. Nadie peca al trabajar por la justicia, dentro del marco de la ley. Para preservar la concordia entre los hombres es necesario que se castigue a los malvados. Por lo tanto, castigar a los malvados no es malo en sí mismo.
       
    Además, el bien común es superior al interés particular de una persona. Por lo tanto, el interés particular debe eliminarse para preservar el bien común. Sin embargo, la vida de ciertos individuos perjudiciales constituye un obstáculo para el bien común, que es la concordia de la sociedad humana. En consecuencia, ciertos individuos deben ser eliminados de la sociedad mediante la muerte.
       
    Además, así como un médico busca la salud como fin en su labor, y la salud consiste en la armonía de los humores, del mismo modo, el gobernante de un estado busca la paz en su labor, y la paz consiste en la armonía de los ciudadanos. Ahora bien, el médico, con toda razón y de forma beneficiosa, extirpa un órgano enfermo si este amenaza la salud del cuerpo. Por consiguiente, el gobernante de un estado ejecuta a los hombres que causan enfermedades, con justicia y sin culpa, para que la paz del estado no se vea perturbada.
       
    Se prohíbe la ejecución injusta de hombres… Se prohíbe matar por ira… Se prohíbe ejecutar a los malvados dondequiera que no pueda hacerse sin peligro para los buenos» (Suma contra los gentiles, libro tercero, cap. CXLVI, 2-5).
  • El Catecismo del Concilio de Trento, al explicar el quinto mandamiento de la Ley de Dios, enseña:
    «Hay otro tipo de asesinato que también está permitido, son los homicidios ordenados por los magistrados que tienen derecho a la vida y la muerte para castigar a los criminales que los tribunales condenan, y para proteger a los inocentes. Por lo tanto, cuando cumplen sus funciones con equidad, no solo no son culpables de asesinato, sino que, por el contrario, observan muy fielmente la Ley de Dios que lo prohíbe. El fin de esta ley es, en efecto, velar por la conservación de la vida de los hombres; por consiguiente, los castigos infligidos por los magistrados, que son los vengadores legítimos del crimen, no tienden más que a poner nuestra vida en seguridad, reprimiendo la audacia y la injusticia con los suplicios. Esto es lo que hizo que David dijera: “De madrugada traté de exterminar a todos los pecadores, de extirpar de la ciudad de Dios a los obradores de iniquidad” (Salmo 100, 8)» (Catecismo del Concilio de Trento, 3204).
  • San Pío X resume lo anterior de esta manera:
    «Es lícito matar cuando se lucha en una guerra justa; cuando se ejecuta, por orden de la Autoridad Suprema, una sentencia de muerte como castigo por un delito; y, finalmente, en casos de defensa necesaria y lícita de la propia vida contra un agresor injusto» (Catecismo de San Pío X).
  • Y más recientemente, Pío XII, en su discurso a los participantes del I Congreso Internacional de Histopatología del Sistema nervioso (14 de Septiembre de 1952), expuso claramente que
    «Aun en el caso de que se trate de la ejecución de un condenado a muerte, el Estado no dispone del derecho del individuo a la vida. Entonces está reservado al poder público privar al condenado del “bien” de la vida, en expiación de su falta, después de que, por su crimen, él se ha desposeído de su “derecho” a la vida» (Acta Apostólicæ Sedis XLIV, pág. 787).
Ítem lo anterior, San Agustín (cuyo bautismo tuvo lugar un día como hoy de quien Riggitano-Prévost dice ser hijo espiritual y seguidor de su regla), si bien objetaba que en su aplicación muriera una persona inocente o que al condenado se le negase la posibilidad de arrepentirse de sus pecados (es de advertir para cualquier conocedor de la historia y del derecho que la administración de justicia en el Imperio romano contemplaba la tortura como un método de rutina para obtener pruebas –y eso hasta que el interrogador estuviese satisfecho con lo obtenido–, y se empleaban métodos de ejecución sumamente brutales y aterradores –aparte que no se ofrecía asistencia espiritual a los condenados–, por lo que no es de asombro que los primeros cristianos se opusieran a la pena de muerte EN LA FORMA APLICADA EN SU ÉPOCA) y de hecho llegó a pedir clemencia incluso para los circunceliones, aquel brazo armado de los herejes donatistas, sin embargo aceptaba la pena de muerte como una excepción legítima a la prohibición de no matar.
  • «Hay algunas excepciones, sin embargo, a la prohibición de no matar, señaladas por la misma autoridad divina. En estas excepciones quedan comprendidas tanto una ley promulgada por Dios de dar muerte como la orden expresa dada temporalmente a una persona. Pero, en este caso, quien mata no es la persona que presta sus servicios a la autoridad; es como la espada, instrumento en manos de quien la maneja. De ahí que no quebrantaron, ni mucho menos, el precepto de no matarás los hombres que, movidos por Dios, han llevado a cabo guerras, o los que, investidos de pública autoridad, y ateniéndose a su ley, es decir, según el dominio de la razón más justa, han dado muerte a reos de crímenes» (La ciudad de Dios, libro primero, cap. XXI).
  • «Algunos hombres grandes y santos, que sabían muy bien que esta muerte que separa el alma del cuerpo no se debe temer; sin embargo, según el parecer de aquellos que la temen, castigaron con la pena de muerte algunos pecados, bien para infundir saludable temor a los vivientes, o porque no dañaría la muerte a los que con ella eran castigados, sino el pecado que podría agravarse si viviesen. No juzgaban desconsideradamente aquellos a quienes el mismo Dios había concedido un tal juicio. De esto depende que Elías mató a muchos, bien con la propia mano, o bien con el fuego, fruto de la impetración divina; lo cual hicieron también otros muchos excelentes y santos varones no inconsideradamente, sino con el mejor espíritu, para atender a las cosas humanas» (Sobre el Sermón de la Montaña, libro primero, cap. XX, 64).
Baste lo expuesto para refutar a Bergoglio, Riggitano-Prévost, Prejean y tantos otros.

Rvdo. P. JORGE RONDÓN SANTOS S. Ch. R.
25 de Abril de 2025 (Año Santo de Cristo Rey).
Fiesta de San Marcos Evangelista; de San Aniano de Alejandría, Obispo y Mártir de la Fe; de los Santos Filón y Agatópodes, Diáconos y Mártires de la Fe; y de San Rústico, Arzobispo de Lyon. Rogativas Mayores. Bautismo de San Agustín de Hipona por San Ambrosio de Milán. Nacimiento de San Luis Rey de Francia. Tránsito del Venerable Pedro de San José de Betancur TOSF, fundador de la Orden Betlemita. Apertura del XVI Concilio de Toledo; inauguración de la catedral de Monreale (Sicilia); otorgamiento del título de ciudad a Antequera de Oaxaca (Méjico); fundación de las villas de Santa Fe de Jauja (Perú) y San Marcos de Arica (Chile).

sábado, 24 de enero de 2026

«TIMOTEO, GUARDA EL DEPÓSITO»: ADVERTENCIA PAULINA CONTRA LOS NOVADORES DOCTRINALES DE AYER (Y SOBRE TODO, LOS DE HOY)

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
   
San Pablo consagra obispo a San Timoteo (Fresco de Ludwig Glötzle en la catedral de San Ruperto de Salzburgo, Austria).
   
