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lunes, 11 de julio de 2022

HORA SANTA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS (Para los niños)

Esta Hora Santa es especial para la Primera Comunión.
   
XXI Para los niños

¡Ha descendido Jesús...! Vedle: el mismo que en los campos de Galilea predicaba la inocencia, rodeado de los niños, sus amigos preferidos, es el que está en esa Hostia Sacrosanta... Jesús, mi Redentor en el Calvario... Jesús, mi Juez en la hora de la muerte... Jesús, mi Dios, en lo alto de los cielos, está aquí... a dos pasos... Su Corazón, herido de amor por mí, está triste porque son muchos los pecadores que le ofenden, muchos los tibios que lo olvidan, ¡ay! muchos los buenos que no lo aman como Él lo pide y como Él los ama. Por eso, en este altar gime bajo el peso de la ingratitud de tantos de sus hijos... Está ahí aguardando un consuelo que le haga olvidar las blasfemias, la soberbia, la persecución con que le crucifican todavía los desgraciados pecadores... “Estoy triste hasta la muerte, hijitos míos”, nos repite desde esta Hostia... “¡velad conmigo, siquiera esta hora... velad y orad... por tantos infelices que no creen, que no adoran; por tantos desgraciados pecadores, que no me aman a  mí, que los amé hasta morir por ellos...!”.

Como los ángeles de Getsemaní, acompañémoslo, pues, nosotros en esta Hora Santa, con grande recogimiento y con fervor de un íntimo cariño... Escuchemos la súplica que nos dirige su Corazón tan afligido... Pidámosle que acepte este homenaje de reparación y de piedad de todos los de esta casa... Roguémosle que se acerque... que venga a reinar entre nosotros... que tome nuestras alegrías y tristezas..., nuestros trabajos y dolores, todo. ¡Oh sí!... que, al desfallecer de amor en la soledad de este Sagrario, Jesús encuentre ternura que suavice sus heridas, amorosa compañía que endulce sus lágrimas... y, en nuestros corazones, un nido blando en que pueda apoyar su cabeza ensangrentada...
  
¡Ven, Jesús Sacramentado, en esta Hora Santa, ven a descansar entre nuestros brazos: te amamos, y deseamos consolarte, porque sufres dolores infinitos por tus hijos... ven, Maestro, te amamos en acción de gracias porque tu Divino Corazón nos ama!
 
Háblanos, Jesús, amigo divino, cuéntanos tus amarguras... reclama, pide desde ese altar la adoración, el desagravio, la piedad que te debemos... háblanos, amante Prisionero del Sagrario...
  
(Que nada turbe el silencio... el recogimiento del alma, para oír claramente al Señor que va a hablarnos por la herida de su Corazón).
   
(Pausa)
   
JESÚS: ¡Qué bien estoy, hijitos míos, en medio de vosotros, que sois el jardín de mis delicias, el huerto de mi paz...! ¡Qué bien me encuentro, rodeado de los que eligió mi Corazón para quererlos con predilección...! ¡Porque, oídme, a vosotros os preferí a mis ángeles! Ya veis: en esta mesa del altar en este banquete de mi amor, ellos sólo me contemplan... me ven en la Hostia... Pero vosotros me abrazáis sobre vuestros corazones... vosotros me recibís al comulgar...! Y Yo, que hice el cielo, encuentro un cielo más hermoso, cuando, abriéndose el Sagrario, me llamáis a descansar en vuestros pechos, al calor de vuestras almas cariñosas...

Si supierais cuánto sufro con el desdén, con el olvido con que me ofenden tantos cristianos, indiferentes conmigo en la Santa Eucaristía... ¡Ah! entonces se renuevan todas las angustias de la agonía, cuando los veo pasar, por millares, grandes y pequeños, ricos y pobres, delante de mi altar, sin tener para mí una palabra de consuelo... Me dejan solo, solo... a Mí que bajé del cielo para acompañar en la tierra a tantos tristes, huérfanos, enfermos y desgraciados... Y esos mismos que Yo quise tanto ¿dónde están? ¿dónde...? ¡Ay! Se han ido... y me han dejado en manos de mis enemigos... en poder de mis verdugos... Es éste, hijos míos, el pago de negra ingratitud que recibo de parte de una inmensa multitud de almas que rescaté, llorando lágrimas de sangre. Vosotros me habéis ofrecido un consuelo... lo espero ansioso porque sé cuánto me amáis... Vuestra palabra sencilla de cariño no puede mentirme; sí, vosotros me queréis de veras... que si alguna vez me habéis ofendido, un momento después me habéis pedido perdón y habéis sido perdonados, porque sois las avecitas de mi templo... Cantadme, pues, un himno de amor... rezad una plegaria fervorosa... pedid misericordia para tantos que la necesitan, y que, sin embargo, no la imploran..., pedid piedad a mi amante Corazón...
   
LAS ALMAS: Jesús amabilísimo, nada nos confunde tanto, como ver que olvidas nuestras culpas, para pedirnos el consuelo que te dan los santos y tus ángeles..., ¡no somos dignos de recoger tu llanto, no merecemos aplicar a tus heridas el bálsamo, con las mismas manos que te crucificaron, al quebrantar, también nosotros, tus mandamientos... Pero, ya que confías tan tiernamente en estas almas pobrecitas, te daremos, ¡oh sí! el desagravio que buscas en nuestras plegarias, y esta Hora Santa ha de regocijar tu Corazón agonizante, pidiéndote piedad para tantos que la necesitan, Jesús, con suma urgencia... ¡Jesús amado, piedad para nosotros, los colmados de tus gracias!
(Todos, en voz alta) ¡Piedad, oh divino Corazón!
  
¡Jesús amado, piedad para nuestros hogares, para nuestros padres, deudos y amigos!
(Todos, en voz alta) ¡Piedad, oh divino Corazón!
  
¡Jesús amado, piedad para los sacerdotes, ministros de tu altar y apóstoles de tu Evangelio!
(Todos, en voz alta) ¡Piedad, oh divino Corazón!
  
¡Jesús amado, piedad para las almas que te están consagradas, y que te han prometido vivir en santidad!
(Todos, en voz alta) ¡Piedad, oh divino Corazón!
  
¡Jesús amado, piedad para tu Vicario y para la Iglesia, azotada siempre por la tempestad!
(Todos, en voz alta) ¡Piedad, oh divino Corazón!
  
¡Jesús amado, piedad para los débiles que se sienten vacilantes en las seducciones del mundo y sus placeres!
(Todos, en voz alta) ¡Piedad, oh divino Corazón!
  
¡Jesús amado, piedad para los caídos en los lazos del pecado y que sienten un remordimiento saludable!
(Todos, en voz alta) ¡Piedad, oh divino Corazón!
  
¡Jesús amado, piedad para los empedernidos, que resisten al remordimiento y que permanecen sordos al llamado de tu gracia!
(Todos, en voz alta) ¡Piedad, oh divino Corazón!
  
¡Jesús amado, piedad para los escandalosos y pervertidos, que condenan a tantas almas, y que así te hieren con lanzada cruel!
(Todos, en voz alta) ¡Piedad, oh divino Corazón!
  
¡Jesús amado, piedad para los que te aborrecen y persiguen, para tantos que te maldicen y te niegan!
(Todos, en voz alta) ¡Piedad, oh divino Corazón!
  
¡Jesús amado, piedad para los centenares de moribundos, que en esta misma hora deben decidir, en su agonía, de su suerte eterna!
(Todos, en voz alta) ¡Piedad, oh divino Corazón!
   
(Pausa)
   
Sí, Jesús amado, te pedimos piedad, confiados en la ternura inagotable de tu Corazón Divino, te lo exigimos por las promesas de misericordia, hechas a tu confidente Margarita María... te lo reclamamos por la palabra de tu Iglesia que nos muestra, Señor, la herida preciosa de tu pecho, como el asilo seguro, como el arca redentora en todas las necesidades y flaquezas de nuestra miserable vida. Perdón, pues, y olvida... Jesús, ten piedad de todos, buenos y culpables, sanos, tristes y enfermos, ricos y pobres... de todos ten piedad, ¡oh Divino Corazón!
   
JESÚS:  Cuando el ángel bajó, en el huerto de Getsemaní, a consolarme, me acordé de vosotros, en mi agonía... Os vi a todos los que estáis aquí en esta morada, que es el hogar de mis cariños... Pensé en vosotros, que me ofreceríais de beber en mis horas de sed... que vendríais a hacerme compañía en mis horas de soledad y de abandono... Sí, pensé en vosotros... en esta casa, donde tantos me amáis con fervor y estáis consagrados a mi Divino Corazón.

¡Os amo tanto... y por esto os pido con derecho que me améis más, mucho más que tantos otros! Sí, tengo sed ardiente de reinar en esta casa, de ser su Soberano, su solo Dueño... Quiero que todos, en esta mansión de mis dominios, sean enteramente míos, siendo santos...

Os he dado tantas gracias... os he colmado de favores especiales... os he elegido entre millares de almas..., sois mis preferidos... Dadme, pues, en pago de la misericordia con que os he tratado, dadme vuestros corazones, dádmelos por entero y para siempre... ¡No quiero cariño a medias, ni corazones divididos, no...! Este es mi hogar y vosotros todos sois mis hijos, a quienes he entregado el gran tesoro de mi Corazón entristecido. Consoladlo con vida de piedad... y con ansias y fervor al comulgar... Consolad mi Corazón con gran pureza de alma... Consoladme con humildad, con mansedumbre y obediencia... He venido a este hogar religioso para incendiarlo con mi caridad y ¿qué he de querer sino que todas las almas que viven aquí, a la sombra del Sagrario, ardan en el amor a mi Corazón Sacramentado...? Siendo millares los que afuera, en el mundo, me ultrajan y maldicen, ¿no encontraré un abrigo entre vosotros, un asilo de amor ardiente en vuestras almas...?
   
LAS ALMAS: Sí, ese refugio lo encontrarás aquí, Maestro muy amado... encontrarás en esta casa el alivio y los consuelos que encontró tu Corazón en Nazaret, y entre los amigos fieles de Betania... ¡oh sí! toda esta casa es realmente tuya... Pero, en pago del don de tu Corazón amabilísimo, queremos todos pertenecerte más perfectamente todavía... deseamos amarte con más fervor, anhelamos servirte con más abnegación y cumplir nuestros deberes con más fidelidad... ¡Ah, sobre todo, queremos conocer más íntimamente tu dulce Corazón, para glorificarte, amándote nosotros y haciéndote reinar por el amor!

¡Acércate más, oh Amigo fidelísimo...! acércate y consume nuestros corazones con las llamas que brotan de tu pecho herido: 
(Todos, en voz alta) Ven y reina en esta casa, ¡oh Divino Corazón!
   
Por el fervor en recibirte diariamente en la Sagrada Comunión...
(Todos, en voz alta) Ven y reina en esta casa, ¡oh Divino Corazón!
   
Por el cariño y la solicitud en visitarte con frecuencia, en la soledad de tu Sagrario...
(Todos, en voz alta) Ven y reina en esta casa, ¡oh Divino Corazón!
   
Por la devoción a María Inmaculada, Madre tuya, y Madre de todos los mortales...
(Todos, en voz alta) Ven y reina en esta casa, ¡oh Divino Corazón!
   
Por el afecto de ternura incomparable con que amaste siempre a los niños, tus amigos...
(Todos, en voz alta) Ven y reina en esta casa, ¡oh Divino Corazón!
   
Por la suave compasión con que miraste a los huérfanos, a los tristes y a todos los que sufren...
(Todos, en voz alta) Ven y reina en esta casa, ¡oh Divino Corazón!
   
Por la confianza encantadora con que te quedabas entre tus amigos y consoladores de Betania...
(Todos, en voz alta) Ven y reina en esta casa, ¡oh Divino Corazón!
   
Por el asilo que pediste tantas veces al caer la noche, en la vivienda sencilla de los pobres...
(Todos, en voz alta) Ven y reina en esta casa, ¡oh Divino Corazón!
   
