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jueves, 14 de mayo de 2026

POR QUÉ HUBO 40 DÍAS ANTES DE LA ASCENSIÓN


«Cristo  ascendió cuarenta días después de su resurrección. ¿Por qué esperó tanto? Para mostrarse vivo tras su pasión, superando numerosas pruebas; para establecer la comunidad cristiana; para entregar al apóstol Pedro las llaves y el timón de la Iglesia; para instituir el sacramento de la penitencia y los demás que aún quedaban; para instruir a los apóstoles y prepararlos para la venida del Espíritu Santo; y, finalmente, para recomendarnos con mayor intensidad su caridad y humildad. En efecto, estas virtudes brillaron con mayor esplendor en el Señor en aquellos últimos días, cuando ya vivía la vida de los ángeles no solo en espíritu sino también en cuerpo, y aun así conversaba con frecuencia y gran familiaridad con sus discípulos, hombres mortales y humildes».

SAN ROBERTO BELARMINO. Ópera ómnia, Tomo IX. París, Editora Luis Vives 1872, pág. 237

domingo, 3 de mayo de 2026

LA GLORIA DE LA CRUZ Y LA GLORIA DE LA RESURRECCIÓN

Visión de San Ignacio de Loyola en La Storta (detalle). Raúl Berzosa.
  
Algunos podrían pensar que los Apóstoles, como predicadores de la gloria de Cristo, deberían haber ocultado, disimulado o, al menos, minimizado la ignominia de la cruz. Y ciertamente lo habrían hecho si se hubieran guiado por la sabiduría humana y hubieran recibido el espíritu de este mundo en lugar del Espíritu que proviene de Dios. Sin embargo, actuaron de manera muy diferente. De hecho, ni los Evangelistas ni los Apóstoles describieron nada más allá de la Pasión, y los Apóstoles siempre mencionaron primero la cruz y la muerte; y no solo no se avergonzaban de la cruz, sino que se proclamaban abiertamente predicadores de la cruz misma. San Pablo dice: «Los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, que para los judíos es tropezadero y para los gentiles locura; pero para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios» (1.ª Cor. I, 22-24). Y el apóstol Andrés, cuando el procónsul lo amenazó con la tortura de la cruz, dijo: «Si temiera la cruz, no predicaría la gloria de la cruz». Y el apóstol Pedro, sin ocultar nada, dice: «Aquel a quien mataron colgado de un madero» (Act. X, 39). Pero nosotros, oyentes, ¿qué hacemos? ¿Acaso nos avergonzamos de la cruz? ¿O nos gloriamos en ella? ¿O ambas cosas? Ciertamente, cuando trazamos la cruz en nuestras frentes, parecemos profesar abiertamente que no la horrorizamos ni huimos de ella, sino que nos gloriamos en las ofensas, en los ultrajes, en la angustia, en las persecuciones y en todo lo demás que de alguna manera nos recuerda la cruz. Pero cuando llega el momento crítico y se nos hace algún daño, olvidamos inmediatamente nuestra profesión de la cruz y, a menos que lavemos el daño con venganza, experimentamos la mayor vergüenza. Y sin embargo, al trazar la cruz en nuestras frentes, parecemos gritar a los cuatro vientos que, como siervos de la cruz, no nos avergonzamos de los insultos ni de las ofensas. No sé cómo sucede, pero aunque anhelo hablar de la Resurrección, mi discurso siempre vuelve a la cruz; quizás porque todo nuestro tiempo aquí abajo es un tiempo de la cruz, mientras que por ahora solo celebramos la gloria de la Resurrección desde lejos.

SAN ROBERTO BELARMINO. Obras completas, tomo IX. París 1872, págs. 262-263. Traducción propia.

sábado, 14 de marzo de 2026

EL PASTOR DEL MINISTRO DE GUERRA ESTADOUNIDENSE PROHIBIRÍA LAS PROCESIONES CATÓLICAS

El pastor calvinista estadounidense (o “paleo-confederado”, como él mismo se proclama) Douglas James “Doug” Wilson Dodds, de 72 años, propuso que en Estados Unidos se introduzcan “Leyes Penales”, similares a las que se impusieron contra los católicos en la Irlanda ocupada entre los siglos XVII y XIX, informó Catholic Arena vía Twitter.

Durante un programa de pódcast “Blog & Mablog”, Wilson dijo que en su proyecto de un país “cristiano” [= protestante], se prohibirían las “manifestaciones públicas de idolatría”, como las procesiones católicas:
«Permíteme dar dos ejemplos prácticos, ¿vale? Vale. Ah, ¿los musulmanes podrían vivir aquí? Sí pueden. Pero… ¿podrían tener cargos políticos? No. ¿Podrían reunirse con sus parientes y amigos musulmanes para rezarle a Alá? Sí, por supuesto. ¿Podrían tener una mezquita? Sí. ¿Podrían tener un minarete, una torre de oración que permita dar llamados públicos a la oración? No, porque el espacio público pertenece a Cristo, ¿correcto? Somos una nación cristiana, por eso los campanarios estarían bien… las campanas de iglesia, pero eh…, que los musulmanes llamen a oración en un espacio público no estaría bien. Ehm, las campanas de la iglesias católicas estarían bien, pero los desfiles, los desfiles en honor de la Virgen María cargando una imagen de la Virgen María por la calle principal no estarían bien».
Cuando su interlocutor le pregunta: «Entonces…, ¿qué hay con la Eucaristía? ¿Qué pasa con la Eucaristía? ¿Con las procesiones eucarísticas?», Wilson respondió: 
«Eso es… eso es algo nuevo… pensaría… diría… probablemente no. Depende de lo que se esté haciendo a su alrededor, cómo se conduce… pero básicamente las manifestaciones públicas de idolatría, lo que el fundamento protestante de la ley considere ser idolatría, no sería permitido. Entonces, no tendrías una procesión hindú con el dios hindú, no tendrías una procesión de la Virgen María…».

 
Si bien es cierto que uno de los deberes del Estado cristiano es promover la Religión verdadera y proscribir las falsas, de las declaraciones de Wilson (que incluso varios protestantes repudiaron), San Roberto Belarmino dijo en su Tratado sobre el Anticristo, cap. VII:
«El Romano Pontífice no es el Anticristo. Lejos de ello, es bastante contrario a él, dado que el Papa honra y guarda cuidadosamente el Sacrificio que el Anticristo va a remover. Los herejes de este tiempo, aparte de las demás cosas, son precursores del Anticristo puesto que nadie desea más ardientemente abolir de una vez por todas el sacrificio de la Eucaristía que ellos».
***
  
Hijo de los fallecidos James Irwin “Jim” Douglas Leggat († 2022) y Elizabeth Catherine “Bessie” Dodds Schäfer († 2010) y cofundador de la Confederación de Iglesias Evangélicas Reformadas (CREC), Wilson había predicado a las tropas estadounidenses en el Pentágono el 17 de Febrero de este año a invitación de su discípulo Peter Brian “Pete” Hegseth Haugen, Secretario de Guerra del presidente Donald Trump (los cuales de vivir en la teocracia propuesta por Wilson –bajo los más rígidos principios calvinistas–, habrían sido irremisiblemente condenados a muerte mediante lapidación por adulterio, agresión sexual y asesinato).
  
Y si es de ídolos que se habla, ¿qué se le deja a los protestantes como Wilson, el embajador Michael Huckabee, la directora de la Oficina de Fe de la Casa Blanca y teleevangelista Paula Michelle Furr Mayo de White-Cain (que lleva tres matrimonios en su haber –igual que su colega el ministro Hegseth–) y los demás pastores que con ella le rezaron a Trump el 5 de Marzo? Protestantes que llevan a procesión sus ídolos que son los comentarios Scofield y al Estado de “Israel”, el nuevo “mesías” de los judíosasí que Douglas Wilson está «PREDICANDO LA MORAL EN CALZONCILLOS»…

jueves, 22 de agosto de 2024

ACUDAMOS CON FE Y CONFIANZA A MARÍA SANTÍSIMA, EL TRONO DE LA GRACIA DE JESUCRISTO

Inmaculado Corazón de María (Santuario de Fátima, Portugal).

«
La carga y yugo que nuestro Señor impuso a San Juan, que cuidaba de su Virgen Madre, era en verdad un yugo dulce y una carga ligera. ¿Quién no consideraría una felicidad vivir bajo el mismo techo con ella, que durante nueve meses había llevado en su seno al Verbo encarnado y durante treinta años había disfrutado con Él de la más dulce y feliz comunicación de sentimientos? ¿Quién no envidia al discípulo escogido de nuestro Señor, que en ausencia del Hijo de Dios, le fue dada la presencia de la Madre de Dios? Sin embargo, si no me equivoco, podemos lograr con nuestras oraciones que nuestro bondadoso Señor, que se hizo hombre por nosotros y fue crucificado por amor a nosotros, nos diga: “He ahí a tu Madre”; y debería decir a su Madre por cada uno de nosotros: “He ahí a tu hijo”.
  
Nuestro buen Señor no es avaro de sus gracias, con tal que nos acerquemos al trono de la gracia con fe y confianza (cf. Hebr. IV, 16), con un corazón verdadero y sincero, pero no falso. El que desea tenernos coherederos en el reino de su Padre, ciertamente no desdeñará tenernos coherederos en el amor de su Madre. Ni la misma Virgen benignísima se dará por gravada teniendo un número incontable de hijos, pues tiene un corazón capaz de abrazarnos a todos, y desea ardientemente que no perezca ni una sola de aquellas almas que su divino Hijo redimió con su Sangre preciosa, y su muerte aún más preciosa. Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia de Cristo, y con lágrimas supliquemos humildemente que diga a su Madre por cada uno de nosotros: “He ahí a tu hijo”; y a cada uno de nosotros acerca de su Madre: “He ahí a tu Madre”.
   