1. ¿Quién es Timoteo?
Timoteo, originario de Listra en Licaonia, de padre pagano y madre judía, instruido en las Escrituras, fue uno de los que San Pablo convirtió a Cristo durante su primera gran misión. El Apóstol lo eligió como su compañero de predicación (lo tuvo junto a sí aun durante la primera prisión romana) y, conferido el episcopado, le confió la Iglesia de Éfeso, que gobernó hasta el tiempo de Domiciano cuando fue lapidado en odio a la fe. La Iglesia Romana lo festeja el 24 de enero con el doble título de obispo y mártir. Sus restos están conservados en la catedral de Térmoli en la región de Molise (Italia). A él se dirigen dos cartas del epistolario paulino. La primera, escrita alrededor del año 65 en Laodicea, concluye con la siguiente advertencia de San Pablo: «¡Oh Timoteo!, guarda el depósito de la fe que te he entregado, evitando las novedades profanas en las expresiones o voces, y las contradicciones de la ciencia que falsamente se llama tal; ciencia vana que profesándola algunos, vinieron a perder la fe» (1.ª Tim. VI, 20-21).

2. ¿Cuál es el «depósito» que Timoteo debe conservar?
Así responde San Vicente de Lérins († 450): «¿Qué es el depósito? Es lo que te fue confiado, no lo que tú inventaste; lo que has recibido, no lo que has inventado; lo que no depende del ingenio sino de la doctrina; no de una apropiación privada, sino de la pública tradición; algo que ha llegado hasta ti, no que has producido; en lo cual no debes ser autor, sino guarda; no fundador, sino seguidor; no guía, sino imitador. Guarda, dice, el depósito. Conserva inviolado e intacto el talento de la fe católica. Lo que te fue confiado, consérvalo junto a ti, y sea por ti transmitido. Recibiste oro, transmite oro» (Conmonitorio, cap. XVII).

Santo Tomás de Aquino († 1274) agrega: «El depósito del hombre es todo bien que cada uno posee y que le fue confiado por Dios para que lo conserve y lo multiplique. Refiérese en particular a los prelados, que han recibido en depósito el cuidado del prójimo y de los fieles (Juan: “Apacienta mis ovejas”). Debe evitar los males que contaminan la fe. Como un príncipe seglar es puesto como custodio de la unidad del reino, así, el espiritual para la unidad espiritual. La paz del reino consiste en la justicia, mas la unidad de la Iglesia está en la fe; por eso lo amonesta principalmente a custodiar la fe» (Comentario sobre 1.ª Tim. VI, l. 4).

3. ¿Qué son «las novedades profanas en las expresiones o voces, y las contradicciones de la ciencia que falsamente se llama tal» que se deben evitar?
Santo Tomás de Aquino († 1274) responde: «La fe puede ser corrompida por la falacia. Esta puede nacer de las palabras o de los hechos. Por eso dice: “evitando las novedades profanas en las expresiones o voces”. Se tiene novedad cuando se introduce algo contra la fe. Así hizo Nestorio cuando usó el término Cristótocos (madre de Cristo) para negar que María fuese Madre de Dios (Teótocos). Otras veces, la fe es corrompida por razonamientos sofistas. Por eso dice: “y las contradicciones de la ciencia que falsamente se llama tal”, porque no es verdadera ciencia, sino aparente. La ciencia, por su naturaleza, considera solo las cosas verdaderas. Es imposible que la verdad sea contraria a la verdad; por tanto es iposible que lo que repugna a la verdad divina (que es la suma verdad) sea verdad» (Ibid.).

Para profundizar estos conceptos, es de mucha instrucción también un texto escrito por el gran exegeta antimodernista Mons. Francesco Spadafora († 1997).

lunes, 24 de noviembre de 2025

DE LA ABOMINACIÓN DE LA DESOLACIÓN, SEGÚN SANTO TOMÁS DE AQUINO


«Ya [Jesús] ha expuesto la destrucción; en esa parte afirma que llegará la consumación, y establece un preámbulo. Primero, presenta la profecía; segundo, la advertencia: “Que los que estén en Judea huyan a los montes”; tercero, el motivo de la advertencia: “Porque entonces habrá gran tribulación”. Así, dijo que llegará la consumación, cuando viereis la abominación de la desolación”, etc. ¿Qué es aquello a lo que se llama abominación? Se puede decir que es llamada abominación el ejército de los romanos, y son llamados abominaciones de la desolación, porque fueron los desoladores de la tierra. O por abominación se entienden los ídolos, y se puede hablar de un doble ídolo. Se lee que Pilato introdujo en el templo el águila, que era la insignia de los romanos, y que los judíos veían como una abominación. Por eso, cuando veáis el ídolo puesto en el lugar santo, podréis conocer el cumplimiento de la profecía de Daniel sobre la destrucción de Jerusalén. O se puede decir que Jerusalén fue destruida dos veces. Primero por Tito y Vespasiano, y luego el templo fue quemado, y aun así se dejó a algunos judíos. Luego otros se rebelaron enseguida, y entonces Adriano, que sucedió a Trajano, la destruyó completamente, y dio la ley que ningún judío habitase allí nunca más, y dio su nombre a la ciudad, y además puso un ídolo en el lugar sagrado. Por eso aquel ídolo, que puso Adriano, puede ser llamado abominación: por esto, cuando veáis estas cosas, etc. De este derribo basta Lamentaciones 2, 1. “El que lee, comprenda”. ¿Y por qué dice esto? Por que en aquella profecía de Daniel se dicen muchas cosas sobre la Pasión de Cristo. Estas palabras deben ser observadas, porque allí se lee: “Será muerto el Cristo y habrá en el templo la abominación de la desolación, y la desolación permanecerá hasta la consumación y hasta el fin”. Por esto quien vea, comprenda que tales cosas sucedieron.
  