Por el divino agrado con que llegas siempre a las casas que han sido especialmente consagradas a tu amable Corazón...
(Todos, en voz alta) Ven y reina en esta casa, ¡oh Divino Corazón!
   
Por las delicias celestiales de tu Nazaret inolvidable... por la santidad de esa mansión de paz divina...
(Todos, en voz alta) Ven y reina en esta casa, ¡oh Divino Corazón!
       
(Lento)
   
JESÚS: Quiero contaros, hijitos muy amados, una pena muy amarga... Oídme con cariño: no sólo son los grandes, los poderosos, los ricos de la tierra, los que me hieren sin piedad, quebrantando mis mandamientos... ¡Ay no...! Me lastiman también, me ofenden cruelmente muchos niños... Sí, pecan mortalmente tantos de ellos, que Yo llamo mis amigos... tienen muerta la conciencia por la culpa grave... se condenarían, si la muerte viniera a sorprender a tantos... tantos niños que fueron mis delicias y el descanso de mi Corazón entristecido... Me besaron con amor, me estrecharon en sus brazos, me juraron ser eternamente míos, el día feliz de la primera Comunión... ¿Por qué me habrán abandonado, también ellos, los pequeños, en quienes yo confiaba...? ¿Por qué se marchitaron esas flores de mi jardín...? ¿Por qué se convirtieron en espinas y pagaron con lodo mis caricias?... ¡No queráis vosotros ser así...! Amadme con un corazón sin mancha, consoladme con una conciencia que nunca me traicione... Mi amistad y mi ternura habéis de preferirla a los amigos, a veces perversos, que os tientan... que quieren apartaros de mi lado... ¡Oh, sed siempre míos, por pureza y por piedad! No abandonéis en la agonía a Jesús, vuestro Dios y vuestro amigo... ¡Ved mi sangre, contad mis llagas... no hagáis llorar jamás a mi amante Corazón...!
    
LAS ALMAS: Tu queja, buen Jesús, nos ha herido, porque en esta casa tuya te amamos muy de veras... Tus penas, bien sabes, son nuestras penas... ¡Ay! pero es posible que también entre nosotros... aquí mismo, entre los que estamos a tus pies... es posible que haya algún ingrato que haya lastimado tu dulce Corazón.
   
¡Cómo debe dolerte que, en este hogar que has elegido para tu descanso, haya flores que se conviertan en espinas que se clavan en tu pecho ensangrentado!
  
En recuerdo de Belén y de tu divina Madre...
(Todos) Perdona a los niños culpables, ¡oh Divino Corazón!
       
En recuerdo de los cuidados paternales con que San José se desveló por ti en tus primeros años...
(Todos) Perdona a los niños culpables, ¡oh Divino Corazón!
      
En recuerdo de las privaciones que a esa edad sufriste por la pobreza del hogar de Nazaret...
(Todos) Perdona a los niños culpables, ¡oh Divino Corazón!
      
En recuerdo de los primeros pasos, con que vacilante caminaste, de los brazos de José a las rodillas de tu Madre...
(Todos) Perdona a los niños culpables, ¡oh Divino Corazón!
      
En recuerdo de tus gracias infantiles que extasiaban a los ángeles, testigos de los encantos de tu primera edad...
(Todos) Perdona a los niños culpables, ¡oh Divino Corazón!
      
En recuerdo de los juegos de niño con los nazarenos, tus amigos pequeñitos...
(Todos) Perdona a los niños culpables, ¡oh Divino Corazón!
      
En recuerdo de la admirable sumisión en que viviste obediente en todo a tus dichosos padres...
(Todos) Perdona a los niños culpables, ¡oh Divino Corazón!
      
En recuerdo de los ósculos y abrazos con que regalabas a la Virgen, al trasladarte de la cuna a su regazo maternal...
(Todos) Perdona a los niños culpables, ¡oh Divino Corazón!
      
Sí, perdónalos, Jesús Sacramentado, y no permitas que nosotros muramos a tu amor, manchando con pecado grave la conciencia...
(Todos) Perdona a los niños culpables, ¡oh Divino Corazón!
            
(Pausa)
   
JESÚS: Gracias, hijos míos, gracias por el consuelo que me habéis prestado, pidiendo perdón para mis amigos culpables, por los niños que han pecado mortalmente... No imagináis cuántas culpas graves habéis evitado en ellos y en vosotros mismos con esa oración reparadora... ¡ah! y cuántas penas habéis ahorrado también a mi Corazón, cansado de llorar los extravíos de grandes y pequeños... Y ahora pensad en vuestros padres... orad por ellos... pues deben llegar al cielo acompañados de sus hijos... Pero ¡ay! más de uno de vosotros tendrá tal vez que implorar, en esta Hora Santa, la conversión de su padre... pedid que me adore, que me ame ante este altar, aquí en esta Hostia en que yo lo espero para darle perdón y dulce paz... Rogad por vuestros padres, pedid con fe por ellos... Que la familia entera me llame Rey de amor, ya que por todos ellos llevo en mi Corazón una corona permanente de agudísimas espinas...
   
LAS ALMAS: Amantísimo Jesús, bendito seas mil veces, en la misericordia abundante que reservas para salvar a todos los míos... para redimir el hogar que Tú mismo me diste... para santificar nuestras casas, donde, Tú bien lo sabes, no faltan penas... donde hay tanta necesidad de tu visita... Acude, Señor, acude pronto a socorrer, a consolar, a encender, con el reinado de tu Divino Corazón, los corazones de nuestros padres y hermanos... Queremos que sus nombres los escribas, para siempre, en la herida de tu Costado... Sí, Jesús Sacramentado, te hemos venido a acompañar en la Hora Santa, para que esta visita de fe, de amor, de desagravio nos la devuelvas pronto, convirtiendo así nuestros hogares en templos de tu Sagrado Corazón, soberano vencedor de nuestras familias... Por María, por tu Madre Inmaculada, reina en ellas ¡oh Divino triunfador!
   
JESÚS: Sí, como lo pedís con toda fe, así se hará, pues mi Corazón lo ha prometido, ¡reinaré en vuestras casas por la omnipotencia de mi amor, reinaré! Y ahora, pensad: aquí donde no hay olvidos... ¿no falta alguno de vuestras casas?... ¿La desgracia o la muerte no os ha arrebatado a nadie?... ¿no habrá un luto, un vacío... una tumba querida en nuestras familias?... ¿No tenéis a nadie por quien rogar en el cementerio?... Los que habéis venido a consolarme en esta Hora Santa, ¿tenéis todos a vuestros padres, a vuestras madres?... ¿no faltan en la casa, no se ha ido para siempre un hermano, un pariente?... ¡Ah pedidme por esos muertos queridos... pues quiero pagaros amor con amor y consuelo con consuelo... Soy Jesús, vuestro Amigo y vuestro Hermano..., habladme de esas penas... nombradme a los ausentes!...
   
LAS ALMAS: ¡Qué dulce es tu nombre... qué suave tu recuerdo... qué dulcísimo tu Corazón, que tiene flores de cielo para todas las espinas de la tierra!... ¡Oh sí! te confiamos nuestros muertos inolvidables, tan queridos. ¡Dales, Jesús, reposo eterno, por tu gran misericordia! Que tus lágrimas preciosas, que tu sangre salvadora... caigan... como un rocío, en las llamas del Purgatorio vengador... y alivien las torturas de los míos... ¡Ah! Señor acuérdate también de las almas que fueron más amantes de tu Sagrado Corazón: para ellas y para las más abandonadas te pido en especial un pronto refrigerio...
  
(Pedid por las almas del Purgatorio).
  
Y mira, buen Jesús, puesto que Tú has pensado en los míos que murieron, para redimirlos y para consolarme... yo, a mi vez, quiero pensar en aquellas almas cuya ausencia del altar y de los templos te entristece tanto, ¡los pobrecitos pecadores!... Pongo en tus manos las almas de los fallecidos en mi hogar, y, por ellas y sobre todo por la vuelta al redil de las ovejas que has perdido..., por la conversión de tantos infelices pecadores, caídos en las garras de Satán, vamos a rogarte con plegaria de tu misma Iglesia: muéstrate benigno y escúchanos ¡oh buen Pastor!
  
Letanías al Sagrado Corazón de Jesús
      
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
       
Jesucristo, óyenos.
Jesucristo, escúchanos.
      
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.
    
Corazón de Jesús, Hijo del Padre Eterno, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen María, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, unido substancialmente al Verbo Divino, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de majestad infinita, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, templo santo de Dios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del Cielo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, hoguera ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Santuario de la justicia y del amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de amor y de bondad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien están encerrados todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien habita toda la plenitud de la divinidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien el Padre tiene todas sus complacencias, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud hemos participado todos nosotros, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, deseado de los collados eternos, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y de gran misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rico para con todos aquellos que te invocan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de la vida y de la santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, saciado de oprobios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, despedazado por nuestras maldades, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, que te has hecho obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, traspasado con la lanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, nuestra vida y nuestra resurrección, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, nuestra paz y nuestra reconciliación, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salud de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, esperanza de los que mueren en tu amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, ten piedad de nosotros.
    
Cordero de Dios, que borras los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que borras los pecados del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que borras los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.
   
V. Jesús, manso y humilde de Corazón.
R. Haz mi corazón semejante al tuyo.
  
Oración
Omnipotente y sempiterno Dios, pon los ojos en el Corazón de tu muy amado Hijo, y en las alabanzas y satisfacciones que te ha ofrecido a nombre de los pecadores, y aplacado con ellas, perdona a los que imploran tu misericordia en nombre del mismo Jesucristo, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Así sea.
     
(Pausa)
   
JESÚS: Antes de terminar esta Hora Santa, quiero, hijos míos, quiero que me presentéis, como regalo de amor, una gran promesa: comulgar con fervor y con suma frecuencia... Son tantos los cristianos y aun los niños, que rara vez o que jamás comulgan... Venid... ¡oh, venid! vosotros en su nombre, a reparar esa dejación, ese olvido que me aflige cruelmente... Pedid que vengan los pequeños de mi rebaño... rogad ahora que se acerquen a mi pecho atravesado... que se lleguen a él sin temor los niños, para beber, en mi sangre... la inocencia, la humildad, la fuerza, las delicias de mi cielo.
   
LAS ALMAS: Sin que Tú nos lo pidieras con amorosa exigencia, Jesús, tenemos la dichosa obligación de buscarte en la recepción frecuente de tu Cuerpo Sacrosanto, de tu divina Eucaristía... ¡Oh sí! te necesitamos, hoy más que nunca, rodeados de tantos enemigos, para vivir de fe, de esperanza y de caridad... Te necesitamos en la Hostia para encontrar un paraíso en la hora de la muerte... Alabanza a ti, Jesús Sacramentado, porque has inspirado a tu Iglesia, al Padre Santo, tu Vicario, aquel llamado que hizo a todos los niños de la tierra, para que nos acercáramos, desde más pequeños, a abrazarte el día tan dichoso de la Primera Comunión... Gracias por esa preciosa licencia que nos abre, y después nos deja abierta, la puerta del Sagrario, apenas comenzamos a vivir... ¡Gracias por el beneficio de nuestra Primera Comunión! 
(Todos, en voz alta) ¡Gracias por el beneficio de nuestra Primera Comunión!
   
En unión con el ángel de Getsemaní y con los ángeles que te cantaron en Belén y que te ensalzan en la Hostia:
(Todos, en voz alta) ¡Gracias por el beneficio de nuestra Primera Comunión!
   
En unión con los pastorcitos que lloraron de amor al besarte, recostado entre pajas miserables:
(Todos, en voz alta) ¡Gracias por el beneficio de nuestra Primera Comunión!
   
En unión con los primeros mártires, los niños inocentes sacrificados por tu nombre:
(Todos, en voz alta) ¡Gracias por el beneficio de nuestra Primera Comunión!
   