¿Qué bien nos vendrá bajo la protección de tan gran Madre? ¿Quién se atreverá a sacarnos de su seno? ¿Qué tentación podrá vencernos, confiando en el patrocinio de la Madre de Dios y nuestra? Ni seríamos los primeros en obtener tal beneficio. Muchos nos han precedido; Muchos, digo, acudieron al patrocinio especial y claramente maternal de tan gran Virgen, y ninguno quedó confundido ni triste, sino que todos estaban alegres y regocijados, confiando en el patrocinio de tan gran Madre, de quien está escrito: “Ella misma te aplastará la cabeza” (Gén. III, 15). En ella confiarán, también ellos caminarán confiadamente sobre el áspid y el basilisco, y hollarán al león y al dragón (Salmo XC, 12). Porque no se ve que pueda perecer aquel de quien Cristo dijo a la Virgen: “He ahí a tu hijo”, con tal que él mismo no oiga con oídos sordos lo que Cristo le dijo: “He ahí a tu Madre”».
   
SAN ROBERTO BELARMINO SJ, De las siete palabras de Cristo en la Cruz, cap. XII. Lecciones 7.ª, 8.ª y 9.ª de las Maitines de la fiesta del Inmaculado Corazón de María.

lunes, 13 de mayo de 2024

viernes, 29 de marzo de 2024

BERGOGLIO A PRISIONERAS: «JESÚS PERDONÓ A JUDAS».


Francisco Bergoglio realizó el Mandátum (Lavatorio de los pies) a doce mujeres [sic] de diversos países, como Italia, Bulgaria, Nigeria, Ucrania, Rusia, Perú, Venezuela y Bosnia, con edades de entre los 40 y 50 años, detenidas en la cárcel de mujeres de Rebibbia, cerca de Roma.
    
Siguiendo su costumbre desde Buenos Aires, Bergoglio ha lavado los pies de musulmanes, homosexuales, inmigrantes y criminales (costumbre que hizo ley en 2016). Esta, sin embargo, fue la primera vez (que se conoce) que solamente le lava los pies a mujeres.

El rito montini-bugniniano desde su promulgación el Jueves Santo 3 de Abril de 1969, además de presentar la Misa como el “memorial de la Cena del Señor” (como los herejes protestantes), pone el énfasis de la celebración del Jueves Santo en el Lavatorio de los pies (añadido en medio de esta desde la “reforma” de 1955).
   
Durante gran parte de la celebración, Bergoglio, con todo y llevar casulla y palio, permaneció sentado, presidiendo en cambio su maestro de ceremonias Diego Giovanni Ravelli.
   
En la homilía, Bergoglio atentó una vez más canonizar a Judas Iscariote, por cuya traición la Escritura registra que Cristo dijo: «más le valiera no haber nacido», diciendo:
«En esto momento de la cena, dos episodios atraen nuestra atención. El lavatorio de los pies de Jesús: Jesús se humilla, y con este gesto nos hace entender aquello que había dicho: “Yo no he venido para ser servido, sino para servir” (cf. Mc. 10, 45). Nos enseña el camino del servicio.
    
El otro episodio –triste– es la traición de Judas que no es capaz de llevar adelante el amor, y después el dinero y el egoísmo lo llevan a esta cosa mala [la traición]. Pero Jesús perdona todo. Jes perdona siempre. Solamente quiere que nosotros pidamos perdón».
Acto seguido, Bergoglio aderezó su herejía con otra anécdota y su predilección por las viejas:
«Una vez, oí a una viejita, sabia, una viejecita abuela, del pueblo… Ella dijo así: “Jesús no se cansa nunca de perdonar: somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón”. Pidamos hoy al Señor la gracia de no cansarnos».
La Iglesia Católica ha enseñado siempre que el Señor perdona los pecados si el pecador se arrepiente sinceramente de ellos y acude al Sacramento de la Confesión, que requiere cinco elementos:
  1. Examen de conciencia.
  2. Contrición de corazón (que debe ser 1.º Interior, 2.º Universal [= Suma en el aprecio], 3.º Sobrenatural, y 4.º Soberana).
  3. Confesión de boca ante el sacerdote.
  4. Propósito de enmienda.
  5. Satisfacción de obra [= penitencia].
Bergoglio ha ido más allá de sus “papaexplicadores” como James “Jimmy” Akin y Steve Kellmeyer, quienes simplemente afirmaban que había una “esperanza” de que Judas Iscariote se haya salvado, contrariando a la Sagrada Escritura, la Tradición Apostólica, el Magisterio, los Doctores de la Iglesia, y la Liturgia (tanto de Oriente como de Occidente) que han sostenido lo contrario:
  • «En cuanto al Hijo del hombre, él se marcha, conforme está escrito de él; pero ¡ay de aquel hombre, por quien el Hijo del hombre será entregado! Mejor le fuera al tal si no hubiese jamás nacido» (San Mateo XXVI, 24).
  • «Mientras estaba Yo con ellos, yo los defendía en tu Nombre. Guardado he los que Tú me diste, y ninguno de ellos se ha perdido, sino Judas el hijo de la perdición, cumpliéndose así la Escritura [Salmo CVIII, 8]» (San Juan XVII, 12)
  • «Y haciendo oración dijeron: “¡Oh Señor!, Tú que ves los corazones de todos, muéstranos cuál de estos dos has destinado a ocupar el puesto de este ministerio y apostolado, del cual cayó Judas por su prevaricación, para irse a su lugar a la habitación de los malvados”» (Hechos I, 24-25)
  • «Deus, a quo et Judas reátus sui pœnam, et confessiónis suæ latro prǽmium sumpsit, concéde nobis tuæ propitiatiónis efféctum: ut, sicut in passióne sua Jesus Christus, Dóminus noster, divérsa utrísque íntulit stipéndia meritórum; ita nobis, abláto vetustátis erróre, resurrectiónis suæ grátiam largiátur: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus per ómnia sǽcula sæculórum [Dios, de quien Judas recibio el castigo de su pecado y el Ladrón el premio de su confesión: haznos sentir el efecto de tu propiciación, para que así como Nuestro Señor Jesucristo en su Pasión dio a entrambos su merecido, así destruido el error del hombre viejo, nos conceda resucitar gloriosamente con Él. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos]. Amén». (Oración colecta de la Misa del Jueves Santo, y de la Misa de Presantificados del Viernes Santo).
  • «Quándo Discípuli gloriósi in lotióne Cœnæ illuminábantur; tunc Judas ille ímpius pecúniæ cupiditáte ægrótans obscurábatur: et ex légibus judísibus te justum Júdicem pródebat. Intúere pecuniárum amátor illum, qui per eas láqueum reportávit, fuge insatiábilem ánimam, quæ tália ausa est in Magístrum [Cuando los gloriosos discípulos fueron iluminados al lavarles los pies, el impío Judas oscurecido por su enferma codicia, Te entregó, ¡oh Juez justo!, a los jueces sin ley. Mire el que ama las riquezas, cómo por ellas él se colgó a sí mismo, y huya el alma insaciable que haría tales cosas al Maestro]» (Liturgia bizantina, Maitines Reales del Gran Viernes Santo, tropario al primer Evangelio).
  • «Sensus nostros mundos Christo præsentémus: et támquam amíci Christi, ánimas nostras propter eum ponámus; néque sollicitudínibus vitæ suffocémus ut Judas. Sed in cubículis nostris clamémus; Pater noster qui es in cœlis, lilíbera nos a malo [Presentemos a Cristo nuestros sentidos purificados, y como amigos de Cristo ofrezcamos por Él nuestras almas: que no nos ahoguen las preocupaciones de la vida como Judas, sino que en nuestras recámaras, clamemos: Padre nuestro que estás en los cielos, líbranos de todo mal]» (Ibid., Antífona 1.ª).
  • «In Cœna Discípulos enútriens, et proditiónes consílium cognóscem,  in ea Judam redarguísti: incorrigíbilem quídem sciens eum; sed ut cunctis notum fáceres quod volens próditus sis, ut Mundum ráperes ab aliéno [Cuando alimentaste a tus discípulos en la cena, expusiste a Judas porque sabías que él Te traicionaría, y también que él no se arrepentiría, Tú le revelaste a todos que Te dejarías entregar para liberar al mundo del maligno]» (Ibid., Himno temporal para el segundo Evangelio).
  • «Amórem fraternitátis tánquam in Christo fratres, est non inclemeléntiam erga nostrum próximum acquirámus: ne ut servus ille immiséricors propter denários damnénur; et ne ut Judas pœniténtia ducti, nihil juvémur [Como hermanos en Cristo adquiramos el amor fraternal y no la inclemencia ante nuestro prójimo, para que como el siervo sin misericordia no seamos condenados por el dinero, o no consigamos nada de nuestras penitencias como Judas]» (Ibid., Antífona 4.ª).
  • «A otros lleva al orden Sacerdotal la ambición y apetito de honras. Otros quieren ordenarse por abundar en riquezas: de lo cual es prueba clara que sino se les confiere algún beneficio pingüe de la Iglesia, ni se acuerdan siquiera de los Sagrados órdenes. Estos son los que llama nuestro Salvador mercenarios (Jn. X) de quienes decía Ezequiel, que se apacentaban a sí mismos, no a las ovejas (cap. XXXIV) cuya vileza y perversidad no solo obscurece el orden del Sacerdocio, tanto que vienen a ser el oprobrio y desecho en el pueblo Cristiano, sino que hace también que no saquen ellos mismos del Sacerdocio sino lo que Judas de la dignidad del Apostolado, que fue su eterna perdición» (Catecismo del Santo Concilio de Trento, parte II, cap. VII “Del Sacramento del Orden”, pág. 207).
  • «Pero está firmemente establecido que Judas fue reprobado y condenado, tanto desde el paso donde es llamado “hijo de la perdición” [Juan XVII, 12] como desde Mateo 26, donde el Señor dice sobre Judas: “Mejor sería para ese hombre si no hubiera nacido”» (San Roberto Belarmino, “De Justificatióne”, Libro 3, Cap. XIV).
  • «Cuando se reflexiona que un apóstol de Cristo, uno de los Doce, como con dolor observan los evangelistas, Judas, fue arrastrado al abismo de la maldad precisamente por el espíritu de codicia de los bienes de la tierra, se comprende bien que ese mismo espíritu haya podido acarrear a la Iglesia tantos males en el curso de los siglos» (Papa Pío XI, Encíclica Ad Cathólici Sacerdótii, n. 39).
Por donde se colige lo siguiente:
  • Judas Iscariote estaba cegado por la codicia, y llevaba dos años urdiendo la traición al Señor después de que Él no procediera según sus expectativas de un reino terrenal.
  • Judas rechazó las inspiraciones de la gracia que lo llamaban a arrepentirse de su inicuo proceder.
  • Ante el resultado de su traición (la condena a muerte de Jesús), busca por sus propias fuerzas liberarse de su culpa.
  • Al verse rechazado por el Sanedrín y que su remordimiento fue inútil, desespera y saliendo de la ciudad, se suicida ahorcándose.
  • Por ende, Judas Iscariote está en el Infierno, donde es atormentado por los demonios POR TODA LA ETERNIDAD.
Y si se mide aun con el estándar tan “vara baja” bergogliano, IGUAL JUDAS SE CONDENA por “no pedir perdón”.