“Entonces aquellos que están en Judea, huyan a los montes”. Da una advertencia útil. Y primero la da; segundo, señala los obstáculos para la huida. Porque algunos obstáculos son evitables, otros inevitables. Por eso dice: “Entonces aquellos que están en Judea, huyan a los montes”. Entonces, es decir, en el tiempo de Vespasiano. En aquel tiempo, un tal Agripa [Herodes Marco Julio Agripa II, N. del T.] gobernaba sobre los montes, y este obedecía a los romanos, no se rebeló contra ellos: por eso, mientras las otras naciones iban a la guerra, este y su gente estaban en paz. Por eso, por providencia de Dios fueron advertidos los fieles que estaban en Judea a retirarse e ir al reino de este Agripa, y así hicieron: por eso entonces, aquellos que están en Judea, esto es, los fieles, huyan a los montes; Zac. 2, 6: “Huid de la tierra del norte”, etc. Luego señala los obstáculos para la huida. Y como algunos obstáculos son evitables, otros no, por lo tanto, primero establece los peligros evitables; y en segundo lugar, los inevitables: “¡Ay de las que están encintas!”, etc. Lo evitable son los asuntos terrenales: algunos ocurren en la ciudad, otros fuera; por lo tanto, establece ambos. Según allí, “el que esté en el campo, que no regrese a tomar su abrigo”. Por lo tanto, dice: “y el que esté en la azotea, que no baje a tomar nada de su casa”; es decir, quien viva en la ciudad, aunque esté en la casa, que no regrese a tomarlo, etc. Asimismo, y el que esté en el campo , que no regrese a su casa a tomar su abrigo , es decir, lo necesario, porque todo lo que uno tiene lo dará por su vida. ¿Y por qué dice esto? Porque al acercarse la fiesta de la Pascua, muchos se reunieron en Jerusalén; sabiendo esto, Tito sitió la ciudad cuando estaban así reunidos. De ahí que quiera decir: tan pronto sucederá este mal que nadie podrá protegerse. Asimismo, pone obstáculos inevitables. Y porque había algunos inevitables por el poder de los hombres y simplemente, algunos, aunque inevitables, sin embargo evitables por el poder de Dios; por lo tanto, primero de los primeros; segundo de los segundos, orar, etc. Lo que, cuando ocurre, no se puede evitar de ninguna manera, es la carga de los niños. Porque aunque se le podría decir a alguien: “salva tu vida”, podría decir: “¿cómo puedo dejar a mi hijo?”. Por lo tanto, explica esto: “¡Ay de las que están embarazadas y amamantando!”, porque las tales no podrían huir, porque ni se les dijo que procuraran el aborto, ni a las que están amamantando que mataran a sus hijos; y así se cumple lo que se dice en Lc. 23, 29: “bienaventurados los pechos que no amamantaron”. Asimismo, hay otros impedimentos donde el hombre no puede encontrar un remedio excepto a través de Dios. Porque algunos tiempos son inadecuados ya sea por naturaleza o por ley: por naturaleza, como el invierno, porque entonces el hombre se ve impedido de huir debido a la dureza del tiempo. De igual manera debido a la ley, como si sucediera en sábado, porque Dios ordenó que no debían ir más de una milla. Y porque esto no está en nuestro poder, sino en el de Dios, por tanto “orad para que vuestra huida no sea en invierno, o en sábado”, porque en tales casos debemos recurrir solo a Dios. De ahí Oseas 6, 1: “Venid y volvamos al Señor, porque Él nos ha tomado y nos salvará”. “Orad para que no suceda en invierno”, porque naturalmente obstaculiza la huida por la dificultad del camino; “ni en sábado”, porque obstaculiza según la ley de Dios. También advertid que dice “en sábado”, en lo cual indica que fueron debidamente asesinados en un día festivo. ¿De dónde la necesidad de huir? De la grandeza de la tribulación. Por lo tanto, primero declara la tribulación y la grandeza de la tribulación; en segundo lugar, establece la causa, y “a menos que aquellos días fuesen acortados”, etc. Dice, por tanto, “porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo”. Y esto puede ser suficientemente considerado por quien lea la historia de Josefo: muchos murieron de hambre. También hubo sediciones en la ciudad, de modo que se mataron unos a otros; por lo que cuando Tito, que era muy manso, quiso perdonarlos, no lo hicieron. También había ladrones entre ellos que mataron a muchos. Y cierta mujer se comió a su hijo. Por lo tanto, hubo una tribulación como nunca se había visto.
  
Y esto es lo que dice Lucas 21, 23 y siguientes: “Habrá tribulación y caerán a filo de espada”. Pero ¿será mayor en tiempos del Anticristo? Sí; pero no lo será entre los judíos. Crisóstomo pregunta por qué ocurrió el pecado, porque el castigo de Sodoma tampoco fue tan grande, por lo que el castigo no sería mayor a menos que el pecado fuera mayor. Y como podían decir que estas cosas les habían sucedido por los pecados de los cristianos, por lo tanto, dice que no; por lo que “a menos que esos días se hubieran acortado, nadie se habría salvado”. Agustín dice que algunos lo han explicado así, que los días entonces se acortaron, como se alargaron en tiempos de Josué. Pero, por el contrario, dice en el Salmo 118, 91: “Por tu ordenanza los días continúan”; por lo tanto, puede decirse de dos maneras. Primero, que los días de tribulación se acortan primero en número. Por lo tanto, si ese tiempo hubiera durado, todos habrían muerto, porque no habría quedado nadie. ¿Y por qué? Porque los romanos gobernaban el mundo entero, y los judíos ya estaban dispersos por todo el mundo; por lo tanto, si ese tiempo hubiera durado, habrían muerto en todas partes del mundo. O se dice que los días se acortan cuando los males se acortan. ¿Y por qué se acortan? “Por los elegidos”: no porque la palabra de Dios haya fallado. Porque muchos se convirtieron de aquel pueblo, y oraron por el pueblo para que quedara una descendencia; Is. 1, 9: “Si el Señor no hubiera dejado una descendencia, habríamos sido como Sodoma”, etc. Crisóstomo ofrece dos consideraciones: por qué se dice esto: porque había algunos discípulos allí, y además Juan aún vivía. Por lo tanto, dice que Juan no mencionó esto en su Evangelio, pues escribió después de este evento; por lo tanto, habría hablado del pasado; pero Mateo y Lucas, que escribieron antes, lo mencionaron, porque estaba por venir. Por lo tanto, dice que fue un milagro manifiesto cuando los romanos atacaron a los judíos, y como si toda la nación judía hubiera sufrido destrucción, que tan pocos judíos pudieran recorrer el mundo entero para convertirse, como si fuera el mundo entero, y este fue el maravilloso poder de Cristo. Hilario interpreta que estas palabras se refieren al fin del mundo. “Cuando viereis esta abominación”, él nombra al Anticristo. 2.ª Tes. 2, 2: “Y no os turbéis, ni por espíritu ni por palabra, como si el día del Señor estuviera cerca, para que nadie os engañe en ninguna manera”. “Y entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes”; pues los judíos desfallecerán, y de allí huirán de la tierra de los judíos y se dirigirán a las montañas del cristianismo. “Y el que esté en la azotea, que no baje a sacar nada de su casa”. Quiere decir que los perfectos no se muevan de su perfección. Por lo tanto, toca la vida contemplativa, que se significa por el techo; por lo tanto, tales no deben apartarse de su contemplación. Del mismo modo, “aquellos en el campo” toca la vida activa. Tales no deben regresar a su vida anterior, sino permanecer en su propósito. ¿Y qué hay de las mujeres embarazadas? Hombres cargados de pecados. Los hombres que alimentan son hombres imperfectos. Por lo tanto, quiere decir que ¡ay de los hombres cargados de pecados y no confirmados en la gracia!. Según Agustín, las mujeres embarazadas son aquellas que conciben para actuar mal; los que nutren, que ya completan por el trabajo. ¿Y qué dice acerca del invierno y el sábado? Por invierno se significa tristeza, por sábado alegría. Por lo tanto, que no haya tristeza que absorba en invierno, ni alegría que eleve la mente en sábado. O por sábado el ocio del buen trabajo, por invierno el enfriamiento de la caridad. “Y a menos que esos días se hubieran acortado”; porque durará un poco, y si durara, toda carne, es decir, todo lo carnal, “no se salvaría”. Asimismo, pueden referirse a la venida de Cristo a través de la Iglesia; y así dice Orígenes que como la palabra del Evangelio se difundió en su venida, así la falsa doctrina se difundirá en la venida del Anticristo; y como Cristo tuvo a sus profetas, así también los tendrá el Anticristo. Entonces, “que los que estén en la ciudad huyan a los montes”, justicia perfecta. Preñados están los que todavía están corriendo la palabra de salvación; amamantando a los que ya han hecho algo. Orad, pues, para que no seáis obstaculizados por la pereza y el letargo. Habrá entonces gran tribulación”, porque habrá una perversión de la doctrina cristiana a través de la falsa doctrina. “Y a menos que los días se acortaran”, es decir, por el documento de la doctrina, por adiciones a la verdadera doctrina, “nadie se salvaría”, es decir, todos se convertirían a la falsa doctrina».