En unión con los niños venturosos, tus compañeros de juego, de trabajo y de plegaria:
(Todos, en voz alta) ¡Gracias por el beneficio de nuestra Primera Comunión!
   
En unión con las dichosas madres que besaban tus pies, mientras sus hijos dormitaban en sus brazos:
(Todos, en voz alta) ¡Gracias por el beneficio de nuestra Primera Comunión!
   
En unión con Juan tu precursor y con Juan tu predilecto, amigos fieles y confidentes de tu vida:
(Todos, en voz alta) ¡Gracias por el beneficio de nuestra Primera Comunión!
   
En unión con el joven de Naím y la hija de Jairo, resucitado por la ternura compasiva de tu Corazón:
(Todos, en voz alta) ¡Gracias por el beneficio de nuestra Primera Comunión!
   
En unión con Tarsicio, el mártir que pagó, con su sangre y vida, tu amor en la Santa Eucaristía:
(Todos, en voz alta) ¡Gracias por el beneficio de nuestra Primera Comunión!
   
En unión con la Virgen Madre que te cantó en la cuna y te arrulló sobre su Corazón Inmaculado:
(Todos, en voz alta) ¡Gracias por el beneficio de nuestra Primera Comunión!
   
Señor, al irnos, terminada esta Hora Santa tan feliz, te dejamos en el Sagrario, al lado de tu Corazón muy amado, nuestros corazones amantes... Son tuyos, Jesús, y serán entera y eternamente tuyos, en amor de inocencia, en amor de humildad ¡ah! y sobre todo en amor ardiente a tu adorable Eucaristía... Adiós, Dueño Divino; que la Virgen María, que San Juan y Margarita María sigan pidiendo en nuestro nombre por el triunfo de tu Corazón en la Iglesia, en los pecadores y en los moribundos... Acuérdate, Señor, de los que agonizan ahora mismo en el mundo entero: ¡piedad por ellos...! Adiós, Jesús Sacramentado... debemos retirarnos, pero nuestras almas, avecitas tuyas, se esconden en la llaga de tu pecho y ahí se quedan, adorando, amando y reparando... ¡Y tú, Señor, cuando la tempestad de la blasfemia, del odio, de la soberbia, de la cobardía te persiga, ya sabes, Jesús-Hermano, que en tus agonías tienes un jardín en esta casa y un huerto de paz y consuelo en cada corazón!

(Padrenuestro y Avemaría por las intenciones particulares de los presentes. Padrenuestro y Avemaría por los agonizantes y pecadores. Padrenuestro y Avemaría pidiendo el reinado del Sagrado Corazón mediante la Comunión frecuente y diaria, la Hora Santa, y la Cruzada de la Entronización del Rey Divino en hogares, sociedades y naciones).
   
(Cinco veces) ¡Corazón Divino de Jesús, venga a nos tu reino!
   
Consagración a los Sagrados Corazones de Jesús y María
¡Oh Jesús! yo os consagro mi corazón: colocadle en el vuestro, pues sólo en él quiero vivir y sólo a él quiero amar. En vuestro Corazón quiero vivir desconocido del mundo y conocido de Vos sólo; en ese Corazón beberé los ardores del amor que consumirán el mío; en él encontraré la fuerza, la luz, el valor y el verdadero consuelo. Cuando el mío esté desfallecido, él me reanimará; cuando inquieto y turbado, él me tranquilizará.
  
¡Oh Corazón de Jesús! haced que mi corazón sea el altar de vuestro amor; que mi lengua publique vuestra bondad; que mis ojos estén siempre fijos en vuestra llaga; que mi espíritu medite vuestras adorables perfecciones; que mi memoria conserve siempre el precioso recuerdo de vuestras misericordias; que todo en mí exprese mi amor a vuestro Corazón, ¡oh Jesús! Y que mi corazón esté siempre pronto a sacrificarlo todo por Vos.
  
¡Oh Corazón de María, el más amable después del de Jesús, el más compasivo, el más misericordioso de todos los corazones! Presentad a vuestro Hijo nuestras resoluciones. Él se enternecerá a la vista de tantas miserias y nos librará de ellas; y después de haber sido nuestro refugio, nuestra protectora sobre la tierra, ¡oh Madre de Jesús! seréis nuestra reina en el cielo. Amén.

viernes, 8 de junio de 2018

ENTRONIZACIÓN DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS EN LOS HOGARES

PASOS PRELIMINARES
  1. Aprende en qué consiste y su importancia.
  2. Escoge una fecha para la Entronización en acuerdo con el Sacerdote. Es deseable que un Sacerdote presida la ceremonia, pero no es esencial para ganar las indulgencias. Por razones serias, el padre de familia, o alguien más, puede presidir y dirigir las oraciones. En todo caso, se recomienda consultar al director.
  3. Si es posible, asiste al Santo Sacrificio de la Misa y ofrécela por el reinado del Sagrado Corazón en el hogar, y como un acto de amor y reparación al Sagrado Corazón de Jesús. Toda la familia debería intentar recibir la Comunión en esta Misa, o en otra Misa.
  4. Obtén un cuadro o escultura del Sagrado Corazón, la más hermosa posible. Si ya tienes una imagen, úsala.
  5. Bajo el lugar de honor reservado para la estatua o pintura, prepara un trono o altar, esto es, una mesa (o tal vez una repisa) cubierta con un lienzo blanco, bellamente decorado con flores y velas. La imagen o estatua debería estar ubicada en una mesa pequeña cerca a este trono antes de la ceremonia.
  6. Invita a parientes y amigos para que estén presentes: así comenzarás a ser un Apóstol del Sagrado Corazón (conviene tener varios ejemplares del Ceremonial). Ten una celebración familiar después de la ceremonia, con un trato especial para los niños, quienes, por supuesto, deben estar presentes en la ceremonia, hasta los más pequeños. Es recomendable también organizar una comida o cena en la cual el Sacerdote oficiante sea convidado.
  7. Haz que este día sea uno de los eventos más destacados de la vida familiar, que sea recordado por mucho tiempo. Cada año, con la mayor solemnidad, celebra el aniversario de la Entronización con una reafirmación de tu compromiso con el Sagrado Corazón de Jesús.
  
NOTA: Aunque tu hogar ya haya sido consagrado al Sagrado Corazón, puedes hacer también la Entronización, pues las dos ceremonias no son lo mismo.
 
CEREMONIAL
  
1. Todos estarán reunidos en torno a la imagen del Sagrado Corazón de Jesús; estando el padre, la madre y los niños más cerca del Sacerdote, que estará revestido con sobrepelliz y estola blanca. Si la casa aún no está bendecida, el Sacerdote la bendice primero.
  
BENDICIÓN DE LA CASA
℣. Adjutórium nostrum in nómine Dómini [Nuestro auxilio está en el Nombre del Señor].
℟. Qui fecit cœlum et terram [Que hizo el cielo y la tierra].
℣. Dóminus vobíscum [El Señor esté con vosotros].
℟. Et cum spíritu tuo [Y con tu espíritu].
 
Orémus.
ORATIO
Bénedic Domine, Deus omnípotents, domum istam: ut sit in ea sánitas, cástitas, victória, virtus, humílitas, bónitas, et mansuetúdo, plenitúdo legis, et gratiárum áctio Deo Patri, et Fílio, et Spíritui Sancto; et hæc benedíctio máneat super hanc domum et super hábitantes in ea nunc et in ómnia sǽcula sæculórum. Amen. [Bendecid Señor, Dios Todopoderoso, esta casa: para que resida en ella la salud, la castidad, la prosperidad, la virtud, la humildad y la mansedumbre, la plenitud de la ley y de la acción de gracias a Dios Padre y el Hijo y el Espíritu Santo; y que esta bendición permanezca en esta casa y sobre los que la habitan, ahora y por todos los siglos. Amén]
 
Y se asperja agua bendita toda la casa.
 
BENDICIÓN Y ENTRONIZACIÓN DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
℣. Adjutórium nostrum in nómine Dómini [Nuestro auxilio está en el Nombre del Señor].
℟. Qui fecit cœlum et terram [Que hizo el cielo y la tierra].
℣. Dóminus vobíscum [El Señor esté con vosotros].
℟. Et cum spíritu tuo [Y con tu espíritu].
 
Orémus.
ORATIO
Omnípotens sempitérne Deus, qui Sanctórum tuórum imágines (sive effígies) sculpis aut pingi non réprobas, ut quóties illas óculis córporis intuémur, tóties eórum actus et sanctitátem ad imitándum memóriæ óculis meditémur, hanc, quǽsumus, Imáginem (seu Sculptúram) in honórem et memóriam Sacratíssimi Cordis Unigéniti Fílii tui Dómini Nostri Jesu Christi adaptátam, benedícere et sanctificáre dignéris; et præsta, ut quicúmque coram illa Cor Sacratíssimi Unigéniti Fílii tui supplíciter cólere et honoráre studúerit, illíus méritis et obténtu, a te grátiam in præsénti et ætérnam glóriam obtíneat in futúrum. Per eúmdem Christum Dóminum nostrum. Amen. [Omnipotente y sempiterno Dios, Tu que no nos prohibiste pintar ni esculpir las imágenes (o efigies) de Tus Santos, te rogamos que en Tu bondad bendigas y santifiques este cuadro (o estatua) en honor y memoria del Sacratísimo Corazón de Tu Hijo Unigénito, Nuestro Señor Jesucristo, para que, siempre que la miremos con los ojos del cuerpo, podamos con los ojos de la mente meditar Su santidad y ser llevados a imitar Sus obras. Puedan todos quienes en su presencia procuren honrar y servir humildemente a Tu Hijo Unigénito, Nuestro Señor Jesucristo, por Sus méritos e intercesión, alcanzar de Ti la gracia en la vida presente y la gloria eterna en la vida por venir. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén].
   
Y se asperja agua bendita sobre la imagen.
  
2. Entonces el padre (o en su ausencia, la madre o cualquier otro miembro de la familia) entroniza la imagen en el lugar de honor preparado para ésta. Este es el acto simbólico de Entronización.
  
3. Todos de pie recitan el Credo de los Apóstoles, como acto de fe por parte de la familia.
Credo in Deum, Patrem omnipoténtem, Creatórem Cœli et terræ. Et in Jesum Christum, Fílium ejus únicum, Dóminum nostrum: qui concéptus est de Spíritu Sancto, natus ex María Vírgine, passus sub Póntio Piláto, crucifíxus, mórtuus, et sepúltus: descéndit ad Ínferos; tértia die resurréxit a mórtuis; ascéndit ad Cœlos; sedet ad déxteram Dei Patris omnipoténtis: inde ventúrus est judicáre vivos et mórtuos. Credo in Spíritum Sanctum, Sanctam Ecclésiam Cathólicam, Sanctórum communiónem, remissiónem peccatórum, carnis resurrectiónem, vitam ætérnam. Amen.
  
4. Todos permanecen sentados mientras el Sacerdote dirige algunas palabras a los presentes, recordándole a los miembros de la familia lo que el Sagrado Corazón de Jesús espera de las familias que le han reconocido como Rey; les recuerda las magníficas promesas que el Sagrado Corazón de Jesús hiciera por Santa Margarita María; urgiéndole a la familia a vivir su Entronización y renovar frecuentemente el acto de consagración que están próximos a hacer.
  
5. Todos de rodillas, mientras el Sacerdote y el padre de familia (o el padre solo, o su representante) recitan el Acto de Consagración del Género Humano al Sagrado Corazón de Jesús, el Acto de Desagravio y la Consagración de la Familia al Sagrado Corazón de Jesús (esta oración no debe ser modificada, y se ha de rezar para ganar la Indulgencia otorgada por San Pío X el 19 de Mayo de 1908).
  
ACTO DE CONSAGRACIÓN DEL GÉNERO HUMANO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
  
Jesu dulcíssime, Redémptor humáni géneris, réspice nos ad altáre (Extra ecclesiam vel oratorium, dicitur: ante conspéctum) tuum humíllime provolútos. Tui sumus, tui esse vólumus; quo autem tibi conjúncti fírmius esse possímus, en hódie sacratíssimo Cordi tuo se quisque nostrum sponte dédicat. Te quidem multi novére nunquam; te, spretis mandátis tuis, multi repudiárunt. Miserére utrorúmque, benigníssime Jesu, atque ad sanctum Cor tuum rape univérsos.
 