domingo, 11 de febrero de 2024

SAN ROBERTO BELARMINO CONTRA “RECONOCER Y RESISTIR”

Traducción del artículo publicado por el padre Anthony Cekada en el boletín de la iglesia Santa Gertrudis la Magna (Octubre de 2004).
   
LA CITA BELARMINIANA DE LA “RESISTENCIA”: OTRO MITO TRADICIONALISTA
Por el Rev. P. Anthony Cekada.
   
San Roberto Belarmino (anónimo)

Desde la década de 1970, incontables escritores tradicionalistas que han rechazado las enseñanzas del Vaticano II y la Nueva Misa pero que se oponen al sedevacantismo han justificado su propia postura reciclando irreflexivamente la siguiente cita de San Roberto Belarmino:
«Así como es lícito resistir a un Pontífice si ataca al cuerpo, así también es lícito resistirlo si asalta a las almas o turba el orden civil y más si intenta destruir la Iglesia. Es lícito resistirlo, afirmo, no haciendo lo que manda e impidiendo la ejecución de su voluntad. Con todo, no es lícito juzgarlo, castigarlo, o deponerlo, porque son actos propios de un superior» (De Románo Pontífice, título II, cap. 29).
Nos han dicho repetidamente que este pasaje respalda la noción que el movimiento tradicionalista puede “resistir” las falsas doctrinas, las leyes malas y el culto sacrílego que pronulgaron Pablo VI y sus sucesores, pero que todavía continúa “reconociéndolos” como verdaderos Vicarios de Cristo (esta idea errónea es atribuida también a otros teólogos como el cardenal Tomás de Vío Cayetano).
    
También nos han dicho que el mismo pasaje de Belarmino destruye el principio detrás del sedevacantismo (que un papa hereje pierde automáticamente su oficio) porque los sedevacantistas “juzgan” y “deponen” al papa.
     
Resulta que estas conclusiones son simplemente otro ejemplo de cómo los bajos estándares intelectuales en la polémica tradicionalista dan a luz mitos que rápidamente toman el aura de verdades casi reveladas.
   
Cualquiera que realmente consulte las fuentes originales y entienda unas pocas distinciones fundamentales en derecho canónico llegará  a un conjunto diferente de conclusiones sobre lo que el famoso pasaje de la “resistencia” realmente significa, a saber:
(1) Belarmino habla de un papa moralmente malo que da mandatos moralmente malos, no de quien, como los papas pos-Vaticano II, enseña error doctrinal error o impone leyes malas.
(2) El contexto de la cita es un debate sobre los errores del galicanismo, no el caso de un papa herético.
(3) Belarmino está justificando la “resistencia” pot reyes y prelados, no por los católicos individuales.
(4) Belarmino enseña en el capítulo siguiente de su obra (30) que un papa hereje pierde automáticamente su autoridad.
En una palabra, el pasaje no puede ni ser aplicado a la crisis presente, ni ser invocado contra el sedevacantismo.
  
Un breve comentario en orden sobre cada uno de estos puntos.
    
1. Mandatos malos, no leyes malas. En realidad, los tradicionalistas “resisten” las falsas doctrinas (v.g., sobre el ecumenismo) y las malas leyes (v.g. la Nueva Misa) promulgadas por los papas posconciliares.
    
Pero en la famosa cita, Belarmino aborda otro caso totalmente distinto: se le ha preguntado sobre un papa que ataca injustamente a alguien, perturba el orden público, o «trata de matar las almas con su mal ejemplo» (ánimas malo suo exémplo nitátur occídere). En su respuesta, dice: «Es lícito resistirlo, afirmo, no haciendo lo que manda» (…licet, ínquam, ei resístere, non faciéndo quod jubet).
   
Esta expresión describe a un papa que da mal ejemplo o da mandatos malos, en lugar de —como sería el caso de Pablo VI o sus sucesores— un papa que enseña error doctrinal o impone leyes malas. Esto es claro del capítulo 27 de De Comparatióne Auctoritátis Papæ et Concílii, del cardenal Cayetano, al cual Belarmino cita inmediatamente para sostener su postura.
  
Primero, en su título para el capítulo 27, Cayetano dice que va a abordar un tipo de falta papal «distinto a la herejía» (ex álio crímine quam hærésis). La herejía, dice, cambia totalmente el status del papa como cristiano (mutávit christianitátis statum). Es el “delito mayor” (majus crimen). Los otros son “delitos menores” (crimínibus minóribus) que “no se le igualan” (cœ́tera non sunt pária, [ed. Roma: Angelicum 1936], pág. 409). 
    
Por ende, ni Belarmino ni Cayetano se refieren a “resistir” los errores doctrinales de un papa mientras al mismo tiempo continúan considerándolo un verdadero papa.
   
Segundo, a lo largo de De Comparatióne, Cayetano provee ejemplos específicos de malas acciones papales que justifican la resistencia por parte de sus súbditos: «promover a los malvados, oprimir a los buenos, comportarse como tirano, alentar los vicios, blasfemias, avaricias, etc.» (356), «si él oprime a la Iglesia, mata a las almas [por el mal ejemplo]» (357), «disipar los bienes [de la Iglesia]» (359), «si actúa manifiestamente contra el bien común de la caridad para con la Iglesia Militante» (360), tiranía, opresión, agresión injusta (411), «destruir públicamente a la Iglesia», vender los beneficios eclesiásticos, y permutar los cargos (412).
  
Todos ellos involucran mandatos (præcépta) malos, pero los mandatos malos no son iguales a las leyes (leges) malas. Un mandato es particular y transitorio; la ley es general y es estable. (Para una explicación al respecto, ver el canónigo Raoul Naz, voz “Précepte”, en Dictionnaire de Droit Canonique, [París: Letouzey 1935-65], tomo VII, págs. 116–117).
    
El argumento de Belarmino y Cayetano justifican solamente resistir los mandatos malos de un papa (vender el pastorado de una parroquia al mejor postor, dice). No respalda la noción de que un papa, mientras aún retiene la autoridad de Jesucristo, puede (por ejemplo) imponer una Misa sacrílega y protestantizada a toda la Iglesia, cuyos miembros pueden entonces “resistirlo”, mientras continúan reconociéndolo como un verdadero papa.
    
2. Antigalicanismo. Los escritores tradicionalistas han distorsionado aún más el pasaje porque lo citan fuera de contexto. 
   
Este aparece en el abordaje que hace Belarmino de un tema completamente no relacionado con los tradicionalistas del presente: los argumentos protestantes y galicanos de que la Iglesia o el papa deben estar sujetos de un rey o un concilio general. El pasaje comprende solamente una oración en un capítulo que abarca dos páginas y media de cuartilla [157,5 × 215,0 mm; medio folio] a dos columnas de imprenta fina dedicadas a este particular (Ver De Controvérsiis [Nápoles: Giuliano 1854], tomo I, págs. 413-418).
    
Específicamente, el pasaje es tomado de la respuesta belarminiana al siguiente argumento: 
«Argumento 7.º Cualquier persona tiene permitido matar al papa si es injustamente atacado por él. Por tanto, con mayor razón se permite a los reyes o a un concilio deponer al papa si perturba al estado, o trata de matar a las almas por su mal ejemplo» (op. cit. 1:417)
Esta era la postura de los galicanos, que ponían la autoridad de un concilio general por encima de la del papa.
    
Es absurdo afirmar que una frase en la réplica de Belarmino a este argumento justifica de alguna forma general la “resistencia” a los errores posteriores al Vaticano II.
   
El absurdo se vuelve más evidente cuando adviertes que inmediatamente después de esta sentencia, Belarmino cita De Comparatióne de Cayetano, cuyas 184 páginas en octavilla [107,5 × 157,5 mm, media cuartilla] fueron escritas en su totalidad para refutar el galicanismo y el conciliarismo.
   