SANTO TOMÁS DE AQUINO, Comentario sobre el Evangelio de San Mateo, cap. XXIV, lección 2.ª. Traducción propia.

sábado, 13 de septiembre de 2025

DE RABINO A OBISPO POR SANTO TOMÁS: HISTORIA DE PABLO DE SANTA MARÍA

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
  
«Este fraile Tomás entiende la ley de Moisés mejor que yo y que nuestros doctores, y sin embargo no la ha abrazado, sino que ha profesado la ley evangélica» [1].
  

Entonces [a mediados del siglo XIV] floreció Pablo, obispo de Burgos. Era judío de origen y se llamaba Salomón ben Isaac ha-Leví. Después de leer los escritos de Santo Tomás, en particular las preguntas 93 y 106 de la primera parte de la segunda [2], decidió en el año 1390 abrazar el cristianismo junto con sus tres hijos, todos ellos encomiables por su mérito. El primero, Alfonso, se convirtió en obispo de Burgos, después de su padre: es autor de un compendio de la historia de España, que forma parte de la colección Hispania illustrata. El segundo, Gonzalo, fue obispo de Plascencia. El tercero, Álvaro, permaneció laico y publicó una erudita y hermosa historia de Juan II, rey de Castilla.
  
En comparación con su padre, Salomón ha-Leví, quien en el bautismo tomó el nombre de Pablo García de Santa María, abrazó el estado eclesiástico después de la muerte de su esposa. Su genio y gran erudición, así como su celo por la propagación de la verdadera religión, lo llevaron a ser promovido a importantes cargos. Fue tutor de Juan II, rey de Castilla, luego arcediano de Treviño, obispo de Cartagena y, finalmente, obispo de Burgos, tras haber sido archicanciller del rey y regente del reino. Convirtió a miles de judíos y musulmanes al cristianismo y murió en 1435 [30 de agosto] a la edad de ochenta y dos años, tras haber publicado numerosos escritos a favor de la religión.

En 1429 escribió a su hijo Alfonso, entonces decano de la catedral de Compostela:
«¿Qué quieres que te dé, querido hijo, mientras viva, o que te deje como herencia, sino lo que sea útil para el conocimiento de las Sagradas Escrituras y que confirme tus pasos en el más sólido fervor de la verdad católica? Porque esto es lo que llevo en mi corazón y profeso con mi boca, y de lo cual creo que está escrito con precisión: Y el padre dirá la verdad a sus hijos. Esta verdad no la recibí en mi infancia: nacido bajo la perfidia de la ceguera judía, no aprendí las santas letras de los santos doctores; pero, recibiendo significados erróneos de maestros del error, me apliqué, como los demás guías de esta perfidia, a oscurecer temerariamente la letra que se rige por sutilezas que no eran tales. Pero cuando a Él, cuya misericordia no tiene límites, le plació llamarme de vuelta de la oscuridad a la luz, la venda cayó de los ojos de mi alma y comencé a releer las Sagradas Escrituras con mayor dedicación y a buscar la verdad, ya no con pérfida, sino con humildad; y, desconfiando la fuerza de mi espíritu para pedirle al Señor con todo mi corazón que se dignara imprimir en él lo más saludable para mi alma; y día y noche esperé su ayuda. De esta manera, el deseo por la fe católica se fortaleció cada vez más en mi espíritu, hasta que profesé públicamente la fe que llevaba en mi corazón; y recibí el sacramento del Bautismo, con el nombre de Pablo, en las sagradas pilas de esta Iglesia, a la edad que ahora tienes».
P. RENÉ FRANÇOIS ROHRBACHER, Storia universale della chiesa cattolica dal principio del mondo sino ai di’nostri (Historia universal de la Iglesia Católica desde el principio del mundo hasta nuestros días), vol. XX, Milán, 1854, págs. 228-230.
   
NOTAS
[1] La declaración de Pablo, cuando aún era el rabino Salomón, se recoge en la Historia de la Vida y el Culto de San Vicente Ferrer de la Orden de Predicadores, compuesta por el Padre Antonio Teoli, dominico, y reeditada por Giovanni Battista Marini y dedicada a la misma Venerable Orden de Predicadores, Roma, 1826, pág. 402. De hecho, fue uno de los conversos de San Vicente Ferrer.
[2] En la pregunta 93 de la I-IIæ de la Suma Teológica, el Doctor Angélico analiza la superstición en el culto al Dios verdadero y, entre otras cosas, afirma que «en el tiempo de la Nueva Ley, cuando los misterios de Cristo ya se han cumplido, el uso de las ceremonias de la Antigua Ley, en las que los misterios de Cristo se significan como futuros, es condenable: así como sería condenable que alguien declarara con palabras que la Pasión de Cristo está aún por venir». En la pregunta 106, el santo Doctor analiza la gratitud hacia Dios y el prójimo.

viernes, 28 de marzo de 2025

ANTÍFONA “O sacrum convívium”


LATÍN
Antiphona: O sacrum convívium, * in quo Christus súmitur: recólitur memória passiónis ejus: mens implétur grátia: et futúræ glóriæ nobis pignus datur (T. P. Allelúja).

℣. Panem de cœlo præstitísti eis (T. P. Allelúja).
℟. Omne delectaméntum in se habéntem (T. P. Allelúja).
   
ORATIO
Deus, qui nobis sub Sacraménto mirábili passiónis tuæ memóriam reliquísti: tríbue, quǽsumus, ita nos Córporis, et Sánguinis tui sacra mystéria venerári; ut redemptiónis tuæ fructum in nobis júgiter sentiámus: Qui vivis et regnas cum Deo Patre, in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. ℟. Amen.