Rex esto, Dómine, nec fidélium tantum qui nullo témpore discessére a te, sed étiam prodigórum filiórum qui te reliquérunt: fac hos, ut domum patérnam cito répetant, ne miséria et fame péreant.
  
Rex esto eórum, quos aut opiniónum error decéptos habet, aut discórdia separátos, eósque ad portum veritátis atque ad unitátem fídei révoca, ut brevi fiat unum ovíle et unus pastor.
 
Rex esto, eórum ómnium, qui in ténebris idololatríæ aut islamísmi adhuc versántur, eósque in lumen regnúmque tuum vindicáre ne rénuas.
  
Réspice dénique misericórdiæ óculis illíus gentis fílios, quæ támdiu pópulus eléctus fuit: et Sanguis, qui olim super eos invocátus est, nunc in illos quoque redemptiónis vitǽque lavácrum descéndat.
  
Largíre, Dómine, Ecclésiæ tuæ secúram cum incolumitáte libertátem; largíre cunctis géntibus tranquillitátem órdinis; pérfice, ut ab utróque terræ vértice una résonet vox: “SIT LAUS DIVÍNO CORDI, PER QUOD NOBIS PARTA SALUS: IPSI GLÓRIA ET HONOR IN SǼCULA”. Amen.
 
TRADUCCIÓN
Jesús, dulcísimo Redentor del género humano, míranos postrados humildemente delante de tu Altar (Fuera de la iglesia o el oratorio, decir: ante tu Presencia); tuyos somos y tuyos queremos ser, y a fin de estar más firmemente unidos a ti, he aquí que, hoy día, cada uno de nosotros se consagra espontáneamente a tu Sagrado Corazón.
  
Muchos, Señor, nunca te conocieron; muchos te desecharon al quebrantar tus Mandamientos; compadécete, Jesús, de los unos y de los otros, y atráelos a todos a tu Santo Corazón. Sé Rey, ¡Señor!, no sólo de los fieles que jamás se separaron de ti, sino también de los hijos pródigos que te abandonaron; haz que vuelvan pronto a la casa paterna, no sea que perezcan de miseria y de hambre.
  
Sé Rey de aquéllos a quienes engañaron opiniones erróneas y desunió la discordia; tráelos al puerto de la Verdad y a la unidad de la Fe, para que luego no quede más que un solo Rebaño y un solo Pastor.
  
Sé Rey de los que aún siguen envueltos en las tinieblas de la idolatría o del islamismo. A todos dígnate atraerlos a la luz de tu Reino.
  
Mira, finalmente, con ojos de misericordia, a los hijos de aquel pueblo, que en otro tiempo fue tu predilecto; que también descienda sobre ellos, como bautismo de redención y vida, la sangre que reclamó un día contra sí.
  
Concede, Señor, a tu Iglesia incolumidad y libertad segura, otorga a todos los pueblos la tranquilidad del orden; haz que del uno al otro polo de la tierra resuene esta sola aclamación: “ALABADO SEA EL DIVINO CORAZÓN, POR QUIEN HEMOS ALCANZADO LA SALUD; A ÉL GLORIA Y HONOR, POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS”. Así sea.
  
ACTO DE REPARACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
  
Jesu dulcíssime, cujus effúsa in hómines cáritas, tanta oblivióne, negligéntia, contemptióne, ingratíssime repénditur, en nos, ante altária tua (Extra ecclesiam vel oratorium, dicatur: ante conspéctum tuum) provolúti, tam nefáriam hóminum socórdiam injuriásque, quibus úndique amantíssimum Cor tuum affícitur, peculiári honóre resarcíre conténdimus.
  
Áttamen, mémores tantæ nos quoque indignitátis non expértes aliquándo fuísse, índeque vehementíssimo dolóre commóti, tuam in primis misericórdiam nobis implorámus, paráti voluntária expiatióne compensáre flagítia non modo quæ ipsi patrávimus, sed étiam illórum, qui, longe a salútis via aberrántes, vel te pastórem ducémque sectári detréctant, in sua infidelitáte obstináti, vel, baptísmatis promíssa conculcántes, suavíssimum tuæ legis jugum excussérunt.
 
Quæ deploránda crímina, cum univérsa expiáre conténdimus, tum nobis síngula resarciénda propónimus: vitæ cultúsque immodéstiam atque turpitúdines, tot corruptélæ pédicas innocéntium ánimis instrúctas, dies festos violátos, exsecránda in te tuósque Sanctos jactáta maledícta atque in tuum Vicárium ordinémque sacerdotálem convícia irrogáta, ipsum dénique amóris divíni Sacraméntum vel negléctum vel horréndis sacrilégiis profanátum, pública postrémo natiónum delícta, quæ Ecclésiæ a te institútæ júribus magisterióque reluctántur.
  
Quæ útinam crímina sánguine ipsi nostro elúere possémus! Intérea ad violátum divínum honórem resarciéndum, quam Tu olim Patri in Cruce satisfactiónem obtulísti quamque cotídie in altáribus renováre pergis, hanc eándem nos tibi præstámus, cum Vírginis Matris, óminium Sanctórum, piórum quoque fidélium expiatiónibus conjúnctam, ex ánimo spondéntes, cum prætérita nostra aliorúmque peccáta ac tanti amóris incúriam firma fide, cándidis vitæ móribus, perfécta legis evangélicæ, caritátis potíssimum, observántia, quantum in nobis erit. grátia tua favénte, nos esse compensatúros, tum injúrias tibi inferéndas pro víribus prohibitúros, et quam plúrimos potuérimus ad tui sequélam convocatúros.
 
Excípias, quǽsumus, benigníssime Jesu, beáta Vírgine María Reparatríce intercedénte, voluntárium hujus expiatiónis obséquium nosque in offício tuique servítio fidíssimos ad mortem usque velis, magno illo perseverántiæ múnere, continére, ut ad illam tandem pátriam perveniámus omnes, ubi Tu cum Patre et Spíritu Sancto vivis et regnas in sǽcula sæculórum. Amen.
  
TRADUCCIÓN
Dulcísimo Jesús, cuya caridad derramada sobre los hombres se paga tan ingratamente con el olvido, el desdén y el desprecio, míranos aquí postrados ante tu Altar (Fuera de la iglesia o el oratorio, decir: ante tu Presencia). Queremos reparar con especiales manifestaciones de honor tan indigna frialdad y las injurias con las que en todas partes es herido por los hombres tu amoroso Corazón.
  
Recordando, sin embargo, que también nosotros nos hemos manchado tantas veces con el mal, y sintiendo ahora vivísimo dolor, imploramos ante todo tu misericordia para nosotros, dispuestos a reparar con voluntaria expiación no sólo los pecados que cometimos nosotros mismos, sino también los de aquellos que, perdidos y alejados del camino de la salud, rehúsan seguirte como pastor y guía, obstinándose en su infidelidad, y han sacudido el yugo suavísimo de tu ley, pisoteando las promesas del bautismo.
  
A1 mismo tiempo que queremos expiar todo el cúmulo de tan deplorables crímenes, nos proponemos reparar cada uno de ellos en particular: la inmodestia y las torpezas de la vida y del vestido, las insidias que la corrupción tiende a las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las miserables injurias dirigidas contra ti y contra tus santos, los insultos lanzados contra tu Vicario y el orden sacerdotal, las negligencias y los horribles sacrilegios con que se profana el mismo Sacramento del amor divino y, en fin, las culpas públicas de las naciones que menosprecian los derechos y el magisterio de la Iglesia por ti fundada.
  
¡Ojalá que podamos nosotros lavar con nuestra sangre estos crímenes! Entre tanto, como reparación del honor divino conculcado, te presentamos, acompañándola con las expiaciones de tu Madre la Virgen, de todos los santos y de los fieles piadosos, aquella satisfacción que tú mismo ofrecisté un día en la cruz al Padre, y que renuevas todos los días en los altares. Te prometemos con todo el corazón compensar en cuanto esté de nuestra parte, y con el auxilio de tu gracia, los pecados cometidos por nosotros y por los demás: la indiferencia a tan grande amor con la firmeza de la fe, la inocencia de la vida, la observancia perfecta de la ley evangélica, especialmente de la caridad, e impedir además con todas nuestras fuerzas las injurias contra ti, y atraer a cuantos podamos a tu seguimiento.
  
Acepta, te rogamos, benignísimo Jesús, por intercesión de la Bienaventurada Virgen María Reparadora, el voluntario ofrecimiento de expiación; y con el gran don de la perseverancia, consérvanos fidelísimos hasta la muerte en el culto y servicio a ti, para que lleguemos todos un día a la patria donde tú con el Padre y con el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
   
CONSAGRACIÓN DE LA FAMILIA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
  
O Sacratíssimum Cor Jesu, Tu beátæ Margarítæ Maríæ desidérium regnándi super Christiánas famílias pandidísti: ecce ut tibi placeámus ádsumus hódie, ut plenum tuum super nostram famíliam impérium proclamémus.
  
Vólumus deínceps tuam vitam vívere, vólumus in sinu famíliæ nostræ florére virtútes, quibus Tu in terris pacem promisísti, vólumus longe arcére a nobis spíritum mundi, quem Tu damnásti.
  
Tu regnábis in mente nostra fídei nostræ simplicitáte, in corde nostro tui solíus amóre, quo flagrábit erga te et cujus vivam servábimus flammam frequénti divínæ Eucharistíæ receptióne.
  
Dignáre, Cor divínum, nobis præésse in unum conveniéntibus, benedícere negótiis spirituálibus et temporálibus, arcére moléstias, sanctificáre gáudia, poenas leváre. Si quando mísere quis nostrum in tantum ærúmnam incíderit ut te afflígat, fac in memóriam illi rédigas, Cor Jesu, te cum peccatóre, quem pǽnitet, plenum esse bonitátis et misericórdiæ.
   
Et quum hora separatiónis insonúerit et mors in famíliæ nostræ sinum luctum intúlerit, nos omnes, sive abeúntes sive manéntes, tuis ætérnis decrétis nos subjiciémus. Hoc solátio erit nobis, ánimo recogitáre ventúrum esse diem, in quo família nostra, in Cœlo conjúncta, tuam glóriam, tua benefícia in ætérnum cantáre póterit.
  
Dignétur Cor immaculátum Maríæ, dignétur gloriósus Patriárcha sanctus Joseph tibi hanc consecratiónem offérre, ejúsque vivam in nobis síngulis diébus vitæ nostræ conserváre memóriam. Vivat Cor Jesu, Regis et Patris nostri! Amen.
  
TRADUCCIÓN
Oh Sagrado Corazón de Jesús, que hiciste conocer a Santa Margarita María Tu deseo ardiente reinar sobre las Familias Cristianas míranos aquí reunidos hoy para proclamar Tu dominio absoluto sobre nuestro hogar.
  
De ahora en adelante nos proponemos llevar una vida como la Tuya, para que florezcan entre nosotros las virtudes por las que Tu prometiste la paz sobre la tierra, y para ese fin desterraremos de entre nosotros el espíritu mundano que Tu aborreciste tanto.
  
Reina sobre nuestro entendimiento por la simplicidad de nuestra fe. Reina sobre nuestros corazones por un amor ardiente a Ti; y esté la llama de ese amor guardada siempre ardiente en nuestros corazones por la recepción frecuente de la Sagrada Eucaristía.
  
Dígnate, Oh Divino Corazón presidir nuestras reuniones, bendecir nuestras empresas, tanto espirituales como temporales, para desterrar toda aflicción e inquietud, santificar nuestras alegrías, y aliviar nuestros pesares. Si alguno de nosotros tuviera alguna vez la desgracia de apenar a Tu Divino Corazón, recuérdale de Tu bondad y misericordia para con el pecador arrepentido.
 