3. No es “resistencia” individual. Ítem, en contexto, la cita de Belarmino no justifica la “resistencia” a los papas por los individuos, como algunos tradicionalistas parecen pensar, sino la resistencia por los reyes o los concilios generales.
    
La postura galicana que Belarmino refutó sostenía que está permitido «a los reyes o el concilio» (licébit régibus vel concílio) deponer al papa. No hay nada de sacerdotes o laicos individualmente considerados.
   
Una vez más, este significado está claro en el capítulo 27 de Cayetano. «Los príncipes seculares y los prelados de la Iglesia [príncipes mundi et præláti Ecclésiæ]», dice, tienen disponibles muchas formas de organizar «resistencia o impedimento al abuso de su potestad [resisténtiam, impediméntumque abúsus potestátis]» (412).
   
De ahí que es imposible sostener que Belarmino y Cayetano estuviesen tratando el tema de un católico cualquiera resistiendo al papa.
    
4. Belarmino y el papa hereje. Y finalmente, en el capítulo siguiente al de la famosa frase (30), Belarmino trata explícitamente la cuestión de “Si un papa herético puede ser depuesto” (An papa hæréticus depóni possit.)
   
Belarmino refuta las respuestas dadas por distintos teólogos, incluyendo Cayetano, quien sostenía que un papa hereje necesitaba ser depuesto. Belarmino sustenta su respuesta en el siguiente principio:
«Los herejes ya antes de ser excomulgados están fuera de la Iglesia y privados de toda jurisdicción. Pues ya fueron condenados por su propia sentencia, como enseña el Apóstol (Tit. 3, 10-11)» (op.cit., tomo I, pág. 419). 
El santo concluye:
«Luego, la opinión verdadera es la quinta, de acuerdo con la cual el Papa hereje manifiesto deja por sí mismo (per se) de ser Papa y cabeza, del mismo modo que deja por sí mismo de ser cristiano y miembro del cuerpo de la Iglesia y por eso puede ser juzgado y punido por la Iglesia. Esta es la sentencia de todos los antiguos Padres, que enseñan que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción».
Entonces, los escritos de Belarmino respaldan en lugar de refutar el principio detrás de la postura sedevacantista: un papa hereje se depone a sí mismo.
   
* * * * *
  
En resumen: La noción que el famoso pasaje de Belarmino justifica la “resistencia” a un verdadero papa y simultáneamente “refuta el sedevacantismo” está basada en la ignorancia del significado tanto del texto como de su contexto. Es hora que los tradicionalistas dejen de promover esos mitos tontos.
   
Un verdadero papa no enseña error doctrinal durante décadas o promulga una Misa sacrílega, por tanto, no hay necesidad de resistirlo.

miércoles, 27 de diciembre de 2023

LA NECESIDAD DE LA PENA CAPITAL PARA LOS HEREJES

«La experiencia enseña que no hay otro remedio [sino condenar a muerte a los herejes], porque a medida que la Iglesia progresaba probó todos los remedios. Primero utilizó sólo la excomunión, luego añadió sanciones pecuniarias, luego utilizó el exilio y, finalmente, se vio obligada a implementar la pena de muerte, porque los herejes desprecian la excomunión, y dicen que es un rayo frío. Si se les amenaza con una sanción pecuniaria, no temen a Dios ni muestran reverencia hacia los hombres, sabiendo que no faltarán tontos que creerán en ellos y los apoyarán. Si se los encierra en prisión o se los envía al exilio, ellos corromperán con sus palabras a los que están cerca de ellos, y con sus libros a los que están lejos. Por tanto, el único remedio es enviarlos rápidamente al lugar donde pertenecen.
    
[…]
    
Los herejes son más dañinos para sus vecinos que cualquier pirata o ladrón, ya que destruyen las almas e incluso los fundamentos de todo lo bueno y llenan la comunidad de disturbios, actos que necesariamente siguen a las diferencias de religión.
    
Además, su castigo beneficiará a muchos que, sin tal castigo, nada harían, sino que serían impulsados por el castigo a concluir la gravedad de la herejía que están siguiendo, y a considerar que tal vez puedan acabar su vida presente en la miseria y no alcanzar la bienaventuranza futura. Por ende también el bienaventurado San Agustín atestigua, en la epístola 48 [93, a Vicente rogatista], que muchas personas se convirtieron después de que las leyes imperiales prohibieran a los herejes quedar impunes, y vemos que esto sucede todos los días en lugares donde la Inquisición florece.
   
Finalmente, es beneficioso para los herejes obstinados ser eliminados de esta vida, porque cuanto más tiempo viven, más errores cometen, más personas corrompen y más condenación adquieren para sí mismos». (SAN ROBERTO BELARMINO, Sobre los laicos o personas seglares, cap. XXI).

miércoles, 15 de noviembre de 2023

DEL SIGNIFICADO DE «APACIENTA MIS OVEJAS»

Por Recusant Catholic (Twitter/X).
   

«Apacienta mis ovejas» (San Juan XXI, 16).
   
A continuación, un breve resumen de la exposición de San Roberto Belarmino sobre este verso, y cómo prueba la jurisdicción universal del Papa.
   
En primer lugar, se muestra que solo a Simón Pedro le fue dicho «Apacienta mis ovejas». Porque Nuestro Señor pregunta directamente: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» inmediatamente antes de dar el divino mandato. En la Vulgata de San Jerónimo, es “Simon Joánnis”, en el caso dativo.
   
Además, los Padres de la Iglesia comentan que la tristeza de San Pedro al negar a Nuestro Señor (solo Pedro estaba triste) fue magnificada porque fue él quien prometió amar a Nuestro Señor.
   
Finalmente, San Máximo confirma que a San Pedro se le «confió apacentar los rebaños y corderos».
   
Al refutar a Calvino, San Belarmino también añade que San Pedro ordenó a los obispos gobernar su propia grey particular: «Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros [páscite qui in vobis est gregem Dei]» (1.ª Pedro V, 2).
   
Ahora procedamos al significado de “apacentar”. Los pastores no solamente ofrecen alimento a las ovejas, sino que las gobiernan y las compelen con una vara.
    
De ahí la sabia elección de San Juan, que escribió Ποίμαινε, poimaine: «pastorear, arrear, dirigir, gobernar».
   
Esta es la misma palabra griega usada por San Mateo II, 6: «Porque de ti saldrá el capitán que ha de gobernar a mi pueblo Israel».
   
En otras palabras, San Juan claramente quería decir no solo una mera consejería espiritual, sino un verdadero poder de pastorear, dirigir y gobernar.
   
Hasta ahora hemos visto que (1) a San Pedro le fue conferido por Cristo (2) un poder de dirigir o gobernar. Ahora procedemos a considerar si “ovejas” significa la Iglesia universal.
   
San Belarmino explica que a San Pedro le fue confiado el cuidado de los judíos (agni), los gentiles (agni), y de los que DARÍAN A LUZ en Cristo a estos corderos, esto es, los Apóstoles (oves).
   
¡De qué misterio y esplendor están llenas las palabras del Santo Evangelio!
   
Notemos primero el pronombre “mis”. Cuando se añade sin ninguna restricción a la palabra “ovejas”, significa manifiestamente que todas estas ovejas fueron consignadas a Pedro, al cual se extiende el pronombre “mis”.
   
No hay cristianos que no se llamen ovejas de Cristo: por ende, todos los cristianos, sin excepción, están encomendados a San Pedro.
  
Cuando el Señor dice: «Mis ovejas oyen mi voz, y Yo las conozco» (San Juan X, 27), nadie negará que Él quería decir todas Sus ovejas.
   
¿Y qué es «apacienta mis ovejas» si no «cuida de mi grey»? ¿No hay un solo rebaño y un solo pastor? Por tanto, este único rebaño, todo el rebaño, fue encomendado a San Pedro.
   
San Epifanio confirma que la grey fue confiada a aquel que escuchó «apacienta mis ovejas».
    
San Juan Crisóstomo confirma que este verso muestra que «Jesús puso en sus manos la autoridad principal entre los hermanos» a aquel que es «el escogido entre los Apóstoles, la boca de los discípulos, y el líder del grupo» (Homilía 88 sobre San Juan).
   
Esto podría ir más lejos, pero basta decir que (1) solo a San Pedro (2) le fue confiado el cuidado de la grey universal, (3) cuyo cuidado se entiende como una verdadera autoridad de gobierno.
   
Tomado de San Roberto Belarmino, De Románo Pontífice, lib. I, caps. XIV - XVI.

domingo, 17 de septiembre de 2023

SAN ROBERTO BELARMINO, PROCLAMADO DOCTOR DE LA IGLESIA

Traducción del artículo publicado en WM REVIEW.
  
NOTA DE LOS EDITORES
El 13 de Mayo de 1917 fue la fecha de la primera aparición en Fátima, en la cual la Virgen dio un mensaje vital a un mundo sufriente. Pero el mismo día, Eugenio Pacelli, posteriormente XII, fue consagrado obispo por Benedicto XV.
    
Pero hay una tercera fecha que hace interesante a esta fecha: es la fiesta de San Roberto Belarmino, el “Doctor de la Eclesiología”.
    
¿Hay un vínculo entre estas tres fechas?
    
La enseñanza de San Roberto sobre la misma Iglesia y el Romano Pontífice es de suprema autoridad. Su importancia para el Concilio Vaticano I es clara por el texto de Pío XI a continuación. Como escribe Brodrick: «En Trento, la Biblia y Santo Tomás dirigieron los debates. En el Vaticano [I], la Biblia, Santo Tomás y Belarmino» [James Broderick SJ, San Roberto Belarmino, vol. I. Londres, Longmans 1950, pág. 188].