In tempore Paschali, dicitur hæc Oratio:
Spíritum nobis, Dómine, tuæ caritátis infúnde: ut, quos sacraméntis paschálibus satiásti, tua fácias pietáte concórdes. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitáte ejúsdem Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. ℟. Amen.

TRADUCCIÓN
Antífona: ¡Oh sagrado banquete, * en que Cristo es nuestra comida, se celebra el memorial de su pasión, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la gloria futura! (T. P. Aleluya).

℣. Les diste el pan del cielo (T. P. Aleluya).
℟. Que contiene en sí todo deleite (T. P. Aleluya).
   
ORACIÓN
¡Oh Dios, que en este Sacramento admirable nos dejaste el memorial de tu Pasión!; te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios, por todos los siglos de los siglos. ℟. Amén.

En tiempo pascual se dice la siguiente oración:
Infudenos, Señor, el Espíritu de tu caridad, para que hagas concordes en tu piedad a los alimentados con los misterios pascuales. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por todos los siglos de los siglos. ℟. Amén.

Antífona atribuida a Santo Tomás de Aquino. Por sendos decretos de la Sagrada Penitenciaría Apostólica del 4 de Junio de 1934, 12 de Julio de 1941 y 29 de Septiembre de 1949, se conceden por el rezo de esta antífona, verso y oración 7 años de Indulgencia cada vez, 10 años si se rezan delante del Santísimo Sacramento, y Plenaria una vez al mes, con las condiciones de rigor acostumbradas, si se reza diariamente.

miércoles, 12 de marzo de 2025

ORACIÓN DE SANTO TOMÁS DE AQUINO A SANTA MARÍA


LATÍN
O beatíssima et dulcíssima Virgo María, Mater Dei omni pietáte pleníssima, summi regis fília, dómina Angelórum, mater ómnium credéntium: in sinu pietátis tuas comméndo, hódie et ómnibus diébus vitæ meæ, corpus meum et ánimam meam omnésque actus meos: cogitatiónes, voluntátes, desidéria, locutiónes, operatiónes, omnémque vitam finémque meum: ut per tua suffrágia disponéntur in bonum, secundum voluntátem dilécti Fílii tui Dómini nostri Jesu Christi; ut sis mihi, o Dómina mea sanctíssima, adjútrix et consolátrix contra insídias et láqueos hostis antíqui et ómnium inimicórum meórum.
   
I
   
A dilécto Fílio tuo Dómino nostro Jesu Christo mihi impetráre dignéris grátiam, cum qua poténter resístere váleam tentatiónibus mundi, carnis et dǽmonis, ac semper habére firmum propósitum ultérius non peccándi, sed in tuo et dilécti Fílii tui servítio perseverándi. Déprecor te étiam, Dómina mea sanctíssima, ut ímpetres mihi veram obœdiéntiam et veram cordis humilitátem, ut veráciter me agnóscam míserum ac frágilem peccatórem et impoténtem non solum ad faciéndum quodcúmque opus bonum, sed étiam ad resisténdum contínuis impugnatiónibus sine grátia et adjutório Creatóris mei et sanctis précibus tuis. Ímpetra mihi étiam, o Dómina mea dulcíssima, perpétuam mentís et corporis castitátem: ut puro corde et casto córpore dilécto Fílio tuo et tibi in tuo Órdine váleam deserviré. Óbtine mihi ab eo voluntáriam paupertátem, cum patiéntia et mentis tranquillitáte, ut labóres ejúsdem Órdinis váleam sustinére, et pro salúte própria et proximórum váleam laboráre.
  
II
Ímpetra mihi étiam, o dulcíssima Dĺmina, caritátem veram, qua sanctíssimum Fílium tuum
Dóminum nostrum Jesum Christum toto corde díligam, et te post ipsum super ómnia et próximum in Deum et propter Deum: sícque de bono ejus gáudeam, de malo dóleam nullúmque contémnam, néque temerárie júdicem, néque in corde meo alícui me præpónam. Fac étiam, o Regína cœli, ut dulcíssimi Fílii tui timórem páriter et amórem semper in corde meo hábeam; et de tantis benefíciis mihi, non meis méritis, sed ipsíus benignitáte collátis, semper grátias agam; ac de peccátis meis puram et sincéram confessiónem et veram pœniténtiam fáciam, ut suam cónsequi mérear misericórdiam et grátiam.
  
III
Oro étiam, ut in fine vitæ meæ, cœli porta et peccatórum advocáta, me indígnum servum tuum a sancta fide Cathólica deviáre non permíttas, sed tua magna pietáte et misericórdia
mihi succúrras, et a malis spirítibus me deféndas: ac benedicta Fílii tui gloriosa passióne,
étiam in tua própria intercessióne spe accépta, véniam de peccátis meis ab eo mihi ímpetres, átque me, in tua et ejus dilectióne moriéntem, in viam salvatiónis et salútis dírigas. Amen.
   
TRADUCCIÓN
Oh santísima y dulcísima Virgen María Madre de Dios, llena de toda piedad, Hija del Rey de los cielos, de los ángeles señora, y de los creyentes madre. A tu bondad sin límites confío, hoy y todos los días de mi vida, mi cuerpo, mi alma y todos mis actos: pensamientos, afectos, deseos, obras y palabras, mi vida entera y mi muerte: de este modo se orientarán al bien por tu favor, y serán conformes a la voluntad de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo; y así serás para mí, oh mi Señora santísima, mi ayuda y mi consuelo contra los lazos e insidias del enemigo primero y contra todos mis enemigos.
   
I
De tu Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, dígnate pedir para mí la gracia con la que pueda con fuerza resistir las tentaciones del mundo, el demonio y la carne, y tener siempre un claro propósito de no pecar nunca más, y de perseverar en tu servicio y en el de tu amado Hijo. Te pido también, Señora mía santísima, que me consigas la verdadera obediencia y la verdadera humildad del corazón, para que de verdad me reconozca como miserable y frágil pecador, que me sepa impotente no sólo para hacer algo de bien, mas ni siquiera para resistir a los continuos asaltos, si no fuera por la gracia y ayuda de mi Creador y por tus santas oraciones. Pide para mí también, oh Señora mía dulcísima, la perenne castidad de cuerpo y alma, para que con corazón puro y con cuerpo casto pueda servir a tu Hijo amado y a ti dentro de esta Orden tuya. Obténme de Él una pobreza voluntaria, junto con paciencia y serenidad de alma, para que pueda sostener la misión de esta Orden y por la salvación mía y del prójimo pueda trabajar.
   