Finalmente, cuando suene la hora de la separación, y la muerte hunda nuestro hogar en la aflicción, resignémonos, todos y cada uno de nosotros, a Tus eternos decretos, y busquemos consuelo en el pensamiento que algún día nos reuniremos en el Cielo, a cantar las alabanzas y bendiciones de Tu Sagrado Corazón por toda la eternidad.
 
Dígnense el Inmaculado Corazón de María, y el glorioso Patriarca San José, ofrecer a Ti esta, nuestra Consagración, y recordárnosla todos los días de nuestra vida. Gloria al Divino Corazón de Jesús, nuestro Rey y nuestro Padre. Amén.
 
6. El Sacerdote pide a los presentes que digan un Padrenuestro y un Avemaría por todos los miembros ausentes, tanto vivos como difuntos, para que todos puedan compartir las gracias de la Entronización.
  
Pater noster, qui es in Cœlis, sanctificétur nomen tuum. Advéniat Regnum tuum. Fiat volúntas tua, sicut in Cœlo et in terra. Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie. Et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris. Et ne nos indúcas in tentatiónem, sed líbera nos a malo. Amen.
 
Ave María, gratia plena; Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus, et benedíctus fructus ventris tui Jesus. Sancta María, Mater Dei, ora pro nobis peccatóribus, nunc et in hora mortis nostræ. Amen.
  
Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.
  
℣. Fidélium ánimæ defunctórum, per misericórdiam Dei requiéscant in pace.
℟. Amen.
  
℣. Dómine, salvos fac servos tuos.
℟. Deus meus, sperántes in Te.
  
7. Todos recitarán con el Sacerdote (o el jefe de familia) la siguiente oración:
 
ACCIÓN DE GRACIAS AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS POR LA ENTRONIZACIÓN
   
Gloria a Ti, ¡oh Sagrado Corazón de Jesús!, por la infinita misericordia que has mostrado sobre los privilegiados miembros de esta familia. Tú los has escogido entre otros miles, como recipientes de Tu amor y un santuario de reparación donde Tu amantísimo Corazón encontrará consolación de las ingratitudes de los hombres.
  
¡Cuán grande es, Señor Jesús, la confusión de esta porción de tu rebaño fiel en aceptar el inmérito honor de verte presidir sobre nuestra familia! Silenciosamente Te adoramos, regocijados de verte compartir bajo el mismo techo los trabajos, necesidades y alegrías de tus hijos. Es verdad, no somos dignos de que entres en nuestra humilde morada, pero Tú nos has ya prometido, cuando nos revelaste Tu Sagrado Corazón, enseñarnos a encontrar en la llaga de Tu Sagrado Costado la fuente de la gracia y la vida eterna. En este espíritu amante y confiado nos entregamos a Ti, que eres la Vida inmutable.
 
Quédate con nosotros, ¡oh Sacratísimo Corazón!, porque sentimos un deseo irresistible de amarte y hacerte amado, porque Tú eres el fuego divino que ha de abrasar al mundo para regenerarlo. ¡Ah, sí! Que nuestro hogar sea para Ti un puerto tan dulce como el de Betania, donde pudiste encontrar descanso en medio de amigos afectuosos, quienes como María han escogido la mejor parte en la amorosa intimidad de Tu Corazón!
  
Que este hogar sea para Ti, ¡oh amado Salvador!, un humilde pero hospitalario refugio, como lo fue Egipto durante el exilio impuesto sobre Ti por Tus enemigos.
  
Ven, pues, Señor Jesús, ven, aquí como en Nazaret, tenemos un tierno amor por la Virgen María, Tu dulce Madre que nos has dado para ser nuestra Madre. Ven, para llenar con Tu dulce presencia los vacíos que el infortunio y la muerte han obrado en medio nuestro.
 
¡Oh Amigo fidelísimo! Si Tú hubieras estado aquí en medio de las tristes horas de dolor y duelo, nuestras lágrimas habrían sido menos amargas: el bálsamo reconfortante de la paz fuese luego vertido en estas heridas ocultas, que son conocidas solo por Ti.
  
Ven, pues aún ahora quizás, se esté alzando ante nosotros el crepúsculo de la tribulación, y el ocaso del paso de los días de nuestra juventud y de nuestras ilusiones.
  
Quédate con nosotros, porque ya es tarde, y un mundo pervertido busca envolvernos en la oscuridad de sus negaciones mientras deseamos adherirnos solo a Ti, que eres el Camino, la Verdad y la Vida.
  
Repite para nosotros estas palabras que pronunciaste antaño: “Hoy debo hospedarme en esta casa” (Luc. XIX, 5).
  
¡Sí, amado Señor, establece Tu morada con nosotros, para que podamos vivir en Tu amor y Tu presencia, nosotros que Te proclamamos como nuestro Rey y no deseamos a ningún otro sino a Ti!
  
¡Que Tu triunfante Corazón, oh Jesús, sea siempre amado, bendito, y glorificado en este lugar! ¡Venga a nos Tu Reino! ¡Amén!
 
8. Como acto de homenaje al Inmaculado Corazón de María, recitar de pie la Salve:
Salve Regína, Mater misericórdiæ, vita, dulcédo, et spes nostra, salve. Ad te clamámus éxsules fílii Evæ. Ad te suspirámus, geméntes et flentes in hac lacrimárum valle. Eja, ergo, Advocáta nostra, illos tuos misericórdes óculos ad nos convérte. Et Jesum, benedíctum frúctum ventris tui, nobis post hoc exílium osténde. O clemens, O pia, O dulcis Virgo María. Amen.
℣. Ora pro nobis, Sancta Dei Génetrix.
℟. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
   
JACULATORIAS
℣. Cor Jesu Sacratíssimum.
℟. Miserére nobis. (Tres veces)
  
℣. Cor Maríæ Immaculátum.
℟. Ora pro nobis.
 
℣. Sancte Joseph.
℟. Ora pro nobis.
  
℣. Sancta Margaríta María.
℟. Ora pro nobis.
  
Todos: Glória Cor Jesu sacratíssimo, in ómnia sǽcula sæculórum. Amen [Gloria al Sagrado Corazón de Jesús, en todos los siglos de los siglos. Amén].
 
9. El Sacerdote (o el padre de familia) imparte la bendición:
Benedíctio Dei omnipoténtis, Patris, et Fílii , et Spíritus Sancti, descéndat super vos, et máneat semper. Amen. [Que la bendición de Dios omnipotente, Padre, Hijo , y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros, y permanezca para siempre. Amén].
  
10. Entonces los miembros de la familia y el Sacerdote firman el Certificado de la Entronización, que debería ser enmarcado y colgado cerca de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, o guardado en los archivos familiares. El Sacerdote anuncia las indulgencias otorgadas por San Pío X y Benedicto XV a todas las familias del mundo que hiciesen la Entronización del Sagrado Corazón de Jesús:
  1. INDULGENCIA DE SIETE AÑOS a todos los miembros de la familia el día en que se celebre en la propia casa la ceremonia de la Entronización si, al menos contritos de corazón, asisten devotamente a ella.
  2. INDULGENCIA PLENARIA a los mismos si, habiendo confesado y comulgado ese mismo día, visitaren una iglesia u oratorio público, rogando por las intenciones generales de la Iglesia.
  3. INDULGENCIA DE TRES AÑOS a los mismos una vez cada año en el aniversario de la Entronización, si en dicho día renovaren el Acto de Consagración ante la Imagen del Sagrado Corazón de Jesús.
  4. INDULGENCIA PLENARIA a los mismos una vez cada año en ese mismo día si, habiendo confesado y comulgado, renovaren el Acto de Consagración y visitaren una iglesia u oratorio público rogando por las intenciones generales de la Iglesia.
 
PRÁCTICAS DE DEVOCIÓN SUGERIDAS
  1. Asistencia frecuente e incluso diaria a Misa por al menos un miembro de la familia, y la Comunión Reparadora. Recitar la “Misa de San Juan” [1] durante el día.
  2. Observancia del Primer viernes de cada mes (Santa Misa, Comunión Reparadora; y renovación del acto de consagración ante la imagen entronizada).
  3. Rosario diario familiar ante la imagen entronizada del Sagrado Corazón de Jesús, con la renovación diaria de la consagración (200 días de indulgencia una vez al día, Card. Desiderio José Mercier, 16 de Enero de 1918):
    RENOVACIÓN DIARIA DE LA CONSAGRACIÓN DE LA FAMILIA
    (Para ser dicha en las oraciones de la noche en unión con todas las familias en las que ha sido entronizado el Sagrado Corazón de Jesús)
      
    Dulcísimo Jesús, humildemente postrados a Tus pies, renovamos la consagración de nuestra familia a Tu Divino Corazón. ¡Sé Tú nuestro Rey para siempre! En Ti tenemos total y entera confianza. Que Tu espíritu penetre nuestros pensamientos, nuestros deseos, nuestas palabras, y nuestras obras. Bendice nuestras empresas, ten parte en nuestras alegrías, en nuestras pruebas y en nuestras labores. Concédenos conocerte mejor, amarte más y servirte sin descanso.
     
    Por el Inmaculado Corazón de María, Reina de la Paz, venga Tu reino en nuestro país. Entra cercanamente en medio de nuestras familas y hazlas Tuyas por la solemne entronización de Tu Sagrado Corazón, para que pronto un grito pueda resonar de hogar a hogar: “¡Que el triunfante Corazón de Jesús sea amado, bendecido y glorificado para siempre en todas partes!” ¡Honor y gloria a los Sagrados Corazones de Jesús y de María!
      
    Sagrado Corazón de Jesús, protege nuestras familias.
      
  4. Celebración de la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús por toda la familia; asistencia a la Misa, Comunión ofrecida por la propagación del Reinado del Sagrado Corazón de Jesús mediante la Cruzada de Entronización; reunión familiar y celebración en el hogar, con renovación de la Entronización; y una fiesta especial para los niños.
  5. Observar el mes de Junio; mantener flores ante el “Trono”; Misa y Comunión tan frecuente como sea posible.
  6. Asistencia a la Hora Santa.
  7. Adoración Nocturna en el hogar. Cualquier hora entre las 21:00h y las 6:00h, por uno o todos los miembros de la familia al menos una vez al mes. A este fin, iniciar con la lectura de la Misa del Sagrado Corazón de Jesús, la Letanía del Sagrado Corazón de Jesús y un acto de Consagración, siguiendo con las devociones que desee realizar.
  8. Celebrar la Fiesta del Inmaculado Corazón de María (22 de Agosto); Misa, Comunión; y Consagración de la familia al Inmaculado Corazón de María.
  9. Hacer los cinco Primeros Sábados en reparación del Inmaculado Corazón de María y por la Conversión de Rusia: Misa y Comunión Reparadora; un tercio del Rosario (cinco décadas) más una meditación de quince minutos sobre los quince misterios del Santo Rosario. El Rosario y la meditación sobre sus Misterios se pueden realizar en cualquier hora del Primer Sábado; un sermón en la iglesia satisfará plenamente la obligación de la meditación.
  10. Practicar la devoción al Espíritu Santo. Recitar el Rosario del Espíritu Santo.
 
OCASIONES ESPECIALES EN QUE LA FAMILIA DEBE RENOVAR EL ACTO DE CONSAGRACIÓN
  1. Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, y día de Cristo Rey (último Domingo de Octubre).
  2. Aniversario de la Entronización.
  3. Cumpleaños de los padres y de los hijos.
  4. En los nacimientos; después del Bautismo en la iglesia, consagrar a los niños al Sagrado Corazón ante el trono.
  5. En la Primera Comunión; preparar a los niños ante la imagen del Sagrado Corazón ante el trono. Cuando regresen de la iglesia, que renueven el acto de consagración hecho en su nombre por los padres al nacer.
  6. Antes de la partida de algún integrante: para unirse al ejército, al convento, al seminario, o antes del matrimonio [2].
  7. Al retorno de un miembro ausente de la familia.
  8. En los días de grandes alegrías familiares; en tiempos de dolor, enfermedad, o muerte.
 