Su magnitud en este campo es visto más claramente por los que, divergentes de las conclusiones de San Roberto sobre la eclesiología, tratan de reclamarlo como su autoridad. Haríamos bien en apreciar su contribución a la eclesiología, especialmente durante esta crisis eclesiológica.

En mi opinión, por poco que parezca, este alineamiento de fechas sugiere al menos un vínculo entre el mensaje de Fátima, la postura de Pío XII y la eclesiología de San Roberto Belarmino. De hecho, hay partes del mensaje de Fátima que se vuelven mucho más claras cuando se consideran a la luz de la eclesiología de Belarmino.

También para la naturaleza de este vínculo: Pienso que podemos tener ideas, aun si la verdad no se hace clara hasta el futuro.
   
He incluido una breve lista de lectura luego del texto de Pío XI.
   
PROVIDENTÍSSIMUS DEUS
  
Su Santidad Pío XI
1931

Declaración de San Roberto Belarmino, de la Compañía de Jesús, como Doctor de la Iglesia Universal

PIO PP. XI
PARA MEMORIA PERPETUA

Dios en su gran providencia, desde los inicios de la Iglesia de Cristo hasta los tiempos más actuales, ha levantado continuamente hombres distinguidos por la ciencia y la santidad para defender e iluminar las verdades de la fe católica y reparar oportunamente los daños infligidos por los herejes a estos. mismas verdades cristianas.

Entre estos hombres debe incluirse, sin la menor duda, san Roberto Belarmino, cardenal de la Iglesia romana, de la Compañía de Jesús. Desde los días de su santísima muerte fue llamado “un hombre notable, un teólogo insigne, un ardiente defensor de la fe, el martillo de los herejes” y también fue declarado “tan piadoso, prudente y humilde como generoso con los pobres”. ”. No es de extrañar que, habiendo finalmente cumplido todos los procesos canónicos, en nuestros tiempos y por un consejo particular de la Divina Providencia, fuera elevado a los honores de los altares. Porque en una carta apostólica publicada bajo el anillo del pescador el 13 de mayo de 1923, concedimos a Roberto Belarmino el título de Beato. Así, cuando celebramos el cuadragésimo año de nuestro sacerdocio, junto con los bienaventurados mártires de la Compañía de Jesús,

Esto era correcto y apropiado, ya que el santo mismo era la gloria más brillante del episcopado católico, del Colegio Cardenalicio, de la famosa Compañía de Jesús que produjo para la Iglesia un hombre tan excepcional y cultivó con diligencia a su alumno. Porque al entrar en la misma fértil Sociedad, San Roberto estaba tan adornado con las peculiares virtudes de un verdadero amigo de Jesús, que parecía enteramente el ornamento y la gloria de sus compañeros, así como su estímulo y modelo. En el mismo orden ascendió y ocupó casi todos los puestos; fue alumno del Colegio Político, luego, en la Compañía, novicio, erudito, religioso, maestro, predicador sagrado, maestro, director espiritual, rector. provincial: en el cumplimiento de todos estos deberes debe ser citado perpetuamente como modelo; de la misma manera,

Nuestro predecesor Clemente VIII, que quería hacerlo, aunque “a regañadientes y a regañadientes”, cardenal de la Iglesia romana, lo elogió mucho, porque en aquella época “en materia de conocimiento, la Iglesia de Dios no tenía igual”. Pero los ricos frutos de este singular aprendizaje los llevó San Roberto a lo largo de su vida hasta la vejez. Siendo aún joven escribió los Elementos de la lengua hebrea y también compuso de manera muy erudita un libro sobre escritores eclesiásticos, aunque éste se publicó un poco más tarde. Después y durante toda su vida trabajó intensamente en las Sagradas Escrituras de modo que, al preparar una edición de la Septuaginta y una edición de la Vulgata, habiendo sido convocado por los papas para tal fin, obtuvo un éxito [marcado por] gran distinción y cuidado. Repasó todos los segmentos de la sagrada enseñanza con suma constancia hasta su muerte. Incluso en el intercambio de cartas con conocidos, cartas que se enviaron a casi todo el mundo y de las que aún existen un gran número, se esforzó en estas ramas de la enseñanza de manera muy fructífera. Y con gran celo prestó su ayuda a las Congregaciones Apostólicas, y al tratar de los asuntos más serios, incluso de la Iglesia Oriental, dio brillantes testimonios de su erudición y prudencia. Esto lo confirman abundantemente los mismos documentos, muchos de los cuales aún permanecen ocultos en los archivos de las Congregaciones. Las mismas votaciones –como se las llama– “se refieren a cuestiones de fe, ritos sagrados, comprensión de las Escrituras y otras controversias de este tipo”, en las que San Roberto estuvo continuamente involucrado.

Sus “Disputas sobre controversias de la fe cristiana” contra los herejes constituye “claramente su trabajo más noble” y arduo. San Roberto, bajo el mando del Superior General de la Compañía de Jesús, los publicó por primera vez entre 1586 y 1593, primero en tres volúmenes y luego en cuatro. De hecho, después de mucho tiempo de estudio y enseñanza, San Belarmino ya los había preparado de alguna manera cuando anteriormente en Lovaina, en el Colegio de la Compañía de Jesús, había dado conferencias sobre la Summa [Teología] de Santo Tomás a un gran audiencia de estudiantes universitarios. A partir de 1576 trabajó estrechamente en ellas cuando, tras la creación de una “Cátedra de Controversias”, sus superiores le confiaron la tarea de enseñar teología y lo hizo en esta ciudad para defender los dogmas católicos contra los errores que entonces permeaban. muchas naciones de Europa.

Así, San Roberto, consciente de las necesidades de su tiempo, resolvió de todo corazón mantener la regla ignaciana “de tener en la más alta estima la sagrada doctrina, tanto la que comúnmente se llama 'positiva' como la que se llama 'escolasticismo'”. Esta norma establecida por su padre Ignacio, Belarmino la siguió firmemente, especialmente en las disputas de las controversias de fe contra todos los herejes: hasta el punto de que, especialmente en esta materia de controversias, no injustamente debe ser considerado como el modelo más importante y ser citado como el ejemplo más ilustre de matrimonio feliz: la teología positiva (como la llaman) y la [teología] escolástica.

Pero, para lograr el fin que se proponía, no le faltaron las dotes apropiadas de inteligencia y genio. Ya desde su juventud parecía estar dotado del intelecto más agudo, adornado con una vivacidad intelectual propia de sus estudios, y con una rapidez mental tan grande y una fuerza de memoria prodigiosa que todo lo que leía u oía, lo captaba inmediatamente. y recordado poderosamente. Además, el santo naturalmente hablaba y escribía sus libros con una elocuencia pronta y brillante, evitando la inclusión inútil de temas y adornos literarios de moda en su época; y sin embargo, sus refinamientos incluían la familiaridad con la mejor literatura y, en su juventud, estaba empapado en música, poesía y todas las artes liberales [ omnique humanitate] – el estilo que empleó fue lúcido y sencillo; “siendo de un genio versátil, era igualmente experto en la sublime especulación escolástica y en la investigación histórica y filosófica que era tan necesaria en ese momento en que los reformadores afirmaron audazmente que tomaban sus principales argumentos del dominio de la teología positiva”.

No es de extrañar, por tanto, que tan pronto como las “Disputas sobre las controversias de la fe cristiana” de Belarmino fueron leídas en la ciudad [es decir, Roma], en la Universidad Gregoriana, superaron con creces todas las expectativas que habían suscitado: [de modo que] fueron impresos y publicados una y otra vez, siendo continuamente deseados y buscados por todos; que su autor fue considerado por muchos teólogos católicos no sólo de su tiempo, sino también del nuestro, como el Maestro de las Controversias. Pero, además de lo mismo, las muy famosas “Disputas” que abarcan en su extensión casi toda la teología, nos recuerdan excelentemente la misma defensa y demostración de los artículos noveno y décimo del Credo “una santa Iglesia, comunión de los santos, remisión de los pecados”; Escribió muchas otras obras, de diversa extensión según lo requería el tema, y ​​muchos trabajos emprendió para la promoción de la fe y la protección de los derechos de la Iglesia.

Pero es una hazaña notable de San Roberto que los derechos y privilegios divinamente concedidos al Sumo Pontífice, y también aquellos que aún no eran reconocidos por todos los hijos de la Iglesia en aquel momento, como el Magisterio infalible del Pontífice hablando ex cátedra, demostró estar invicto y defendió más sabiamente contra sus oponentes. Además, ha aparecido hasta el día de hoy como un partidario del Romano Pontífice de tal autoridad que los Padres del Concilio Vaticano (1870) han utilizado sus escritos y opiniones en la mayor medida posible. Tampoco deben ignorarse sus sagrados sermones y obras catequéticas, especialmente el famoso Catecismo “que ha sido aprobado por su uso a lo largo de los tiempos y por el juicio de muchos obispos y doctores de la Iglesia”. En efecto, en este Catecismo, escrito por orden de Clemente VIII, el ilustre santo teólogo expuso, para uso del pueblo cristiano y especialmente de los niños, la verdad católica en un estilo sencillo, tan brillante, exacto y ordenado que durante casi tres siglos en muchas regiones de Europa y del mundo, dieron muchos frutos con el alimento de la doctrina cristiana a los fieles. En su libro que expone los Salmos, unió el conocimiento con la piedad. Finalmente, a partir de sus famosos escritos ascéticos, se coincide en que San Roberto se convirtió en la guía más segura para muchas personas hacia la cima de la perfección cristiana. Porque ya sea en su Admonición al obispo Theanensis, su sobrino, donde enseñó lo que pertenece a la vida apostólica y eclesiástica, o en sus Exhortaciones domésticas donde enardeció a sus compañeros a todas las virtudes, o en su Buen Gobierno donde transmitió preceptos a los príncipes cristianos y explicó cuáles son sus deberes, es decir, en su entusiasmo por la piedad y la devoción de los fieles cristianos mediante aquellas breves pero ricas obras basadas en las Sagradas Escrituras, en las enseñanzas de los santos padres teólogos y en los anales de la Iglesia y las actas de los Santos, vemos que San Roberto llevó a cabo su enseñanza ascética con eficacia y celo especializado. Por lo tanto, los ilustres monumentos que dejó de su genio muestran fácilmente que casi no hubo rama de las disciplinas eclesiásticas en las que el Santo no se involucrara fructíferamente.