II
Pide también para mí, oh dulcísima Señora, la Caridad verdadera, con la que ame de todo corazón a tu santísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y después de Él a ti, más que a todas las cosas, y al prójimo en Dios y por Dios: de tal forma que goce de su bien, me duela de su mal, a ninguno desprecie, a nadie juzgue temerariamente y no me prefiera a mí mismo más que a otros. Haz también, oh Reina del cielo,
que albergue siempre en mi corazón a la vez temor y amor a tu dulcísimo Hijo, y sepa siempre darle gracias por tan grandes beneficios de su bondad recibidos y no por mis méritos propios; que haga también de mis pecados una sincera y auténtica confesión y verdadera penitencia para poder así conseguir su misericordia y su gracia.
   
III
Te pido también, que al final de mi vida, oh puerta del cielo y abogada de los pecadores, que yo, indigno siervo tuyo, de la santa fe católica, no permitas que me desvie, sino que con tu gran bondad y misericordia, me socorras, y me defiendas de los malos espíritus: y, por la bendita y gloriosa Pasión de tu Hijo, y confiando en tu propia intercesión, pide para mí de Él el perdón de mis pecados, y, muriendo en tu amor y el de Él, me conduzcas por el camino de la salud y de la salvación. Amén.
  
Oración tomada de las Obras Completas de Santo Tomás de Aquino, tomo XXIV (edición de Parma, imprenta de Pietro Fiaccadori, 1869), pág. 243.

viernes, 7 de febrero de 2025

RECONSTRUYEN EL ROSTRO DE SANTO TOMÁS DE AQUINO

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
  
La reconstrucción científica del rostro del Doctor Universal de la Iglesia Santo Tomás de Aquino muestra un rostro «amable y humilde» (derecha) en oposición a la representación común, algo dura e intimidante (izquierda).
El santo, que expresó su obra en la más clara prosa latina, ha tenido un impacto incomparable y persistente no solo en la Iglesia Católica, sino en la civilización occidental en su conjunto.
  
Santo Tomás de Aquino (1225-1274) es el Doctor Universal de la Iglesia Católica, cuya obra es considerada como autorizada en materia de doctrina y moral, particularmente como se explica con detalle en su Suma Teológica, una obra estelar de casi 3.000 páginas en letra latina pequeña. El “Doctor Angélico” dominico era de naturaleza meditativa y no hacía alarde en clase de su mente brillante, que había memorizado toda la Biblia Vulgata latina, junto con muchas de las obras de los teólogos católicos.
  
Así, algunos de los condiscípulos del santo lo llamaban Bos Mutus, el “buey mudo” (“mudo” en el sentido de que no habla). Sin embargo, el maestro del santo, que también era santo, Alberto Magno, profetizó: «Lo llamáis buey mudo, pero en su enseñanza un día producirá tal mugido que se oirá en todo el mundo». Y así fue. En el Concilio dogmático de Trento, la Suma Teológica del santo ocupó un lugar de honor junto a la Biblia Vulgata latina, tan autorizada era su gran obra [Parte de la información para este Comentario proviene de National Catholic Register].
   
Ahora, después de 750 años, los científicos, utilizando imágenes en 3D del cráneo del santo tal como se conserva en Tolosa de Francia, han reconstruido el rostro del santo, que difiere de las representaciones habituales. Se lo ha descrito como «amable y humilde», en contraposición a la representación común, que es un tanto dura e intimidante. Los científicos también concluyeron que el santo no era el fraile corpulento que generalmente se describe, sino «atractivo y de aspecto noble».
 
Para los católicos tradicionales, lo más importante es la brillante y completa teología del Santo, basada en la razón y la lógica, con gran inspiración en el hombre igualmente brillante a quien él llamaba simplemente “Philósophus” (El Filósofo), el antiguo erudito griego Aristóteles. El Santo, que expresó su obra en la más clara prosa latina, ha tenido un impacto inigualable y persistente no sólo en la Iglesia Católica, sino en la civilización occidental en su conjunto.

miércoles, 5 de febrero de 2025

ORACIÓN “Ánima Christi”


“Ánima Christi” (en español “Alma de Cristo”) es una de las oraciones tradicionales de acción de gracias después de la Misa que aparecen en el Misal y Breviario tradicionales. A menudo se la ha atribuido a San Ignacio de Loyola (de hecho, hasta la edición de 1951 en el Misal Romano tradicional aparece como “Aspiraciones de San Ignacio al Santísimo Redentor”), pues era una de sus favoritas y aparece recomendada en sus Ejercicios Espirituales, pero en una veintena de manuscritos se halla una versión más antigua, como es el caso del Manuscrito Harley 2253, folleto IV, fol. 54verso col. B de la Biblioteca Británica (c. 1314-1320), en tiempos del Papa Juan XXII, quien le había otorgado 3.000 días de indulgencia. Otros la han atribuido al Beato Bernardino de Feltre, a Santo Tomás de Aquino [1] o incluso a San Patricio o a un anónimo irlandés del siglo VII (aunque no hay conocimiento hasta el momento de ninguna copia tan antigua).

Como fuere, San Ignacio, que había conocido esta oración en los devocionarios y libros de horas de la España de su tiempo [2], la recomendaba en varias meditaciones de sus Ejercicios espirituales, y desde la edición del Colegio Romano de 1576 (en tiempos de Everardo Mercuriano, 4.º Prepósito General de la Compañía) se incluyó el texto publicado en el devocionario Hórtulus Ánimæ (fines del siglo XV) tan difundido en Alemania, Francia y Polonia (no así en España), para facilitar su rezo por los ejercitantes, lo que contribuyó a su popularidad, y es la versión que hoy conocemos.

El Papa Pío IX, mediante decreto del 9 de Enero de 1854, concedió a esta oración Indulgencia de 7 años una vez al día si se reza después de la Misa; 300 días de indulgencia cada vez, y Plenaria una vez al mes si se reza diariamente, con las condiciones acostumbradas, añadiendo la visita a cualquier iglesia u oratorio. La traducción española es tomada del Breviario Romano traducido por Dom Alfonso María de Gubianas y Santandréu OSB.
  
LATÍN
Ánima Christi, sanctífica me.
Corpus Christi, salva me.
Sanguis Christi, inébria me.
Áqua láteris Christi, lava me.
Pássio Christi, confórta me. 
O bone Jesu, exáudi me.
Intra tua vúlnera abscónde me.
Ne permíttas me separári a te.
Ab hoste malígno defénde me.
In hora mortis meæ voca me.
Et jube me veníre ad te,
Ut cum Sanctis tuis láudem te
In sǽcula sæculórum. Amen.

ESPAÑOL
Alma de Cristo, santifícame. 
Cuerpo de Cristo, sálvame. 
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, límpiame.
Pasión de Cristo, confórtame. 
¡Oh buen Jesús!, óyeme.
Entre tus llagas escóndeme.
No permitas que de ti me aparte.
Del enemigo malo, defiéndeme. 
En la hora de mi muerte, llámame.
Y ayúdame para que yo vaya a ti,
Y te alabe con tus Santos,
Por los siglos de los siglos. Amén.
  