Fuentes: P. MATEO CRAWLEY-BOEVEY SS. CC. Jesús, Rey de Amor. Secretariado Nacional de la Entronización del Corazón de Jesús, Madrid, 1950. - P JOSEPH A. FISCHER. Our Christian Home (Nuestro hogar Cristiano). Seraphic Press, Milwaukee WI, 1954.
  
NOTAS
[1] La “Misa de San Juan” consiste en el ofrecimiento de la Hostia y el Cáliz, la Consagración, el Dómine non sum dignus -tres veces-, y las oraciones de la Comunión del Sacerdote en el Rito Romano Tradicional.
[2] Para una joven pareja, no hay forma más apropiada de comenzar su vida de casados, que entronizar el Sagrado Corazón de Jesús en su nuevo hogar.

jueves, 7 de junio de 2018

LA ‘MISA DE SAN JUAN’, POR EL PADRE MATEO CRAWLEY-BOEVEY

Traducción del artículo publicado por el Padre Anthony Cekada en su blog QUIDLIBET, aclarando el sentido en algunos lugares.
 
 
INTRODUCCIÓN
«Ahora, voy a confiaros un secreto, el secreto de mi vida espiritual. Cuando viajo en el tren, digo diez, o veinte ‘Misas de San Juan’ –Misas en honor de la Santísima Trinidad–. No hay oración como esa. Tengo tres devociones: mi Misa, mi breviario, mi rosario. El breviario es hermoso, pero no podéis compararo con la Misa. No hay oración como la Misa. Mientras viajo, ofrezco mi Misa en el altar de la santísima Voluntad de Dios, ofreciéndola en unión con los miles de sacerdotes diciendo Misa continuamente, perpetuamente. Estoy cansado, no puedo preparar conferencias, ofrezco Misas en cambio. Dije cuatro o cinco Misas esta mañana. Lo hago todo el día. Esto une mi corazón y mi voluntad con los sacerdotes en el altar.
  
Cuando me levanto durante la noche, lo primero que hago es tomar la forma más corta de la Misa de San Juan: ‘Súscipe, sancte Pater…’, Offérimus tibi, Dómine…’, ‘Hoc est enim Corpus Meum’, ‘Hic est enim Calix Sánguinis Mei…’, ‘Dómine, non sum dignus…’, ‘Corpus Dómini Jesu ChristiSanguis Dómini Jesu Christi custódiat ánimam meam in vitam ætérnam. Amen’ (La oblación de la Hostia y el Cáliz, la Consagración, el Dómine non sum dignus, y las oraciones de Comunión del sacerdote).
   
Espero morir diciendo Misa, entre dos consagraciones… Aprended estas oraciones de corazón y entonces durante el día podréis vivir la maravillosa gracia de vuestra Misa. Tenéis pocos momoentos libres, decid una Misa de San Juan. Os despertáis en la noche, decid una Misa…
  
Recuerdo haber predicado a una gran comunidad en California. La Madre Superiora me dijo un día: “Padre, quiero agradecerle. Ayer, después de su conferencia sobre la Santa Misa, fui a la enfermería a ver a una pobre hermana que sufre terriblemente y que no puede dormir, especialmente durante la noche. Ella estaba sonriendo. Me dijo: ‘Madre, he aprendido el secreto de cómo pasar la noche: la Misa de San Juan. Agradézcale en mi nombre al Padre por habernos hablado sobre ello’”».
  
LA MISA DE SAN JUAN
Oblación de la Hostia: Súscipe, sancte Pater, omnipotens ætérne Deus, hanc immaculátam hóstiam, quam ego indígnus fámulus tuus óffero tibi Deo meo vivo et vero, pro innumerabílibus peccátis, et offensiónibus, et neglegéntiis meis, et pro ómnibus circumstántibus, sed et pro ómnibus fidélibus christiánis vivis atque defúnctis: ut mihi, et illis profíciat ad salútem in vitam ætérnam. Amen.
Oblación del Cáliz: Offérimus tibi, Dómine, cálicem salutáris, tuam deprecántes cleméntiam: ut in conspéctu divínæ majestátis tuæ, pro nostra et totíus mundi salute, cum odóre suavitátis ascéndat. Amen.
Consagración: HOC EST ENIM CORPUS MEUM. - HIC EST ENIM CALIX SÁNGUINIS MEI, NOVI ET AETÉRNI TESTAMÉNTI: MYSTÉRIUM FÍDEI: QUI PRO VOBIS ET PRO MULTIS EFFUNDÉTUR IN REMISSIÓNEM PECCATÓRUM.
Dómine non sum dignus: Dómine, non sum dignus, ut intres sub tectum meum, sed tantum dic verbo, et sanábitur ánima mea. (Tres veces)
Oraciones de Comunión: Corpus Dómini nostri Jesu Christi custódiat ánimam meam in vitam ætérnam. Amen. - Sanguis Dómini nostri Jesu Christi custódiat ánimam meam in vitam ætérnam. Amen.
   
PADRE MATEO CRAWLEY-BOEVEY SS. CC. Jesús, Rey de Amor - Edición en Inglés.

jueves, 4 de diciembre de 2014

HORA SANTA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, POR EL PADRE MATEO CRAWLEY-BOEVEY (del mes de Diciembre)

HORA SANTA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
   
     
XX Diciembre Las cinco peticiones del Corazón de Jesús
   
Ahí lo tenéis; miradlo con fe viva: ese es Jesús... En esa Hostia divina lo vio su sierva Margarita María...; desde ella oyó su voz arrobadora, sus lamentos, los sollozos de su Corazón, despedazado por los tormentos del amor y de la ingratitud humana... Ahí le tenéis; miradle: ese es Jesús, el Dios tierno, dulce y misericordioso de Paray-le-Monial. Transportémonos en espíritu a esa capillita humilde y misteriosa, y, en compañía de la predestinada Margarita María, con la frente en el polvo y con el alma henchida en fervores de Cielo, adoremos a Jesucristo, que nos quiere hablar, en esta Hora Santa, de los anhelos, de las tristezas, de las victorias y de las divinas promesas de su Sagrado Corazón... ¡Ahí lo tenéis, miradlo con fe viva: ese es Jesús!
   
(Pausa)
  
(En este primer Viernes, el último del año, pedidle que perdone muchas faltas, muchas infidelidades, mucha tibieza; pero agradecedle, al mismo tiempo, en unión con María, el sinnúmero de gracias y mercedes con que os ha colmado su amable Corazón).
    
(Primera petición: la Comunión reparadora)
VOZ DE JESÚS: Levantad los ojos, hijitos míos, y aunque confundidos porque sois culpables, miradme sin recelo; no temáis, pues soy Jesús, que os ama perdonando...
    
Venid, quiero sentir el calor de vuestro abrazo; comulgad, en nombre, ¡ay!, de tantos que jamás comulgan... ¡Si supierais qué desolación inmensa siente mi alma cuando recorro los caminos frecuentados por los hombres, y, con la mano extendida como un mendigo, voy reclamando un corazón que se me niega!... ¡Y vuelvo entonces solo con mi angustia a mi Sagrario..., y me oculto en él, saboreando mil rechazos!...
     
¡Ah!, pero mi Corazón de Buen Pastor, jamás se desencanta de los hombres... Salgo nuevamente y ruego y suplico que se me brinde un hospedaje... A veces, al caer el día, destrozados ya mis pies, encuentro un niño, un pobre, que acepta un asiento en el banquete eucarístico... Almas queridas, es este desamor el que me hiere mortalmente... ¡Cuántos son los que viven una larga vida sin haber jamás saboreado las delicias de una Comunión!... La Hostia es, sin embargo, la herencia, el Cielo anticipado y exclusivo de los hombres...
   
Tengo sed de amor.
Tengo sed abrasadora de ser amado en este Sacramento de amor.
Tengo sed infinita de entregarme día a día a millares de almas en mi sacrosanta Eucaristía.
   
Venid, mis preferidos, y compensad la ausencia de tantos que menosprecian este don supremo; comulgad vosotros con comunión reparadora; dadme vosotros el amor que se me niega; estrechadme en nombre de los que huyen de mis brazos; aprisionadme, hacedme todo vuestro, en desagravio de la culpable ausencia de innumerables hijos que, aturdidos por el mundo, olvidan que en este Tabernáculo está su Padre y está su Dios, bajo las apariencias del Maná sacramentado.
   
Más que vuestro aliento, más que vuestra sangre, mucho más que vuestra alma, Yo, Jesús-Eucaristía, quiero ser eternamente vuestro...
   
¡Oh!, venid sin más demora..., volad ante mi altar y prometedme siempre el gran consuelo de la Comunión reparadora, muy frecuente.
    
¿Seréis insensibles a mi amor y a mis lamentos?... Hijos míos, contestadme...
    
(Pausa)
  
(Un Dios está pendiente de nuestros labios; respondámosle con pasión del alma).
       
LAS ALMAS: Como el ciervo sediento busca la fuente de las aguas, así, apasionados de tu Corazón, nos abalanzamos a ti, ¡oh, Fuente!, ¡oh, Vida!, ¡oh, Paraíso, Jesús-Eucaristía!... No es una mera palabra, Señor, no: es una solemne promesa la que hacemos en esta Hora Santa la de vivir de Eucaristía en desagravio de la ausencia dolorosa de tantos hijos tuyos, que jamás comulgan...
     
Recoge, pues, nuestra plegaria y, desde ese altar, sonríe, consolado, ¡oh, amable Prisionero del Sagrario!
   
Ven... te adoramos, Jesús, en este Sacramento querido.
(Todos, en voz alta) Inflama nuestras almas de sed de Eucaristía.
    
Ven... te adoramos, Jesús, en este Sacramento de amor.
(Todos, en voz alta) Inflama nuestras almas de sed de Eucaristía.
    
Ven... te adoramos, Jesús, en este Sacramento de dulzura.
(Todos, en voz alta) Inflama nuestras almas de sed de Eucaristía.
    
Ven... te adoramos, Jesús, en este Sacramento santificador.
(Todos, en voz alta) Inflama nuestras almas de sed de Eucaristía.
    
Ven... te adoramos, Jesús, en este Sacramento de fortaleza.
(Todos, en voz alta) Inflama nuestras almas de sed de Eucaristía.
    
Ven... te adoramos, Jesús, en este Sacramento de consuelo.
(Todos, en voz alta) Inflama nuestras almas de sed de Eucaristía.
    
Ven... te adoramos, Jesús, en este Sacramento de divina esperanza.
(Todos, en voz alta) Inflama nuestras almas de sed de Eucaristía.
    
Ven... te adoramos, Jesús, en este Sacramento de vida eterna.
(Todos, en voz alta) Inflama nuestras almas de sed de Eucaristía.
    
Ven… te adoramos, Jesús, en este Sacramento de suavidad infinita.
(Todos, en voz alta) Inflama nuestras almas de sed de Eucaristía.
    
Ven... te adoramos, Jesús, en este Sacramento de paz inefable.
(Todos, en voz alta) Inflama nuestras almas de sed de Eucaristía.
    
Ven... te adoramos, Jesús, en este Sacramento de luz indeficiente.
(Todos, en voz alta) Inflama nuestras almas de sed de Eucaristía.
    
Ven... te adoramos, Jesús, en este Sacramento de celestiales delicias.
(Todos, en voz alta) Inflama nuestras almas de sed de Eucaristía.
    
Ven... te adoramos, Jesús, en este Sacramento, prenda de gloria inmarcesible.
(Todos, en voz alta) Inflama nuestras almas de sed de Eucaristía.
    
(Pausa)
  
(No olvidéis: lo que acabamos de decirle no es una palabra que se desvanece como el entusiasmo de un momento: es una resolución, es una gran promesa de comulgar con suma frecuencia en espíritu de desagravio).
  