Como lámpara colocada sobre un candelero para iluminar a todos los que están en la casa, iluminó con palabras y acciones a los católicos y a los que se extraviaron de la unidad de la Iglesia; como una estrella en el firmamento del cielo, reveló la verdad que promovió sobre todo a todos los hombres de buena voluntad “por los magníficos rayos de su conocimiento, rayos tan anchos como altos, por el esplendor de su excelencia y genio brillante”. ”; primer apologista no sólo de su tiempo, sino también de los posteriores, por la ardua defensa de los dogmas católicos que asumió, se encomendó a la memoria y admiración de todos los que siguen con genuino amor la Iglesia de Cristo. Así, Belarmino, incluso hasta este tiempo, gozaba de los hombres más famosos de la Iglesia, y especialmente de los escritores, tantos como florecieron, autoridad tan grande que una vez fue considerado e invocado con reverencia por ellos como doctor de la Iglesia. Al respecto, nos basta mencionar a los santos que, por su eminente erudición unida a su heroica santidad, ya han sido declarados doctores de la Iglesia Universal; hablamos especialmente de San Pedro Canisio, San Francisco de Sales, San Alfonso María de Ligório. Pero hubo otros santos, benditos, venerables, siervos de Dios también, cuya alta opinión sobre la erudición y el conocimiento de Belarmino está atestiguada por evidencia inequívoca.

No es de extrañar que muchos quieran verdaderamente aclamar a san Roberto como Doctor de la Iglesia. Esta es una voluntad y un deseo alimentados no sólo por quienes comparten principios comunes de convivencia con él en la Compañía de Jesús, que continuamente y en todas partes ha servido bien a la causa de la promoción y defensa de la fe católica, sino también por los hombres más ilustres de todos. las filas de la jerarquía eclesiástica. Porque tales deseos los apoyan los cardenales de la Santa Iglesia Romana y casi todos los arzobispos y obispos del mundo entero, así como los superiores de las comunidades religiosas, los funcionarios de las universidades católicas y, finalmente, muchos otros hombres ilustres. Por tanto, consideramos oportuno encomendar a la Sagrada Congregación Romana un asunto de tan gran importancia como deseo y voluntad sincera para la protección de los Ritos. Esta Congregación, por Nuestro Mandato Especial, delegó a los hombres más eminentes y reverendos para examinar el assunto: Alejo Enrique Lépicier, Cardenal titular de Santa Susana de la Santa Iglesia Romana, y Francisco Ehrle, Cardenal de la Santa Iglesia Romana, diácono de San Cesáreo en Palacio.

Así, habiendo buscado y obtenido los veredictos separados de estos cardenales e incluso impresos, sólo restaba preguntar a los responsables de la Congregación de los Sagrados Ritos si, considerando todas las cosas que normalmente se exigen a un Doctor de la Iglesia Universal, creyó posible proceder a la declaración de San Roberto Belarmino como Doctor de la Iglesia Universal. En una reunión ordinaria celebrada el 4 de agosto recién convocada en el Vaticano, después de que nuestro amado hijo, el relator de la causa, Cajetan Bisleti, Cardenal de la Santa Iglesia Romana, hubiera dado el debido informe sobre el asunto, los Cardenales de la Santa Iglesia Romana encargados de la Congregación de Ritos Sagrados declararon por unanimidad su opinión afirmativa.

Por eso, habiendo oído también de todos estos asuntos nuestro amado hijo, Procurador General de Santa Fe, el día seis de agosto del presente año, Nosotros, cediendo por nuestra propia voluntad y con alegría a los deseos de tantos y tan grandes proponentes quienes fueron puestos ante Nosotros, por el contenido de estos dones y en virtud de nuestro propio conocimiento cierto y madura deliberación establecemos y declaramos a San Roberto Belarmino Obispo, Confesor, Doctor de la Iglesia Universal; Decretamos, por tanto, que la Misa y Oficio bajo el rito Doble Menor, que fueron asignados a la fiesta del mismo Santo el 13 de mayo de cada año, sean extendidos por Nuestra autoridad de ahora en adelante a la Iglesia universal. Cualesquiera otras constituciones y ordenanzas apostólicas que puedan tener efecto contrario no deben impedirlo. Decretamos que los presentes fueros quedan y permanecen establecidos, válidos y vigentes: y reciben y obtienen sus plenos e inalterados efectos; y que, por lo tanto, se juzga y define correctamente que si cualquier persona, de cualquier autoridad, ya sea consciente o ignorante, intentara algo con respecto a estos asuntos de otra manera [= contrario a lo que hemos decretado], sería a partir de ahora inválido y sin éxito. .

Dado en Roma, junto a San Pedro, bajo el anillo del Pescador, el 17 de septiembre de 1931, décimo de nuestro pontificado

martes, 21 de junio de 2022

TESTIMONIO DE SAN ROBERTO BELARMINO SOBRE SAN LUIS GONZAGA


Carta de San Roberto Belarmino al padre Virgilio Cepari SJ, autor de la Vida del bienaventurado San Luis Gonzaga:
Muy Reverendo Padre mío,
    
Con mucho gusto responderé a lo que V. R. me pregunta, porque juzgo que es gloria de Dios nuestro Señor que se sepan los favores que su Divina Majestad hace a sus siervos. Yo confesé largo tiempo a nuestro dulcísimo y santísimo hermano Luis Gonzaga, y una vez le confesé generalmente de toda su vida, y me ayudaba a Misa, trataba y comunicaba conmigo con afecto y gusto de cosas de nuestro Señor. Por la noticia de estas confesiones, y por la comunicación y trato que con él tuve me parece que con toda verdad se pueden afirmar de él las cosas siguientes.
    
Lo primero, que en toda su vida no hizo pecado mortal, y esto lo tengo por cierto desde la edad de siete años hasta su muerte; y en cuanto a los siete primeros años (en los cuales aún no tenía aquel conocimiento tan particular de Dios como después) téngolo por conjeturas, porque no es verosímil que en aquella edad pecase mortalmente; principalmente teniéndole ya Dios señalado para una pureza tan grande como tuvo. Lo segundo, que desde el séptimo año de su vida en el cual (como él me decia) se había convertido del mundo a Dios; vivió vida perfecta. Lo tercero, que jamas sintió estímulo de carne. Lo cuarto, que de ordinario no tenía ni sentía distracción en la oración y contemplación, la cual por la mayor parte tenía de rodillas sin arrimarse a nada. Lo quinto, que fue un dechado de obediencia, de humildad, de mortificación, de abstinencia, de prudencia, de devoción, de pureza.
     
En los últimos días de su vida tuvo un consuelo tan excesivo representándosele la gloria de los bienaventurados, que le pareció no haber durado un cuarto de hora habiendo durado casi toda la noche. En el mismo tiempo habiendo muerto el padre Ludovico Corbineli, y preguntándole yo qué juzgaba de aquella alma, él con gran resolución me respondió: Pasó solamente por el Purgatorio. Y conociéndole yo la condición y cuán considerado era en sus palabras, y el recato tan extraordinario que tenía para no afirmar lo que podía ser dudoso, tuve por cierto que lo había sabido por revelación; pero no le quise, apretar más por no darle ocasión de vanagloria. Otras muchas cosas pudiera decir que dejo por no asegurarme de mi memoria. En conclusión, yo tengo para mí que él se fue derecho al Cielo, y siempre tuve escrúpulo de rogar por su alma pareciéndome, que hacía injuria a la gracia de Dios que reconocí en ella; y al contrario jamás tuve escrúpulo de encomendarme á él, porque tengo gran confianza en sus oraciones.

V. R. me encomiende a nuestro Señor.
   
De palacio, a 17 de octubre de 1601.
   
De V. R.
   
Hermano afectísimo en Cristo,
Roberto card. Belarmino

viernes, 13 de mayo de 2022

SAN ROBERTO BELARMINO, CARDENAL


Roberto Francisco Rómulo Belarmino fue uno de los defensores más intrépidos de la verdad en el siglo XVI. Nació en la fiesta de San Francisco de Asís, el 4 de octubre de 1542 en Montepulciano en Toscana, de Vincenzo Belarmino y Cinzia Cervini, que era hermana del Papa Marcelo II. La familia era noble, aunque empobrecida.
 
San Roberto Belarmino ingresó en la Compañía de Jesús a la edad de diecisiete años. Sucesivamente profesor de teología y predicador en Lovaina (1569-1576), supo proteger a los estudiantes de la Universidad contra los errores de la Reforma.

Fue nombrado provincial de los jesuitas en Nápoles, luego enviado por Sixto V en misión diplomática en Francia; prestó los más distinguidos servicios a los Papas de su tiempo, quienes le demostraron una confianza ilimitada.

A través de sus libros Sobre las controversias asestó terribles golpes a la herejía protestante, al mismo tiempo, a través de su catecismo traducido a cuarenta idiomas, difundió por todas partes el conocimiento de la doctrina cristiana.