NOTAS
[1] La versión atribuida a Santo Tomás de Aquino, presente en el Misal de la Orden de Predicadores y en el Ordo Missæ secúndum usum Sanctæ Románæ Ecclésiæ compilado por Juan Burchardo, obispo de Civita Castellana y ceremoniero de los Papas Sixto IV, Inocencio VIII, Alejandro VI, Pío III y Julio II.
   
LATÍN
Ánima Christi sanctíssima, sanctífica me.
Corpus Christi sacratíssimum, salva me.
Sanguis Christi pretiotíssime, inébria me.
Áqua láteris Christi puríssima, munda me.
Sudor vultus Christi virtuosíssime, sana me.
Pássio Christi piíssima, confórta me. 
O bone Jesu, custódi me.
Intra tua vúlnera abscónde me.
Ne permíttas me separári a te.
Ab hoste malígno defénde me.
In hora mortis voca me.
Jube me veníre ad te, et pone me juxta te,
Ut cum Ángelis et Archángelis tuis láudem te,
Per infiníta sǽcula sæculórum. Amen.

ESPAÑOL
Alma santísima de Cristo, santifícame. 
Cuerpo sacratísimo de Cristo, sálvame. 
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, límpiame.
Sudor virtuosísimo de la Faz de Cristo, sáname.
Pasión de Cristo, confórtame. 
¡Oh buen Jesús!, guárdame.
Entre tus llagas escóndeme.
No permitas que de ti me aparte.
Del enemigo malo, defiéndeme. 
En la hora de la muerte, llámame.
Ayúdame para que yo vaya a ti, y ponme junto a ti,
Para que te alabe con tus Ángeles y Arcángeles,
Por los infinitos siglos de los siglos. Amén.

[2] En el friso superior de la Sala de la Galera del Alcázar de Segovia, encargado en 1412 por Catalina de Lancáster, madre y regente del rey Juan II de Castilla, siguiendo el del friso de la antigua capilla (hoy Salón del Techo de Carlos V) en el Real Alcázar de Sevilla comisionado por el rey Pedro I de Castilla en 1364. Como curiosidad, presentamos el texto, recogido por la Crónica de la provincia de Segovia y presentado por Pedro de Leturia Mendía SJ, “Libros de horas, Ánima Christi y Ejercicios Espirituales de S. Ignacio”, en Archívium Históricum Societátis Jesu, vol. 17 (1948), págs 3-50, speciáliter pág. 41 [el original, corregido por Earl Jeffrey Richard, “The prayer Anima Christi and Dominican popular devotion: late medieval examples of the interface between high ecclesiastical culture and popular piety”, en Poverty and Devotion in Mendicant Cultures 1200-1450 (Constant J. Mews y Anna Welch, eds.), Routledge, Taylor & Francis 2016, nota al pie 48) es de un latín muy hispanizado copiado por mudéjares (musulmanes que permanecían en reinos cristianos)]:
  
ORIGINAL
Anima Xpi santificame / Corpus Xpi salvame / Sanguis Xpi inebriame / [A] ca l [ater] is Xpi lavame / Pasio Xpi confortame / O bone Iesu exaudime / Et ne permitas me separari a te / Ab hoste maligno defende me / In hora mortis voca me / Et pone me iuxta te / Et cum angelis tuis laudem te / In secula seculorum. Amen

LATÍN
Ánima Christi, sanctífica me.
Corpus Christi, salva me.
Sanguis Christi, inébria me.
Áqua láteris Christi, lava me.
Pássio Christi, confórta me. 
O bone Jesu, exáudi me.
Et ne permíttas me separári a te.
Ab hoste malígno defénde me.
In hora mortis voca me.
Et pone me juxta te,
Ut cum Ángelis tuis láudem te
In sǽcula sæculórum. Amen.

ESPAÑOL
Alma de Cristo, santifícame. 
Cuerpo de Cristo, sálvame. 
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, límpiame.
Pasión de Cristo, confórtame. 
¡Oh buen Jesús!, óyeme.
No permitas que de ti me aparte.
Del enemigo malo, defiéndeme. 
En la hora de la muerte, llámame.
Y ponme junto a ti,
Para que te alabe con tus Ángeles,
Por los siglos de los siglos. Amén.
  
¿Esta pudo ser la versión que usaba San Ignacio?
Quizá, a juzgar por la visión trinitaria que tuvo en la capilla de La Storta, cerca de Roma, en Noviembre de 1537.

jueves, 3 de octubre de 2024

MES DE LOS SANTOS ÁNGELES – DÍA TERCERO

Dispuesto por el padre Alejo Romero, y publicado en Morelia en 1893, con licencia eclesiástica.
  
MES DE OCTUBRE, CONSAGRADO A LOS SANTOS ÁNGELES, EN QUE SE EXPONEN SUS EXCELENCIAS, PRERROGATIVAS Y OFICIOS, SEGÚN LAS ENSEÑANZAS DE LA SAGRADA ESCRITURA, LOS SANTOS PADRES Y DOCTORES DE LA IGLESIA.
 
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Soberano Señor del mundo, ante quien doblan reverentes la rodilla todas las criaturas del cielo, de la tierra y del infierno; miradnos aquí postrados en vuestra divina presencia para rendiros los homenajes de amor, adoración y respeto que son debidos a vuestra excelsa majestad y elevada grandeza. Venimos a contemplar durante este mes las excelencias, prerrogativas y oficios con que habéis enriquecido en beneficio nuestro a esos espíritus sublimes que, como lámparas ardientes, están eternamente alrededor de vuestro trono, haciendo brillar vuestras divinas perfecciones. Oh Sol hermoso de las inteligencias, que llenáis de inmensos resplandores todo el empíreo, arrojad sobre nuestras almas un destello de esos fulgores, a fin de que, conociendo la malicia profunda del pecado, lo aborrezcamos con todas nuestras fuerzas, y se encienda en nuestros corazones la viva llama del amor divino, para que podamos camina por los senderos de la virtud, hasta llegar a la celestial Jerusalén, donde unamos nuestras alabanzas a las de los angélicos espíritus y bienaventurados, para glorificarlos por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA TERCERO – NATURALEZA DE LOS ÁNGELES
   
MEDITACIÓN
PUNTO 1º. Considera, alma mía, cuán difícil es comprender la naturaleza de los Ángeles y mucho más difícil todavía explicarla; sin embargo, por el conocimiento que tenemos de nuestra alma, podemos, por decirlo así, columbrar algo de la esencia de esos espíritus inefables. En efecto, los Ángeles son a la manera que Dios, espíritus puros sin mezcla de materia alguna y simples como nuestra alma, y mucho más, sin composición de partes corpóreas y aunque esta simplicidad supere a la de nuestra alma, sin embargo, nunca iguala ni igualará jamás a la de Dios; porque si su inteligencia posee las ideas infusas, si su voluntad está en acto desde el momento de su creación, no por esto se hallan exentos de otra composición más sutil y absolutamente inmaterial, pues que su sustancia no se identifica con su acción; su virtud operativa no se identifica con su esencia, ni su esencia es lo mismo que su existencia; mientras que en Dios, sustancia, esencia, virtud operativa y operación son una sola y una misma cosa, un solo y un mismo ser eterno y necesario. La muerte y el tiempo que destruyen nuestro cuerpo, no tienen parte en ellos; ningún poder criado puede atentar contra su ser ni romper su unidad perfecta; solo Dios por un acto soberano de su omnipotencia podría aniquilarlos si su decreto eterno no los hubiera hecho inmortales.
    