(Segunda petición: la celebración de todos los Primeros Viernes). 
JESÚS: Vuestro amor ardoroso me alienta... Me siento reconfortado con vuestra promesa, y ya que ella es tan fervorosa y sincera, atended todavía, hijos de mi Corazón, un segundo pedido de vuestro Dios y Maestro... Quiero que me dediquéis un día de especial consuelo...; quiero sentiros en él más cerca de mi Corazón Divino; en beneficio vuestro, quiero colmaros en ese día privilegiado de aquellas gracias que reservo a los muy fieles, a los muy míos... Que ese día de amor y de celo, de reparación y de consuelo, sea el Primer Viernes... Dedicádmelo con especial cariño, celebradlo en alabanza mía con particular fervor... Sí, vosotros todos, que me comprendéis mejor que el mundo, venid cada Primer Viernes al comulgatorio, venid a visitarme, con el amor de los serafines, en mi Santa Eucaristía, y tomad ahí el asiento de Juan, mi predilecto, y habladme ahí el idioma de Margarita María, mi venturosa confidente... Y luego, en silencio, recogidos ante el altar, buscando el calor de mi pecho, puestos el alma y los labios en la herida de mi Costado, habladme de todo lo que os aflige e interesa, nombradme a los que amáis y que no me aman, contadme vuestras ambiciones de santidad y vuestras miserias, confiadme vuestras amarguras, decídmelo todo, todo... El Primer Viernes será día de gracia hasta la consumación de los tiempos; día de gran misericordia... Recogedla superabundante para el hogar querido, para los pecadores; ¡ah!, y en este día pedidme especialmente por mis sacerdotes y apóstoles, rogad por ellos, que sean santos y que santifiquen las almas que les he confiado... Y ahora, escuchad: voy a daros mi palabra en garantía de una infinita recompensa: “En el exceso de mi misericordia, os prometo, a todos los que comulguéis nueve Primeros Viernes consecutivos, la gracia de la penitencia final; si esto hacéis, no moriréis en mi desgracia, ni sin recibir los Sacramentos, y, en vuestra última hora, encontraréis asilo seguro en mi Divino Corazón”. ¿Qué respondéis amados míos a esta palabra que agota mi omnipotencia, entregándoos, para el tiempo y la eternidad, mi Corazón?...
  
(Pausa)
  
(Aunque ni en el Cielo podremos pagar tantas larguezas, comencemos desde aquí ante el altar, nuestra eterna acción de gracias... Hablemos a Jesús con palabras de fuego).
   
LAS ALMAS: ¡Oh, Jesús, por cumplir con el deber de amarte, Tú nos puedes ofrecer un cielo, porque eres Dios... Pero nosotros, pobrecitos, ¿qué podremos darte en pago de habernos amado gratuitamente..., y hasta el exceso de la Cruz y de la Eucaristía?.... ¿Qué diéramos, Jesús, por tener en este instante los incendios de San Juan, de Magdalena y de San Pedro; los heroísmos de holocausto de Margarita María, y la caridad incomparable de tu Madre, para saciarnos de amor, para enloquecer de amor, para morir de amor entre las llamas de tu dulce y adorable Corazón?... Nos pides, Señor, la celebración de un día... Quieres que te consagremos en especial los Primeros Viernes... Sí, Jesús, ¡oh, sí!, todo él será tuyo: de la alborada hasta el anochecer, en cada latido de nuestros corazones habrá para ti una palabra, un afecto, un suspiro de gratitud y de consuelo... En cambio, no te pedimos, Maestro muy amado, sino una gracia, y es que sigas siendo benigno y paciente en soportarnos, no obstante las muchas y constantes miserias de nuestra voluntad, tan tornadiza y frágil... ¡Tennos piedad, Señor!... No te canses de nosotros, ¡oh, Divino Corazón!
(Todos, en voz alta) No te canses de nosotros, ¡oh, Divino Corazón!
    
Cuando te llamemos, Jesús, en los desmayos del corazón, al sentir que nos enfriamos en tu amor...
(Todos, en voz alta) No te canses de nosotros, ¡oh, Divino Corazón!
    
Cuando te llamemos, Jesús, en las inevitables tentaciones en que desfallece y vacila nuestra fe...
(Todos, en voz alta) No te canses de nosotros, ¡oh, Divino Corazón!
    
Cuando te llamemos, Jesús, en las fatigas que acarrea una vida de lucha y de incesante sacrificio...
(Todos, en voz alta) No te canses de nosotros, ¡oh, Divino Corazón!
    
Cuando te llamemos, Jesús, en la exasperación que producen los grandes y crueles dolores de la vida.
(Todos, en voz alta) No te canses de nosotros, ¡oh, Divino Corazón!
    
Cuando te llamemos, Jesús, en los desalientos que provocan ciertos desengaños dolorosos y enteramente inesperados...
(Todos, en voz alta) No te canses de nosotros, ¡oh, Divino Corazón!
    
Cuando te llamemos, Jesús, en las horas de perplejidad, en la angustia de una penosa incertidumbre...
(Todos, en voz alta) No te canses de nosotros, ¡oh, Divino Corazón!
    
Cuanto te llamemos, Jesús, a nuestra casa para suavizar congojas íntimas y desgracias que nadie puede remediar...
(Todos, en voz alta) No te canses de nosotros, ¡oh, Divino Corazón!
    
Cuando te llamemos, Jesús, como el Buen Samaritano, al lecho de un enfermo del alma, que necesita de tu gran misericordia...
(Todos, en voz alta) No te canses de nosotros, ¡oh, Divino Corazón!
    
Cuando, en fin, te llamemos, Jesús, en nuestra hora postrera para darte, en la Hostia Divina, nuestro último abrazo en la tierra, ven sin demora, trayéndonos la vida eterna.
(Todos, en voz alta) No te canses de nosotros, ¡oh, Divino Corazón!
    
(Breve pausa)
  
Y como nos lo has pedido, Señor, queremos rogar por tus sacerdotes, por los ministros de tu altar y tus apóstoles... Dales, amado Salvador, la luz de una fe muy viva... Dales el don de una caridad sin límites... Dales el tesoro de una humildad a toda prueba... ¡oh!, dales, Jesús, resolución de santidad y pasión, celo ardiente por tu gloria... Y puesto que la mies es mucha, aumenta, Jesús, los segadores realmente santos del campo de tu Iglesia, y envía a tu viña obreros según tu Corazón...
   
(Pedid por la Santa Madre Iglesia y ofreced las buenas obras del Primer Viernes de mañana, en especial por la verdadera santificación de los sacerdotes... Y que siga Jesús revelándonos sus deseos; su voz, que extasía a los ángeles del Santuario, nos señala un camino hacia su Corazón... Oigámoslo).
    
(Pausa)
  
(Tercera petición: la Hora Santa). 
JESÚS: Todos los que estáis aquí, todos me sois particularmente queridos... Vuestras almas enamoradas y compasivas me supieron a miel y néctar en la hora más horrenda y angustiosa de mi Pasión: ¡en mi agonía de Getsemaní! Yo os vi entonces, entre las sombras del Huerto... Vosotros me amáis, ¡oh, sí!, me amáis, ciertamente, mucho más que tantos otros hermanos vuestros... Y por esto tenéis un derecho mayor a mi confianza: ¡sois tan míos al compartir los tedios, abandonos y las torturas de mi Corazón agonizante en la Hora Santa!... ¡Qué consuelo inmenso siento al ver que no se ha perdido en el vacío la súplica que hice a mi Esposa Margarita María, cuando le pedí esta hora de intimidad amorosa, en petición de mi reinado y por la conversión de los desdichados pecadores!... Hacedme siempre esta guardia de honor y de desagravio... Amadme, orad, velad conmigo, labrad mi triunfo en la Hora Santa... Hacedla siempre, hacedla con fervor de caridad, hacedla con amor de sacrificio... ¿Querríais abandonarme en la hora de las traiciones, en el momento de saborear lo más acerbo de mi cáliz?... No he de llamar a la legión de los ángeles, no: quiero llorar la sangre de mis venas, rodeado por mis redimidos, sostenido entre los brazos de mis amigos fidelísimos... Mi Corazón herido, mi Corazón que llora, el Corazón agonizante de vuestro Hermano Primogénito, es herencia vuestra, que no os será jamás arrebatada, ¡jamás!... Hacedme, pues, Cautivo vuestro en la Hora Santa; encadenadme a vuestras almas, y llevadme prisionero a vuestras casas... Para eso os he llamado, amados míos; con ese objeto habéis llegado ante este altar... ¡Ea, avanzad! Yo soy Jesús de Nazaret...; aquí tenéis mis manos..., mis pies...: encadenadme con grillos de amor... Aquí tenéis, tomad mi Corazón: encerradlo para siempre en los vuestros...
    
Y ahora, consoladores míos, ¿qué más queréis..., qué más pedís?...
LAS ALMAS: (En voz alta) Amarte y darte gloria, ¡oh, Divino Corazón!
    
JESÚS: ¿Olvidáis entonces vuestros intereses terrenales?... ¿Qué queréis que os dé, como suprema recompensa?
LAS ALMAS: (En voz alta) Amarte y darte gloria, ¡oh, Divino Corazón!
    
JESÚS: Pero, ¡qué!, ¿no quisierais bienes temporales de fortuna o de salud? Habladme, ¿qué pedís en pago de esta Hora Santa?
LAS ALMAS: (En voz alta) Amarte y darte gloria, ¡oh, Divino Corazón!
    
JESÚS: Hijitos míos tan amados, vuestra generosidad me conmueve hondamente... No temáis; decid, ¿qué puedo daros, qué tesoro pedís en galardón por vuestro generoso olvido?
LAS ALMAS: (En voz alta) Amarte y darte gloria, ¡oh, Divino Corazón!
    
JESÚS: Ese es, almas queridas, el lenguaje de los santos... Con él me habéis vencido... Hablad, pues; decid lo que solicitáis sin más demora...
LAS ALMAS: (En voz alta) Amarte y darte gloria, ¡oh, Divino Corazón!
    
JESÚS: Al contestarme así os abandonáis sin reserva en mis brazos... Aquí tenéis mi Corazón; disponed de él... Expresadle cuál es vuestro íntimo deseo...
LAS ALMAS: (En voz alta) Amarte y darte gloria, ¡oh, Divino Corazón!
    
JESÚS: Pero en tantas penas y sinsabores de la tierra..., en el desengaño del amor de las creaturas, ¿no tenéis alivio y consuelo qué pedirme?... ¿Qué lenitivo, qué bálsamo queréis que os dé?
LAS ALMAS: (En voz alta) Amarte y darte gloria, ¡oh, Divino Corazón!
    
JESÚS: Y por ese gran deseo de amarme, por ese afán de darme inmensa gloria, ¿qué pago anticipado de justicia me reclamáis aquí en la tierra?...
LAS ALMAS: (En voz alta) Amarte y darte gloria, ¡oh, Divino Corazón!
    
JESÚS: Consoladores busqué y los he encontrado en espíritu y en verdad... Pero en la hora de vuestra agonía, cuando estéis ya por despediros de la tierra, ¿qué me pedís por haber consolado en la Hora Santa a vuestro Dios en su agonía?
LAS ALMAS: (En voz alta) Amarte y darte gloria, ¡oh, Divino Corazón!
    
(Ofreced al Sagrado Corazón hacer durante toda vuestra vida el bellísimo ejercicio de la Hora Santa, y prometedle propagar esta práctica salvadora).
   