San Roberto Belarmino fue en su tiempo el mayor campeón católico contra las sutilezas heréticas y la irracionalidad de los protestantes. Ocupó en Roma en el Colegio Romano, la cátedra de Controversias, donde tuvo como alumno y penitente a San Luis Gonzaga. Entre los discípulos brillantes y virtuosos que formó, hay especialmente muchos de los valientes sacerdotes ingleses que contribuyeron a la supervivencia de la Iglesia católica en Inglaterra muriendo mártires en terribles tormentos.

La principal obra del Santo Doctor en este asunto de controversias y polémicas la constituyó la publicación de sus cursos impartidos en Roma, a toda una élite de estudiantes de todas partes. Tales fueron el origen y el material de su famosa colección de Libros recopilados y publicados bajo el nombre De Controversias (en latín: Controvérsia generális).

Con este único libro de Controversias bajo el brazo, otro santo doctor contemporáneo, todavía un sacerdote muy joven, partió solo, para reconquistar Chablais, en las fronteras de Ginebra, que se había convertido en calvinista. Su propio tratado Des Controverses está directamente inspirado en el de su mayor San Roberto Belarmino, por quien San Francisco de Sales siempre mantuvo una gran veneración y una gran gratitud.

El Tratado De Summo Pontifice, del Soberano Pontífice, más conocido hoy con el título: De Romano Pontifice, constituye la tercera parte de las Controversias, en el cual no solo defiende los derechos del Papado, sino que postula que en caso de herejía, apostasía o cisma, este queda por ese hecho en vacancia y sin necesidad de juicio o concilio que deponga al incurso.
   
Murió en la fiesta de los estigmas de San Francisco de Asís, el 17 de septiembre de 1621 en Roma. Pío XI lo beatificó el 13 de mayo de 1923, lo canonizó el 29 de junio de 1930 y lo proclamó Doctor de la Iglesia en 1931.
   
ORACIÓN
Oh Dios, que para hacer retroceder las trampas del error y defender los derechos de la Sede Apostólica has dotado a tu Pontífice y Doctor el Bienaventurado San Roberto, de una ciencia y una virtud admirables: haz que por sus méritos y su intercesión, crezcamos en el amor de la verdad y que los corazones de los perdidos vuelvan a la unidad de tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

viernes, 24 de septiembre de 2021

CONSTANTINOPLA CAYÓ POR NEGAR EL FILIÓQUE

«… A fin que ellos [los griegos] entendieran que la razón de su destrucción fue la pertinacia en el error respecto a la procedencia del Espíritu Santo, en la misma fiesta del Espíritu Santo [29 de Mayo de 1453], Constantinopla fue capturada por los turcos, el emperador fue muerto, y el imperio fue totalmente extinto… por tanto, muchos comparan a la Iglesia griega con el reino de Samaria, que se separó del verdadero templo, y al final fue llevado a cautividad perpetua» (SAN ROBERTO BELARMINO, De Christo, libro segundo, cap. 30).

martes, 14 de septiembre de 2021

SAN ROBERTO BELARMINO SOBRE LOS TEMPLOS PROTESTANTES (Y LOS CONCILIARES)


«Cuando entramos a basílicas ornadas y limpias, adornadas con cruces, sagradas imágenes, altares y lámparas ardiendo, concebimos facilísimamente devoción. Pero por otra parte, cuando entramos en los templos de los herejes, donde no hay nada excepto una silla para predicar y una mesa para hacer la cena, nos sentimos entrando en un salón profano y no en la Casa de Dios» (San Roberto Belarmino).

miércoles, 8 de septiembre de 2021

ORACIÓN A SAN ROBERTO BELARMINO

Tomada del COLLECTIF SAINT ROBERT BELLARMINE (Francia). Traducción propia.
   
  
ORACIÓN A SAN IGNACIO DE LOYOLA CONTRA LA MASONERÍA
Oh San Ignacio, mi amado Patrón, tú has tomado a Jesús por Cabeza en la guerra que has librado contra el Infierno, ardiendo con el deseo de asegurar el reino de Dios en todas partes. Ahora, he aquí que una sociedad impía, que se enorgullece de tener al príncipe de las tinieblas por cabeza, extiende sus estragos por toda la tierra y hace una guerra a muerte contra Jesucristo y contra las almas.

Ella juró exterminar a la Iglesia de Dios, destruyendo el poder temporal y espiritual del Vicario de Jesucristo, secando la fuente de vocaciones sacerdotales y religiosas, derrocando la fe mediante la corrupción de las costumbres y preparando generaciones sin Dios, a través de la educación impía de la niñez y la juventud.

¡Oh valiente Soldado de Jesucristo y de su Iglesia, depende de ti elevar el estandarte de la guerra contra el diablo y contra sus secuaces criminales! ¡Depende de ti suplicar a la Virgen Inmaculada que aplaste la cabeza de la serpiente infernal y haga resplandecer la gloria de su inmaculada Concepción!

Oh buen Padre, tú que eres tan poderoso contra los demonios, reprime su audacia y arrójalos al abismo; humilla y quebranta a los enemigos de Dios; salva de sus manos las almas que han seducido; pero sobre todo, oh gran Santo, ten piedad de los jóvenes, sálvalos de la pérdida de la fe. Así sea.

ORACIÓN DE LA MISA 
Oh Dios, que para hacer retroceder las trampas del error y defender los derechos de la Sede Apostólica has dotado a tu Pontífice y Doctor el Bienaventurado San Roberto, de una ciencia y una virtud admirables: haz que por sus méritos y su intercesión, crezcamos en el amor de la verdad y que los corazones de los perdidos vuelvan a la unidad de tu Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

LETANÍA
Sagrado Corazón de Jesús, salvación de los que en Ti esperan, ten piedad de nosotros.
  
Oh María, terrible como un ejército en orden de batalla, ayúdanos.

Nuestra Señora de La Salette y Fátima, ayúdanos.

San José, Terror de los demonios y Protector de la santa Iglesia, ayúdanos.

San Miguel Arcángel, abanderado de la Santísima Trinidad y nuestro auxilio en todas nuestras adversidades, ayúdanos.

San Pedro y San Pablo que intercedeis sin cesar por la santa Iglesia, ayúdanos.

San Ignacio de Loyola y San Roberto Belarmino, flagelos de herejías y poderosos refuerzos de la Iglesia militante, ayudadnos.

Santo Domingo de Guzmán y San Francisco de Asís, pilares de la Iglesia y defensores de la fe que aplasta las herejías, ayudadnos.

San Remigio, Santa Genoveva, Santa Clotilde, San Luis, Santa Juana de Arco, San Vicente de Paúl y todos los santos de Francia, ayudadnos.

Todos los Santos y Ángeles, ayudadnos en la lucha.

sábado, 17 de julio de 2021

NEWMAN Y EL DEBER DE RESISTIR A LOS MALOS PAPAS

«El Cardenal Juan de Torquemada dice: “Aunque claramente se sigue por la circunstancia que el Papa puede errar a veces, y ordenar cosas que no se deben hacer, que no estamos para ser obedientes simplemente a él en todas las cosas, eso no muestra que no debe ser obedecido por todos cuando sus mandatos son buenos. Para saber en qué casos debe ser obedecido y en cuáles no… dice en el cap. V de los Hechos de los Apóstoles: ‘se debe obedecer a Dios antes que a los hombres’. Por tanto, cuando el Papa ordene algo contra la Sagrada Escritura, o los artículos de fe, o la verdad de los Sacramentos, o los mandamientos de la ley natural o divina, él no debe ser obedecido, sino que tales órdenes deben ser pasadas por alto (despiciéndus) (Summa de Ecclésia, págs. 47-48); San Roberto Belarmino, hablando sobre resistir al Papa, dice: “Para resistir y para defenderse a sí mismo, no se requiere ninguna autoridad… luego como es lícito resistir al Papa si asalta a una persona, así también es lícito resistirlo si asalta a las almas o turba el Estado (Turbánti Rempúblicam), y más si intenta destruir la Iglesia. Es lícito resistirlo, afirmo, no haciendo lo que manda e impidiendo la ejecución de su voluntad” (De Románo Pontífice, libro II, cap. XXIX).
   
El arzobispo Francis Patrick Eustace Kenrick escribe: “Su poder le fue conferido para edificar, no para destruir. Si él lo usa por amor al dominio (quod absit!), difícilmente encontrará pueblos que le sean obedientes”. (Theología Morális, tomo I, pág. 158)».
   
JOHN HENRY NEWMAN CO. Carta al Duque de Norfolk, 22 de Diciembre de 1874, sección IV “Lealtad dividida”. Traducción propia.
   
COMENTARIO: Newman, en esta carta a Henry Fitzalan-Howard, XV Duque de Norfolk (descendiente de recusantes*) con que refuta las acusaciones del primer ministro William Ewart Gladstone, anglicano, que decía que los católicos eran esclavos mentales del Papa, está refiriéndose a órdenes malas y actos injustos, o como diría San Roberto Belarmino citando al cardenal Tomás de Vío Cayetano en el capítulo XXVII de su obra Comparatióne Auctoritátis Papæ et Concílii, “faltas menores” (crimínibus minóribus) que “no igualan” (cœ́tera non sunt pária) a la herejía, que est majus crimen, subjéctum mutávit christianitátis státum, en cuyo caso se aplica lo dicho por Belarmino en el capítulo siguiente:
«Un papa que es manifiestamente herético cesa automáticamente (per se) de ser papa y cabeza, así como cesa de ser cristiano y miembro de la Iglesia. Es por eso que puede ser juzgado y condenado por la Iglesia. Es la enseñanza de los antiguos padres que enseñan que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción».
Refutando así, por un lado, a Torquemada y a Cayetano (que postulaban que el Papa herético podía ser depuesto por el Concilio general), como a la postura de “Reconocer y resistir”.
   