PUNTO 2º. Considera, en segundo lugar, que los Ángeles no son como nuestras almas, espíritus destinados por su misma esencia para informar y animar cuerpos orgánicos, con los cuales constituyan naturalezas o seres perfectos como los hombres; porque sus nobles facultades, el entendimiento y la voluntad, ejercen su acción sobre la verdad y el bien independientemente de todo auxilio corpóreo, y aunque no vean, oigan, huelan, toquen, sientan ni imaginen objetos corpóreos, no por esto dejan de ser perfectos en su ser, naturaleza y facultades, pues la carencia de estas virtudes sensitivas en ellos, no implica ni envuelve ninguna imperfección: a la manera que una piedra preciosa no se dice nunca imperfecta porque carezca del perfume de la flor, ni la flor se llama imperfecta porque no téngala facultad de sentir ni de imaginar. Siendo, pues, los Ángeles, simples, puros e incorpóreos, son por lo mismo invisibles; mas como las cualidades morales, y en particular las que más se alejan de la materia, residen en ellos de un modo más propio; he aquí por qué aplicamos aquellas expresiones a nuestros semejantes, cuando poseen las más hermosas virtudes, así decimos: una belleza de Ángel, una pureza de Ángel, un amor de Ángel; y porque en los niños brillan el candor, la gracia y la inocencia, que en los Ángeles se encuentran en el grado más alto, por eso decimos que los niños son ángeles. También por estas razones se les ve representados en cuadros con cuerpos parecidos al nuestro, y así bajo estas formas, han aparecido frecuentemente en la tierra. Los Ángeles, pues, con su naturaleza tan pura, tan simple y tan exenta de las pasiones groseras de la carne y de la sangre, nos convidan a que los imitemos, combatiendo con los auxilios de la gracia, las inclinaciones de la concupiscencia; espiritualizando en cierto modo todas nuestras palabras, obras y pensamientos, hagámoslo así y seremos tan santos y tan dichosos como ellos.
   
JACULATORIA
Espíritus bienaventurados, que estáis por vuestra esencia libres de toda inclinación a la impureza, hacednos puros y castos como vosotros.
    
PRÁCTICA
Rezar todos los días por la mañana tres Ave Marías a la Reina de los Ángeles para que nos alcance de su Santísimo Hijo el don de la castidad. Se rezan tres Padre Nuestros y tres Ave Marías con Gloria Patri, y se ofrecen con la siguiente:
   
ORACIÓN
Oh gloriosísimos espíritus, purísimas sustancias, inteligencias elevadas, que por la excelencia de vuestro noble ser reflejáis mejor que las otras criaturas la naturaleza y perfecciones infinitas de la Divinidad, acercándoos más y más á la esencia purísima del Espíritu increado; interceded por nosotros que estamos aprisionados con los lazos de este cuerpo rebelde que nos inclina a cada paso a los deleites sensuales; y, vos oh Santo Ángel Rafael, cuyo nombre se interpreta Medicina de Dios, curad nuestra alma de una ceguera más peligrosa que la del Santo Tobías, porque las pasiones han cubierto nuestro espíritu de densas tinieblas que le impiden elevarse a lo puramente espiritual y divino; así lo esperamos de vuestros ruegos poderosos y de los de vuestros celestes compañeros. Amén.
   
EJEMPLOS
Los guerreros hermanos de Santo Tomás de Aquino, descontentos con él por su constante empeño en abrazar el estado religioso, atentaron contra su vocación y virtud de un modo tal, que el labio avergonzado apenas se atreve a referirlo, pero los Ángeles del cielo, que son todo santidad y pureza, le libraron del asalto más terrible contra su castidad. Estos hermanos indignos de llevar el nombre de su estirpe encarcelaron a Tomás en una torre del castillo de Roca-seca y a deshora introdujeron en su alcoba a una hermosa y desenvuelta cortesana, que tenía el negro encargo de rendir al virgen mancebo con sus halagos infernales. Asómbrase el casto mozo al verla a su lado y en vez de gritar, cosa de mujeres, o huir, propio de cobardes, invoca con fervor a Dios y a la Virgen purísima: «La Sangre del príncipe y del guerrero, como dice un panegirista del Santo, se despierta bajo el hábito del monje, y combatiendo al enemigo con el hierro y el fuego»; toma un tizón encendido y arremete con él a la meretriz que temerosa y corrida huyó precipitadamente. Cuando el Santo se vio libre y solo, trazó una cruz en la pared con el mismo tizón, y cayendo de rodillas, prorrumpió en lágrimas pudorosas de gratitud y confusión. Temblando y lloroso pedía Tomás a Dios la hermosa virtud de la castidad; cuando sueño inusitado cerró sus párpados, dos espíritus puros le felicitaron por su victoria y ciñeron a su cuerpo el cíngulo de la virginidad, apretándole con tal fuerza, que el dolor despertó e hizo lanzar un grito a nuestro héroe. Durante toda su vida usó Santo Tomás este cíngulo que hoy se venera en la iglesia de los Dominicos de Chieri, cerca de Turín.
     
ORACIÓN A LA REINA DE LOS ÁNGELES PARA TODOS LOS DÍAS
Oh, María, la más pura de las vírgenes, que por vuestra grande humildad y heroicas virtudes, merecisteis ser la Madre del Redentor del mundo, y por esto mismo ser constituida Reina del universo y colocada en un majestuoso trono, desde donde tierna y compasiva miráis las desgracias de la humanidad, para remediarlas con solicitud maternal; compadeceos, augusta Madre, de nuestras grandes desventuras. El mundo no ha dejado en nosotros más que tristes decepciones y amargos desengaños; en vano hemos corrido en pos de la felicidad mentida que promete a sus adoradores, pues no hemos probado otra cosa que la hiel amarga del remordimiento, y nuestros ojos han derramado abundantes lágrimas que no han podido enjugar nuestros hermanos. Por todas partes nos persiguen legiones infernales incitándonos al mal, y no tenemos otro abrigo que refugiarnos bajo los pliegues de vuestro manto virginal, como los polluelos perseguidos por el milano no tienen otro asilo que agruparse bajo las alas del ave que les dio el ser. Por esto, desde el fondo de nuestras amarguras clamamos a Vos para que enviéis hasta nosotros y para nuestra defensa a los espíritus angélicos, de quienes sois la Reina y Soberana, a fin de que nos libren de sus astutas asechanzas y nos guíen por el recto camino de la felicidad. Amén.