(Pausa)
  
(Cuarta petición: el culto a su Corazón Divino). 
JESÚS: Los enemigos os cercan..., la tempestad arrecia y os azota con furor, hijitos míos, la tempestad de aquel abismo en que se me maldice a Mí y en que se condenan, con desdicha eterna, los que quisieron luchar sin los auxilios de mi gracia... Ruge violento y crece ese huracán, hirviente en cólera satánica, que busca la muerte de las almas... Pero no temáis, pues Yo he vencido al mundo y al Infierno...; quedad en paz... He aquí que os traigo ahora un signo seguro de bonanza..., una enseña de victoria: ¡mi Corazón Divino!... Caed de rodillas y temblando de amor inmenso, aceptadle primero..., y luego adoradle, sí, adoradle como que es el Corazón de vuestro Dios y Salvador, que os ha amado hasta la locura del Calvario y de la Hostia... Sus palpitaciones de misericordia y de perdón son las palabras..., son los gemidos con que os suplica que le améis por encima de todas las cosas del cielo y de la tierra... ¡Oh!... y por sus espinas, por la Cruz que lo corona, y sobre todo, por la ancha y sangrienta herida que lo tiene lacerado, os conjura que le deis inmensa gloria..., que lo hagáis conocer y amar de tantos infortunados, que necesitan de esta fuente milagrosa de resurrección...
   
(Lento y cortado)
    
Venid, pues, los desterrados de un paraíso terrenal...; no me temáis y entrad por mi Costado, donde hallaréis la paz del alma que anheláis...
   
Venid los engañados por los espejismos de un desierto, siempre traicionero...; no me temáis y entrad por mi Costado, donde hallaréis las santas realidades de mi amor, que apaga toda sed...
    
Venid los peregrinos de un camino, bordeado de abismos de error y de desdicha..., no me temáis y entrad por mi Costado, donde hallaréis consuelos y esperanzas, que os reserva un Dios, que es todo caridad...
    
Venid los infortunados de la vida, que sois tantos, los decepcionados del dinero y del aprecio de los hombres...; no me temáis y entrad por mi Costado, donde hallaréis luz, calma y delicias ignoradas, en medio de todos los quebrantos...
    
Venid, venid pronto los que tenéis amargada el alma en los placeres envenenados de la tierra...; no tardéis; entrad en mi Costado en plena juventud; entrad en él, en el atardecer de la existencia; entrad, no fuera, sino en la postrera hora de la vida... y encontraréis ahí, recobrando para siempre, un paraíso de eterna paz y de amor eterno...
    
Venid... Longinos abrió las puertas de mi Corazón... Yo he rasgado más aún esa herida redentora... y llamo a los justos, a los pecadores, a los ingratos, a los afligidos y les ofrezco, en esa llaga, a todos, una mansión de dicha eterna... ¡QUIEN SE CONSAGRE AL AMOR DE MI CORAZÓN..., TENDRÁ LA VIDA!
    
(Pausa)
     
LAS ALMAS: ¡Piedad, Jesús!... Recuerda que ofreciste la victoria a las huestes que combatieran con el lábaro de tu Sagrado Corazón...
(Todos, en voz alta) Acuérdate de tus promesas, ¡oh Divino Corazón!
    
¡Piedad, Jesús!... Recuerda que ofreciste la paz a los hogares que entronizaran con amor la imagen de tu Sagrado Corazón...
(Todos, en voz alta) Acuérdate de tus promesas, ¡oh Divino Corazón!
    
¡Piedad, Jesús!... Recuerda que ofreciste convertir a los más empedernidos pecadores con la misteriosa fuerza de tu Sagrado Corazón...
(Todos, en voz alta) Acuérdate de tus promesas, ¡oh Divino Corazón!
    
¡Piedad, Jesús!... Recuerda que ofreciste santificar las almas de los buenos que se consagraron con fe viva a tu Sagrado Corazón...
(Todos, en voz alta) Acuérdate de tus promesas, ¡oh Divino Corazón!
    
¡Piedad, Jesús!... Recuerda que ofreciste endulzar las penas de las almas afligidas que reclamaran los consuelos de tu Sagrado Corazón...
(Todos, en voz alta) Acuérdate de tus promesas, ¡oh Divino Corazón!
    
¡Piedad, Jesús!... Recuerda que ofreciste deshacer el hielo de la indiferencia religiosa, inflamando el mundo en los ardores de tu Sagrado Corazón...
(Todos, en voz alta) Acuérdate de tus promesas, ¡oh Divino Corazón!
    
¡Piedad, Jesús!... Recuerda, sobre todo, que ofreciste hacer dormir entre tus brazos, en sueño de apacible y santa muerte, a los amigos, a los consoladores y a los apóstoles de tu Sagrado Corazón...
(Todos, en voz alta) Acuérdate de tus promesas, ¡oh Divino Corazón!
    
(Si tuvierais alguna intención particular apremiante y grave, hacédsela presente).
   
(Quinta petición: el establecimiento de una fiesta solemnísima en honor de su Sagrado Corazón). 
JESÚS: ¿Sabéis, hijos de Mi Corazón, por qué os amo tanto y por qué me inclino, con maravilloso desbordamiento de ternura hacia vosotros?... ¡Ah!, oídmelo: ¡porque a vuestra pequeñez y miseria, porque a vuestra orfandad, pobreza e infortunio debo el ser Hermano vuestro..., el ser Jesús!... El abismo de vuestra nada y de vuestra culpa atrajo el de mi misericordia, y para él y por él fue creado así, de carne, como el vuestro, este Corazón que es todo ternura e infinita piedad... Era preciso, pues, que los niños, los pobres, los tristes, los desamparados, los desechados de la tierra y este vuestro Salvador tuviéramos un día propio, un día grande y único, un día de regocijos celestiales, en que celebraríamos nuestra eterna unión por nuestro desposorio eterno. Ese día incomparable será el Viernes siguiente a la Octava del Corpus, y será llamado el día de mi Sagrado Corazón... Es mi voluntad que sea ésta la gran fiesta de la tierra, la fiesta genuina de los mortales, de los que sufren, de los que vivís conmigo bajo tienda en el desierto: ¡vuestra fiesta, hijitos míos!... Celebrad en ese Viernes la gran Pascua de mis misericordias; celebrad la conquista de una tierra ingrata con las lágrimas y el perdón de vuestro Dios... Cantadme en ese día... Regocijaos con alegría no enturbiada... Cantadme Rey amable de vuestros hogares... ¡Ah, sí: cantadme triunfador de paz y de humildad por las inagotables ternuras de mi benigno Corazón!...
   
(Pausa)
  
(Prometedle celebrar con íntimo regocijo, ante el altar y en vuestros hogares, como fiesta de familia, la gran fiesta del Sagrado Corazón).
    
LAS ALMAS: ¡Oh, sí!, Jesús, queremos cantar ahora en Sión, aquí en la tierra, un himno de acción de gracias, un cantar de Eucaristía, que los ángeles no sabrían entonarle, porque ni han pecado, ni han sufrido..., ni jamás han comulgado... Nosotros, los perdonados, anegados en llanto de amargura y de reconocimiento, queremos decirte con los discípulos de Emaús, al terminar esta Hora Santa y feliz: ¡Quédate con nosotros, Corazón de Jesús!
(Todos, en voz alta) Quédate con nosotros, Corazón de Jesús.
    
Gracias, Señor, en nombre de tantos pecadores rescatados... Y cuando nuestra flaqueza y las tentaciones quieran arrojarte de la conciencia de estos hijos tuyos..., ¡no te vayas, Maestro!
(Todos, en voz alta) Quédate con nosotros, Corazón de Jesús.
    
Gracias, Señor, en nombre de tantos tristes consolados... Y cuando el torcedor de inevitables penas venga a herirnos cruelmente, con licencia tuya..., ¡no te vayas, Maestro!
(Todos, en voz alta) Quédate con nosotros, Corazón de Jesús.
    
Gracias, Señor, en nombre de tantos pobres fortificados en tu esperanza... Y cuando las asperezas de la vida nos la hagan cansada y muy penosa... ¡no te vayas, Maestro!
(Todos, en voz alta) Quédate con nosotros, Corazón de Jesús.
    
Gracias, Señor, en nombre de tantos desvalidos, alentados por tus promesas. Y cuando la tierra nos brinde sus frutos naturales de abrojos y de espinas..., ¡no te vayas, Maestro!
(Todos, en voz alta) Quédate con nosotros, Corazón de Jesús.
    
Gracias, Señor, en nombre de tantos decepcionados, felizmente iluminados por tu gracia... Y cuando la ingratitud nos despedace el alma y nos desengañe de las criaturas... ¡no te vayas, Maestro!
(Todos, en voz alta) Quédate con nosotros, Corazón de Jesús.
    
Gracias, Señor, en nombre de tantos caídos y enfermos, regenerados por tu caridad... Y cuando nuestras fragilidades quieran arrastrarnos a la muerte..., ¡no te vayas, Maestro!
(Todos, en voz alta) Quédate con nosotros, Corazón de Jesús.
    
Gracias, Señor, por tantos moribundos redimidos a la hora undécima... Y cuando la agonía nos advierta que se acerca la hora de la justicia inexorable..., ¡oh, no te vayas, Redentor y Maestro!
(Todos, en voz alta) Quédate con nosotros, Corazón de Jesús.
    
Sí, quédate en ese instante de suprema congoja, cuando desaparezcan todas las ilusiones mentirosas de la tierra, al resplandor pavoroso de un Tribunal infalible e inapelable... ¡Ah, para esa hora te damos cita, Jesús..., te recordamos, desde ahora, tus promesas, y te suplicamos que leas nuestra sentencia decisiva en aquel libro de amor en que escribiste, según tu palabra, nuestros nombres; senténcianos con la benignidad y la ternura de tu dulce Corazón!...
   
(Padrenuestro y Avemaría por las intenciones particulares de los presentes. Padrenuestro y Avemaría por los agonizantes y pecadores. Padrenuestro y Avemaría pidiendo el reinado del Sagrado Corazón mediante la Comunión frecuente y diaria, la Hora Santa y la Cruzada de la Entronización del Rey Divino en hogares, sociedades y naciones).
   
(Cinco veces) ¡Corazón Divino de Jesús, venga a nos tu Reino!
    
Invocación para la agonía
    
Amado y divino Agonizante de Getsemaní, Jesús Sacramentado, he aquí a los testigos fidelísimos de tu congoja mortal del Huerto, que vienen en demanda de una gracia suprema, prometida a los consoladores y apóstoles de tu entristecido Corazón...
    
Señor, no te pedimos salud, tesoros, ni una larga vida; te suplicamos que en el trance mortal de la agonía, nos tiendas los brazos, nos muestres la llaga encendida del Costado, y, al morir, nos dejes exhalar, Jesús, el último suspiro de amor, de adoración y de desagravio en la herida celestial de tu Sagrado Corazón... Cuando en esa hora de recuerdos se presente a nuestra mente la niñez, la juventud, la vida entera con todas sus flaquezas, Jesús amado, recuérdanos tus promesas, señálanos la herida abrasadora del Costado, revélanos tu Corazón para aquietar los nuestros agonizantes... Cuando en ese momento decisivo queramos asirnos de un áncora segura y deseemos abrazarnos de tu Cruz, pedirte perdón entre gemidos, llamar a María en nuestro socorro y balbucear tu nombre..., ¡ay!, si nuestros labios no pudieran pronunciarle, Tú, Jesús, que trocaste tu vida por nuestras vidas, Tú, que nos abrazaste en el comulgatorio, Tú, que nos sonreíste consolado en la Hora Santa, acércate dulcísimo, señalándonos la herida abrasadora del Costado, revélanos tu Corazón para aquietar los nuestros agonizantes...
    
Acuérdate, Jesús, de cuánto quisimos amarte y no de nuestras tibiezas...; acuérdate de cuánto oramos por redimirte almas, y no de nuestros pecados...; acuérdate de nuestros desvelos por entronizarte, como Rey de amor, y no de nuestras ingratitudes. ¡Oh!... acuérdate que nuestros nombres los escribiste ahí donde nadie jamás podrá borrarlos...
    
No te pedimos goces de la tierra, ni halagos de gloria fementida, ni amor humano... Te suplicamos que, en el trance mortal de la agonía, nos muestres la llaga encendida del Costado y nos dejes, Jesús, exhalar el último suspiro de amor, de adoración y de desagravio en la herida celestial de tu Sagrado Corazón... Ahora y en la hora de nuestra muerte: ¡VENGA A NOS TU REINO!...