* “Recusante” era el término con el que se denominaba a los católicos en Inglaterra por rechazar (en inglés “recusancy”, del latín “recusáre”) asistir a los servicios de la iglesia anglicana. Los recusantes ayudaron a conservar la fe Católica en Inglaterra, Escocia y Gales, y fundaron el Colegio Inglés de Douay (Francia), cuna de la traducción bíblica Douay-Rheims.

sábado, 24 de octubre de 2020

LA AFLICCIÓN ESTÁ EN TODAS PARTES

«La aflicción se encuentra en todas partes, en todas partes nos encontramos con ella, en el hogar, en un viaje, en un foro… porque en todas partes los malvados oprimen a los buenos». (SAN ROBERTO BELARMINO, De Ætérna felicitáte Sanctórum).

miércoles, 20 de mayo de 2020

MATERIA Y FORMA DEL PAPADO

«Cuando los cardenales crean al Pontífice, ejercen su autoridad no sobre el Pontífice, porque no existe todavía; sino sobre la materia, esto es, sobre la persona de la cual disponen en cierta manera por medio de la elección, para que él pueda recibir de Dios la forma del pontificado».
   
SAN ROBERTO BELARMINO. De Románo Pontífice, libro II, cap. XXX.

jueves, 16 de enero de 2020

¿SAN FRANCISCO DE ASÍS PREDIJO AL “PAPA FRANCISCO”?

Traducción del artículo publicado por Christopher A. Ferrara en THE REMNANT.
  
  
A menudo los Tradicionalistas son ridiculizados por comentaristas neocatólicos por confiar en citas supuestamente apócrifas de Papas o Santos sobre la actual crisis eclesial. Pero estos críticos nunca demuestran que las citas son apócrifas; solamente aseguran que lo deben ser, porque parecen demasiado probatorias para ser verdad. Esto sucede frecuentemente en cajas de comentarios o respuestas a preguntas en línea en websites neocatólicos, donde el comentarista neocatólico profesa que no puede encontrar la fuente de determinada cita, significando que no se ha molestado en hacer alguna investigación seria más allá de unas pocas búsquedas en Google.
  
Tomar esta cita de Pío XII, por ejemplo, hablando en 1931 cuando todavía era Monseñor Pacelli, sirviendo como Secretario de Estado de Pío XI:
«Estoy preocupado por las confidencias de la Virgen a la pequeña Lucía de Fátima. Esta persistencia de Nuestra Señora ante el peligro que amenaza la Iglesia, es una advertencia divina contra el suicidio que representaría la alteración de la fe, en su liturgia, su teología y su alma
 
Siento en mi entorno a los innovadores que quieren desmantelar el Sacro Santuario, destruir la llama universal de la Iglesia, rechazar sus ornamentos, ¡hacerla sentir remordimiento de su pasado heroico!
   
Llegará un día en que el mundo civilizado renegará de su Dios, en el que la Iglesia dude como dudó Pedro. Será tentada de creer que el hombre se ha convertido en Dios, que Su Hijo es meramente un símbolo, una filosofía como tantas otras, y en las iglesias, los cristianos buscarán en vano la lámpara roja donde Dios los espera, como la pecadora que gritó ante la tumba vacía: “¿Dónde le han puesto?”». 
Cuando citén este pasaje por primera vez, hace casi 17 años, fui contactado por una prominente luminaria neocatólica que demandó una fuente para ello, porque él y sus amigos creían que era “apócrifa”.  No recibí la cortesía de un gracias cuando le señalé las páginas 52-53 de la biografía de Pío XII por Mons. Georges Roche, Pie XII Devant L’Histoire (París: Éditions Robert Laffont, 1972), una obra francófona agotada que logré obtener luego de una extensa búsqueda de inventario de un vendedor de libros usados. Yo vi el original francés que confirma la precisión de la traducción inglesa antes de citar la declaración.
  
Un sacerdote modernista apóstata, un tal Émile Poulet, que dejó el sacerdocio y se casó, atentó poner en duda la credibilidad del relato de Mons. Roche sobre las palabras del futuro Pío XII. Poca sorpresa: Poulet, que murió en 2014 a los 94 años, pertenecía al movimiento de los “sacerdotes obreros” que fue condenado por nadie más que Pío XII, como lo noté aquí. Su atentado para refutar la cita involucró quisquillosidades sobre lo que afirmaba eran errores factuales en algún lugar de la biografía de Mons. Roche. Pero no tenía evidencia de que la cita fuera cuando mucho una invención. Simplemente deseaba que lo fuera.
  
Démosle a nuestros amigos neocatólicos otra cita “apócrifa” para descartar sin más. Esta pertenece a una sorprendente profecía por San Francisco de Asís sobre un futuro ocupante de la Cátedra de San Pedro:
«Poco antes de morir en 1226, el Santo Padre [San Francisco de Asís] reunió a los miembros de su orden y les advirtió sobre grandes tribulaciones que caerían sobre la Iglesia en el futuro, diciendo:
“Sed fuertes, mis hermanos, tomad fuerza y creed en el Señor. Se acerca rápidamente el tiempo en el que habrá grandes pruebas y tribulaciones; abundarán perplejidades y disensiones, tanto espirituales como temporales; la caridad de muchos se enfriará, y la malicia de los impíos se incrementará. Los demonios tendrán un poder inusual; la pureza inmaculada de nuestra Orden y de otras, se oscurecerá en demasía, ya que habrá muy pocos cristianos que obedecerán al verdadero Sumo Pontífice y a la Iglesia Romana con corazones leales y caridad perfecta.
 
En el momento de esta tribulación, un hombre elegido no canónicamente se elevará al pontificado, y con su astucia se esforzará por llevar a muchos al error y a la muerte. Entonces, los escándalos se multiplicarán, nuestra Orden se dividirá, y muchas otras serán destruidas por completo, porque se aceptará el error en lugar de oponerse a él.
 
Habrá tal diversidad de opiniones y cismas entre la gente, entre los religiosos y entre el clero, que, si esos días no se acortaren, según las palabras del Evangelio, aun los escogidos serían inducidos a error, si no fuere que serán especialmente guiados, en medio de tan grande confusión, por la inmensa misericordia de Dios…
 
Aquellos que preserven su fervor y se adhieran a la virtud con amor y celo por la verdad, han de sufrir injurias y persecuciones; serán considerados como rebeldes y cismáticos, porque sus perseguidores, empujados por los malos espíritus, dirán que están prestando un gran servicio a Dios mediante la destrucción de hombres tan pestilentes de la faz de la tierra…
 
Algunos predicadores mantendrán silencio sobre la verdad, y otros la hollarán bajo sus pies y la negarán. La santidad de vida se llevará a cabo en medio de burlas, proferidas incluso por aquellos que la profesarán hacia el exterior, pues en aquellos días Nuestro Señor Jesucristo no les enviará a estos un verdadero Pastor, sino un destructor”». [Saltos de párrafo agregados]
Esta cita aparece en Works of the Seraphic Father St. Francis of Assisi, publicada en 1882 por la editorial Católica londinense R. Washbourne, págs. 248-250. Está fácilmente disponible como un libro de Google. Debe resaltarse que el mismo libro contiene un apéndice que presenta las “Obras dudosas de San Francisco”, de la cual la cita no forma parte. Así, el mismo editor distinguió claramente las profecías auténticas de San Francisco de las que pueden ser apócrifas. Además, difícilmente pudo haber en 1882 algún motivo “tradicionalista radical” para hacer circular citas falsas del santo.
   
“San Francisco en éxtasis”. Caravaggio, 1595
  
Claramente, la profecía de San Francisco no es una predicción del Gran Cisma Occidental (1378-1417), que no involucró un “destructor” sobre la Cátedra de San Pedro que lleva a los fieles al error, la apostasía grandemente difundida, y la persecución de los Católicos fieles como “cismáticos”. Sino que contiene elementos hoy muy familiares a nosotros. ¿Y qué inferencia puede trazarse desde la coincidencia de la profecía de San Francisco sobre un futuro “destructor” en el oficio papal que parece corresponder más bien con el pontificado del único Papa que ha tomado el nombre de Francisco como el suyo propio?
   
Otra cosa para considerar: San Francisco, uno de los más grandes santos en la historia de la Iglesia, uno de los pocos que es conocido y reverenciado por todo el mundo, reveló libremente su visión de un destructor eclesial que usurpa el oficio papal. Es decir, San Francisco no sufrió de la papolatría actualmente reinante, que sostiene que la indefectibilidad de la Iglesia depende de defender toda palabra y obra de determinado Papa como algo consistente con la Tradición y declara como algo absolutamente inadmisible la idea que el ocupante del oficio Petrino pueda ser una amenaza para la integridad de la Fe. En cambio, San Francisco, iluminado por el mismo Cielo, reconoció la realidad venidera de lo que San Roberto Belarmino, un Doctor de la Iglesia, hipotetizó como posible en principio, para citar otra cita “apócrifa”:
«Así como es lícito resistir al Pontífice que agrede al cuerpo, así también es lícito resistir a aquel que agrede a las almas o destruye el orden civil o, sobre todo, trata de destruir la Iglesia. Digo que es lícito resistirle no haciendo lo que ordena e impidiendo la ejecución de su voluntad…». De Controversiis sobre el Romano Pontífice, trad. Ryan Grant (Mediatrix Press: 2015), Libro II, Capítulo 29, pág. 303.
¿San Francisco predijo la venida del Papa Francisco? Nosotros no lo juzgamos, aunque la Iglesia puede también emitir un juicio de Francisco como el del anatema póstumo de Honorio I. ¿San Francisco ha estado horrorizado por las palabras y obras del Papa que ha presumido tomar su nombre?  Esa pregunta se resuelve sola.